sábado, 24 de octubre de 2020

LA LEYENDA NEGRA

(Publicado en Diario16 el 19 de octubre de 2020)

El Partido Popular no dará un paso atrás en su estrategia de seguir acrecentando la leyenda negra de España en Bruselas. Pablo Casado se ha empeñado en presentar a nuestro país como la nueva Libia, el gran estado fallido de la UE, y va camino de conseguirlo. A estas alturas ya no cabe duda de que el líder del PP sabe más bien poco de cómo frenar una pandemia, aunque es un verdadero artista en el montaje político, el lawfare y el filibusterismo político. Su plan antiespañol −como ha denunciado en las últimas horas la vicepresidenta Carmen Calvo−, está perfectamente trazado y consiste en tres pilares fundamentales: que en España no se respeta la separación de poderes porque se ataca la independencia del Poder Judicial; que la libertad está siendo seriamente amenazada por el Nicolás Maduro ibérico (o sea Pedro Sánchez); y que las ayudas europeas a fondo perdido (el maná de los 140.000 millones para la reconstrucción de nuestro país por el covid) deben ser examinadas con lupa por los hombres de negro de Bruselas para que no terminen en el pozo de la corrupción o lo que es aún peor, en la financiación de las campañas electorales del PSOE.

En realidad todo es un inmenso disparate, un delirio, una patraña sobre otra patraña que pone en peligro las subvenciones oficiales tan necesarias para que España pueda salir de la crisis. En primer lugar, el Poder Judicial no está ahora mucho más amenazado que en los últimos cuarenta años de democracia, un período histórico marcado por las componendas de PP y PSOE en el reparto de los vocales del Consejo General del Poder Judicial. A nadie se le escapa que cada vez que el Partido Popular ha ostentado tareas de Gobierno ha controlado eficazmente la Fiscalía General, las fuerzas de seguridad y las cloacas del Estado. Casos como la operación Kitchen de espionaje al tesorero Bárcenas y el juicio con tintes inquisitoriales contra los principales líderes independentistas del “procés” son buena muestra de ello. Pero aún hay más. Tras su último descalabro electoral, el PP ha perdido influencia en el Parlamento, ya no es el mismo partido fuerte y robusto de antes, de ahí que se haya enrocado en el bloqueo institucional sistemático y en la férrea negativa a renovar la cúpula de la judicatura. Ahora que Sánchez intenta romper esa parálisis, Casado recurre a la Unión Europea rasgándose las vestiduras. La frenética campaña emprendida por el líder del PP para que Bruselas meta a España en el saco de los llamados “países gamberros” del viejo continente, como Polonia y Hungría (dos estados claramente influidos por partidos de ideología de extrema derecha donde los derechos y libertades están seriamente cuestionados) es sencillamente delirante.

En segundo término está el desesperado intento de Casado por crear la ficción de que España es la Venezuela de Europa, un lugar dejado de la mano de Dios donde unos melenudos bolivarianos vestidos con chándal campan a sus anchas, puño en alto, por las calles de España. Cualquiera que tenga un balcón a mano para asomarse puede comprobar que no hay barricadas ni contenedores ardiendo por ningún lado y que el ambiente político español es cualquier cosa menos prerrevolucionario o precomunista. Ningún embajador o alto funcionario de la UE en sus cabales ha enviado informe alguno a Bruselas alertando sobre la supuesta deriva roja en España, y no lo ha hecho sencillamente porque todo es un bulo de Casado que sirve para enardecer los ánimos de los “cacerolos” y Cayetanos prestos a defender sus privilegios de ricos y poco más.

Y en último lugar, en cuanto al infundio profusamente extendido por el jefe de la oposición acerca del riesgo de que las cuantiosas ayudas europeas puedan terminar en los bolsillos de los corruptos −en lugar de inyectar plasma y oxígeno a la economía española−, qué más se puede decir a estas alturas. Ahí está la sentencia del Tribunal Supremo recién salida del horno que acaba de ratificar fuertes condenas para altos cargos del PP por el caso Gürtel, el asunto de corrupción más grave en cuatro décadas de democracia. Si ha habido un partido que ha hecho del dinero público un constante chanchullo y un butroneo a manos llenas ese ha sido el que tiene su sede en Génova 13.

Es obvio que Casado ha convertido el Partido Popular en una prodigiosa y formidable maquinaria de demagogia y montaje que funciona a pleno rendimiento. Ayer mismo la portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra, respondía a unas declaraciones de Carmen Calvo, que calificaba las maniobras casadistas en Europa de “vergüenza enorme”, al tiempo que acusaba al sucesor de Rajoy de hacer “antiEspaña y antipatria”. La reacción del aparato propagandístico popular no se hizo esperar. “Vergüenza la que siente Europa y muchos socialistas al ver la propuesta PSOE-Podemos para controlar el Poder Judicial”, escribía Gamarra en un tuit. “Defender nuestro sistema democrático frente a su propuesta es defender la España que queremos. No daremos un solo paso atrás”, advertía la número 1 en el Congreso de los Diputados. En la misma línea se pronunciaba la portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Dolors Montserrat, quien replicó que la “antiEspaña” y la “antipatria” que denuncia Calvo “es pretender liquidar la separación de poderes socavando la independencia judicial” o “pactar con aquellos que quieren romperla”.

