miércoles, 17 de enero de 2024

EL HECHIZO DE LA MOTOSIERRA

(Publicado en Diario16 el 20 de noviembre de 2023)

Javier Milei, el boludo de la motosierra, ha conseguido engatusar a millones de argentinos con un programa electoral simple basado en solo dos puntos: acabar con el Estado y viva la libertad carajo. Un tipo populista y malencarado que promete dinamitarlo todo en una especie de gran suicidio colectivo va a gobernar la segunda economía sudamericana. Un trumpito bonaerense. Un descerebrado que puede llevar a la quiebra al país en menos de un año.  

¿Cómo ha llegado Argentina a este momento de exacerbación nihilista? Han sido demasiados años de corralito financiero, de crisis endémica, de miseria y pobreza. De kirchnerismo y macrinismo que han favorecido un sistema corrupto donde la democracia ha sufrido un imparable y progresivo proceso de degradación. Y en ese caldo de cultivo emerge el charlatán con la falsa receta del crecepelo y la promesa de que todo el mundo atará perros con longanizas en cuanto él agite la varita mágica.

Lo que ha pasado en estas elecciones argentinas no es sino un nuevo acto dentro de la misma trágica función: el resurgimiento de una especie de fascismo posmoderno que seduce a las masas desencantadas y furiosas con la democracia liberal. América Latina se trumpiza a marchas forzadas. Trump fue el big bang, la onda expansiva que sigue proyectándose en el espacio y el tiempo. A partir de ahí, el mal de la extrema derecha libertaria liderada por el clown o showman de turno se extendió como un cáncer por todo el continente. Jair Bolsonaro inauguró la nueva era. Años de políticas neofascistas, xenófobas, misóginas y racistas culminaron con el asalto a la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia a cargo de una legión de seguidores enloquecidos por el bebedizo ultra. Lula da Silva ha logrado frenarlo en las urnas momentáneamente, pero el proceso de contaminación populista sigue imparable. José Antonio Kast en Chile, el millonario Rodolfo Hernández en Colombia, Keiko Fujimori en Perú, Nayib Bukele en El Salvador… El listado de políticos trumpizados que parecen como fabricados en serie, como clonados en laboratorio, es tan largo como inquietante. Y todos siguen el mismo manual redactado por los amanuenses de Trump en la última planta de su rascacielos de oro neoyorquino. Todos son destroyers, violentos, antisistema, gamberros, políticamente incorrectos y faltones. Practican la antipolítica, la deslegitimación del adversario político y la acracia o libertarismo ultra. Propagan bulos y conspiraciones a través de las redes sociales y las televisiones reaccionarias financiadas por sectas religiosas antiabortistas. No solo tratan de imponer una visión económica ultraliberal, van mucho más allá profundizando en las creencias y el pensamiento. Promueven una involución de las ideas, una “guerra cultural” hacia una especie de medievalismo tecnocrático. Detestan la ciencia (combaten las pandemias bebiendo lejía), niegan el cambio climático, censuran obras de arte, sueñan con imponer el creacionismo en las escuelas, aboliendo la teoría de la evolución de Darwin. Se mueven entre el elitismo y el supremacismo (una transposición del feudalismo a la era de los viajes espaciales). Viven del odio y por el odio.  

Argentina es la última pieza del dominó en caer. Le han dado el poder a otro desequilibrado, a otro inestable emocional. Un individuo como Milei que quiere destruir el Estado, darle un arma a cada ciudadano, dolarizar la economía (convirtiendo el país en una sucursal de Wall Street) privatizarlo todo y cargarse el Ministerio de Sanidad y de Educación (lo cual es tanto como condenar a millones de argentinos a la enfermedad y el analfabetismo) ha logrado seducir a las multitudes desnortadas y atemorizadas ante el futuro. Alguien partidario de que cada cual se mate con la droga que más le ponga y que aprueba el mercadillo libre de órganos humanos. “Yo soy liberal libertario. Filosóficamente, soy anarquista de mercado”, ha dicho en campaña electoral. Otra gran falacia si tenemos en cuenta que el dinero huye del desorden, del caos, de la acracia. Sin embargo, la gente abducida le ríe las gracias y lo ve como al gran mesías salvapatrias. “Ha comenzado un nuevo tiempo en Argentina. Le deseo todos los éxitos”, proclama Ayuso, intelectuala del trumpismo ibérico, felicitando a su camarada Milei. Ya veremos lo que pasa con esos mismos ciudadanos engañados que hoy votan al clown argentino cuando dentro de un par de años no encuentren un médico que les atienda, ni un maestro de escuela para sus hijos, ni un simple camión que retire las basuras acumuladas en el gueto. A disfrutar de la acracia, habrá que decirles.

