Mostrando entradas con la etiqueta sanidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sanidad. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de octubre de 2014

EL PERRO Y LA RABIA

(Publicado en la Revista Gurb el 10 de octubre de 2014)


Violencias y delincuencias las hay de muchas clases, unas prohibidas y perseguidas, otras más o menos toleradas, aceptadas, institucionalizadas. Está la violencia ciega del yihadista que pierde la chaveta y se la hace perder a otros a machetazo limpio. Está la violencia del pederasta rijoso y bestial que acecha a las niñas en inocentes parques públicos. Y está la violencia del banquero corrupto que vive la vida loca a golpe de tarjetazo black, a tutiplén, con avaricia a fondo perdido, sin preocuparse lo más mínimo de los pobres ciudadanos que pasan por su lado muriéndose de hambre sin rechistar. Pero por encima de todo, está la violencia de un Estado que se permite imponer su santa autoridad y su poder intransigente sobre la vida de los otros. Hablo de la violencia de ese gobierno madrileño que ha decidido aplicarle la inyección letal al pobre Excalibur, el perro de la enfermera infectada por ébola que no se metía con nadie, el animal que hasta esta mañana era un ser feliz que disfrutaba con su simple ración de pienso y agua y que creía que los seres humanos eran sus mejores amigos.
No voy a entrar aquí en si hay demagogia o no en aquellos que se horrorizan porque Occidente se estremece ante la muerte de un perro mientras asiste indiferente al holocausto de cientos de niños en África. No creo que eso sea verdad, no creo que haya muchas personas con tan mala baba que no sientan una úlcera de dolor abriéndose en su interior cuando ven por la televisión cómo los pobres africanos caen como chinches por culpa del virus letal. Lo que ocurre es que contemplamos la desgracia ajena y a los cinco minutos, por un puro mecanismo de supervivencia, el cerebro se conjura para ponernos una venda en los ojos, para hacernos olvidar y así seguir viviendo. De otra manera nos volveríamos locos. Si un pobre mortal como cualquiera de nosotros es incapaz de resolver sus insignificantes problemas cotidianos cómo va a poder terminar con el hambre de mil millones de personas. Es imposible. Así que nos limitamos a sentir un temblor interior por el sufrimiento ajeno y seguimos tirando con el nuestro. Creo que todos estamos de acuerdo en que la vida de un niño africano lo merece todo, incluso el sacrificio de un perro y hasta de cien mil perros. Pero éste no era el caso. Matando gratuitamente a Excalibur, sin certificar si padecía la enfermedad o no, no se salvaba la vida de nadie y una vida, sea de hormiga, de topillo, de perro o de ser humano, es única, milagrosa, sagrada. Eso lo sabe bien ese bombero lúcido y sabio que practicó el boca a boca a un perro para tratar de salvarlo de un incendio. Donde hay vida hay conciencia y donde conciencia hay un hálito divino.
Un país avanzado como se supone que es España debería tener la suficiente sensibilidad y las leyes necesarias como para no verse obligado a exterminar a un perro brutalmente, totalitariamente, sin certificar antes si está sano o enfermo. Pero claro, España, la cerril y atávica España, está más en ese momento medieval del torneo del toro de La Vega, en el lanzamiento de cabras desde campanarios asesinos o en la caza indiscriminada de hermosos elefantes en monterías nauseabundas. Pues mientras no salgamos de ahí, seguiremos siendo un pueblo bárbaro incapaz de progresar, un pueblo sin valores ni principios humanistas. El nivel cultural de un pueblo se mide por el respeto que muestra hacia los animales. Si Dios existe está implícito en el último insecto de este mundo. En el caso de Excalibur se ha impuesto la lógica ciega y aplastante del Estado, la maquinaria histérica y aberrante de unos mandatarios sobrepasados por su propia incompetencia que no pensaban más que en quitarse la patata caliente de encima cuanto antes. Muerto el perro se acabó la rabia, han debido pensar. Qué gran forma de hacer política. Los animalistas que se han enfrentado a la Policía para tratar de evitar la muerte de Excalibur no eran locos iluminados sino avanzados a su tiempo. Quien no respeta la vida de un animal no es capaz de respetarse a sí mismo.
Miro a mi perro Kosmo y pienso que hay muy pocas personas en este mundo a las que quiera más que a él. Ese cuadrúpedo de mirada tierna e inteligente me ha sacado del pozo cuando estaba a punto de perderme en el abismo más lóbrego. Ese peludo de nariz de trufa tiraba de mí para levantarme del sofá y jugar conmigo a la pelota cuando ya no tenía fuerzas para seguir adelante. Ese amigo fiel me mira, empina las orejas puntiagudas y comprende perfectamente lo que estoy pensando y sintiendo. Pocos seres humanos han hecho tanto por mí como él. Con la mano en el corazón: me da mucha pena que la gente se esté muriendo de ébola en África y ojalá pudiera hacer algo por ellos. Eso es una cosa y otra muy distinta es que nunca permitiré que un juez adocenado o una ministra necia o un consejero de Sanidad inepto entre en mi casa para matar a mi perro. A uno de los pocos amigos fieles que me quedan ya. A un miembro de mi familia.

