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miércoles, 23 de marzo de 2016

LA HORA DE EUROPA

(Publicado en Diario 16 el 23 de marzo de 2016)

¿Y ahora qué? ¿Dónde será la próxima masacre? ¿Cuándo? ¿Cuántos ciudadanos más morirán? Esas son las preguntas que Europa no puede responder porque Europa no es más que un club exclusivo para ricos, no un auténtico estado políticamente cohesionado y formado por ciudadanos con proyectos y políticas comunes. Europa no tiene una policía propia, ni un Ejército, ni espías ni política exterior común. Por no tener ni siquiera tiene un centro antiterrorista centralizado para el intercambio de información sobre células yihadistas. Los terroristas de ISIS que mataron en la sala Bataclan atravesaron medio continente para refugiarse en Bruselas sin que nadie oliera su rastro. La Europa que cierra fronteras por miedo al sirio está paralizada mientras los xenófobos y fascistas avanzan y se organizan en Alemania, Francia o Grecia. La primera víctima del terrorismo es el humanismo y la tolerancia. Europa debe reaccionar, los países miembros deben ceder soberanía para construir un auténtico Estado federal. Está todo por hacer, entre otras cosas estrechar lazos con las comunidades y asociaciones musulmanas de los barrios pobres de París, Madrid o Bruselas. Los guetos de las grandes ciudades europeas como Molenbeek son los criaderos de los futuros yihadistas. Sin contar con ellos, con los musulmanes de buena fe, será imposible ganar esta batalla. Como tampoco será posible sin entablar relaciones diplomáticas sinceras y estables con los gobiernos árabes que apuestan por la democracia. Hay que potenciar la cooperación internacional, las inversiones y la ayuda humanitaria en aquellos países amenazados por el islamismo fanático. Los comandos de Daesh han demostrado que pueden matar donde quieran, como quieran y en el momento en que Alá se lo pida. No hay objetivo imposible para ellos, un aeropuerto, un estadio de fútbol, un autobús, una sala de fiestas, una instalación militar. Zaventem era el aeropuerto más seguro de Europa. Estaba absolutamente militarizado. Había soldados armados hasta los dientes, perros policía, tanquetas. Pero los tres kamikaces se pasearon por la terminal con sus maletas cargadas de explosivos sin que nadie sospechara nada. Dos de los inmolados, los hermanos El Bakraoui, ni siquiera estaban fichados por la Policía como sospechosos de yihadismo. ¿Cómo se puede luchar contra un terrorista que ni siquiera pertenece a una organización, a una banda estructurada, a algo material? El suicida no rinde cuentas ante ningún líder o jefe, solo ante su conciencia y Alá. Es un terrorismo extraño, difuso, imprevisible. Por eso urge estudiar el fenómeno, organizar congresos de especialistas que puedan aportar conocimiento e ideas, dotar de fondos a las universidades y centros de análisis. Y sobre todo armar una política europea común. Al terrorismo se le vence con democracia, pero también destinando fondos y con medidas militares, eso por supuesto. Hay que atacarlos en Siria e Irak, destruir sus bases militares, cortar sus suministros de petróleo y sus canales de financiación en paraísos fiscales. Que entiendan que jamás podrán construir ese delirio al que llaman nuevo Califato. Pero usando la fuerza proporcional que emana del Estado de Derecho, no la venganza, porque "ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego", como dijo Mahatma Gandhi. Y sobre todo, hay que acoger a los refugiados que huyen del infierno de Daesh, ayudarlos, darles una salida, integrarlos. Devolverlos a sus países de origen es tanto como arrojarlos en manos de las bestias, que no dudarán en esclavizarlos y en lavarles el cerebro para devolverlos a Europa, esta vez sí, cargados de odio y cinturones de explosivos. Europa debe ponerse las pilas ya. Llorar, manifestarse y soltar las cuatro frases manidas de siempre está muy bien, pero no sirve para nada. Es momento de actuar. Es momento de más Europa.

Ilustración: Plantu, dibujante de Charlie Hebdo.

martes, 22 de marzo de 2016

LOS DEMONIOS DE MOLENBEEK


(Publicado en Diario 16 y Newsweek en Español el 22 de marzo de 2016)

Mientras Obama clausura la guerra fría en Cuba el Daesh extiende la guerra caliente por todo el mundo. Por lo visto se trata de reemplazar una guerra por otra, un negocio por otro. Esa es la gran paradoja de los tiempos que vivimos, el nuevo desorden mundial que es un caos, una vorágine internacional, un sindiós. Lo último, hace una rato, los brutales atentados en el aeropuerto y el Metro de Bruselas. Otra vez el hombre bomba, la mochila asesina, el holocausto masivo en nombre de Alá. Es el matar por matar, la ceremonia litúrgica de la muerte, la sublimación y el placer del terror supremo sin más premisas ni objetivos geoestratégicos, políticos, económicos o culturales. Los versos satánicos, el exterminio total. Mientras los españoles, alegres y pacíficos, nos vamos de playas, paellas y Semana Santa, mientras Europa barre a los refugiados hacia la frontera turca, como si fueran la escoria del mundo, para que se los coman otros, los islamistas nos barren a nosotros, que somos su basura, sus chinches infieles, a fuerza de bombazo limpio. No se puede luchar contra los demonios de Molenbeek, granero infinito de suicidas, con nuestros absurdos niveles de alerta, nuestros inútiles detectores de metales y nuestros valientes perros policía patrullando por los aeropuertos. No hay policías, soldados, armas, tanques ni misiles suficientes que puedan detener a un loco dispuesto a morir matando. Por cada europeo que quiere vivir hay mil islamistas que prefieren morir. Es una guerra atroz perdida de antemano, una guerra entre la vida y la muerte, y esa batalla cósmica desigual siempre la termina ganando la señora de la guadaña. Europa se estremece ante el nuevo zarpazo de los tontos que no comen cerdo ni beben vino y a los europeos solo nos queda quedarnos en nuestras casas-madriguera, atónitos, aterrados, besando a nuestras mujeres e hijos, tomando un coñac y leyendo nuestros libros sabios, sin entender nada, sin poder hacer nada. La única solución es esperar, escondernos como conejos ante las hienas, aguardar a que el ángel exterminador pase de largo sin tocarnos con su mano de sangre y fuego. Laín Entralgo decía que no se puede ser hombre de un solo libro, porque eso crea fanatismo. Esta gente que sale de los desiertos secos y pobres de Oriente ya ni siquiera lee uno. No les hace falta el Corán para nada, solo un chaleco explosivo y un par de rayas de coca para infundirse valor. Primero fue Madrid, luego París, esta vez Bruselas, capital de la Europa mezquina y racista que blinda fronteras para que no le llegue la peste siria ni los ahogados del Egeo que lloran en el mar. Pero la peste ya está dentro de nosotros, en nuestras calles, en nuestras plazas, en nuestros aeropuertos, y no se llama refugiados, sino odio, muerte, fanatismo. No pararán hasta plantar la jaima olorienta llena de huríes y bueyes comidos de moscas en medio de los Campos Elíseos. No hay antídoto eficaz contra esta plaga invisible, no hay remedio contra estas células durmientes, tumorales, que nos matan trimestralmente con su rabia y su maldad. No se puede luchar contra esto. No hay solución. No hay salida.