El nazismo no fue derrotado en 1945. Quedó larvado a la espera de adoptar nuevas formas mutantes con las que adaptarse y recuperar el poder. Ahora retorna revestido de un nuevo lenguaje, pero con el mismo mensaje de siempre. El anarcocapitalismo que promueven Milei y los demás trumpitos de esta banda de impostores dinamiteros de la civilización humana no es más que el nazismo de siempre por otros medios. Cuando Hitler dijo aquello de que iba a levantar un Reich que durara mil años, quizá no estaba exagerando. Hoy el fascismo avanza imparable en los cinco continentes y ha llegado para quedarse. Las sociedades y los pueblos se suman alegremente a un rearme ultra que, a esta hora, se antoja imparable. No es un fenómeno pasajero. Y cuanto más tarden las democracias liberales en entenderlo y en reaccionar en combate peor será para todos. Hemos consentido que el trumpismo se instale en las instituciones democráticas solo para destruirlas desde dentro. Hemos permitido que el nazi se cuele hasta la cocina de nuestra casa. Con el vano argumento de la tolerancia total, nosotros mismos hemos alimentado al monstruo. Abascal y sus diputados levantándose airadamente de sus escaños y abandonando el Parlamento, tras volcar su bilis contra un presidente legítimamente elegido en la sede de la soberanía popular, es la mejor prueba de que el cáncer empieza dar síntomas metastásicos. Y el feroz asedio franquista sobre Ferraz no es sino otro ente de esta hidra de mil cabezas que se reduplica en todo el mundo. Estamos en el preludio de la batalla global entre democracia y fascismo. Cien guerras mundiales se juegan a la vez, una por cada país. Mil campos de batalla, uno en cada barrio, en cada pueblo, en cada ciudad. O paramos ya la locura neonazi metamorfoseada en sus múltiples formas, según el lugar, o cuando queramos darnos cuenta nos habrán abierto un campo de concentración al otro lado de la calle. Ya vamos tarde. Quizá demasiado tarde.

Viñeta: Alejandro Becares

domingo, 19 de noviembre de 2023

IBARROLA

(Publicado en Diario16 el 18 de noviembre de 2023)

Adiós al padre de los bosques de colores, adiós al arquitecto de los cielos de piedra, adiós al geómetra poético. Ha muerto Agustín Ibarrola. Se nos va no solo uno de los grandes de la vanguardia y un artesano único e irrepetible que trabajó con la arcilla del espacio y el tiempo, sino un luchador auténtico contra las tiranías de verdad, no como los fantoches que surgen por doquier en nuestros días enarbolando la bandera de una falsa libertad.

Dejemos a un lado la vertiente artística del pintor y escultor de Basauri cofundador de Equipo 57 y centrémonos en su inmenso legado humanista, social y político. Bilbao, 1962. Mientras el tardofranquismo anestesia a los españoles con una buena dosis de fútbol, toros, suecas por televisión y desarrollismo turístico, Ibarrola pasa 21 días en comisaría, donde es sometido a todo tipo de torturas por su actividad clandestina en el Partido Comunista. “Nos pegaron hasta despellejarnos. El pellejo lo teníamos fuera de su sitio; teníamos partes del cuerpo en carne viva. Yo orinaba sangre muchos días”, relata nuestro artista. A Ibarrola lo reprimieron en un momento delicado para la dictadura, justo cuando el movimiento obrero se reactivaba amenazando el futuro del franquismo. Y ese dolor lo plasmó él en su obra, que habla del castigo físico y mental, de la represión, de la lucha. En cualquier caso, tenía 31 años cuando un consejo de guerra le metió casi una década de prisión por sus ideas políticas. Aquello sí que era una satrapía infecta y no el sanchismo de hoy denunciado por los nuevos fascistas posmodernos que pretenden asaltar Ferraz cada noche.

Pero volvamos a una de las grandes mentes creativas de nuestro tiempo y dejemos atrás la barbarie. La temporada que el escultor pasó en el penal de Burgos no sirvió para domarlo, ni para que abjurara de sus principios, ni para que comulgara con la religión imperante. Allí creó sus delicadas esculturas hechas con migas de pan que le proporcionaban los demás presos (toda una denuncia silenciosa pero igual de contundente que una huelga general).

Tras salir de prisión volvió a las andadas, a la lucha obrera, a la defensa de la justicia y la libertad (insisto una vez más, la libertad con mayúsculas, no esa gallofa que van vendiendo los anarco-libertarios de las derechas trumpizadas de hoy). Un par de acciones obreras y otra vez al trullo, esta vez condenado a otros seis años. Un correctivo como para terminar de rematar a cualquiera. Sin embargo, en lugar de venirse abajo, él siguió pintando en la fría oscuridad de la celda. Para Ibarrola, la mazmorra franquista se convirtió en una especie de bucle sin fin, un eterno retorno. Del pincel a los barrotes. Del lienzo a la escudilla con la sopa boba repugnante. Del mundo del color, la imaginación y los sueños, a la negra realidad del porrazo del funcionario de prisiones.

En el 75, ya en la calle, más y más violencia. El maestro había alquilado un apartado caserío en Ibarranguelua, Vizcaya, seguramente buscando algo de paz y tratando de huir del horror de la represión. No pudo escapar de la intolerancia. Hasta allí llegó un comando parapolicial que le quemó la casa, reduciéndola completamente a cenizas. No había lugar en toda España donde el artesano del pueblo pudiera librarse de los demonios ni de esa peste que lo perseguía cruelmente y sin piedad.

Mientras tanto, su nombre ya resonaba en los circuitos internacionales. La crítica alabó su trabajo en una exposición en Londres, donde llegaron a comparar su obra de claro tinte expresionista con Los desastres de la guerra de Goya. La “pintura social” de Ibarrola, lo mejor de su legado, causó honda impresión en Europa. Sus proletarios explotados, su mítico mundo rural destruido por la desbocada industrialización, la lucha del hombre contra la deshumanización, en fin. Ibarrola es, ante todo, compromiso social, un término que a la mayoría de la gente de nuestros días le suena a chino. Su forma, no ya de resarcirse con la dictadura porque ningún artista tiene el corazón tan negro como para la venganza, sino de ajustar algunas cuentas pendientes, fue su magnífico Guernica de 1977, una obra de dos por diez metros en varios lienzos como homenaje al célebre cuadro de Picasso. Los aires de libertad arrasaban de norte a sur, como una galerna limpia y pura, los pocos residuos que iban quedando ya del lodo franquista.

