viernes, 15 de febrero de 2019

VOX O LA LEPENIZACIÓN DE LAS DERECHAS ESPAÑOLAS


(Publicado en Diario16 el 8 de octubre de 2018)

España se está radicalizando. Por la izquierda y por la derecha. Por la periferia y por el centro. La crisis económica, el resurgimiento de los nacionalismos identitarios (el procés catalán no deja de ser producto de otra radicalización), el problema migratorio y el terrorismo fundamentalista nos está volviendo más intransigentes, más polarizados, más fanáticos. El hundimiento de la socialdemocracia, y con ella del PSOE, germinó en Podemos, un partido de izquierda más dura que el felipismo pop ochentero que pretende liquidar el régimen del 78, al que considera una falacia, una continuación del franquismo. A su vez, el desplome del PP dio lugar a Ciudadanos, una derecha con trazas de falangismo joseantoniano que propugna una vuelta a las esencias patrias, al centralismo carpetovetónico y a la españolidad sin complejos.
Pero el proceso de radicalización aún no ha terminado. Siempre se puede ir más lejos en el peligroso viaje hacia la fanatización de ideas y personas. De hecho, todavía hay nicho de mercado para seguir endureciendo las mentes. Ese nicho lo ocupa Vox, el partido ultra de Santiago Abascal que desprecia a PP y Ciudadanos y los considera como “la derechita cobarde”, según declaró recientemente en una entrevista. Este fin de semana ha conseguido reunir a 9.000 seguidores en Vistalegre en una sorprendente demostración de músculo de esa ultraderecha española rancia y nostálgica que creíamos felizmente superada. Vox es el siguiente paso en la involución humana. Más allá no se puede ir en el ciego viaje a lo retrógrado, salvo que algún partido logre clonar a Franco, revivirlo y sentarlo de nuevo en el despacho de El Pardo. Pero de momento Vox es lo más facha que hay en el escaparate y hay gente que está dispuesta a comprar el producto, véase defensa de la unidad de España, blindaje a la familia, abolición del aborto, prohibición de la ideología de igualdad de género en las escuelas y vuelta a la pureza de la raza para evitar que el país caiga en el mestizaje musulmán.
Durante un tiempo pensamos que un milagro había convertido nuestro país en una especie de santuario de la democracia a salvo del nacionalismo xenófobo que recorre toda Europa. Fue un espejismo. Cómo fuimos tan ingenuos de creer que un país donde el totalitarismo gobernó a sangre y fuego durante 40 años iba a librarse de la epidemia. Cómo pudimos pensar, siquiera por un momento, que el descontento del pueblo, la indignación y el miedo ante la inestabilidad política, económica y social se iban a canalizar solo hacia partidos de izquierdas. El fascismo es una enfermedad crónica de la historia que tiene sus altibajos, sus períodos de mejorías y recaídas. Y el virus siempre reaparece con fiebre violenta. Esta vez el contagio ha necesitado unos años más que en el resto de Europa pero ya está aquí. Y llega para quedarse.
Vox se creó en 2013. En 2014 irrumpió con fuerza en las elecciones europeas: 244.380 votos. Se quedó a las puertas de obtener representación parlamentaria en la Eurocámara pero asomó la patita amenazante. Con todo, en los comicios de 2015 y 2016 dio un bajón considerable: apenas 50.000 votos. Hoy las encuestas le otorgan un 1,4% de los sufragios, de tal manera que de celebrarse unos comicios sacaría al menos un escaño. Y el fenómeno va a más. De cara a las elecciones generales los estudios demoscópicos auguran un incremento en la intención de voto favorable al partido de Santiago Abascal. Al menos 500.000 españoles estarían dispuestos a dar su papeleta y su confianza, sin ningún pudor, a los ultraderechistas de Vox. Incluso podrían conseguir un escaño por Madrid o Valencia. No sería una entrada triunfal en el Congreso de los Diputados pero por algo se empieza.
