sábado, 4 de febrero de 2023

AYUSO LIQUIDA A VILLACÍS

(Publicado en Diario16 el 2 de febrero de 2023)

Ayuso ha cortado de raíz el intento de Begoña Villacís de transfugar de Ciudadanos al PP. Pero más allá de los rumores, ¿qué hay detrás de ese boicot a la vicealcaldesa y mano derecha de Martínez-Almeida en el Ayuntamiento de Madrid? Hay tacticismo político (Ayuso no quiere liberales ni centristas que puedan reorientar su proyecto de Partido Popular de marcado tinte trumpista y ultra); hay un puñetazo encima de la mesa para decirle a Feijóo y a Génova que a ella no le meten ningún caballo de Troya en casa ni le dicen a quién tiene que poner o quitar en sus listas de candidatos; y hay, por qué no decirlo, animadversión personal, algo de pelusa, cuitas pendientes entre ambas.

Las últimas horas han sido decisivas en el caso Villacís. Feijóo pretendía meterla con calzador porque, según él, la líder local de Ciudadanos “aporta”. En el fondo, lo que buscaba el dirigente gallego era colocar en el barco ayusista a una agente doble, quizá una confidente que controlara a la presidenta de la Comunidad de Madrid. De inmediato, tras olerse la jugada, Miguel Ángel Rodríguez (MAR) movió sus hilos para frenar la operación y dio las indicaciones oportunas a su asesorada de cara al siguiente movimiento. “O ella o yo”, debió decirle Ayuso al jefe Feijóo. Quizá no se lo soltó con esas mismas palabras, pero el mensaje fue claramente ese. Y ante tal tesitura, el máximo responsable del PP nacional reculó, tiró de riendas y lo paró todo.

El miércoles, una Begoña Villacís derrotada y nerviosa comparecía ante los medios de comunicación en una rueda de prensa que, curiosamente, fue convocada junto a la sede popular. En ese acto, la vicealcaldesa despejó dudas sobre su futuro y aportó algunos datos jugosos. Tras explicar que en estos días convulsos para ella ha tenido la oportunidad de vivir “lo peor de la política” (¿por quién lo diría?), desmintió su intención de dar el salto a las filas populares, saliendo al paso de lo que ella considera “especulaciones” políticas y periodísticas. “Nunca me he propuesto al PP. De una semana a ahora, no ha cambiado nada. No me quedo en Ciudadanos porque nunca me he ido de Ciudadanos. No me he movido ni un ápice de mi partido. Mi círculo ha dicho muchas cosas, pero hoy hablo yo”, zanjó la cuestión.

En realidad, era un secreto a voces que Villacís se había ofrecido al PP de Madrid. Todos los medios lo habían publicado y además la operación cuadraba: tras la implosión de Ciudadanos, en la derecha madrileña se la considera una figura aprovechable, ya que es de las pocas caras naranjas que siguen teniendo algo de gancho y tirón. Se dice que incluso había comunicado a su entorno su intención de integrarse como una “corriente interna”, llevándose con ella a todos aquellos concejales que, preocupados por su futuro ante el monumental descalabro electoral que se avecina, se mostraban dispuestos a cambiar de aires (y de chaqueta). La cosa estaba tan cocinada y hecha que hasta El Mundo, el BOE de Génova, publicó que la dirigente de Cs llegó a reunirse con el coordinador general de los populares, Elías Bendodo, para fichar por el PP sin condición alguna.

Tras desmontarse la operación, a la vicealcaldesa solo le quedaba una salida: mantener la versión de que ella no se ha movido un milímetro y de que se ha visto atrapada por el barro, por la mugre en la que, según confiesa, no se mueve bien. “Los que me conocen saben que hay un tipo de política que no practico. Hay cosas más duras. No cambiaría una semana de estas por una de las de pandemia. Esta semana se ha cubierto con especulaciones. Quería esperar el momento adecuado”, alegó.

A partir de ahora, el futuro es todavía más incierto para la vicealcaldesa madrileña. Está por ver que siga siendo cabeza de cartel por algún partido. Hace tiempo que nos hemos perdido sobre las cosas que ocurren en el mundo naranja, es difícil saber quién manda en esa tabla de náufragos a la deriva, si Inés Arrimadas o Edmundo Bal, pero lo que está claro es que a quien lleve el timón no le habrá gustado el sainete de estos días. A las puertas de las primarias de Cs (15 y 16 de febrero) Villacís se encuentra en una encrucijada crítica. Vetada por Ayuso, perdida la confianza de sus compañeros y a la espera de lo que ocurra en esos comicios internos, la puerta de salida de la política parece más cercana que nunca. Es evidente que ha quedado en tierra de nadie, un territorio que termina siendo la tumba de cualquier dirigente que pretenda seguir en el candelero. En política o se está con unos o se está con otros, pero ir por libre es una travesía en el desierto que no conduce a ninguna parte. Eso lo aprendió Toni Cantó, que sabe muy bien qué tecla tocar en cada momento.

