miércoles, 25 de febrero de 2015

EL TERROR

(Publicado en Revista Gurb el 23 de enero de 2015)

Lo peor del terrorismo es que nos embrutece a todos, no solo a los verdugos, sino también a las víctimas. El miedo al hombre/bomba, al cinturón bomba, al coche/bomba y a la fiambrera/bomba lleva a la desconfianza, la desconfianza a la xenofobia y la xenofobia ya sabemos a qué conduce, al desastre, al caos, no hace falta decirlo. La imagen de televisión del yihadista encapuchado rematando sin piedad, en el suelo, a un agente indefenso o ésa otra de la Policía francesa acribillando a tiros a la rata, a bocajarro, como quien aplasta a una cucaracha, a la salida de un supermercado judío, nos inoculan sin remedio el virus del terror y además alimentan mucho nuestro morbo, hasta el punto de que no podemos apartar los ojos del televisor.
La escalada de embrutecimiento, de deshumanización y de sañuda crueldad que provoca en nuestra sociedad esta nueva forma de guerra basada en la destrucción total de la civilización humana ya está empezando a calar en nuestros cerebros y a cambiar nuestra mentalidad, nuestra forma de vida, nuestros valores. He leído y oído mucho análisis sesudo sobre la cosa durante estos últimos días y pocos, por no decir ninguno, son los que se han atrevido a decir que al asesino había que haberlo cogido vivo para ponerlo a disposición del juez, como manda la santa ley de la democracia. No seré yo quien diga que al loco suicida hay que sentarlo en las rodillas del policía para convencerle de que ha sido un chico malo y dialogar pacíficamente con él antes de ponerle las esposas, no digo yo eso. Muerto está y bien muerto. Pero pensemos por un momento que la nueva situación, el estado de guerra permanente hacia el que caminamos, conlleva inevitablemente una peligrosa alteración de nuestras tablas de la ley, unas tablas de derechos y libertades que desde hace más de dos siglos habían permanecido inmutables. Y ahí es donde la rebelión de los pueblos sin historia, como decía Cioran, los integristas orientales, empiezan a ganar su primera batalla al imponernos sus reglas del juego violento. Hasta el Papa Francisco se salta ya la otra mejilla políticamente correcta y se pone el disfraz de pugilista para arrearle un mandoble al obispo que le mente a la madre.
Si hiciéramos una encuesta ahora mismo, la mayoría de la población occidental estaría de acuerdo con que a los yihadistas hay que matarlos y rematarlos, si es preciso, antes de que cometan una barbarie. Es lógico, hasta cierto punto, pensar de esta manera. El miedo es la auténtica arma de destrucción masiva. Pero lo que trato de decir aquí, a ver si me explico, es que la dialéctica de este terrorismo religioso ciego y cruento va a transformar nuestra realidad y nuestra mentalidad en los próximos años, hasta el punto de que sin duda terminaremos aceptando hechos consumados que hasta hace poco tiempo nos parecían inadmisibles. Digamos que corremos el riesgo de pasar del estadio de inflexibles defensores de los derechos humanos a pragmáticos partidarios de nuestra seguridad. Y no serán solo los gobiernos quienes, mediante cambios normativos o decisiones políticas más o menos polémicas, dinamitarán nuestra libertad. No. Seremos nosotros mismos los que, tras años de terror, decapitaciones televisadas, impactantes secuestros, asaltos con rehenes, explosiones suicidas, asesinatos masivos, masacres y brutalidades de toda índole, terminaremos por abrazar la legítima defensa como única forma de salvar el pellejo. Ha pasado en otras sociedades modernas y nos puede pasar a nosotros. Cada vez que veo a los niños israelitas enchufándose la máscara antigás, corriendo sumisamente hacia refugios atómicos en rutinarios simulacros o adiestrándose en el manejo de un arma de fuego se me ponen los pelos como escarpias. Y sin embargo, Israel lleva años viviendo de esta forma. Forma parte de su idiosincrasia, de su cultura, de su modus vivendi. Ya nadie discute que primero hay que acabar con el terrorista suicida y luego plantear los debates que haya que plantear sobre derechos humanos. Ya nadie discute que primero hay que disparar y luego preguntar.
André Breton nos avisó de que el verdadero acto surrealista era detonar una pistola indiscriminadamente contra la multitud. Ahora estamos metidos en esta guerra surrealista, la más intangible y extraña de todas, una guerra sin cuartel, ni causa, ni lógica aparente, la guerra por la guerra, barbudos iluminados que gozan con el placer de morir matando, guerrilleros que lanzan sus moscas miserables sobre nosotros, dioses que hablan por boca de criminales, ridículos paraísos orgiásticos petados de huríes, expertos y tertulianos que tratan de explicar el fenómeno sin tener ni pajolera idea, vecinos del quinto que eran buenísimas personas y que de la noche a la mañana se convierten en asesinos enmascarados, niños fusilados porque veían un partido de fútbol, las concurridas calles de Occidente como trampas sembradas de bombas tranquilas, el éxtasis de la muerte. Ya no piensan solo en derribar nuestros rascacielos futuristas. Buscan derribar nuestra conciencia. Imponer la ley de la jungla. La ley del más fuerte. La ley del miedo.