Sin embargo, la irrupción de Abascal en el Parlamento, con ser inquietante, no sería lo más peligroso de todo. Lo importante sería el influjo que arrastraría, el viento de cola que el líder ultra insuflaría a los demás partidos conservadores. De hecho, aún no ha llegado al Congreso y su aliento ya se percibe en los discursos de PP y Ciudadanos. Resulta evidente que a la derecha española la está cambiando Vox desde la sombra, un partido que viene pisando fuerte para horror de Casado y Rivera. Ambos líderes compiten por el mismo espacio electoral, ambos cuentan con un granero de votos similar y ambos temen que el mordisco que pueda darles Vox los deje temblando y para el arrastre.
Las elecciones andaluzas van a ser un buen test para saber hasta dónde puede llegar la formación de Santiago Abascal. El porcentaje de voto que Vox le robe a PP y Ciudadanos será fundamental de cara al futuro. A quien más le reste más perderá en la batalla. De ahí que el discurso de Casado/Rivera se haya radicalizado tanto en los últimos meses. De ahí que el líder del PP apueste por una confluencia con su homólogo naranja para lograr la mayoría absoluta. Y de ahí que ambos, que sin duda leen las encuestas, pidan a voz en grito la aplicación del artículo 155 en Cataluña y la supresión de competencias. Es una pura cuestión de oferta y demanda. Si el competidor, en este caso Vox, vende un tanque más bonito, más resistente y más rápido que el tuyo ya puedes darte por muerto.
¿Pero quién está detrás de Vox, quién pone el dinero para sacar adelante el proyecto ultra en España? El acto de Vistalegre costó 93.000 euros que según fuentes del partido fueron recaudados mediante un crowdfunding. En la actualidad la organización acredita unos ingresos de 463.528 euros, que según ellos provienen de cuotas de afiliados y donaciones, además de las campañas de promoción y micromecenazgos en las redes sociales. “Subvenciones cero. No queremos subvenciones del Estado, de hecho apostamos por suprimirlas para todos los partidos”, aseguran fuentes de la formación. Postureos al margen, lo cierto es que si llegan a tener representación parlamentaria algún día no le harían ascos a las ayudas oficiales porque ya han avisado de que ello “supondría una desigualdad de condiciones” a la hora de competir con otros partidos.
Asistimos a la lepenización de los espíritus, la viralización de las derechas, el efecto contagio de los Salvinis que pululan por las cancillerías europeas. Es lo que suele suceder cuando el eje del discurso político se reduce a lo primario, a lo identitario, a lo nacional, al miedo al extranjero, al sentimiento, al himno y la bandera. Cuando la política se hace desde la tripa y no desde el cerebro siempre vencen los extremos. A Puigdemont y su famoso procés radical que ha terminado, tal como se preveía, en un callejón sin salida, habrá que apuntarle otro tanto en su haber: que haya alimentado el resurgir del fascismo en España. Ya tenemos extrema derecha para unos cuantos años. Gracias Carles, tómate una.

