jueves, 12 de diciembre de 2019

VALLE-INCLÁN

(Publicado en Diario16 el 3 de diciembre de 2019)

En este déjà vu permanente que vivimos, solo faltaba un hombre con las hechuras y el aspecto de Valle-Inclán para instalarnos definitivamente en el pasado. “Fantocheril”, vestido de oscuro casi de luto, flaco con luenga barba de algodón, gafitas de intelectual y renegando de casi todo, como hacía el maestro, el diputado del PSOE por Burgos Agustín Zamarrón, presidente puntual y momentáneo del Congreso de los Diputados, ha aprovechado la sesión constitutiva de la XIV Legislatura para pedir “perdón” a los ciudadanos por la incapacidad de los políticos para formar un gobierno.
Las palabras de Zamarrón al pueblo español son sin duda las mismas que hubiese pronunciado al padre del esperpento y las que toca decir en un momento histórico trascendental donde todo parece volver, la crisis económica y la decadencia del viejo Estado, la corrupción, la pertinaz sequía, el aire cuartelero y rancio de la extrema derecha española de siempre y en general aquella profunda depresión de un país propia de la generación del 98 que vivió Valle. Hace ya casi un siglo que Ramón alumbró la palabra “esperpento”, esa “modalidad que consiste en buscar el lado cómico en lo trágico de la vida” −tal como escribió en 1921−, pero el término está más vigente que nunca porque define a la perfección lo que somos. Lo raro, lo estrafalario, lo tragicómico y vodevilesco se ha apoderado definitivamente del casón de San Jerónimo y Zamarrón viene a expresarlo magistralmente con esa puesta en escena que nos retrotrae casi un siglo en nuestra historia. “Estoy mancado del remo derecho, así que esto incrementará los tiempos”, se ha quejado emulando a su inmortal imitado con ese lenguaje retórico del siglo pasado que contribuye a aumentar, aún más si cabe, la sensación onírica, tensa y dramática del momento.
Viendo a nuestro Valle-Inclán en la Mesa presidencial transitoria haciendo dramaturgia con su prosa florida, gongorina y azañista, los españoles caen en la cuenta de que todo se ha convertido ya en teatro, en puro teatro, y que ha acabado imponiéndose la forma sobre el fondo, la ficción y el simulacro sobre la democracia y los espejos deformados sobre la realidad.
“Guarden silencio que me trafullo con el ronroneo”, ha ordenado a sus señorías en el momento de votar a los miembros de la Mesa. Zamarrón, “el Valle-Inclán” del Congreso, viene a poner con sus ironías y chascarrillos del Siglo de Oro el punto final a una época que parece agotada: el régimen del 78. Antes, ha abierto la sesión aludiendo al artículo 99 de la Constitución que, según ha recalcado, recoge el “artificioso modo” para el nombramiento del presidente del Gobierno y la conformación de un Ejecutivo “legítimo y pleno en sus atribuciones”. “Al hacerlo determina la grave responsabilidad de los intervinientes en el proceso, la responsabilidad de los diputados y de la Cámara entera”, ha alegado en un nuevo tirón de orejas valleinclanesco a nuestros políticos, entre los que se incluye él. “Mas cualquier comentario al respecto en punto y hora es enojoso y a mi voluntad está vedado”, ha añadido, dejando claro que no iba a repartir culpas.
Pero por lo visto sus señorías no le han hecho demasiado caso, ya que a la hora de la configuración de las mesas del Parlamento ni Meritxell Batet ni Pilar Llop han logrado la presidencia de Congreso y Senado en primera votación y han tenido que recurrir a la segunda vuelta. Todo un ejemplo del día de la marmota en el que andamos metidos.
La XIV Legislatura nace con nueva amenaza de aborto, uno más, y eso es precisamente lo que está avisando nuestro entrañable Valle-Inclán resucitado y posmoderno. Todos los augurios son nefastos: el portazo más que probable de ERC a la investidura de Pedro Sánchez, la amenaza separatista y de ruptura del Estado, la sombra de la parálisis total y de unas nuevas elecciones, el regreso de la extrema derecha que confiere al Congreso un cierto tufillo a Cortes franquistas preconstitucionales, la desgraciada caída de Adriana Lastra al ir a votar (esguince de tobillo en segundo grado, la metáfora perfecta de una España que anda con mal pie) y en general el ambiente depre, de hastío y crepuscular que se respira en cada rincón del hemiciclo. Valle-Inclán no lo ha dicho esta mañana, pero seguro que piensa que este país no lo arregla ni la madre que lo parió.

