lunes, 7 de noviembre de 2016

EL PISITO DE ESPINAR

(Publicado en Revista Gurb el 2 de noviembre de 2016)

Anda la derechona (con el apoyo del Grupo Prisa y algunos socialistas rabiosos que parecen salidos de la Falange Auténtica) buscándole las cosquillas y los escándalos a Podemos para terminar de darle la puntilla a lo poco que queda ya de la maltrecha izquierda española. Hasta Anson ha insinuado que circula por ahí un dosier secreto del CNI sobre Pablo Iglesias que, de ver la luz, terminaría de raíz con la carrera política del señor de la coleta. Pues si lo tiene que lo saque, coño, a qué santo viene tanto avisar con que viene el lobo. Y es que, desde que Pedro Sánchez concedió su histórica e histérica entrevista póstuma a Jordi Évole, en la que denunció presiones de El País y de las empresas del Ibex 35 para evitar un Gobierno de coalición entre partidos de izquierda, se ha abierto una nueva caza de brujas, una nueva temporada cinegética contra el rojo bolivariano y todo sociata que tenga la tentación de coquetear con el malvado Podemos.
La entrevista de Évole, ese periodista capaz de arrancarle el corazón al entrevistado con una simple pregunta y una sonrisa de niño travieso, ha hecho caer muchas caretas, entre ellas la del todopoderoso Juan Luis Cebrián, que tras echar espumarajos por la boca ha puesto a trabajar a sus plumillas y les ha dado orden expresa de rebuscar en los parvularios donde recibieron clase los podemitas, en los despachos desangelados de las universidades y en los botellones de Vallecas, con el fin de sacar cualquier cosa que pueda servir de noticia y reciclarlo como escándalo periodístico. Lo último es ese mayúsculo affaire atribuido a Ramón Espinar, el portavoz de Podemos en el Senado y candidato a liderar la formación en la Comunidad de Madrid, quien por lo visto se sacó unas pesetillas con la venta de una vivienda de protección oficial para jóvenes en Alcobendas cuando era un estudiante de 21 años y ni siquiera se dedicaba a la política. Al parecer el chico quería comprarse un pisito, como todo joven de su edad, y su sueldazo imperial de 400 euros al mes, ese pastón que fijan entre la patronal y el señor Guindos para que los universitarios puedan empezar a labrarse un futuro, no le llegaba para la hipoteca, de manera que le pidió un préstamo a la familia, como hace todo hijo de vecino. Luego, como no podía hacer frente a la letra mensual, Espinar decidió vender el apartamento, que no era precisamente el ático de Marbella de Ignacio González, ni la mansión de Paco Granados, ni siquiera el yatecito de nada en el que Felipe se solaza entre los piratas del mar Caribe, sino más bien un cuchitril de 60 metros cuadrados que da para picadero estudiantil de fin de semana y poco más. Y hasta ahí el escandalazo mundial, hasta ahí lo que ha dado de sí el último caso Watergate ibérico destapado por el magnate de la cutreprensa hispánica, o sea Cebrián. ¡Qué trama organizada e internacional más compleja, qué vergüenza para un país, qué estafa multimillonaria que ha hecho tambalear los cimientos mismos de la economía patria! Desde los latrocinios de Al Capone no se había visto nada igual, ni siquiera el caso Gurtel, las tarjetas black o la trama Púnica, todo ello sin duda mucho menos grave que el asunto de la casa de los horrores de Espinar.
Así que el muchacho, que tras esto ya sabe lo que es probar la hiel de la política española en su sabor más amargo, ha tenido que salir a dar explicaciones ante los periodistas de por qué compró el pisito o lo dejó de comprar, quién le concedió el préstamo, si la hipoteca era a cinco o a veinte años y si las cortinas eran estampadas o a juego con el sinfonier. Ya nos hubiera gustado que los gerifaltes del PP (y los del PSOE) hubieran sido así de rápidos en convocar ruedas de prensa para explicar tanto paraíso de Panamá, tanta comisión del tres por ciento, tanto hotel de masajes, tanta coca y putiferios varios en los que se han gastado nuestro dinero durante todos estos años. Pero pasaron las décadas y estuvieron callados como tumbas, o mintiendo como bellacos, hasta que llegaron los jueces de la Audiencia Nacional con las rebajas y al final todos ellos han terminado saliendo de las cloacas del Estado y desfilando para vergüenza y oprobio de los dos grandes partidos. Ayer, en la kafkiana rueda de prensa que se vio obligado a convocar Espinar, se dieron cita todos los medios, mayormente los más interesados en el casillo, los de Prisa y La Razón, la Brunete mediática (solo faltaban Inda y Marhuenda, estarían cobrando las minutas de la Sexta Noche) y como hienas de colmillo retorcido e hillilo de baba colgandera, esperaban, codo con codo, todos a una, como una nueva brigada Político Social, a que apareciera la joven víctima de su auto de fe para hincarle el diente y despellejarla viva. Desde el principio se vio que querían hacer pasar a Espinar por el nuevo Rodrigo Rato de Podemos, el Francisco Granados de la formación morada, o ‘El Bigotes’ de los bolivarianos, solo que enseguida se vio que la cosa no daba para mucho más. Eso sí, la comparecencia sirvió para que el muchacho, con cara de póker y gesto resignado, terminara dándose cuenta de dónde se ha metido y en qué consiste en realidad este juego sucio de la política española, este thriller de venganzas, traiciones, emboscadas, ventas de almas al mejor postor, convolutos, conspiraciones, chantajes y operaciones secretas para arruinar la vida de todo aquel que ose plantarle cara al Ibex 35. Espinar, ya te han desvirgado, hijo. Ahora ya sabes de qué va este rollo.