Viñeta: Igepzio

CARLOS FABRA SE DEJA QUERER POR VOX

(Publicado en Diario16 el 2 de octubre de 2018)

El ex presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, se ha dejado ver en los últimos actos organizados por Vox, el partido ultra de nuevo cuño que pretende aglutinar a lo más reaccionario a la derecha del PP. El último evento al que asistió tuvo lugar el pasado fin de semana en la Casa de la Cultura de Benicàssim. Anteriormente ya había participado en otros dos. De momento, según cuentan los diarios locales, el que fuera en su día amo y señor de la política castellonense y fiel escudero de Francisco Camps asiste a las charlas solo como simpatizante de la organización creada por Santiago Abascal. Aunque no parece que esté dispuesto a dar el paso decisivo para regresar a la primera línea a corto plazo, sí podría estar sopesando algún tipo de colaboración con el partido, que pretende alcanzar sus primeros escaños en las próximas elecciones municipales. No obstante, desde Vox se marcan distancias con el expresidente de la diputación y se asegura que no ha habido ningún contacto oficial con él. Ni siquiera se le invitó formalmente al acto de Benicàssim. Eso sí, el evento era público y cualquiera interesado en asistir podía hacerlo, según mantienen fuentes de la formación.
En el año 2012 la Audiencia Provincial de Castellón condenó a Fabra a cuatro años de cárcel y al pago de 1,4 millones de euros de multa por cuatro delitos contra la Hacienda Pública, al tiempo que lo absolvió de cohecho y tráfico de influencias, ya que durante el juicio no quedó suficientemente acreditado que mediara ante organismos del Estado para agilizar las licencias de comercialización de los productos fitosanitarios de Naranjax. Tras recurrirlo todo (ni el Tribunal Supremo ni el Constitucional le dieron la razón y ni siquiera el Gobierno le concedió el indulto), Fabra tuvo que ingresar finalmente en la prisión de Aranjuez en diciembre de 2014, aunque el ex líder del PP castellonense siempre presumió de sentirse “muy satisfecho” por no haber sido condenado por lo que él considera corrupción, como si defraudar 700.000 euros a Hacienda entre los años 1999 y 2003 no fuese suficiente degradación moral para un político.
En abril de 2016 Carlos Fabra obtuvo el tercer grado penitenciario, logrando la libertad condicional por el cumplimiento de las tres cuartas partes de la condena. Desde entonces se había mantenido apartado de la política y se le podía ver llevando una vida normal. Incluso era él mismo quien hacía la compra en los supermercados de Mercadona.
Sin embargo, la rutina de jubilado exconvicto no parece llenar la vida del que en otro momento fue hombre fuerte del PP valenciano, que ahora podría estar pensando en integrarse de alguna manera en Vox, una formación política todavía más a la derecha que el PP. En el programa de la formación figura que España vuelva a ser un Estado centralizado, la ilegalización de los partidos nacionalistas, la supresión del aborto y de la ideología de género y duras restricciones a la inmigración. De ahí que mantenga estrechos contactos con el partido de Marine Le Pen en Francia y los también extremistas Alternativa para Alemania, el austríaco FPO y la Liga Norte de Matteo Salvini.
Legalmente no existe ningún impedimento para que, una vez cumplida su condena, Carlos Fabra regrese a la primera línea política, ya que la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Castellón solo le impone una inhabilitación especial para que no pueda presentarse a unas elecciones durante el tiempo de duración de la condena. Es decir, como no está inhabilitado para ejercer la función pública, en poco tiempo podría decidir sin ningún tipo de restricción penal si desea regresar a la arena política. Y todo aquel que conoce a Carlos Fabra sabe bien que es un animal político que no puede estarse quieto. No sería por tanto descabellado ver de nuevo en la tribuna al polémico presidente. Verle soltar exabruptos y latigazos dialécticos contra sus enemigos de la oposición; verle exhibir sus tics autoritarios y prepotentes; y verle bromear con su sarcasmo hiriente.
De momento, lo que sí hay es un claro interés de Fabra por los principios políticos que mueven a Vox, e incluso se le vio aplaudir efusivamente durante el acto celebrado en la Casa de la Cultura de Benicàssim. Pero conviene no perder de vista que quizá su vuelta no dependa solo de su vocación profesional y su grado de compromiso político, sino que puede haber también un cierto interés crematístico, ya que la multa de 1,4 millones de euros que le impuso la Audiencia Provincial debió dejar su patrimonio personal algo maltrecho. Volver a la trinchera podría reportarle una nueva fuente de ingresos con cargo a los presupuestos generales del Estado y si finalmente lo consigue habría que preguntarse por qué la Justicia se lo permite, por qué la sentencia no le inhabilitó para unos cuantos lustros ‒evitando así la resurrección política de un hombre que ha cometido graves delitos‒, por qué nuestra democracia consiente que políticos que han demostrado su bajeza moral puedan plantearse continuar al frente de las instituciones del Estado.
Desencantado y hasta enemistado con muchos de sus antiguos compañeros del PP, a los que nunca perdonará que le dieran la espalda en los peores momentos, justo cuando la sombra de la cárcel asomaba sobre su cabeza, Fabra ha decidido romper con el pasado y probar nuevas experiencias políticas. En un tiempo en que todo lo que se creía superado vuelve (el guerracivilismo, el nacionalismo exacerbado y hasta Aznar) parece que Carlos Fabra quisiera volver también. De momento ya ha cambiado de look. Ha abandonado aquellas gafas de sol oscuras que le daban un aspecto tan siniestro y ahora luce unas lentes transparentes que dejan sus ojos al descubierto. Es como si hubiese rejuvenecido veinte años. Atrás quedan los tiempos de la grave enfermedad y el trasplante de hígado. Y por si fuera poco ha encontrado su lugar en el mundo en un partido ultraderechista, quizá junto a los suyos, junto a sus hermanos políticos de sangre y raza, con su auténtica familia ideológica. Se acabó la ambigüedad que se suele practicar en el PP. Se acabó ser el tapado de la derecha dura y tener que hacerse pasar por un demócrata pusilánime y timorato. Se acabó tener que comulgar con el falso mito del centroderecha. Hoy se impone el giro ultra, el momento extremo duro, como forma de recuperar el terreno perdido. Y ahí está Fabra el incombustible para aportar su experiencia y conocimientos en la materia. En una de estas los de Vox hasta le dan un cargo. Y a seguir tirando.

