miércoles, 17 de enero de 2024

SÁNCHEZ VERSUS NETANYAHU

(Publicado en Diario16 el 24 de noviembre de 2023)

Resulta paradójico, pero cuanto más arrecia la ofensiva fascista contra Pedro Sánchez, cuanto más acorralado parece el premier socialista y más odio irracional se destila contra él en todo el país, más crece su figura política en la esfera internacional. En los últimos años hemos visto cómo un muchacho discreto y formal del PSOE evolucionaba hasta convertirse en un auténtico animal político, en un estadista y en una referencia para la socialdemocracia internacional cuya voz se escucha en todo el mundo. Su discurso de ayer ante Netanyahu, el carnicero de Gaza, fue sencillamente para enmarcar y digno de estudio en las clases de Derecho internacional humanitario.

Después de designar a los ministros del gabinete para su segunda legislatura, el jefe del Ejecutivo no perdió ni un solo minuto en subir al Falcon (sí, señores de PP y Vox, al Falcon, ese avión en el que también viajan los presidentes socialistas de España, no solo los señoritos de las derechas) y plantarse en Israel para poner delante del espejo al monstruoso dirigente judío. Ya en tierras hebreas, y tras solidarizarse con las víctimas de los atentados de Hamás, hizo toda una enmienda a la totalidad al despliegue militar que está llevando a cabo el Gobierno de Tel Aviv. “La respuesta de Israel no debe implicar la muerte de civiles. Pedimos que todos los civiles sean protegidos y la ayuda humanitaria entre inmediatamente en Gaza. Hay riesgo de que la gente muera inmediatamente (…) El número de palestinos muertos es insoportable”, alegó. Además de exigir un alto el fuego y de volver a recordar que la lucha contra el terrorismo no se gana arrasando ciudades enteras sin compasión (la lección de Irak debería ser suficiente para entenderlo), volvió a recordar a los israelíes que solo hay una vía para resolver este conflicto que ha convertido Oriente Medio en un verdadero polvorín: la solución de los dos Estados en el marco de las resoluciones de Naciones Unidas. Valiente e impecable.

Sánchez se está convirtiendo en la solitaria voz de la conciencia democrática europea no solo en este sindiós palestino, sino en la invasión rusa de Ucrania. Mientras la mayoría de los líderes del viejo continente (muchos de ellos nostálgicos fascistas) esconden la cabeza debajo del ala, miran para otro lado, callan, juegan a la equidistancia, calculan sus intereses económicos y geoestratégicos o toman partido por el sionismo ultraconservador que controla Wall Street, tenemos la suerte de que, quizá por una vez en la historia, los españoles contamos con un líder que se aleja del pragmatismo y del cálculo interesado y dice lo que hay que decir, manteniendo la posición más digna y decente posible. Si en 1936 –cuando el totalitarismo se alzó en armas contra la Segunda República provocando el mayor genocidio en la historia de nuestro país–, el líder político de alguna gran potencia occidental se hubiese desplazado al Madrid asediado por los nacionales para exigir un alto el fuego y condenar el golpe de Franco, otro gallo (o pollo) hubiese cantado.

Desde que comenzó el conflicto de Gaza, Israel ha asesinado a más de 15.000 personas, la mayoría mujeres y niños inocentes. Al mismo tiempo, la Franja ha sido reducida a la categoría de gueto en ruinas sin luz, sin agua, sin comida ni medicinas, o sea un infierno en la Tierra donde la gente empieza a morir de hambre y de sed. Esa imagen de un puñado de tiernos bebés al borde de la muerte por falta de calor en las incubadoras hospitalarias lo dice todo sobre el grado de crueldad al que ha llegado el psicópata sionista.

Pocos líderes mundiales se están atreviendo a alzar su voz con claridad y valentía llamando a esta auténtica carnicería por su nombre y Sánchez lo está diciendo abiertamente, quizá con lenguaje diplomático, pero lo está diciendo. Plantarse en Israel, en nombre de la paz y de la Unión Europea, y soltarle al máximo dirigente del país, en su cara, que lo de Palestina es una matanza insoportable, debería ser motivo de orgullo para cualquier español de bien. Aquí excluimos, lógicamente, a la derecha clásica echada al monte y a la ultraderecha guerracivilista, que han sido capaces de abrazar el sionismo contemporáneo (rompiendo con las enseñanzas sobre la conjura judeomasónica que el paterfamilias dejó para la posteridad en sus tediosos discursos de la Plaza de Oriente) solo para poder tachar a Sánchez de terrorista de Hamás.

Estos días nos hemos acostumbrado ya a ver cómo los propagandistas de Netanyahu (portavoces del Gobierno, militares, analistas y tertulianos) transitan por los platós de las televisiones españolas largando sus bulos y mentiras sobre el sangriento operativo militar israelí, que en realidad es un plan de limpieza étnica. Produce arcadas tener que escuchar a tipos vestidos de militar ante la bandera con la Estrella de David soltando cosas tan nauseabundas como que los responsables de las muertes de civiles en Gaza son los terroristas de Hamás que están utilizando a su gente como escudos humanos. El grado de cinismo y sarcasmo al que ha llegado esta gente alcanza cotas inimaginables. Son ellos, los generalotes ultraortodoxos, quienes programan sus misiles inteligentes para que caigan sobre personas inocentes que esperan para comprar el pan, sobre hospitales y centros sanitarios, sobre casas ocupadas por enfermos y ancianos, sobre campamentos de refugiados y convoyes humanitarios. Son ellos, los hipócritas fanáticos de La Torá y nadie más, quienes a diario dan las órdenes al Ejército hebreo invasor para que dispare sin preguntar, ejecute sin piedad, torture sin misericordia y asesine sin más. Han superado con creces la ciega y brutal Ley del Talión, ya que a las mil víctimas israelíes del terrorífico ataque de Hamás han respondido con 15.000 palestinos inocentes asesinados. Esto ya no es el famoso ojo por ojo, sino el ojo por el cuerpo entero.

