miércoles, 17 de enero de 2024

ANDRÉS NIN

(Publicado en Diario16 el 30 de noviembre de 2023)

Uno de los grandes misterios de la Guerra Civil Española sigue siendo quién mató a Andrés Nin, el máximo dirigente del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Muchos han sido los investigadores y biógrafos que han tratado de averiguar qué pasó con el líder político, sindicalista y traductor que durante aquellos años convulsos se convirtió en una figura de referencia para una parte de la izquierda española. A día de hoy, la hipótesis más plausible es que Nin fue una víctima más de las sangrientas purgas llevadas a cabo en 1937 por los enlaces y asesores soviéticos que de alguna manera controlaban el Gobierno republicano. Pero todo son conjeturas.

El POUM, una formación marxista y troskista (pero no estalinista), molestaba en buena medida a Moscú, y ya se sabe que cuando alguien incomodaba al dictador bolchevique se daba la orden de eliminarlo sin contemplaciones. Uno de los métodos más empleados por Stalin para liquidar a los disidentes y rivales que le estorbaban consistía en implicarlos en una falsa conjura fascista internacional para después procesarlos y ejecutarlos. Eso fue lo que parece que ocurrió con Nin. Los estalinistas pudieron haber urdido un montaje para hacer pasar al dirigente del POUM por un traidor que se entendía con los nazis y que incluso estaba dispuesto a colaborar con Franco para abrir las puertas de Madrid a una quinta columna de falangistas, la primera línea de combate que dejaría el paso expedito a los nacionales en una inminente ofensiva.

Hasta donde sabemos, el complot se puso en marcha en la primavera de 1937, cuando la Policía republicana (en manos de los comunistas, según cuenta el historiador Hugh Thomas) encontró una supuesta carta que Nin remitió al Caudillo informándole de que estaba decidido a trabajar para que los sublevados franquistas pudieran tomar la capital del país. En realidad, esa misiva era una falsificación confeccionada por los servicios de contraespionaje del NKVD (el comisariado soviético), pero cumplió su función a la hora de poner en marcha la maquinaria estalinista contra Nin y el resto de dirigentes del POUM. El papel que jugó Alexander Orlov, jefe del NKVD en España, fue decisivo, ya que este maquiavélico personaje informó a las autoridades de que Nin era un espía fascista y alertó de que algún que otro ministro se entendía con los líderes del Partido Obrero de Unificación Marxista. La teoría de la conspiración había calado en el Gobierno republicano. Al poco tiempo, el Hotel Falcón, sede del POUM, era clausurado (testigos de la redada aseguraron que en la operación participaron agentes secretos soviéticos) y los dirigentes de la cúpula (entre ellos Julián Gorkin y José Escuder), arrestados. Esa fue la última vez que se vio a Andrés Nin.

Según Hugh Thomas, el político marxista fue trasladado a la catedral de Alcalá de Henares, acondicionada como cárcel o “checa”. No en vano, la localidad madrileña era uno de los lugares elegidos por los soviéticos como base principal de operaciones. Un enclave siniestro como ese no solo servía como centro de detención, sino como cámara de tortura a la rusa, de modo que, aunque faltan datos para recomponer el puzle de las últimas horas de Nin, no es descabellado pensar que fue sometido a todo tipo de vejaciones.

Otro célebre hispanista, Paul Preston, llega a sugerir que el líder del POUM fue asesinado mediante la técnica del desollamiento (arrancar la piel a tiras). Bien es sabido que el estalinismo poseía un amplio manual de torturas para conseguir doblegar la voluntad de los pobres infelices que daban con sus huesos en las temidas checas. De cualquier manera, Thomas cree que Nin mostró valor y entereza, ya que al guardar silencio consiguió salvar la vida de muchos de sus camaradas, la mayoría de los cuales pudieron escapar al exilio cuando Franco ganó la contienda. Hoy por hoy, pocos dudan de que la orden de acabar con Nin (que probablemente fue ejecutado en el parque de El Pardo, en las proximidades de Madrid) provino vía directa de Moscú. Sin embargo, su cuerpo nunca apareció y qué fue de él sigue siendo, en la actualidad, todo un misterio. El capítulo se dio por cerrado y la URSS propagó con interés la versión oficial de que el detenido había sido rescatado de la prisión madrileña por un comando nazi, es decir, por “sus amigos de la Gestapo”.

En los días siguientes a la desaparición del activista catalán, sus seguidores lanzaron una campaña bajo el lema “¿Dónde está Nin?”. El Gobierno republicano no hizo demasiado por aclarar el turbio episodio. Los ministros socialistas pidieron explicaciones con escaso entusiasmo a los comunistas y estos se limitaron a responder con sorna (“búsquenlo en Salamanca o en Berlín”), pero en realidad a todos les venía bien quitarse de encima al líder del POUM. No convenía enemistarse con la Unión Soviética, la única potencia mundial que apoyaba a la Segunda República con dinero, armas, aviones y vehículos de guerra. Además, muchos en el Consejo de Ministros consideraban al POUM poco menos que “un grupo de agitadores que estaba perjudicando el esfuerzo bélico” en el intento de frenar a los rebeldes. Se dice que el presidente del Gobierno, Juan Negrín, llegó a saber toda la verdad sobre el caso, pero de ser así, se la llevó consigo a la tumba. Azaña, por su parte, miró para otro lado.

