domingo, 20 de agosto de 2023

BERLUSCONI


(Publicado en Diario16 el 13 de junio de 2023)

Políticos de la derechona patria, tertulianos de la caverna mediática e historiadores disparatados reivindican ahora la figura del fallecido Berlusconi. Feijóo recuerda que el expresidente ultraconservador marcó varias décadas de historia política en Italia. Ayuso lamenta el óbito y traslada sus condolencias al pueblo. Y Aznar califica al personaje como un “italiano convencido, gran empresario, buen amigo personal y de España”. En una de estas quitan el oso y el madroño y le ponen una estatua a Il Cavaliere en la Puerta del Sol.

Sonroja la operación de blanqueamiento urgente del que ha sido padre e inventor del fascismo blando o populismo posmoderno que corroe las democracias occidentales en pleno siglo XXI. Antes que Trump fue Berlusconi con sus fraudes, sus chanchullos financieros y sus escándalos sexuales como el feo asunto de las orgías con velinas y el caso Ruby. Lo quieren encumbrar como a un estadista que deja una huella indeleble en su tiempo cuando en realidad no fue más que lo que fue: un magnate chulo y arrogante, un bufón de opereta, un vicioso de los rayos uva que quedará como el señor del bunga bunga. Por desgracia, tal como suele ocurrir a menudo, no tuvo la Justicia que merecía en vida. Un Tribunal de Milán sentenció que el líder de Forza Italia no tenía por qué saber que aquella joven a la que pagó por favores sexuales era menor de edad. Y de aquellos polvos estos lodos neofascistas.

El gran legado de Berlusconi es haber convertido la política mundial en un plató de telebasura, concurso y verborrea sin fin. Desde su cloaquera Canale Cinque, dio un golpe letal a la democracia emitiendo burricie, chabacanería y desinformación a raudales. Fue astuto, y un pionero, al comprender que Mussolini entra mejor con un show de varietés con mucha ragazza, cicciolinas y mamachichos ligeras de ropa. A él le debemos el lenguaje faltón y políticamente incorrecto, el machismo institucionalizado y sin complejos, la xenofobia como idea moralmente aceptable. Elevó la mentira a la categoría de arte, el bulo a la de brillante retórica y la parodia al poder. No paró de vejar a las mujeres, de palabra y de acción. “Aunque soy travieso, 33 muchachas me parecen demasiadas”, dijo jactándose de su virilidad. “Es un culazo mantecoso infollable”, afirmó sobre Angela Merkel. Y aconsejó a su partido que fichara solo a jóvenes guapas, dejando a “las viejas y feas” para la oposición. Sobre su tumba bien podría escribirse esta frase a modo de epitafio que resumiría lo que fue su vida: “Es mucho mejor que me gusten las chicas hermosas que ser gay”.

Berlusconi el gamberro, Berlusconi el playboy macarra y rijoso, Berlusconi el gran viejo verde al que todos, las televisiones, las cancillerías del mundo entero y los jueces, le han reído las gracias sin pudor. Hortera salido del Festival de San Remo, depravado seductor, emblema del mal gusto, fue el Diablo mismo vestido de Prada. Putin, que hoy brinda por él con vodka y sangre de ucranianos, siempre lo consideró su más sabio amigo, una “magnífica persona” y un “auténtico patriota”. Nunca la humanidad conoció tan tremenda pareja de vampiros.

Emperador del fijativo, yonqui del bótox, careta frívola y superficial, encarnó al hombre sin escrúpulos ni valores propio de la posmodernidad. Fue él quien inauguró la oscura edad del cinismo y la hipocresía que padecemos. Fue él quien inventó el trumpismo cuando Trump le robaba el bocadillo a sus compañeros en la guardería. En cierta ocasión se refirió a Obama como un joven guapo y muy bronceado también. Siempre tenía un minuto para meter su cuñita racista, supremacista, aria. Irreverente y facha hasta las trancas (“somos la nueva falange romana”, arengaba a su partido), reivindicó a Mussolini hasta sus últimos días: “Nunca mató a nadie, envió gente de vacaciones al exilio”, bromeaba a propósito de El Duce con hiriente desprecio a las víctimas del Holocausto. Fue lo peor, un mal bicho, y si hubiese nacido Adán se habría comido la manzana y a la serpiente.

Todos hablan de la dimensión histórica del personaje, que si transformó la derecha italiana, que si impuso un nuevo estilo, que si esto y lo otro. Hasta el papa de Roma se ve forzado a tirar de eufemismo y circunloquio a la hora de retratar al verdadero Berlusconi. Conviene no molestar demasiado a la mafia ambrosiana. Decir que este individuo fue un protagonista enérgico de la historia italiana es decirlo todo y no decir nada, perdone usted, santo padre, con todos nuestros respetos, estimado Bergoglio. Solo Pablo Iglesias, y algún que otro valiente más, ha tenido el valor de llamar a las cosas por su nombre. “Fue un personaje corrupto, un violador y un representante de la banalización de la política”.