Ilustración: Artsenal

jueves, 5 de diciembre de 2013

LA HERNIA


La mujer de un concejal del PP se ha operado una hernia discal pasándose por el arco de triunfo las listas de espera de los doloridos pacientes. En esencia, podría decirse que eso es lo que nos queda de nuestra gloriosa Constitución del 78, ésa es la mejor síntesis de una carta magna que está herida de muerte: una hernia prevaricadora, una hernia ilegal (más que inguinal), una hernia criminal y prófuga. El puente de la Constitución ha quedado en un día rojo de calendario que ocho millones de españoles (los que aún pueden permitírselo) aprovechan como un permiso penitenciario para evadirse de la prisión de la oficina, ahora que está de moda que los violetas y pederastas campen a sus anchas por las calles. A uno le parece que la hernia ignominiosa de esa parienta popular debería estar penada con cárcel, pero claro, la Constitución no quiso llegar tan lejos, no pudo hilar tan fino. Aquella Constitución la redactaron deprisa y corriendo en la cafetería de las Cortes entre un par de rojos y un par de fachas (más alguno de centro que pasaba por allí y quedaba bien en la foto) porque llegaban los picoletos con las rebajas y todo el mundo al suelo. Pero lo de esa hernia a mí es que me tiene consternado. Un país que no puede poner coto y límite a la ambición sanitaria de una hernia tramposa y enchufada es que no es un país auténticamente digno y democrático. Ahora que celebramos el aniversario de nuestra Constitución (que ya no es aquella jovenzuela progre y liberal que nos seducía en los setenta sino más bien una señora gorda llena de lorzas podridas de corruptelas) los españolitos deberíamos exigir una disposición transitoria que prohibiera a las parientas de los concejales operarse las hernias por la feis. Las hernias se operan de una en una y siguiendo un riguroso orden hospitalario, coño, faltaría más. ¿Qué es eso de andar por ahí sobornando al personal sanitario con alevosía y nocturnidad para operar una hernia recomendada? ¡Tan dolorosa es la hernia de un paria como la hernia insigne de la mujer de un concejal, por mucho que sea una hernia de derechas y tenga mano en Génova! Aquí, en la España del siglo XXI, en la España que celebra una Constitución gripada y griposa que pide a gritos una reforma legal, las hernias deberían tratarse con un poquito de por favor. Libertad, igualdad, fraternidad y equidad de hernias, que todos tenemos derecho constitucional a un matasanos por riguroso orden de lista de espera. A mí que Bárcenas lo trinque calentito, que la Cospe se lo lleve simulado o en diferido, que Cataluña se independice de España (eso sí que es una hernia nacional y secular) o que Montoro prepare una noche de cuchillos largos entre los funcionarios de Hacienda ya me va dando un poco igual, la verdad. Lo que realmente me tiene fastidiado, indignado, jodido, es que haya tráfico ilegal de hernias en los hospitales españoles, que haya hernias de primera y de segunda, hernias ricas y hernias pobres, porque una hernia es una hernia y cuando aprieta el frío polar que nos llega del Bundesbank el dolor duele por igual, con independencia de su carné político. Si queremos que la Constitución sea una ley real de progreso y libertad que goce de la confianza del pueblo y no un simple papel mojado en que nadie cree ya, si queremos hacer las cosas bien en este país de una vez por todas, tenemos que empezar por respetar las hernias ("respetad la polla", decía Tom Cruise en Magnolia) porque una hernia justa para todos debería figurar en la cabecera de la Constitución, junto a los derechos y obligaciones de la Corona (con la cadera preferente del Rey ya tenemos bastante hernia y no necesitamos más hernias privilegiadas) El que quiera operarse de la hernia deprisa y corriendo, sin respetar el año y medio de la lista de espera, que es como la lista de Schindler sanitaria española, que se lo pague, coño. Que para eso van sobrados de sobres.