TODOS COMPRAN LA BASURA VILLAREJO


(Publicado en Diario16 el 27 de septiembre de 2018)

No hay nada más peligroso que un policía descontrolado. Mientras paga por sus excesos en la cárcel de Estremera, el siniestro comisario Villarejo ve cómo sus dosieres comprometedores estallan por todo Madrid como bombas de papel. El comisario no solo se ha convertido en un peligro para el Estado, sino para todo aquel personaje público que en el pasado cometió la fatal imprudencia de quedar con él para comer, para dar un paseo por el Retiro o tomar un café.
Por lo que se va sabiendo, el presunto comisario iba a todas partes con su voraz grabadora en el bolsillo y no precisamente para captar psicofonías y llevárselas a Íker Jiménez, sino para hacer negocio con ellas revelando las intimidades de la gente. Nadie que haya estado cinco minutos charlando con Villarejo de cualquier tema, ya sea político, juez o periodista, puede considerarse a salvo del chantaje. Medio país tiembla con los informes secretos del madero que al parecer traficaba con las vidas de los demás, mayormente de los miembros de la biuti, que aunque antipáticos también tienen sus derechos constitucionales, como todo hijo de vecino.
Cualquiera que algún día se tropezara por la calle con Villarejo y se detuviera un minuto con él para darle los buenos días, charlar del partido del domingo o del tiempo, tiene motivos para estar preocupado. Incluso para tener miedo. Que se lo pregunten si no a la ministra Dolores Delgado, la última víctima de los audios letales de la factoría Villarejo.
La conversación privada que le han aireado a la entonces fiscal Delgado, en la que también estaba el juez Garzón, íntimo amigo de la ministra, solo puede ser calificada de vil chantaje que debe investigado hasta sus últimas consecuencias. Y todo porque a los postres la mujer se relajó y soltó unos desafortunados e improcedentes comentarios sobre la condición femenina a la que ella misma pertenece y sobre la orientación sexual de su compañero de la Audiencia Nacional, el magistrado Fernando Grande-Marlaska, hoy ministro del Interior.
Por supuesto, a los lobos de la derecha les faltó tiempo para afilarse los colmillos y lanzarse a degüello sobre la ministra pidiéndole dimisiones, peticiones de perdón y hasta reprobaciones en el Congreso. Después del asunto del máster de Carmen Montón, después de la operación fallida de acoso y derribo contra Pedro Sánchez a cuenta de un supuesto plagio que nadie ha podido demostrar en los tribunales, la nueva temporada de caza se ha abierto contra Delgado, alguien cuyo mayor delito fue hacer algo que todo ser humano ha hecho alguna vez: soltar alguna inconveniencia a los postres, contar algún chiste malo entre café y copa, deslizar algún comentario fuera de tono en una conversación privada y distendida entre amigos.
Últimamente el listón de la moralidad se ha puesto muy alto en España, curiosamente por aquellos que más vergüenzas tienen que esconder, y ya no se puede decir nada políticamente incorrecto en “petit comité” sin que a uno le abran una comisión de investigación, le monten un juicio mediático o le abran una caza de brujas.
Pero más allá de la hipocresía social en la que nos hemos instalado, más allá de la locura que supone pedir la dimisión de una ministra por un comentario entre amigos mientras otros siguen gobernando después de haber arruinado un país sin que nadie les pida explicaciones por ello, no debemos perder de vista el origen de la polémica, que no es otro que el revanchismo, la ira y la vendetta de un comisario que en lugar de empeñar su vida en atrapar a los malos, tal como juró el día que salió de la Academia de Policía, se dedicó a montar una especie de despacho de paparazzi policiales, de espías de medio pelo y cotillas especializados en pillar en renuncios a la gente, chantajearla y sacarse unos cuartos.
La catadura moral del personaje, su trayectoria repleta de escuchas furtivas y su supuesta fortuna amasada con un negocio asqueroso, deberían ser suficientes credenciales para que cualquier medio de comunicación rechazara de plano la información que sale del Amo del Calabozo. Y sin embargo, sus dosieres secretos, sus audios supuestamente obtenidos pisoteando los derechos humanos más elementales, sus espionajes baratos y caros seguimientos, son objeto de titulares a cinco columnas, casi a diario, en todos los periódicos del país, tanto convencionales como digitales.
La prensa, la degradada prensa de hoy que ha terminado reduciendo una noble y digna profesión como el periodismo a la categoría de sucio espectáculo, da crédito a cualquier filtración que lleve impreso el sello Villarejo, como si la información que maneja un presunto corrupto (no se nos olvide poner lo de presunto) fuese poco menos que un dogma de fe que va a misa. Y así, mientras un día el escándalo es una escucha a una amiga entrañable del rey emérito, al siguiente se filtran datos reservados sobre la Operación Catalunya, sobre el Pequeño Nicolás, sobre el seguimiento a jueces y políticos o sobre el ático de Ignacio González.
Ciertos reporteros que se jactan de hacer buen periodismo de investigación cuando en realidad se han convertido en recaderos e intermediarios de la mafia policial presumen de poseer en exclusiva alguna de esas grabaciones que van pasando de mano en mano y que han sido obtenidas por esta especie de Harry El Sucio castizo que no ha dudado en pasarse el Código Penal por el forro de su pistolera en función de su único interés: hacer dinero fácil (de él se dice que llegó a manejar 46 empresas con un capital social de 16 millones de euros). Un tipo como ese que pretende poner el Estado a sus pies para negociar después una rebaja de la pena por sus causas abiertas, no debería ser el centro de atención de ese nuevo periodismo español que se ha degradado tanto (ética y profesionalmente) que apenas puede distinguirse ya de los mafiosos a los que dice denunciar.

Viñeta: Igepzio

LA TESIS DE SÁNCHEZ


(Publicado en Diario16 el 14 de septiembre de 2018)

