domingo, 12 de septiembre de 2021

ZAPATA Y PELETEIRO

(Publicado en Diario16 el 2 de agosto de 2021)

La madre de Ray Zapata, el flamante medallista en gimnasia artística, tuvo que salir de República Dominicana, con sus tres hijos a cuestas, en busca de un futuro mejor. El deporte los ha salvado de un desahucio seguro. Ana Peleteiro tampoco lo tuvo fácil en la vida. “Mi sangre es africana y estoy orgullosa de ella”, llegó a decir en una entrevista. Son solo dos casos de atletas españoles que están triunfando en estos Juegos de Tokio. Deportistas con la piel tostada, mezclados, multiculturales, héroes olímpicos que están muy lejos del fenotipo de sangre pura que proclama la extrema derecha rampante.

Los países ricos llevan décadas cosechando triunfos gracias a la integración de los inmigrantes. Jesse Owens abrió el camino a los negros en los Juegos de Berlín 1936, donde con sus cuatro medallas de oro provocó la furia de Hitler.​ Uno de los grandes misterios de la historia es averiguar si el Führer le negó el saludo al huracán de Alabama por no ser blanco. El atleta siempre desmintió que hubiese existido tal desprecio, pero jamás salió a la luz esa supuesta fotografía en la que el monstruo nazi aparece estrechando la mano del gran mito de la velocidad. Se sabe, eso sí, que Albert Speer, ministro de Armamento del Tercer Reich, escribió que Hitler estaba muy molesto con la participación de Owens en las competiciones olímpicas porque “cualquiera que tuviese ancestros procedentes de la jungla era un salvaje; su constitución física era mucho más fuerte que la de los blancos y por ello deberían haber sido excluidos de los juegos”. Un tipo que piensa así solo vive para gasear a todo aquel que no sea ario de pura cepa.

Hoy los atletas negros baten todos los récords e imponen su supremacía biológica en la mayoría de las pruebas de atletismo. En las carreras de fondo no hay color, nunca mejor dicho. Los deportistas etíopes, keniatas y ugandeses de pómulos marcados y piernas duras y fibrosas como finos alambres llegan a la meta con una sonrisa fresca en la boca mientras los blancos atraviesan la línea final a rastras y echando espuma por la boca. Vencen con comodidad sencillamente porque son más resistentes, porque tienen más talento y porque en umbral y capacidad de sufrimiento superan con creces a los occidentales. La injusticia los ha golpeado con fuerza en la vida. Muchos corredores africanos son tan pobres que ni siquiera pueden comprarse unas zapatillas deportivas para entrenar en condiciones. Compiten para sobrevivir, para destacar en medio del hormiguero africano, para no terminar sucumbiendo en ciudades como montañas de basura y chabolas apelmazadas donde se hacinan millones de condenados al infierno del hambre, el sida y el coronavirus. Para los europeos el deporte es un entretenimiento, para ellos es la plena salvación. O como dijo Samuel Eto’o, corren como negros para vivir como blancos.

No hay más que echar un vistazo al medallero de Tokio para comprobar que el árbol genealógico de las grandes estirpes olímpicas hunde sus raíces en la madre África. Estados Unidos presume de negros cada cuatro años, aunque luego los acribillan a balazos en Misisipi y otros estados sureños controlados por el Ku Klux Klan. Francia, por su parte, conoció un exitoso despegue deportivo cuando integró a la inmigración en sus equipos (la laureada selección de fútbol compuesta básicamente por hijos de inmigrantes es el mejor ejemplo) y desde entonces el viejo lema revolucionario liberté, égalité, fraternité es algo más que un topicazo de la historia.

Obviamente, el triunfo apabullante de los atletas de color no solo tiene que ver con la defensa de la democracia y los derechos humanos. En los países avanzados se invierte diez veces más en becas para jóvenes promesas que en España, donde a menudo nuestras estrellas tienen que costearse de su propio bolsillo el material, los viajes y otros gastos necesarios. Aquí es normal que el piragüista se compre la piragua, el marinero la vela y el pertiguista la pértiga. El Estado español no pone ni las pelotas de ping-pong y ese es uno de nuestros grandes males y fracasos como sociedad porque detrás de cada exitosa carrera, detrás de cada medalla, no solo hay una bella filosofía política multicultural, sino dinero contante y sonante para hacerla realidad.

En este país hemos empezado tarde a integrar a los hijos de la inmigración en nuestros planes deportivos. Una vez más, vamos con décadas de retraso. Zapata y Peleteiro son solo los pioneros de una hermosa aventura que no tiene vuelta atrás por mucho que la extrema derecha trate de colocar el discurso de que los extranjeros solo traen miseria, paro, desórdenes públicos y conflictos sociales. Tal afirmación es la que alimenta el concepto de “batalla cultural”, un término estúpido que Vox repite machaconamente y hasta la saciedad. Nunca una idea fue tan perversamente falsa. El contacto entre culturas enriquece, el mestizaje mejora la especie. La combinación étnica nos hace grandes a todos. Es la forma de avanzar, de superar los prejuicios y fanatismos, de dejar atrás el odio y la guerra. Es precisamente el aislamiento, el miedo a no contaminar la sangre, la autarquía franquista a la que pretenden retornar algunos, la que no trae más que endogamia, atraso y decadencia. El mundo del futuro será diverso y mestizo o no será, y aquel país que se encierre en sí mismo está condenado irremediablemente a la enfermedad genética, al subdesarrollismo económico y al pudrimiento sanguíneo.

En cierta ocasión, cuando repostaba en una gasolinera, a Ana Peleteiro le gritaron eso de “negra de mierda, vete a tu país”. Aquel energúmeno no sabía que ella es tan española como cualquier otro, ya que nació en un pueblo coruñés. Su madre biológica es gallega, su padre africano, y de esa mezcla gloriosa ha nacido una estrella del deporte, por mucho que escueza entre los trogloditas del mundo ultra. “Cuando ven a un negro con un blanco está todo bien, pero si son dos negros es que van a robar”, se lamenta nuestra joven olímpica.