Sin embargo, cuando parecía que por fin iba a llegarle la paz a nuestro escultor de la txapela, el bigote ilustrado y la mirada sabia, cuando se dedicaba a pintar árboles en el Bosque de Oma, la historia volvió a reclutarlo para una batalla no menos digna ni peligrosa contra “la otra dictadura”: la que trataba de imponer el terrorismo de ETA. Miembro fundador de la plataforma ¡Basta Ya! y del Foro de Ermua, una vez más tomó partido por el lado bueno de la historia. Los violentos etarras, unos fascistas de otro signo, no se lo perdonaron nunca, y en represalia la emprendieron a hachazos con sus alegres e inocentes árboles multicolores, que no tenían culpa de nada. Desde entonces, tuvo que vivir con escolta.

Ya en nuestros días, apagado el fragor de las pistolas, Ibarrola era uno de esos hombres que pese a haber dado su vida por la causa de la libertad sufría el menosprecio de los fanáticos de uno y otro bando. Los nacionalistas españoles lo odiaban por comunista y por vasco; los vascos por españolista y traidor. Hasta los ecologistas radicales se la tenían jurada por embadurnar de pintura el bosque, el único lugar donde probablemente se sentía seguro, feliz y a salvo de la atrocidad humana. “En un paisaje intervienen desde la historia hasta las creencias culturales o mitológicas. Al incorporar la pintura, la naturaleza adquiere otras atmósferas y el paisaje se transforma”, dijo en una ocasión. Quizá, en el fondo, Ibarrola no hacía sino colorear la naturaleza como un tributo a la libertad.

EL BOMBERO SÁNCHEZ

(Publicado en Diario16 el 17 de noviembre de 2023)

Pasado el tiempo de los aplausos, las flores, la jura del cargo ante el rey y el vino de honor, a Pedro Sánchez le llega el momento de formar un gobierno. Si la anterior legislatura estuvo marcada por el pacto con Podemos (la primera experiencia de coalición de izquierdas desde la Segunda República) más la entrada en el Consejo de Ministros de los perfiles independientes y mediáticos que trataron de dar una pátina de modernidad feminista al gabinete, esta segunda etapa va a estar teñida de un fuerte contenido ideológico para afrontar la batalla decisiva: la lucha contra el auge de la extrema derecha en España.

Durante su discurso de investidura, el presidente vino a decir aquello de “o yo o el caos”, y se presentó a sí mismo como el último bastión entre la democracia y el fascismo, entre la civilización y la barbarie, apuntando las líneas maestras que inspirarán su siguiente mandato. Cabe pensar que el nuevo tiempo que se abre no será fácil (los socios independentistas y Podemos amenazan con turbulencias desde ya mismo) pero también es lógico sospechar que Sánchez no tendrá que hacer frente a una pandemia de dimensiones distópicas –cuyo consiguiente malestar social erosionó en buena medida su imagen política y personal– ni a la brutal crisis económica y energética que se desató posteriormente, sobre todo a raíz de la guerra en Ucrania. Los vientos de la economía soplan a favor, la recuperación es un hecho y España figura entre los países europeos que más riqueza generan. Hay motivos suficientes para pensar que el líder socialista puede disfrutar por fin de un período de gobernanza de relativa calma que le permita acometer las reformas siempre aparcadas.

Mucho se ha hablado de la flor de Sánchez, esa baraka que, sorprendentemente, lo rescata cada vez que está a punto de naufragar y lo conduce una y otra vez hacia el éxito. Pero no debería el premier del PSOE fiarlo todo a su buena ventura. El país adolece de grandes deficiencias y problemas que requieren de medidas audaces y urgentes. La socialdemocracia sanchista que se desplegó en su primer mandato –desde 2018, cuando le ganó la moción de censura a Mariano Rajoy y hasta hoy–, debe ser entendida solo como un incipiente comienzo en el avance hacia el progreso, la modernización y la transición a una democracia mucho más robusta y real. Siendo sinceros, su modelo político y económico pasó el examen con un aprobado justito, cuando los votantes de izquierdas, inicialmente esperanzados con un Gobierno de coalición inédito en nuestro país, esperaban al menos un notable. Es cierto que se avanzó en mejoras sociales, como la elevación del salario mínimo interprofesional y una reforma laboral que puso algo de orden a los precarizados mercados tras años de salvajes recortes de los gobiernos ultraliberales. Como también es verdad que se dio un salto cualitativo en recuperación de derechos cívicos por la igualdad de la mujer, la ley de muerte digna y la reparación de la memoria histórica (la exhumación de la momia de Franco del Valle de Cuelgamuros será sin duda un hito histórico que se apuntará este Gobierno). Pero demasiadas cosas quedaron guardadas en un cajón.