Quien sigue esta columna diaria sabe que cuando hemos tenido que poner a caer de un burro al presidente del Gobierno por alguna errática decisión de política internacional lo hemos hecho. Así, cargamos las tintas contra él, con todo merecimiento y con toda la razón del mundo, cuando el dirigente socialista dio aquel infame volantazo o giro a la posición española en el conflicto saharaui, dejando tirados, en medio del desierto, abandonados a su suerte y a expensas del sátrapa marroquí, a más de 173.000 compatriotas refugiados. Aquello fue una vergüenza que solo Sánchez sabe a qué intereses obedeció y así lo denunciamos. Por tanto, nadie nos podrá acusar de ser unos sanchistas incondicionales. Sin embargo, en este trance de la historia, cuando el tablero de Oriente Medio está a punto de saltar por los aires, arrastrando al mundo a una posible conflagración mundial, es de justicia reconocer que un dirigente político haya puesto a nuestro país donde tenía que estar: con la defensa de los derechos humanos y de un pueblo aplastado como el palestino que parece no importar a nadie. 

Viñeta: Pedro Parrilla

LOS ULTRAS HOLANDESES

(Publicado en Diario16 el 23 de noviembre de 2023)

El fascismo nació en una taberna. Por algo será. Este extraño fenómeno, esta misteriosa relación entre dipsomanía y nazismo se sigue repitiendo en nuestros días por alguna razón. Ayer, producía miedo y estupor ver a los líderes trogloditas del neerlandés Partido de la Libertad (PVV) –todos hombres blancos, de ojos azules y bien trajeados– celebrando los buenos resultados electorales, con birras en la mano, no en la sede oficial de esta formación ultra, sino en un animado pub nocturno. La extrema derecha es una mala borrachera que se va de las manos.

Hitler sedujo a las masas en las cervecerías de Baviera. Hoy los nuevos integrantes del fascismo posmoderno atraen a la multitud desencantada de la misma manera: poniéndolos de alcohol hasta las cejas en antros de mala muerte. Y en cierta manera, tiene su lógica dialéctica. Hay que estar muy colocado para comprar el discurso del odio y el racismo sin sentir algo de vergüenza y asco hacia uno mismo. El supremacista español destila xenofobia hacia el africano. El holandés desprecia al español por moreno, PIG y pobre. Así funciona esta ideología nauseabunda: de norte a sur en función del nivel de riqueza del país.

El ultraderechista PVV ha sido la fuerza más votada en las elecciones celebradas en los opulentos Países Bajos. Otra tragedia en el corazón mismo de la vieja Europa. Por aclararnos, este es el movimiento político del tal Geert Wilders, ese tipo que compara el Corán con el Mein Kampf (mentira, el islam bien entendido es una religión de paz), que quiere prohibir la entrada al país de inmigrantes musulmanes y que pretende paralizar la construcción de mezquitas. Él se ve a sí mismo como un liberal razonable (extraño trastorno de la percepción el de esta gente que se ve reflejada en un espejo distorsionado), pero paradójicamente ha trabajado con tesón para formar grupo parlamentario con grupos de corte extremista de nueve países, entre ellos el de Le Pen en Francia, el Partido de la Libertad de Austria, la Liga Norte de Italia y el Vlaams Belang de Bélgica. Es decir, lo mejor de cada casa del facherío europeo.

Apercibido por la Justicia, que lo ha procesado por criminalizar a los inmigrantes, por incitar al odio y vilipendiar a las minorías étnicas y religiosas, ha logrado irse de rositas de todos los pleitos que le han abierto (una vez más, la historia de una democracia timorata y débil con el ultra vuelve a repetirse). El lobo holandés se esfuerza por vestirse con piel de cordero, desmarcándose de los viejos fascismos del siglo XX en cada declaración pública, pero en realidad no hay nada nuevo en su discurso que lo diferencie del que esgrimen los yanquis trumpistas, los brasileños bolsonaristas, los argentinos de la escuela de la motosierra del loco Milei, los italianos melonistas o los españoles abascalianos: ataque frontal a la democracia liberal, degradación de las instituciones, catolicismo y familia tradicional a ultranza, adulteración del concepto de libertad (que se confunde con malas artes con libertarismo ultraderechista) y mensaje conspiranoico para intoxicar a las masas (no dice que una élite de rojos pulula por ahí arriba bebiendo sangre de niños, pero casi). Sionista a calzón quitado, partidario de la detención administrativa (una aberración jurídica que va contra los más elementales principios de un Estado de derecho), también sufre el delirio del expansionismo anexionista tan arraigado en estos sujetos exaltados, ya que sueña con, algún día, integrar el territorio belga de Flandes en el mapa de los Países Bajos. No hace falta ser historiador para entender que esa invasión nos arrastraría sin remedio a una nueva guerra europea.

Más allá de las propuestas nacionalistas patrioteras (“Holanda primero”, dice el muy original de Wilders), el programa de este engendro es un elenco económico de ideología ultraliberal cuyo único objetivo es seguir manteniendo los privilegios de las clases dominantes y pudientes: bajada drástica de impuestos (mayormente a los ricos), menos Europa y menos Estado de bienestar.