Todo lo cual nos lleva a concluir que el PP se ha echado al monte europeo y su estrategia política va a seguir siendo la misma que hasta ahora, o sea resucitar la leyenda negra antiespañola y difundirla entre los jerarcas holandeses. Cualquier día vemos a Casado enviando epístolas a Ursula von der Leyen para culpar a Sánchez de la sangrienta conquista de Flandes y Países Bajos, del secular maltrato a los indígenas de las colonias, de la persecución de los liberales, de la Inquisición (ahora chavista), de la expulsión de los judíos y hasta del desastre de la Armada Invencible. Ya no cabe la menor duda: como estadista Casado vale poco, pero como creador de novela histórica de ficción no tiene precio. Se conoce que ha leído a Pérez Reverte.

Viñeta: Lombilla  

LOS CUATRO JINETES

(Publicado en Diario16 el 18 de octubre de 2020)

Que la vivienda de un ministro sea registrada por la Policía para implicarlo en un supuesto caso de negligencia en la gestión de una pandemia como el coronavirus parece cosa de mala película de género negro. Pues eso mismo está ocurriendo en Francia, el país de la liberté, egalité y fraternité. En los últimos días agentes de la Gendamería han inspeccionado el domicilio y las oficinas del ministro francés de Sanidad, Olivier Véran, así como de varios miembros del actual y del anterior Gobierno galo, incluido el exprimer ministro, Édouard Philippe, en el marco de una investigación sobre la gestión de la crisis sanitaria. Las redadas han afectado también a la predecesora de Verán, Agnès Buzyn, a la antigua portavoz del Ejecutivo, Sibeth Ndiaye, y al director general de Sanidad, Jérôme Salomon. La noticia ha hecho temblar a los gobiernos de toda Europa, ya que parece haberse abierto una caza de brujas, una macrocausa general que no hace sino darle la razón a aquellos grupos y partidos políticos de corte populista que claman venganza contra los responsables del apocalipsis que se extiende desde Gibraltar hasta los Urales.

Cabe preguntarse, por tanto, quién está detrás de esta sorprendente investigación desplegada por la Policía de París. Y ahí es donde la lógica lleva a pensar que la extrema derecha de Marine Le Pen está aplicando el manual del montaje judicial que en las últimas semanas ha desplegado Vox en nuestro país. Los ultras hispanos han tratado de judicializar la política nacional con el fin último de sentar a Pedro Sánchez, al ministro Salvador Illa y al doctor Fernando Simón en el banquillo de los acusados. Santiago Abascal y los suyos han intentado en varias ocasiones colgarle el cartel de “criminal y genocida” al presidente del Gobierno, al que imputan “más de 50.000 muertes” en España, y si no han conseguido procesarlo todavía es porque las sucesivas querellas interpuestas por los abogados de Vox han sido archivadas a las primeras de cambio.

En Francia, la ola neofascista se deja sentir con fuerza y se imponen los mismos discursos contra el Gobierno “criminal” que consiente la multiculturalidad y la inmigración, a la que Le Pen acusa de todos los males de la patria. En los primeros días de la pandemia, la presidenta de Agrupación Nacional (antes Frente Nacional), declaraba: “El Gobierno debe estar preparado para cualquier emergencia. Prefiero que se haga demasiado que demasiado poco. De momento, parece que Emmanuel Macron no está haciendo lo suficiente, permitiendo los vuelos que vienen de China. Si la epidemia estuviese fuera de control sanitario en Italia sería necesario imponer el control de nuestras fronteras”. Y tras las graves manifestaciones y altercados de orden público con decenas de detenidos y heridos que se han registrado en las grandes ciudades francesas en las últimas semanas de confinamientos y estados de emergencia, la líder populista sentenció: “No se sabe si estamos en el Lejano Oeste o en Bagdad, en La Naranja Mecánica o Mad Max”. La hipérbole y el histrionismo son dos armas retóricas habitualmente empleadas por la nueva extrema derecha europea, que instiga y promueve conspiraciones, algaradas y desórdenes callejeros para luego demonizar al Gobierno de turno y culparlo del caos social. La sensación de anarquía y desamparo de miles de franceses, así como la ineficacia del Estado a la hora de controlar la pandemia e imponer el orden, es un argumento que está siendo esgrimido por la extrema derecha para erosionar al presidente Emmanuel Macron.

Al igual que en Francia, Alemania y otros muchos países de la UE se repiten las algaradas negacionistas, ultras, antivacunas y grupos antisistema, Vox en España promueve masivas protestas automovilísticas para hacer tambalear el Gobierno Sánchez. Sin duda, los ultranacionalismos han visto en el malestar ciudadano generado por la epidemia de coronavirus, y en los supuestos recortes a la libertad, la oportunidad perfecta para descabalgar a gobiernos legítimos e imponer regímenes mucho más autoritarios y duros. Salvando las distancias, y de alguna manera, el discurso de Le Pen es calcado al de personajes políticos como Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de Madrid, aunque por momentos la lideresa madrileña supera en violencia verbal a la musa de la extrema derecha francesa. No hay más que volver a escuchar las últimas declaraciones de IDA contra el estado de alarma, en las que acusa al Gobierno de Sánchez de “cerrar Madrid a punta de pistola”. Algo así solo puede ser dicho por una persona que ha visto los retratos de Franco y José Antonio colgados en alguna pared de la casa.

