Imagen: periodistadigital
miércoles, 10 de julio de 2013
REFRIEGA A LA GENOVESA
Imagen: periodistadigital
martes, 9 de julio de 2013
EGIPTO, POBRE EGIPTO
Posdata: Me siento un hombre afortunado, escribo mientras abrazo a la mujer desconocida que besé en aquella montaña de arena.
Imagen: scapha.co
miércoles, 3 de julio de 2013
KAFKA
Hoy, justo hoy, se cumplen 130 años del nacimiento de Kafka y lo mejor que podemos decir del genial escritor checo es que acertó de pleno con sus narraciones de un absurdo simbólico. No hay más que echar un vistazo al patio político español para concluir que todo es Kafka. El señor Bárcenas echándose un pitillote en la piscina de Soto del Real, recostado en la chaise longue con su camiseta a rayas gondolieras, moda verano, es Kafka (una imagen potente que ni el mismo escritor judío hubiera imaginado). Todo el PP de acá para allá, chapoteando por los pasillos enfangados de Génova, toda la cúpula de los nervios, con el culo apretado, sin saber qué hacer con el gachó, es Kafka sin duda. Y ese Javier Arenas comiéndose hasta las cortinas vienesas del Palace y bebiéndose las cañerías del hotel es Kafka duro también. Por no hablar de esa diputada que no daba un palo al agua y se forraba con las fincas que le endosaba la mafia. En el PP hay miedo porque muchas cuentas no cuadran y muchos cuentos que se han contado a los españoles ya no encajan. Y él, el kafkiano Bárcenas, el Gregorio Samsa que una noche se acostó hombre y a la mañana siguiente se levantó cucaracha depredadora de dineros, está tan tranquilo y solazado en la piscina, tan engominado y ufano como siempre, esperando el momento justo para tirar de la frazadita, aguardando el segundo exacto para barajar los papeles sucios de la carpetilla, esos papeles que son la memoria podrida de un partido podrido. "Hoy los alemanes han invadido Polonia, yo me he ido a la piscina", escribió el genio de Praga. Pues en el PP ha estallado otra guerra no menos importante (los que están pringados contra los que no quieren comerse el marrón, véase Esperanza Aguirre y Gallardón), mientras un ciudadano K. se remoja en la piscina del talego y se broncea ese pecho alpinista henchido de codicia, mentiras y venganza. Kafka describió como nadie la soledad del hombre atrapado en la burocracia del Estado, Bárcenas se ha visto atrapado por la burocracia de la corrupción, el sinsentido laberíntico de la corrupción, que allí todos trilaban y pillaban sueldos, sobresueldos y requetesueldos ciegamente, a manos llenas, un robar por robar, por pura inercia. Ninguno de los que ponía el cazo se paró a pensar un momento si aquello era ético. Trincaban kafkianamente y a otra cosa. En el papelamen del tesorero está toda la Historia negra reciente de este país. El dossier de Bárcenas es una agenda caliente plagada de nombres culpables, de datos terribles, de biografías inconfensables. En esas cuartillas manchadas de café que tan celosamente guarda el tesorero está la ruina de muchos y la gloria de otros. Kafka escribió la historia del hombre anónimo y unidimensional del siglo XX, la historia del hombre sin nombre, el ciudadano K.; Bárcenas era el hombre en B., en la oscura sombra, e iba anotando sin saberlo la historia de un cataclismo nacional. El genio checo se sentía siempre culpable de algo, el tesorero es un personaje kafkiano que se siente inocente de todo, inocente de haberse hecho rico, inocente de que el partido le haya dado la espalda, inocente de las carreras políticas que se va a llevar por delante. Una cosa es cierta: Bárcenas es inocente en cuanto que se está comiendo la culpa de otros que mandan por encima de él. Era el tesorero Midas al que todos visitaban en su despacho de oro y ahora es el juguete roto, el trapo sucio, la bolsa de basura humeante que nadie quiere tocar. El éxito tiene muchos padres pero el fracaso es huérfano, decía JFK. Lo kafkiano de Bárcenas es que ha terminado odiado por los poderosos e idolatrado por los presos, que lo ven como un "héroe" y un "hombre majísimo". Hasta juegan al mus con él. Pues que se anden con cuidado, que el tío es un as de las trampas.
viernes, 28 de junio de 2013
BÁRCENAS ENCADENADO
El juez Ruz, después de cuatro años (por fin, aleluya) ha decidido entrullar a
Bárcenas ante el riesgo de que se pegue una puerta. Es una medida justa y acertada
(aunque tardía) pero mucho nos tememos que el eficiente magistrado arriesga
un tanto al enviarlo a Soto del Real. Allí le esperan Díaz Ferrán, De Cabo y otros
magnates mangantes. Todos juntos y revueltos y ahora con un tesorero de asesor.