Ilustración: Artsenal

viernes, 20 de febrero de 2015

LA DIOSA GRIEGA


 (Publicado en Revista Gurb el 20 de febrero de 2015)

Eleftheria Arvanitaki es la diosa de la música griega. Su voz fuerte y poderosa como una columna del Partenón lleva en volandas al pueblo griego en sus movilizaciones contra la troika, contra los recortes y las políticas de austeridad impuestas desde Bruselas. Eleftheria es la cantante griega más internacional y cuenta con miles de seguidores en toda España. "Españoles y griegos sentimos lo mismo. España, musicalmente, es como mi segundo hogar". Sus letras nacen de la fusión entre lo viejo y lo nuevo, entre Oriente y Occidente, y se han convertido en auténticos himnos de su tiempo, la banda sonora cotidiana de tantos millones de griegos que tratan de sobrevivir a la crisis y recuperar su dignidad. "¿Que qué me suscita el nombre de Angela Merkel? Para mí es sinónimo de austeridad y en cierto sentido de castigo contra Grecia". Nacida en El Pireo, viejo puerto de Atenas donde se forjaron los barcos que vencieron a la tiranía de los persas en Salamina, Eleftheria forja con su voz otra leyenda, la de un pueblo que se resiste a bajar la cabeza ante una nueva esclavitud brotada dos mil años después: la de los mercados que anulan y aplastan la voluntad de los que nada tienen y ya nada esperan. "Por supuesto que los políticos y los sindicalistas nos engañaron, porque ellos abandonaron al país a su suerte".

¿Qué opinión te merece Syriza?

Pues que es un partido de fuerzas políticas principalmente de centro-izquierda, que se hizo más fuerte en los últimos años de la crisis y también de personas que pertenecían a partidos de centro. Yo creo que es intención de Syriza ayudar a las clases medias y bajas para que encuentren su camino, pues sufren condiciones muy difíciles en su vida cotidiana. Todos esperamos que el gobierno de Syriza gobierne por el bien del país y de su gente.

Entrevista completa en Revista Gurb

viernes, 6 de febrero de 2015

LOS DETECTIVES


(Publicado en Revista Gurb el 6 de febrero de 2015) 

De la noche a la mañana, ha pasado de dar clases de biología a chavales del instituto a ser el escritor del momento. Su saga del inspector Víctor Ros, que TVE emite cada semana, consigue reunir a más de dos millones de espectadores frente a la pequeña pantalla en la noche de los lunes. A Jerónimo Tristante (Murcia, 1969) apenas le ha dado tiempo a digerir el éxito que le ha reportado su ya célebre personaje, un agente de la Policía Metropolitana de Madrid que resuelve crímenes al más puro estilo de Sherlock Holmes en aquella España de la Restauración decimonónica plagada de anarquistas, caciques e intrigas políticas. "Es inevitable la comparación entre Víctor Ros y Holmes, a fin de cuentas mi personaje es un homenaje al detective más célebre de la historia", asegura. Mantenemos la entrevista en un receso, entre clase y clase, en el instituto de eduación secundaria Vicente Medina de Archena donde, pese al éxito de sus novelas, el profesor Tristante sigue con sus lecciones, como siempre. Los chicos del instituto están encantados de tener un profe que los lunes por la noche les da clases de Historia en la televisión, ya que al final de cada capítulo el escritor explica a los televidentes aspectos de la vida social y política española del convulso siglo XIX. La saga de Víctor Ros va ya por la cuarta entrega, aunque el novelista tiene a punto un nuevo libro, que verá la luz este verano, donde el detective viajará a Londres y a otros lugares del mundo resolviendo sus misteriosos crímenes de forma infalible. "Estoy mentalizado, cuando me sale algo bien lo disfruto, miro hacia atrás, veo que estoy un poco mejor que hace un año, pero tampoco tiro las campanas al vuelo porque sé que en cualquier momento esto se acaba y vuelvo a mi instituto con mis clases y más feliz que una perdiz", asegura el padre de quien todos dicen es el Sherlock Holmes español.

