Matar a un ruiseñor. Al juez Elpidio Silva le destrozaron la vida solo por hacer bien su
trabajo, por cumplir con su obligación. La investigación que llevó a
cabo contra el banquero de guardia del PP, Miguel Blesa, fue sin duda
impecable, pero algunos señores magistrados del Consejo General del
Poder Judicial, seguramente hipotecados por sus clientelismos y cadena
de favores, decidieron que era el momento de cortarle las alas. Juicio
por prevaricación y al dique seco. Sin compasión, sin perdón. A
la puta calle. Aunque él lo niegue, Silva fue víctima de una vendetta
política, de un ajuste de cuentas de los navajeros de las togas. La
corrupción institucional es mala, pero mucho peor es la corrupción
judicial, jueces que van de justos y decentes y que desayunan, comen,
cenan y se las toman con los concejales trincones. La Justicia en Madrid
está enferma, pero en las comunidades autónomas, en los pequeños
partidos judiciales donde no llegan los periódicos, ni los focos, ni los
agentes de la UCO, la situación es mucho peor, porque las componendas,
los contubernios, los chanchullos, quedan ocultos, enterrados,
silenciosos. Allí, en los pequeños juzgados de pueblo, en las plazas
rurales donde no llega el relumbrón de los grandes casos ni el eco de la
televisión, es donde se paralizan los fabulosos expedientes urbanísticos,
donde se frenan los escandalazos en su raíz, donde se tapan las
vergüenzas de los yonquis del dinero. Esos son los verdaderos feudos de los
alcaldes paletos, de los caciques, de los empresarios que se llenan los
bolsillos mientras el amigo juez, hermano de casta, mira para otro lado.
Esa es la peor de las Justicias, el peor cáncer de nuestra democracia
que a nadie parece importarle y que nadie está investigando. Y aunque
ninguno repare en ello, ahí sigue, actuando, trabajando, corroyendo. En
silencio. En la sombra.
Palacio de injusticias. Mucho se habla estos días de la corrupción política pero hay otras
corrupciones igual de malignas que también corroen los cimientos del
Estado. Estamos hablando de la corrupción judicial, de la corrupción de
los señores togados, tan corporativistas ellos, tan poderosos e
intocables, tan lejanos en sus sillones olímpicos. Es cierto que la
mayoría de los jueces son valientes, honestos y preparados, y que
gracias a ellos estamos conociendo las trapacerías de los Rus, Rato y
Rita. Pero, ¿qué pasa con los otros?
¿qué sucede con las manzanas podridas de la judicatura que encubren,
tapan o miran para otro lado cuando llega a sus manos el caso caliente y
podrido de un amigo político con el que cenan, comen y juegan al pádel?
¿por qué se habla menos de esa corrupción cuando es tan peligrosa como
la otra? Los casos están ahí, encima de la mesa, esperando que algún
periodista (si es que queda alguno) los investigue y los denuncie: los
ocho jueces a los que Carlos Fabra fue rotando para que no se
investigara su caso, la inhabilitación de Baltasar Garzón por los
magistrados afines al PP, la sanción a Elpidio Silva, la persecución al
juez Castro. ¿Por qué Naseiro salió absuelto, en el pleistoceno de
nuestra democracia, cuando ya se habían detectado las comisiones, las
mordidas, las pomadas infames? ¿Quién tapó toda aquella basura que le ha
reventado hoy en la cara, décadas después, al PP valenciano? ¿Cómo pudo
Valencia soportar tanto hedor durante tanto tiempo sin que ningún
magistrado levantara las alfombras?
Viñeta: Igepzio
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viernes, 5 de febrero de 2016
jueves, 11 de diciembre de 2014
LAS INJUSTICIAS DE LA JUSTICIA
A menudo escuchamos en las tertulias, en
la taberna y en la calle, esa curiosa frase que llama poderosamente la
atención: "Hoy han entrullado a fulanito por corrupto, al menos la
Justicia funciona". Aún nos sorprende que entre tanto lodo y tanta
mentira todavía queden jueces que se atrevan a meterse con el poderoso y
cuando lo hacen lo vemos como un gesto de valentía, de arrojo
profesional, casi de heroicidad altruista. Es como esa noticia que cada
cierto tiempo vuelve a los periódicos: "Gesto de honradez, un taxista se
encuentra un maletín lleno de dinero y lo lleva a la Comisaría".
