sábado, 6 de mayo de 2017

EL GUSANO



(Publicado en Revista Gurb el 28 de abril de 2017)

Científicos españoles (todavía queda alguno por ahí) han descubierto un gusano que se come el plástico en lo que parece ser el invento último y definitivo para acabar con la contaminación de los derivados del petróleo. Los investigadores, en un alarde de creatividad literaria, han bautizado al voraz animalito como “gusano comeplásticos”, que también hay que ser pobre de imaginación. Aristóteles le echaba mucho más ingenio a la hora de colocarle el latinajo a una especie. Uno, que de ciencia solo sabe las cuatro reglas y poco más, no deja de asombrarse ante los logros de la tecnología. La ciencia es que avanza una barbaridad.
Pero ahora que ya sabemos que un gusano es capaz de meterse entre pecho y espalda toneladas de plástico tóxico deberíamos ir mucho más allá, hasta encontrar un bicho capaz de comerse toda la corrupción que contamina nuestro país. La Justicia, precaria de recursos y politizada por el Gobierno como está, jamás podrá resolver el problema de la basura política por sí sola, pero con un gusano tragón de esos el problema se terminaba en un cuarto de hora. Si nuestras mentes pensantes del CSIC consiguen hallar un gusarapo al que le prive la mugre hedionda de la corrupción, asunto resuelto. Sería mejor que un milagro. Ya lo que decía Henry Miller: si puedes ser un gusano, también puedes ser un dios. Así podríamos coger al bicho formidable y metérselo a Ignacio González en su ático babilónico de Estepona, para que vaya corroyéndole las alfombras persas, las cortinas de seda y las figuras de Lladró, que todo ricacho hortera tiene una en el salón. Más tarde podríamos agarrar al gusano insaciable, introducirlo subrepticiamente en el despacho de la felizmente dimitida Espe Aguirre, y que fuera merendándose, una tras otra, cada rana corrupta que la lideresa tiene metida en el cajón sin que ella sepa nada. Con un buen escuadrón de la muerte formado por esos gusanazos legionarios dispuestos a comérselo todo dejábamos España más limpia y reluciente que el ojo nuevo de cristal de Carlos Fabra, que se ha quitado veinte años y parece un chavalín con ese nuevo look teenager que se gasta ahora. Hay que ver lo que rejuvenece una cárcel española, ni el Balneario de Archena con sus baños turcos, sus hidromasajes de aguas termales y sus sesiones de chocolaterapia. Y ya puestos, si viéramos que la Fiscalía Anticorrupción y la Audiencia Nacional se ven desbordados ante tanto escándalo, tanto juicio y tanto navajero político como hay suelto, podríamos coger un buen puñado de gusanos prodigiosos y comilones y soltarlos por las tuberías del Canal Isabel II, que por allí ya no circula el agua sino billetes de quinientos, y que vayan tragando. O meterlos sin que nadie los vea en el despacho del ministro Catalá, que es una ciénaga pestilente, viscosa y toda emponzoñada de turbiedades, fangos, inmundicias y cochambre política. El despacho canicular del ministro es una cochinada de escándalos, una guarrada, y sería un caldo de cultivo ideal, un hábitat perfecto para nuestros gusanos laboriosos.
Con unas cuantas larvas dándose un festín que ni Chicote entre los escándalos de papel que brotan como setas por donde quiera que pisa Catalá, dejaríamos el despacho del ministro limpio como una patena y los gusanos hasta se quedarían a vivir con él para hacerle compañía, que los grandes hombres siempre están solos y preocupados por que se cierren pronto todos sus “líos”. Sin duda, en el invernadero pútrido del Ministerio de Justicia los gusanos crecerían felices y contentos, unos gusanos hermosos, rollizos, con alimento suficiente de casos para ir haciendo boca durante años. Los gusanos, que son seres inteligentes (por algo son gusanos científicos de laboratorio) pronto se reproducirían y treparían lentamente por los muros de Génova 13, hasta llegar a la planta del jefe Mariano, al que no le vendría nada mal un batallón de esos anélidos glotones para hacer limpieza en el partido. Nos habían hablado tanto de la inteligencia artificial, de los drones y robots, que ya no reparábamos en los pacíficos y funcionariales gusanos de toda la vida, seres de confianza que están en el mundo desde el Jurásico por lo menos, y que son mucho más ecológicos, baratos y eficientes que la UDEV. Uno cree que al paso que avanza la ciencia, más pronto que tarde no harán falta jueces, ni fiscales, ni inspectores de Hacienda, ni periodistas, ni soplones que destapen la corrupción, ni nada. Bastará con soltar unos cuantos de esos gusanitos especializados, tenaces y valientes para terminar con ella de un solo bocado. Con esos gusanos trabajando a destajo, día y noche –gusano animal contra gusano humano–, no harán falta policías ni espías de la UCO para acabar con la plaga. Porque ya lo dice el viejo proverbio español: quien mete la mano le pica el gusano.