RAJOY ZANJA LA BATALLA ENTRE SORAYOS Y MARILOLIS CON UN GABINETE CONTINUISTA


(Publicado en Revista Gurb el 4 de noviembre de 2016)

La elección de los ministros del nuevo Gobierno confirma lo que ya sabíamos todos: que Mariano Rajoy, un superviviente nato, sabe bien cómo blindarse. El presidente, que de tonto no tiene un pelo y no quiere que el PP se le desmande y se convierta en otro sainete como ese PSOE fracturado por las luchas internas, ha sabido contentar a "sorayos" y "marilolis", colocando a unos y a otros en su nuevo gabinete, que ayer fue dado a conocer. El registrador gallego ha ido poniendo a los peones de uno y otro bando en lugares estratégicos, de manera que nadie quedara descontento ni le diera la brasa después con desafíos y órdagos imprevistos. Así él queda en la Moncloa tan tranquilo, leyendo el Marca, que en realidad es lo que le gusta, y allá se apañen ellos. Es decir, que aquí paz y después gloria y a seguir tirando cuatro años más.
Hoy, los flamantes ministrables desfilaban por la Moncloa con sus nuevas carteras de piel, o sea que fueron a hacerse la foto de Famiglia al chalé del presidente, quien por otra parte también se mostraba contento y satisfecho ante los periodistas porque ninguno de los suyos le había robado la cartera. Soraya Sáenz de Santamaría, la jefa de uno de los dos bandos contendientes, se mantendrá como única vicepresidenta del nuevo Gobierno, y asume las competencias en materia de administración territorial, aunque es relevada como portavoz del Ejecutivo. Mejor, así menos trabajo, pensará Soraya, que seguirá conservando el CNI (en los tiempos que corren quien tiene un espía tiene un tesoro) y dirigirá la negociación con los independentistas catalanes (que vaya aprendiendo el culé). Por su parte, el presidente nombra ministra de Defensa a María Dolores de Cospedal, la cabecilla suprema de la otra superpandi popular y candidata a heredarlo todo. Capítulo aparte merece su designación como máxima responsable de los cuarteles españoles. La primera mujer designada como ministra para dirigir los inescrutables destinos del Ejército español fue la socialista Carme Chacón, que mantuvo el tipo en todo momento y hasta puso firme a más de un tricornio corniveleto apasionado de nostalgias golpistas y ruidos de sables. Era una ministra roja y en principio se la recibió con recelo entre la siempre conservadora guardia pretoriana del Estado Mayor de la Defensa pero poco a poco se hizo respetar, sobre todo cuando se ponía en su sitio en las juras de bandera y decía aquello tan marcial y castrense de: "Capitán, mande firmes". Por eso intuimos que Cospedal (doña señora Finiquito, como se la conoce desde aquella tarde de infausto recuerdo, cuando se hizo un lío explicando los robos del tesorero Bárcenas) será bastante mejor recibida entre la curia militar: es de derechas de toda la vida, participa en las procesiones de su pueblo con rigurosa mantilla negra, peinetaza del quince y cirio en ristre (como una beata más) y es dura cual sargento chusquero. Todo muy del gusto de los generalotes más conservadores, que seguro la reciben al grito de Viva España, con dos cojones. En su declaración tras tomar posesión de su ventanilla, la ministra dijo que trabajará por la "grandeza de España", lo que hizo temblar a más de un español que teme que lo manden a Irak a pegar tiros otra vez. Ayer, las redes sociales ardían con ingeniosos chistes y memes sobre la nueva ministra: que si iba a poner a los españoles a hacer la puta mili otra vez (una mili en diferido); que si su elegancia neopija en el vestir no casa con la cabra de la Legión, demasiado peluda, maloliente y agropecuaria para su estilo Chanel (quizá se esté planteando abolir la mascota por ordinaria); que si ella quedará cañón con sus modelitos ultracaros el día del desfile de la Hispanidad… Que si esto, que si lo otro, en fin, en ese plan. Chismes digitales, no hay que hacerles demasiado caso. La cuestión es que ayer ella estaba encantada pasando revista a las tropas, luciendo traje gris diplomático, que es lo que le gusta. Está como una niña con vestido nuevo con el carguete de ministra de la guerra, que a buen seguro le dará mucho trabajo, ahora que hay conflictos armados con tiros por medio mundo. Y si Trump llega a la Casa Blanca ya ni te cuento. Va a haber una guerra en cada barrio.