Nuestros políticos han puesto el nivel de decencia a la altura del sucio
barro y por eso nos quedamos asombrados cuando nos encontramos con
jueces y magistrados dispuestos a cumplir con su trabajo, con su
obligación, como si aplicar la ley fuera algo excepcional y no lo normal
en un Estado de Derecho. En España, a un hombre que ficha a su hora y
no se lleva la mordida se le ve como a un bicho raro. A esta anormalidad
democrática han contribuido los chicos del Gobierno, que cuando les
pillan unas tarjetas black, unos viajes de follisqueo a las Canarias a
gastos pagados o una cuenta jugosa en la lejana y cimarrona Suiza se
ponen estupendos y suelen decir aquello que chirría tanto de "en el PP
estamos dispuestos a colaborar con la Justicia para aclararlo todo".
Vaya gracia, como si pudieran hacer otra cosa que colaborar con el
juzgado. Aún no han entendido que en democracia no hay nada más sagrado
que el imperio de la ley, al que todos, incluso ellos, están sometidos
sin distinción alguna.
En este país nuestros políticos se
sienten impunes, intocables santones, deidades absolutas que piensan que
colaborar con la Justicia es un favor que le hacen al pueblo llano.
Solo que en este país hace tiempo que hay Constituciones, leyes, normas
que cumplir, ya no es un cortijo franquista, por mucho que algunos se
empeñen en hacernos creer que España les pertenece. Y, ay señor mío, a
veces ocurre que salen jueces y fiscales encampanados que le echan un
par de bemoles al asunto a la hora de ponerle el sello de denominación
de origen al chorizo de turno. Qué le vamos a hacer, son las reglas del
juego, los riesgos de vivir en una democracia, y de vez en cuando sale
un fontanero Don Limpio como el juez Garzón y depura las cañerías
mugrosas de la Gurtel; o un avezado electricista como el juez Castro y
arroja algo de luz en los oscuros salones de la monarquía; o un buen
cirujano como Elpidio Silva va y extirpa a un banquero cancerígeno,
porque Blesa es como un tumor que se lo come todo, mayormente nuestros
ahorros. A menudo el poderoso suele tildar a estos profesionales de la
magistratura, despectivamente, de jueces/estrella, como si solo buscaran
salir en el Hola. Pero más que jueces/estrella algunos terminan siendo
jueces estrellados que como Garzón y Elpidio pagan la osadía de hacer
bien su trabajo y son injustamente apartados de la carrera judicial.
Entre la jet lo que se lleva ahora es cazar elefantes en Kenia, perdices
en Albacete y jueces en la Audiencia Nacional. La piel del togado se
cotiza más que la del leopardo. España se ha convertido en un gran coto
privado de monterías, la preciada cabeza del juez indómito colgando
sobre la chimenea, con la lengua fuera, y el pueblo al servicio del
señorito, como aquellos santos inocentes de Delibes, Milana bonita.
Al poder no le gusta que nadie vaya
hurgando en sus falsos ordenadores, en sus archivos ocultos, en sus
privilegios ancestrales y mucho menos un señor honrado
de Valladolid que
se sacó judicaturas con la mala costumbre del esfuerzo y del trabajo. A
la derechona (y por lo que parece tampoco al hoy disminuido PSOE) jamás
le ha interesado un poder judicial fuerte e independiente,
estructurado, bien dotado de medios humanos y materiales para desempeñar
su función. Va contra su concepción patrimonialista del Estado, contra
sus negocios espurios, contra su política basura del tres por ciento. Y
así han pasado los siglos, sin que los dos grandes partidos se pusieran
de acuerdo para arreglar los problemas de la Justicia, que al final ha
quedado como un viejo y polvoriento desván que a nadie le interesa
limpiar. Eso de que un señor vestido de negro vaya por ahí deteniendo
ladrones de guante blanco, azul o rojo, atenta contra el sistema,
introduce un elemento de orden en el desorden de la ley de la selva, que
es en lo que ha quedado hoy nuestro país, y va contra la ideología
imperante del butroneo, el favorcillo y el amigacho. Un juez honrado
molesta mucho. Por eso hay que largarlo a provincias, al Registro Civil o
a su casa a plantar coles. Y visto para sentencia.Ilustración: Adrián Palmas
jueves, 24 de abril de 2014
EL VODEVIL DE ELPIDIO
Imagen: cadenaser.com
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