Viñeta: El Koko Parrilla y Elarruga

SEMANA POCO SANTA



(Publicado en Revista Gurb el 14 de abril de 2017)

Nazarenos y beatas, cirios y mártires ensangrentados, vírgenes de oro, brumas de incienso y borracheras de vino malo. Señoras y señores, estamos en Semana Santa, esa fiesta ibérica que ha quedado para llenar los bares de guiris y para que la Guardia Civil nos calque la cartera, inmisericordemente, con el radar infalible de la Operación Salida. España  sigue siendo el pueblo más católico de Europa, del mundo me atrevería a decir, pero mucho me temo que esto de la Semana Santa, como la Navidad y el día de Todos los Santos, ha perdido gancho religioso y ha devenido en mero evento turístico-folclórico. Aquí la mayoría ya no habla de cómo estuvo el encierro de la Macarena o del Cristo de Medinaceli, sino del buen tiempo que hizo, del llenazo en las plazas hoteleras, del bajón del paro con el aluvión de camareros y sobre ese camping barato en la Alpujarra donde le dejan a uno llevar al perro y a la suegra.
El personal, salvo la COPE y cuatro cofradías de encapuchados empeñados en seguir metiendo miedo por la calle, pasa mucho de la imaginería de Gregorio Fernández, Juan de Juni, Salzillo o Berruguete y estos días los dedica más bien a estar tirado en un caluroso aeropuerto, en medio de una huelga incendiaria de pilotos, o en una estación llena de trenes averiados, que la Renfe siempre será la Renfe. Al menos antaño, con el 600, el turista culminaba con éxito la romería a la Manga del Mar Menor; hoy se conforma con pasar unas vacaciones en el balneario aéreo de Barajas, que por lo visto relaja mucho. Hasta en eso vamos para atrás. Quiere decirse que hemos renunciado, afortunadamente, a aquella "salubridad melancólica" de la religión de la que hablaba Felipe II. Y es como tiene que ser. La Iglesia, con sus desfiles góticos, sus cirios cistercienses y sus beatas ricas de lencería cara nos muestra cada año, descarnadamente, el gran espectáculo del dolor y de la muerte. El viejo mensaje sin reciclar de arrepentíos pecadores o iréis al infierno. Una puesta en escena que metía miedo en el siglo trece pero que hoy está felizmente superada porque nadie se la traga, salvo los de Hazte Oír, y ya ni esos, que todo lo hacen por sus cinco minutos de gloria en el programa de Ferreras. Por fortuna, la Semana Santa cada año es menos santa y más pagana, no hay más que darse una vuelta por Magaluf estos días. Aquello sí que es una orgía romana. "El cristianismo podría ser bueno, si alguien intentara practicarlo", decía Bernard Shaw, solo que nadie lo intenta ya porque nadie lo ha entendido bien, como el marxismo, y cuando tratan de llevarlo a la práctica salen cosas aberrantes como esa propuesta del PP de Barcelona de rescatar solo a los refugiados cristianos. Y a los niños moritos que les den bombazo. Dos mil años de cristianismo para llegar a esa mierda de conclusión.
Los pueblos evolucionan quitándose de encima el yugo de los espíritus y chamanes (quien dice chamán dice obispo franquista) y poniendo la razón del ser humano en el centro del universo, que es donde tiene que estar. De otra manera aún no habríamos salido de la tenebrosa Edad Media, qué digo de la Edad Media, de los sumerios y los acadios. Y si no miren ustedes en qué han terminado, por un exceso de hormonas religiosas, todos esos yihadistas que primero se lían la manta a la cabeza y después la lían con el chaleco bomba. Una ordalía de sangre, un sindiós. Qué manía les ha entrado con matar gente. Así es la religión llevada al extremo: irracional, exacerbada, fuera de madre. Una sobredosis de religión radicalizada y fuerte es peor que un chute de coca adulterada y achicharra muchas neuronas. La religión mal entendida es como el capitalismo salvaje, o le ponemos coto o nos lo pone ella a nosotros. Y para muestra un tuit. Se empieza por matar un cabrito en sagrado sacrificio y se termina torturando brujas, dilapidando adúlteras o quemando negros en Nueva Orleans, un deporte que vuelve a estar de moda con el locuelo Trump, el de la madre de todas las bombas. Los rezos y santos deben quedar como algo íntimo, personal de cada cual. Exhibirlos en procesión pública es un vestigio de los antiguos egipcios, que sacaban a pasear a sus momias para que se airearan, además de un foco de atascos y carteristas y un trastorno para los peatones, sean laicos o no, a los que se les cortan las calles sin preguntar. Hagamos un referéndum de autodeterminación de la Iglesia católica. No se atreven. Es mejor seguir tirando con el concordato caducado.
La religión es algo que está muy bien cuando quien la profesa encuentra paz espiritual en ella y lleva esa paz a los demás, pero cuando sirve como arma arrojadiza la cosa se nos va de las manos y principian las guerras santas, las cruzadas, los cruentos exorcismos, las barbas sucias sin afeitar, las misas en TVE y el obispo Reig Pla echando espumarajos por la boca contra abortistas y sodomitas. Pero no nos pongamos demasiado rojeras, que luego nos llama a capítulo la Audiencia Inquisicional. Disfrutemos de las cosas buenas de esta fiesta tan entrañable y tan nuestra: la manzanilla de Moriles, la Mona de Pascua –sin duda una celebración surrealista en honor a Tarzán– las torrijas que están para chuparse los dedos, el péplum de Kubrick sobre Espartaco, que sigue resultando sublime aunque lo repongan mil veces, y los indultos para delincuentes menores, siempre que no sean Bárcenas, Rato o Blesa los agraciados. Por cierto, cuentan que un jugador de baloncesto ha subido unas fotos a Instagram en las que confunde a los nazarenos con los del Ku Klux Klan. Por algo será.