Hoy la fértil cosecha fascista alumbra pequeños berlusconis en todo el mundo. Bolsonaro, Orbán, Abascal, la misma Meloni, su hija política. “Con él se va uno de los hombres más influyentes de la historia de Italia”, dice la dulce nazi del Palacio Chigi. Él, y otros como él, sembraron el odio y la guerra que retornan a la vieja Europa casi un siglo después. Quieren perfumar la memoria hedionda del pequeño dictador, del Cavaliere que de caballero no tenía nada, del charlatán que estupidizó a las masas (nazificándolas) metiéndoles dosis del Mein Kampf entre telediario y anuncio. Lo sentimos, pero con nosotros que no cuenten.

Viñeta: Igepzio

MÁS CALVIÑO

(Publicado en Diario16 el 12 de junio de 2023)

Cerrada la sangrienta batalla por las listas en Sumar, el PSOE da a conocer las suyas. Y en el partido socialista también cuecen habas internas entre quienes aspiran a que el jefe les dé un carguete. Si por algo se caracteriza la izquierda española es por no ser lista con las listas. Cada cuatro años el mismo gallinero, cada cuatro años el mismo triste ruido. Todos se navajean a conciencia para hacerse un hueco en las candidaturas. Si no se puede ser cabeza de león por la provincia, porque está imposible, el número tres mejor que el cuatro y el quinto mejor que el seis. Cuanto más arriba, más posibilidades de ser ministro o director general de alguna covachuela funcionarial.

En la derecha son mucho más discretos para estas cosas. No decimos nosotros que no haya competición y cuchilladas traperas conforme se va acercando el día de confeccionar las dichosas listas. Claro que las hay, son humanos, demasiado humanos como diría Nietzsche. Pero lo hacen mucho más de puertas para adentro. Los castigos a quienes se han portado mal y las recompensas a los más aplicados se llevan en secreto. Los trapos sucios mejor lavarlos en casa. Llega el líder, defenestra a fulanito o menganita, negándole el puesto, y no se entera ni Dios. Llega Feijóo, reparte los caramelos entre los delfines más fieles, y aquí paz y después gloria. Ni Federico ni Herrera se coscan de la maniobra. ¿Qué harán con Alberto Casero, el que no sabe darle al botón y vota junto a los comunistas por error? ¿Dónde meterán a Cayetana esta vez? Por lo visto, va a acompañar a Feijóo en la lista del PP por Madrid. Pero todo eso se hace elegantemente, sin histerias, con fineza, como se hacen las cosas en la Familia genovesa.

De momento, Pedro Sánchez ya ha cerrado los nombramientos. Y lo ha hecho rodeándose de sus más fieles colaboradores, ministros y cargos públicos que han ostentado responsabilidades de Gobierno y con los que el presidente ha estado trabajando, codo con codo, en pandemia, en escenario de guerra y en medio de una crisis energética mundial. En momentos difíciles se conoce al amigo y Sánchez es agradecido con los suyos. Si tiene que morir, morirá con ellos. Ha decidido ir a lo seguro, nada de caras nuevas que puedan salirle rana. El PSOE juega a amarrar, vuelven pesos pesados como Carmen Calvo, Ábalos y Antonio Hernando. En tiempo de tribulación no hacer mudanza, como dijo el santo aquel. En tiempo de cruenta ofensiva de la extrema derecha mejor ir al frente con los veteranos e incondicionales, habría que decir. Javier Lambán, por ejemplo, quería colocar como número uno por Zaragoza a Óscar Galeano. Sin embargo, Ferraz, que es lo mismo que decir Sánchez, ha optado por la ministra de Educación, Pilar Alegría. Se rumorea que entre los barones ha escocido, y mucho, la forma como se han confeccionado las listas. Más cizaña, más madera para la hoguera antisanchista siempre prendida y ardiente en el PSOE. Por lo demás, lo previsible. Repiten Margarita Robles, Teresa Ribera y María Jesús Montero, que será número uno por Sevilla. También Planas, Grande-Marlaska, Meritxell Batet e Iceta. Félix Bolaños sacará escaño, casi seguro, por Madrid. Un álbum de fotos, quizá algo amarillentas, que los españoles ya están hartos de ver.

Mención aparte merecen los independientes Nadia Calviño y Escrivá. No figuran oficialmente, pero se mantienen como núcleo duro de cara a un hipotético Gobierno. Cuando menos curiosa la explicación que da el ministro de Seguridad Social, quien confiesa que su territorio es el de “las ideas y el diseño de políticas”, no las candidaturas. Respecto a la titular de Economía, Sánchez quiere convertirla en la portavoz, de facto, de esta campaña electoral. Ya lo dejó claro el pasado fin de semana, cuando se permitió bromear con su número 2 al asegurar que “nosotros tenemos a Nadia, ellos [por el PP] a nadie”. Más allá de la gracieta o el ingenio del chiste, la afirmación dice mucho y tiene su enjundia. Sánchez pretende vender gestión, estabilidad, sensatez liberal y experiencia acreditada frente a los disparates de la ultraderecha que viene, ahora empeñada en vendernos carne de vaca con tuberculosis. De ahí que Sánchez insista una y otra vez en que la economía española “va como una moto”, aunque en realidad al ciudadano le quede la duda de si la moto la está vendiendo él. Ahora bien, no es lo mismo controlar el déficit y la inflación que subirse a un escenario, soltar un mitin encendido para la historia y enardecer a las masas. ¿Sabrá conectar Calviño con el electorado? Esa es la clave. Muchos españoles no están satisfechos con el balance de estos cuatro años, tal como se demostró el 28M con el descalabro de la izquierda. Así que el 23J es terra incognita.