miércoles, 15 de mayo de 2013

LOS MÉDICOS

El Gobierno ha despedido a más de 400 médicos de cinco hospitales públicos sin darles siquiera los buenos días. Así de crudo, chas, chas, mañana no vengas, a la puta calle, ea. La mayoría de ellos eran veteranos con décadas de buena y sabia medicina a sus espaldas y ahora el Gobierno los deja en la rue alegando jubilación forzosa por causas económicas. Otro bonito eufemismo de este régimen manipulador y burlero, suma y sigue. Los despedidos eran médicos comprometidos con la salud de sus pacientes, médicos profesionales que se habían dejado la vida para salvar las vidas de otros, médicos generosos que trabajaban por el más noble ideal: aliviar el sufrimiento de sus semejantes. Así es como este Gobierno cruel y mentecato entiende la gobernación de un país, así es como este Gobierno trata a sus mejores cerebros, a sus mejores manos, a sus mejores corazones. Rajoy y los suyos van a pasar a la Historia como una ruda banda de salteadores de caminos capaces de desvalijarlo todo, de saquearlo todo por un puñado de dólares alemanes.

Hoy es un día negro para este país. Hoy miles de enfermos entrarán en la consulta de su médico de siempre, el que les conoce, el que les comprende, el que sabe de sus alegrías y sus miserias, el que sabe cuál es su melecina (a los ancianos ya les da igual la melecina que les den, solo buscan el consuelo de su amigo de la bata blanca de toda la vida) y se encontrarán a un becario nervioso que aún no sabe distinguir un hígado de un riñón. ¡Pero qué más da, señor Rajoy! Qué más da que a uno le traten un reuma como una gripe, qué más da que le den aceite de ricino para curar el cáncer. Lo único importante es el déficit, la prima de riesgo y todas esas patochadas estúpidas que se han inventado los piratas de Wall Street para estafarnos y engañarnos y así seguir dándose a la buena vida. Hoy, miles de enfermos entrarán en su consulta amiga esperando encontrarse con su médico paciente y honesto y se darán de bruces con un extraño travestido de médico, con un supuesto médico joven que lo despachará en cinco putos minutos, el tiempo de hacerse una paja, como decía Paco Umbral, un médico que puede ser Hannibal Lecter dispuesto a trepanarle los sesos por error o a recetarles un remedio adulterado para sacarse unas perrillas extra con la multinacional farmacéutica de turno. Europa le pide a Rajoy una vuelta más de tuerca al mercado laboral, otra más, mientras el pueblo está ya que no puede, mientras el pueblo está ya en el potro de tortura y una vuelta más de tuerca y le saltan los miembros descuartizados. El Gobierno cederá a la Merkel, de eso no nos cabe la menor duda, y aceptará el despido libre, y el esclavismo y el contrato único, lo llaman único porque solo tiene un único objetivo: joderle la vida al trabajador. A mí el diario Levante-Emv, el diario de la progresía valenciana, me echó el mismo día de Nochebuena después de 20 años de honrado periodismo y no tuvieron ni la delicadeza de darme el finiquito después de Navidad, que es que estos tiburones de la prensa ya no respetan ni al Niño Jesús, joder. Pero es que a estos pobres médicos jubilatas los echan por carta negra, una carta ominosa, la carta anónima de la mismísima mafia, que eso es lo que es este gobierno trilero y mentiroso: los Soprano pero con mucho menos estilo. Esos 400 médicos despedidos injustamente, cruelmente, esas 400 batas blancas pulcras de humanidad y valor, se van con la cabeza bien alta y la conciencia tranquila, con el juramento hipocrático intachable. Pero ellos, nuestros gobernantes pepistas, el clan Bárcenas El Escalador, el gang gurtel, se irán con un único juramento cumplido: el juramente del dinero que nunca duerme. A ellos no les importa el desmantelamiento de la sanidad pública, qué va. Ellos, cuando ya no puedan más de neurosis neoliberal, cuando ya no les quede ni una atrocidad ultracapitalista más que cometer, se tumbarán exhaustos en el diván (privado, claro) de un psicoanalista cien pavos la hora y escupirán sus bonitos pecados por la boca. Ése sí será un gran día.       