Viñeta: El Koko Parrilla y El Petardo

ESPAÑA EN EL DIVÁN

(Publicado en Revista Gurb el 28 de abril de 2017)

Durante el último medio siglo, Amando de Miguel (Pereruela de Sayago-Zamora, 1937) nos ha estado explicando cómo somos los españoles. Tras más de 120 libros y miles de artículos publicados, el que fue pionero y primer sociólogo de la modernidad española sigue ostentando el título de catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid. Él creó escuela en un momento en que la Sociología ni siquiera se contemplaba como una profesión y sus estudios siguen siendo referencia en todo el mundo. Hoy, a sus 80 años, continúa diseccionando lo que pasa en la sociedad española, que sigue en constante transformación. "De repente la cultura del esfuerzo y del trabajo ya no existe, hemos caído en la cultura del ocio, del trabajar lo menos posible, del defraudar si se puede, y en eso estamos, y eso también es la crisis. Todo eso es mucho más interesante que los aspectos meramente económicos". Para De Miguel la corrupción es algo grave, pero quizá no lo más grave: "La corrupción es un aspecto menos interesante, a mi modo de ver, que el enriquecimiento del político en la vida pública, que suele hacerse legalmente", asegura. Charlamos con un hombre que conoce como nadie al fenicio y pícaro español.