Muchos de los nuevos ministros de Rajoy son los viejos ministros de Rajoy, o sea aquello tan gatopardesco de que todo cambie para que todo siga igual. Es lo que sucede con el trío calavera, o sea Cristóbal Montoro, Luis de  Guindos y Fátima Báñez, que repiten en sus despachos, quizá como premio merecido a los bonitos hachazos que han propinado a los españolitos de a pie durante tantos años de sacrificios y recortes. Y lo que te rondaré morena. Bruselas prepara un nuevo paquete de austeridad por valor de más de 5.000 millones de euros y los tres ya se relamen y afilan las tijeras. Están prestos los del trío sádico para acometer ese nuevo episodio de sacrificios económicos por el que harán pasar a los españoles. Montoro se afianza como superministro de Hacienda, que es que últimamente no se le escapa un defraudador, salvo alguno que otro que pulula por su partido y que tiene los papeles en Panamá. Terminada la crisis, superado el paro (ya todo español está trabajando gratis de sol a sol) nadando en la abundancia como nada el país, Guindos, que ya se dedica a sus libros y a contar batallitas sobre cómo evitó el rescate financiero, tendrá menos trabajo esta legislatura, ya que la economía española va viento en popa, crece al tropecientos por ciento y no necesita ni ministro. Y por último Fátima Báñez, símbolo de la reforma laboral que ha llevado a Amancio Ortega al primer puesto de la lista Forbes y a medio país al infierno de los bajos salarios y la desigualdad (aunque eso importa menos) también repite cargo. "¿Cómo lo he hecho para llegar hasta aquí? Ni yo misma me lo explico", deberá pensar la ministra, que tendrá que hacer frente al marrón de sacar dinero de la caja vacía de las pensiones, algo así como el milagro de los panes y los peces que dicen que hizo Jesús. Por algo se llama Fátima. ¿Quién mejor que ella para forjar el milagro? Y en todo caso no hay mayor problema: el PP es experto en cajas B y a buen seguro que sale un piquito de alguna parte para dar de comer a los vejetes y a sus hijos y nietos holgazanes.
Dice la prensa que Rajoy ha dado a conocer la composición y estructura de su nuevo Ejecutivo mediante un comunicado difundido por el Ministerio de la Presidencia después de la reunión que ha mantenido con el Rey en el Palacio de la Zarzuela para darle cuenta de las personas que se sentarán a partir de ahora en el Consejo de Ministros. Se trata de un Gobierno que cuenta con el mismo número de mimebros (13, mal fario) que el que diseñó a finales de 2011. Eso sí, de la foto desaparecen José Manuel García Margallo, Jorge Fernández y Pedro Morenés. De Fernández sabemos que fue repudiado por el Congreso por el caso de las grabaciones, así que ya estaba amortizado. De Margallo solo podemos decir que está mayor el hombre, que ya no está para viajes, y de Pedro Morenés no podemos decir mucho porque su mandato ha sido más gris que los trajes chaqueta de la Cospe.
El portavoz del Gobierno será ahora el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, que con tanto ministerio, tanta cartera y tanto despacho entre manos al final no va a saber el hombre dónde está. Las seis nuevas caras en el Gobierno serán, además de María Dolores de Cospedal (Defensa), Alfonso Dastis (Exteriores y Cooperación) Juan Ignacio Zoido (Interior), Dolors Montserrat (Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad), Álvaro Nadal (Energía, Turismo y Agenda Digital), e Íñigo de la Serna (Fomento). Lo de la creación del Ministerio de Agenda Digital nos huele a más ley mordaza para controlar a la plebe, que se está metiendo todo el rato con el Gobierno en internet, lo cual no puede ser. Menos Facebook y menos  Twitter y más ponerse a trabajar gratis por España, que es lo que toca ahora que ya tenemos un Gobierno de patriotas. Y no terminemos esta contracrónica, la más sesuda y documentada de cuantas se han escrito hoy en la prensa nacional, sin hacer mención a Dolors Montserrat, la nueva ministra de Sanidad, de quien dicen que una empresa familiar figura en la lista de morosos de Hacienda por hacerse la remolona con 2,3 millones de euros. Nada, una calderilla, un chupito, mucho menos que el pelotazo de Ramón Espinar, ese bróker peligroso, ese tiburón de las finanzas inmobiliarias que ha llevado a España a la quiebra. Promete grandes tardes de gloria la señora Muntserrat. Si es que el dedazo de Rajoy es un cachondo.