Al recurrir al mismo equipo que ya jugó el partido anterior, con derrota por goleada, Sánchez plantea una táctica para empatar. En política, el riesgo se mide por la audacia de los personajes elegidos para plantear la batalla. Y en este caso el jefe del Ejecutivo ha preferido ser conservador, no perder demasiado, salvar los muebles. ¿Es la estrategia política más adecuada? Nadie puede saberlo a estas alturas. En cualquier caso, no parece que los candidatos elegidos, viejos conocidos de la afición española, como decían los reporteros futbolísticos de antaño, vayan a influir demasiado en el resultado final de los comicios. El Gobierno es sobre todo Sánchez y un conglomerado de caras de perfil bajo para no hacerle sombra al César. Las generales se han planteado, claramente, como una segunda vuelta del plebiscito sobre el premier socialista. El presidente del Gobierno lo sabe y pese a ello insiste en echarse el partido a las espaldas, tal como hizo en las municipales. Eso se llama, por utilizar el símil taurino, o puerta grande o enfermería.
 
Viñeta: Iñaki y Frenchy

SUMAR

(Publicado en Diario16 el 10 de junio de 2023)

Tras el pacto de la pinza en la nariz, Sumar y Podemos comparecerán juntos y bajo una candidatura única a las elecciones del 23J. ¿Quiere esto decir que la izquierda sale reforzada y en las mejores condiciones para volver a darle la batalla a la derecha, que anda eufórica tras el 28M? No necesariamente. Es cierto que el núcleo duro, o sea Más Madrid, los comunes y Compromís (la izquierda madrileña, catalana y valenciana) más un conglomerado de pequeños partidos y confluencias regionales (cuyo listado es imposible enumerar aquí porque nos comería el espacio de toda la columna), cierran filas en torno a la coalición. Pero también es evidente que el proyecto nace herido después de que yolandistas y podemitas se hayan navajeado a conciencia para defender sus respectivas cuotas de poder. Han quedado demasiadas heridas abiertas, demasiadas cuentas pendientes. Y eso el electorado, que es como un lobo hambriento moviéndose a impulsos, lo capta. Esa imagen de Belarra anunciando que Podemos ingresa en Sumar al tiempo que vuelca toda su bilis contra los yolandistas, en plan estalinista enfurecida, quedará para la historia como el retrato de una izquierda fracturada y desnortada.

El votante progresista, que no es tonto, sabe perfectamente que todos se han subido a este carro como última tabla de salvación tras el hundimiento del 28M. Es como en una de esas viñetas del gran Forges donde los náufragos tienen que aguantarse en una isla desierta porque no les queda otra. ¿Ilusión en el proyecto? A esta hora poca. ¿Esperanza en que con este invento se pueda frenar a la extrema derecha? Escasa. Sumar ha sido un mal apaño deprisa y corriendo, lo que tocaba hacer por pura rutina, pero a nadie se le escapa que de momento no despierta demasiado entusiasmo en el sufrido votante de izquierdas.

Han sido semanas de bochorno en las que han quedado al descubierto demasiadas cosas, como la mezquindad y el egotismo de unos, la ambición personal de otros y una triste y decadente mediocridad que lo ha invadido todo. Muchos votantes que hace solo dos años veían en Pablo Iglesias a un nuevo Robin Hood hecho carne, hoy lo ven como el archivillano resentido de un mal cómic de superhéroes. Y al contrario, aquellos que admiraban a Yolanda Díaz como gran abogada laboralista y mujer de Estado hoy la perciben como a una abominable madrastra traidora que ha destruido Podemos. Aquella izquierda utópica del 15M que aspiraba a ser el embrión de una gran fraternidad, una hermandad de camaradas unidos en pie contra la injusticia como famélica legión, ha quedado reducida a una pandilla de burócratas que se reparten muy funcionarialmente las migajas de la derrota. Gente preocupada y temerosa de perder su estatus, el puesto en el aparato, la dirección, secretaría o área de no sé qué. Se han roto demasiadas cosas, ya no queda nada realmente sincero en el movimiento. Han pasado de querer asaltar los cielos a conformarse con una pequeña parcelita en el infierno de la política. Y así no se puede movilizar a un electorado.

¿Cuántas veces a lo largo de esta tortuosa negociación hemos escuchado hablar de ideas, de propuestas, de conquistas sociales y programas de futuro que puedan ilusionar a las clases más humildes? Ninguna. Las cosas buenas que han hecho entre todos en el Gobierno de coalición han quedado en el baúl de los recuerdos como si fuesen cosa del pasado. A nadie le interesa hablar del salario mínimo, de la renta vital, de los ERTE. Han caído en el politiqueo de casta; han estado dándonos la matraca durante semanas con sus alergias personales y sus malditas listas como si eso fuese lo único realmente importante. ¡Al cuerno con las listas, hombre! La izquierda debe ser una religión y necesita de misioneros altruistas que prediquen al olvidado Marx, no burócratas instalados.