La operación Villacís con la que Feijóo pretendía moderar al PP de Madrid, bajarlo del monte, civilizarlo de alguna manera, ha fracasado. Isabel Díaz Ayuso se ha quitado de encima una seria amenaza para su liderazgo, para su proyecto ideológico y para su futuro profesional. La mujer, bien porque MAR la tiene puntualmente asesorada o porque está aprendiendo, empieza a desarrollar su propio instinto de supervivencia, siguiendo los pasos de su mentora Espe Aguirre, que en ese arte era toda una experta. Para lo que quiere, de tonta no tiene un pelo esta IDA. Ata cabos, calibra, calcula y no le tiembla el pulso a la hora de quitarse rivales y competidoras de encima. Que le pregunten si no a Pablo Casado cómo se las gasta.  

Ilustración: Artsenal

LOS TANQUES DE SÁNCHEZ

(Publicado en Diario16 el 2 de febrero de 2023)

Pedro Sánchez está desempeñando un papel protagonista en la triste guerra de Ucrania al codearse con los más destacados líderes mundiales. En las cumbres de la OTAN se le puede ver alternando con dirigentes de las grandes potencias como Joe Biden (que ya le dedica algo de su tiempo), Macron o el canciller Scholz. Podría decirse que por primera vez en la historia contemporánea España se encuentra bien colocada, en el lugar que le corresponde, o sea dentro del eje aliado democrático/occidental como socio de la Unión Europea y miembro de la Alianza Atlántica. Atrás quedan los tiempos en que Franco cerró el país con llave, a cal y canto y sometiéndolo a una férrea autarquía que solo rompía de cuando en cuando para invitar a comer a Hitler y Mussolini.

Toda generación tiene su guerra y la nuestra es esta extraña invasión ordenada por Putin que nos ha tocado vivir. Sánchez es consciente de la trascendencia del momento y desde el primer minuto se ha implicado a fondo proponiendo el envío de armas para que los ucranianos puedan defenderse contra los rusos. La posición del Gobierno español ha sido impecable hasta la fecha, todo hay que decirlo, primero enviando material defensivo y después aceptando la donación de carros de combate españoles para Zelenski. Por ponerle un pero a la gestión, habría que reprochar que una decisión tan delicada como la de movilizar blindados fuera de nuestras fronteras no haya pasado primero por el preceptivo Pleno del Parlamento, donde las diferentes fuerzas políticas podrían haber puesto sus pros y sus contras antes de votar. Al final se ha hecho por decreto y hecho está.

La operación de imagen internacional para Moncloa está siendo tremenda, total y completa. Ahora bien, cuando vamos a la letra pequeña, cuando comprobamos qué clase de tanques vamos a llevarles a los pobres ucranianos, entendemos que no hemos salido del esperpento español de siempre. La ministra Margarita Robles ha vendido la cosa como si los españoles fuésemos a tomar Stalingrado al grito de ¡A mí la Legión!, cuando lo único que ha comenzado es la tarea de reparación, rehabilitación y puesta a punto de cinco carros de combate Leopard 2A4 que se caen a trozos. Hablamos de vehículos pesados que llevan más de una década aparcados en Casetas, Zaragoza, después de ser declarados inútiles. Un material que tardará meses en estar operativo y que a día de hoy se encuentra más cerca del chatarrero y del desguace que de servir para algo práctico a un ejército cuyos soldados mueren a diario defendiendo a su país de los invasores. Y aquí surge la gran pregunta: ¿es que no había un material más obsoleto para contribuir a la lucha por la libertad, por la democracia y contra la tiranía putinesca?

Todo este asunto de los tanques solidarios recuerda mucho a la España negra de Gila y a aquel gag cumbre del surrealismo patrio en el que el humorista vestido de soldado sostenía su sempiterno teléfono y se quejaba de que, de los seis cañones que había pedido, dos habían llegado sin agujero. Al final, en lugar del armamento averiado, el personaje proponía meter a un señor bajito en un Seiscientos para que insultara al enemigo y a otra cosa. “No mata, pero desmoraliza”, decía nuestro cómico más eterno y genial. El chiste sigue estando más vigente que nunca.

El español mata de risa, pero no sabe hacer la guerra. Salvando las distancias, la España otanista y bélica de Sánchez sigue teniendo algo de Gila. Nos habían vendido la película de acción de que éramos una potencia mundial, la avanzadilla de la OTAN y del G20, y resulta que a la primera guerra en que nos metemos mandamos unos cacharros que dan pena. Pudo haber sido peor. Podríamos haber enviado a Kiev tanques de juguete, o de cartón piedra como los que quedaron abandonados en los platós de la Almería hollywoodiense de posguerra, o de goma hinchable, como aquellos con los que Sadam Husein engañaba a los yanquis en la madre de todas las batallas.