Con la lógica en la mano, jamás tuvo el menor sentido la teoría de que el POUM estaba en connivencia y complicidad con Franco y con los nazis, pero ese falso relato, esa leyenda negra, se ha extendido en el tiempo y ha llegado hasta nuestros días. Hoy que la izquierda española sigue con sus luchas cainitas por el poder conviene no perder de vista la vida y la muerte de un hombre que para algunos fue un símbolo y para otros un estorbo al que había que eliminar a toda costa. Las purgas, las checas y el odio fratricida. Historias siniestras de nuestra Guerra Civil que explican lo que fuimos y lo que somos.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL DISCURSO DEL REY

(Publicado en Diario16 el 29 de noviembre de 2023)

Felipe VI ha invitado a trabajar por una “España sólida y unida, sin divisiones ni enfrentamientos”, durante su discurso que da comienzo a la XV Legislatura. Del monarca emanan palabras que por desgracia ya no se escuchan en el hemiciclo, como concordia, entendimiento y respeto mutuo entre ciudadanos. Está muy bien que el jefe del Estado trate de recuperar, en vano, los viejos valores de la buena política. Pero seguramente en Zarzuela resuenan también los aullidos de la extrema derecha que estos días quiere asaltar Ferraz, el tristemente célebre “Borbón defiende a tu nación” o el no menos violento “Borbones a los tiburones”, de modo que el rey ya habrá tomado buena nota de a qué punto crítico hemos llegado.

Este país, al igual que otras democracias liberales de Occidente, se encuentra en pleno revival ultra, en plena ofensiva trumpista, que en realidad es el nuevo fascismo por otros medios, y Su Majestad entenderá que discursos como el que ha pronunciado hoy en el Congreso de los Diputados son necesarios, pero no suficientes. Ahí, delante de él, ante sus propias narices regias, hay un puñado de exaltados que se pasan su mensaje de tolerancia y respeto por el arco de la victoria. Gente como Abascal, que ha llegado a pedir a la Policía que se mantenga al margen, inactiva, mientras la muchachada neonazi trata de irrumpir con palos y bates de béisbol en las casas del pueblo socialistas, tal como hacían aquellos camisas pardas de las SA cuando Hitler ordenaba reprimir reuniones comunistas y huelgas de obreros. Gente como Ortega Smith, que ayer mismo arrojó su vómito más viscoso y antidemocrático llamando “gentuza” a sus adversarios de la izquierda. Gente como el propio Miguel Tellado, el nuevo portavoz del PP puesto a dedo por Feijóo que ha invitado a Pedro Sánchez a largarse de España en un maletero emulando a Puigdemont. O sea, toda una invitación al exilio, tal como hizo el franquismo con la disidencia durante cuarenta años de dictadura. Estos son los demócratas conservadores que nos han caído encima como una maldición secular.

En los tiempos crispados que corren, resulta edificante y balsámico que el rey llame a la concordia, pero quizá, mientras decía estas cosas tan elevadas y necesarias, tan impecablemente democráticas, debería haber mirado con reproche hacia un lado del hemiciclo, hacia la bancada reaccionaria, donde algunos lo contemplaban bostezando o haciendo oídos sordos, como esos fieles católicos que escuchan al cura en misa de doce mientras se entretienen con las musarañas, leen chats en el teléfono móvil o se ríen por lo bajini del utópico sermón, nerviosamente y dando codazos al feligrés de al lado.

En las Cortes Generales ha aterrizado una banda de boinas verdes nostálgica del Régimen anterior que ni le interesa la democracia ni la entienden. ¿Cómo hablar de concordia y entendimiento con alguien que en su delirio paranoico ve a un traidor y no a un rival político? ¿Cómo intercambiar opiniones civilizadas con quien está instalado permanentemente en la estrategia rupturista, antisistema y guerracivilista? ¿Cómo sentarse a negociar nada con estos legionarios belicosos echados al monte que no quieren oír hablar de otra cosa que no sea aquella España imperial de los Tercios de Flandes? Intentar la concordia con ellos es como tratar de dialogar con un feroz tigre de Bengala en medio de la jungla.

No, aquí no es la izquierda la que está rompiendo España ni el supuestamente exitoso Régimen del 78. Todos los partidos del arco progresista están dando una soberana lección de responsabilidad, de paciencia ante las provocaciones, de sensatez y sentido de Estado en un momento trascendental y delicadísimo para el país. Concordia la que no demostró el Partido Popular casadista cuando en lo peor de la pandemia se dedicó a conspirar para derrocar a Sánchez. Concordia la que no han tenido los populares, que llevan cinco años bloqueando el diálogo por la renovación del Poder Judicial. Concordia la que escasea en Génova 13, donde el ayusismo gamberro y frívolo se opone a cualquier estrategia de pacificación de Cataluña. Ayer mismo, sin ir más lejos, el hooligan Rafa Hernando comparaba a los terroristas de Hamás con los catalanes al asegurar algo tan esperpéntico como que la guerra de Gaza es como si construyesen túneles en Barcelona para bombardear Madrid. Esto es lo que entienden estos señores por “una oposición serena”, este es el consenso que dicen añorar.

Hace falta concordia en la política española, claro que hace falta, pero la crispación no está viniendo precisamente de la izquierda. Aquí hay un partido como el PP que para no perder votos por el flanco derecho ha entrado en una delirante competición con Vox por ver quién dice el improperio más grueso, la vejación más denigrante contra el presidente del Gobierno, la burrada más descarnada y brutal. ¿Cómo se convive con un vicioso del insulto y del histrionismo que no puede parar? ¿Cómo jugar a la democracia con quien ni siquiera es capaz de aplaudir el discurso institucional de la presidenta del Congreso, Francina Armengol?