La tesis de Pedro Sánchez supera los controles informáticos antiplagio, un dato fundamental que está desmontando la serie de publicaciones que desde ayer lanzan como fuego incendiario varios periódicos asociados a la llamada “caverna mediática”. Poco a poco la prodigiosa exclusiva de ABC va perdiendo fuelle, y si ayer la noticia del plagio era un escándalo internacional, hoy la cosa se reduce a que la tesis no posee ningún valor científico y a que el tribunal que evaluó el trabajo universitario del presidente no pasaba de ser una “pandilla de amiguetes”. Seguramente mañana el seguimiento del pelotazo informativo quedará en que la susodicha tesis no respeta el interlineado, ni el tipo de letra Times New Roman, ni las comillas españolas. Y así, con el paso de los días, probablemente se irá olvidando, hasta disolverse en el maremágnum informativo del día a día. De modo que quizá estemos asistiendo a uno de esos montajes a que nos tiene acostumbrado el periodismo de trinchera al servicio de la derecha trabucaire.
A medida que pasan las horas, y tras la rápida reacción de Moncloa, que hará público el trabajo para que cualquier ciudadano pueda analizarlo y sacar sus propias conclusiones por sí mismo, el notición del siglo va perdiendo fuerza, y eso es lo peor que le puede ocurrir a una exclusiva periodística. Poco a poco va calando la idea de que el reportaje estaba cogido por los pelos, no suficientemente trabajado, y que sus autores dejaron demasiados cabos sueltos. Todo apunta a que la investigación de los periodistas se limitó a localizar a toda prisa un par de párrafos sueltos coincidentes con libros de otros autores, y que no se preocuparon por comprobar si esos textos cumplían con los requisitos para que pudieran ser considerados como plagio, entre ellos que al menos un tercio del trabajo haya sido copiado íntegramente por el supuesto plagiador. No parece ser el caso, ya que en la tesis doctoral del jefe del Ejecutivo solo se ha detectado, como mucho, un 13% de coincidencia textual, “un porcentaje normal”, según los expertos consultados. Pero es que además los redactores tampoco se detuvieron en consultar los programas informáticos que suelen aplicarse en estos casos y que cazan al segundo si un texto es una apropiación indebida de otro autor. En ese sentido, Moncloa asegura haber sometido el trabajo de Sánchez a dos reconocidos softwares de detección: el programa Turnitin y el PlagScan, dos poderosas herramientas informáticas que pillan al vuelo hasta el párrafo copiado más escondido y oculto. Por si fuera poco, a estas horas una legión de periodistas convertidos en improvisados exégetas de todos los medios de comunicación sigue revisando con lupa cada página del trabajo publicado por Sánchez y aún no ha encontrado nada bueno. De haber salido información sensible, ABC no habría tardado en publicarla de inmediato.
Finalmente, a favor del presidente juega que los párrafos supuestamente copiados son referenciados y atribuidos a sus legítimos autores al final de la tesis (como fuentes de investigación utilizadas por Sánchez en su trabajo de doctorado, lo cual elimina cualquier posibilidad de apropiación ilegítima), y que la mayoría de los profesores y catedráticos consultados tras estallar la polémica aseguran que nunca, a lo largo de su carrera profesional, han visto una tesis con plagio, ya que es tremendamente complicado hacer trampas ante un tribunal universitario.
Todos esos pequeños detalles que los reporteros parecen haber pasado por alto han llevado a que finalmente se termine arrojando más sombras de sospecha sobre el rigor de la investigación periodística que sobre la propia tesis del presidente. Es decir, la exclusiva de ABC, que ayer parecía fulminar la carrera de Pedro Sánchez, hoy está más cerca del gatillazo, y resulta aún más evidente que tiene poco que ver con el impecable y riguroso trabajo periodístico que han llevado a cabo otros medios de comunicación en asuntos tan espinosos como las irregularidades en los másteres de Cristina Cifuentes y Pablo Casado. En otras palabras, la noticia huele a montaje urdido deprisa y corriendo, quizá desde esa inquietante “caverna mediática” que por lo visto tiene la consigna de poner en marcha el ventilador después de que se haya sabido que el Tribunal Supremo decidirá en poco tiempo si el presidente del PP, Pablo Casado, será imputado por las supuestas irregularidades detectadas en su máster. Conviene decir aquí que la jueza Carmen Rodríguez Medel, que instruye el caso contra el líder popular, ha visto indicios de responsabilidad penal en delitos como prevaricación administrativa y cohecho impropio. Todo ello sin contar con que Casado ha pedido al juzgado que no se le investigue y que sigue sin mostrar sus trabajos académicos, una actitud poco transparente y radicalmente opuesta a la adoptada por Sánchez, que desde el primer momento ha decidido optar por luz y taquígrafos al poner su tesis a disposición de todos. Tampoco hay que perder de vista que el supuesto escándalo de la tesis estalló horas después de que el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, apuntara directamente contra Sánchez en una sesión de control al Gobierno. Tras poner la diana en el presidente y sugerir que su preparación académica era más bien escasa se puso en marcha la máquina del fango. Acción-reacción; causa-efecto.
No parece, por tanto, que la exclusiva de ABC pueda llegar tan lejos como para sentar a Sánchez en el banquillo de los acusados por su tesis Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012), un título plúmbeo que ciertamente no invita a su lectura (como suele suceder con el noventa por ciento de las tesis doctorales que se publican en nuestro país), pero que no es delito. Las próximas horas serán fundamentales para determinar si hay o no caso, aunque ya ha quedado meridianamente acreditado que quienes en los primeros momentos se sumaron alegremente al pim pam pum –véase ABC, La Razón y El Mundo– contra el presidente del Gobierno, a estas horas han levantado claramente el pie del acelerador. Mucho más tras advertir muy seriamente la Fiscalía de que el plagio es un delito y que el periodista debe ser “extremadamente cuidadoso”, teniéndolo todo bien atado, a la hora de acusar a alguien de esa conducta.
A estas horas lo único cierto es que los “cazadores de brujas” no tienen mucha más madera que la que ya ha ardido en las primeras horas de exclusiva, y salvo que el asunto dé un vuelco inesperado y aparezcan nuevos datos determinantes no dará para mucho más que para un par de titulares languidecientes. No será este el caso que cave la tumba del presidente del Gobierno, por mucho que le pese a Eduardo Inda y Francisco Marhuenda. Aunque sí, una vez más y lamentablemente, se haya echado otra palada de tierra sobre el buen periodismo.

Viñeta: Igepzio

PUIGDEMONT CALIENTA LA DIADA


(Publicado en Diario16 el 8 de septiembre de 2018)