NANCY PELOSI


(Publicado en Diario16 el 3 de diciembre de 2019)

Nancy Pelosi es la primera mujer que ha ocupado la presidencia de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América. Solo por eso ya merece todos nuestros respetos. Pero además, en su día se opuso a la injusta reforma de la Seguridad Social de George W. Bush, se mostró crítica con una solución puramente militar en Irak y ha denunciado el trato inhumano y vergonzoso de la Administración Trump con los inmigrantes detenidos en la frontera.
Ayer, mientras el magnate de los negocios y actual inquilino de la Casa Blanca daba la espantada en la Cumbre del Clima de Madrid, ella estaba allí para decirle al mundo que Estados Unidos sigue “activo” en la lucha contra el cambio climático: “Estamos dentro”, dijo desafiando a Trump, quien a esa hora bostezaría cómodamente recostado en su sofá del Despacho Oval, pies encima de la mesa, manos tras la nuca y echando pestes contra su rival política y principal amenaza en su próximo mandato.
Acompañada de una delegación de congresistas y senadores de Washington, todos ellos partidarios de adoptar medidas drásticas contra el calentamiento del planeta, Pelosi aseguró que el Congreso norteamericano está “comprometido a tomar la acción” y calificó la crisis climática como “un tema de salud pública”. “Ahora tenemos más responsabilidad, este planeta es la creación de Dios y tenemos el deber de cuidarlo”, alegó la congresista americana.
Pelosi sabe que Estados Unidos tiene que acometer reformas en profundidad para reducir las emisiones contaminantes hasta situar a su país a la vanguardia en la lucha contra el cambio climático, que es donde en teoría debería estar la primera potencia de Occidente. Además, mostró su intención de estrechar los lazos de cooperación con la Unión Europea, firmar el nuevo Acuerdo Verde contando con el consenso de los sindicatos y del sector privado e impulsar planes de inversión realmente “transformadores”. Es decir, Pelosi quiere llevar a cabo un ambicioso plan, todo lo que le correspondería hacer a Trump como presidente del Gobierno estadounidense y que este no hará porque su mentalidad es tan corta de luces y tan estrecha de miras como la de un hombre de Cromañón.
Sin duda la congresista norteamericana es un rayo de esperanza en medio de la oscuridad en la que parece haber caído el mundo tras la llegada al poder de los populismos neofascistas en no pocos países de los cinco continentes. Pelosi es una buena noticia entre tantos augurios nefastos sobre el final de la vida en la Tierra, una señal positiva para pensar que en algún momento al menos el ser humano empezará a ganarle la partida al calentamiento global. Estamos ante una mujer que enfoca el gigantesco problema al que nos enfrentamos con racionalidad, inteligencia y valentía, y en eso le está dando un baño al primate rubio de la Casa Blanca y a sus ideas paleolíticas. Mientras Trump sueña con comprarle Groenlandia a Dinamarca por un puñado de dólares, mientras firma la salida oficial de Estados Unidos del Acuerdo de París, mientras guarda un vergonzante silencio ante el horror de los incendios en California y ordena a sus ejércitos de excavadoras y multinacionales que se dirijan hacia el Amazonas para sacar tajada del expolio de la selva y de los indígenas con el negocio bárbaro que ha diseñado Jair Bolsonaro, se agradece escuchar una voz sensible ante el mayor desafío al que se enfrenta la humanidad.
EE.UU celebrará elecciones presidenciales en noviembre de 2020. Quizá para entonces Nancy Pelosi esté en disposición de disputarle la presidencia a Trump, con quien se ha mostrado educada y elegante, ya que cuando los periodistas le han pedido una opinión sobre el proceso de “impeachment” que persigue al magnate estadounidense y que podría obligarle a presentar su dimisión, ella ha zanjado la cuestión respondiendo que siempre sigue una regla de oro: “No hablar negativamente del presidente cuando estamos fuera en el extranjero. Eso lo dejamos para casa”.
Mientras tanto, quedémonos con las avanzadas propuestas de la líder demócrata: “El Congreso está comprometido con tomar la acción contra el cambio climático. Por nuestros hijos, por nuestra economía, por seguridad nacional. Es una responsabilidad moral. Incluso si no estás de acuerdo con esto, al menos sí debes estarlo en dejar a nuestros hijos un planeta en buenas condiciones”. Esta Nancy promete. No todo está perdido.