Entrevista completa en Revista Gurb

LA JUSTICIA OXIDADA



(Publicado en Revista Gurb el 14 de abril de 2017)

"La gente en este país no tiene mentalidad de que el dinero público es de todos los españoles, es decir, parece que si entran a robar en tu casa te están quitando lo tuyo pero si entran a robar en las arcas públicas no se sabe de quién es ese dinero, no hay conciencia de que ese dinero es de todos los ciudadanos". Manuel López Bernal, el fiscal que ha impulsado la investigación del caso Auditorio contra el presidente de la Región de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, asegura que los fiscales se sienten “desprotegidos” cuando investigan tramas políticas organizadas. De hecho, unos desconocidos han entrado hasta por dos veces en la casa del fiscal anticorrupción de Murcia, Juan Pablo Lozano, e incluso en su propio despacho del  Palacio de Justicia, para sustraer datos secretos de su ordenador, un suceso que la Policía vincula con la delincuencia común, no con los múltiples casos de corrupción que asolan a esta comunidad autónoma. Hasta hace unas semanas, López Bernal era el fiscal jefe de Murcia, pero pocos días antes de la dimisión de Pedro Antonio Sánchez era relevado del puesto que ha ocupado durante los últimos once años. Algunos han querido ver una mano negra en su cese, aunque él lo niega. "Yo no creo que haya sido la retribución por investigar el caso Auditorio, todo eso sería hacer elucubraciones y yo tengo que suponer, tengo que creer que el fiscal general del Estado ha actuado correctamente en base a su criterio. Si de alguna manera no me han reelegido pues ya está, lo asumo y se acabó", asegura.