Carles Puigdemont había convocado una rueda de prensa para informar de que la Generalitat de Cataluña se hará cargo de la defensa de 500 funcionarios despedidos por la aplicación del artículo 155 en Cataluña (al final solo serán 242), pero una vez sentado ante los reporteros, entró a saco en lo que de verdad le interesaba: seguir calentando el ambiente de cara a la Diada nacional del 11 de septiembre, que no baje la tensión, o sea el otoño caliente que augura y propugna Quim Torra. Lo tenía fácil el gobernante autoproclamado en el exilio, ya que Albert Rivera se lo había puesto a huevo pocos minutos antes, al enfrascarse en una trifulca tabernaria, y en riguroso directo, con una periodista de TV3, cadena a la que el líder de Ciudadanos acusa de “ser un aparato de propaganda separatista”. Al expresidente de la Generalitat le faltó tiempo para coger el móvil y empezar a darle al Twitter: “Es comprensible que quien tiene como modelo de verdad y rigor la prensa española de los grandes grupos de comunicación, que lo enjabona para almorzar, comer y cenar, piense que TV3 miente”, tuiteó el mesías del lazo amarillo. Rivera, como suele ser habitual en alguien que hace del navajeo político su ejercicio diario, optó por entrar al trapo (qué facilidad tiene este chico para despreciar los silencios siempre tan importantes en la vida) y respondía a su archienemigo, en plan bravucón, a través de la misma red social: “Señor Puigdemont, deje de hacer de comentarista y preséntese inmediatamente en los juzgados para responder de su procesamiento por malversación de fondos públicos y rebelión”. La riña de gatos de la que nos habla Eduardo Mendoza en una de sus grandiosas novelas es lo único que parece funcionar ya en Cataluña, de ahí que el escritor barcelonés haya confesado no entender nada de lo que está pasando en su tierra y su “miedo” por lo que puede estar por venir.
Y así, entre acusaciones cruzadas y más de lo mismo, ha transcurrido la enésima, insulsa y fútil rueda de prensa en Bélgica de Carles Puigdemont. El líder del anterior PDECat (ahora Crida Nacional per la República) ha venido a decir que no ve demasiadas diferencias entre el Gobierno de Mariano Rajoy y el de Pedro Sánchez, cuyas posturas ideológicas respecto al problema catalán en realidad se parecen tanto como una Harley-Davidson y un babuino. Mientras el PSOE, ese partido tan denostado por los extremistas de ambos bandos, aprobó un Estatut que reconocía a Cataluña como nación, blindando su lengua propia, sus símbolos nacionales y su singularidad política y cultural, Rajoy lo impugnaba en el Constitucional e iniciaba una campaña de boicot a los productos catalanes, que fue tanto como alimentar la catalanofobia. Y así la espuma independentista fue explotando como la del brioso cava del Penedés vetado por la derecha española ultramontana. Más tarde, ya en plena crisis institucional y territorial, Rajoy apostó por un 155 duro que el PSOE nunca hubiera aplicado, entre otras cosas porque allí estaba Iceta para suavizarlo moviendo las caderas al ritmo de Queen. No, no es lo mismo una cosa que la otra, no es lo mismo la apisonadora destructiva del PP que la condescendencia amable del PSOE, por mucho que el señor Puigdemont se empeñe en demostrar lo contrario.
Sin embargo, el president desterrado, en su ceguera esperemos que transitoria, no ve más que una España, y quizá por eso ha lamentado la decisión del Gobierno central de enviar 600 efectivos de la Guardia Civil para las manifestaciones del 11 de septiembre en Cataluña. ”¿El nuevo tiempo es enviar 600 guardias civiles para controlar una jornada que ha sido siempre tranquila y llena de convivencia?”, se preguntó Puigdemont, sin duda tratando de reforzar la moral de la tropa, también la de los CDR, que ya han avisado de que su intención es paralizar el país esos días. Interpretar el plan de seguridad del Gobierno en clave política es cuanto menos oportunista y un intento por seguir tensando la cuerda, que a fin de cuentas es la única estrategia por la que parece haber apostado Puigdemont. Los guardias no se envían para ser utilizados contra nadie, sino para garantizar la seguridad de todos. En cualquier caso, el president insistió en que las últimas ofertas de diálogo de Sánchez no se “concretan” y que solo se puede dialogar “sobre lo que pide la sociedad catalana, que es el derecho a decidir su futuro”. Como si la propuesta del presidente del Gobierno de pactar un referéndum sobre el autogobierno y un nuevo Estatut no fuese un buen punto de partida para al menos sentarse a dialogar. Y ahí es donde Puigdemont falta a la verdad una vez más, ya que dice haber dado “todas las oportunidades y la confianza” para que Sánchez diga cuál es su receta, “si es la receta Rajoy 2.0 o es otra receta que incluso podríamos estar dispuestos a considerar”. E insiste en que “sobre la mesa no hay nada”. Quizá la receta esté ya prescrita y el problema es que el enfermo, en su tozudez cronificada, se niega a tomarla.
En los últimos días Quim Torra ha reconocido su disposición a acudir al Parlamento español a debatir, un buen paso adelante para empezar a jugar al póker del diálogo (pasemos por alto que la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, ha querido adjudicarse esa medalla cuando si ha habido una distensión entre Madrid y Barcelona, aunque sea mínima, se debe al nuevo clima político introducido por el presidente Sánchez). Con Rajoy la consigna policial era leña al mono que es de goma, “a por ellos oé” y mucha hormona españolista. Con Sánchez en Moncloa la propuesta es bastante más democrática, sensata, civilizada. Hay que sentarse y hablar sin plazos ni condiciones. Pero Puigdemont sigue sin recoger el guante y el tiempo pasa y el desgarro cunde y la frustración aumenta. “Los conflictos no se resuelven con más gasolina”, concluyó el honorable paradójicamente. Aún no se ha dado cuenta de que es él quien tiene la mecha encendida en una mano y la lata dispuesta a ser utilizada en la otra. Si quiere interlocutor lo tiene al otro lado, no tiene más que levantar el teléfono.
Al final de la rueda de prensa llegó la arenga patriótica que nunca falta. Puigdemont hizo un llamamiento para que todos los catalanes se movilicen masivamente el día de la Diada, aunque sin caer en “provocaciones”. El 1 de octubre empezó “una nueva era”, refuerza el Gobierno de Torra desde Barcelona. “Ese día decidimos mirar al futuro. Hemos emprendido un camino que sabemos largo y complejo hacia una república de personas libres. El camino de nuestro futuro”. Es la grandilocuencia vacía de la retórica, el humo disperso de las soflamas imposibles, mientras el Parlament sigue cerrado a cal y canto, Junqueras se come el rancho frío de la cárcel y los problemas cotidianos de los catalanes continúan convenientemente aparcados.