Dicho lo cual, y por sacar algo positivo de todo este vergonzoso vodevil, hay alguna que otra noticia que permite albergar cierta esperanza en el futuro y hacernos pensar que no todo está irremediablemente perdido. Sin duda, este es el acuerdo a la izquierda del PSOE más importante que se ha logrado en los últimos años, como muy bien dice Ignacio Escolar. Con Sumar se frena la tendencia a la atomización que estaba desangrando al bloque progresista. Habíamos llegado a un momento crítico en que cada cabecilla provinciano tenía su propio partido para chulear en su pueblo, algo que encaja bien con el modelo caciquil de la derecha, pero que era una barbaridad si tenemos en cuenta que la izquierda debe tener, ante todo, vocación internacionalista y universal. Con Sumar se reagrupa el espectro, se logra una cierta unidad (aunque sea solo aparente y de cara a la galería) y se acaba con el individualismo, con el personalismo interesado del iluminado cantonalista de turno y con la fragmentación. De cara al 28M, no es poco.  

Sumar tiene por delante 40 días para dejar atrás la cuchillada trapera y para recuperar la confianza del electorado desafecto. En la medida en que Yolanda Díaz logre movilizar a la izquierda, Sánchez tendrá más oportunidades de reeditar el Gobierno de coalición y habrá funcionado el dique de contención contra la extrema derecha. Si todos los partidos que han suscrito la alianza, incluido Podemos, reman en la misma dirección, aún hay tiempo para salvar los muebles y evitar el descalabro el 23J. Atrás quedan los cadáveres de la batalla, las víctimas del tsunami o maremoto en la izquierda. Se rumorea que Irene Montero no será diputada. Ione Belarra iría en un discreto número 5 por Madrid. Y Pablo Echenique también desaparece de la primera línea. Los tres están liquidados, personificando el entierro de Podemos. Voces que pueden quedar silenciadas o arrinconadas o que, con el tiempo, se convertirán en corriente interna crítica, anticipando nuevas convulsiones y nuevos gallineros. Ya se verá. En cualquier caso, de esta sale un rostro ganador, el de Yolanda Díaz, que acapara todo el poder al fin. Ya le han puesto su retrato a las papeletas de Sumar. Las mesnadas rojas vuelven a tener califa. Como en los buenos tiempos de Anguita.

Viñeta: Pedro Parrilla

DESCABELLO A LA IZQUIERDA

(Publicado en Diario16 el 9 de junio de 2023)

Mientras la izquierda se suicida lentamente, con la cicuta del cainismo español de siempre, el votante empieza a sopesar cómo está el país, cuáles son las posibles alternativas y a quién darle la preciada papeleta en las generales. Pedro Sánchez, en una jugada arriesgada, audaz, convocó elecciones el 23J, sin importarle que la cita electoral caiga en verano, cuando muchos españoles estarán de vacaciones. Quería un desquite y lo quería ya, pero el riesgo de una abstención que termine machacando a la izquierda es tan real como elevado.

En realidad, en un país políticamente maduro como en teoría es este, no debería ser ningún problema acudir a las urnas en período estival. Todo aquel que haya previsto escaparse al chalé o a las Seychelles en esas fechas veraniegas, y que quiera participar en la gran fiesta de la democracia, no tiene más que solicitar el voto por correo, acudir a la oficina postal más próxima (hay una en cada esquina) y cumplir con su derecho constitucional. La tarea no le quitará más de media hora de su valioso tiempo.

Sin embargo, este es un país raruno, extraño, diferente. Y para la cosa política, mucho más. Lo más probable es que miles de ciudadanos de izquierdas –hartos ya de las trifulcas de Sumar y Podemos, del sanchismo languideciente (hoy por hoy el Gobierno es Sánchez y poco más) y del espectáculo lamentable que están dando “los hunos y los hotros”, como decía Unamuno–, manden a paseo las elecciones y se vayan descaradamente y sin ningún remordimiento a la playa. Tenemos una izquierda poco ideologizada, dominguera y aburguesada. La conciencia de clase brilla por su ausencia y el miedo a que llegue la extrema derecha ya no funciona. La posmodernidad ha transformado radicalmente al votante progresista. Apenas quedan proletarios con la cara manchada de grasa y las manos encallecidas. Ni braceros dispuestos a asaltar el cortijo del marqués. El obrero del cinturón metropolitano empieza a votar a Vox mientras que el jornalero andaluz vota señorito. Quien más y quien menos tiene una nómina, un coche contaminante y unos eurillos para gastar y vivir la ficción de las vacaciones que a uno le hacen sentirse, por unos días, como Cristiano Ronaldo en su lujoso yate. La efímera seducción del placer, el falso paraíso del taparrabos y la brisa marina, puede más que la inquietud por el avance de los ultraderechistas. A fin de cuentas, no se ven falangistas ni requetés desfilando por las calles.