Viñeta: Becs

OTRA CUMBRE PARA NADA


(Publicado en Diario16 el 2 de diciembre de 2019)

Fabricar la camiseta de algodón que llevamos puesta requiere 2.500 litros de agua. Un pantalón vaquero precisa más de 10.000 litros del líquido elemento. Cuando compramos estas prendas en la tienda no reparamos en lo que cuesta elaborarlas. Además, el vendedor no nos informará sobre esta cuestión porque en primer lugar es probable que ni siquiera lo sepa y, aunque esté al corriente, callará porque decirlo es malo para el negocio. ¿Y si miramos las etiquetas? Quizá en ellas ponga el manido “made in China”, pero eso no significa necesariamente que el material provenga de aquel lejano país asiático. Vivimos en un mercado globalizado. El algodón se cultiva en muchos lugares del mundo, cada cual con su propia calidad y con sus propios métodos de producción que precisan una cantidad de agua diferente y conllevan una desigual actividad contaminante. No existe ningún seguimiento o control de todo ese proceso industrial ni de ese itinerario comercial desde que la camiseta o el pantalón salen del punto de origen, generalmente un país en vías de desarrollo, hasta que se vende al otro lado del mundo.
Pero aún hay más. Una tercera parte de la superficie del planeta se destina ya a producir cultivos para alimentar ganado. Según el último informe de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO), la ganadería es responsable del 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por el ser humano: la misma cantidad generada por todos los coches, aviones, barcos y trenes del mundo. Producimos demasiado, consumimos demasiado, derrochamos demasiado. La explosión demográfica es imparable y la Madre Tierra ya no da para más.
Las cifras oficiales dan una vaga idea del reto cósmico al que nos enfrentamos y lo lejos que estamos en el camino para vencer la batalla contra el cambio climático. Además, nos colocan ante una realidad que incumbe a cada uno de nosotros y ante unas cuantas preguntas incómodas: ¿estamos dispuestos a renunciar a nuestra forma de vida basada en el consumo voraz y el despilfarro? ¿Estamos todos de acuerdo en que nuestro modelo productivo económico es insostenible y urge cambiarlo antes de que sea demasiado tarde, si es que no hemos atravesado ya el punto de no retorno tal como advierten los científicos más pesimistas? Más allá de si unos países contaminan más que otros, si las grandes multinacionales cumplen con los protocolos acordados o si las dos superpotencias más contaminantes como Estados Unidos o China son hoy por hoy negacionistas del problema, esa es la clave para afrontar la mayor amenaza a la que se ha enfrentado la humanidad desde el origen de los tiempos: transformar radicalmente nuestras economías basadas en la superproducción a escala global y en el agotamiento de los recursos naturales y energéticos.
La Cumbre del Clima de Madrid que arranca hoy debería suponer un importante punto de inflexión, ya que hemos atravesado todas las líneas rojas, pero los expertos más escépticos creen que servirá para poco. Grandes líderes mundiales como Angela Merkel o Emmanuel Macron no han acudido a la cita, de modo que en esta ocasión no quedará ni siquiera la foto de familia que supuestamente debe servir como revulsivo para remover conciencias en la opinión pública mundial. Una vez más nos encontramos ante un evento internacional cuya organización costará unos cuantos millones de dólares, que congregará a representantes de más de 190 países con sus ejércitos de científicos y periodistas acreditados y que dará para interminables reuniones, conferencias y discusiones bizantinas con el chill out del hilo musical anestesiando al personal. Lamentablemente, será la misma farsa de siempre, la misma pantomima en una gigantesca Torre de Babel de traductores simultáneos donde todos hablarán sin entenderse y sin tomar medidas mientras el gran Diluvio Universal acecha y los últimos osos polares, ballenas y elefantes mueren asfixiados por la contaminación y el calor. Los poderes fácticos que mueven los hilos del mundo volverán a hacer oídos sordos a las reprimendas de la niña-adulta Greta Thunberg y a los tristes tambores y cánticos de los indios del Amazonas, convidados de piedra que quedarán de nuevo a las puertas de la cumbre para dar color y poco más.
Lo más probable es que lo que se firme en la cumbre sea papel mojado al día siguiente entre los restos de los canapés, las moquetas apiladas y las cohortes de asesores dormitando en los pasillos y salas de Ifema. Todo quedará aplazado para la próxima cumbre, que cada vez será más alta e inexpugnable. Entre tanto, la Tierra seguirá agonizando sin que el estúpido e indolente ser humano tenga voluntad real de reaccionar ni de cambiar nada. Con los negacionistas de Trump propagando su estúpida ideología fascista por todo el planeta (en España ya han abierto una sucursal llamada Vox) todo será más difícil y detener la catástrofe universal resultará imposible en menos de cincuenta años. Un auténtico apocalipsis que ya ha comenzado y del que apenas nos hemos dado cuenta.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LOS NEGACIONISTAS