Foto: Pedro Martínez

Entrevista en completa en Revista Gurb 
  

EL ESTANQUE FANGOSO DE AGUIRRE

(Publicado en Revista Gurb el 28 de abril de 2017)
La Operación Lezo, que ha terminado con la detención y prisión incondicional del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha destapado toda la podredumbre que durante años se ha estado gestando en el PP madrileño. De nada sirven ya las excusas y coartadas de los altos dirigentes del PP que han atribuido los casos de corrupción en el partido a “episodios aislados” o a la persecución de un sector de la policía y de la Justicia con cierta animadversión a los populares. Todo eso no son más que excusas que caen por su propio peso. El caso Lezo no hace sino confirmar lo que todo el mundo ya sabía: que la corrupción en el PP es sistémica, institucionalizada, y que la mayoría de sus altos cargos figuran hoy como imputados en alguna causa. Mirar para otro lado o guardar silencio, como suele hacer el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que incluso ha ido respaldando en público, uno por uno, a toda la recua de políticos corruptos de este país, ya no sirve de nada.  Rajoy pasará a la historia como el presidente que se puso detrás de Camps, el que calificó a Carlos Fabra de ciudadano ejemplar, el que ha apoyado a Bárcenas, Ignacio González, Granados, Rato y tantos otros.  Todo aquel que es elogiado por el presidente termina en la cárcel. Por no colar, ni siquiera cuela ya la vieja estrategia de echar las culpas a oscuras conspiraciones o a persecuciones de la oposición, un paraguas malo que no podrá capear todo el chaparrón de escándalos que salpican al Gobierno.
En ese maremágnum de podredumbre se ha producido, por fin y a la tercera, la dimisión definitiva de Esperanza Aguirre. Sus dos dimisiones anteriores como presidenta del partido en Madrid y de la Comunidad Autónoma habían sido de pega, de quita y pon, un "me voy yendo pero no me voy". Tras dejar el último cargo que le quedaba, el de concejal y portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Madrid, podemos decir que Aguirre ya es historia. Ni siquiera las lágrimas de cocodrilo que la lideresa ha derramado en los últimos días por su delfín González servirán de atenuante para mitigar tan bochornoso espectáculo, una Aguirre que por cierto esta misma semana ha tenido que prestar declaración como testigo por el caso Gurtel. Espe, la inocente y cándida Espe, nunca sabe nada, pero su nombre siempre planea sospechosamente en todos los sumarios.
Los delitos que el juez Eloy Velasco imputa a Ignacio González son los más graves que pueden recaer sobre un político en activo. Integración en organización criminal, blanqueo de capitales, falsificación, prevaricación, malversación de caudales público y fraude. ¿Qué más necesitaba Esperanza Aguirre para presentar su dimisión? Ella fue quien colocó a González en el cargo, ella ha sido quien lo ha defendido y sustentado durante todos estos años de investigación, mientras el juez instructor iba acumulando pruebas documentales irrefutables, testigos comprometedores y grabaciones demoledoras contra el expresidente de la comunidad madrileña. Era como si la señora Aguirre no se enterara de nada. Hoy, después de más de cinco años desde que se destapara el escándalo, por fin se ha dado cuenta de que esto no es un juego, de que su partido en Madrid, el partido que ella ha dirigido, está podrido desde los cimientos hasta la última planta de Génova 13, esa sede que fue pagada con fondos de la mafia.
A Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Bornos y de Murillo, grande de España, se le ha permitido todo durante demasiado tiempo. Ha mentido y se ha reído de los españoles (como cuando dijo aquello de "yo destapé la trama Gurtel") ha amparado y justificado a colaboradores cercanos acusados de delitos gravísimos e incluso ha llegado a decir que ponía la mano en el fuego por Ignacio González, cuando éste ya estaba siendo investigado por la compra de un ático a través de un paraíso fiscal. Es cierto: ha puesto la mano en el fuego y se la ha chamuscado. Cualquier político europeo hubiera dimitido por mucho menos y mucho antes, pero Aguirre es una de esas políticas de la vieja guardia de la derecha española que, sin haber entendido bien lo que es la democracia, pretendían perpetuarse para siempre en el poder, pasara lo que pasara. En 2012, perseguida por el escándalo del caso Púnica, que afectó a otro de sus fieles colaboradores, Francisco Granados, anunció una especie de "dimisión en diferido", ya que si bien es cierto que decidió dejar su cargo como presidenta de la Comunidad de Madrid, aquello solo fue una pantomima, un teatrillo. Acto seguido, y para estupor de todos, incluidos