Cuando Sánchez convocó elecciones, en un calentón tras el varapalo infligido por la derecha el 28M, sabía perfectamente que Sumar y Podemos terminarían a navajazos, como así ha sido. Era el momento perfecto para darle un mordisco a la izquierda real, recuperar a una parte del socialista desencantado y ensanchar espacio electoral. O el fascismo o yo, arengó el premier a sus diputados horas después de la debacle en aquella mañana de heridas todavía supurantes. El problema es que Yolanda Díaz e Irene Montero han llevado sus diferencias demasiado lejos y ya no se trata de que se pongan de acuerdo o no en una candidatura única a última hora (van tarde y la Junta Electoral puede darles con la puerta en las narices), sino de que el violento navajeo, retuiteado y retransmitido en las redes sociales, está desangrando a la izquierda. Cada minuto que pasa sin un pacto, sin un Frente Popular de emergencia, supone una hemorragia más de decepcionados a los que ya empieza a darles lo mismo si las confluencias firman un documento de mínimos sobre la bocina o rompen relaciones definitivamente. El desánimo cunde en el votante; el pesimismo arraiga en las bases, entre los inscritos y las inscritas, entre los indecisos. A esta hora, el roto no parece tener arreglo. Tras una semana de espectáculo cainita, feo y desagradable, el daño está hecho. Si finalmente hay una alianza supuestamente ilusionante, nadie se la va a creer porque en ese gallinero muchos se odian y tienen demasiadas cuentas pendientes. Y si no hay fumata roja, el 23J se consumará la debacle: Podemos un par de escaños, tres siendo optimista; Sumar ni 20. En cualquiera de los supuestos, la muleta de Sánchez nace más bien quebrada.

Con toda esa tragedia no contaba el presidente socialista. Quizá, si hoy se encontrara ante la misma tesitura, el jefe del Ejecutivo sería algo más prudente, más conservador, y dejaría las elecciones para septiembre, cuando las aguas se hubiesen calmado en la izquierda a la izquierda del PSOE. Una segunda oportunidad para aprobar el examen. Lo único cierto es que, a esta hora, los delegados yolandistas y podemitas apuran al máximo las negociaciones pero sin éxito. El plazo se agota a las 23.59 de hoy, aunque mejor habría que decir que lo que están agotando es la paciencia de los votantes progresistas. “Si no hay acuerdo, yo creo que la gente nos corre a gorrazos”, dice Pablo Iglesias (mientras tanto mete cizaña contra Yolanda Díaz). Los días pasan. Cada vez queda menos tiempo para el 23J. Entre el tedio del estío, la abstención galopante y la mediocridad de unos dirigentes tan infantiles como suicidas, el desastre para la izquierda puede ser tan tremendo que van a irse a la oposición durante varias legislaturas. Nos comemos a Abascal de ministro. “Tendrán que responder ante la historia”, asegura irónicamente el siempre atinado Enric Juliana. Eso sí, este verano Georgie Dann seguirá sonando como siempre en el alegre chiringuito.
 
Viñeta: Pedro Parrilla

FEIJÓO Y LERROUX

(Publicado en Diario16 el 9 de junio de 2023)

Feijóo sigue retrasando, e incluso escondiendo, los pactos del PP con la extrema derecha de Vox. No engaña a nadie. Todo el mundo en España sabe que ambos partidos se aliarán allá donde sea necesario para gobernar juntos y que lo demás es postureo o puro teatro de varietés. Los conservadores alemanes de la CDU ya le han advertido al político gallego que formar gobiernos con los ultras es un grave error. Está avisado por los demócratas europeos y por la propia historia. No es la primera vez que un político español coquetea con la derecha más extrema con nefastas consecuencias para el país. Tras las elecciones generales de 1933, Lerroux formó gobierno. Tenía que ser un gabinete centrista, pero se sostuvo gracias al apoyo de la CEDA de Gil Robles, una fuerza patriótica, reaccionaria y ultracatólica. El Vox del momento. Más allá solo estaba la Falange de José Antonio con su constante invocación a la violencia y a romper las urnas para garantizar la unidad de la patria. Fue tan rápida la transformación del moderado Lerroux de anticlerical a católico que pocos daban crédito. Supuestamente iba de centrista, pero paulatinamente fue demostrando que solo le interesaba el poder y que estaba dispuesto a mantenerlo a toda costa, incluso aliándose con lo más reaccionario, atávico y asilvestrado de la política. ¿Les suena de algo, queridos lectores?

Sin duda, por su decisión de abrir la puerta al nuevo nacionalpopulismo de extrema derecha, Feijóo es nuestro Lerroux de hoy. Ayudado por la muleta de la CEDA, aquel presidente que en su día fue acusado de promocionar el estraperlo contribuyó al proceso de demolición de las conquistas sociales alcanzadas por la izquierda durante el primer bienio reformista. Si en su día Lerroux quiso acabar con el azañismo, Feijóo sueña con derogar el sanchismo. Cambian los rostros, los personajes de la historia; la partitura maldita se mantiene y se repite época tras época. ¿Les suena?  

Con Lerroux controlando el poder, las escuelas siguieron en manos de la Iglesia, los jesuitas volvieron a sus pizarras y los sacerdotes fueron tratados como funcionarios con una paguita del Estado. Se había consumado la abolición de la ley educativa (¿les suena?). La Ley de Reforma Agraria, que seguía en vigor, dejó de aplicarse. Y se amnistió a los conjurados en el intento de golpe de Estado del 32, entre ellos Sanjurjo. Fue un lento proceso de demolición de las reformas progresistas que el pueblo percibió como un plan para acabar con la Segunda República y reinstaurar la monarquía. Todo ese sentimiento de frustración popular, toda esa sensación colectiva de engaño y de fracaso, condujo a la huelga general revolucionaria, al sangriento levantamiento popular asturiano del 34 (ese que el profesor Tamames señala hoy en el calendario, tan interesada como erróneamente, como la fecha de inicio de la Guerra Civil española) y a la violenta rebelión en Cataluña. ¿Les suena? La única diferencia entre aquel procés de antaño y el de hoy es que Companys no se conformó con ocho segundos de independencia, tal como ha hecho Puigdemont, sino que llegó a proclamar el Estado Catalán dentro de la República Federal Española.