Jane Elliot, la educadora judía que se hizo mundialmente famosa por su método de enseñanza contra el racismo conocido como Ojos azules/ojos marrones, dice en una entrevista: “El racismo es producto de la ignorancia. No hay cinco razas hay una sola raza: la especie humana. Y no existen diferencias. Es absurdo sentirse superior solo por el pigmento de la piel. No hay ningún gen de la intolerancia. No se nace racista, se aprende a serlo. Odiamos porque nos enseñaron a odiar. Mi labor como educadora es enseñar a desaprender”. A más de uno le habrá dolido en lo más profundo de su alma patriótica que nuestros zapatas y peleteiros suban al podio, entre coronas de laureles y ramos de flores, para hacer grande el noble ideal de la igualdad racial. Una vez más, Owens ha derrotado a Hitler.

Viñeta: Becs

DELIVEROO

(Publicado en Diario16 el 31 de julio de 2021)

Deliveroo, la plataforma de reparto de comida a domicilio, planea irse de España. Pues que cierren la puerta al salir y buen viaje, como dice Íñigo Errejón. Hablamos de una empresa que durante años se ha estado dedicando a explotar a los riders o repartidores a base de bajos salarios, jornadas maratonianas, emprendedores autónomos y contratos minijobs, en fin, toda la neolengua que se ha inventado el nuevo capitalismo caníbal para devorar a las clases obreras.

Deliveroo fue fundada en Londres (2013) por Will Shu y Greg Orlowski, dos de esos nuevos ricos de la globalización que cualquier día dan el salto al espacio, como Jeff Bezos, para llevar comida rápida a los astronautas de la MIR. Desde entonces la firma no ha parado de crecer a costa de la picaresca fiscal y la explotación de sus trabajadores. En 2016, los repartidores de la City se plantaron, dijeron basta ya a las prácticas bucaneras de Deliveroo y fueron a la huelga, recordando a aquellos rompedores de máquinas que en el siglo XIX se rebelaron contra el sistema opresor, destrozaron los telares a martillazos y formaron los primeros trade-unions o sindicatos.

Hace ahora cuatro años, los riders españoles siguieron los pasos de sus compañeros ingleses para denunciar sus deplorables condiciones laborales ante la Inspección de Trabajo. Para entonces, la empresa facturaba la friolera de 536 millones de euros. Engañados como autónomos, los trabajadores de la compañía llegaron a ser sometidos a una situación de cuasiesclavismo y el Gobierno de coalición se vio obligado a intervenir para regularizar un sector que había caído en manos de auténticos cuatreros, depravados o capataces laborales. Por si fuera poco, hace solo unos meses el Tribunal Supremo confirmaba en sentencia firme que los riders de Deliveroo, miles de repartidores de todas las edades que tratan de sobrevivir a golpe de pedal en el potro de tortura de la bicicleta, eran falsos autónomos contratados en condiciones de fraude de ley. El Alto Tribunal rechazó el recurso presentado por la corporación anglosajona y zanjó la cuestión al interpretar que sus empleados no pueden ser otra cosa que asalariados, es decir, trabajadores por cuenta ajena.

Hoy, los gerentes de Deliveroo deciden largarse de España al considerar que nuestra legislación es hostil y daña sus intereses económicos, aunque más bien parece que detrás de la decisión está el fracaso de una estrategia empresarial, la crisis del sector tras la pandemia y la escasa rentabilidad del negocio. Estos pajarracos de mal agüero deben ser como especies invasoras que cuando esquilman un territorio y acaban con el alimento buscan otras latitudes más fértiles donde continuar con la rapiña. Estamos mejor sin ellos.

Hablamos de un capital extranjero evanescente que hoy está aquí y mañana allí, en función de donde haya más mano de obra necesitada y desesperada (esclavos habría que decir más bien). No nos interesa por varias razones: primero porque estas empresas no arraigan ni generan riqueza o economía productiva; segundo porque destruyen el tejido laboral y los derechos del proletariado; y tercero porque acaban siendo pan para hoy y hambre para mañana.

Las multinacionales forasteras deben ser bienvenidas en España siempre que cumplan con la legislación laboral y los derechos humanos. Compañías como Ford, IBM, Bayer o Airbus llevan años trabajando en nuestro país y generando empleo de calidad, por no hablar del plus tecnológico que aportan, imprescindible en el avance, la innovación y el desarrollo de la sociedad. El ejército de sudorosos condenados a las galeras pedaleantes que reparten comida día y noche, hasta caer rendidos por la lipotimia o el agotamiento, poco o nada tiene que ver con la potente iniciativa extranjera que España necesita para su crecimiento industrial. Por no hablar de la calidad de la comida que se reparte a menudo, la pizza recalentada, la bollería industrial rica en colesterol, la hamburguesa letal y el pescado asiático con sorpresa, mayormente el anisakis. Todo ese mercado clandestino y caótico es un sindiós alimentario que enferma el país y que habrá que regular algún día, tal como predice el ministro Garzón.

Deliveroo y otras firmas que trabajan con estilos parecidos son la avanzadilla de ese nuevo cibercapitalismo o capitalismo tecnológico que se abre paso en todo el mundo. Empresas humo, castillos en la nube, economías virtuales, fantasmagóricos monstruos empresariales con pies de barro cuyo único objetivo es hacer caja sin generar tejido industrial y a costa de la artrosis de sus repartidores. La flotilla corsaria de Deliveroo, con todos sus esforzados remeros de la bici y corredores del Tour del pluriempleo, no podía seguir atropellando ciclistas, laboralmente hablando, ni un minuto más. Si quieren largarse que se larguen. Si desean emigrar a otro país en busca de su habitual vampirismo de la materia prima (la desesperación de miles de personas que da pedales sin descanso para no morir de hambre) que lo hagan. Y si deciden venderle a los chinos su franquicia de explotación y miseria humana por nosotros que no quede.