De modo que la dialéctica del matonismo político ha impregnado ya la política española y europea. Días atrás, la propia Le Pen se preguntaba en una entrevista en Le Figaro: “¿Qué es la unidad nacional? ¿Participar en las mentiras del Gobierno? ¿Cubrir sus incompetencias como poner en riesgo la vida de los que luchan en primera línea contra el virus? Si es eso, yo no formo parte”. Una vez más, se trataba de cuestionar la legitimidad de un consejo de ministros elegido democráticamente por el pueblo. De nuevo las palabras de la gran inspiradora del ultraderechismo francés recogían los mismos bulos y mentiras que lleva propagando gente como Ayuso y Santiago Abascal desde que estalló la desgraciada pandemia. Lo cual nos lleva a pensar que los movimientos populistas europeos se están coordinando y sumando fuerzas, materiales e ideológicas, para poner en jaque a los gobiernos salidos de las urnas allá donde puedan. Aquella novela de Blasco Ibáñez, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, nos enseña cuál es el escenario perfecto para el fascismo: la Peste, la Guerra, el Hambre y la Muerte. Todos esos ingredientes se concitan ya en el viejo continente para inquietud y preocupación de los demócratas. Hoy ha sido un ministro francés el tratado como un vulgar delincuente con la excusa de una pandemia contra la que resulta casi imposible luchar. Mañana la patada policial puede darse en la puerta misma de Moncloa. O en la casa de cualquiera de nosotros. ¿Por qué no?

Viñeta: Pedro Parrilla

AGUIRRE VOXISTA

(Publicado en Diario16 el 17 de octubre de 2020)

Esperanza Aguirre quiere que el Partido Popular vote a favor de la moción de censura de Vox contra Pedro Sánchez. Por lo visto, la que hasta hace no mucho presumía de ser la gran liberal española, la gran dama centrista a la europea, ha evolucionado aceleradamente hacia el falangismo más recalcitrante, carpetovetónico y extremo. Y eso que Aznar pide que el Grupo Popular vote no a la inoportuna moción de los ultras al considerar que está abocada al fracaso, lo cual supondrá darle más oxígeno a Sánchez. Sin embargo, la condesa consorte de Bornos sigue siendo un verso suelto y cree que el PP debe votar a favor de la iniciativa de Santiago Abascal, ese señor que para ella es tan majo. Y el caso es que no extraña ni la afinidad personal ni la proximidad política de la exlideresa castiza con quien fue uno de sus protegidos para dirigir algún que otro chiringuito o mamandurria. De hecho, tal como apuntó en su día el diputado de Podemos Hugo Martínez Abarca, Vox no es una “criatura” que haya nacido por generación espontánea, sino que es un engendro “del PP de Esperanza Aguirre”, ya que fue ella, la entonces presidenta de Madrid, quien nombró a Abascal director de la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social de la Comunidad de Madrid, dando la alternativa en política al hoy líder de la extrema derecha patria. Ningún proyecto de aquella fundación terminó con éxito, lo cual no impidió que el hoy Caudillo de Bilbao se embolsara un salario nada despreciable de más de 82.000 euros del erario público. El propio Abascal ha llegado a admitir que aquello del Mecenazgo y el Patrocinio de bla, bla, bla no dejaba de ser un “chiringuito” muy bien montado, aunque ha justificado el pastón que se levantaba porque “estaba trabajando en ese momento” y a nadie le amarga un dulce.    

Ahora el nombre de Aguirre suena con fuerza para formar parte del periódico que Vox acaba de poner en marcha y en el que por lo visto colaborarán Hermann Tertsch, Fernando Sánchez Dragó, Alfonso Ussía o Rafael Bardají, entre otras plumas de la caverna o Brunete mediática. Algunos de los nombrados están estrechamente vinculados al “aguirrismo” que dirigió los destinos de Madrid durante años, de modo que todo queda en casa. De alguna manera es como si el destino hubiese querido completar la carambola perfecta: Aguirre contrató a Abascal en su día y este ahora le devuelve la deferencia. El karma pepero, la cadena de favores y la forma de entender la política de la derecha española, entre el enchufismo y el nepotismo, resulta fascinante.

Pero más allá de amistades, afinidades y agendas de contactos, llama la atención que el discurso de Aguirre suene últimamente tan falangista, tan rancio, tan de Extremadura, cuando ella siempre se ha esforzado por ir de liberal a la europea. Así son los personajes de la derechona española, hoy están en el centro y mañana cantando el Cara al Sol; hoy son muy de Winston Churchill y mañana de Millán-Astray. Con ellos uno nunca sabe a qué atenerse. Sea como fuere, el caso es que Aguirre ha dejado en los últimos días perlas como que “por el número de muertos, por las mentiras y por decir que jamás pactaría con Podemos”, el Ejecutivo Sánchez merece ser censurado. O también que “la inmensa mayoría de los españoles” no entendería que el PP votase que no a la moción de censura ultraderechista.