“Somos el partido más votado de Países Bajos, y les aseguro que los electores han hablado”, proclama Wilders tras conocer sus buenos resultados en las urnas. Ahora la gran pregunta es qué piensa hacer la derecha convencional neerlandesa con esta gente. ¿Van a institucionalizarlos gobernando con ellos tal como hace el PP español con Vox? ¿Les colocarán el pertinente cordón sanitario como fuerza política contraria a la democracia y los derechos humanos? De momento, los liberales del Partido Popular por la Libertad y la Democracia del primer ministro en funciones, Mark Rutte, entran en una fase de debilidad. A su vez, los demócratas cristianos de Nuevo Contrato Social, que logran un buen resultado, califican el auge de la extrema derecha de “shock gigantesco”, pero de estos no te puedes fiar. Solo el líder del socialdemócrata GL-PvdA, Frans Timmermans, ha anunciado que jamás formará una coalición con los tipos de “un partido que excluye a los holandeses”. Y alegó que seguirá defendiendo la libertad real “hombro con hombro”. Una vez más, la socialdemocracia preservando lo poco que va quedando ya de Estado de derecho pleno y garantista.   

Las decisivas elecciones han generado inquietud entre las minorías inmigrantes, como demuestran las recientes declaraciones de Stephan Van Baarle, líder de Denk, un partido que propugna la integración racial. “La victoria del PVV provoca miedo entre muchas personas. Formaremos un escudo contra la retórica de extrema derecha y lucharemos por las minorías de este país desde el primer día”, sentencia. Los Países Bajos caen en un momento oscuro de su historia. El fascismo da un nuevo salto exponencial en el viejo continente. Otro varapalo para la democracia, para los derechos humanos y para la construcción de una Europa más justa, social y tolerante.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LOS SOLDADOS DE SÁNCHEZ

(Publicado en Diario16 el 23 de noviembre de 2023)

El primer Consejo de Ministros de la XV Legislatura ha servido para presentar en sociedad a las nuevas caras del Gobierno Sánchez. Un gabinete de claro perfil político, según coinciden todos los expertos. El líder socialista ha diseñado un equipo pensado para resistir, ya que se avecinan tiempos duros no solo porque la economía española no está para tirar cohetes, sino porque la cruda ofensiva ultraderechista promete cargar con todo lo que tiene para tomar la Moncloa por aplastamiento. En ese escenario, Sánchez ha blindado a su núcleo duro de siempre, las Calviño, Díaz, Montero y Ribera, más Bolaños, Marlaska, Robles y compañía. Pero además de los clásicos, el premier ha fichado a un puñado de nuevos ministros a los que la prensa define como guerrilleros preparados para la batalla. O sea, un consejo atrincherado, bunkerizado, adiestrado en el cuerpo a cuerpo y el “no pasarán”. Sánchez no ha reclutado ministros, ha reclutado fieros soldados.

Qué mejor prueba de lo que decimos que la designación de Óscar Puente como titular del departamento de Transporte y Movilidad Sostenible. El exalcalde de Valladolid se ganó la roja insignia al valor durante la sesión de investidura de Feijóo, al que humilló y trató como un pelele simplemente poniéndolo delante de su propio retrato, sacándole el currículum y afeándole sus contradicciones internas. Decía Jean Cocteau que los espejos, antes de darnos la imagen que reproducen, deberían reflexionar un poco. Y eso fue precisamente lo que hizo Puente con el candidato fallido en aquel antológico turno de réplica: ponerlo delante de su propio reflejo para que meditara un poco, o sea sentarlo en la mesa de pensar. Dicen que el Puente ministro no va a ser el mismo Puente portavoz parlamentario que, cual boina verde, se lanzó a degüello sobre el jefe de la oposición para hacerlo pedazos con su retórica letal y killer. Nos cuesta creer que vayamos a ver a un señor moderado que se muerde la lengua. Si Sánchez lo ha puesto ahí para que modernice el decimonónico ferrocarril a Extremadura –que circula todavía más despacio que el tren de la bruja y cualquier día le adosan una máquina de vapor, que queda más típico–, o para ejercer como el nuevo Alfonso Guerra azote de la derechona, solo el tiempo lo dirá. En cualquier caso, el recluta Puente ya engrasa la bayoneta mientras se embadurna el rostro con pintura de camuflaje y escribe en su casco aquello de “nacido para matar”.

Otro republicano preparado para la batalla contra el alzado bando nacional es Ernest Urtasun, el portavoz de Sumar elegido para dirigir los destinos del ministerio de Cultura en sustitución del bailongo y algo desaprovechado Miquel Iceta. El comando ministerial de Urtasun llega con varias misiones imposibles, casi suicidas. Una de ellas será poner freno a las hordas de la tauromaquia, una fiesta contra la que el catalán lleva peleando media vida al considerarla “una actividad injusta, sádica y despreciable”. Si ya trabajó por la prohibición de los toros en Barcelona no nos extrañe que cualquier día clausure también Las Ventas. Urtasun, por su mentalidad antitaurina, tiene todas las papeletas para ser el nuevo “gran odiado” de la derechona, el comunista cuyo retrato servirá como diana para el juego de dardos en los bares y mesones del Madrid más ayusista y libertario. Desde ese punto de vista, viene a sustituir en el ranking de los peores enemigos de la patria a Alberto Garzón, el ministro verduras a quien el mundo conservador y tradicionalista jamás le perdonará que intentara acabar con algo tan español como el chuletón. Sin duda, Urtasun lo tiene todo para ser el nuevo diablo rojo, su perfil comunistoide, su vasta formación cultural y lo que les produce más rabia y envidia: su elegancia entre innata y Armani más propia de un marqués que de un proleta progre. Habrá que estar atento a cómo el nuevo ministro lidia con la guerra cultural de Vox, contra las censuras a las obras de arte y contra la ofensiva paleta que han puesto en marcha los seguidores del abajo la inteligencia, viva la muerte.