Para no quedar demasiado mal con los ucranianos, el Gobierno español ha anunciado el envío de una segunda remesa, una veintena de pequeños blindados en desuso (que más bien parecen autos de choque de aquellas ferias de nuestra infancia) y unos cuantos vehículos oruga que seguramente hacen honor a su nombre porque avanzan a paso de ídem. Más chatarra, esto es la guerra, que diría Groucho. Cuando Zelenski corte el lazo rojo y abra la caja con el regalo español, su cara va a ser todo un poema. Entonces comprobará con estupor quiénes son realmente esos aliados mediterráneos del sur. Gente muy solidaria con la ayuda humanitaria, es cierto, pero fulleros como ellos solos cuando se trata de traficar con las armas que no tenemos. Desde los tercios de Flandes, lo nuestro ya no es la guerra. Las perdimos todas (hasta con los filipinos) y cuando nos enfangamos en una la hacemos entre nosotros mismos, que es lo que se nos da bien de verdad, casi siempre a estacazos prehistóricos, como en el cuadro de Goya.

La ‘operación Ucrania’ ha servido para demostrar que tenemos el ejército que tenemos y que no andamos demasiado sobrados de existencias y arsenales, sobre todo teniendo en cuenta que el rey de Marruecos mira de reojo hacia Ceuta y Melilla por encima de la valla. Cualquier día acabamos pegando tiros contra los rifeños en otro déjà vu de la historia, como cuando lo del Barranco del Lobo y el desastre de Annual.

Sánchez quiso convencernos de que éramos los americanos de Europa, pero seguimos haciendo la guerra de los pobres, escopetas de corcho y navajas de Albacete, como en el 36. Le prometimos fieros leopardos a Zelenski y vamos a enviarle cinco gatos oxidados. A ver quién es el guapo ucraniano que se mete en esas cafeteras con rodamientos. Cuando Putin se entere de que le estamos mandando morralla al aliado ucraniano le da un síncope de la risa y tienen que sacarlo del Kremlin con los pies por delante. Aunque solo sea por eso, misión cumplida.

Viñeta: Becs

LOS AGOREROS

(Publicado en Diario16 el 1 de febrero de 2023)

Lo ha sugerido Antonio Maestre tal que el otro día: los analistas de la derecha financiera española deberían irse todos a sus casas porque no aciertan ni una. Y añade el periodista: “Vamos a recordar que el Banco de España dijo que con el salario mínimo interprofesional (SMI) se destruirían 125.000 empleos”. Y no solo eso, habría que añadir a lo que dice el compañero periodista que supuestos prestigiosos organismos privados vinculados a la banca y a la patronal tomaron a los sindicatos por locos y manirrotos y advirtieron de que si se subían los sueldos más de lo debido el país se iría irremediablemente al garete. Hoy, ya sabemos que todo eso no era más que otra vulgar patraña.

El SMI es un claro ejemplo de que los economistas ultraliberales de la escuela de Casandra, esos agoreros que lanzan los presagios más funestos para proteger los beneficios del gran capital y los privilegios de clase, nos engañan vilmente. En el último lustro, el más generoso de la historia con los salarios, el SMI ha subido de 707 a 1.080 euros (un 47 por ciento más) y hasta donde sabemos el Estado de bienestar no se ha hundido todavía. Al contrario, se está creando empleo de forma razonable y el PIB creció un 5,5 por ciento el pasado año, un dato que superó las previsiones más optimistas del propio Ejecutivo de coalición. Guste o no a la CEOE, un trabajador bien remunerado es un empleado que rinde más y mejor y además tiene más dinero en el bolsillo para gastar, lo que reactiva el consumo y la producción. Con la medida ganan todos, no solo las familias que no llegan a final de mes por culpa de la crisis pertinaz, sino también los empresarios, que ven cómo sus obreros son más felices, se esmeran en el trabajo y mejoran la cantidad y la calidad productiva.

Son ya demasiados años de supuestos informes catastrofistas que solo tienen un objetivo: amedrentar y presionar al Gobierno para que no vaya demasiado lejos en sus reformas progresistas para mejorar la vida de la gente. Y no son pocos los ejércitos del apocalipsis. A los pitonisos derroristas del Banco de España se unen los de los bancos más prestigiosos, los de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, los de las agencias de rating y calificación (estos dan mucha risa, son un copia y pega año tras año), los de los fondos buitres, los de las fundaciones reaccionarias ultraconservadoras, los de Vox (el partido carece de economistas serios, pero le echa imaginación), los de los catedráticos de universidades privadas a sueldo de las televisiones y periódicos de la caverna, los de las grandes multinacionales extranjeras que ni siquiera saben dónde está España, los del gabinete de propaganda de Ayuso (que también tiene sus augures interesados), los de la Conferencia Episcopal (los obispos saben de todo, por eso a veces se meten a contables) y en ese plan. Todos ayudan a poner su granito de arena a la hora de lanzar los pronósticos más negros y desastrosos. Si el informe macroeconómico tiene o no una mínima calidad y rigurosidad científica da igual. Ellos lanzan el truño sin fundamento a la opinión pública y ya se encargarán las redes sociales de generar el pánico y el miedo al futuro de la población. Y así vamos, sufriendo dosieres, memorandos y boletines mensuales y anuales que parecen guiones de películas de terror con mucho zombi bolivariano y vampiro bolchevique asustando el personal.  