Tras todos aquellos sucesos convulsos, Lerroux fue incluyendo a miembros de la CEDA en su Consejo de Ministros. Metió hasta cinco representantes, entre ellos al conspirador Gil Robles, que fue nombrado ministro de la Guerra. Años antes, durante el debate sobre la cuestión religiosa de cara a la aprobación de la Constitución del 31, Gil Robles había lanzado un discurso inquietante desde la tribuna de las Cortes: “Nosotros entendemos que el proyecto constitucional, tal como viene redactado, es un proyecto de persecución religiosa y, por consiguiente, nosotros en estas condiciones no podemos aceptarlo”. No fueron las palabras de un demócrata que aceptaba la decisión de la mayoría, sino las de un insumiso con la ley, las de un pionero trumpista del siglo XX. ¿Les suena?

Con todo, historiadores como Tusell y Stanley Payne creen que Gil Robles pretendía organizar un partido de derechas duro, a la francesa, pero no mussoliniano o fascista. Algo dudoso, sobre todo teniendo en cuenta que terminó colocando a Franco como jefe del Estado Mayor, que nombró a militares de la antirrepublicana Unión Militar Española (UME) para cargos relevantes y que ascendió de rango a oficiales ultras dispuestos a todo mientras los liberales o progresistas eran degradados. El movimiento nacional reaccionario se había apoderado del Ejército y de las fuerzas de seguridad. ¿Les suena?

Con el bienio radical-cedista, la Segunda República cayó en manos de los elementos más tradicionalistas y conspiradores. El propio Franco llegó a reconocer que “en este período se otorgaron los mandos que un día habían de ser los peones de la cruzada de liberación”. Por si fuera poco, está comprobado que Gil Robles quiso comprarle armas a la Alemania de Hitler. ¿Para qué las quería? Para nada bueno si tenemos en cuenta que Berlín estaba dispuesto a financiar, con una buena suma, la campaña electoral de la CEDA. Ya entonces la extrema derecha española buscaba dinero en el extranjero para sus gastos varios. ¿Les suena?

El ruido de sables y conjuras monárquicas fue constante en aquellos años. Mientras tanto, continuaba la represión: Companys condenado a cadena perpetua por rebelión; Largo Caballero, detenido; Azaña también, aunque finalmente fue puesto en libertad. En las elecciones de febrero del 36, las izquierdas se rearmaron alrededor del Frente Popular. Socialistas, comunistas y anarquistas estaban enfrascados en sus luchas cainitas, pero tuvieron que ponerse de acuerdo para frenar al fascismo. ¿Les suena?

Por mucho que los revisionistas de la derecha contemporánea se empeñen en propalar bulos e infundios, aquellos fueron unos comicios limpios. No hubo pucherazo, no hubo tongo, pero ese mantra se repite hoy también, noventa años después. ¿Les suena? Más de “34.000 guardias civiles y 17.000 guardias de asalto garantizaron el orden”, asegura el historiador Hugh Thomas. Aunque hubo algunos desórdenes, como el asalto a un colegio electoral y el intento de llenar una urna de votos falsos, apenas se registraron irregularidades o incidentes. Según el corresponsal de The Times, Ernest de Caux, la votación fue “generalmente ejemplar”. Ganaron las izquierdas por mayoría, como todo el mundo sabe. Fue una victoria en buena lid que desde el día siguiente fue deslegitimada y manchada por falsos rumores que anticipaban el golpe militar que estaba por llegar. ¿Les suena?

MONTERO Y BELARRA

(Publicado en Diario16 el 8 de junio de 2023)

A menos de dos días para que se cierre el plazo de coaliciones ante la Junta Electoral, sigue sin haber acuerdo entre Sumar y Podemos. Por un momento parecía que se acercaban posturas, que existía coincidencia en los contenidos y en lo programático, que ambas fuerzas estaban dispuestas a firmar un documento de mínimos que permita la unidad de la izquierda a la izquierda del PSOE de cara al 23J. Sin embargo, una vez más han surgido los habituales escollos, esta vez a cuenta de las candidaturas, de los nombres y apellidos, de los carguetes que deben ocupar fulanita, menganito o zutanito. Otra palada más de tierra sobre el moribundo bloque progresista.

A esta hora, el principal problema para Yolanda Díaz es qué hacer con Irene Montero e Ione Belarra, dos muebles que de repente se han quedado viejos. Los partidos que han resistido el terremoto del 28M Más Madrid, los valencianos de Compromís y los comunes catalanes– no quieren verlas ni en pintura y apuestan por no sacarlas a pasear en ningún mitin o acto público de campaña. Creen que son personajes amortizados, quemados, a la baja. Sin embargo, ambas dos creen que aún pueden aportar ideas y vigor al proyecto, así que reclaman mantener sus cuotas de poder. Curiosamente, solo ellas se ven otra vez como ministras de algo, de ahí que se resistan a firmar la alianza con Sumar si no se les reconocen los méritos contraídos en el Gobierno de coalición. Por emplear un símil académico, ya que en Podemos son muy del ambiente juvenil universitario, es como cuando un estudiante saca un aprobado raspado y pretende ser nombrado delegado de la clase.