Viñeta: Igepzio

CONSPIRACIÓN EN EL VATICANO


(Publicado en Diario16 el 28 de agosto de 2018)

Como en los peores tiempos de la Edad Media, el ruido de sables y el olor a veneno han vuelto al Vaticano. Algunos obispos de la curia de Roma han visto en los recientes casos de pederastia descubiertos en diócesis de todo el mundo una oportunidad única para derrocar a Francisco, ese papa al que muchos prelados odian por haber tratado de abolir el boato de la herencia imperial y devolver el cristianismo a sus orígenes. La conjura de los purpurados se destapó en el último viaje de Francisco a Irlanda, epicentro del escándalo de pedofilia que ha sacudido los cimientos de la iglesia de Pedro, cuando el arzobispo y ex nuncio de Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, acusó a Francisco de estar al corriente, e incluso de encubrir, los abusos a menores del cardenal norteamericano Theodore McCarrick. El papa, lejos de entrar al trapo de la carta de 11 páginas firmada por Viganò, ha contestado a través de la prensa de una forma críptica, indirecta, cuanto menos poco clara: “Lea detenidamente el documento y juzgue por sí mismo. No diré una palabra sobre eso, creo que la declaración habla por sí misma”. La respuesta del sumo pontífice ha dejado serias dudas en el aire sobre el grado de conocimiento que tenía acerca de los crímenes sexuales supuestamente cometidos por McCarrick.
Pero en cualquier caso, y más allá del asunto puntual de la misiva incendiaria de Viganò, lo que parece confirmarse es que había una guerra soterrada en la jerarquía vaticana desde el mismo momento en que hubo “fumata” blanca y Bergoglio salió al balcón de la Plaza de San Pedro investido con el anillo del Pescador. Algunos no le perdonan a Francisco la cruzada particular que desde el primer momento de su mandato inició contra la “mundanidad” del clero y la ostentación de riquezas en la que había caído la Iglesia católica. Desde su llegada, Bergoglio no solo ha apostado sin concesiones por la creación de una comisión especial para la protección de los menores víctimas de abusos sexuales y para la lucha contra los curas pedófilos, sino que también ha propuesto la creación de tres comisiones de investigación sobre los turbios asuntos económicos de la Santa Sede, no solo los que tienen que ver con la banca y las finanzas vaticanas sino los que afectan al sistema administrativo de la Iglesia (que había caído en el despilfarro y la corrupción). Francisco es ese papa al que algunos no perdonan que haya querido imponer unos presupuestos económicos austeros alejados de toda ostentación y que haya puesto en orden las finanzas vaticanas, además de mejorar el uso de los recursos e impulsar importantes programas sociales destinados a trabajar con los pobres y marginados. Hay quien asegura que en su plan de gobierno está iniciar los trámites para terminar de una vez por todas con el celibato de los curas (de manera que en el futuro podrían contraer matrimonio) e impulsar el papel femenino en la organización eclesial, permitiendo la ordenación de mujeres sacerdotes. ¿Se lo permitirán las fuerzas misteriosas y oscuras que ahora parecen conjurarse contra él?
En el último turbulento viaje a Irlanda, el papa ha pedido perdón por los “abusos de poder, de conciencia y sexuales” cometidos por “miembros cualificados” de la Iglesia de ese país desde hace décadas. Esta petición de disculpas, que ha debido sentar como un tiro en según qué círculos vaticanos, no ha sido suficiente para Viganò, que pide la renuncia de Francisco a su alto ministerio.
Pero Viganò no parece actuar en solitario. Desde su llegada al trono de Roma Francisco ha ido dejando un rosario de cadáveres políticos que ahora se revuelven contra él. Su supuesta permisividad contra la pederastia de los últimos años no parece avalada por los datos y se antoja un mero pretexto de los sectores más conservadores de la Iglesia católica, una excusa fácil, una cicuta que bien suministrada en el cáliz de su santidad puede causar el efecto deseado, que no es otro que obtener la definitiva dimisión de un papa que llegó para levantar las alfombras podridas de los palacios vaticanos y que tras la misiva de Viganò queda en una posición de franca debilidad.
¿Cuál será el siguiente movimiento de los enemigos de Francisco? Todavía no se conoce el alcance exacto de la carta de Viganò, ni siquiera hasta dónde llega la conspiración contra Bergoglio, pero el episodio parece bien tramado y orquestado  desde las altas esferas de la curia. Quizá Viganò, un arzobispo de difícil carácter que ya estuvo en el centro del escándalo ‘Vatileaks’, no sea más que la mano que mece la cuna. De hecho, de él se cuenta que tras haber pasado por el Governatorato de la Ciudad del Vaticano y la Secretaría de Estado acumula dosieres e información sensible suficiente como para arruinar la vida de muchos prelados de la jerarquía católica. De ser así, las cloacas vaticanas estarían funcionando ya a pleno rendimiento.
Viganò, por sí solo, parece tener bastante material para derribar al sumo pontífice pero no se puede descartar que no sea más que el pirómano elegido por un movimiento neoconservador mucho más organizado al que las ventanas abiertas y el aire fresco, el control del derroche y la fastuosidad de muchos obispos, la vuelta a la iglesia de los pobres y las reformas en profundidad –como ese nuevo Concilio Vaticano II que parece estar preparándose a corto plazo– producen una urticaria insoportable. De cualquier forma el olor a azufre que se extiende por los pasillos de San Pedro últimamente solo puede tener una explicación lógica: el maligno ha salido de su escondite y se mueve ya muy cerca de Su Santidad.