los de su propio partido, anunció que seguía en política, esta vez aferrándose a un escaño de concejal en el Ayuntamiento de la capital, donde ha ostentando el puesto de portavoz del grupo municipal del PP mientras chapoteaba en el fango. Es decir, fue algo así como "me voy pero solo un poco, me voy pero no del todo". Fue la dimisión más grotesca y patética que se le recuerda a un político español y eso que en España ha habido dimisiones ciertamente esperpénticas. El desparpajo, la desfachatez y la frescura de esta señora ha llegado a tal punto que mientras sus compañeros y colaboradores más allegados desfilaban por los juzgados, ella se paseaba ufana y tranquila con su perrito Pecas sobre las ruinas y solares en que ella misma ha convertido Madrid. Como si no hubiera pasado nada, como si todavía siguiera siendo aquella aristócrata digna y decente aparentemente limpia de polvo y paja que ganaba elecciones sin bajarse del autobús. Pues no, señora Aguirre, no. Usted ya no es aquella mujer, su tiempo ha pasado. Usted ha permitido que las instituciones madrileñas se hayan convertido en un nido de golfos, ladrones y aprovechados. Usted ha dejado que la democracia haya devenido en un establo maloliente donde los corruptos se arrojan el barro a la cara en medio del lodazal más repugnante. Usted, sin que entremos a valorar si estaba o no en el ajo, que eso ya lo dirán los jueces, ha desprestigiado las instituciones, causando un daño irreparable a los madrileños. Ahora, señora Aguirre, pretende que nos creamos que su amigo y confidente Ignacio González firmaba los contratos inflados con empresas de gran calado como Indra o OHL sin que usted estuviera al corriente; ahora pretende que nos traguemos que González manejaba los presupuestos del Canal Isabel II (del que supuestamente ha desviado fondos por valor de más de 23 millones de euros) sin que usted se coscara de nada; y ahora pretende que nos zampemos que su hombre fuerte, su mayordomo de confianza, ofreció 173 millones de euros a OHL para zanjar el fiasco escandaloso del tren a Navalcarnero sin que usted se enterara de la misa la mitad. ¿Dónde estaba usted, señora Aguirre, cuando todos estos asuntos se cocinaban en la ventanilla contigua a su despacho? ¿Dónde estaba cuando los mafiosos jugaban con el dinero de los madrileños, cuando se dilapidaban millones y millones de euros y cuando los filibusteros especulaban hasta con el agua de los ciudadanos?
Y todavía se permite ir de mujer digna y pulcra por los pasillos y salones de la política española. Resultaría cómico de no ser tan triste.
Llegados a este punto, a la lideresa solo le quedaba una salida airosa. La que ha tomado a regañadientes y sin duda forzada por Rajoy: presentar su dimisión e irse a su casa, ya que el estanque está tan lleno de "ranas", como ella dice, que ni siquiera se ve el agua. Es hora de que el PP se tome en serio el problema de la corrupción y limpie su casa, no solo porque está en juego su propia supervivencia como partido, sino la salubridad de la democracia española, que cada vez que estalla un nuevo caso sufre un perjuicio irreparable. Urge que el Partido Popular afronte esta etapa negra de su historia y haga examen de conciencia (arrepentimiento y propósito de enmienda, si es preciso, ya que sus miembros son tan católicos). Urge que depure a los representantes públicos que están implicados en asuntos turbios, no solo en Madrid, sino en Valencia −otra comunidad autónoma infestada de cargos contaminados−, en Murcia, donde 35 de sus 45 municipios están manchados por delitos muy graves, y en todas las regiones y ayuntamientos donde afloren casos de corrupción. Hoy, más que nunca, se antoja imprescindible la regeneración, la vuelta a unos mínimos valores éticos que el PP ha olvidado, que se refunde si es necesario tras expulsar a todos los miembros de la vieja guardia incursos en procedimientos judiciales, que son muchos. No es hora de juegos semánticos ni de coartadas cortoplacistas. Ya no es tiempo de circunloquios ni discusiones bizantinas sobre cuándo debe dimitir un político, si al ser imputado, si tras ser acusado, en el auto de procesamiento o cuando le llega la hora de la sentencia. Eso ya es lo de menos. Aquí lo realmente importante a estas alturas es que cualquier cargo público cuyo nombre aparezca en un sumario de corrupción abandone su escaño de inmediato por decencia, por respeto a la ciudadanía y por responsabilidad política. Pero que se vaya con todas las de la ley. No como había hecho hasta ahora Espe Aguirre, esa funambulista de la política que, mal que le pese a ella y para fortuna de todos, ya es historia. A casa como una jubilada, que es lo que toca, y a escuchar cómo cantan las ranas.