El problema del tándem Montero/Belarra es que viene de ser examinado por los españoles en las municipales, y tanto una como otra han suspendido estrepitosamente. Las nefastas consecuencias de la ley del solo sí es sí han resultado letales, mucho más quizá que la delirante campaña de Ayuso para resucitar a ETA y que los rumores de pucherazo, que a fin de cuentas han afectado tanto a socialistas como a populares. Ayer mismo, el Tribunal Supremo daba la estocada definitiva a Montero al unificar doctrina y sentenciar que las rebajas de condena son conforme a derecho por el principio de lo más beneficioso para el reo. En realidad, la decisión del tribunal se veía venir, pero no dejan de sorprender las prisas que se dan sus señorías para decidir sobre determinados asuntos candentes mientras que otros casos duermen el sueño de los justos, durante años, en los cajones y archivos. Los magistrados, en su mayoría conservadores, tienen un olfato electoral prodigioso y saben que, en medio del período electoral decisivo en el que nos encontramos, era el momento perfecto para darle la puntilla a una ministra a la que no tragan. La judicatura tenía sentenciada a Montero, nunca mejor dicho, desde que llamó fachas con toga y machistas a los jueces que aplican la reducción de condenas a los presos en cumplimiento de su ley estrella. Esta vez, la titular de Igualdad se ha mordido la lengua y se ha limitado a valorar la decisión del Supremo como una “una mala noticia”. Dos cosas debería haber aprendido la ministra de su tormentoso paso por la alta política: que meterse con los jueces es un mal negocio, un pasaporte directo para que le arruinen la carrera política a uno; y que la arrogancia siempre se acaba pagando en las urnas. Quizá hoy, de encontrarse ante la misma tesitura, gestionaría la crisis de su reforma del Código Penal de una manera muy diferente. Quizá se comportaría de otra manera radicalmente opuesta, huyendo de la contumacia, de la obstinación, del sostenella y no enmendalla, y reconociendo que a su ley le faltaba un pequeño detalle que a todo el mundo en el ministerio se le pasó por alto: incluir una disposición adicional transitoria que hubiese impedido la salida de prisión de más de mil violadores.

Todo eso lo ha pagado ya en las urnas Irene Montero. ¿Y ahora qué? ¿Qué piensa hacer cuando su estropicio se ha llevado por delante el partido? Tanto ella como Belarra deberían entender que su tiempo ha pasado, que Podemos, hoy por hoy, no es nada (un Ciudadanos de la izquierda todo lo más) y que lo mejor que podrían hacer las dos es dar un paso a un lado, integrar al partido en Sumar, poner a sus votantes al servicio de la causa común de la izquierda y ofrecerse con humildad para arrimar el hombro en lo que buenamente puedan ayudar para evitar que el PP nos coloque a un Salvini en el Ministerio del Interior (véase Abascal). Eso o presentar la debida dimisión e irse a sus casas. Ellas mismas, como personas inteligentes y formadas que son, deberían comprender que se han convertido en un lastre para el proyecto de nueva izquierda que se está construyendo, que ya no suman, sino que restan, y que hace tiempo que no tienen aquel caudal de los 75 escaños que hicieron de Podemos un partido ilusionante para los indignados. De concurrir a las elecciones de forma autónoma, los morados sacarían un escaño, todo lo más dos, y pare usted de contar. Sin embargo, integrada la candidatura en la plataforma de Yolanda Díaz, los podemitas podrían conservar seis o siete diputados, que no es mucho, pero algo es algo. Al menos seguirían vivos. Mantendrían un cierto poder de influencia en las Cortes, aunque no en un hipotético segundo Consejo de Ministros sanchista, donde por lógica deberían estar aquellas caras nuevas de las confluencias que han cosechado un mejor resultado electoral.

En cualquier caso, el dúo Montero/Belarra se enfrenta a una decisión histórica en la que, una vez más, el factor personal marcará las consecuencias políticas. No quieren firmar la rendición (por altanería, por ambición personal o simplemente porque son como boxeadoras sonadas fuera de la realidad) y van camino de tropezar otra vez en la misma piedra. Juntas, de error en error, hasta la derrota final.  
 
Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA PRESA

(Publicado en Diario16 el 8 de junio de 2023)

Pasa el tiempo y la comunidad internacional sigue sin saber quién ha volado la presa de Nova Kajovka. Rusia y Ucrania se acusan mutuamente y con toda probabilidad nunca llegaremos a conocer quién lo hizo. Lo único cierto es que la rotura del embalse ha provocado un desastre humanitario y ecológico sin precedentes. Ochenta localidades anegadas, más de 20.000 personas evacuadas, regiones enteras sin agua ni luz y una central nuclear amenazada. Ese es el balance provisional de la catástrofe.