Ayer, Pablo Echenique ponía las cosas en su sitio al aclarar que Deliveroo se va del país porque no le gusta la Ley Riders que ilegaliza “explotar españoles”, mientras que el propio Errejón destacaba el modelo “estafador” de la compañía. Mientras tanto, los sindicatos ya le han enviado un mensaje claro y rotundo a estos mayorales sin escrúpulos: existen otras plataformas de reparto de comida que son rentables económicamente y cumplen con la legislación laboral como todo hijo de vecino. Así que ya pueden arriar la bandera negra del liberalismo corsario, cerrar sus flotillas, sucursales y hangares fraudulentos (contratos precarios de un mes de duración, ETT, 20 horas semanales, ingresos máximos de 500 euros y altruista aportación del vehículo y el combustible por parte del trabajador) y largarse con viento fresco.

Muchos de los 4.000 empleados afectados no están de acuerdo con la ley del Gobierno y ya preparan movilizaciones con el argumento de que todo se ha hecho a espaldas de los trabajadores. Es una reacción normal y están en su perfecto derecho. El hambre aprieta, el miedo es libre y ningún necesitado víctima de la crisis poscovid está para filosofías marxistas sobre la alienación del obrero y la justicia social. Cada cual elige como quiere vivir y como quiere morir. Pero que quede claro que pocas normativas más justas y éticas que la Ley Rider saldrán de nuestro bendito Parlamento. Así que bon voyage, señor Deliveroo. Y que usted lo estafe bien.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

BASURA KITCHEN

(Publicado en Diario16 el 30 de julio de 2021)

El juez García Castellón ha dejado el caso Kitchen en nada. Es cierto que prosigue la investigación contra el ex ministro de Interior Jorge Fernández Díaz y su cúpula policial (diez altos cargos implicados en el espionaje al tesorero Bárcenas para eliminar pruebas sobre la contabilidad B del partido) pero las piezas mayores, Mariano Rajoy y Dolores de Cospedal, se van de rositas. El magistrado de la Audiencia Nacional considera acreditado que todos los involucrados, “de común acuerdo y con conocimiento de la ilicitud de los hechos que estaban llevando a cabo”, pusieron en marcha la operación Kitchen, lo que sería constitutivo de graves delitos.

Así que todo el marrón, por decirlo de una manera rápida, se lo come Fernández Díaz, a quien el juez instructor sitúa en la cúspide del intrincado mecano delictivo. Sin embargo, algo tan grande, algo tan monstruosa y sórdidamente estructurado, no puede ser obra de un solo hombre. No tiene ningún sentido que un perfecto burócrata que no mueve un papel sin que se lo digan sus superiores tomara la decisión, por su cuenta y riesgo, de organizar semejante pastel. ¿Qué ganaba Fernández Díaz metiéndose en ese berenjenal? Nada. De ahí no sacaría ni más dinero, ni más poder, ni más reputación profesional. Al contrario, era un paso suicida que podría salirle mal, como así ha ocurrido finalmente.

Pero ese es el relato que construye el juez García Castellón. Una trama en la que un ministro meapilas y temeroso de Dios decide convertirse en un maquiavélico Nixon de la vida para orquestar operaciones de espionaje, mover ingentes cantidades en fondos reservados, coordinar sicarios y mercenarios de grupos parapoliciales, ordenar seguimientos ilegales a personas, planear registros domiciliarios, activar extorsiones y montajes con falsos curas y consumar otras trapacerías. Ese siniestro dispositivo no puede ser obra del ministro chupacirios, entre otras cosas porque el gran beneficiado de la persecución orquestada contra Bárcenas no era él sino otros que estaban por encima.

Mariano Rajoy y Dolores de Cospedal, máximos responsables del PP y del Gobierno en aquellos años, ni siquiera se sentarán en el banquillo para que puedan ser interrogados por las partes, un hecho sorprendente cuando estamos hablando de delitos de Estado, de cloacas, de graves crímenes organizados. Una vez más, al igual que ocurrió con los GAL, nos encontramos con una equis poderosa que se interpone como un muro entre la Justicia española y la verdad. Esa equis sin despejar, esa equis que es una renuncia en la casilla a la hora de llegar al fondo de los asuntos de corrupción, está pasando factura, desde hace décadas, a nuestra debilitada y maltrecha democracia. Son ya demasiados carpetazos prematuros y tomaduras de pelo al pueblo español.

La decisión de García Castellón de echar tierra encima a este complot sorprende todavía más si tenemos en cuenta que la Fiscalía Anticorrupción estaba por la labor de tirar de la manta hasta sus últimas consecuencias. En el Ministerio Público consideran que existen indicios suficientes como para concluir que la Kitchen fue organizada por el Partido Popular desde sus más altos despachos. Ahí están las vergonzantes grabaciones del comisario Villarejo en sus reuniones secretas con De Cospedal. ¿Qué más prueba que esa necesita un juez para sospechar que todo esto parte de Génova 13 y no de una simple comisaría de barrio?

Por lo que respecta a Rajoy, García Castellón lo exonera de un plumazo con un juicio subjetivo al asegurar que “ninguna diligencia permite sostener que el señor Villarejo tuviera comunicación directa con ningún presidente o primer ministro”. Con la venia señor juez, no estamos de acuerdo. Su obligación es pedir todas las pruebas pertinentes, analizar hasta el último fleco, molestar a unos y a otros, escarbar bien hondo en el affaire. Recuérdese que en su día el singular comisario declaró ante el magistrado que alguien le dio un número de teléfono de Rajoy porque el entonces presidente no se fiaba de la información que le llegaba del Ministerio de Interior sobre el espionaje a Bárcenas y quería contar con un canal de comunicación mucho más directo.