Aguirre es de las que opinan que las derechas deben unirse en un frente común para evitar que “los comunistas” gobiernen durante veinte años. Por eso insta a Pablo Casado a unir a Ciudadanos y a Vox bajo las siglas del PP, al menos en “las circunscripciones pequeñas”. “Pablo [Casado] recibió el PP partido en tres como consecuencia de que, en su momento, Rajoy dijo que los liberales y los conservadores se fueran al partido liberal y al conservador. Le hicieron caso y se han montado Ciudadanos y Vox. Y Pablo lo que tiene que tratar es de unificarlos”, recalca. No queda ahí la cosa. Para conseguir la unidad de las derechas (que no sería sino la consolidación del Trío de Colón), Aguirre se postula para ejercer de mediadora entre el propio Casado y Abascal. “No lo había pensado, como estoy fuera de primera línea… Pero me parece una idea muy buena”, concluye con su habitual retranca chulapa.

Estamos por tanto ante una mujer que se ha quitado la careta y que no le hace ascos al falangismo de nuevo cuño. Es lo que tiene quedarse en el dique seco, dejar de formar parte del circo de la política y que el teléfono ya no suene como antes. Aguirre es eso que se llama un “animal político” (con perdón) y no lleva bien su nuevo rol de juguete roto. No se resigna a perder el relumbrón de los focos, a pasar como una diva en horas bajas, y si para ello tiene que ponerse la camiseta verde de Vox y comprar el manido discurso contra el “consenso progre”, el “social-comunismo” y la “dictadura feminazi” lo hará sin dudarlo dos veces. No sería la primera vez que demuestra que es una auténtica camaleona de la política. Aunque visto el contexto judicial, quizá esa evolución política (más bien involución) puede tener algo que ver también con que Aguirre esté siendo investigada en la pieza Púnica, que indaga en la financiación irregular del PP de Madrid. La mujer anda como loca pidiendo que no se le aplique la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que elimina los plazos de instrucción para investigar casos de corrupción. Si su Santi y su Pablo se juntan para ganar las elecciones, quizá coloquen jueces de la cuerda conservadora y se aclare su negro panorama judicial. Ya se sabe que en España quien controla a Montesquieu controla el poder.

Viñeta: Igepzio

EL ACUSICA

(Publicado en Diario16 el 16 de octubre de 2020)

En Moncloa cunde la indignación contra Pablo Casado. La última maniobra del todavía líder de las derechas españolas para que Bruselas bloquee el paquete de 140.000 millones en ayudas a la reconstrucción de nuestro país se ha interpretado en el gabinete Sánchez como una grave deslealtad, cuando no una traición a España, precisamente por parte de quienes en el PP se jactan de patriotas a todas horas. El “viva España, viva al rey” con el que Casado se llenó la boca durante los actos de celebración del Día de la Fiesta Nacional no deja de ser un grito hueco, vacío, estéril, ya que en el fondo el jefe de la oposición parece dispuesto a todo con tal de derrocar al Gobierno, incluso a dejar que millones de españoles se queden sin el maná de las subvenciones europeas y se mueran de hambre. De seguir por esa línea frentista y conspiranoica, el eterno aspirante a presidente logrará su sueño juvenil de llegar a la Moncloa algún día, aunque para entonces España se habrá convertido en un país más parecido a la devastada Libia que al estado europeo avanzado que por momentos creyó ser. Y él, como líder que se negó a arrimar el hombro en medio de la pandemia, tendrá su parte alícuota de responsabilidad política y moral. Será la historia quien juzgue su ambición ciega y desmedida.

De momento, en el Ejecutivo de coalición descartan que la estrategia suicida y de “tierra quemada” del presidente popular pueda perjudicar a los intereses nacionales en la UE, aunque por si acaso la portavoz del PSOE en el Parlamento Europeo, Irache García, ha pasado a la ofensiva para contrarrestar las “mentiras” de Casado en Bruselas y explicar a los prebostes europarlamentarios que pueden estar tranquilos, ya que en España no se prepara ninguna revolución bolivariana (tal como anuncia agoreramente el mandamás de Génova 13), de modo que el apacible país del sol, la playa, el vino y la juerga seguirá siendo (a falta de que pase la pandemia) la California europea de siempre, el gran balneario del turista alemán, que a fin de cuentas es lo que le interesa a Angela Merkel