No sabemos lo que durará la legislatura que ahora echa a andar. Hoy mismo, el propio Puigdemont ha amenazado a Sánchez con impulsar una moción de censura si el Estado no se pliega a su referéndum de autodeterminación. Y advierte: “Podríamos votar con el PP para derribar el Presupuesto”. Está claro que Junts tumbará la ley de cuentas públicas del Gobierno para el próximo año, la primera batalla parlamentaria, aliándose con lo peor de la caverna españolista más anticatalana. Al final, la cabra tira al monte y las derechas, ya sean de aquí o de allá, siempre terminan yendo juntas de la mano para defender sus intereses como clases privilegiadas. Puede que el Gobierno de coalición no dure ni un año, es más, nace con tal fragilidad que si llega a los seis meses será todo un milagro. Pero de lo que estamos completamente seguros es de que las palabras bienintencionadas del rey quedarán, una vez más, en el limbo, allá arriba, en los frescos del techo del Parlamento, junto a las marcas de los tiros de Tejero. Y no será porque la izquierda no quiera escucharlas, sino porque PP y Vox están más al trumpismo ultranacionalista a calzón quitado que al espíritu de la Transición.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL TRASTORNO PARANOIDE

(Publicado en Diario16 el 29 de noviembre de 2023)

El nuevo portavoz parlamentario del PP, Miguel Tellado, un mamporrero que ni en sus mejores sueños imaginó llegar tan alto, ha asegurado que en esta segunda legislatura del Gobierno de coalición el Partido Popular va a ejercer una oposición dura, pero “serena”. Estamos, sin duda, ante un brindis al sol, ya que no habían pasado ni cinco minutos de la afirmación cuando pudimos enterarnos de lo que este hombre entiende por ese concepto tan relajante: el insulto, la patada en la espinilla, el odio por el odio. Para Tellado, una oposición “serena” quiere decir hacer papilla y destrozar al rival político sin concesiones. Una oposición “serena” es propagar la histeria colectiva en forma de bulos y mentiras. Una oposición “serena” es hacer todo el ruido posible para crispar al máximo a la sociedad española.

El día de ayer fue triste para nuestra maltrecha democracia. Mientras Tellado, la nueva mano derecha de Feijóo, soltaba su hueca disertación sobre la supuesta serenidad de la que va a hacer gala el partido, otros prebostes populares daban ejemplo de que todo lo que dice Génova no es más que puro postureo. Para muestra un pequeño botón: el alcalde de Madrid, Martínez-Almeida, de quien ya no se puede esperar nada bueno. Hace tiempo que nos hemos acostumbrado a sus mediocridades, a sus bajezas y a su indigencia moral, como cuando dijo aquello de que la gran Almudena Grandes no merecía ser hija predilecta de la ciudad. Pero el mezquino nunca se contenta con su mezquindad, siempre busca un poco más, refocilándose en el barro de su vulgaridad. Lo de ayer, el espectáculo que montó exhibiendo la fotito de unos terroristas de Hamás para concluir que “estos son los nuevos mejores amigos de Sánchez”, fue sencillamente nauseabundo. Cuando ya pensábamos que lo habíamos visto y escuchado todo, el éticamente minúsculo primer edil madrileño se ha superado a sí mismo en indignidad e indecencia e incluso a otros que, como los dirigentes de Vox, han hecho de la denigración del adversario su forma habitual de hacer política.

Rafa Hernando, un suponer, es otro que por lo visto también se ha jurado a sí mismo practicar una “oposición serena”. Tras despacharse a gusto con el presidente del Gobierno, llamándolo “tonto, imprudente e insensato”, aseguró que la dramática situación que se vive en la Gaza controlada por los guerrilleros de Hamás es como si en “Barcelona se dedicaran a construir túneles para bombardear Madrid”. Otra vez el análisis de brocha gorda, la política infantil de Barrio Sésamo. Para esta gente no hay matices, ni causas o efectos diferentes que expliquen cada conflicto bélico. Así, la guerra en Ucrania, la invasión israelí de Palestina, la tragedia de Yemen, el contencioso en Nagorno Karabaj, las refriegas turco-kurdas, todos los conflictos armados actualmente abiertos en la humanidad, son calcados al golpe de Estado de Cataluña. ¿Pero por qué lo llevan todo al monotema separatista vasco y catalán, qué delirio les conduce a hacer el ridículo de esa manera cada vez que comentan algún asunto de política internacional? En primer lugar, hay que entender que han leído poco y no saben de nada, porque salvo Margallo y algún que otro erudito más, la mayoría hizo la carrera en la cantina, matándose a cañas y saltándose las clases de Derecho internacional que no tenían que pagarse porque las universidades privadas regalan los aprobados a los niños de papá. Pero este desequilibrio hormonal les ocurre también, sin duda, porque viven obsesionados con una sola idea, el procés, esa pesadilla de la que no pueden librarse y que les atormenta día y noche, seguramente porque fueron ellos, con su incompetencia, su lawfare y su patrioterismo ciego, los que generaron el problemón para este país. En el fondo son unos atormentados que no saben cómo superar un trauma. “Keep calm y mucha fruta”, recomienda Almeida a la oposición, y quizá sea esa la mejor receta para que él pueda superar su propia fobia.