Para probar que era verdad lo que decía, Villarejo puso en manos del juez hasta cinco números de teléfono de los que al menos uno correspondería al antiguo inquilino de La Moncloa, según el excomisario. Esa pista ni siquiera ha sido investigada pese a que lo solicitaba la Fiscalía Anticorrupción, interesada en identificar a la persona del PP que usaba ese misterioso contacto telefónico. “Se trata de una diligencia impertinente, en cuanto que no guarda conexión con el objeto del presente procedimiento”, zanja la cuestión el magistrado. Es decir, la prueba de cargo más importante en miles de folios de instrucción, la clave para averiguar si entre Rajoy y Villarejo había hilo directo, y se lo ventila su señoría como quien se toma un café. Así las cosas, nunca podremos saber si el líder gallego le pedía novedades al comisario, personalmente, sobre el desarrollo de la operación Kitchen. Sencillamente escandaloso.

Hoy, el periodista Ignacio Escolar escribe al respecto de este escabroso sumario: “García Castellón lleva 38 años en la carrera judicial. De ellos, casi la mitad –17 años– los ha pasado en puestos muy bien pagados, en cargos donde fue promocionado por gobiernos del PP. Su primer nombramiento como magistrado de enlace en Francia lo firmó en el BOE Mariano Rajoy Brey. Es el mismo político que hoy duerme más tranquilo tras leer el auto que acaba de firmar García Castellón”. Eso explicaría, según Escolar, por qué el instructor se quita de encima este muerto.

Las partes en el proceso han mostrado su estupor ante la decisión de dar carpetazo a episiodios de tal gravedad. Gloria Pascual, abogada de una de las acusaciones particulares, asegura que el auto del juez les ha producido “enorme sorpresa” y confía en que el recurso en segunda instancia prospere y vuelva a abrirse la causa contra las personas que han sido exoneradas a las primeras de cambio y sin dar explicación alguna.

Todo lo que rodea a la Kitchen apesta. La luz del juzgado se apaga, los taquígrafos se van de vacaciones, la democracia vuelve a sufrir otro zarpazo irreparable. Aquí paz y después gloria. Por lo visto había prisa por acabar con un asunto que se había convertido en una patata caliente para Pablo Casado. Ayer mismo, el Partido Popular comunicaba que Fernández Díaz ha sido suspendido provisionalmente de militancia tras conocerse su procesamiento. Queda perfecto y muy típico el exministro anodino y gris en el papel de cabeza de turco comemarrones. Ahora bien, ¿será tan leal y obediente como para callarse todo lo que sabe y apechugar él solito con todo esto? Porque una cosa es ser patriota y otra ser tonto.

Viñeta: Pedro Parrilla

EL RAMBO ESPAÑOL

(Publicado en Diario16 el 30 de julio de 2021)

Gibraltar ha dictado orden de busca y captura contra Javier Ortega Smith por robar un bloque de hormigón en aguas británicas del Peñón en junio de 2014. Es justo lo que le faltaba al belicista abogado y secretario general de Vox, que la Pérfida Albion lo pusiera en la diana para que termine de creerse su papel de heroico soldado español dispuesto a darlo todo por la patria. Ahora sí que no habrá quien lo aguante cuando se ponga a contar batallitas en los recesos entre juicio y juicio en el Supremo.

El problema de Ortega Smith es que se ha metido tanto en su rol de boina verde que se lo ha terminado creyendo y cualquier día va a tener un disgusto con sus maniobras militares en solitario en la frontera gibraltareña. La hoja de servicios del soldado Smith empieza a ser tan nutrida como esperpéntica y digna de una película de Berlanga. Aquella misión en la que arrancó con sus propias manos parte del arrecife artificial (llamemos así a lo que no es más que un pedrusco de cemento que “impedía faenar a los pescadores españoles”) lo convirtió en leyenda en los sectores cuarteleros más reaccionarios, donde ya lo han bautizado como El Rambo español.

Hoy el bloque de hormigón sustraído se expone, como trofeo de guerra, en la sede de Vox-Madrid, y se ha convertido en algo así como la Piedra Negra o piedra de Kaaba sobre la que Santiago Abascal pretende construir su gran proyecto ultraderechista. Estremece entrar en las oficinas del partido verde y toparse con esa mole agujereada que Smith arrancó del mar en plan bruto, como una especie de Hércules marino, y que hoy es venerada por las huestes voxistas como la primera reliquia de la santa cruzada nacionalista para reconquistar España y devolvérsela a Franco algún día. Los dirigentes de Vox han colocado la piedra en un lugar preferente, delante de una fotografía del Peñón, y cuando uno se planta ante semejante composición visual no puede dejar de preguntarse si está ante una performance de incomprensible arte abstracto, si las cabezas que han erigido ese museo/santuario rigen con normalidad o si todo forma parte de una gigantesca broma.

El caso es que el recluta Smith es un hombre que cuando lleva a cabo esas incursiones nocturnas y sigilosas en aguas del Peñón –cara embadurnada en betún, apretado traje de neopreno que le oprime a uno las lorzas y cuchillo entre los dientes–, cree que se está jugando la vida realmente. Él se ve a sí mismo como John Wayne en una de sus películas de acción y cuando nada entre las barcazas enemigas de la Royal Navy presiente que esa pueda ser la última misión. Sin embargo, en realidad allí no hay nadie más que los curiosos monos gibraltareños que otean el mar desde la colina, los cormoranes flotando plácidamente sobre las olas y los abnegados pescadores que ni siquiera se fijan en él. A veces aparece un bote con un par de policías locales gibraltareños que hacen la vista gorda, ya que están acostumbrados a la presencia de chiflados que se acercan por allí para gritar aquello de “Gibraltar español”. Si los gendarmes llanitos miran para otro lado ante los contrabandistas de tabaco y hachís, las dos grandes fuentes de ingresos de la colonia británica o cueva de piratas, cómo no van a pasar mucho de un señor que no es peligroso y que se limita a jugar a las batallitas, domingueramente, solo por entretenerse un rato. De ahí que no lo detengan ni se lo tomen en serio.    