En el caso de Ángel Víctor Torres, tres cuartos de lo mismo. El mariscal Sánchez ha encomendado a este legionario procedente del último frente socialista canario, además de Política Territorial, un auténtico marrón como es Memoria Democrática. Hablamos de un tema muy sensible y caliente que promete gran conflictividad callejera en medio de la new wave franquista que nos invade. Derrotado en la batalla del 28M, en la que perdió la presidencia de la comunidad tras el contubernio PP/Coalición Canaria, ha recalado en la retaguardia sanchista peninsular, donde le han confiado la difícil misión de hacer cumplir una ley que todo derechoso que se precie va a pasarse por el arco de triunfo. Estos días de asedio a Ferraz hemos tenido la desgracia de comprobar con estupor cómo en este bendito país había más pollos que personas, o sea, más banderas fachas que botellines de cerveza. Y las exhiben con total impunidad y descaro al grito de “rojo el que no bote”, sin que al nazi de turno le caiga ni una mísera multa. No nos gustaría estar en el pellejo de este soldado condenado a dar su sangre para nada.

Una unidad especial de mujeres combativas, libertarias y republicanotas promete oponer brava resistencia ante la ofensiva ultraderechista. Mónica García, nueva ministra de Sanidad; Sira Rego, de Infancia y Juventud; Elma Sáiz, de Seguridad Social; y Ana Redondo García, de Igualdad, vienen con órdenes concretas de la Plana Mayor monclovita. García tratará de reflotar nuestra maltrecha Sanidad destrozada tras años de pandemia, recortes y privatizaciones del PP. Solo podemos decir que lo tendrá complicado para que algunos hospitales que hoy parecen sacados del África tropical más tercermundista (por la cantidad de gente hacinada en los pasillos de urgencias) recuperen un aspecto medianamente europeo. En cuanto a la recluta Sira Rego, diplomada en Nutrición Humana, llega con información privilegiada sobre el conflicto en Oriente Medio (de hecho, es hija de padre palestino). Teniendo en cuenta que tras el ataque de Hamás contra Israel declaró que los habitantes de Gaza tienen “derecho a resistir tras décadas de ocupación”, que se negó a condenar a Daniel Ortega por violaciones de derechos humanos y que siendo eurodiputada votó por la deportación de niños ucranianos a Rusia (soltando un cierto tufillo putinesco), solo cabe decir que le va la marcha como al mejor de los maquis. De la navarra Sáiz y de Ana Redondo digamos que a la primera la derecha la ve cómo el regalo de Sánchez para Bildu, mientras la segunda llega para sustituir a Irene Montero y derogar su feminismo utópico y radical en beneficio de otro más posibilista y conciliador. De modo que tiene garantizadas las hostilidades del siempre vengativo frente podemita.

Jordi Hereu, el nuevo ministro de Industria y exalcalde de Barcelona, es la cuota catalana del PSC (allí todos están por la amnistía), de modo que con esas credenciales va a tener refriegas constantes con los poderes fácticos políticos y económicos, que no lo tragan. Algo parecido es lo que ocurre con Pablo Bustinduy, nuevo ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Otro intelectual marxista odiado por podemita, ecologeta y apóstol de la nueva izquierda woke. Está puesto ahí, entre otras cosas, para encabronar a las derechas trumpizadas. Cómo se las gasta el general Sánchez.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

ROJAS Y PLASTAS

(Publicado en Diario16 el 22 de noviembre de 2023)

El dúo Irene Montero/Ione Belarra va a salir del Gobierno de coalición por la puerta de atrás. Aquel gesto cómplice que ambas tuvieron con Feijóo en la sesión de investidura, cuando sonrieron al gallego como niñas traviesas mientras este preguntaba a Sánchez cómo podía ser posible que el Gobierno más feminista de la historia cesara a la ministra de Igualdad, fue toda una premonición. Estaban sentenciadas y el káiser socialista las ha dejado caer.

A Montero la liquida la nefasta redacción de su ley del “solo sí es sí” –una incompetencia que ha permitido la excarcelación de 117 agresores sexuales y las rebajas de condena de otros 1.155–, mientras que a su compañera de fatigas se la llevan por delante sus afirmaciones incendiarias de revolucionaria full time que empezaban a provocar demasiados quebraderos de cabeza y líos al Gobierno de coalición. El colmo fue cuando, sin querer o queriendo, se terminó alineando al lado de Putin al pedir que España no enviara más armas a Ucrania. Pocos la entendieron entonces.

La mayoría de los colaboradores de Sánchez estaban hasta el gorro de Pili y Mili, no solo porque cada vez que terminaba un Consejo de Ministros les faltaba tiempo para salir corriendo y poner a parir a los compañeros en Twitter o criticar a los viejos derechosos del PSOE o meterse con el dueño de Mercadona o con los fachas con toga, sino porque siempre han mostrado una superioridad moral y una especie de insultante arrogancia que tocaba las narices a más de uno, una y “une”. Creían que, por venir de la calle, del mundo del activismo, eran más que nadie. Se veían a sí mismas como los faros y guías que alumbraban a la izquierda española en medio de la oscuridad. Pensaban que porque habían publicado un par de folletos universitarios sobre el feminismo de hoy ya habían ingresado en el panteón de las elegidas al lado de Clara Campoamor y Federica Montseny. Ellas no estaban en política para resolver problemas cotidianos del día a día, qué va, sino para entrar en la historia de España con letras de oro. Escuchándolas disertar y soltar soflamas no podía extraerse otra conclusión que Irene e Ione, las dos íes como rígidos palotes de Podemos, se tenían en tan alta consideración que sin duda pensaban que han significado un punto de inflexión trascendental en el devenir de este país. Antes que ellas nada, después tampoco.