Qué peligro. Tanto pájaro financiero en un mismo palomar, y con tiempo para
pensar nuevos negocios en la soleada piscina, es un riesgo innecesario para la estabilidad
económica del país, para la prima de riesgo, para nuestros violentados
bolsillos. Por eso, en lugar de agruparlos, lo más lógico hubiera sido
dispersarlos, como a los boys de ETA. A fin de cuentas son también terroristas,
terroristas económicos, pero terroristas. Mercenarios de la pasta que han
llevado al país a la crisis, al desastre, al crack. No quiero ni pensar la que
se puede preparar en Soto del Real. Aquello va a ser un congreso nacional de ingenieros del desfalco. Bárcenas, tesorero del penal; Díaz
Ferrán, presidente de la patronal penitenciaria; y otros ludópatas del chanchullo
fácil, vocales ayudantes. Un polvorín, ya digo. En un par de semanas, trabajando fuerte en el
patio de la prisión a la hora del recreo, el tesorero y sus discípulos emprendedores
montan una Rumasa con la merienda de los presos, refundan el PP (“Por
la Pasta”, buitre rampante en lugar de gaviota) y levantan otro imperio suizo
con los sobres sobrantes que no encuentra la Policía. Ingresar a Bárcenas en
Soto del Real es un error, un riesgo peligroso para la seguridad nacional, es como
meter a un traficante de drogas en una clínica de Proyecto Hombre, y en un par de semanas el traficante se ha camelado a media cárcel con la
golosina de los sobrecitos, un sobre aquí, otro allá, sobres para todos, justo ahora que se estaban desenganchando los chicos, y así todos yonquis del dinero otra vez. A poco que se prolongue la prisión
provisional, Bárcenas y Díaz Ferrán abren una agencia de viajes. Colocan el
cartel luminoso de Marsans en la puerta de la cárcel y ponen a los presos que están de permiso a trasegar maletines por el mundo, por las Islas Caimán, mayormente. No
quiero ni pensar en la de corruptelas y cosas malas que puede llegar a hacer Bárcenas en una
prisión con piscina, pista de pádel, gimnasio y tiempo libre. Si se lo
propone, el tesorero del PP tira de la manta y se carga a todo un Gobierno, o monta una exposición con sus cuadros de
baratillo, o instala una estación de alpinismo en los jardines de la cárcel (levantarse miles y ochomiles es el deporte que más le va al tesorero). Si dejamos hacer negocios a Bárcenas con los fulanos de la trena, terminan colocando unas preferentes a los funcionarios y
nos los dejan a todos en cueros, como a esos contribuyentes gallegos que se han
despelotado en protesta por el agujero de Bankia. Que se anden con cuidado en
Soto del Real, que un Bárcenas herido y rabioso reflota la Gurtel, organiza otra visita del Papa y hasta otra boda de Estado con Berlusconi de padrino. Al loro el alcaide de la prisión, que Bárcenas le hace una peineta y después le mete un sobre
preñado de quinientos en la americana, como anticipo de la mordida. Podemos hacer la
vista gorda a la piscina, a la celda de seis metros cuadrados con televisión de
plasma, a los condones y demás privilegios (aunque se merece la torre húmeda y sórdida del Conde de Montecristo, con
grilletes, bola en el tobillo y soguilla). Pero por dios y por la virgen, que
no le dejen hacer más negocios turbios, que nos vende lo poco que nos queda de España.
Imagen: Cuatro
lunes, 24 de junio de 2013
EL ÚLTIMO BUNGA-BUNGA
Imagen: lavanguardia
sábado, 22 de junio de 2013
LOS CINCO OJOS
lunes, 17 de junio de 2013
BRETÓN
La televisión es el espejo cóncavo que deforma la realidad, el cristal que convierte lo real en esperpento, a la manera valleinclanesca, y esa mezcla de verité y ficción que da el crimen televisado, esa confusión entre el crimen real y el CSI teleyanqui que ofrece la televisión, atrapa al espectador, que queda hipnotizado, hechizado, seducido por la visión fascinante de la aberración humana en su máxima expresión. Por eso tenemos Bretón para rato, un hartazgo de Bretón porque, nos guste o no, Bretón vende más que Martina Klein en ropa interior y da más audiencia que GH 14, aunque solo sea por unos días. El espectador de la sociedad de masas hace tiempo que selecciona por lo bajo y ya nos hemos acostumbrado a leer malos libros, a ver malas películas, a votar a malos políticos y a consumir los crímenes malos y cutres que nos sirve la televisión sanguinolenta. Todos decimos que vemos los documentales de la 2 pero nadie se pierde el capítulo diario del pequeño y perverso criminal que nos fascina. Ese tipo bajito y frágil de ojillos desconfiados que sonríe frío y enigmático ante el juez.
Imagen: periodistadigital
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