Sin embargo, el líder del Partido Popular cree haber encontrado en su furtiva operación de desprestigio contra España la puntilla final para reventar la coalición PSOE/Unidas Podemos y la va a explotar hasta el final, así se vaya al garete el país. Visto lo visto, el lema de Casado es “o gano yo o rompo la baraja” y por eso anda inventando bulos y largando cuentos a los jerarcas arios de la UE sobre el desastre que es España, sobre la república bananera en que se ha convertido este país y sobre la amenaza para el mundo que supone el perverso Nicolás Maduro ibérico, que no es otro que Pedro Sánchez, un señor al que nunca hay que dejar suelto porque luego hace cosas como decretar una paguita para los pobres y por ahí no. La capacidad de Casado para reinventar la leyenda negra española es inagotable y cualquier día manda una carta a la Comisión Europea denunciando que estamos en manos de una pandilla de rojos-anarcos con rabos y cuernos que se comen a los niños, o sea el bulo franquista sobre el hombre del saco republicano de toda la vida. Indudablemente, Casado se ha convertido en el espía perfecto de Bruselas, nuestro hombre en La Habana madrileña, el soplón, el confidente o chivato de las élites suizas y del Club Bilderberg, y como en su partido tienen experiencia con la Kitchen y las cloacas, cada decisión que toma el Politburó monclovita es filtrada a los cinco minutos al despacho de Ursula von der Leyen, para que la señora esté al corriente, tome nota y le ponga un punto negativo a España en los informes sobre cumplimento de las obligaciones democráticas de los Estados miembros. Casado es como aquel eficiente delegado de parvulitos que iba de empollón y de primero de la clase cuando en realidad no era más que un mandado, un repelente acusica, un pelota de la maestra que se chivaba de todo, en este caso a la jefaza de la UE.

El sucesor de Rajoy ya trabaja para los supremacistas holandeses, finlandeses y escandinavos que cortan el bacalao noruego de las subvenciones y ayudas oficiales, o sea que se ha convertido también en un demócrata asintomático, frío, uno de esos conservadores del norte que se ponen muy exquisitos con los informes sobre respeto a las libertades y los derechos humanos en Europa pero que luego, a la hora de la verdad, tratan a patadas a los pobres refugiados africanos y asiáticos. Salta a la vista que Casado no es un tipo alto, rubio y titulado en La Sorbona (pertenece a la tribu morena mediterránea y su máster por Harvard-Aravaca sirve para dar el pego y poco más) pero él se esfuerza mucho por que le dejen entrar en el círculo supremacista europeo. Por eso se ha pasado a la moda “trumpista” y ha colocado a una destroyer como Díaz Ayuso en Madrid, para que vaya haciendo obra, o sea para que vaya demoliendo el Estado de bienestar, que eso gusta mucho en Bruselas.

Casado no sabrá cómo van los últimos experimentos con la vacuna ni si la capital de España cuenta con suficientes rastreadores y médicos (eso a él se la trae al pairo) pero en el arte del montaje político y de pasar informes secretos a las potencias del eje de Berlín es único. De hecho, no se le escapa una sobre Pablo Iglesias, que ya no puede ni ir a la cantina del Parlamento a tomarse un pincho de tortilla entre moción de censura de Vox e insulto de Teodoro García Egea sin que le saquen algún bulo del caso Dina. Está claro que el líder del PP ya trabaja como un agente, espía o enviado especial a un conflicto bélico. En este caso la guerra civil la ponen Santi Abascal y Martínez Almeida, que ayer mismo fusiló la escultura de Largo Caballero. Y eso que dicen que el alcalde de Madrid es un moderado. Anda ya.

Viñeta: Artsenal

domingo, 18 de octubre de 2020

EL SUELDO DE TORRA

(Publicado en Diario16 el 14 de octubre de 2020)

Inhabilitado pero cobrando. Ese es el trato que da el Estado fascista y represor a Quim Torra, que seguirá conservando sus honorarios pese a la sentencia del Tribunal Supremo que lo ha apartado de la política por desobediencia al no retirar los lazos amarillos y la pancarta en apoyo a los presos del procés durante la campaña electoral del 28A. Ahora una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) concreta los cargos por los que se inhabilita a Torra, pero sin afectar a los honores y honorarios, que seguirá ostentando, faltaría más. La Fiscalía no se ha opuesto a que mantenga el sueldo de expresidente. Como dato curioso para la jurisprudencia posterior, el Ministerio Público considera que el salario del alto cargo no se puede entender como un honor, sino como una forma de evitar que quienes han ocupado un puesto en las instituciones pasen a trabajar en la empresa privada. O lo que viene a ser lo mismo: tenerlos contentos para que no se vayan de la lengua con los secretos de estado.

De modo que el honorable seguirá cobrando de la pérfida, totalitaria y represora España. Un apesebrado, un mantenido de Madrid, qué gran traición a la República de Catalonia. Y no será un salario menor, ni precisamente simbólico. Según una información del periódico Crónica Global, el exlíder autonómico venía percibiendo más que su predecesor, Carles Puigdemont, que sigue en su exilio dorado en una mansión de Waterloo. En efecto, en el Portal de Transparencia de la Generalitat de Cataluña se comprueba que en el año 2018 el salario de Torra ascendía a más de 146.000 euros, por encima de los 139.000 de su antecesor y lejos de los 80.000 anuales de Pedro Sánchez, una ridiculez, una miseria al lado del premio especial vitalicio para el honorable president. “Se trata, en conjunto, de retribuciones que superan en todos los escalones a los mismos cargos o con las mismas responsabilidades en la Administración central”, aseguraba en su día Crónica Global. Ahí es nada: el mayor enemigo de España y el mejor pagado. Spain is different.