Poco a poco se hicieron acreedoras del título de las más cargantes del Consejo de Ministros y últimamente no había un dios que las aguantara. El día que no faltaban al respeto a fulano o mengano daban alguna lección de izquierdismo posmoderno vegano y trans a todo socio de coalición que pasaba por allí. Eran pedantes de la política, insufribles marisabidillas, plomizas con las que no convenía cruzarse en el pasillo porque ello suponía tener que tragarse una chapa insufrible sobre Simone de Beauvoir. De modo que Sánchez se las pule no tanto por sus ideas más o menos radicales sobre esto o aquello, sino por moscas cojoneras, por pesadas, por plastas que creaban mal ambiente en el gabinete de coalición. Aunque ellas ahora van de víctimas y andan diciendo por ahí que el jefe las echa de malas maneras, lo cierto es que el presidente pasaba mucho de ellas y si se hubieran comportado de una forma medianamente normal, sin dar demasiado la brasa con el rojerío a todas horas y con la sobradez insultante, lo más seguro es que el canciller sociata las hubiese ratificado en el cargo solo por tocarle las bolas al facherío patrio. Pero no, siendo como son, tan tediosas, tan inaguantables, tan absolutamente insoportables, era un riesgo seguir contando con la presencia de ambas dos. Así que cesadas y un problema menos, habrá pensado el premier socialista.

Siendo sinceros, ellas se lo han buscado. Para explicar esta purga no es necesario recurrir a sesudos análisis politológicos como que Podemos ya no existe (se lo ha cargado el mismo que lo fundó, o sea Pablo Iglesias) o que se abre un tiempo nuevo en la política española donde es preciso renovar caras y contenidos programáticos. Había que ser muy estúpido, y desde luego Sánchez puede ser cualquier cosa menos eso, para prorrogar a estas dos que prometían seguir haciendo del Gobierno un gallinero o jaula de grillos. Lo ha dicho muy bien Antonio Maestre: si te metes con el jefe no esperes que te renueven el contrato. Esa es una máxima que se cumple siempre, ya sea en el odioso e injusto sistema capitalista y también en la China comunista.

Pero el colmo de la contradicción de estos dos ángeles de Charlie, de estas dos edecanas del patriarca fundador, es que no hace ni una semana que han votado “sí” a la investidura de Sánchez y ya están despotricando otra vez de él por las esquinas. Si tanta urticaria les produce el inquilino de Moncloa, si tanta rabia les da el patrón y sus políticas conservadoras, ¿por qué no fueron coherentes y obsequiaron al Anticristo de la izquierda española con un sonoro y rotundo “no”? Solo ellas lo saben.

Ahora las polémicas exministras defenestradas rompen con Yolanda Díaz y prometen una oposición dura al Gobierno. Si con este postureo rimbombante esperan recuperar los 69 escaños que tuvieron en el pasado es que son más utópicas e ingenuas de lo que parece. Lamentablemente quedan como dos párvulas en plena pataleta porque les han arrebatado su juguete favorito (el juguete es el ministerio) en lugar de como dos estadistas que marcaron una época. Si fueran congruentes se pasarían al Grupo Mixto a defender sus ideas, pero entonces perderían la asignación de Sumar (ese kilillo y medio) y por ahí no. Ya se sabe que el régimen monárquico del 78 es muy corrupto y nefasto menos cuando se le puede sacar tajada. Así que en el culmen del esperpento van a hacerle la guerra desde dentro a Sumar con el dinero de Sumar. Otra puñalada trapera más a la causa de la unidad de la izquierda tan necesaria ante la ofensiva neonazi. La ministra de Justicia saliente Pilar Llop se lo ha dejado más que claro al polémico dúo en el traspaso de carteras: “En los sitios hay que saber estar, pero sobre todo hay que saber irse”. Ni media palabra más.

Viñeta: Pedro Parrilla

MARLASKA

(Publicado en Diario16 el 21 de noviembre de 2023)

Contra todo pronóstico, Pedro Sánchez ha confirmado en su cargo al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Estamos ante un nombramiento que ha sorprendido al mundo político y periodístico, ya que el titular de este departamento figuraba en la lista de los coloquialmente conocidos como ministros amortizados, sentenciados o “quemados”. Ya se sabe que el sillón de Interior es como estar sentado encima de un polvorín a punto de reventar en cualquier momento, y más en España, un país turbulento y levantisco donde no faltan huelgas, protestas callejeras de todo tipo, manifestaciones (al PP le ha dado por convocar una cada día) e incidentes delincuenciales de todo tipo. El siempre atinado Antonio Maestre interpreta la designación como un “mensaje de no rendición al independentismo”, pero seguramente hay más, mucho más.

Las últimas dos semanas de cruda ofensiva ultra contra la ley de amnistía en Madrid habían terminado por finiquitar al exmagistrado de la Audiencia Nacional, de modo que no aparecía en ninguna quiniela de ministrables. Cualquiera en su lugar habría actuado como lo ha hecho él, es decir, enviando a las lecheras y antidisturbios a reprender a los nazis que pretendían pegarle fuego a Ferraz como en su día hicieron con el Reichstag. La Policía actuó con proporcionalidad en todo momento y solo cuando los escuadristas nostálgicos del Régimen anterior quisieron romper el cordón policial de seguridad para asaltar la sede socialista intervinieron los agentes para llevarse a unos cuantos cabezas rapadas y falangistas. Fue en esas algaradas nocturnas donde se le llamó de todo, mayormente el homófobo e infame “Marlaska maricón”, y quizá esa haya sido una razón de peso que ha llevado a Sánchez a mantenerlo en su despacho otros cuatro años más. Todo aquel que conozca mínimamente el presidente del Gobierno sabe que es un ganador nato, alguien a quien no le gusta perder ni al parchís, pura resiliencia y espíritu de lucha, de modo que prescindir precisamente ahora de su ayudante más vilipendiado y atacado se hubiese interpretado como una muestra de debilidad y una victoria de la muchachada franquista. Así que la revalidación del exjuex supone un claro mensaje al mundo ultraderechista: ni un paso atrás en la defensa de los derechos cívicos. No pasarán.