(Publicado en Diario16 el 2 de diciembre de 2019)

La última estupidez de Vox es anteponer la creación de empleo al futuro del planeta. Lo acaba de decir tal que hace un rato el portavoz de la formación ultra en el Congreso de los Diputados, Iván Espinosa de los Monteros, que ha rechazado el “alarmismo exagerado e infundado” sobre el cambio climático porque “es muy peligroso” para el empleo en España. Una vez más, nos encontramos ante una ideología absurda y mendaz que trata de ocultar la verdad confirmada por todos los estudios científicos serios sobre el calentamiento global.
El cambio climático es un hecho cierto y contrastado empíricamente por los principales observatorios meteorológicos y universidades de todo el mundo. Y no solo eso, también está probado que la mano del hombre y su actividad industrial descontrolada es la principal causante de un proceso irreversible que lleva a la degradación continuada del planeta. A partir de ahí, el señor Espinosa de los M. pretende construir una nueva falacia, una realidad paralela que no es la que es, como suele hacer con cada asunto importante como la violencia machista, la inmigración o la supuesta amenaza de la “dictadura progre” que solo está en las mentes de toda esta gente marciana que parece llegada del espacio exterior. De alguna manera, por lo que dicen y cómo lo dicen, Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio, entre otros, son como aquellos extraterrestres de V, la vieja serie de televisión donde unos lagartos provenientes de otros mundos iban poseyendo a los humanos sin que nadie notara nada raro. De hecho, ya han logrado entrar en los cuerpos y las mentes de más de tres millones y medio de españoles que les han votado en las pasadas elecciones.
“Hoy, por fortuna, solo un puñado de fanáticos niega la evidencia”, ha dicho Pedro Sánchez en la apertura de la Cumbre del Clima de Madrid en una clara referencia a los líderes del partido de Santiago Abascal. Y eso es precisamente lo que son los dirigentes de la formación neofranquista: fanáticos de alguna secta milenarista extraña; destructores de los principios más nobles de la civilización humana; conspiranoicos pasados de tuerca a fuerza de incubar el odio al otro y el miedo a perder los privilegios de una clase pudiente. Cuando Espinosa de los M. antepone la creación de empleo a la supervivencia de la Tierra sabe perfectamente que lo primero es el planeta, porque sin planeta no hay nada, ni formas de vida, ni economía, ni empleo, ni lujosos lofts, ni partidos ultras como el suyo. Pero, aunque conoce la verdad y es consciente de ella, juega torticeramente a la retórica sofista y vacía, al negacionismo dialéctico permanente, a embaucar, enredar y confundir al personal, que en definitiva es su gran programa electoral. El partido verde se dedica a vender humo, mucho humo negro, humo venenoso para las personas no solo en lo biológico sino en lo ideológico.
Vox ni sabe ni quiere luchar contra el cambio climático porque es precisamente todo lo contrario, el gran propulsor de este sistema capitalista salvaje que agota los recursos de la Tierra, contaminación ideológica para las mentes, sustancia tóxica para todo aquel que entra en contacto con las ideas de sus líderes. Ahí tenemos al alcalde de Madrid, Martínez-Almeida, otro negacionista a quien Ortega Smith ha zombificado y poseído convenientemente para la causa ultra.
Santiago Abascal y los suyos saben que no tienen nada que ofrecer porque hace tiempo que el fascismo −y Vox, no lo olvidemos, es un partido inspirado en ideas neofascistas como el supremacismo del hombre blanco, el elitismo social, el colonialismo imperial y la xenofobia−, perdió la batalla de la historia, aunque rebrote con mayor o menor fuerza según las épocas y las circunstancias. Al engendro verde y marciano de Abascal, desprovisto de toda razón científica y política, solo le queda aferrarse a los mitos y leyendas medievales como el Cid y don Pelayo, al tabú sexual y religioso como el “no al aborto”, al consultorio sentimental para mujeres franquistas de Elena Francis y al retorno al primitivismo y a la tribu jerárquicamente organizada en castas, siguiendo la prehistórica estructura piramidal formada por Dios-emperador-guerrero-sacerdote/chamán.
Vox es un atavismo paleolítico que se opone a todo progreso humano, y hoy niega el cambio climático como mañana puede defender que la Tierra es plana, el peligro de las vacunas o la superioridad de unas razas sobre otras, devolviéndonos a los tiempos de los sumerios y acadios. Porque no se trata de analizar la realidad con todos sus complejos y múltiples problemas para encontrar soluciones, sino de construir un universo paralelo (más bien para lelos), un mundo de cuento de hadas con princesas sometidas al poder patriarcal, heroicos y patrióticos guerreros y una tierra prometida verde y fértil plagada de unicornios que no existe porque está atiborrada de basura, CO2, plástico y contaminación.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL APOLOGETA DEL HUMO


(Publicado en Diario16 el 1 de diciembre de 2019)