Todo lo cual nos lleva, una vez más, a ese gran negocio que es la política en nuestro país. Aquí, haga lo que haga, el gobernante nunca pasa hambre ni queda a la intemperie o con una mano delante y otra detrás. Ya puede organizar una gran conspiración contra el Estado, participar en turbias tramas de corrupción, hundir una flota de bancos y Bolsas o financiar a los más siniestros sicarios de las cloacas del Estado, que el puente hacia la jubilación está garantizado. El político español (y Torra lo es mientras figure en nómina de la España borbónica del 78) siempre juega sobre seguro, las espaldas a buen recaudo y los bolsillos forrados. Mientras las clases obreras sufren el zarpazo de la pandemia, la ruina y los rigores del confinamiento, el mandamás ibérico nunca pierde y sale airoso porque siempre llega una paguita de Madrid que nunca falla. Hoy mismo, sin ir más lejos, se han echado a las calles de Barcelona los afectados por el hundimiento de la hostelería, un auténtico drama que pone a miles de familias al borde de la indigencia. Los bares y restaurantes están desapareciendo del paisaje de nuestras ciudades (“ya no tenemos ni para comer”, se lamenta el dueño de un local, pancarta en mano, en una cadena de televisión) pero para los padres de la patria, ya sea la española o la catalana, eso qué más da si siempre hay un sobrecito que llega calentito y puntual del Gobierno.

Con esta nueva sentencia judicial, a buen seguro que Torra, el patriota Torra, no pasará penalidades ni apuros para llegar a final de mes. Con más de 146.000 euros de vellón al año, el honorable verá pasar el infierno del coronavirus, de refilón, desde la ventana del inexpugnable despacho o tras la ventanilla del cochazo oficial, que siempre habrá uno a mano para llevarlo a la Diada. Las cifras de contagiados irán aumentando en esta especie de nefasta competición de la negligencia sanitaria, un macabro Barça-Madrid de la pandemia entre la Generalitat indepe y la falangista Díaz Ayuso por ver quién lo hace peor. No habrá rastreadores ni médicos para la Sanidad pública catalana; no habrá dinero para el turismo; los ERTE y el salario mínimo vital no terminarán de llegar; y las colas del hambre crecerán sin medida. Pero Torra no tiene de qué preocuparse porque está a cubierto. Al margen de lo que haya hecho por el pueblo, el carguete nacional o autonómico siempre queda debidamente blindado. En el caso del posconvergente Quim, su hoja de servicios y su legado histórico no son precisamente para tirar cohetes: una republiqueta de siete minutos, unos contenedores quemados, unos cuantos tuertos por el pelotazo vil de los piolines, un paisaje sembrado de odio y una ruina económica para la que en su día fue la región más próspera de Europa. Y como precio a todo ese fiasco, un pastón en sueldo bruto, o sea una brutalidad política y moral.

Qué calladito se lo tenía, qué bien se lo ha montado el gris y anodino Quim. Apreteu, apreteu, les decía a los chicos de los CDR mientras él llamaba por teléfono a Madrid, off the record, para preguntar si ese mes se congelaba la paga a los funcionarios o caía una extra por navidad, o sea el qué hay de lo mío de toda la vida. Creíamos que Torra era un simple burócrata de la secesión puesto a dedo por Puigdemont y no. Más bien ha sido un avezado inversor en planes de pensiones que ha sabido mirar a tiempo por su futuro. Él, como otros muchos en su día (véase Felipe González, Aznar y hasta el mismísimo Pujol) se va de la política con un futuro prometedor mientras atrás queda el obreraje hundido en el miasma de la peste y peleando en la calle por un mendrugo de pan. Visca Catalunya Lliure. 

Viñeta: Igepzio

EL ESTADO FALLIDO

(Publicado en Diario16 el 14 de octubre de 2020)

“En Europa ya ven a España como un estado fallido, pero no es así; el fallido es usted”, le ha dicho Pablo Casado a Pedro Sánchez en sede parlamentaria. De esta manera, el líder de la oposición parece jactarse de que su plan oculto, su complot para boicotear los 140.000 millones en ayudas europeas a nuestro país está dando resultado. En los últimos días algunos eurodiputados han cuestionado públicamente el paquete de subvenciones a fondo perdido para la reconstrucción económica y alguno de ellos incluso ha llegado a manifestar que ese plan Marshall es “peligroso” por el clima de crispación y la política tóxica que se respira en España. El dinero siempre huye del desorden y en eso anda Pablo Casado, en tratar de demostrar ante los jerarcas de la UE que España no es un país fiable sino un Estado fallido, como él mismo dice. Esta misma mañana el líder de la oposición ha vuelto a convertir el Congreso de los Diputados en un barrizal, un espectáculo lamentable de gresca, insultos y desprecios, sin que se haya dedicado ni un solo minuto a debatir cómo se van a repartir los 140.000 millones en ayudas. A estas alturas no se sabe qué criterios se van a seguir para distribuir el maná de Bruselas entre las diferentes comunidades autónomas, ni qué sectores industriales serán los más favorecidos. Todo es ruido y confusión, la estrategia que le interesa al máximo dirigente de Génova 13.

