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sábado, 24 de septiembre de 2016

EL LOBO Y LA GUERRA

 (Publicado en Revista Gurb el 23 de septiembre de 2016)

"A la guerra primero vas por aventura o porque estás averiado o en guerra contigo mismo, pero luego te das cuenta de que esa experiencia te está enseñando muchas cosas". Ramón Lobo (Lagunillas, Venezuela, 1955) hace tiempo que ya no frecuenta la guerra. Se lo ha dejado. Y no porque la guerra sea mala para la salud o porque veas morir a otros compañeros de profesión o porque termines con un niño mal herido entre tus brazos sin saber cómo ayudarlo. Simplemente se acabó, fue una etapa de la vida en la que se desayunaba cada día con un bombardeo, un tiroteo en plena calle o una fosa común. Ahora, lejos ya de las balas y de las metrallas morales del alma, se dedica a escribir libros monumentales como Todos náufragos, retrato de una generación marcada por la guerra, la dictadura y la lucha por la libertad, un ensayo en el que, entre otras cosas, ajusta cuentas con los fantasmas del franquismo, entre los que está su padre, excombatiente de la División Azul. "Sí, mi padre, al que yo llamo Generalísimo Lobo, por el juego constante que hago entre él y el habitante de El Pardo. Era una persona muy estricta que no emitía cariño porque consideraba que eso era una debilidad y su única relación conmigo eran las bofetadas y los castigos. Para mí es como si no hubiera tenido padre", asegura. Dice que no echa de menos la acción, ni las trincheras, ni viajar al culo del mundo en busca de una buena historia, porque ahora hace otras cosas interesantes. "Este libro me ha enseñado que el gran reportaje puede ser un camino muy interesante para explorar", dice el periodista, uno de los afectados por la oleada de despidos en El País. Aquel día en que comprobó que en este maldito negocio del periodismo a uno ya no lo miden por lo que vale, sino por lo que cuesta, escribió en su cuenta de Twitter: "Estoy en la lista. Mi per­fil digi­tal y mi tra­yec­to­ria son insu­fi­cien­tes". Croacia, Serbia, Kosovo, Bosnia-Herzegovina, Albania, Chechenia, Irak, Líbano, Argentina, Haití, Ruanda, Nigeria, Guinea Ecuatorial, Sierra Leona, Uganda, Congo, Zimbabue, Namibia y Filipinas, son solo algunos destinos de una larga lista de países en conflicto en los que el lobo de la prensa española puso su olfato y su genio para convertirlo en crónicas magistrales, piezas antológicas del periodismo español, ese periodismo que hoy, según el reportero, se ha convertido en un "aburrido corta y pega".

Entrevista completa en Revista Gurb

martes, 2 de febrero de 2016

LOS TANQUES DE MANUELA


El Ayuntamiento de Madrid ha comenzado a derribar (ya era hora) los últimos monumentos franquistas que todavía quedaban en la ciudad. La alcaldesa, Manuela Carmena, ha dado la orden que todos los demócratas estábamos esperando. Y la ha llevado a cabo sin avisar, sin edictos ni procedimientos interminables, sin protocolos ni negociaciones estériles, porque para hacer esto no hacía falta aviso ni notificación de ningún tipo, solo dar la orden sana y justa de enviar a los operarios adonde había que enviarlos. Carmena ha sacado las grúas como tanques democráticos a la calle para hacer justicia, para retirar las piedras de la ignominia y honrar la memoria de los muertos, de todos aquellos que lucharon por la libertad. Ayer, sin comunicarlo previamente a la Comisión de Patrimonio, la alcaldesa ordenaba el derribo del monolito en recuerdo al Alférez Provisional y la lápida en honor al falangista José García Vara, que ya ha dado bastante la vara. En los próximos días se quitarán otros cinco hitos, entre ellos dos placas dedicadas al diputado José Calvo Sotelo. A tomar por saco. Han tenido que pasar cuarenta años de dictadura y otros cuarenta de democracia para que alguien con sensibilidad, auténtico espíritu democrático y voluntad inquebrantable haya decidido actuar, sin miedo y con la razón en la mano, contra los últimos vestigios de aquella dictadura infame. Carmena ha sacado los tanques a pasear por Madrid. Ha sido un golpe de mano glorioso de la señora alcaldesa. ¡Viva Manuela!

El Tío Gilito va a Washington. Este es el programa electoral del candidato Donald Trump, 'el trampas' para los amigos, por si alguien quiere ponerse al día en actualidad yanqui: recorte de los derechos civiles, economía liberal todavía más salvaje, oposición frontal al aborto, deportación de inmigrantes indocumentados, portazo a los refugiados, vuelta a la teoría del creacionismo en las escuelas y mano dura en política exterior. La prensa local, salvo los medios afines controlados por este Tío Gilito de la denostada y degradada democracia norteamericana, asegura hoy en sus portadas: "El Partido Republicano se ha convertido en un insurgente atípico en la política estadounidense. Es ideológicamente extremo, desprecia las normas sociales y económicas heredadas, desdeña el compromiso, permanece inmutable frente a conceptos demostrados por los hechos y la ciencia y desdeña la legitimidad de la oposición política". El candidato, la fiera humana, que se ha atrevido a decir que si saliera a la calle a pegar tiros contra la gente aún ganaría las elecciones, es la culminación lógica en el proceso de enloquecimiento y pérdida de hegemonía de una sociedad histérica y una potencia en sus horas más bajas. Con semejante paleto en el trono de Washington, con un cacho de carne con ojos a los mandos del nuevo orden mundial, el panorama internacional resulta aún más sombrío de lo que ya lo es. Cuando los imperios se desmoronan llega la hora de los necios, que florecen como setas, y algunas encuestas ya lo dan como favorito. Los cortacabezas de ISIS se frotan las manos, el coreano de la bomba atómica se relame de gusto. Es malo lo que se nos viene encima, pero aún puede ser peor de lo que parece. Mucho peor.

Viñeta: El Koko Parrilla