Si el Mar Menor es hoy una laguna muerta, sucia y contaminada es por culpa de las políticas salvajemente neoliberales que el Partido Popular aplicó durante décadas −tozudamente y desoyendo las constantes señales de alerta de los ecologistas−, en la Región de Murcia. Durante años, el PP fomentó y promocionó un modelo económico ultracapitalista salvaje basado en el urbanismo desbocado, los grandes pelotazos inmobiliarios, los extensos campos de golf, la explotación a destajo de los acuíferos y manantiales subterráneos, la permisividad con las grandes empresas contaminantes y la tolerancia con las comunidades de agricultores y regantes, fieles electores a los que a cambio del voto para el partido se les permitía regar las cosechas con casi cualquier cosa, especialmente agua empobrecida con pesticidas y sustancias químicas peligrosas que a menudo iban a parar al mar.
Aquellos que se atrevían a levantar la voz contra ese brutal modelo productivo eran sistemáticamente ignorados, tratados como “progres trasnochados” enemigos de los murcianos o simplemente desacreditados por locos. A su vez, el periodista que osaba hurgar en lo que estaba ocurriendo era extorsionado, silenciado o directamente despedido por orden o consigna de algún mandamás del Gobierno regional con poderes sobre los diarios locales, casi siempre dependientes de las subvenciones oficiales.
El sistema estaba bien montado para acallar cualquier disidencia y cualquier denuncia contra un plan urbanístico millonario bien tramado, contra un complejo residencial sin informe medioambiental o contra una obra ilegal a pie de playa. Todo eso ha estado ocurriendo en Murcia y Cartagena, donde ahora miles de personas se echan a la calle en masivas manifestaciones exigiendo una solución para un Mar Menor cuya flora y fauna agoniza moribunda. Lógicas protestas ciudadanas que servirán para poco, ya que el daño está hecho y lo que antes era un paraje natural único y edénico en Europa se ha transformado sin remedio en una inmensa sopa verde, un pantano maloliente, un inmenso vertedero marino de peces muertos.
¿Cómo fue posible tal hecatombe? Sin duda, todo lo que ocurre en el mundo, bueno y malo, puede atribuirse a la política. El origen del apocalipsis hay que buscarlo en aquel nefasto discurso imperante del PP que decidió anteponer el dinero fácil y la corrupción a toda costa a las políticas verdes, un programa político que toleró y amparó a los delincuentes medioambientales, ya fuesen grandes empresarios, constructores o sindicatos de agricultores amigos del régimen. Sin duda, en