El robo del cacho de arrecife no es la única gesta de la que presume Ortega Smith, que a fuerza de misiones suicidas en la frontera sur espera ganarse algún día la Cruz Laureada de San Fernando. Estamos ante un hombre soñador que sin duda confía en que sus proezas y hazañas para defender España lleguen algún día a oídos de quien tiene que llegar en Zarzuela y lo propongan para el Princesa de Asturias. A decir verdad, no hay categoría para estas cosas en el prestigioso certamen asturiano, pero eso no es problema, se crea una modalidad ex profeso para rendir homenaje al héroe y a otra cosa. Premio Princesa de Asturias al Patriota Absurdo del Año, podría llamarse el galardón. Nosotros ahí lo dejamos.

De cualquier forma, el soldado Smith no pierde la fe en que su bravura y altruismo más allá del valor sean recompensados algún día. Y si no, no pasa nada, un héroe está acostumbrado a la gloria del silencio, a la ingratitud de su pueblo y a vivir en el reino del anonimato.

El robo del bloque de hormigón no es la única operación especial en la que ha participado este kamikaze dispuesto a dar hasta la última gota de su sangre por España. Cuatro años después de la Operación Hormigonaco, en 2018, JOS formó parte de un comando de aguerridos compatriotas que desplegaron una bandera rojigualda de 180 metros en una de las laderas del Peñón, una vez más para reivindicar su españolidad. En esta ocasión la compleja misión estuvo a punto de costarle cara y el soldado Smith tuvo que huir a nado, perdiendo el trasero, para evitar caer en manos del enemigo británico.

Obviamente, los ecos de las aventuras del agente especial Ortega han llegado hasta Londres y aunque el sujeto es totalmente inofensivo ha debido tocar la moral de su Majestad la Reina Madre. La maquinaria judicial y militar inglesa (con el Foreign Office, Scotland Yard y hasta los James Bond de turno) ha funcionado en las últimas horas y se ha dictado orden de busca y captura contra Smith, que se enfrenta a una pena de hasta diez años por birlar el trozo de barrera marina. La paciencia tiene un límite hasta para los británicos maestros en la diplomacia, la flema y la pompa y circunstancia.

Tras conocerse la orden judicial que podría apartarlo de su condición de diputado, Ortega se ha mostrado “estupendamente tranquilo” y ha dicho a sus seguidores de las redes sociales que está pensando en sus vacaciones. Nadie se lo cree. Una cabecita como esa no descansa nunca y seguro que anda cavilando la próxima misión, payasada, bufonada o ridículo vergonzante. Ya se está poniendo la pintura de camuflaje en el careto. Qué miedo.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA MOTO DE MARTÍNEZ-ALMEIDA

(Publicado en Dairio16 el 29 de julio de 2021)

El alcalde de Madrid, Martínez-Almeida, quiere que los madrileños se suban a la moto eléctrica para reducir la contaminación y luchar contra el cambio climático. A buenas horas mangas verdes. Media vida negando el problema de la polución y haciéndole la cruzada demagógica a Manuela Carmena para terminar enfundándose la camiseta de Greta Thunberg como si se tratara de la elástica de su querido Aleti. Así son estos chicos del PP. Cuando llegan leyes como el divorcio, el aborto y el matrimonio gay se rasgan las vestiduras, se oponen numantinamente y se encastillan en sus posiciones reaccionarias, pero cuando gobiernan ellos no solo no tumban los necesarios avances sociales, sino que se divorcian, abortan y se casan con sus parejas del mismo sexo a calzón quitado. Ahora toca subirse al movimiento ecologista del que tantas veces se han burlado.

Con su propuesta de motorizar a sus paisanos, Almeida pretende convencernos de que se ha concienciado por fin y de que ha tomado nota del temporal Filomena y de las inundaciones que estos días arrasan Alemania. Todo es puro postureo. Lo que de verdad seduce y atrapa al alcalde es la idea de un Madrid pintoresco y atractivo para el turismo, un Madrid de chulapos, majas y manolos subidos a la Vespa como en los sesenta, que es la edad mítica y nostálgica que toda persona de derechas lleva metida en la cabeza con la idea de que vuelva a hacerse realidad algún día.

Cuando medio mundo se sube a la bicicleta verde y ecologista, cuando cientos de millones de chinos pedalean moviendo el planeta, cuando Macron está ofreciendo 1.500 euros y una bici eléctrica a cada francés a cambio de su coche contaminante de gasolina, va y nos sale el alcalde de Villa y Corte vendiéndonos la moto de la moto. Pero Almeida no engaña a nadie. El primer edil puede ser cualquier cosa menos un ecologista convencido. Ahí está su batalla incansable y sin cuartel en los tribunales para enterrar Madrid Central, el gran proyecto de Carmena que restringía el tráfico rodado en el centro de la capital hasta reducir drásticamente las emisiones tóxicas tan letales para la salud humana como para el clima planetario. Y aún nos duele la mandíbula de tanto reírnos al recordar aquel célebre debate televisado que mantuvo con un grupo de escolares en el que una niña le preguntó qué rescataría antes en caso de desastre, la catedral de Notre Dame o el Amazonas. El primer edil popular se metió en un charco mayor al responder que antes apostaría por invertir en el célebre templo parisino que en la selva tropical hoy tambaleante por un voraz incendio. “¿Pero por qué, si el Amazonas es el pulmón del mundo y tiene muchos árboles y muchas plantas?”, le preguntó incrédula y en su bendita inocencia una de las pequeñas alumnas. En ese momento al alcalde se le nubló la vista, se le enrojecieron las mejillas, se le puso cara de póker y para salir del atolladero en el que le había metido aquella chiquilla con un sentido común demoledor y una lógica aplastante solo se le ocurrió decir: “Sí, el Amazonas es el pulmón del mundo y tiene muchos árboles, pero la catedral de Notre Dame es un símbolo de Europa y de las mejores cosas que nos han pasado en España está haber ingresado en la Unión Europea”. Aquella mítica intervención del alcalde propia de un youtuber pasado de rosca fue una de las obras cumbres del surrealismo berlanguiano español en este convulso siglo XXI. Y mira tú que el listón de la estulticia política estaba alto.