Viñeta: Becs

viernes, 4 de noviembre de 2016

LA DROGA DE LA CORRUPCIÓN

(Publicado en Revista Gurb el 4 de noviembre de 2016)

Es vicepresidenta cuarta del Congreso de los Diputados y una de las nuevas voces que han llegado al hemiciclo tras el auge de Podemos. No solo es presidenta de la Comisión de Garantías Democráticas de la formación morada, sino que además dirige el área de asuntos jurídicos del partido, un puesto a través del cual ha tenido acceso a los grandes casos de corrupción que se han juzgado en España. Gloria Elizo (Madrid, 1966) empezó a trabajar como letrada especializada en derecho Penal y Civil. En 2002 fue nombrada jueza sustituta en el juzgado de Úbeda (Jaén) y tras la aparición de Podemos, ya metida en la arena política, ha llevado las querellas contra Esperanza Aguirre y Eduardo Inda por acusar a Pablo Iglesias de colaborar con ETA y de recibir financiación de Venezuela. Además, impulsó, junto con el exfiscal Carlos Jiménez Villarejo, las querellas contra Jordi Pujol y Marta Ferrusola. Madre de dos hijos, Elizo asegura que en España "se debe impulsar un plan nacional de lucha contra la corrupción, tal como se hizo con el plan antidroga, que dio tan buenos frutos".

Entrevista completa en Revista Gurb

SÁNCHEZ Y SU RETO QUIJOTESCO


(Publicado en Revista Gurb el 4 de noviembre de 2016)