El PP es un partido con 47 años de historia y ya va teniendo un amplio historial de negligencias que han arrastrado a este país a graves desastres. No hará falta recordar el pifostio que montaron con el Prestige, cuando en lugar de llevar a puerto un barco averiado cargado de fuel lo alejaron de la costa con las nefastas consecuencias que todos recordamos (allí aprendieron la diferencia entre cerca y lejos). Tampoco será necesario refrescar la infamia del Yak 42, el destartalado avión fletado por Federico Trillo que acabó estrellándose y matando a 75 personas, 62 de ellas soldados que regresaban de Kabul. Ni las mentiras de Aznar que nos metieron en una guerra ilegal, inmoral e ilegítima en Irak con la excusa de las armas de destrucción masiva que no existían. Ni el burdo montaje de los atentados del 11M consecuencia de nuestra absurda participación en la guerra iraquí, un shock del que todavía no se han recuperado.

Uno, que lleva años estudiando las neurosis de las derechas, cree que la mayoría de políticos del PP han llegado a esta situación de trastorno paranoide de la personalidad de tanto sufrir shocks emocionales no asimilados ni superados. Han tenido que hacer frente a tantas chapuzas políticas, han tenido que gestionar tantas calamidades provocadas por ellos mismos, que han terminado por perder el norte y ya solo les queda construirse un mundo paralelo alternativo con el que dar coherencia a tanta mentira para seguir viviendo. Las declaraciones poco menos que psicóticas y fuera de toda justificación y racionalidad de los Tellado, Almeida, Hernando y compañía solo pueden explicarse por un comportamiento paranoide. Todos ellos, y alguno más, viven en el resentimiento permanente, en el insulto y en el desaire continuado; sufren la desconfianza persistente hacia los demás (en este caso hacia el rojo peligroso); practican la tergiversación de afirmaciones y hechos que siempre acaban interpretando de una forma distorsionada o aberrante; reaccionan violentamente sin razón aparente; y caen en la ira desatada y en las sospechas recurrentes de que alguien quiere hacerles daño a ellos o a España (en este caso el perverso enemigo de la patria es Sánchez, a quien han demonizado hasta la saciedad, típico de paranoicos). Hay que estar muy mal de la azotea, o tener muy pocos escrúpulos humanos o estar muy atrapado por el manual de técnicas de propaganda de Goebbels (aquello de que una mentira repetida mil veces se acaba convirtiendo en verdad), o todo ello a la vez, para decir que Hamás son los nuevos mejores amigos de Sánchez. Necesitan ayuda con urgencia.

Viñeta: Pedro Parrilla

MIGUEL TELLADO

(Publicado en Diario16 el 28 de noviembre de 2023)

Alberto Núñez Feijóo ha sustituido a Cuca Gamarra por Miguel Tellado, un duro de su máxima confianza, al frente de la portavocía del grupo parlamentario popular. La decisión debe ser interpretada, sin duda, como el enésimo intento del mandatario conservador por controlar el partido (allí cada cual dicta línea editorial según le parece) y también como una nueva estrategia todavía más extremista para hacer frente a los años de ardua travesía en el desierto que le quedan al PP como principal partido de la oposición.

No es que doña Cuca vaya a pasar precisamente a la historia de España como la portavoz moderada y comedida que dio a la formación de la gaviota la pátina de derecha a la europea que desde hace tiempo necesita esa fuerza política. Algunas de sus intervenciones cara a cara con Sánchez han sido de lo más coléricas y desagradables que se recuerdan, pura bilis con mucha inquina y no poca dosis de trumpismo que han dejado ojipláticas a las clases medias, esas que aún confían en que en algún momento este país cuente con un partido conservador homologable y aseado lejos del africanismo franquista que alumbró su fundación. Las intervenciones a machete de Gamarra (una señora bien que se desmelenaba cuando subía al atril, transformándose en una heavy poseída por una fiebre extraña en medio de un concierto de Iron Maden) figuran entre las causas principales que explican el fracaso del PP tras el 23J. A buena parte de los españoles centrados y centristas se les erizó el vello del cuerpo escuchando según qué cosas dichas por Gamarra en la tribuna de oradores de las Cortes y esa sensación de inquietud, sumada a los pactos de los populares con los neofascistas de Vox, terminaron por convencer al país de que era mejor seguir votando a Sánchez por aquello del más vale malo conocido. La hoja de ruta que proponían Feijóo y su brava portavoz para derogar el sanchismo –retroceder casi medio siglo hasta 1975 y aún más allá–, no sedujo al electorado.

El líder popular no se carga a Gamarra porque su hooliganismo hater empiece a ser contraproducente para el objetivo de Génova de atrapar a los socialistas desencantados con el nuevo socialismo podemizado. La lamina porque no confía en ella y porque prefiere colocar a alguien de su guardia pretoriana, a un dóberman capaz de morderle la pierna a todo aquel que moleste, a un gorila de su clan gallego que le acompañe a todas partes y que siga sus instrucciones al pie de la letra. El nombramiento de Tellado es el síntoma más evidente de la debilidad y el miedo escénico de un Feijóo acomplejado por la figura emergente de Isabel Díaz Ayuso. No quieren que le cuelguen el cartel de derechita cobarde y pone ahí al más salvaje que ha encontrado.