Cabe recordar que el fondo de ayuda covid está pendiente de transferencia y que nuestro país no recibirá los primeros ingresos hasta la segunda mitad del próximo año, según afirmó el pasado viernes el comisario de Economía, Paolo Gentiloni, en una entrevista al diario italiano La Repubblica. La cuestión es muy delicada (está en juego el futuro del país) y sin embargo Casado sigue jugando con las ansiadas ayudas a las familias y empresas, máxime teniendo en cuenta que el Fondo Monetario Internacional acaba de publicar un informe en el que vaticina que nuestra economía nacional no volverá a crecer al mismo nivel anterior al tsunami de la pandemia hasta el año 2026.

Es evidente que en Europa no gusta lo que se está viendo en España. Una oposición que se ha desentendido de colaborar en la salida de la crisis, una extrema derecha envalentonada que trata de derrocar a un Gobierno debilitado y un clima de inestabilidad, confrontación y crispación como no se aprecia en ningún otro país europeo. En las últimas horas se ha filtrado desde Bruselas que Holanda −el país que tradicionalmente ha liderado el rechazo de los países del norte de Europa a las peticiones de socorro de España e Italia (ambos al borde de la bancarrota por la plaga)− estaría replanteándose volver a poner encima de la mesa la renegociación del plan de ayudas europeas. Los holandeses temen que entre tanto barullo, caos e incompetencia política española toda esa ingente suma de dinero acabe despilfarrándose, o lo que es aún peor, en el pozo de la corrupción. Esa es la tesis de Casado, que en los últimos meses ha estado machacando con el bulo y presionando al grupo conservador en Bruselas para que fiscalice y controle al máximo el dinero que tiene que llegar al Gobierno español para su distribución. A este respecto, el líder de los populares europeos en la Eurocámara, Manfred Weber, ha llegado a asegurar que “desde el Partido Popular Europeo tenemos, por decirlo así, dos condiciones. No queremos desperdiciar el dinero en gastos del pasado, sino invertir en el futuro. El PPE no está dispuesto a que se financien las falsas promesas de Podemos”.

La idea de que Pedro Sánchez es poco menos que un manirroto que no sabrá administrar la montaña de millones que llegarán de la UE y que la destinará a otras cosas como la transición ecológica o las ayudas sociales ha calado hondo tras la insistente campaña de desprestigio desplegada por el presidente del Partido Popular. El líder de la oposición ha terminado por incrementar el recelo de holandeses, finlandeses y austríacos –los tres socios más reacios a ser solidarios con los pobres pueblos mediterráneos− y en estos países algunos medios de comunicación empiezan a exigir que España adelgace su déficit y gasto público, reduzca el número de cargos e instituciones políticas, se rebajen los sueldos y se ataje de una vez la corrupción. En definitiva, que “los españoles adopten de una vez una política seria y racional de eficacia al servicio del ciudadano, de la austeridad y del ahorro”. En esa misma línea va el infame informe de la portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Dolors Montserrat, quien ha asegurado que el propósito de su partido es pedir un cambio en el paquete de reformas propuesto por el Gobierno. Al respecto, varias formaciones políticas europeas de la izquierda han mostrado su descontento por el hecho de que la eurodiputada y lugarteniente de Casado en la UE esté impulsando los planes particulares de su partido político mientras preside la Comisión de Peticiones de la Eurocámara.   

De cualquier modo, el daño a la imagen de España en el exterior que está ocasionando Pablo Casado es ya irreparable. Es evidente que su complot, su conspiración para desprestigiar al Gobierno de coalición en las instituciones comunitarias, está dando resultado para desgracia de los españoles, que necesitan esas ayudas europeas como agua de mayo. El maquiavelismo casadista ha quedado al descubierto ya que, mientras por un lado trata de aparentar que es un líder de la oposición sensato y responsable que ha ofrecido al Gobierno un plan B para afrontar la crisis provocada por el coronavirus, por otra parte su objetivo principal es que las ayudas no lleguen a España para que Sánchez termine cayendo. Y en ese juego terrible anda el presidente del PP: un maniobrero en la sombra contra los intereses del país revestido con el falso traje del patriota.  

Mientras tanto, el FMI advierte de que España puede quedar “rezagada” en la salida de la crisis y avisa de que puede llegar un momento en que las ayudas europeas “ya no sean suficientes” para iniciar la senda de la recuperación. El futuro de España está en juego mientras Casado sigue con sus estrategias perversas y con sus experimentos políticos sin duda aprendidos en aquel máster acelerado (quizá demasiado) de Harvard-Aravaca.  

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LOS AVISOS DE ABASCAL

(Publicado en Diario16 el 14 de octubre de 2020)

Santiago Abascal ha vuelto a dar un nuevo aviso al legítimo Gobierno de coalición, que es tanto como enviar una bala envuelta en un sobre a la democracia española. Las formas duras y falangistas de este hombre no se veían desde los tiempos oscuros de Blas Piñar. En apenas tres días, el líder de Vox ha amenazado hasta por dos veces a Pedro Sánchez exigiéndole que retire su Ley de Memoria Histórica, pero aquí no pasa nada. En España nunca pasa nada hasta que asoma la sombra monstruosa de La Pava por los cielos de Madrid. ¿Acaso no es una técnica de matonismo político lo que hace el máximo dirigente de la formación verde? ¿Es que sus maneras antidemocráticas no son calcadas a las que empleaba José Antonio en los días terribles del 36? Pero más allá de la evidencia constatable de que cada día que pasa el Caudillo de Bilbao da un paso más en su proceso de radicalización, en su espiral de yihadismo neofranquista, cabe preguntarse qué ha querido decir con eso de “segundo aviso”. Toda metáfora taurina esconde algo primitivo, macabro, terrible, ya que supone tratar al avisado como una especie de res a la que se va a dar un par de pases de pecho para someterla luego al descabello y enviarla a los toriles. En este caso Sánchez sería el sacrificado y Abascal el puntillero. 