"A partir del lunes cojo mi coche para recorrer de nuevo todos los rincones de España, y escuchar a quienes no han sido escuchados". Así se lo dijo Pedro Sánchez a Jordi Évole durante su entrevista en el programa Salvados, donde comunicó su intención de "reconquistar" el PSOE en unas futuras primarias para entregárselo a las bases y "alejarlo del PP". Sin embargo, aunque la intención de Sánchez pueda parecer legítima y honesta, todo apunta a que no lo tendrá nada fácil. Su empresa se antoja descabellada y aunque contará con un amplio número de seguidores, sobre todo militantes de base y simpatizantes, la aventura parece condenada al fracaso. Coger un coche y empezar a recorrer cada rincón de España resulta una labor quijotesca que de cara a la galería puede resultar heroica y simpática por su idealismo poco frecuente en los tiempos que corren, pero escasamente práctica en realidad. Sánchez se tendrá que enfrentar a muchos molinos de viento en su particular cruzada contra el ala conservadora del partido, no solo con la férrea oposición de los barones y de Susana Díaz, que ahora mismo ostentan todo el poder del aparato, sino contra el grupo Prisa, contra las empresas del Ibex 35 (a las que ha puesto en la picota) y contra una gestora que está en su contra. ¿De dónde piensa sacar Sánchez los fondos y recursos para llevar a cabo su empresa? ¿Con cuántos apoyos y avales cuenta en realidad en el seno de su partido?
Es evidente que el exsecretario dimitido tiene ilusión y ganas de emprender una nueva etapa en el PSOE pero quizá alguien debería decirle que su hora ya pasó, que tuvo la oportunidad de ganar unas cuantas elecciones y que llevó al partido, de descalabro en descalabro, hasta la derrota final. Y que, sobre todo y por encima de todo, no supo aprovechar su momento, aquel en que la historia le situó ante la posibilidad de asumir el encargo del Rey de formar un Gobierno alternativo de izquierdas. Tuvo la oportunidad de pactar con Podemos y otros grupos nacionalistas y viró inexplicablemente hacia la derecha para caer en brazos de Ciudadanos. Esos errores ya los ha reconocido como propios, algo que le honra, pero el reconocer los errores no garantiza que alguien pueda tener derecho a una nueva oportunidad.
Para desgracia suya, Sánchez será recordado como el secretario general del PSOE que llevó al partido a sus peores resultados electorales en 137 años de historia y a una encarnizada y fratricida guerra interna que ha terminado con la ruptura radical en dos bandos. Quizá sea el momento de que –antes de coger el coche y ponerle gasolina (o diésel, que es más barato), antes de trazar la ruta por los pueblos a recorrer en el mapa de la Guía Michelin y antes de preparar sus discursos ante las agrupaciones locales y bases–, reflexione, se mire al espejo y se pregunte con sinceridad, sin rencores ni ansias de venganza: ¿es esto lo que más le conviene a mi partido? ¿Debo seguir adelante con mi batalla personal aún a pesar de que eso puede significar seguir ahondando en la herida de la división y en las luchas intestinas? Sánchez debe responderse a todas estas cuestiones antes de subir al vehículo y ponerse a hacer kilómetros por toda España en una misión proselitista tan homérica como aparentemente estéril. Él es un hombre con amplia experiencia en el partido que debe saber que cuando las elites controlan los resortes de una organización poco o nada se puede hacer para desbancarlas. Quizá sea una batalla perdida o quizá merezca la pena intentarlo. Eso solo lo puede decidir Pedro Sánchez.

Ilustración: L'Avi

LA MÁQUINA DEL FANGO

 

(Publicado en Revista Gurb el 4 de noviembre de 2016)