No hay más que echar un vistazo al currículum de Tellado para entender que el muchacho hace lo que le dicen sin rechistar. Es el típico mandado que obedece y punto. Ya han pasado semanas y todavía no se ha disculpado por llamar “matón” a Óscar Puente, el diputado socialista que puso en su sitio a Feijóo diciéndole las verdades del barquero en la fallida sesión de investidura del candidato popular. Horas antes de su intervención, cuando se dirigía a Madrid en un tren AVE, el exalcalde de Valladolid sufrió el ataque intolerable de un macarra ultra, pero donde todo el mundo vio un acoso en toda regla y hasta una agresión, el bueno de Tellado vio a un hombre (Puente) que “no sabe encajar la crítica”. Lo cual quiere decir que, siguiendo esa misma tesis, si el agresor le hubiese soltado un par de guantazos al agredido, el nuevo lugarteniente de Feijóo hubiese interpretado aquello como un intercambio sano de ideas políticas. Esa es la forma de pensar del personaje en cuestión.

Más tarde, el propio Tellado volvió a dejar muestras de lo bajo que es capaz de caer para hacer puntos ante la jefatura cuando, en una rueda de prensa, acusó a Sánchez de ser un peligro para el Estado de derecho y le aconsejó que se metiera en un maletero y se largara de España con viento fresco, como hizo Puigdemont. Qué demócrata de pedigrí, qué lección de fair play, que ejemplo de convivencia, de educación y de civismo. Hoy el personaje dice que, si tiene que retirar el desafortunado chascarrillo o maldad contra el presidente del Gobierno, pues lo retira y no se hable más. El problema es que en política la hemeroteca siempre opera como una sentencia firme y quien resbala en un barro tan sucio queda pringado para siempre.

De modo que este es el invididuo elegido por Feijóo para hacer frente al sanchismo en la convulsa legislatura que acaba de comenzar. ¿Acaso no había alguien con algo más de empaque intelectual, con algo más de talla y preparación que un señor que cuando habla parece el cliente habitual de una taberna de los extrarradios de Madrid? La política española ha ido degradando y sabemos que resulta cada vez más difícil encontrar a un buen orador con sentido común. Pero hasta Borja Sémper se antoja un perfil mucho más adecuado para el cargo, y eso que no somos nosotros muy del vasco, que en los últimos tiempos ha ido perdiendo esa vitola de moderación que presuntamente tenía y hasta ha coqueteado peligrosamente con el trumpismo de nuevo cuño.

Dice Moreno Bonilla (que tras su pacto con el Gobierno central sobre Doñana pretende ir de activista de Greenpeace) que Tellado es el hombre perfecto para afearle las mentiras a Sánchez. Es evidente que en Génova todos se están voxizando a tope, tal es la influencia de Abascal y su banda pospunk sin civilizar. Tellado no es el verbo fino y afilado que necesita el partido en el necesario camino al centro, sino el exabrupto, la incorrección y la grosería personificada. Un error mayúsculo de Feijóo. Eso sí, el agraciado con el cargo promete grandes tardes de humor chusco del malo. Y de crispación.  

Viñeta: Pedro Parrilla

LA EMPANADA PALESTINA DE AYUSO

(Publicado en Diario16 el 28 de noviembre de 2023)

Aquella mañana, Isabel Díaz Ayuso, faro y guía de la intelectualidad trumpizada de nuestros días, se levantó pensando qué le diría a los periodistas sobre la guerra en Gaza y otros grandes problemas de la humanidad a los que, una vez pacificado Madrid y libre del asedio marxista, ya puede dedicarse en cuerpo y alma como la gran estadista del siglo XXI que es. IDA pensó en la bomba que sería volver a identificar a Pedro Sánchez con los yihadistas de Hamás y empezó a darle vueltas al asunto para elaborar un discurso explosivo en su imaginativa cabecita.