Pero más allá del desatino, desvarío o metedura de pata del regidor castizo, lo que quedó claro en aquel instante es que estábamos ante un alcalde de ideología ultraliberal, un trumpista contaminante, uno de esos capaces de licuar el Ártico para exprimirle un poco más de gas a las entrañas de la Tierra. Quizá no un negacionista radical y violento, pero sí uno de esos primos de Rajoy que anteponen la economía a un ecosistema limpio y saludable.

Ahora Almeida vuelve a meterse en el jardín del cambio climático, un asunto del que no tiene ni pajolera idea porque no es lo mismo ser conservador que ser conservacionista y además nunca le ha preocupado la agonía de este pobre y maltratado planeta. Si le hubiese interesado el planeamiento municipal sostenible, el entorno verde y la salud de los madrileños, habría mantenido Madrid Central con todas sus consecuencias, pero prefirió hacer populismo barato para ganar las elecciones, que a fin de cuentas es lo que busca todo político del PP. Está claro que Almeida es la antítesis de Juan Jesús Vivas, el sensato presidente de Ceuta que le ha puesto un cordón sanitario a la extrema derecha. Mientras el líder ceutí planta cara al bravucón ultraderechista Verdejo en cada sesión parlamentaria, Almeida se entrega de forma humillante a los Monasterio, Ortega Smith, Espinosa de los Monteros y demás cuchipanda del madrileñismo posfranquista, retro y cañí. Y así van en la Meseta, arriando la bandera LGTBI del balcón del Ayuntamiento, renunciando a los avances sociales más elementales, entregando el país a los herederos del Tío Paco.

Almeida ya piensa en verde, pero no en el verde Greenpeace, sino en el verde Vox, que le pone más y le da más votos. Con su propuesta de la moto, quiere convencernos de que de repente le ha entrado el remordimiento y el arrebato ecologeta ante el grave problema del cambio climático, el caos circulatorio y la contaminación. Mucho nos tememos que su oferta tiene más de propaganda política que de verdadera concienciación ante el gigantesco problema al que se enfrenta la humanidad. Llenando la urbe de ciclomotores, por mucho que sean eléctricos, lo único que va a conseguir el alcalde es una ciudad más ruidosa y de botellón, de manera que los madrileños ya no morirán de cáncer de pulmón sino de estrés, ansiedad e insomnio. El edil planea una ciudad turbina, una colmena de motos como molestos insectos zumbantes que no duerme nunca ni deja dormir, una ciudad hum donde no se puede pegar ojo. Ya lo dijo Ayuso: lo más bonito de Madrid son sus monumentales atascos y su boina negra radiactiva.

Almeida sigue yendo contra los signos de los tiempos. Le guste o no, la solución a la movilidad de las grandes ciudades pasa necesariamente por la bicicleta, no por convertir Madrid en el Circuito de Jerez. Está visto que este alcalde está muy lejos del gran Tierno Galván, que hace cuarenta años ya le daba cien vueltas en modernidad, lucidez y visión de futuro. Este hombre se quedó en el Madrid de los sesenta, de ahí que añore aquellos tiempos de las riadas juveniles en Vespa, la nueva burguesía franquista tomando la Castellana con sus cabras ruidosas al ritmo de Sor Citroën (da, dabadaba…) Todavía no ha entendido de qué va esto del calentamiento global y mira que se lo está explicando todo el mundo, los científicos de la ONU, los expertos de la Cumbre de París y los Bardem con sus viajes a la desesperada para salvar la Antártida. Cualquier día organiza una concentración de los Ángeles del Infierno frente a la Puerta de Alcalá como ejemplo de sostenibilidad. Si da dinero a los hosteleros de Ayuso, ¿por qué no? Aquí se trata de vender la moto.

Viñeta: Artsenal

RÉCORD EN VACUNAS

(Publicado en Diario16 el 29 de julio de 2021)

Estos días de Olimpíadas, chovinismos nacionales y gestas deportivas, conviene no perder de vista que España ha batido el mejor de los récords mundiales que puede lograrse: el de vacunación en países con más de diez millones de habitantes. En efecto, y aunque parezca increíble con todo lo que ha pasado, estamos en el podio de inmunizados (más de la mitad de los españoles han recibido la dosis) junto a dos Estados que habitualmente nos superan en PIB, en renta per cápita y en capacidad de avance tecnológico: Reino Unido y Canadá.

En este país acostumbramos a quejarnos de lo mal que se hacen las cosas, de la chapuza nacional que nos acompaña como una costra o maldición a través de los tiempos, del politiqueo, la incompetencia y la corrupción que nos hunde como pueblo y como nación. Sin embargo, esta vez tenemos que felicitarnos de que, por una vez y sin que sirva de precedente, los españoles aparecemos en el ilustre medallero de algo mucho más importante y trascendental que los tediosos torneos olímpicos de tiro al plato, hípica o ping pong. Aquí siempre nos hemos enorgullecido de ser los primeros en cuestiones vitales como los trasplantes de órganos, por ejemplo, pero de un tiempo a esta parte nuestra Sanidad pública se nos ha ido al garete como consecuencia de los recortes, las privatizaciones y los negocietes de la derecha, que no cree en el Estado de bienestar ni ha creído nunca.

Tenemos que congratularnos de ese pequeño milagro que supone ir los primeros en el ranking de vacunados porque eso significa que no todo está perdido. El deporte es importante, eso es cierto, pero la salud lo es mucho más, y si no que se lo pregunten a la grácil colibrí Simone Biles, que ha dicho basta ya en medio de los Juegos de Tokio, ha salido de la pista asqueada de todo y ha regresado a su casa para cuidarse mentalmente y ser feliz.