El caso de Ramón Espinar, portavoz de Podemos en el Senado, ha puesto de manifiesto la esquizofrénica situación que vive la política española desde que Pedro Sánchez anunciara en su entrevista en exclusiva con Jordi Évole que volverá a presentarse a las primarias del PSOE para recuperar las riendas del partido, devolvérselo a las bases y alejarlo del PP. En su charla con el presentador de Salvados, el ya exsecretario general socialista reconoció que cometió un grave error al no haber pactado con Podemos en su momento y denunció las presiones que había sufrido por parte de grupos mediáticos como Prisa y algunas empresas del Ibex 35 para que no se acercara al partido de Pablo Iglesias. Desde ese mismo momento en que Sánchez decidió tirar de la manta y airear los entresijos de las complejas negociaciones para formar Gobierno que tuvieron lugar durante los meses de bloqueo en España, algunos poderes fácticos han decidido pasar al ataque y contrarrestar el efecto Sánchez. La finalidad última no puede ser otra que ahogar cualquier esperanza de lograr una izquierda española unida que pueda aglutinarse en una oposición eficaz contra Mariano Rajoy capaz de cristalizar en una alternativa de Gobierno consistente de cara al futuro.
Tras la emisión de la entrevista con Sánchez, algunos decidieron que era el momento de cortar de raíz cualquier pretensión de negociar con Podemos (y de paso lanzar un aviso a navegantes para el exsecretario general dimitido) aunque para ello hubiera que poner al partido de Pablo Iglesias, injustamente por otra parte, al nivel de mezquindad de los políticos que se han enfangado en casos de corrupción durante los últimos años. Al igual que William Random Hearst le espetó a uno de sus dibujantes "tú haz las ilustraciones, que yo pondré la guerra", poco antes de que estallara el conflicto entre España y Estados Unidos a cuenta de  Cuba, Juan Luis Cebrián, magnate de Prisa, debió ordenar a sus plumillas algo parecido aquella noche de domingo en la que Sánchez largaba en la Sexta. El plan, sin duda, era diseñar una gran operación mediática bajo la apariencia de una supuesta labor de investigación que salpicara a Podemos y a todos aquellos que en el PSOE sueñan con una izquierda hermanada capaz de conquistar el poder. Solo había que elegir al chivo expiatorio apropiado, a la persona idónea sobre la que lanzar la "máquina del fango", un concepto que se ha acuñado en los últimos días y que define a la perfección la campaña de desprestigio, de acoso y derribo tan desproporcionada como injusta, que se ha orquestado desde El País y la Cadena Ser, con el apoyo de otros periódicos de la derecha como La Razón, ABC o El Mundo.
El personaje elegido para desacreditar a Podemos y al ala izquierdosa del PSOE partidaria de la confluencia con la formación morada fue finalmente Ramón Espinar, un político joven al que los periodistas de Prisa supuestamente han investigado en sus años de juventud. Los hechos se remontan a 2007, cuando Espinar tenía solo 21 años y era un universitario que apenas ganaba 400 euros. Por aquellas fechas, cuando Espinar ni siquiera estaba en política (la corrupción es siempre achacable a los políticos profesionales), decidió comprar una vivienda de promoción oficial para jóvenes de unos 60 metros cuadrados (nada de lujos) como hacen miles de muchachos de su edad que tratan de emanciparse y abrirse camino en la vida. Al poco tiempo, y al no poder hacer frente al pago de la hipoteca, algo de lo más normal en España dada la complicada situación que vive la juventud de nuestro país para acceder a una vivienda, decidió venderla, obteniendo un beneficio de unos 20.000 euros brutos con la operación. Y a partir de esos datos que estaban a la vista de todos es como el grupo Prisa ha construido la historia más delirante que recuerda nuestro periodismo reciente, y que se ha pretendido vender como un caso de corrupción a la altura de los latrocinios y tramas internacionales organizadas que hemos tenido la desgracia de vivir en estos últimos años de Gobiernos del PP y también del PSOE.
No será necesario recordar que vivimos en una democracia regida por la libertad de expresión y de prensa, ni que los políticos tienen el deber de dar las explicaciones oportunas cuando salen salpicados o bajo sospecha por algún titular. En eso consiste el juego democrático. Hasta ahí ninguna objeción. El único problema es que si nos detenemos un instante a analizar los datos objetivos de esta truculenta historia, dejando al margen las consideraciones políticas, no podremos por menos que concluir que el grupo Prisa no ha hecho más que caer en el peor de los periodismos que se pueden hacer: el que se ejerce buscando de antemano a una víctima propiciatoria para descargar sobre ella todo su poder mediático. Con la historia de Ramón Espinar, El País, y en consecuencia la Cadena Ser, han caído en lo peor que puede caer un medio de comunicación: en el sectarismo político más atroz y en la venganza al más puro estilo de los años de Pedro J. Ramírez, aquel periodista que, cuando se lo proponía, arruinaba la vida de todo aquel que osaba ponerse en su contra.
Con la noticia de Espinar, El País no ha hecho otra cosa que vender humo, engordar una anécdota y elevarla a la categoría de gran affaire periodístico, revestir una información inocua y sin interés público alguno bajo la apariencia de un gran escándalo político, cuando en realidad no hay tal escándalo, sino que en el trasfondo de la noticia subyace una lucha intestina de poder entre "susanistas" y "pedristas" y una intención clara de mantener cuotas de poder. La venta del piso de Espinar no solo no es delito, sino que es una práctica habitual en las relaciones económicas de cualquier país. Si tuviéramos que meter en la cárcel a cada español que ha vendido una vivienda lucrándose con la operación no habría celdas suficientes en España para meternos a todos. Cebrián necesitaba un tema fuerte, una cortina de humo para desviar la atención del auténtico bombazo informativo: las acusaciones que contra él lanzó Sánchez en la magnífica entrevista que concedió a Jordi Évole (este sí, un auténtico ejemplo de periodismo de calidad del que tendrían mucho que aprender los actuales redactores jefes, subdirectores y directores de Prisa, más acostumbrados ya a hacer política que a hacer periodismo del bueno).
Nada se sostiene en el pretendido escándalo que ofrece El País. Se dice que Espinar dio un "pelotacillo" inmobiliario cuando en realidad lo que se ha dado es una exclusivilla de medio pelo. Se dice que la conducta del senador de Podemos no es delictiva pero se le acusa de lo peor. Se le lincha públicamente por haber hecho algo que cualquier joven español sin recursos hubiera hecho: sacarse un dinero con la venta de un piso que no puede pagar. Y lo que es mucho peor y aún más barriobajero y repugnante: los periodistas que han lanzado la información han tratado de asociar la imputación del padre de Espinar, implicado en el caso de las tarjetas black, con la compra de la vivienda por parte del senador de Podemos, como si un hijo tuviera que pagar por los pecados de su padre. Una jugada no solo sucia, sino cruel para una persona que nada tiene que ver con los desmanes del PP, más bien todo lo contrario. En cualquier caso, la noticia daba, todo lo más, para una portada matutina en el blog amarillista OK Diario de Eduardo Inda. Pero que un periódico con la trayectoria gloriosa de defensa de los valores democráticos como ha sido El País caiga en estas prácticas y abusos de la profesión produce estupor y sonrojo. A los responsables de Prisa habría que recomendarles que desempolvaran los viejos manuales de estilo y volvieran a ofrecer a sus lectores periodismo de calidad, no bazofia política revestida de supuesta investigación seria. Aunque bien pensado, viendo quién dirige ese negocio –magnates más que periodistas, especuladores bursátiles más que reporteros–, quizá ya sea demasiado tarde.