Las rotativas del infundio económico están a pleno rendimiento en los últimos días. Ayer tuvimos la desgracia de asistir a la intervención de un Feijóo más catastrofista que nunca durante su cara a cara con Pedro Sánchez en el Senado. Definitivamente, ese hombre ha terminado por creerse sus propias mentiras y hay que dejarlo en paz con sus cosas, sus ocurrencias y sus fake news. Ya no tiene remedio. El gallego es muy de sacar esos gráficos y supuestos informes sesudos que le cocinan sus terminales financieras y mediáticas. Pero ya no engaña a nadie. Un día está en contra de subir el salario mínimo interprofesional, otro dice que lo ve con buenos ojos. Un día es antifeminista, otro pide que se proteja a las mujeres. No hay por donde cogerlo. El líder gallego del PP es la viva personificación de la decadencia del ultraliberalismo, una corriente política que fracasó hace mucho tiempo y que, hoy por hoy, no puede dar respuesta a los problemas económicos de una humanidad necesitada de estados intervencionistas que corrijan los desmanes del dinero.

Todas las empresas del Íbex 35 están en beneficios récord (ganan 7 veces más hoy que antes de la crisis) mientras la patronal se niega a subir unas migajillas a sus trabajadores. No se puede ser más miserable e inmoral. Una empresa que no puede pagar 1.000 euros a sus empleados no es viable y tiene que cerrar, eso lo sabe cualquier alumno de primero de Empresariales. Pero al hombre de negocios de este país siempre le ha puesto cachondo el modelo del precariado, la economía sumergida y el curro de solo a sol por cuatro perras de mierda. También ese paradigma está cambiando. Así que se dejen ya de intentar asustar con sus cuentos de viejas. La opinión pública hace tiempo que dejó de ser aquella tropa aborregada de la Transición a la que se le convencía de la moderación salarial con un tocho de tapas duras con letras doradas rubricado por el banco de turno. El que más y el que menos tiene estudios, sabe cuáles son sus derechos y está informado de que en todos los países europeos, menos en este, suben los salarios hasta niveles dignos. Lo sentimos pero ya no cuela.  

Ilustración: Artsenal

ALBERTO, NO VAYAS MÁS AL SENADO


(Publicado en Diario16 el 1 de febrero de 2023)

Visto el último cara a cara de Sánchez con Feijóo en el Senado se pueden extraer dos conclusiones principales: una que el presidente del Gobierno se encuentra cómodo con este líder de la oposición que a menudo ofrece una imagen de incoherencia, escasa autoridad y solvencia; y dos que el líder del Partido Popular debe empezar a sopesar seriamente la posibilidad de dejar de acudir a esas sesiones senatoriales de las que suele salir escaldado, vapuleado, corneado. Puede alegar cualquier cosa Feijóo, que está enfermo y no puede asistir, que tiene otros compromisos posteriormente adquiridos o incluso que no cree en el sistema bicameral (en realidad no cree, va al coñazo del Senado porque no le queda otra). Ponga cualquier excusa que se le ocurra, don Alberto, pero háganos caso: ir para nada es tontería, como decía José Mota.

Ayer, Feijóo se ajustó la corbata, se abrochó la americana y subió al estrado haciéndose el duro como Harry El Sucio en una de sus películas. Ahí iba él, como ese torero vestido de luces que camina altivo, alegre y triunfal al encuentro con su enemigo. Por un momento parecía que se iba a comer el mundo, pero en cuanto abrió la boca se produjo el temido gatillazo que cada semana suele dejar insatisfechos no ya a los españoles, sino a sus propios correligionarios de la bancada popular. “No tengo solo opinión de que el Gobierno es mediocre, la tiene usted. Ha cesado a cuarenta ministros en cuarenta años”, dijo. En ese instante el hemiciclo estalló en carcajadas incontrolables. Una vez más, la información que transmitía el dirigente conservador no se ajustaba a la realidad. Aunque el PP se empeñe en hacer pasar al premier socialista por un nuevo Franco, por suerte no ha estado cuatro décadas en la poltrona. Y tampoco se ha cargado a cuarenta ministros, solo a 18 (cuarenta es el número total de titulares ministeriales que han pasado en esta legislatura por el Ejecutivo de coalición). De llevar razón Feijóo, Sánchez habría cesado a todo su gabinete sin dejar ni uno vivo. Y vale que el presidente del Gobierno puede pecar de cierto cesarismo presidencialista, de relativa egolatría y hasta de ese narcisismo lógico de quien ejerce el poder, pero acusarlo de haber liquidado a todos sus ayudantes para quedarse él solo resulta demasiado fuerte hasta para Feijóo. Ni Santiago Abascal ha llegado tan lejos en sus hipérboles contra el inquilino de Moncloa.