¿Es posible avanzar alguna hipótesis sobre la autoría del ataque? La OTAN, la UE, los servicios de inteligencia, expertos militares y Estados Unidos creen que existen indicios, aunque no definitivos, para aventurar que, una vez más, la mano de Putin puede estar detrás de la enésima salvajada. Para empezar, aunque el suceso perjudica a ambos bandos, el lado ucraniano va a sufrirlo “ocho veces más” que el ruso. Ahí ya tenemos una pista de que quien lo hizo calculó la manera, el método, el sistema más propicio para minimizar los daños en suelo propio y causar los mayores estragos en el del enemigo.

Pero hay más. Ucrania había comenzado ya a realizar los primeros movimientos de su anunciada contraofensiva, la más importante desde que comenzó la invasión rusa el 24 de febrero de 2022. El régimen de Kiev ha acumulado una importante fuerza terrestre formada por 250.000 soldados en activo y un millón en la reserva. Además, según Jens Soltenberg, secretario general de la OTAN, buena parte del armamento de las potencias occidentales para Ucrania ya ha sido entregado. Alrededor de 1.550 vehículos blindados, 230 tanques y gran cantidad de equipamiento y munición. Un contingente militar más que importante que sin duda inquieta al Kremlin.

En las horas previas al estallido de la presa, unidades ucranianas ya se habían desplegado en la zona, registrándose los primeros combates sobre la ciudad de Bajmut, pieza clave que de caer en manos ucranias podría abrir una brecha en los territorios ocupados por Rusia al este del país, incluida Crimea. El miedo al avance de los ejércitos de Zelenski ha podido llevar a Putin a tomar la drástica decisión de destruir una de las mayores instalaciones hidroeléctricas de Europa (por poner un ejemplo, Nova Kajovka es una presa siete veces más grande que el mayor embalse de España). Inundando toda la región al norte de Crimea, empantanando valles, praderas y terrenos llanos, los carros blindados cedidos por la OTAN no podrán avanzar en semanas, quizá en meses. Se calcula que el nivel de las aguas no descenderá hasta dentro de unos diez o veinte días, lo cual no quiere decir que los vehículos pesados puedan trabajar allí. El terreno será inestable y peligroso durante mucho tiempo, una pasta pegajosa que puede dejar inutilizados los Leopard de los aliados. Todo ello sin contar con los miles de minas antitanques y antipersonas que han sido arrastradas por las aguas y diseminadas por todo el teatro de guerra. Si ha sido Rusia, la jugada es magistral. Gana tiempo, crea un cordón de seguridad alrededor de la ocupada Crimea y los generales del Kremlin pueden movilizar más material y efectivos entre sus jóvenes reservistas.

Otro factor que los analistas están teniendo en cuenta es la factura, el sello del ataque contra la presa situada en Jersón. Se sabe que Putin es un admirador del genio militar de Stalin y que a menudo copia estrategias que los soviéticos ya emplearon durante la Segunda Guerra Mundial. En 1941, en pleno avance nazi en el marco de la Operación Barbarroja, el jerarca bolchevique dio la orden de volar por los aires la central hidroeléctrica de Dneprostroi. Se cree que aquella misión, que terminó con una de las mayores inundaciones que se recuerdan, provocó entre 20.000 y 100.000 muertos. Fue una maniobra suicida que pudo cambiar el curso de la historia, ya que las tropas de Hitler avanzaron más lentamente. El Ejército Rojo recurrió a la “estrategia de tierra quemada” durante toda la guerra. No solo destruyó presas y embalses, también quemó campos y cosechas, arrasó pueblos enteros e inutilizó carreteras, puentes, vías de ferrocarril, hidroeléctricas, cualquier infraestructura vital que pudiera ser utilizada por los alemanes. A Putin, como buen conocedor de aquella etapa oscura de Rusia, le encantan los trucos militares estalinistas y los pone en práctica a la menor ocasión.

La presa de Nova Kajovka era el único punto de paso que quedaba en el bajo Dniéper, la única cabeza de puente fiable en el camino de los ucranianos hacia la batalla final para liberar a su país de los invasores. Hoy es un inmenso pantano cenagoso lleno de casas hundidas, minas descontroladas e insectos propagadores de todo tipo de enfermedades. Un infierno de agua. El agua utilizada como arma de destrucción masiva. La mente enferma del zar de todas las Rusias no descansa nunca. ¿Cuál puede ser su próximo movimiento? ¿Acaso soltar un misil de corto alcance provisto de una cabeza nuclear de baja intensidad? Es capaz de eso y de mucho más. Más allá de artimañas, sucias trampas y crímenes contra la humanidad (la voladura de una presa de grandes dimensiones supone una acción de guerra condenada por la Convención de Ginebra), el arsenal atómico es el último as de bastos que le queda al exespía del KGB en su delirante intento por ensanchar territorio conquistado y devolver a su país a las gloriosas fronteras de 1945. La guerra tal como la concibe Putin es un macabro juego donde todo vale. Un suicidio colectivo a cámara lenta en el que pagan todos, el enemigo, su propio pueblo y el mundo entero. Si ha sido él, es cierto que ha asestado un duro golpe a los ucranianos. Pero también a los habitantes de Crimea (la península anexionada ilegalmente por Rusia), que a partir de ahora, con la gran presa ya fuera de servicio, lo tendrán mucho más difícil para encontrar agua potable.

Viñeta: Igepzio