todo ese desastre habría que adjudicar su parte alícuota de responsabilidad a la Justicia murciana, que no ha estado a la altura. Y ahí habría que incluir a aquellos jueces y fiscales que, cediendo al chantaje y a las “amistades peligrosas” con los de arriba, a menudo ordenaban archivar casos de flagrante delito ecológico sin indagar demasiado en el asunto o se mostraban indulgentes con quienes los cometían.
Lo más terrible de todo es que ese discurso antiecológico o cómplice con quienes han estado cargándose la naturaleza durante todos estos años apenas ha cambiado una sola coma en nuestros días. Es verdad que los personajes son distintos, pero las palabras siguen siendo las mismas. Ayer, por ejemplo, el alcalde de Madrid, el popular José Luis Martínez-Almeida, arremetía contra los “apologetas de Madrid Central” (el plan de Manuela Carmena para acabar con la contaminación) durante un acto en la Castellana con motivo de la celebración de la Cumbre del Clima. El edil popular acusó a los defensores de Madrid Central de querer ocultar que, según él, la medida ha sido un fracaso. “Madrid 360 [la propuesta alternativa del alcalde madrileño] es superior. Un dato que se oculta por los apologetas de Carmena es que no ha disminuido el tráfico en el conjunto de la ciudad, y queremos que eso disminuya”, alegó el primer edil. Según los datos que maneja el alcalde, “los resultados de Madrid Central no han supuesto una disminución de la contaminación en los términos que se planteaban, ya que en 2019 se ha reducido menos de lo que se reducía en los ocho años anteriores”.
Es evidente que el alcalde no dice la verdad, ya que todos los informes científicos basados en las estaciones de medición demuestran que mientras estuvo en vigor Madrid Central el plan fue eficaz y logró reducir hasta en un 40 por ciento las emisiones tóxicas. Pero, una vez más, el PP sigue jugando con la ecología, con la salud de las personas y con el futuro del planeta en la proporción de responsabilidad que le toca. Es la misma estrategia de siempre al servicio del gran capital y de la corrupción; la misma demagogia barata, la misma mentira retórica y la misma manipulación de los datos que emplearon aquellos viejos políticos del PP murciano que hace veinte años, cuando diseñaron el futuro de su región, decidieron mirar para otro lado por intereses económicos y dejar que el Mar Menor empezara a llenarse, palada a palada, y gota a gota, de basura y veneno.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

SOPA DE GANSO

(Publicado en Diario16 el 29 de noviembre de 2019)