Pero, teniendo en cuenta ese motivo a caballo entre lo personal y lo ideológico, cabría preguntarse en qué posición queda el ministro a quien el jefe le ha dado una palmada de confianza en la espalda. Entre los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no goza precisamente de simpatía y predicamento, algo lógico por otra parte si tenemos en cuenta que ese submundo está ya en manos de Vox. Los sindicatos policiales le atacan por tierra, mar y aire al considerarlo responsable de las carencias y deficientes condiciones laborales que tienen que soportar los funcionarios y cada vez que su nombre suena en una casa cuartel de la Guardia Civil pinchan el disco con el himno de España a tope, se desenvainan las espadas y hacen el vudú con su retrato. No lo quieren ni en pintura, para qué vamos a engañarnos, así que a nadie le cabe la menor duda de que por ahí va a seguir el foco de conflicto y el malestar cuartelero.

Incluso hay quien entiende que el nombramiento no es más que una boutade, maldad o provocación de Sánchez, que ha planteado su nuevo gabinete con un fuerte “perfil político”, lo cual significa, ni más ni menos, que apuesta por un atrincheramiento ideológico y material ante la ofensiva de la ultraderechona. En esa estrategia casi bélica, en medio del ruido de sables y las invocaciones a un levantamiento nacional, el fiel Marlaska cumpliría a la perfección el papel de general Miaja encargado de resistir y defender Madrid hasta el final ante el avance del nuevo nazismo posmoderno. Lo que ha pasado en Ferraz estos últimos días es tan grave que Sánchez quizá tema convertirse en el nuevo Allende con la Moncloa haciendo las veces de Palacio de la Moneda, así que se impone un ministro al que no le tiemble el pulso. El exmagistrado tiene valor, coraje, y acredita una hoja de servicios impecable en la lucha contra los violentos. De hecho, en el pasado soportó estoicamente las amenazas de la banda terrorista ETA, que le puso un comando itinerante para hacerle seguimientos y acabar con su vida en su residencia de vacaciones de La Rioja. Marlaska tiene hecha esa mili que pocos serían capaces de soportar, así que Sánchez ha entendido que es el hombre apropiado para el ministerio más ingrato.

Pero si entramos en el análisis detallado, no se puede decir que el balance del controvertido ministro en esta legislatura haya sido ni mucho menos brillante. El asalto a la Valla de Melilla de 2022 (una trágica montonera humana en la que fallecieron 23 inmigrantes y 76 resultaron heridos), dejó seriamente tocada su reputación política, sobre todo teniendo en cuenta que la Fiscalía terminó echando tierra encima en lugar de investigar las muertes hasta sus últimas consecuencias. Finalmente, fue reprobado por el Congreso de los Diputados.

Y tampoco se puede decir que saliera bien parado del turbio episodio que supuso el caso del espionaje al teléfono móvil de Sánchez con el programa Pegasus, un misterioso y sofisticado operativo de spyware que también llevó a cabo escuchas al terminal del propio ministro del Interior y de la titular de Defensa, Margarita Robles. A día de hoy nada se sabe sobre qué fue de aquellos 2,6 gigas de información íntima y personal robada al presidente socialista, aunque no faltaron conjeturas de los más variopintas, incluso que fue víctima de un chantaje de los servicios secretos marroquíes, del Mosad, de las cloacas del Estado y hasta de sus enemigos políticos. Todo aquello también se cerró en falso y Marlaska jugó un papel fundamental en el archivo. Hoy recibe el premio por los servicios prestados.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

MÓNICA GARCÍA

(Publicado en Diario16 el 21 de noviembre de 2023)

Mónica García, el azote de Ayuso en la Comunidad de Madrid, será la nueva ministra de Sanidad. Licenciada en Medicina, activista en defensa del derecho a una asistencia sanitaria gratuita y universal, en los últimos años se ha destacado como la política más eficaz y combativa contra el ayusismo ultraconservador. Pocos dirigentes se han mostrado tan valientes a la hora de recordar, una y otra vez, la incompetencia del Gobierno regional del PP durante la pandemia: 7.291 ancianos fallecidos en residencias de mayores y ni una sola condena. Ahora, Pedro Sánchez le da la alternativa y la incluye en el nuevo Consejo de Ministros para que pueda aplicar todo el programa por el que lleva peleando media vida. Sin duda, García puede ser la gran revelación del Ejecutivo de Coalición 2.

Son muchos los problemas que lastran la maltrecha Seguridad Social. Nuestra Sanidad pública ya no es la mejor del mundo, si es que alguna vez lo fue. Ese mantra que algunos habían propagado hasta la saciedad en los últimos tiempos no se corresponde con la realidad. La plaga de covid 19 puso en evidencia las graves carencias del sistema. Faltó de todo, médicos, enfermeras, mascarillas, trajes de protección especial, camas, respiradores de oxígeno. Nunca olvidaremos aquellos días negros en los que morían cientos de personas en nuestros hospitales mientras los españoles confinados en sus casas salían a los balcones a aplaudir el valor de sus sanitarios. Poco duró aquella muestra de solidaridad nacional inédita en este país siempre fracturado en dos Españas, exactamente el tiempo que la extrema derecha tardó en intoxicar a la opinión pública con sus bulos conspiranoicos sobre el origen del virus y movilizar a sus cayetanos con cacerolas para tratar de derrocar a Sánchez.