¿Cómo nació Víctor Ros?

Es un personaje que nació en una de mis novelas, que se llama Arcana Dei, una novela que no he publicado porque la hice hace muchos años y era un poco aquello que se dio en llamar el thriller esotérico. Justo cuando la terminé apareció El Código Da Vinci, y me dije: ¿A dónde voy yo con esto?

Foto: Marcial Guillén

Entrevista completa en Revista Gurb

viernes, 23 de enero de 2015

LA CONVENCIÓN DEL PP


Aznar ha dicho en la convención nacional del PP, para quien quiera oírlo y escucharlo, que él no vuelve de ninguna parte porque él nunca se había ido. Los caudillos son así. Siempre están en la sombra tutelando, custodiando, dirigiendo las vidas de los pobres súbditos que se ven huérfanos y desamparados sin su gran tótem, sin su paterfamilias, sin su macho alfa. Allí, en primera fila del salón de convenciones, escuchando las palabras severas de su mentor, estaba la plana mayor del gurtelazo, con sus corazones de pedernal y sus cabecitas locas. Allí, en los primeros bancos de terciopelo, estaba toda la corrupción del PP al completo. No faltaba ninguno: Rajoy, que ya sabemos que tocaba sobres con telita fina (no lo digo yo, lo ha dicho hoy su papagayo impertinente, el tesorero Bárcenas, que acaba de salir de la jaula y vuela y pía alto y claro por los madriles); Cospedal hierática y enmudecida, como un muñecón de José Luis Moreno; Floriano el florero en un rincón, para que hiciera bonito (alguien lo habría puesto allí); los morenazos Glez. Pons y Arenas como los Pajares y Esteso de esta mala comedia sesentera, esta casposa españolada que ya no le hace ninguna gracia al pueblo. "Juntos por un gran país", "aún queda mucho por hacer", son los faroles de precampaña con los que pretenden seguir confundiendo al ciudadano. Aún queda mucho por recortar, mucho por mentir, mucho por robar, diría un pobre español maltratado y sodomizado durante años por tanto liberal neocon. Mientras los chicos del PP hablaban en convenciones bizantinas, una familia con tres niños era largada de su casa sin contemplaciones. A vivir debajo del puente adosado con piscina, al frío miserable de enero, a la puta calle. Mientras estos aprendices de la escuela de El Dioni largaban insensateces en su decimonónica convención esperpéntica y absurda, antes del consabido vino de honor y los "canapieses" de rigor, por supuesto, la anciana desahuciada de Vallecas donaba la mitad de los 20.000 euros que le había dado el Rayo a un enfermo terminal. Olé sus ovarios, abuela. A usté sí que habría que hacerle un monumento en la Puerta del Sol. Pues ésta y no otra es la España cruda y dura que nos ha tocado vivir, la España real, no la España de los grandes números mentirosos que quieren vendernos los chamarileros de la corrupción que siguen encastillados en el Gobierno. Pablo Iglesias sabía que sus enemigos iban a pasar la tarde en una ópera decadente y urdió una jugada maestra: viajar a Grecia para hacerse la foto de la victoria con los indignados de Syriza. Fue un golpe genial y certero. Nuestro Pericles con coleta no da puntada sin hilo. En Grecia se inventó la democracia y en Grecia se reinventará. La rebelión de los plebeyos trepa ya por los propíleos de la Acrópolis y el PP aún no se ha enterado de qué va esto. Aznar, sin embargo, ya ha hablado. Y Aznar no parecía contento. Se fue un momento por la puerta giratoria y le han dejado el partido hecho unos zorros. Hasta su amigo Rato ha trincado un rato. Todos los herederos y barones del imperio ruinoso estaban allí, del primero al último, esperando que el abuelito batallitas les soltara el rollo y se volviera otra vez a la cripta de las FAES. Todos escuchaban al Cid Campeador, que se había levantado de pronto entre las cenizas del tiempo para echarles el rapapolvo del siglo por descuidar a las víctimas de ETA, por el fiasco de Cataluña, por los escándalos financieros, por el descalabro general del partido. Habéis sido chicos malos, parecía decirles el capo crípticamente: si Franco levantara la cabeza. Y todos lo miraban con recelo, dientes, dientes, pero muy acojonadillos ellos, las palmas echando falso humo, las risas nerviosas, ji ji, ja ja. Aplaudían como un solo hombre, presidente, presidente, pero al tiempo cuchicheaban y susurraban entre ellos, temiendo que el caudillo subiera a su Babieca y los sacara a todos de Génova a espadazos. No estaba contento el Cid de Quintanilla. Parecía que fuera a desenvainar la Tizona de un momento a otro para rebanar unos cuantos pescuezos, cual verdugo implacable de ISIS. "La corrupción es un cáncer que no podemos tolerar, cada uno tiene que responder de sus actos. Yo respondo de los míos", dijo el expresidente de mostacho depilado. Chúpate ésa marquesa. Por dudar, ha dudado hasta de que el PP quiera ganar las elecciones. Llegados a ese momento, Rajoy ya se aflojaba la corbata y contenía la respiración. Aznar le había hecho la cobra. Otra vez.