La reforma laboral, por ejemplo, salió excesivamente adelgazada o pulida de las arduas negociaciones entre sindicatos y patronal (nos consta que Yolanda Díaz quiso llegar más lejos, pero no pudo por la férrea oposición de los poderes fácticos). A su vez, la caja de las pensiones (que hoy está medio vacía poniendo en peligro las jubilaciones de una generación entera como la del baby boom) necesita de un impulso definitivo que garantice su sostenibilidad mediante un blindaje constitucional para que aquellos que tengan la tentación de privatizar en el futuro (véase la mochila austríaca) abandonen toda esperanza de poder hacerlo. Como también urge un gran plan por la Sanidad pública, donde han saltado todas las alarmas ante la falta de inversión en medios humanos y materiales. En su discurso de investidura, Sánchez apuntó un ambicioso proyecto para reducir las listas de espera y potenciar áreas como la salud mental, oftalmología y dentista (una vergüenza que en un país avanzado como el nuestro una familia trabajadora tenga que hipotecarse para pagar la ortodoncia de sus hijos). Pues hágase, mejórense los salarios de médicos y enfermeras (los verdaderos héroes de la pandemia a los que se dejó en la estacada y con los que tenemos una deuda eterna) y tráiganse a España todos esos cerebros científicos que terminaron largándose al exilio laboral en el extranjero porque aquí no podían vivir con sueldos de miseria.

El Estado de bienestar se nos cae a trozos. Hay mucho trabajo por hacer, trabajo para años, trabajo a corto y a largo plazo. Y en ese orden de cosas, la Administración de Justicia requiere un chapa y pintura antes de que la casa acabe desmoronándose y llevándose la democracia por delante. La politización de nuestros órganos judiciales superiores apesta, las luchas intestinas entre magistrados conservadores y progresistas han dañado gravemente la credibilidad de nuestro Estado de derecho (hasta Bruselas nos ha llamado al orden en sucesivos informes) y la infrafinanciación, con un retraso en los juicios intolerable para un país moderno y avanzado, augura un colapso de la oficina judicial. Lógicamente, arreglar este problema requeriría de un gran pacto nacional por la Justicia, pero por desgracia el actual Partido Popular voxizado, trumpizado y echado al monte ayusista no está por la labor.

Sin duda, el escenario no es el más halagüeño para Sánchez, que tendrá a once comunidades autónomas gobernadas por el PP a la contra y boicoteando cada ley que salga del Parlamento nacional. Con el fascismo posmoderno en plena ofensiva callejera, con un país fracturado en dos y sin posibilidad de consenso y con un ambiente social y político tenso como no se recuerda desde los tiempos de la Transición, nadie a esta hora es capaz de vaticinar cuánto durará el nuevo Gobierno, que a pesar de que ha cosechado 179 escaños, la investidura más holgada hasta hoy, nace ciertamente en una débil posición por su total dependencia de sus socios de la izquierda y sobre todo de los partidos nacionalistas e independentistas. El presidente va a tener que sobrevivir al día e invocando su famosa baraka todo el rato. La próxima batalla la tiene a la vuelta de la esquina: la promulgación de la ley de amnistía, con el consiguiente malestar de una parte de la ciudadanía, y el retorno del prófugo Carles Puigdemont. Otro incendio a la vista para el bombero Sánchez.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL PP NO SABE PERDER

(Publicado en Diario16 el 17 de noviembre de 2023)

Tras la investidura de Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo se acercó al líder socialista, le estrechó la mano felicitándolo por el éxito obtenido y le dijo: “Esto es una equivocación”. De esta manera, responsabilizó al investido de lo que acababa de hacer, o sea del pacto con Junts y la consiguiente amnistía y, al final, lo que tenía que ser una sincera enhorabuena se acabó convirtiendo en un forzado y traicionero abrazo del oso. Esta es la forma que tienen en el PP de acatar la derrota y de entender la deportividad.

Todo lo que estamos viendo en los últimos años, la deriva ultra del Partido Popular, los prebostes echados al monte y los acuerdos con la extrema derecha, no tiene más que una explicación: nunca supieron perder. La democracia es como un partido de fútbol (y perdonen ustedes por el símil facilón). Hay unas reglas y un reglamento, un árbitro, dos equipos enfrentados y un resultado final que se acepta con fair play. Sin embargo, la derechona patria tiene otra concepción mucho más rara, extraña, sui géneris, de lo que debe ser un régimen democrático. Así, el sistema funciona correctamente siempre que ganen ellos. Cuando es el rojo proleta y bolivariano el que se lleva el gato al agua tras unas elecciones, la cosa cambia. Entonces les aflora la histeria colectiva, se les hincha la vena del cuello y promueven denuncias de fraude, tongo y Gobierno ilegítimo. Todo eso más la sempiterna matraca de la traición a la patria.

Lo explicó muy bien Gabriel Rufián en su intervención parlamentaria. “El PP lleva 46 años diciendo que España se rompe y lo único que se ha roto es 35 veces los discos duros de Bárcenas y dos veces la derecha española”. Touché.

Nos gustaría poder decir alguna vez en esta columna que en el Partido Popular son demócratas de pedigrí. Créannos que nos encantaría. Sería una bendición para este país contar con una fuerza política conservadora civilizada y a la europea. Sin embargo, nos lo ponen muy difícil. Más que como políticos sensatos y respetuosos, se comportan como leones enjaulados a los que han dejado una semana sin comer. Cuando pierden la vara de mando, les asalta una especie de fiebre delirante y extraña y terminan todos hiperventilados, tensos, exaltados. Calma, troncos, calma, que la historia de España es larga y si no se ganan estas elecciones se ganarán las siguientes. Hay más citas electorales que longanizas, paciencia hombre, que la suerte va cambiando de mano. Pero no. Son como esos niños mal criados que pierden al parchís y terminan tirando el tablero por los suelos, arrojando las fichas por los aires, enfurruñados con los brazos cruzados y el morro torcido y diciendo aquello tan pueril de “ahora no juego, ea”. ¿Cómo se puede construir un país con individuos tan inmaduros en lo político y en lo personal?