Hoy, cuatro años después de aquello, las alarmas siguen sonando y parpadeando en rojo chillón en la Sanidad pública española. Uno, que por desgracia tuvo la necesidad recurrir a las urgencias de un conocido hospital público valenciano el pasado fin de semana, pudo constatar en primera persona la gravedad de la situación. Salas de espera atestadas de pacientes, ancianos en sillas de ruedas sin comer ni beber durante horas, gente tirada por los pasillos y cuartos de baños comidos por la suciedad y la basura. Desolador. Una pesadilla surrealista propia de un estado fallido. Aquello parecía un hospital abandonado de Gaza más que la clínica de un país europeo moderno y avanzado. Ya sabemos que en Valencia gobiernan los privatizadores, señoritos y toreros adinerados de la coalición PP/Vox que cuando pierden la salud recurren al médico de pago y no invierten un solo euro en la pública. Pero dejar que se hunda la Sanidad estatal de esa manera estrepitosa y descarnada, condenando a cientos de pacientes a una asistencia tercermundista, debería ser un delito penado en el Código Penal.  

No sabemos si Pedro Sánchez está al corriente de este tema. A veces las noticias de provincias no llegan o llegan deformadas a Madrid. El síndrome de la Moncloa, lo llaman. Un aislamiento que lleva al político que lo padece a desconectar de la realidad y a vivir en una burbuja. Sea como fuere, es evidente que las inversiones de las que habló el presidente del Gobierno en su día no han servido para reflotar el sistema, bien porque han sido claramente insuficientes (la partida de 580 millones de euros en Atención Primaria que anunció a comienzos de este año no da ni para empezar), bien porque las comunidades autónomas gobernadas por el PP han desviado los fondos estatales y de Bruselas a otros cometidos para los que no estaban destinados. Es cierto que la primera legislatura progresista se cierra con una inversión en la Sanidad pública del 7,37 por ciento del PIB, lo que supone 487 euros más por persona de lo que gastaba el PP en 2017 tras los recortes brutales de Mariano Rajoy. Pero no es suficiente. Llevamos años de abandono y es preciso inyectar más en la red asistencial. Mucho más.

Ya nos da igual cual sea la razón de la desinversión y no nos vale como excusa que los respectivos bifachitos regionales estén boicoteando el plan del Gobierno de coalición. Un Estado fuerte, por muy descentralizado que esté, dispone de mecanismos políticos y legales para hacer llegar el dinero allá donde hace falta. Así que, sea por hache o por be, el Gobierno de coalición no ha cumplido con lo acordado en un claro y flagrante incumplimiento electoral. Las protestas y manifestaciones de los profesionales, las denuncias sindicales que hablan de una plantilla agotada, desmoralizada y mal pagada y el malestar de los ciudadanos son indicios más que suficientes de que poco o nada se ha hecho para reforzar el sistema estatal de salud. Le guste o no a Sánchez, la Sanidad pública ha sido la hermana pobre de la legislatura a la que, por lo visto, nunca terminan de llegar los prometidos fondos Next Generation. Y mientras tanto el sistema se deteriora por momentos y pronto vamos a ver pacientes muriendo por falta de asistencia.

Las inversiones tendrían que regar de forma urgente a nuestros hospitales y centros de salud antes que a ningún otro departamento ministerial, pero lamentablemente no ha sido así. Seguimos teniendo una deuda pendiente con los profesionales que dieron sus vidas por salvar las nuestras (muchos de ellos continúan de baja por depresión a causa del esfuerzo inhumano que tuvieron que soportar en la primera línea de combate contra el virus). Ha habido tiempo más que suficiente para haber mejorado sensiblemente sus salarios y condiciones laborales, para traer de vuelta a casa a los médicos y enfermeras que tuvieron que marcharse al extranjero en busca de un futuro que aquí no tenían, para dotar de más personal a los centros sanitarios.

La pasada semana, en su discurso de investidura, Sánchez anunció un ambicioso plan para mejorar nuestra Sanidad que incluye reducir las listas de espera, potenciar el área de salud mental, dentista y oftalmólogo para nuestros niños. Por algo se empieza. Pero más allá de la buena voluntad del premier, mucho nos tememos que va a tener que ser una mujer como Mónica García la que, como experta en la materia, nos se conforme con las migajas. Ella sabe que diez mil millones, ocho mil médicos y quince mil enfermeras más no son suficientes para salvar la Atención Primaria en España, tal como propone algún libro blanco. Por eso va a dar la batalla por un plan integral que nos vuelva a colocar a la vanguardia europea en salud. Por eso promete ser la mosca cojonera del Consejo de Ministros esta legislatura. En sus manos está la vida de todos. No nos falles, Mónica.

Viñeta: Currito Martínez

EL HECHIZO DE LA MOTOSIERRA

(Publicado en Diario16 el 20 de noviembre de 2023)

Javier Milei, el boludo de la motosierra, ha conseguido engatusar a millones de argentinos con un programa electoral simple basado en solo dos puntos: acabar con el Estado y viva la libertad carajo. Un tipo populista y malencarado que promete dinamitarlo todo en una especie de gran suicidio colectivo va a gobernar la segunda economía sudamericana. Un trumpito bonaerense. Un descerebrado que puede llevar a la quiebra al país en menos de un año.  

¿Cómo ha llegado Argentina a este momento de exacerbación nihilista? Han sido demasiados años de corralito financiero, de crisis endémica, de miseria y pobreza. De kirchnerismo y macrinismo que han favorecido un sistema corrupto donde la democracia ha sufrido un imparable y progresivo proceso de degradación. Y en ese caldo de cultivo emerge el charlatán con la falsa receta del crecepelo y la promesa de que todo el mundo atará perros con longanizas en cuanto él agite la varita mágica.