Tenemos que mantener a toda costa ese podio sorprendente que revelan las estadísticas y no solo eso, tenemos que reforzar nuestro sistema sanitario ahora que, tras el covid, comienza otra lacra no menos preocupante: la epidemia de locura y trastornos mentales que se abre paso como un monstruo desatado.

Han sido demasiados meses de confinamiento, de terror, de crisis económica que ha dejado millones de arruinados, de sufrimiento, dolor y muerte. Y el trauma nos ha pasado factura. Que un grupo de energúmenos se lancen como alimañas contra un ser humano indefenso y lo maten a patadas –como ocurrió hace unos días en A Coruña con el joven Samuel y ayer mismo con esa otra jauría rabiosa de Amorebieta que tomó la cabeza de un muchacho por una pelota de rugby–, es un mal síntoma que debe hacernos reflexionar sobre el mundo que viene tras el coronavirus. Un lugar de psicóticos, de violentos, de marginados dispuestos a todo y de haters contra el sistema.

La asistencia sanitaria en salud mental debe ser reforzada cuanto antes, tal como prometió Pedro Sánchez y como vuelve a reclamar Íñigo Errejón, el diputado de Más País al que algún desalmado del PP envió al psiquiatra despectivamente, o sea el famoso “vete al médico” que le espetaron desde la bancada popular del Congreso de los Diputados y que quedó como otra página infame escrita por esa derechona insensible, ruda y bellaca que nos ha tocado en desgracia. Ahora se está viendo que la plaga de trastornos psicológicos que deja el maldito virus va a ser aterradora. Cada día se suicidan diez personas en este país, una cifra vergonzosa e inasumible ante la que no podemos mirar para otro lado.

El podio de España en la clasificación de vacunados es para enorgullecerse, qué duda cabe, sobre todo porque hemos sido un desastre en lo que ha tenido que ver con la pandemia. Hemos fallado en todo, en acopio de material y trajes especiales, en asistencia social a nuestros mayores en los geriátricos, en trato a médicos y enfermeros (a los que hemos hecho trabajar día y noche por sueldos miserables y sin vacaciones), en coordinación y unidad de las Administraciones (lamentable el uso partidista que algunos han hecho de la peor crisis sanitaria de la historia de la humanidad) y en fiestas clandestinas y botellones juveniles, que han sido tolerados y consentidos y que nos han costado una quinta ola de contagios para terminar de rematar el turismo y dejar la economía nacional al nivel de una posguerra. Así somos en este país: diligentes cuando se trata de conseguir el éxito total de la campaña de vacunación, pero despreocupados, relajados y un tanto hedonistas cuando llega el verano mediterráneo, tan sagrado o más que unas fiestas patronales.

Con todo, algo hemos hecho bien y tenemos que ponerlo en valor. Compartir el privilegiado segundo puesto en número de vacunados, entre Canadá y Reino Unido y muy por delante de países como Estados Unidos, Francia o Japón, es una gran noticia que debe reforzar nuestra moral como país y hacernos entender que cuando hacemos las cosas bien no tenemos nada que envidiar a nadie. En Yanquilandia, un suponer, las autoridades sanitarias están desesperadas porque la campaña de vacunación ha embarrancado y millones de norteamericanos se niegan a someterse al pinchazo preventivo y salvador. El negacionismo causa estragos y avanza en todo el país mientras la Administración Biden se ve obligada a recurrir a todo tipo de estrafalarias artimañas y estrategias para concienciar a la población de que debe vacunarse, como ofrecer hamburguesas gratis, hipotecas a bajo interés o puntos para viajes a Mallorca. Y eso en la supuesta primera superpotencia mundial.

Si la riqueza de un pueblo se mide por el grado de bienestar social de sus ciudadanos cabe concluir que en España no estamos tan mal como suponíamos. Tenemos una falsa concepción de nosotros mismos mientras por ahí fuera envidian algunos de nuestros logros como la Sanidad pública que, aunque maltrecha, sigue siendo una conquista fundamental. El natural sentimiento pesimista, el idiosincrásico vicio del español y nuestro sempiterno complejo de inferioridad no deben hacernos perder de vista que algo muy importante estamos haciendo bien. La sociedad española, en general, es cívica, solidaria y madura. Cuando alcancemos la inmunidad de rebaño dentro de unos meses y el virus y la crisis vayan quedando atrás como una sombra del pasado podremos decir con orgullo que ganamos las mejores Olimpíadas de la historia. Ninguna medalla tendrá más valor que esa. Que se queden ellos con Eurovisión, que nosotros venceremos en esta otra batalla mucho más trascendente y vital.  

Viñeta: Artsenal

VIVAS

(Publicado en Diario16 el 28 de julio de 2021)

Por fin un hombre sensato en el Partido Popular. Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, no solo está lidiando con la crisis migratoria en la frontera marroquí con sentido común y pericia, sino que va camino de convertirse en la voz de la conciencia o Pepito Grillo de Pablo Casado. Mientras el presidente popular se escora peligrosamente a la extrema derecha, moviéndose en una ambigüedad calculada, Vivas alerta del peligro de compadrear con los ultras. Mientras Génova 13 practica la política marrullera del patadón y tentetieso contra Pedro Sánchez, el presidente ceutí se muestra crítico pero coherente y constructivo con las cosas buenas y malas que hace el Gobierno de Madrid. Y mientras Casado se enroca en el sectarismo y en la derecha más reaccionaria que se recuerda desde los tiempos de Aznar, como un hooligan más, Vivas se muestra como un político dialogante y moderado a la europea. Ya no cabe ninguna duda, Vivas es el hombre que necesita el PP.

En los últimos años hemos visto de todo en el Partido Popular, gente intransigente y fanatizada que como Rafa Hernando, Martínez Pujalte, Cayetana Álvarez de Toledo y Teodoro García Egea siempre ve la realidad del país como un hincha de su equipo. Por eso se echaba en falta un señor templado y cuerdo que dijera las cosas como son, sin manipulaciones ni oportunismos, sin medias tintas, echándole decencia, casta y vergüenza torera a la política, cualidades todas ellas que no abundan precisamente en el PP de hoy.