Una segunda muestra de que no saben encajar la derrota la tuvimos ayer durante la sesión de investidura cuando, tras conocerse que Sánchez ya era presidente, el gabinete de comunicación del PP tuvo la infeliz idea de tuitear uno por uno los nombres y apellidos de los diputados socialistas que habían votado “sí” a su presidente y su amnistía. Un gesto feo y poco elegante que recordó bastante aquellos años del plomo en que unos ponían la diana en los retratos de los políticos y otros apretaban el gatillo.

Por último, un tercer indicio de mal perder lo tuvimos en la figura del portavoz parlamentario popular, Miguel Tellado, que también quedó como un marrullero. Tras pedir la palabra a la presidenta del Congreso, Francina Armengol, el hombre se levantó del escaño para condenar la violencia callejera de los ultras contra algunos diputados socialistas y cuando parecía que por fin íbamos a asistir a un gesto de grandeza en un representante de la derecha (algo tan excepcional como ver un lince ibérico) añadió un decepcionante “pero ustedes la alientan” [la violencia] que volvió a evidenciar la rabia y el ciego cainismo que corre por las entrañas de toda esta gente.

Ayer, Feijóo quiso dejar claro que el Gobierno que sale de esta investidura es legítimo y constitucional (la primera vez que le escuchamos decir algo así, durante semanas se ha comportado como un ultra más de Vox). No obstante, y aunque poco a poco va asumiendo que el PP tiene por delante cuatro años de rutinaria oposición, aún no tira la toalla. El dirigente conservador, como hombre de fe que es, aún confía en que el patrón Santiago obre el milagro y el próximo miércoles el Parlamento Europeo condene la ley de amnistía. De esta manera, Sánchez tendría “la peor forma de empezar una legislatura” y de paso Bruselas podría retirar el maná de los fondos Next Generation a nuestro país por no respetar los principios de un Estado de derecho. Están tan coléricos y fuera de sí por el fracaso cosechado que serían capaces de firmar la destrucción total de España si ello supusiese la caída definitiva del pérfido felón de Ferraz. El mal les come por los pies. Ya no les queda ni una pizca de decencia o dignidad.

A esta tropa de la derechona ibérica no hay que tomársela en serio. Quien mejor lo lleva es, sin duda, Aitor Esteban, el portavoz peneuvista. Tiene retranca el vasco y protagonizó el momentazo de la investura cuando, dirigiéndose a Feijóo, le dijo: “Alberto, tu tractor tiene gripado el motor por usar aceite Vox”. La cara desencajada del dirigente popular ante la mofa era un trágico poema.

Todo esto ocurría mientras Isabel Díaz Ayuso continuaba con su show del humor en la Asamblea Regional, que la lideresa ha convertido en su particular zarzuela para lucimiento personal. Ayer, la presidenta tuvo una oportunidad de oro de disculparse y quedar como una señora por haberle mentado a la madre a Sánchez, desde el gallinero, en la sesión de investidura. Pero tampoco. Por lo visto ella en ningún momento dijo “qué hijoputa”, sino “me gusta la fruta”, cuando el premier le afeó los tejemanejes con los contratos de las mascarillas. Frescura de verdulera no le falta.

Viñeta: Pedro Parrilla

LA FLOR DE SÁNCHEZ

(Publicado en Diario16 el 16 de noviembre de 2023)

No hubo sorpresas. Pedro Sánchez será presidente del Gobierno revalidando el cargo otros cuatro años. Más allá de cómo el premier socialista haya conseguido los votos que le faltaban es indudable que supone una notable victoria de la izquierda, del PSOE y del sanchismo. La imagen de los diputados del Partido Popular abandonando el hemiciclo, cabizbajos y derrotados, mientras la bancada progresista seguía aplaudiendo al investido entre aclamaciones y vítores de “presidente presidente”, lo dice todo. El PP sufre un correctivo importante, no solo en las formas, sino en el fondo. Feijóo vendió la piel del oso antes de cazarlo, se vio en Moncloa antes de tiempo, y ha pagado caro su exceso de confianza. Su propuesta de derogar el sanchismo no llegó a calar en la mayoría de los ciudadanos y, aunque ganó las elecciones del 23J, siempre ha estado lejos del poder. Esto ha ocurrido principalmente por dos motivos: porque los españoles han sentido miedo ante los infames pactos del PP con Vox y porque los populares, en su soledad con la extrema derecha, se han visto incapaces de tejer acuerdos con otras fuerzas políticas a la hora de conformar un gobierno.

Ayer, en la primera sesión de investidura, se vio el rostro completo de Santiago Abascal: un hombre agresivo que no respeta las reglas del juego democrático; un señor atrabiliario fuera de sí que se salta las más elementales normas de educación y convivencia; un inadaptado echado al monte que va destilando rabia y bilis por los rincones del Congreso de los Diputados. Su comparación de Pedro Sánchez con Adolf Hitler fue no solo un insulto a la inteligencia, sino una soberana imbecilidad. Cualquiera con un mínimo de sentido del ridículo se hubiese ruborizado tras soltar semejante gilipollez. Y con ese personaje al que todos pagamos un sueldo para que monte su circo de payasos trumpistas está gobernando Feijóo, en coalición, en no pocas regiones y ayuntamientos del país. Si no es para que los prebostes de Génova se lo hagan mirar es que están más desnortados de lo que parece desde fuera.