Viñeta: Ben

CONVIVIR CON EL TERROR



(Publicado en Revista Gurb el 14 de abril de 2017)

Los últimos atentados terroristas ocurridos en Londres, Alemania y El Cairo han disparado el nivel de alerta en toda Europa, también en nuestro país, donde millones de españoles se disponen a vivir las fiestas de Semana Santa. Los fanáticos terroristas de ISIS han amenazado con cometer atentados en lugares masificados con la intención de causar el mayor daño posible. Lanzar un camión en una calle atestada de turistas o colocar un artefacto explosivo de baja intensidad en un lugar público, como ha ocurrido recientemente en el caso del autobús del Borussia Dortmund, es un plan relativamente sencillo que no exige mayor logística ni preparación que contar con un vehículo propio o robado y con un loco suicida dispuesto a llevarlo a cabo. Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado han incrementado el nivel de alerta en nuestro país y se han reforzado las medidas de prevención para garantizar la seguridad de miles de personas que participarán en las multitudinarias procesiones previstas en las ciudades de todo el país. Así, en Sevilla, uno de los puntos calientes por la gran afluencia de turistas que se registra en estas fechas, se han destinado más de tres mil agentes de Policía a tareas de vigilancia, casi un 12 por ciento más que el año anterior. Además, se han instalado bolardos y pesadas jardineras a la entrada de las calles, cámaras de seguridad y vehículos pesados haciendo las veces de barreras de contención para evitar que un conductor kamikace pueda hacer realidad sus delirantes sueños. Estas medidas son sin duda positivas y necesarias y hay que aplaudir que el Ministerio del Interior las haya tomado con rapidez tras los últimos atentados registrados pero los expertos en la lucha antiterrorista ya se han apresurado a advertirnos que ningún plan especial puede garantizar al cien por cien nuestra seguridad. En el mundo de 2017 nadie está a salvo de verse atrapado en una pesadilla como la que han vivido las víctimas del atentado en el metro de San Petersburgo, los cristianos brutalmente asesinados en una iglesia copta en El Cairo o los turistas que paseaban tranquilamente junto al Big Ben cuando fueron sorprendidos por un camión conducido por un terrorista suicida.
Vivimos en sociedades constantemente amenazadas, tenemos que acostumbrarnos a convivir con el terrorismo, esa es la cruda realidad a la que nos han condenado los fanáticos de ISIS. Por eso no estaría de más que a partir de ahora tomemos conciencia de cómo actuar ante un hipotético ataque terrorista indiscriminado contra la ciudadanía. En otros países como Israel o Estados Unidos se educa a la población desde la infancia para que sepa reaccionar ante situaciones críticas. Cursos de seguridad y protección civil, así como de primeros auxilios, deberían formar parte fundamental de nuestros planes educativos. De esa manera podríamos gestionar sucesos como el ocurrido hace unos días en la Madrugá de Sevilla y durante la procesión de Lunes Santo en Málaga, donde una pequeña pelea callejera sembraba el pánico por las calles de la ciudad. En apenas un momento se desató una extraordinaria estampida humana entre el público que contemplaba la procesión, que por un momento temieron estar siendo atacados por los yihadistas de ISIS en plena fiesta religiosa. Carreras, empujones, gritos, gente corriendo en desbandada, caras de terror, una espiral de miedo que se apoderó de los cientos de asistentes al evento. La situación llegó a ser tan descontrolada que desde el propio Ayuntamiento de Málaga se tuvo que realizar un llamamiento a la calma y tuvo que ser el propio alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, quien saliera a desmentir públicamente que el suceso tuviera algo que ver con un ataque del ISIS/Daesh. La escena recordó inevitablemente a la Madrugá del Jueves Santo del año 2000 en Sevilla, cuando desde distintos puntos del casco antiguo de la capital andaluza, de repente, comenzaron a volar sillas y decenas de personas desesperadas buscaron refugio en portales y bares para evitar ser aplastadas. Los pasos religiosos quedaban abandonados a su suerte, los nazarenos corrían sin destino y los autobuses de la periferia se llenaban de personas huyendo a sus hoteles. La psicosis desatada en un momento provocó un caos como nunca se había visto en esa ciudad. Han pasado ya 17 años desde aquel misterioso fenómeno de neurosis colectiva y la Policía no ha conseguido aclarar qué fue lo que sucedió aquella noche extraña en Sevilla.  Lo que sí sabemos es que no debemos caer en el pánico descontrolado, que no hace sino agravar una situación ya complicada. Eso lo saben bien los terroristas de ISIS, que han aprendido a explotar la neurosis y el miedo fácil de los occidentales.
Las sociedades modernas han caído desde hace tiempo en la inmadurez, el infantilismo y el miedo al dolor y la muerte, que ha sido convenientemente ocultada. Hemos vivido durante demasiado tiempo en una burbuja de cristal, entre anuncios de televisión que nos venden sueños inalcanzables, redes sociales que proyectan mundos virtuales tan falsos como inexistentes, dietas adelgazantes, tratamientos de belleza y tecnologías de última generación que anestesian las conciencias humanas. Hemos estado tan confortablemente instalados en nuestro mundo de mentira y fantasía, en nuestros sofás futbolísticos, en nuestros centros comerciales, coches ultrarrápidos y casas inteligentes, que nos habíamos olvidado de que la mayor parte del planeta es un lugar inseguro donde hay hambres, guerras, plagas y destrucción. Las tres cuartas partes de la población mundial vive en infiernos como el de Irak, Siria, Sudán, Nigeria o Afganistán, lugares de pesadilla donde se registran atentados con decenas de muertos cada día, donde los niños aprenden desde bien pequeños que la vida es corta, efímera, que ahora están vivos pero cinco minutos más tarde pueden estar muertos tras pisar una mina antipersona, ser disparados por un francotirador o acribillados desde el aire por un dron. Conviven con la muerte, se han acostumbrado a ella y lo llevan con una dignidad y una resignación que espanta. Tenemos mucho que aprender de ellos. La amenaza de ISIS está aquí, entre nosotros, ha llegado para quedarse durante décadas y tendremos que acostumbrarnos a hacerle frente con la mayor naturalidad posible, asumiendo que en cualquier momento el azar caprichoso puede hacer que nos crucemos con un terrorista suicida. Sin neurosis ni histerias, afrontando la idea de que el mundo globalizado del siglo XXI es así, inseguro, inestable, caótico, injusto. Ese es el precio que tenemos que pagar por ser unos privilegiados, por haber tenido la suerte de vivir en el paraíso mientras otros muchos, la inmensa mayoría, vivía en el infierno. Las fuerzas de seguridad del Estado harán todo lo posible para garantizar nuestra seguridad durante estas fiestas de Semana Santa y debemos dar las gracias a los agentes que estarán trabajando mientras nosotros nos divertimos. Demos las gracias por haber nacido en un país civilizado y avanzado donde se respetan los derechos humanos. No tengamos miedo a salir a la calle, a mezclarnos con los otros, a disfrutar de la vida. Vivir con una enorme sonrisa, mostrarles que somos tan fuertes como ellos, que no les tenemos miedo, que no han conseguido el objetivo de doblegarnos ni de acabar con todo lo bueno de los valores occidentales. Ese es el mejor mensaje que podemos enviar a los terroristas.