¡Eso sí que es una genialidad! –exclamó para sus adentros la lideresa mientras mordía una manzana en su despacho de Sol–, el guaperas sociata como único culpable del sindiós de Palestina, porque alguien que le roba el agua a los madrileños no tiene perdón de Dios ni de Javé y ha de ser necesariamente un terrorista, uno más de esa banda de barbudos sin duchar que quieren acabar con la libertad, uno de esos piojosos malolientes llenos de greñas que son como los ecologistas o algo peor, como Moreno Bonilla, que ya se comporta como un rojo woke de Greenpeace y cualquier día se nos pone un pañuelo palestino al cuello, quién nos lo iba a decir, el bueno de Juanma pactando la paz en Doñana con la podemita de Ribera, con lo modosito y de misa de doce que parecía él, qué se habrá creído ese señorito andaluz, y sin llamarme para consultar antes de dar el paso de enterrar el hacha de guerra con Moncloa, y mira que le dije que lo viera antes conmigo, que aquí la jefa in pectore del partido, la que marca pensamiento ideológico y línea editorial dura, soy yo, pero no, este Juanma quiere postularse al trono de Génova, igual que servidora, pues lo tiene claro, después de la tunda que Sánchez le dio a Feijóo en la sesión de investidura o yo o el caos, el gallego ya está amortizado, es cuestión de tiempo que se coja la maleta y se vuelva para Orense, pero eso vendrá después, primero a ver qué le digo yo a la prensa sobre Gaza, tema complicado, tema complejo, tema chungo, cien años de guerra y ahí siguen judíos y musulmanes dándose matarile, no hay quien entienda ese follón, ni el amado líder Trump pudo resolver semejante gallinero, pero digo yo que todo es probarse, no descarto robarle el Falcon al indepe del PSOE y plantarme en la Franja como quien no quiere la cosa, ¿que en calidad de qué?, pues de embajadora de buena voluntad de los refugiados de Cañada Real (en plan Angelina Jolie de Chamberí), de emisaria del papa, de delegada de la internacional sionista ultraliberal, qué más da eso, aunque la verdad, me he leído varios libros sobre Palestina y no he entendido ni jota, para mí que lo más rápido y eficaz para arañar votos será poner a Sánchez de yihadista para arriba, sí, claro, eso es, Sánchez es el culpable de la guerra, seguro que hace dos mil años ya había un tatarabuelo del felón pululando por Tierra Santa, un Sánchez que andaba por ahí, por Jerusalén o por Belén liándola parda, me apuesto una entrada para la función de Nacho Cano de esta noche que fue un antepasado del Perro Sanxe quien indultó a Barrabás, está cachas el rojazo socialista, recio como un fornido guerrillero del Estado Islámico, y con la túnica de beduino a camello tiene que ser clavadito a Rodolfo Valentino, Sánchez el caíd y los cuarenta ladrones que han vendido España a Puigdemont, todos estos de Hamás son como los de Bildu solo que con turbante en vez de txapela, todo es lo mismo y funciona de la misma manera, aquí al lado en Vallecas y en Palestina, en Cataluña y en la China comunista, los rojos, los rojos, ¿por qué no se quedarán quietos los rojos?, con lo bonita que estaba España cuando Franco, ya lo dicen mis muchachos de los CDR ayusistas que quieren pegarle fuego a Ferraz, “alirote, alirote, maricón socialista el que no bote”, y qué razón tienen, que te vote Txapote, coño, este tío arrogante quiere quitarnos el agua, pero para eso estoy yo aquí, para exigir el trasvase del Tajo, del Júcar, del río Jordán si es necesario, yo qué sé, esto de los recursos hídricos lo lleva mi consejera de Vox, ya hablaré yo con Florentino, que te levanta un acueducto Mar Rojo–Chinchón en un pispás, aunque para marrón de Sánchez el de los saharauis, le preguntaré a Margallo, que es el listo del partido, dónde queda eso, y me daré un garbeo por allí para promover el antisanchismo, pero cómo está España, oyes, en Cataluña asfixiados con la sequía y las restricciones, eso es culpa de la amnistía y de Junqueras, no hay duda, todo el día hablando de la República cuando tienen a la gente con el gaznate más seco que la caja de los impuestos madrileños, estos indepes es que son unos chiitas peligrosos, me gusta la fruta, me gusta la fruta, tengo que decirle a la prensa y a García-Castellón que veo conexiones de Tsunami Democràtic con Hamás, de ETA con Hezbolá, de Moncloa con los ayatolás iraníes, Venezuela y Corea del Norte (a Escrivá se le está poniendo una cara de Kim Jong-un que tira para atrás), ¡toma lawfare!, si es que soy supergenial, qué fácil y amena es la política internacional, es cuestión de ir atando cabos, especulando y lanzando teorías, que el pueblo se lo traga todo, vaya si se lo traga, para muestra yo misma, que voy de doctora honoris causa y no he salido de la cuenta de Twitter del Perro Pecas, me mola la fruta y la diplomacia, desde luego mucho más diver que un Pleno cara a cara con el aburrido de Lobato o la pelmaza de la García, menos mal que se han llevado al ministerio a esa pesada, otra de Hamás, como la Belarra, malditos bolcheviques, unos terroristas que quieren rendir a los madrileños por sed, como Netanyahu a los gazatíes, buena metáfora trumpista, nena, Sánchez, el Netanyahu español, me la apunto para soltar la burrada mañana mismo en la Asamblea, ¿pero qué dices, Isa?, si el Benjamin es el capo del PP judío, no de Hamás, vaya lío con la geoestrategia árabe, creo que iré a tomarme una cañita por la libertad, que esto de ir en plan estadista por el mundo le pone a una la cabeza loca, un caos mental que no es normal… Por cierto, ¿Cisjordania está en Palestina o en Israel? Se lo preguntaré al empollón de Margallo, que lo sabe todo.  

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA PINZA

(Publicado en Diario16 el 27 de noviembre de 2023)

Podemos le ha declarado la guerra a Yolanda Díaz y, por defecto (más bien por exceso), a Pedro Sánchez. De esta manera, los morados rompen la unidad de acción de la izquierda y anuncian que irán por libre esta legislatura. ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente que habrá no pocas leyes emanadas del Gobierno de coalición progresista que Podemos votará en contra, coincidiendo con el Partido Popular y, lo que es todavía más trágico, con Vox. Esta situación recuerda en buena medida aquella célebre pinza que, tramada entre Aznar y Anguita, logró acabar con Felipe González allá por los noventa. Recuérdese cómo el entonces líder de Izquierda Unida se terminó distanciando del PSOE por las políticas neoliberales de Moncloa y cómo el pacto se fraguó en una famosa cena/conjura en casa del periodista Pedro J. Ramírez en la que tomaron parte el Califa y el hombre de las armas de destrucción masiva.