Hoy, Patxi López, portavoz socialista, se lo ha explicado muy claramente al gallego conservador que llegó a Madrid, con la vitola de ganador y moderado, para sustituir al defenestrado Pablo Casado: “No sigan alimentando a la bestia, porque acabará devorándoles”. Magnífico, por cierto, el alegato del dirigente vasco socialista, un discurso plagado de valores democráticos para enmarcar y colgar en las paredes de todas las casas del pueblo hoy asaltadas por los bárbaros neonazis.

Vienen tiempos difíciles para el país y también para el Gobierno que empieza hoy su tortuosa andadura. A nadie se le escapa que Sánchez estará en Moncloa el tiempo que quieran Carles Puigdemont y el resto de formaciones independentistas. El nuevo Consejo de Ministros nace pues hipotecado. Pero conviene no subestimar a Sánchez, un superviviente que, como uno de esos microorganismos extremófilos de las regiones más hostiles del planeta, es capaz de mantenerse con vida en el ambiente más ácido, corrosivo y destructor. Tras semanas en las que su imagen pública se ha visto seriamente erosionada (no solo por la cruenta ofensiva ultra, sino también por las críticas de los barones felipistas de su partido), la investidura lo reforzará sin duda. A un perdedor no lo quiere nadie; todos se suben al carro del ganador. Así que, una vez amortizada la amnistía, es más que probable que en pocas semanas veamos cómo el PSOE remonta en las encuestas.

La optimista y eficiente Yolanda Díaz ya se encargó ayer de esbozar, en la tribuna de oradores de las Cortes, el ambicioso programa de medidas sociales que tiene preparado el nuevo Gobierno de coalición. Y dentro de unos meses, cuando la maquinaria mediática y propagandística de Moncloa empiece a divulgar las reformas acometidas para mejorar las condiciones de vida de las clases más humildes (la subida de salarios, la reforma del Estatuto de los Trabajadores todavía teñido de franquismo, el impuesto a las grandes fortunas, la agenda verde y el bono transporte gratis, entre otras muchas iniciativas) nadie se acordará ya de los amargos días que nos han tocado vivir este convulso mes de noviembre. Las protestas friquis de los cayetanos quedarán atrás; los nazis (una inmensa minoría, no lo olvidemos) volverán a sus cuevas y cuarteles de invierno; y el PP empezará a maquinar otro montaje mediático contra la izquierda a la vista de que la matraca de la amnistía ya no da más de sí. Feijóo, un político sin programa que lo fía todo a la defensa de la unidad de España, cree que Europa le dará la razón y tirará para atrás la polémica medida de gracia. Una quimera. Esa ley irá a misa y estará en vigor más pronto que tarde.

Una nueva legislatura progresista se abre paso. Es un buen día, sin duda, para los demócratas de bien. La alternativa, un Feijóo en Moncloa y un Santiago Abascal en la vicepresidencia repartiendo leña al inmigrante, censurando obras de arte y reprimiendo catalanes, era un panorama demasiado tétrico para este país. Nos hemos salvado de una buena, como suele decirse, quizá gracias a la flor de Sánchez, un líder con siete vidas que siempre sale airoso en los momentos más críticos y delicados (el lanzamiento triple a canasta en el último segundo, sobre la bocina y con Walter Tavares taponando del que habla Aitor Esteban).

Hay tiempo para seguir profundizando en políticas sociales y tratar de reparar el roto que Mariano Rajoy causó al Estado de bienestar en lo peor de la crisis. Tiempo para seguir reconstruyendo la Sanidad, la Educación, el mercado laboral desregularizado que sufren millones de trabajadores en precario de este país. La historia le ha dado a Sánchez una segunda oportunidad para corregir lo que se hizo mal en la primera legislatura, para recuperar lo que se aparcó y lo que no se hizo por falta de audacia. La socialdemocracia que nos promete Sánchez debe ser fuerte y real, una herramienta política potente cuyos efectos se dejen sentir en la calidad de vida de las clases obreras, no una impostura como en los peores años del felipismo. Ya ha empezado a correr el reloj. Y si no se hacen las cosas bien, veremos a Abascal de ministro de algo en 2027 o mucho antes si el nuevo Ejecutivo cae por cualquier causa. Esa distopía del ultra rabioso devolviéndonos al franquismo no queda tan lejos.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

PABLO IGLESIAS

(Publicado en Diario16 el 16 de noviembre de 2023)

La sesión de investidura de Pedro Sánchez está sirviendo para constatar que el frentismo y las trincheras se han vuelto a apoderar de la política española. A un lado, la izquierda con el PSOE a la cabeza, más Sumar y los socios independentistas; al otro, la derecha del PP abducida por el nuevo fascismo posmoderno de Vox. Mientras tanto, las calles incendiadas por los nazis, la inestabilidad, la zozobra de un país que no sabe cómo va a terminar todo este truculento episodio de la amnistía a los encausados por el procés. Vienen tiempos difíciles. Malos tiempos para la lírica.