Imagen: Forges

jueves, 7 de febrero de 2013

EL TRANCAZO

(Publicado en Levante-Emv de Castelló el 24 de agosto de 2009)

Los tercios llevaron la sífilis a América y ahora América, serpiente multicolor y emplumada, nos la devuelve en forma de trancazo azteca y mortal. Primero fue el mono bujarra que atracó en San Francisco, capital del whisky, para hacer del galán Hudson un espectro de pómulos hinchados. Luego fue la vaca chalada. Más tarde el pollo enfrebrecido. Y ahora nos llega esta movida del gorrino estresado y constipado con la que damos la brasa los periodistas y que está acollonando al personal. 
Uno cree que toda esta cosa de la gripe A es una pieza más del motor que hoy mueve el mundo: el miedo. Todos tenemos miedo a algo o a alguien. Miedo al terrorista, miedo al cobrador del frac, miedo al paro, miedo al tótem de diorita que nos llega de África con la simiente dorada de Usain Bolt, un rayo negro y fugaz que ha roto en mil pedazos las leyes newtonianas. Yo mismo, como buen hipocondríaco que soy, y a mucha honra, le tengo pánico a la migraña, por eso siempre viajo con una aspirina debajo del brazo. Woody Allen cree que el miedo es su compañero más fiel porque jamás le ha engañado para irse con otro. Luego, ¿o fue antes? alguien dijo aquella chorrada de que el miedo es libre. Y un carajo. No hay nada tan paralizante, esclavizante y determinante como un ataque de miedo. 
Pero me juego el chilindrín a que esta pandemia nos la quieren aplicar unos señores de Wall Street para que no pensemos en que la empresa SA, o sea sin alma, va a ponernos de patitas en la rue. Los analistas que echan las cartas ya anuncian un calentamiento otoñal con un millón de paratas subiéndose a la parra del Gobierno, mendigos de latón, clineros de semáforo, cojos Mantecas rompiendo escaparates y un actor oportunista en el estrado haciendo de Lenin. Lenin millonario, eso sí. Como pasa siempre cuando arrecia una crisis, el gurú de turno de la CEOE, el bonzo de los bolsillos reventones de pela, el anciano de la tribu de calvorones con pastón (esta vez le ha tocado a un tal Díaz Ferrán) anda por ahí el hombre exigiendo más flexibilidades y facilidades para seguir practicando el genocidio laboral. Está visto que el rico es un glotón insaciable. Peor plaga que la peste es la plaga de la pasta. Así que he aquí un Gobierno acorralado por la gripe, por los gatsbys y por el lumpen, por la derecha y por la izquierda, por ratones y hombres. Y De Cospedal y Trillo, mientras tanto, dándole y dándole a la rueca de la mentira. Se equivocó Zapatero donando el Tesoro de Atreo a los bancos. Sólo digo que si el PSOE hubiera meditado un poco más, si hubiera administrado mejor la escasez en lugar de la riqueza, como corresponde a un Gobierno socialista, ahora habría más subsidios para cubrir más paro. 
Hay quien cree que el virus de la gripe A, el bichito malvado ése, se ha incubado en un corredor de la muerte porcino y transgénico, un gulag ganadero en el que malviven los sufridos y hacinados marranos del profundo Kentucky. Mira que nos lo avisó Orwell: los animalitos se revolverán contra nosotros. El caso es que los yanquis, desde que se han quedado sin enemigos, andan malmetiendo con su guerra blenorrágica. Ya no pueden recurrir a los soviéticos, ni a los amarillos, ni a los iraquíes, ni a los marcianitos verdes, que a Obama no le llega el parné presupuestario ni para mandar un cohete con piloto/simio. Lo de las Torres Gemelas fue un ensayo nuclear, el terror global televisado, en cinemascope, en prime time. Una obra maestra bien financiada por el moro extremo y bien guionizada por el gobierno Laden/Bush. Después de aquello sólo había una cosa que pudiera meter más miedo: una pandemia como Dios manda, un diluvio de bubónicos, medievales, engripados y acatarrados irreversibles. Y en eso están ahora. 
Bien mirado, nos creíamos que nos iban a mandar al otro barrio con un mal polvete desgomado, kamikaze y flirt, y resulta que la vamos a palmar con algo mucho más trivial, un kleenex usado de segunda generación, un morreo de tornillo oxidado de infecciones, un vecino del quinto en calzoncillos agosteños que deja pegado su humus nasal en el botón del ascensor mientras se rasca los cuyons, como diría Carod, que también prepara su epidemia en la calle contra el TC. 
Hay material suficiente para que un Saramago haga ensayo. Ensayo sobre la ceguera griposa. En fin, que van a terminar encerrándonos en casa bajo arresto domiciliario y sanitario, como a góticos personajes del Decamerón. Puestos a elegir tramas siniestras que fabrican pestes baratas, me quedo con los colceños callejeros de la Transición, que eran mucho más nuestros, como de la familia, y al menos les veías la jeta cuando llegaban con la motillo, camiseta grasienta y cigarro envenenado, calle arriba, para colocarte el garrafón venenoso. Ya se sabe: más vale peste conocida que peste por conocer. Uno, que es un antiguo.

Imagen: Lucho