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha vuelto a las andadas al sugerir en uno de sus tuits incendiarios que la vía violenta es un medio aceptable para justificar el fin de la independencia. No es la primera vez que sufre este trastorno compulsivo. La idea de balcanizar Cataluña y de buscar una confrontación armada con el Estado español es una fijación casi freudiana del honorable, un sueño seductor, un poderoso fetiche.
La propuesta pone los pelos de punta a cualquier persona cuerda y de bien. No hace falta recordar que la Guerra de los Diez Días eslovena fue un conflicto armado que costó decenas de muertos. Pero Torra vuelve a insistir ciclotímicamente en su descabellada idea, sobre todo cuando las movilizaciones pierden fuelle por el hartazgo ciudadano, cuando el suflé del “procés” se derrite y sus chicos de los CDR faltan a las barricadas porque tienen colegio ese día.
En las últimas horas, Torra ha recomendado al independentismo, vía tuit, que “escuche atentamente” las enseñanzas y reflexiones del escritor Paul Engler, autor de Manual de la desobediencia civil, que aconseja más “polarización” y “altos niveles de sacrificios a los catalanes para obtener la independencia”. En la entrevista, Engler considera que todos los movimientos sociales deben involucrarse en la polarización y actuar “para que la gente neutral pase a ser pasivamente favorable y después activamente favorable, hasta el punto de salir a la calle, y sabiendo que otras personas serán mucho más contrarias a la causa”. El desobediente Engler admite no entender la respuesta de las autoridades españolas que, según su opinión, responde a la reacción propia “de una dictadura, porque en democracias occidentales como Escocia y Quebec la reacción no es nunca represiva”. Además, no duda en plantear incluso la necesidad de que haya muertos para que el proceso llegue a buen puerto. “Morir como un mártir es inherente a los movimientos ganadores. No se quiere que pase, pero es inevitable una vez que aumentas la tensión”, asegura en una entrevista con un medio catalán. Y ahí es donde Torra se ha puesto “caliente”, cachondo por decirlo de alguna manera, y tras sentir que el pecho de patriota dispuesto a todo se le inflamaba y su corazón latía ya al compás de Els Segadors se ha lanzado a Twitter como un sediento que encuentra una cantimplora en medio del desierto.
Fue Carlos Castilla del Pino, el gran psiquiatra y escritor, quien dijo aquello de que el loco no puede reincorporarse a la realidad porque está permanentemente viviendo su fantasía. Y eso es lo que le ocurre a Torra, que tiene sus momentos, sus crisis nerviosas y altibajos, y cae de cuando en cuando en la fiebre eslovena, proponiendo peligrosos juegos de guerra a los catalanes. El presidente, en su ensoñación, se ve a sí mismo vestido de camuflaje, como un Rambo con fusil y barretina moviéndose ágilmente por los bosques de La Selva de Girona y diciendo aquello de que no siente las piernas. A Torra le pone mucho la idea del martirologio por la patria (aún no sabemos si hará él las veces de mártir o enviará a otros a morir por la causa) pero en cualquier caso su mal no tiene remedio. Lamentablemente, contra el fanatismo no hay cura ni medicina, y menos para el president, que lo suyo se agrava con el tiempo y está en fase avanzada. Ya es demasiado tarde para cualquier tratamiento, y con él ni siquiera funciona la poderosa risoterapia de Sopa de Ganso, el gran alegato contra la estupidez de la guerra que todo niño (y Quim es un niño grande que juega a las batallitas) debería ver en la escuela. Quizá ese haya sido el gran problema de Cataluña durante todos estos años: demasiada soflama política y poco humor inteligente, demasiado empacho de retocados y revisionados libros de historia sobre la construcció de la nació catalana y poco marxismo del bueno, o sea el de los Hermanos Marx.
Torra sabe que le quedan cuatro telediarios en la Generalitat porque ya ha cumplido con el papel que le encomendó el general de Waterloo, Carles Puigdemont, y ahora solo le queda esperar a que la Justicia lo inhabilite, le retire el carné y lo jubile mandándolo para casa, que es donde debe estar este hombre tomándose la medicación, dándose ducha fría y reparando su espíritu con buenos calditos templados. Mientras ERC y PSOE/Unidas Podemos se encierran a cal y canto durante más de tres horas y media en una sala del Congreso para negociar, agónicamente y contrarreloj, un acuerdo que evite la tragedia, el enajenado y poseso Torra sigue soltando desvaríos, delirios, ideas enfermizas entre convulsiones sudorosas que deberían provocar escalofrío en cualquier persona de bien. Por favor, que alguien le dé la pastillita a este señor antes de que sea demasiado tarde.