El discurso de Abascal de ayer, el más incendiario que se ha escuchado desde la Segunda República, hizo estremecer por su agresividad, su violencia verbal y su cainismo guerracivilista, a la mayoría del pueblo español. La llegada de este hombre a las instituciones ha sido una auténtica tragedia nacional. Todo lo que sale por su boca es odio altamente inflamable y de 98 octanos. Un pirómano rabioso que se ha propuesto acabar con todo lo bueno que España ha construido desde 1975, cuando logramos librarnos por fin del yugo del auténtico tirano (en su delirio nostálgico, Abascal compara a Sánchez con Hitler cuando aquí solo ha habido un genocida sanguinario, su idolatrado Generalísimo).

Y en ese contexto polarizado, radicalizado, de alto voltaje que puede estallar en cualquier momento, reaparece un líder que lo fue todo y que hoy por hoy está desaparecido en combate: Pablo Iglesias. Lo que nos faltaba para que el polvorín español se acabe convirtiendo en un megaincendio de sexta generación. El exlíder de Podemos, ya apartado de la vanguardia de la batalla, se ha convertido en una especie de Felipe González prematuro. Un viejoven jubilado de la política, un cascarrabias que sigue malmetiendo cada vez que puede, una especie de deidad terrible que, desde alguna parte, en la sombra, entre bambalinas, en la Deep Web o internet profunda, envía sus maldiciones y castigos. Iglesias es como el Dios de Spinoza, el universo entero, la propia realidad, la naturaleza misma. Iglesias es Podemos (o lo que queda de él) y, sin Iglesias, Podemos no es nada.

Ahora su divinidad ha hablado de nuevo, deteniendo España y dejándola en suspenso, al asegurar que su partido no volverá a ir en coalición con Sumar y actuará por libre en el Parlamento nacional. Es decir, que rompe la baraja caiga quien caiga y así reviente todo. Ahora que lo indepe vuelve a estar de moda –los catalanes se separan de España, el PP se separa de la democracia por sus pactos con Vox, Page se separa del PSOE y Ayuso se separa del Estado con su paraíso o dumping fiscal– el controvertido exvicepresidente del Gobierno anuncia que rompe con Yolanda Díaz. O sea, la segregación de facto de Podemos respecto a la izquierda española para ir a su aire. La ruptura de la unidad de acción imprescindible para frenar a la extrema derecha. ¿Quiere esto decir que el antes hombre de la coleta retorna a sus orígenes de outsider o francotirador antisistema? Puede. La cabra tira al monte. Pero todo tiene una explicación mucho más simple, más mundana, más prosaica.

En el último año hemos asistido a la práctica liquidación de Podemos. De este arrollador movimiento ciudadano surgido del 15M ya solo quedan dos caras visibles, Montero y Belarra, que son como aquellas dos hermanas fantasmagóricas de El Resplandor que esporádicamente se aparecen a los españoles cuando el cámara de TVE apunta hacia ellas en medio de un Pleno trascendental como el que vivimos ayer y hoy. Las díscolas ministras han quedado ahí, en plan insectos atrapados en el ámbar de la historia, fósiles de un pasado que ya no es. Nadie sabe muy bien qué pintan ahí estas dos, más allá de dar mucho por saco reclamando el carguete que se atribuyen ellas mismas por los méritos previamente contraídos. Ambas se ven a sí mismas como dos revolucionarias fundamentales para entender la España contemporánea, las Clara Campoamor y Federica Montseny que han transformado radicalmente el país y los destinos de la lucha feminista. Por eso creen que el despacho ministerial les pertenece por derecho propio. Por eso no están dispuestas a renunciar al chupito del Estado (se han convertido en la misma casta que vinieron a destruir) y van a morir con las botas puestas. Nadie les vota ya, pero están convencidas de que su presencia en el poder sigue siendo imprescindible. Y como quien no llora no mama se han quejado al gran Manitú de Podemos, para que interceda por ellas. Ese, y no otro, es el origen del nuevo cisma que se avecina en la maltrecha izquierdilla española.

Iglesias exige a Yolanda Díaz que sus ángeles de Charlie estén en el próximo de Consejo de Ministros, representando la parte ineludible de Podemos. Y si no entran, se rompe la baraja. Por tanto, aquí no hay una pugna ideológica ni un debate de programas o ideas sino un cruento navajeo por el mantenimiento de las cuotas de poder. Ambición pura y dura, intereses personales, el qué hay de lo mío, ese mal tan español. De confirmarse la ruptura podemita con el yolandismo, Sánchez sufre otra peligrosa fuga en el casco de su naufragante barco. Por si no tenía bastante con el ultimátum de Míriam Nogueras de Junts, con las advertencias de Rufián, del PNV y Bildu o con la ofensiva ultra en las calles, ahora esto. Nace un Gobierno sostenido con palicos y cañas, como dicen los murcianos. Si llega a fin de año será un milagro de la Navidad.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LAS CANCIONCILLAS FASCISTAS

(Publicado en Diario16 el 16 de noviembre de 2023)

Tal como se preveía, Santiago Abascal montó ayer uno de sus habituales numeritos en el Congreso de los Diputados. Tras expulsar su vómito verde contra Pedro Sánchez, a modo de endemoniado necesitado de exorcista, él y su cuadrilla de toreros hicieron el paseíllo del ofendido y se largaron del hemiciclo dando el plante a la democracia. Pues mejor, que se vayan, que cierren la puerta al salir y que no vuelvan más. Así se volvería a respirar un aire algo más puro en el Parlamento.