Hacía mucho tiempo que una voz autorizada no destacaba entre la insoportable mediocridad genovesa. “El cordón sanitario se lo puso Vox a los ceutíes”, asegura a propósito de la polémica declaración de persona non grata contra Santiago Abascal. Y claro, decir la verdad es lo que tiene: que desmonta todas las estrategias, coartadas, tácticas y bulos del alto mando casadista. No extraña, por tanto, que el estilo Vivas haya provocado opiniones a favor y en contra en el seno del PP, ni que haya encendido los ánimos de Vox hasta convertir la Asamblea ceutí en una permanente pendencia tabernaria. La orden que Abascal le ha dado a Carlos Verdejo, su diputado broncas en la plaza autónoma, es clara y concisa: darle leña y estopa a Vivas hasta conseguir que caiga como un árbol seco. Baste este mensaje en Twitter que Verdejo colgó hace solo unos días para entender de lo que hablamos: “El que se humilla para evitar la guerra, tendrá la humillación y tendrá también la guerra”. Violento, cursi y patético, el sello habitual de la factoría Vox.

Sin duda, la figura política de Vivas ha crecido en las últimas semanas gracias a su bravura y gallardía a la hora de defender los intereses de sus paisanos no solo frente a la amenaza de invasión marroquí, sino frente a la derecha africanista y nostálgica de Abascal, que ha tratado de dividir a los ceutíes entre buenos y malos españoles, entre moros y cristianos, entre fieles e infieles. Contra ese guerracivilismo político se ha rebelado el presidente ceutí, que hace unos días dio orden a sus diputados de abstenerse en la votación en la Asamblea, de tal manera que el líder ultraderechista pudiese ser declarado persona non grata. ¿Qué otra cosa podía hacer el presidente ante un tipo que insulta a la mitad de los ceutíes tildándolos de traidores a España o “quintacolumnistas” de Mohamed VI? Contra semejante ataque solo cabía una medida lógica: declarar a Abascal indeseable con todas las de la ley. Él mismo se había ganado a pulso el deshonroso título cuando se plantó en la ciudad autónoma, en medio de una crisis migratoria sin precedentes, para insinuar que los ceutíes musulmanes no son españoles de pedigrí, un error inmenso por otra parte, ya que tal declaración supone darle argumentos al sátrapa de Rabat. Pero así es Abascal, un político con demasiada testosterona y pocos dedos de frente.   

Vivas podría haber escurrido el bulto, mirar para otro lado, hacer la vista gorda y no meterse con el primo Zumosol o protegido de Casado. Incluso podría haberle puesto una alfombra roja con banda de música al líder de Vox y entregarle las llaves de la ciudad como hijo predilecto. Cualquier otro en su lugar se habría quitado el muerto de encima para no incurrir en problemas con la dirección nacional del partido y seguir haciendo carrera. Pero Vivas no, Vivas decidió ser coherente y no arredrarse ni ante el bravucón Caudillo de Bilbao ni ante el jefe del despacho de arriba que hace sumiso seguidismo del dirigente ultra.

Por supuesto, la férrea posición de Vivas ha tenido repercusiones en Madrid. El alcalde de Villa y Corte, Martínez Almeida, ha dado un paso adelante para decir que en el PP no comparten “las declaraciones incendiarias de Vox” y Núñez Feijóo, otra voz templada del partido, lamenta que Abascal pretenda hacer explotar el polvorín de Ceuta e incluso defiende la gestión del propio Vivas, que “solo intenta tranquilizar, institucionalizar y pacificar su ciudad”. Eso sí, rechaza las sanciones ejemplares contra políticos cualquiera que sea su color, aunque ahí juegue a trilero de las Rías Gallegas al obviar interesadamente que el PP ha promovido numerosas declaraciones de ingratos en otros lugares de España, como cuando intentaron estigmatizar al alcalde de Palma, José Hila (PSOE); a José Luis Rodríguez Zapatero por no visitar Compostela en año Xacobeo; a Pedro Sánchez porque al PP no le gustaban los presupuestos para Pontevedra; y hasta a actores que no son de su cuerda como Willy Toledo (a este lo crucifican cada dos por tres con cualquier motivo, mayormente por excretar en el dogma de la Santísima Trinidad y en todo lo que se menea).

De cualquier manera, lo que parece evidente es que a Casado le ha salido un grano incómodo con Vivas, un hombre afable y juicioso que rompe la disciplina de partido, vota en conciencia lo que toca y rompe el molde del trumpismo que marca la moda primavera verano en Génova 13. El presidente ceutí dice lo que tiene decir sin importarle si Vox va a darle el voto al día siguiente o va a retirarle la confianza para derribar el trifachito de turno. O sea, que no anda todo el rato mirando las encuestas, como hace el obsesivo Casado, que ya no come ni duerme pensando en los sondeos demoscópicos y en si la ultraderecha va a darle el temido sorpasso. La política es para valientes y para gente que sabe defender sus ideas más allá de electoralismos cortoplacistas y ambiciones de poder.

Ese espíritu de independencia, ese saber vestirse por los pies, lo posee Vivas y lo define como un político a tener en cuenta. Incluso ha agradecido a Sánchez y a la UE su defensa cerrada de la españolidad de Ceuta y la integridad de sus fronteras (¡un político popular practicando el fair play democrático, frótense los ojos!). Su perfil de estadista de patria chica, por encima de consignas y órdenes de sus superiores, le honra. Se nos hace difícil elogiar a un representante de la derechona hispana (han puesto el listón de la política basura tan bajo que ya hemos perdido la fe a la hora de encontrar a uno bueno en la Sodoma genovesa), pero es justo reconocer la labor de este ceutí que cuando todos bajaban el morro ante el matón de discoteca él levantó la cabeza para actuar en defensa de la convivencia. Vivas for president.

Viñeta: Pedro Parrilla