Foto: Efe    

EL ALMA

(Publicado en Revista Gurb el 9 de enero de 2015)



Los mártires salafistas de Oriente han puesto en marcha el reloj de la última cruzada ciega contra el pobre y decrépito Occidente. Nos quieren devolver a la oscura Edad Media, todos con el culo en pompa y mirando a la Meca, el burro atado en el corral y la mujer metida en el saco con la rejilla en los ojos para que no pueda verla ni desearla el vecino de enfrente. Estábamos tan entretenidos en nuestras cosas triviales, en nuestra corrupción, nuestra hipoteca y nuestros domingos de alegre fútbol que nos habíamos olvidado ya de los moritos de las cuevas lejanas que sueñan con un cielo lleno de vírgenes y un delirio histórico llamado Al Andalus. Ha estallado una guerra extraña: cabreros contra soldados, feroces lobos solitarios contra inútiles ejércitos ultragalácticos, parias tuiteros de los suburbios con el coco sorbido por recios imanes contra ciudadanos libres aterrorizados en la conejera del Metro. No es una guerra entre razas ni entre ideologías políticas, ni siquiera ya entre religiones: es una guerra entre dos mundos, en plan H. G. Wells, entre siglos, entre dos épocas, entre dos milenios. El espacio-tiempo einsteiniano de la Historia se ha curvado sobre nosotros y ha degenerado en un violento choque/guerra entre el pasado y el futuro. Los yihadistas anhelan reconquistar Granada (y de paso Marbella, con todos los jeques dentro) para templar sus cimitarras de odio y fuego bajo nuestro sol de oro, rebanarnos el pescuezo y tostar sus traseros morunos en las jaimas costeras del Bundesbank. Luego venderán a nuestras mujeres como esclavas y se beberán nuestras bodegas, que podrán ser fanáticos religiosos, pero no tontos. En París han matado a doce héroes del lápiz, los ángeles de Charlie Hebdo que dijeron no a hincarse de rodillas ante los paletos de las chilabas. Eran artistas librepensadores que nos hacían algo más divertido y llevadero el mal trago de esta puta vida, intelectuales que ejercitaban nuestra capacidad crítica y que nos hacían pensar con sus ilustraciones y viñetas geniales. Los yihadistas no quieren que pensemos, pensar hace más libre al ser humano pero lo arranca para siempre de Dios. Occidente hace ya mucho tiempo que mató a su Dios. Lo liquidaron entre Nietzsche, Marx y Freud, los tres patriarcas de la modernidad que serían decapitados al minuto por los verdugos enmascarados del Estado Islámico. Por eso, porque ésta es una guerra a muerte de Dios contra el hombre, o lo que es lo mismo, una guerra del hombre contra sí mismo en la que no caben treguas, ni armisticios, ni negociaciones de última hora, el final solo puede ser uno: o ganan ellos y nos imponen a su Dios lleno de sangre, ira y horror o ganamos nosotros y les imponemos la libertad, la igualdad, la fraternidad, nuestros anuncios de Chanel, la prima de riesgo y el Iphone 6. Tras muchos siglos de esclavitudes, guerras y miserias, Occidente había conseguido librarse de los clérigos de la superchería y la barbarie. Hace tiempo que descubrimos la verdad: que el cielo, si no es justo y democrático, no es un cielo al que merezca la pena llegar. El cielo de estos camelleros de la muerte es más bien un infierno impuesto, un desierto de polvo yermo y estéril, más que un paraíso celestial. Que se queden con su Dios injusto, pacato, rufián. Viva el humanismo, viva el hombre, el Renacimiento, Miguel Ángel, Mozart, Goya, las películas de Woody Allen (aunque ya esté de capa caída), los sonetos de Quevedo, los vuelos transoceánicos, la sonrisa libre y feliz de un niño que vuela su cometa, una hamburguesa con mucha mostaza y mucho kétchup, los viajes espaciales, el acelerador de partículas, el motor de mi viejo Ford, un beso bajo la luz de luna y todo eso que nos da la vida y por lo que merece la pena vivir y luchar. Occidente, en fin, con sus luces y sus sombras, con sus males y decepciones, pero el único jardín del edén conocido. Podrán matarnos a todos estos villanos del Corán macabramente reinterpretado, podrán pasarnos a todos a cuchillo con sus torpes cimatarras para imponernos su fe absurda y enloquecida. Pero nunca podrán exterminar los valores que nos hacen profundamente humanos, los valores que una vez nos rescataron de la charca, la jungla y la caverna y nos insuflaron eso tan mágico y misterioso que algunos, ya seamos ateos o creyentes, seguimos llamando alma.