Hace apenas tres días, Vox publicaba en Twitter: “Derogad la Ley de Memoria Histórica. Primer aviso”. A su vez, Sánchez respondía con contundencia (“la amenaza es inadmisible”) y todas las fuerzas democráticas condenaron sin paliativos el intento de chantaje. Ayer mismo, la formación ultraderechista volvía a insistir en sus tácticas de Cosa Nostra, esta vez desde la tribuna de oradores del Congreso: “Reitero la presentación de una proposición de derogación de la liberticida Ley de Memoria Histórica. Segundo aviso, señorías”, aseguraba Juan José Aizcorbe, diputado de Vox por Barcelona. El ultimátum vuelve a ser tan intolerable como el anterior y al tal Aizcorbe solo le faltó apuntar con el dedo, como un batasuno en los peores años del terrorismo etarra.

Si Vox está en contra de la ley, lo que tiene que hacer Abascal es reunir los votos necesarios en el Parlamento y derogarla reglamentariamente. Mientras tanto, tendrá que acatar la decisión del Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional, y tragarse el sapo. Así es como funcionan las cosas en democracia, así es como se dirimen las cuestiones en una sociedad civilizada, en un Estado de Derecho, un concepto que Abascal, quizá porque siempre anda entre caballos y cazadores, no ha comprendido en sus justos términos políticos y filosóficos.

Está visto que el líder ultra no le hace ascos a los atajos para conquistar el poder. La extorsión a un Gobierno legítimo es algo que la extrema derecha española lleva en sus genes fundacionales. En junio del 36, apenas unas semanas antes del levantamiento militar, Franco enviaba una inquietante carta al presidente Casares Quiroga advirtiéndole del ruido de sables en los cuarteles y del peligro de una conjura militar que se cernía sobre la Segunda República. “Respetado ministro…”, le decía con toda educación antes de advertirle que estaba en la lista negra. Franco era así, siempre fusilaba educadamente y por carta, sin mancharse las manos. En cualquier caso, aquella misiva sí fue un aviso en toda regla y no esta sugerencia velada y críptica de Abascal.

Pero la pregunta sigue en el aire. ¿Qué quiere decir Abascal cuando se pone misterioso y suelta, como quien no quiere la cosa, que el Gobierno ya tiene su “segundo aviso”? La amenaza de un líder político de la extrema derecha, como se fundamenta en la bilis y la víscera, siempre es imprevisible y cualquier cosa puede ocurrir, desde que ordene a sus unidades de élite −los comandos de Cayetanos y Borjamaris− que tomen el Congreso de los Diputados en sus Mercedes recauchutados (una reedición del tejerazo con pijos de Lacoste y burgueses jugadores de golf en lugar de agentes de la Guardia Civil) hasta que planee un golpe de efecto, como liberar la tumba del Generalísimo en Mingorrubio, con nocturnidad y alevosía, y devolver la momia del dictador al Valle de los Caídos. La primera opción lo convertiría en un Milans del Bosch posmoderno, es decir, más rejuvenecido, tuitero y debidamente maquillado con la crema “trumpista”. La segunda en un ladrón de cadáveres, como en aquella vieja película de Boris Karloff. No parece que los tiros vayan por ahí, nunca mejor dicho. Como tampoco parece que tenga demasiado recorrido su desesperada moción de censura, ya que solo la van a apoyar los diputados de Vox, si es que Pablo Casado no sufre un siroco a última hora y se suma a la aventura. La idea de verse en la Moncloa tras dar a probar a Sánchez la misma medicina que él administró a Rajoy en 2018 seduce al sempiterno líder de la oposición, aunque para ello tuviera que colocar a Abascal como ministro del Interior (para desgracia de menas y feministas) y a Hermann Tertsch en Televisión Española, condenando a los españoles a tragar películas de Sarita Montiel y el NO-DO otra vez.

A fecha de hoy, y con los datos de que disponemos, se antoja imposible saber qué pretende Abascal con ese comportamiento autoritario y bravucón propio del peor de los fascismos del siglo pasado. De momento, Macarena Olona ya se ha fotografiado ante la escultura atacada de Largo Caballero, rojigualda en mano. Apología del vandalismo, elogio del fascismo y desafío al orden constitucional, todo en uno. Otro síntoma más de hasta dónde piensa llegar esta gente en su deriva ultra y que nos recuerda aquellas palabras premonitorias de Pablo Iglesias en el Parlamento: “A ustedes les gustaría dar un golpe de Estado, pero no se atreven, porque para eso, además de quererlo, hay que atreverse”. Más claro agua.

Viñeta: Iñaki y Frenchy