Una vez más, el gallego lo había vuelto a hacer. Obviamente todo había sido producto del lapsus, que anida en él como la morriña en un gallego. Y luego nos llaman exagerados por haber bautizado al presidente del PP como Alberto Núñez Fakejóo. Ya empezamos a estar acostumbrados a que, por acción o negligencia, el expresidente de la Xunta intente colarnos fake news en sus intervenciones parlamentarias. Y no lo ha hecho ni una ni dos veces. Ya hemos perdido la cuenta. Esta vez, para mayor bochorno, la trola, la patraña, la soltó al comienzo de uno de sus discursos, cuando toda España esperaba oír lo que decía, así que el ridículo se amplificó todavía más.

Si Fakejóo no es capaz de relacionarse socialmente sin decir mentiras, ¿cómo vamos a creerle cuando habla de los datos económicos del país? Imposible. “De 2013 a 2018 los pensionistas no perdieron una décima de poder adquisitivo, lo ganaron”, dijo tan ufanamente (el muy cuco se calló lo de aquella carta infame de Rajoy y Báñez a los pensionistas para informarles de que sus pagas subían un raquítico 0,25 por ciento mientras el IPC se disparaba seis veces más). Y en otro momento de su intervención tuvo el cuajo de volver a sacar su vaticinio apocalíptico sobre la supuesta recesión en la que va a caer España (aún no se ha enterado de que el pasado año crecimos un 5,5 respecto al ejercicio anterior). Hubo más falacias, pero para qué cansar al ocupado lector de esta columna.

Enseguida se vio que Sánchez lo volvía a tener fácil para salir vivo del Senado una semana más. Tras afearle a su interlocutor que haya dicho eso de que “le avergonzaría liderar un Ejecutivo tan mediocre” le propuso cambiar a Calviño por Rodrigo Rato y a Yolanda Díaz por Eduardo Zaplana (uno y otro pasarán a la historia por sus problemas con la Justicia). A partir de ahí, el discurso del presidente fue una apisonadora, sobre todo cuando, tirando una vez más de ironía, describió lo que entiende Feijóo por “calidad institucional” democrática: hablar mal de España en la Unión Europea, pactar con la ultraderecha, secuestrar el Parlamento para que no se pueda votar una ley, aceptar a dos tránsfugas en su partido e incumplir el artículo de la Constitución que le ordena renovar los cargos del Poder Judicial. “A usted lo llamaron al orden con tres portadas y le temblaron las piernas”, le recordó mientras Maroto, con cara de póker, tragaba saliva y Cuca Gamarra hacía como que rebuscaba entre sus papeles tratando de encontrar algo, un informe manipulado, un dato falso, cualquier cosa para rescatar al jefe.

Sobre la ocurrencia del dirigente popular para que gobierne la lista más votada, el presidente del Gobierno ni siquiera se dignó a debatirla “porque ya ha sufrido el rechazo de algunas personas de su partido”, entre ellas Ayuso (aquí cabe recordar que cuando ejercía la política en Galicia, Núñez Fakejóo facilitó la alcaldía a un populista, la tercera lista más votada). Para entonces, el líder del PP se empequeñecía en su escaño, ese escaño que le viene grande, ese escaño que lo engulle cada semana. La puntilla se la puso Sánchez cuando le reprochó que ande por ahí dando la matraca con el supuesto nepotismo en algunos servicios públicos. “Usted fue nombrado por el señor Aznar director de Correos. ¿Fue por su amplia experiencia como cartero?”. Touché.

Ilustración: Artsenal

BEGOÑA VILLACÍS


(Publicado en Diario16 el 31 de enero de 2023)

Isabel Díaz Ayuso anda con la mosca detrás de la oreja tras conocerse que Begoña Villacís puede transfugar desde Ciudadanos al PP de Madrid. Está claro que si a Putin le han puesto un doble para evitarle un atentado, a la lideresa castiza alguien quiere colocarle una agente doble dentro de su casa para hacerle la pascua. ¿Quién ha sido el genio al que se le ha ocurrido una jugada tan magistral? No puede ser otro que Alberto Núñez Feijóo, a quien entre ocurrencia y ocurrencia sobre los conejos y opiniones fake sobre la marcha de la economía española de vez en cuando se le ocurre alguna idea brillante. Para eso le pagan.

Anda revuelto el Madrid político después de que la vicealcaldesa naranja haya decidido dejarse a esa banda de perdedores de Arrimadas y Edmundo Bal para continuar viva en política. Era una cuestión de pura supervivencia. Un cambio de barco a tiempo y a seguir remando. Pero el movimiento ha causado auténtico terror en el sector ayusista. Que le metan a otra gallina de los huevos de oro en el gallinero le ha sentado a cuerno quemado a la presidenta. Y por ahí no pasa. De modo que la guerra interna en el Partido Popular promete recrudecerse en las próximas semanas. De momento, Feijóo no esconde su celada y ya ha advertido de que él se abre a “integrar talento” de Ciudadanos como el que, a su juicio, representa Villacís. “Hay sitio para todos”, sugieren en Génova 13.