Lo que ha pasado en estas elecciones argentinas no es sino un nuevo acto dentro de la misma trágica función: el resurgimiento de una especie de fascismo posmoderno que seduce a las masas desencantadas y furiosas con la democracia liberal. América Latina se trumpiza a marchas forzadas. Trump fue el big bang, la onda expansiva que sigue proyectándose en el espacio y el tiempo. A partir de ahí, el mal de la extrema derecha libertaria liderada por el clown o showman de turno se extendió como un cáncer por todo el continente. Jair Bolsonaro inauguró la nueva era. Años de políticas neofascistas, xenófobas, misóginas y racistas culminaron con el asalto a la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia a cargo de una legión de seguidores enloquecidos por el bebedizo ultra. Lula da Silva ha logrado frenarlo en las urnas momentáneamente, pero el proceso de contaminación populista sigue imparable. José Antonio Kast en Chile, el millonario Rodolfo Hernández en Colombia, Keiko Fujimori en Perú, Nayib Bukele en El Salvador… El listado de políticos trumpizados que parecen como fabricados en serie, como clonados en laboratorio, es tan largo como inquietante. Y todos siguen el mismo manual redactado por los amanuenses de Trump en la última planta de su rascacielos de oro neoyorquino. Todos son destroyers, violentos, antisistema, gamberros, políticamente incorrectos y faltones. Practican la antipolítica, la deslegitimación del adversario político y la acracia o libertarismo ultra. Propagan bulos y conspiraciones a través de las redes sociales y las televisiones reaccionarias financiadas por sectas religiosas antiabortistas. No solo tratan de imponer una visión económica ultraliberal, van mucho más allá profundizando en las creencias y el pensamiento. Promueven una involución de las ideas, una “guerra cultural” hacia una especie de medievalismo tecnocrático. Detestan la ciencia (combaten las pandemias bebiendo lejía), niegan el cambio climático, censuran obras de arte, sueñan con imponer el creacionismo en las escuelas, aboliendo la teoría de la evolución de Darwin. Se mueven entre el elitismo y el supremacismo (una transposición del feudalismo a la era de los viajes espaciales). Viven del odio y por el odio.  

Argentina es la última pieza del dominó en caer. Le han dado el poder a otro desequilibrado, a otro inestable emocional. Un individuo como Milei que quiere destruir el Estado, darle un arma a cada ciudadano, dolarizar la economía (convirtiendo el país en una sucursal de Wall Street) privatizarlo todo y cargarse el Ministerio de Sanidad y de Educación (lo cual es tanto como condenar a millones de argentinos a la enfermedad y el analfabetismo) ha logrado seducir a las multitudes desnortadas y atemorizadas ante el futuro. Alguien partidario de que cada cual se mate con la droga que más le ponga y que aprueba el mercadillo libre de órganos humanos. “Yo soy liberal libertario. Filosóficamente, soy anarquista de mercado”, ha dicho en campaña electoral. Otra gran falacia si tenemos en cuenta que el dinero huye del desorden, del caos, de la acracia. Sin embargo, la gente abducida le ríe las gracias y lo ve como al gran mesías salvapatrias. “Ha comenzado un nuevo tiempo en Argentina. Le deseo todos los éxitos”, proclama Ayuso, intelectuala del trumpismo ibérico, felicitando a su camarada Milei. Ya veremos lo que pasa con esos mismos ciudadanos engañados que hoy votan al clown argentino cuando dentro de un par de años no encuentren un médico que les atienda, ni un maestro de escuela para sus hijos, ni un simple camión que retire las basuras acumuladas en el gueto. A disfrutar de la acracia, habrá que decirles.

El nazismo no fue derrotado en 1945. Quedó larvado a la espera de adoptar nuevas formas mutantes con las que adaptarse y recuperar el poder. Ahora retorna revestido de un nuevo lenguaje, pero con el mismo mensaje de siempre. El anarcocapitalismo que promueven Milei y los demás trumpitos de esta banda de impostores dinamiteros de la civilización humana no es más que el nazismo de siempre por otros medios. Cuando Hitler dijo aquello de que iba a levantar un Reich que durara mil años, quizá no estaba exagerando. Hoy el fascismo avanza imparable en los cinco continentes y ha llegado para quedarse. Las sociedades y los pueblos se suman alegremente a un rearme ultra que, a esta hora, se antoja imparable. No es un fenómeno pasajero. Y cuanto más tarden las democracias liberales en entenderlo y en reaccionar en combate peor será para todos. Hemos consentido que el trumpismo se instale en las instituciones democráticas solo para destruirlas desde dentro. Hemos permitido que el nazi se cuele hasta la cocina de nuestra casa. Con el vano argumento de la tolerancia total, nosotros mismos hemos alimentado al monstruo. Abascal y sus diputados levantándose airadamente de sus escaños y abandonando el Parlamento, tras volcar su bilis contra un presidente legítimamente elegido en la sede de la soberanía popular, es la mejor prueba de que el cáncer empieza dar síntomas metastásicos. Y el feroz asedio franquista sobre Ferraz no es sino otro ente de esta hidra de mil cabezas que se reduplica en todo el mundo. Estamos en el preludio de la batalla global entre democracia y fascismo. Cien guerras mundiales se juegan a la vez, una por cada país. Mil campos de batalla, uno en cada barrio, en cada pueblo, en cada ciudad. O paramos ya la locura neonazi metamorfoseada en sus múltiples formas, según el lugar, o cuando queramos darnos cuenta nos habrán abierto un campo de concentración al otro lado de la calle. Ya vamos tarde. Quizá demasiado tarde.

Viñeta: Alejandro Becares