Esta extrema derecha selvática y trumpizada es un fenómeno extraño que los demócratas tenemos que saber lidiar con paciencia para no caer en provocaciones y ponernos a su altura. Son como seres inadaptados, cromañones incapaces de dialogar o debatir como personas civilizadas, monstruitos producto de un convulso siglo XXI marcado por las ideologías del odio, la violencia, la conspiranoia fanática y el sectarismo. Muchos de ellos estuvieron estos últimos días en el brutal asedio contra Ferraz. De no haber intervenido la Policía, que no nos quede ninguna duda de que algunos de ellos (los más cafeteros y descerebrados) ya hubiesen irrumpido en la sede socialista para prenderle fuego al edificio con sus militantes dentro. De hecho, en cada concentración se escuchan cosas como “¡hay que quemar Ferraz!”, tal es el grado de violencia con el que se manejan estos profesionales de la agitación y el matonismo.

Como por sus obras los conoceréis, tal como recoge la Biblia que ellos dicen profesar, aunque ni la entienden ni la cumplen, basta con analizar los eslóganes y consignas que sueltan en sus aquelarres nocturnos para saber lo que son. Este es el top ten de borricadas, barbaridades y dislates que conviene deconstruir semióticamente para acercarnos, siquiera levemente, a la mentalidad de quienes forman este subproducto de las decadentes democracias occidentales.

Sánchez a prisión

Un clásico de los más repetidos en las manifestaciones ultras que se completa con la variante “Puigdemont a prisión”. Estos angelitos sueñan con volver a meter en el campo de concentración a todo aquel que no piense como ellos en un claro tic franquista. Abascal ha llevado al extremo el delirio hasta el punto de presentar una querella contra el presidente en funciones que, con la lógica jurídica y la del sentido común en la mano, no debería prosperar. Aunque viendo el plan en el que están sus señorías de las togas, ya no nos extrañaría nada.

Que te vote Txapote

Este eslogan ayusista es una auténtica infamia. ETA mató tanto a socialistas como a populares que defendieron con bravura la libertad, de modo que el intento de apropiación de la memoria histórica resulta nauseabundo. Por cierto, la mayoría de la muchachada ultra que se agolpa sobre Ferraz ni siquiera había nacido cuando los años del plomo. ¿Qué habrían hecho ellos de haber vivido en Bilbao, Álava o Guipúzcoa mientras los terroristas mataban a inocentes? No los vemos nosotros saliendo a la calle a protestar con consignas como “vosotros, etarras, sois unos macarras”. Se hacen los gallitos cuando no hay peligro.

Marlaska maricón

Un eslogan homófobo intolerable que revela el grado de maldad que anida en el interior del engendro. Los homosexuales fueron los grandes reprimidos por el régimen franquista y los nostálgicos de la new wave fascista recuperan ahora esta idea putrefacta que bulle en sus cabezas. Habría que indagar en el factor psicológico y en el complejo freudiano para saber de dónde les viene la fobia y no tenemos ni tiempo ni ganas.

No es una sede, es un puticlub

Grave insulto a todos los socialistas, mientras exhiben un montón de muñecas hinchables para denigrar a las ministras. De esta manera, los escuadristas de la sinrazón tratan de comparar un partido político que lleva 144 años luchando por la justicia y la libertad con una casa de lenocinio. Nótese el punto de machirulismo ibérico que inspira la frase.

Los Borbones, a los tiburones

Una gran contradicción. En teoría deberían posicionarse como tradicionalistas monárquicos de la España imperial que hunde sus raíces en tiempos ancestrales de este país. Pero no. El odio los ciega y ya no tienen claro el manual. Siempre fue lo mismo a lo largo de la historia: usan como un kleenex al rey de turno y luego lo sustituyen por un militar. Que convoquen un gran congreso fascista, hombre, aunque solo sea por ir unificando criterios y saber a qué nos exponemos. Hasta la barbarie requiere una organización.

España cristiana y no musulmana

Grito racista donde los haya que tiene su versión más repugnante y asquerosa en la afirmación “moros no, que España no es un zoo”. Aquí no hay contradicción alguna. Como buenos hitlerianos siempre tienen un bidón de Zyklon B a mano para perfumar a las minorías étnicas.

Esas lecheras [furgones policiales] a la frontera

Más xenofobia, además de insultos a los agentes de la autoridad. Son muy de ponerse pins y gorras de la Policía y la Guardia Civil, pero cuando los funcionarios cumplen con su trabajo para garantizar el orden y la ley ya se convierten también en enemigos antipatriotas. Que se lo haga mirar JUPOL.

Puto rojo el que no bote

Más de lo mismo. Si pudieran fusilaban a 26 millones de comunistas hasta que España quedara limpia como en el 39, cuando el republicano que no terminaba en la cárcel estaba en el exilio. Feo, muy feo.  

Prensa española manipuladora

Les molesta la prensa libre que denuncia el horror del fascismo. Por eso son obsesos de la censura, como en los buenos tiempos del Tío Paco. Por cierto, la frase no es de ellos, es de los indepes que promovieron el 1-O, lo cual viene a demostrar que los polos opuestos se tocan y los radicalismos coinciden en métodos y prácticas revolucionarias.

¡Noviembre nacional!

Esta es la perla que resume todo el ideario. Algunos de Vox ya han colgado en sus cuentas de Twitter las dos enes gemelas que recuerdan demasiado a las SS de la Alemania nazi. Blanco y en botella, leche. Pero nos les llamen ustedes fascistas que luego se enfadan.

Viñeta: Iñaki y Frenchy