Entre otras cosas, el giro estratégico de IU permitió gobernar al PP en Asturias (un hecho que conmocionó a la cuna del socialismo español), y también en decenas de ayuntamientos donde hasta ese momento había mayoría de izquierdas. Lo que vino después, los titulares explosivos de El Mundo, la ofensiva judicial de Baltasar Garzón, la caída del emperador Isidoro, en definitiva, el final del PSOE felipista, forma ya parte de la historia.   

La gran pregunta ahora es si Podemos está pensando reeditar aquella famosa pinza que tanto rédito político dio a la derechona de este país. Hay datos suficientes que nos llevan a pensar que el rencor fratricida de la actual directiva de Podemos (o lo que queda de ese partido), va a arrastrarles hacia esa misma deriva que sería aún más bochornosa y esperpéntica que la manera en que Irene Montero e Ione Belarra han salido del Gobierno de coalición. En política hay una máxima fundamental, y es que el dirigente o gobernante tiene que saber estar, pero también tiene que saber irse, una idea que se repite hoy desde diversos ámbitos de la izquierda, como un clamor, mientras las dos polémicas exministras parecen hacer oídos sordos.

Cualquiera con un mínimo de juicio vio venir que lo de Podemos y Sumar no podía terminar bien. Cuando Pablo Iglesias colocó a Yolanda Díaz como la persona ideal para liderar el proyecto político de Unidas Podemos, y también como su sucesora en la vicepresidencia segunda del Gobierno, todo ello a dedazo, creyó erróneamente que la ministra de Trabajo sería una mujer dócil, maleable, la marioneta perfecta para que él pudiera seguir hablando a través de ella como un maquiavélico ventrílocuo. Sin embargo, pronto se comprobó que la tenaz abogada laboralista no era quien él creía que era y que, sin duda, le iba a salir rana. Así fue. Cuando Díaz dio el paso trascendental de fundar una plataforma de amplio espectro y transversal capaz de aglutinar a la izquierda a la izquierda del PSOE (Sumar), Iglesias, que siempre se ha creído un genio de la estrategia política, vio claramente que había cometido un grave error de bulto. Él, que presume de ser un feminista integral, no pudo soportar que una mujer independiente rompiese con la disciplina del macho alfa para iniciar un nuevo proyecto lejos ya del pasado decadente podemita.

Las elecciones autonómicas y municipales de mayo supusieron la constatación fehaciente de que Podemos había terminado en el vertedero de la historia. La debacle fue tal que hasta desapareció del mapa en Madrid, el lugar mítico fundacional del partido con aquellas gloriosas asambleas de Vistalegre en las que todos cantaban La Internacional puño en alto. Fue tan monumental la hecatombe que Pedro Sánchez tembló al presentir con estupor que su puesto peligraba tras haberse partido en dos la muleta morada, así que decidió convocar elecciones generales cuanto antes. Aquel fue el momento decisivo, el punto álgido de toda esta historia en el que Podemos tendría que haber acometido la necesaria autocrítica, concluir que el hundimiento era inevitable y hacer las maletas para que sus dirigentes pudieran retornar a sus lugares natales de origen, o sea la universidad, el cómodo funcionariado o el asociacionismo ciudadano donde cumplen, no hay que negarlo, un papel fundamental en la lucha social, laboral, cívica y de todo tipo. Lejos de aceptar la realidad, lejos de asumir que su tiempo había pasado, en Podemos decidieron hacerse negacionistas de lo suyo, atrincherarse, rechazar la evidencia y seguir buscando enemigos equivocados. A día de hoy, todavía no han entendido que la amenaza no son Díaz y Sánchez, sino la extrema derecha que retorna con fuerza y con más violencia que nunca, como se ha podido comprobar en los últimos días de feroz asedio a Ferraz.

El mundo podemita, tan leído y formado, ha debido saltarse ese capítulo de nuestra historia en el que la Guerra Civil se perdió por cosas como el cainismo de la izquierda, las luchas partidistas entre socialistas, comunistas y anarquistas, la cruenta fragmentación, la mediocridad de quienes no supieron estar a la altura de los acontecimientos y, en definitiva, la ambición de poder de algunos personajes de aquella época que se parecen demasiado a los de hoy.

Díaz ha demostrado generosidad tratando de integrar en sus listas a lo poco potable que queda ya de Podemos. En realidad, la vicepresidenta no tenía ninguna obligación de hacerlo, ya que ese partido hace mucho que es una rémora, un lastre para cualquier líder que pretenda iniciar un proyecto político nuevo capaz de seducir al electorado progresista desencantado. Pero se ha encontrado con la egolatría, el infantilismo y la pataleta infantil de dos mujeres como Moreno y Belarra incapaces de asumir que su tiempo quedó atrás. Lejos de aceptar la realidad, las podemitas defenestradas anuncian más guerra, más sangre, más navajazos traperos para terminar de acabar con la maltrecha izquierda española. Ni un ápice de grandeza. Esta nueva pinza promete clavarse en el sanchismo hasta el hueso. Abascal se frota las manos. 