El dirigente popular es de los que piensan que la todavía mano derecha de Martínez-Almeida es una persona que “aporta” (no sabemos qué, eso no lo ha dicho) y apuesta por ir rescatando a los náufragos de Ciudadanos no solo de Madrid, sino de otras comunidades autónomas. De esta manera, el mandatario gallego anuncia que su idea es ir recogiendo por el camino a los que aún sean aprovechables del hundido proyecto fundado por Albert Rivera. Pudiera parecer que Feijóo es un buen samaritano que le abre la puerta a los descarriados naranjas, toda esa gente que un día se hartó de votar al PP para fundar un nuevo partido y que hoy, fracasado el experimento liberal, está como loca por regresar a casa. El líder de la derecha española debe creer que al mismo tiempo que hace una buena obra social dando trabajo a futuros parados de la política quizá pesque algunos votos por el centro, pocos, eso es cierto, ya que a Ciudadanos no le vota nadie. Pero no es esa la razón principal del virtual fichaje de Villacís.

El dirigente conservador sabe que Ayuso y la vicealcaldesa no se llevan, son dos celebrities en la misma pasarela Cibeles, y ya se sabe que una ópera no funciona cuando hay dos divas en el escenario. Por eso da luz verde a la operación, para malmeter, para crear mal ambiente, para agitar el avispero madrileño y moverle la silla a la mujer que le disputa el despacho de Génova con su ambición de ser primera presidenta del Gobierno de la historia de España. Desde ese punto de vista, Villacís sería algo así como el gran caballo de Troya de Borja Sémper, el moderado Sémper elegido por Feijóo para que centre el partido, dé un golpe de timón hacia vientos templados, se desmarque de Vox y empiece a mover los hilos de cara a las próximas elecciones locales y generales que se avecinan. Lógicamente, la estrategia no le ha gustado a Miguel Ángel Rodríguez, el Pigmalión y gran creador de la Galatea madrileña que gana elecciones regionales como churros. De modo que el juego de tronos entre el poder nacional representado por Génova y el poder autonómico de Puerta del Sol, está servido.

Las últimas declaraciones de Ayuso revelan su cabreo monumental con la decisión del PP de darle techo y sueldo a Begoña Villacís. “Lo mejor de Ciudadanos ya se vino conmigo y ahora, si tienen conversaciones a nivel nacional, yo ahí no tengo nada que opinar”, alegó antes de recordar, con el ceño fruncido, que “esa unión del centroderecha en Madrid ya hace muchos años que está en marcha”. Queda claro que, para Ayuso, Villacís no está entre “lo mejor de Ciudadanos”. De donde se deduce, por pura lógica, que estaría entre lo peor. Lo cual que Lady Libertad no quiere corrientes internas que le hagan sombra en el partido. Las corrientes internas para bañarse en el Manzanares en verano, el PP madrileño es un movimiento nacional cuasifalangista rocoso que no admite interpretaciones subjetivas.

En el fondo, lo que se está debatiendo es si Ayuso tiene plena autonomía para confeccionar sus propias candidaturas electorales o si debe estar tutorizada por Feijóo, que quiere meter como sea en las listas a la incómoda Villacís. Al líder gallego le gustaría un Madrid gobernado por la vicealcaldesa mejor que un Madrid ayusista demasiado ambientado por la extrema derecha. De momento la dirigente de Ciudadanos ya ha culminado un movimiento que no es baladí: pedir a la dirección de su partido libertad para que los candidatos puedan decidir cómo concurrir a las elecciones del 28 de mayo, bien en plataformas conjuntas con el PP o bajo la marca naranja que amenaza ruina. Es la forma de la vicealcaldesa de sacrificar las siglas de Cs y de anunciar, extraoficialmente, que se va con Feijóo.

Y mientras estalla la jaula de grillos de la derecha madrileña, cabe preguntarse qué opina de toda esta balacera el alcalde Almeida. El hombre está en medio del tiroteo político entre unos y otros, indeciso, y con sudores fríos calcula al máximo cuál debe ser su próximo paso a seguir. “Las puertas del PP de Madrid están cerradas”, espetan con contundencia desde el grupo municipal popular en el Ayuntamiento madrileño. El papelón del alcalde promete.

Ilustración: Artsenal

EL DOBLE

(Publicado en Diario16 el 31 de enero de 2023)

Casi un año después de la invasión rusa de Ucrania vuelve a circular el intenso runrún de que Vladímir Putin tiene un doble. Sobre el sátrapa de Moscú han circulado todo tipo de rumores en los últimos tiempos: que si es un enfermo terminal, que si tiene un séquito de catadores de comida para evitar que lo envenenen con un plato de setas como a un emperador romano, que si le dijo a Boris Johnson que se andara con cuidado o lo enviaría al otro barrio de un misilazo… La última es que el exagente del KGB tiene al menos un doble, probablemente dos o tres, que lo suplantan allá donde va por si a alguien se le ocurre quitarlo de en medio.