Ilustración: La Rata Gris

miércoles, 19 de abril de 2017

DE CHACÓN, MARHUENDA Y LOS REFUGIADOS




Embarazada y pasando revista a las tropas. Así recordaremos a Carme Chacón, la primera mujer que puso firme al Ejército. Fuerte y sensible, valiente y templada, íntegra e inteligente, tenía un coraje que impresionaba y un estilo político a la europea, algo que no abunda en este país. Como ministra de Defensa, fue la pionera que rompió el techo de cristal en los cuarteles. Después de Chacón cualquier mujer puede llegar a general. Tenía el corazón al revés, un corazón dolorido y sufriente que latía débilmente, pero con sinceridad. Quizá por eso no era como los demás políticos que parecen tener el corazón de piedra. Adiós Carme.

Paco Marhuenda, director de La Razón, investigado/imputado por obstrucción a la justicia y coacciones en el 'caso Lezo'. El director de La Razón, según su entorno, admite haberse "interesado" por la situación de Rodríguez Sobrino, uno de los ahora detenidos, pero nunca haber "presionado" a nadie, y menos a Cristina Cifuentes. Ahora se entiende todo. Ahora se entienden aquellos alegatos de enamorado en defensa de Rajoy en La Sexta Noche. Queda confirmado lo que todos ya sabíamos: su falso periodismo de estómago agradecido, su tibieza a la hora de criticar la corrupción del PP, su estilo pelota, mediocre y chusco. Tras sus trajes caros y flequillito de niño repipi de colegio mayor no había más que eso: un adulador de baja estofa, un vocinglero que agitaba las aguas turbias para esconder la verdad, un palmero que reía las gracias a los pajarracos corruptos de este país. Un limpiamanteles al servicio de su amo. No sabemos si estaba o no en el ajo. Eso lo dirán los jueces. Pero las máscaras siempre terminan cayendo.

El Partido Popular propone acoger a los refugiados cristianos que huyen de Oriente Medio. Solo a los cristianos. La derecha se jacta de ir a misa todos los domingos pero resulta más que evidente que no termina de entender el mensaje de ese hombre al que unos fanáticos clavaron en la cruz por defender la esencia del ser humano. De todo ser humano. Han debido saltarse algunas lecciones, ellos que son tan creyentes y tan católicos. Ahora que se acerca la Semana Santa sería un buen momento para que refrescaran el catecismo, porque por lo visto no han entendido nada.

El Gobierno español considera "proporcionado" y "medido" el ataque con misiles llevado a cabo esta noche por Estados Unidos sobre Siria, una operación militar unilateral sin mandato de la ONU. Las sanciones contra Bachar El Asad por emplear gas químico sobre la población civil deberían ser adoptadas en el marco de Naciones Unidas pero Mariano Rajoy ya se ha saltado ese pequeño trámite para ponerse al lado del matón Trump. Nuestro presidente debe pensar sin duda que alinearnos con el régimen neofascista de Trump nos sitúa de nuevo en el mapa, como en su día lo pensó también Aznar prestando apoyo a Bush. Así que volvemos al papel de país pequeño, de estado lacayo, servil y cómplice en los crímenes que pueda ordenar la superpotencia gobernada por el demente y racista magnate. España es un país que siempre yerra en su política internacional. Una vez más, lo ha vuelto a demostrar.

Viñeta: Igepzio