Viñeta: Iñaki y Frenchy

SAINETE EN BRUSELAS

(Publicado en Diario16 el 24 de noviembre de 2023)

Han pasado ya varios días y todavía resuena el discurso entre apocalíptico y cursi de Dolors Montserrat en el Parlamento Europeo. La portavoz popular en la Eurocámara (recordemos su cargo porque en Génova la tienen aparcada en el cementerio de Bruselas y ya nadie se acuerda de ella) hizo un encendido alegato contra la amnistía que Sánchez prepara para los encausados del procés en la mejor tradición de la poesía nacionalista romántica rebosante de decimonónico Sturm und Drang (tormenta e ímpetu, para quienes no cursaron estudios en la EGB). Su discurso “Escucha Europa” –una inflamada y mala copia de la Oda a Espanya del poeta Joan Maragall–, con el que la eurodiputada popular pretendía despertar la conciencia mundial ante el supuesto golpe de Estado y la instauración de una dictadura sanchista en nuestro país, no surtió el efecto que ella deseaba. Bastaba con ver la gran cantidad de escaños vacíos para entender que esa performance propagandística puesta en marcha por las derechas ibéricas no le interesaba a nadie. La función teatral, el sainetillo, la zarzuela española de gira por Bruselas, no tuvo éxito en taquilla.

Hasta el Comisario de Justicia, Didier Reynders, el gran valedor del supuesto movimiento contra el bolivarianismo socialista impulsado por el PP, se tomó la sesión como un trámite rutinario y le puso poco énfasis e ilusión a la cosa. El preboste europeo se limitó a decir que la amnistía “sigue siendo una cuestión interna de España”, aunque estudiará la ley de cerca, una afirmación que, sin duda, dejó fría a la parroquia popular y ultra. Entendida en su auténtica dimensión y leyendo entre líneas, la declaración de Reynders viene a decir algo así como dejen ya de molestarme con esta matraca de la amnistía, que tengo otros problemas más urgentes en la agenda y España no es el ombligo del mundo, tal como ustedes creen.

En el PP, y también en Vox, han entrado en una fase delirante en la que han terminado por creerse sus propias mentiras, entre ellas que aquí se ha producido un gravísimo golpe de Estado. Es esa especie de fiebre que asalta a la derecha española carpetovetónica, taurina y montaraz cada cuarenta años desde los tiempos de Fernando VII, pero que los conservadores europeos no terminan de entender muy bien. Los civilizados políticos del viejo continente, mucho más templados y racionales, no tan viscerales ni exaltados, se preocupan cuando Feijóo y Abascal les llegan angustiados e histéricos con noticias alarmantes de la Península Ibérica. Sin embargo, cuando conectan el televisor para ver qué dice la CNN (estos ven la CNN, no El cascabel al gato de Trece TV) y comprueban que no hay tanques ni militares desfilando por Madrid, que los españoles siguen con sus vidas como siempre –unos en sus trabajos con normalidad, otros paseando al perro tranquilamente o solazándose en las terrazas de la libertad de Ayuso–, se rascan el cogote, se miran sorprendidos unos a otros y se preguntan: ¿pero dónde demonios está ese golpe de Estado del que nos hablan? Entonces sopesan si lo que está ocurriendo en nuestro país es tan grave como para levantar el teléfono, alertar a Washington y movilizar a la OTAN con el fin de que defienda la democracia en España. Y concluyen que, de momento, no hay necesidad de meterse en ese berenjenal por una tontería.

Partido Popular y Vox están instalados en una realidad paralela. A fuerza de forzar la construcción del mito del malvado dictador Sánchez, han terminado por tragarse su propia fábula. El problema es que mientras ellos viven en la España del 36, con falangistas destrozando las casas del pueblo, con mucho odio al demonio republicano y pidiendo a gritos que intervenga el Ejército cuanto antes para restaurar el orden y la ley, más allá de los Pirineos no les compran la absurda película distópica y entienden que no es para tanto.

A esta hora, ya se puede decir que el esperpento montado en la Eurocámara por los patriotas hispanos (tiene bemoles llamar patriota a alguien que va por ahí fuera deformando la imagen de su país por un puñado de votos) ha fracasado estrepitosamente. A buen seguro, lo que quedará después de la batalla fallida de Bruselas será una nueva pataleta de las derechas gamberras trumpizadas, que ya han empezado a cuestionar la legitimidad de las instituciones europeas, tal como hacen cuando pierden unas elecciones en España. Esta gente no tiene remedio y si no les dan la razón hacen trizas la baraja, ya sea la Constitución o el Tratado de Roma.

El PP está cayendo en un ridículo espantoso a nivel mundial. Su intento de internacionalizar su causa no es más que un nuevo “procés” solo que a la inversa. Mientras que Carles Puigdemont y los suyos buscaban independizarse de España, ellos, por este camino asilvestrado que solo conduce a la extrema derecha, van a terminar por separarse de la democracia. De hecho, el sobreactuado discurso que la poetisa Dolors soltó en el vacío hemiciclo europeo apenas pudo distinguirse del que presentó Vox. En su intervención, Jorge Buxadé se quejó amargamente de que en Bruselas “prima la ideología por encima del derecho, prima la ideología por encima de la norma”. Y recordó que en su grupo parlamentario (lo mejor de cada casa en cuestión de movimientos xenófobos y machistas) están cansados de invocar “la aplicación del tratado que se incumple permanentemente”. El mismo mensaje antisistema, rupturista y euroescéptico que mantuvo el Partido Popular Europeo cuando llegó a acusar a la UE de “partidista” y de hacer “campaña por Sánchez” con el tema de Doñana. Puede que aquí, en nuestro país, el franquismo esté al alza en las urnas y en las calles del Madrid ayusista. Pero en Europa nadie siente esa extraña admiración por un dictador (este sí de los de verdad) que está muerto y enterrado desde el siglo pasado.

Viñeta: Iñaki y Frenchy