Ilustración: Adrián Palmas

EL MÉDICO DEL MIEDO

 
(Publicado en Revista Gurb el 23 de enero de 2015) 

Desde la ventana de su laboratorio, el neurocientífico Lorenzo Díaz-Mataix (Castalla, Alicante, 1976) disfruta de unas vistas gloriosas de Manhattan, con el Empire State y la Torre Chrysler al fondo elevándose majestuosas hacia el cielo. Abajo, miles de neoyorkinos transitan por las grandes avenidas, la Quinta, la Sexta, Broadway, seres diminutos y frágiles sumidos en sus fobias, sus neurosis y sus terrores. "La mayor parte de las enfermedades psiquiátricas están provocadas por algún tipo de miedo", asegura al otro lado del hilo telefónico. Díaz-Mataix trabaja en el Center for Neural Science de la Universidad de New York a las órdenes del neurocientífico y rockero estadounidense Joseph Ledoux, que dirige a un grupo de investigadores empeñados en comprender por qué una persona suda al hablar en público o es incapaz de subirse a un avión o sale huyendo al ser atacada por un ladrón mientras otra le hace frente o simplemente lo ignora. Afincado en Nueva York desde hace ocho años, es probablemente uno de los especialistas que más saben sobre el miedo humano, ha hurgado tan a fondo en el cerebro de los mamíferos que ha sido capaz de identificar los mecanismos neuronales que convierten, durante años, las experiencias desagradables en recuerdos imborrables, provocando nuestros terrores más secretos y ocultos. Sus últimas investigaciones están revolucionando la neurociencia y el conocimiento del cerebro, ese misterioso órgano al que es más difícil llegar que al planeta Marte. "Nosotros no decimos ni que sí ni que no a la existencia del alma, lo único que decimos es que si existe el alma, debe estar ahí, en el cerebro".

Entrevista completa en Revista Gurb

viernes, 9 de enero de 2015

BORIS O IZAGUIRRE



 (Publicado en Revista Gurb el 9 de enero de 2015)

Boris Izaguirre (Caracas, 1965) estará siempre en deuda con Rosalind Fox, el personaje central de su última novela, Un jardín al norte, y no solo porque ella le ha ayudado a afianzar su exitosa carrera como escritor, sino porque en ciertos momentos de su vida fue para él como un hada madrina que lo sacó de lo más oscuro del abismo. "Llegó en un momento en que yo aún no había entendido que estaba delante de una crisis personal y ella realmente me dio una fuerza enorme para salir adelante", asegura. Escritor, showman, tertuliano, guionista de telenovelas en sus inicios, azote de famosos, Izaguirre dice no echar de menos aquellos años salvajes en que escribía historias para culebrones ni cuando le daba por subirse a la mesa de Crónicas Marcianas para marcarse un striptease. "Lo hacía porque siempre he seguido mis impulsos y porque en televisión hay que arriesgar". Pese a su reconocimiento como narrador tras ser finalista del Planeta, afirma haber conocido tanto las mieles del éxito como el sabor amargo del fracaso. "Yo es que generalmente me siento cómodo siendo una estrella permanentemente, no sabría hacer otra cosa", ironiza. Su personaje, Rosalind Fox, vive una azarosa peripecia en Tánger, donde el espionaje y la pasión la arrastran en los confusos y dramáticos días de la guerra civil española. "Ella fue un ejemplo, no tenía miedo, y nosotros no debemos vivir con miedo pese a los horribles atentados de París", insiste.

Foto: Robert Muñoz

Entrevista completa en Revista Gurb