Viñeta: Igepzio

EL MITO CAÍDO

(Publicado en Diario16 el 19 de agosto de 2018)

La crisis galopante por la que atraviesa la monarquía española ha llegado ya a la Revista Forbes. Según la prestigiosa publicación estadounidense, en los últimos años la familia real se ha visto “plagada de escándalos y divisiones”, incluso desde mucho antes de la abdicación de 2014 de su “antes patriarca y muy popular rey Juan Carlos”, que ahora se enfrenta a graves acusaciones de “lavado de dinero”.
Según Forbes, la última bomba que ha sacudido a la Casa Real incluye grabaciones de audio secretas de la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, una aristócrata alemana que vive en Montecarlo y que durante años ha estado vinculada “románticamente” con el ex rey de 80 años, al que ahora acusa de usar su nombre para comprar una propiedad en Marruecos, de acumular una fortuna secreta escondida en varias cuentas bancarias suizas bajo el nombre de uno de sus primos, Álvaro d’Orleans Bourbon, de usar recortes falsos para cometer fraude fiscal y de “tomar millones en comisiones” de los contratos del Estado.
La aristócrata alemana afirma, según cuenta Forbes, que Juan Carlos se embolsó más de 80 millones de euros de un contrato con Arabia Saudí para la construcción de un tren de alta velocidad entre Riad y Medina que tenía previsto comenzar a operar en septiembre tras años de demoras y un costo “excesivo” de 210 millones de euros, según The New Arab.
Corinna ha revelado que Juan Carlos habría “repatriado” una parte de esos fondos gracias a la amnistía fiscal decretada por el Gobierno en 2012 porque necesitaba dinero “para divorciarse de su esposa”, la reina Sofía, y volver a casarse, esta vez con la noble germana. “Como si eso no fuera suficiente para avergonzar a la ya angustiada monarquía española y alimentar el rumor del verano, las grabaciones –originalmente publicadas por los sitios web españoles de periodismo de investigación Ok Diario y El Español–, revelaron las conversaciones entre el rey emérito y su antigua presunta amante Corinna. Las cintas tendrían que ver con el policía retirado José Manuel Villarejo, encarcelado desde noviembre pasado y bajo investigación por lavado de dinero”, prosigue Forbes.
Pero eso no es todo, Según la revista, las revelaciones “desgarradoras” de la prensa española se basan en las cintas obtenidas en 2015 en Londres a través de un micrófono de solapa usado por Villarejo, quien, de hecho, supuestamente espió y grabó a docenas de personas influyentes. “Ese supuesto negocio lucrativo de extorsión proporcionó grandes beneficios al policía”.
El eufemismo que Villarejo supuestamente utilizó para sus actividades fue “proyectos de gestión de crisis”, a través de los cuales el policía hizo una fortuna a partir del año 1992, extorsionando 30 millones de euros solo entre 2013 y 2017. “Los investigadores sospechan que reveló las grabaciones que implican al ex rey como una forma de negociar una liberación o una sentencia más baja con los fiscales”, afirma Forbes.
Desde su abdicación, Juan Carlos I ha mantenido un “perfil bajo” en sus apariciones públicas, ya que su hijo de 50 años y jefe de Estado, Felipe VI, lucha para contener la embestida del secesionismo que amenaza la unidad del país y contra las fuerzas “antiimperialistas” que piden un final a la monarquía. “Si bien esos movimientos se han visto exacerbados por otros escándalos recientes, los observadores califican esta situación política como todavía más explosiva, y una pesadilla no solo para la Familia Real, sino también para el nuevo líder del Gobierno socialista, el primer ministro Pedro Sánchez”.
Según la revista Forbes, el Gobierno español y el público en general pensaban que “conocían bien la trayectoria del ex rey Juan Carlos, apreciaban sus cualidades y toleraban sus defectos: buen vivir, amistoso, deportista hedonista (vela y esquí), mujeriego, amigo de las grandes figuras y personajes más prestigiosos del mundo –recomendables o no– cazador inescrupuloso (en la década de 2000 disparó a los osos siberianos a quemarropa mientras estaba ebrio de vodka). Pero estar involucrado en el crimen financiero y la evasión de impuestos en detrimento de su país socava seriamente la reputación del ex rey y destruye un mito”.
Las nuevas revelaciones periodísticas, concluye la revista, han alimentado a varias figuras políticas y mediáticas que exigen el fin del “pacto de silencio” de la Transición, un acuerdo tácito para no criticar a la monarquía. “Hasta seis comisiones parlamentarias, incluidos Podemos y nacionalistas vascos y catalanes, han solicitado una investigación oficial”, dice Forbes. “En una democracia no puede haber espacio para la impunidad”, aseguran fuentes de Podemos.