EL GOBIERNO DE CONCENTRACIÓN


(Publicado en Diario16 el 29 de noviembre de 2019)

La patronal cree que es mejor que España vaya a unas terceras elecciones antes que asumir un Gobierno de izquierdas del PSOE con Unidas Podemos y Pablo Iglesias de vicepresidente. En realidad lo que desean los empresarios es una gran coalición PSOE-PP tan imposible como inviable, ya que eso sería el final de la socialdemocracia española. Lo malo es que en ese mismo pack socialista/popular que pretende la patronal también va Vox con su lenguaje cuartelero, su pasión guerracivilista y sus nefastas políticas antidemocráticas que pretenden devolvernos al 36. Nada de eso parece preocupar a las gentes del dinero. Hasta cierto punto es normal que el poder financiero no le haga ascos a la extrema derecha. Ya se preguntaba Bertolt Brecht en su tiempo de qué servía “decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina”. El gran capital y el totalitarismo suelen ir de la mano. Franco no hubiese llegado al poder sin March ni Hitler sin Thyssen.
En realidad, la crisis de 2008 no fue más que eso: el golpe de Estado económico de una oligarquía financiera; la reforma constitucional de tapadillo para imponer el modelo liberal totalitario y salvaje de Bruselas donde el más fuerte sobrevive y el más débil perece; darwinismo puro y duro. El fascismo económico que estamos viviendo y sufriendo en nuestras carnes desde entonces es el que ha echado de sus casas a los desahuciados de los bancos; el que ha generado desesperados suicidas que se arrojan por las ventanas cuando ya no soportan una vida sin futuro; el de la jornada laboral de sol a sol sin contrato y por un salario miserable. La tiranía de la “fasciocracia”, ese original invento de la ultraderecha de nuevo cuño que ha caído en la cuenta de que ya no es necesaria la guerra y el holocausto racial para instaurar un imperio de mil años puesto que el mundo se gobierna mejor desde dentro del sistema, usurpando las instituciones de las democracias liberales.
De ahí que Ortega Smith, tras ser reprobado por el Ayuntamiento de Madrid, diga que le importa “un bledo” el castigo del “consenso progre”. En el fondo lo dice porque sabe que la democracia no puede hacerle ningún daño con su batería de fútiles reprobaciones y sus palabras nobles y humanistas pasadas de moda; lo dice porque se siente amparado, protegido. Porque sabe que detrás de él están los tanques, que ya no es aquella vieja chatarra con la que Franco ganó la batalla del Ebro, sino un Ejército mucho más moderno, ágil y eficaz: una infantería fiel de hombres trajeados que le votan en las altas esferas y que pueden arruinar la economía española con un click de su ratón; una caballería de banqueros y empresarios que invierten en la propaganda del partido; y una flota de multinacionales capaz de hundir la Bolsa a cañonazos de rumores especulativos y opas hostiles en cuanto a Iglesias se le ocurra pedir la derogación de la reforma laboral y la autodeterminación de Cataluña. Todo el tinglado de la democracia le pertenece ya a Ortega Smith y a su jefe, el Caudillo Abascal, mientras al alcalde Martínez-Almeida solo le queda mirar desde abajo, desde su pequeñez moral y su cobardía política, a los nuevos dueños y señores del cortijo español.
El PP, instalado en el bloqueo permanente, ha decidido seguir el camino del suicida Albert Rivera, que antes de abstenerse para que Sánchez pudiera gobernar prefirió inmolarse atragantado con el veneno del no es no. Por lo visto Casado también quiere beber esa cicuta de la negatividad contra el sanchismo y, al igual que la patronal, prefiere unas terceras elecciones. Sus asesores no le han debido advertir todavía de que ir de nuevo a las urnas entraña un riesgo mortal: el que supone que Vox termine merendándose al Partido Popular, como ya ha hecho con Ciudadanos, y quede como principal partido de la derecha española. Aunque bien mirado, y escuchando las cosas que dice Aznar, quizá sea eso precisamente lo que va buscando la “derechita cobarde”: dejar las puertas de Génova abiertas de par en par y entregarse al macho y duro para que termine poseyéndola salvajemente y sin remedio.