El sosias o persona que guarda un gran parecido o similitud con otra ha sido un personaje que siempre ha acompañado a los grandes dictadores de la historia. Se cuenta que el mejor doble de Hitler fue Ferdinand Beisel, un tipo de lo más normal pero con un gran sentido del humor y habilidad para la imitación (no le resultaría difícil sustituir al Führer, le bastaría con un bigote tipo cepillo de dientes, el flequillo repeinado, un traje de nazi bien planchado y algo de espuma en la boca). Durante décadas, a Joseph Stalin lo suplantó Felix Dadaev, un bailarín y malabarista del que no se puede decir otra cosa más que fue un hombre con suerte, ya que pudo salir airoso de un trabajo tan peligroso y estresante y llegó a los cien años. Y se cuenta que a Franco lo reemplazaba Isidro García Collado, otro doble al que Paco Lobatón buscó intensamente en sus programas de televisión sobre desaparecidos (la familia del Caudillo siempre dijo que aquello era una “mamarrachada”).

Un genocida sin un doble es como una monja sin hábito, un torero sin capote o un carnaval sin pelucas. Todos los tiranos sangrientos conviven con el miedo en el cuerpo a que le dispare un francotirador desde una terraza, como hicieron con Kennedy, a que le pongan una bomba en el coche como a Carrero Blanco o le claven un piolet como a Trotski. Putin tiene muchos enemigos –desde los ucranianos de Zelenski que lo odian a muerte hasta los espías de la CIA, pasando por algunos disidentes internos que creen que Rusia estaría mejor con él fuera de combate– y ha decidido ponerse un doble como quien le pone un piso a una querida en Moscú. Desde el Anfitrión de Plauto, donde Mercurio se hace pasar por Sosias para ayudar a Júpiter a seducir a Alcmena, el del doble siempre ha sido un tema político recurrente, un trabajo como otro cualquiera y un funcionariado fundamental para sostener a toda dictadura que se precie. Ahora que el mundo retrocede en el tiempo hasta los años de la Segunda Guerra Mundial, la figura del misterioso doble vuelve con fuerza para sostener a las tiranías, autocracias y fascismos de todo el mundo. Putin convive con la paranoia constante, rodeado de fuertes medidas de seguridad y entre las tinieblas de su oscurantismo ortodoxo, el que se fomenta en las iglesias del patriarca Cirilo, donde se difunde una buena dosis de nacionalismo, fanatismo y patraña religiosa.

Valdímir Solovyov, ese presentador exaltado de la televisión rusa con dos vodkas de más, ha invitado a Putin a que arrase sin complejos las “grandes ciudades europeas nazis” como Madrid, París o Berlín en respuesta a Occidente por el envío de tanques Leopard para defender Ucrania. ¿Es la capital de España una ciudad fascista? Si lo era no habíamos caído en la cuenta. Vale que a Isabel Díaz Ayuso le va la marcha nostálgica y alterna con Vox más de lo que sería deseable, pero no vemos nosotros a la lideresa castiza subida a un atril y anunciando un exterminio masivo de comunistas y minorías étnicas. Es evidente que en Rusia aún no se han enterado de que esto del populismo de extrema derecha ha cambiado mucho desde 1945, tanto es así que la antigua URSS se ha convertido en el nuevo Tercer Reich. Ahora los fascistas no van rompiendo cabezas y escaparates por ahí: son modernos, civilizados, viven en yates como grandes oligarcas y no se ensucian las manos con hornos crematorios. Fagocitan la democracia putinescamente, se apoderan de ella desde dentro, controlan las instituciones (políticas, financieras y judiciales) y viven tan tranquilos como buenos demócratas. ¿Tiene Ayuso una doble? Pues no lo sabemos, aunque es poco probable: le gustan tanto los focos que no dejaría que una melliza chupe cámara por ella robándole minutos de gloria. Desde luego, si tiene una replicante tampoco la lleva a las reuniones con los médicos y enfermeras de la Sanidad pública en huelga, que están hartos de que no les hagan ni puñetero caso.

Dicen que todos tenemos un doble, aunque no lo sepamos. Jung nos habla del “otro yo” como síntoma de un trastorno psicológico. Y en El hombre duplicado, Saramago aborda el problema del gemelo desconocido que nos perturba a todos. No sabemos si Putin, acosado por el remordimiento de sus crímenes en el KGB y sus genocidios de hoy en Ucrania, ha caído en esa especie de trastorno de personalidad que le lleva a refugiarse en un idéntico para que no le hagan daño. Quizá no tenga un sosias clavadito a él, pero en lo espiritual y en lo político a quien más se parece es a Donald Trump, un alma gemela con la que se entiende a las mil maravillas. Ambos hablan el mismo lenguaje ultra, racista y totalitario. ¿Serán el mismo tipo?

Viñeta: Óscar Montón

SOLO SÍ ES SÍ

(Publicado en Diario16 el 30 de enero de 2023)

La puesta en libertad de cientos de agresores sexuales tras la revisión de penas en aplicación de la ley del “solo sí es sí” –gran apuesta de la ministra de Igualdad, Irene Montero, para esta legislatura–, se ha convertido en un asunto de la máxima gravedad para el futuro del Gobierno de coalición. Eminentes juristas y no precisamente de derechas alertaron desde un principio que esto podría pasar, que la ley adolecía de inconcreciones técnicas y ranuras por las que los condenados por delitos sexuales podrían escaparse con el asesoramiento de un abogado con medianos conocimientos en derecho. La alarma saltó definitivamente en el Ministerio de Igualdad cuando Manuela Carmena sentenció que la ley no estaba bien redactada.

Tres meses y 278 revisiones de penas a pederastas y violadores después de promulgarse la polémica legislación, Montero sigue sugiriendo que detrás de toda esta polvareda hay una minoría de jueces que están aplicando su texto legal de manera torticera porque le tienen manía a ella y a Unidas Podemos. Ya no los llama “fachas con toga”, como dijo cuando estalló el escándalo, pero insiste en el sostenella y no enmendalla, es decir, que ella lo hizo todo bien y son los magistrados, los expertos del Ministerio de Justicia, los tribunales, los fiscales, la prensa y el mundo académico quienes se equivocan radicalmente por machistas.

Lógicamente, la situación se ha vuelto insostenible. Sánchez (por boca de su mano derecha Félix Bolaños) ha dado órdenes para que se revise cuanto antes la nueva legislación y se arregle lo que ya no parece tener arreglo teniendo en cuenta que a esta hora el violador que no está en su casa brindando con champán tiene el permiso carcelario bajo el brazo y el petate hecho para salir a la calle. La maquinaria judicial, cuando se pone en marcha, es imparable y no puede frenarla ni la lógica, ni la ética, ni la razón que está con las víctimas, de modo que al Ejecutivo no le quedaba otra salida que rectificar y anunciar una revisión de la norma. La nómina de criminales sexuales que andan sueltos por ahí amenazaba con seguir creciendo en las próximas semanas con el consiguiente estropicio para la credibilidad de Moncloa. Y ese goteo constante de malhechores saliendo a la calle antes de tiempo era una imagen demoledora, letal, para el Gobierno a pocos meses de unas elecciones generales.

La pregunta es por qué se ha tardado tanto en corregir el desaguisado. Al día siguiente de promulgarse la ley del “solo sí es sí” ya se sabía que tenía tantos agujeros, grietas y resquicios legales que no habría un solo abusador al que no le cayera el terrible aguinaldo de Navidad en forma de reducción de condena. Por tanto, la lentitud en reaccionar solo puede explicarse por dos motivos: uno el orgullo y la soberbia de una ministra que se negó a enmendar el entuerto por no quedar como una indocumentada en Derecho Penal; y dos, porque el presidente del Gobierno no se atrevió a tomar decisiones drásticas para no terminar de fracturar su siempre inestable coalición. 

Si bien es cierto que en la mayoría de los casos este tipo de presos se benefician de una reducción mínima de apenas unos meses, algunos expedientes son especialmente sangrantes, ya que gentuza con múltiples causas a sus espaldas, reincidentes y declarados depredadores sexuales han visto cómo se recortaban sus condenas en varios años. Las víctimas quieren que estos monstruos paguen hasta el último día de cárcel y por lo visto no lo harán. Desde ese punto de vista, la ley, aunque bien intencionada y necesaria por situar en el centro de la cuestión el consentimiento expreso de la mujer –liberándola del calvario de tener que demostrar que no llevaba la provocadora minifalda, que no iba bebida o que no se resistió lo suficiente ante su agresor para defender su honra–, ya se puede decir que ha nacido fallida.

Los efectos indeseados de la reforma han de corregirse cuanto antes no solo porque rectificar es de sabios, como dice el viejo dicho castellano, sino porque muchos depravados andan por ahí pensando en qué discoteca, ascensor o callejón solitario acecharán a su próxima presa. Ahora comprobamos que tras la infame sentencia de La Manada se legisló en caliente y con poco esmero en cuestiones técnicas como la medición de las penas. Mientras tanto, el Gobierno se tensa tanto que puede saltar por los aires en cualquier momento. Echenique tuitea esta misma mañana: “El modelo anterior, al que quiere volver Justicia (PSOE) y también el PP, es el que preguntaba a las víctimas: ¿Cerraste fuerte las piernas? ¿Cuánto habías bebido? ¿Te jugaste la vida pegándole puñetazos? Es tachar el consentimiento, tachar el sólo sí es sí”. No se trata de volver a la retrógrada legislación de la derecha, señor Echenique, puesto que la ley Montero es filosóficamente buena, justa y necesaria. Pero si la reforma adolece de efectos secundarios nocivos debería haberse subsanado el primer día y no dejar que todo se pudriera. Las medidas que propone Unidas Podemos (abrir más juzgados exclusivos de violencia contra la mujer, ampliar las plantillas de fiscales y redoblar la inversión en materia de violencia machista) no evitarán que salga a la calle un violador cada cuarto de hora. Lo que se haya hecho mal hay que repararlo. Mirar para otro lado por una arrogancia absurda, persistir en el error, no lleva a ninguna parte más que a seguir regalando titulares a la caverna mediática y argumentos al PP que, dicho sea de paso, ni le han importado nunca ni le importarán los derechos de la mujer. 

Viñeta: Iñaki y Frenchy