Viñeta: El Koko Parrilla

miércoles, 2 de noviembre de 2016

LA DEMOGRACIA


(Publicado en Revista Gurb el 29 de octubre de 2016)

Transcurre el previsible debate de investidura de Mariano Rajoy entre bromas, chanzas, chascarrillos, chuflas y pitorreos varios de sus señorías, mayormente entre el presidente en funciones y Pablo Iglesias, que ya ejerce de líder de la oposición, también en funciones. Parece que hay feeling, se caen bien y hasta se hacen ojitos desde la tribuna. Tanto espectáculo de vodevil viene a demostrar que hemos pasado, sin duda, de la era de la democracia a la era de la demogracia. El poder para el más gracioso. El gobierno de los cómicos. Es una nueva fase en nuestra evolución histórica, por ponernos en términos hegelianos. Ni mejor ni peor, solo una nueva fase. Aquí el triunfo parlamentario se lo lleva el que dice el chiste más ocurrente, la guasa más oportuna, la gracia más graciosa, de ahí el término. La demogracia consiste en trasladar el lenguaje ingenioso y divertido de los 140 caracteres de Twitter, gran taberna del mundo, al hemiciclo, que es donde todos compiten por ser el más chisposo. Aquí de lo que se trata no es de ir al Congreso a hablar de las pensiones, que se agotan, ni de las prestaciones por desempleo, que ya no quedan, ni del problema catalán, que se ha evaporado como la honradez de los Pujol. Aquí se trata de decir la gansada más jocosa que "lo pete en las redes sociales", por utilizar una jerga community manager, que es lo que se lleva hoy. Y en ese terreno, el del humor, Rajoy tiene todas las de ganar. Domina el género, tiene retranca, se siente a gusto. Es una prima donna. Por eso salió airoso del momento crucial del debate: cuando Iglesias le dijo aquello de que con Twitter no se aclara usted pero con los SMS (en alusión al famoso "Luis sé fuerte" que le envió a Bárcenas aquel día de infausto recuerdo) se maneja “de maravilla”. El presidente, lejos de sonrojarse y venirse abajo (para sentir vergüenza torera hay que tenerla y el presidente hace tiempo que se la fue dejando por el camino sembrado de escándalos) reaccionó con cintura y contraatacó con otra ocurrencia: "En Twitter voy mejorando y con los SMS me manejé peor, pero ahora también voy mejorando". Es decir, Rajoy en estado puro. También quiso pillarlo, en vano, el portavoz del PNV, Aitor Esteban, cuando le soltó aquel soneto quevedesco: "Si bien me quieres Mariano, da menos leña y más grano". A lo que el gallego reaccionó con otro ripio que pasará a los anales del parlamentarismo cómico patrio: "Si quieres grano, Aitor, te dejo mi tractor".
Son ejemplos claros y rotundos de que en el terreno del humor (un humor clásico, decimonónico y hasta algo rancio y demodé si se quiere, pero humor a fin de cuentas) Rajoy es el mejor showman del momento. Ha hecho de sí mismo una caricatura que funciona, un personaje, un actor berlanguiano forjado en la escuela del chiste fácil, cuando no en el cinismo. Y ahí no tiene rival. El humor es una cosa muy seria, ya lo decía Churchill, y meterse a humorista sin la destreza suficiente puede llevarle a uno al desastre. Pero Rajoy domina el medio, no como otros emergentes todavía novatos, y por eso salió vivo de la primera sesión del debate de investidura, por eso se fue pasando por la piedra, uno tras otro, a todos aquellos adversarios que fueron subiendo al estrado a competir con él en cuchufletas y chirigotas. Estuvo tan fresco y cómodo en la tribuna de oradores, estuvo tan a gustito entre payasadas y chacotas, que nos olvidamos de lo más serio y grave: que ese mismo día desfilaban por la Audiencia Nacional los Correas, Crespos, bigotes y barbas del PP, esos fulanos del landismo financiero y económico que han llevado a la ruina al país. De Rajoy se han hecho muchas loas estos días, como que es un superviviente nato, un maestro del "quien resiste gana", un tío suertudo con una flor en el trasero que lo saca de las situaciones más comprometidas. Vaya usted a saber, que diría el propio Rajoy. Sin embargo, uno no ve tanto mérito en el presidente, uno ve más bien a un hombre terco que se tenía que haber ido a su casa hace mucho tiempo y que le está echando morramen para seguir cuatro años más en el poder. Rajoy se agarra a lo único que sabe hacer, un humor castizo de Restauración borbónica, una cosa de Casino burgués entre Mihura y Tip que aún parece funcionarle. Rajoy no hace política, Rajoy hace humor, que no deja de ser un mecanismo de adaptación a un medio hostil, como diría Freud, una herramienta con la que trata de evadirse y de evadirnos a los demás de los problemas reales, como que la UCO registra la sede de su partido día sí, día también.
Hallazgos humorísticos aparte, la primera sesión de investidura confirmó lo que todos ya sabíamos: la extrema crueldad de los susanistas que arrojaron a la hoguera a Hernando, escudero sanchista converso al abstencionismo, para que terminara quemándose mientras él, a gritos entre las llamas, se afanaba por tratar de convencernos de que quería decir "sí" cuando dijo "no". Por cierto, demoledora la simbólica imagen de los de la gestora del PSOE relegados a la última tribuna de invitados. Y es que la izquierda, tan dividida y fragmentada, ya va de invitada al Parlamento, solo por darle ambiente, por darle un toque pintoresco de color. El debate ha servido para poner focos y tablas a la debacle socialista y para poco más: como mucho para confirmar, por si no lo sabíamos ya, que España sigue siendo el cortijo de la derecha (y lo seguirá siendo en los próximos lustros); que Pablo Iglesias es un gran especialista en mítines y platós televisivos pero se pierde en retóricas literarias, citas históricas y una violencia gratuita, como en el peor espagueti western, cuando sube a la tribuna; que Rivera se diluye como un azucarillo conforme va pasando el tiempo (ahora ya hasta pierde las formas de chico educado y escupe tacos desde su escaño como un vulgar lumpen); y que sigue siendo todo un misterio que tipos mediocres como Rafa Hernando, tan exultantes como insultantes, puedan medrar y prosperar en este país surrealista que aún se llama España. Y así, entre chiste y chiste que maldita la gracia, es como esta misma tarde –cautivo y desarmado el Ejército rojo, o sea, lo que queda de ese PSOE en quiebra que se abraza a la abstención como a un clavo ardiendo más ese Podemos que quiere pero no puede–, el presidente de la España más pobre y corrupta que recuerda nuestra historia reciente volverá a ser investido. Una gran ironía del destino. Una broma macabra. Aunque bien mirado, como dijo Chaplin, todo es un chiste.

Viñeta: Igepzio

DÍA UNO DEL NUEVO CALENDARIO MARIANO

(Publicado en Revista Gurb el 30 de octubre de 2016)

Habrá un antes y un después tras la histórica sesión parlamentaria que se vivió ayer en el Congreso de los Diputados y que terminó con la investidura de Mariano Rajoy, por segunda vez y con la colaboración inestimable del PSOE, como presidente del Gobierno de España. A partir de ahora se abre un nuevo ciclo marcado por un Ejecutivo débil que gobernará en minoría y que tendrá que dialogar y pactar con otras fuerzas políticas si pretende sacar adelante su programa de leyes y decretos. Se acabó la mayoría absoluta, se terminó el rodillo con el que ha gobernado la derecha. El Rajoy algo pasota con los problemas del país y por momentos soberbio que hemos conocido en la última legislatura poco o nada tendrá que ver con el Rajoy que veremos a partir de ahora, sin duda mucho más apaciguado, condescendiente y obligado a trabajar para tejer alianzas políticas, algo a lo que no estaba acostumbrado. El reelegido presidente sabe que la de ayer fue una victoria pírrica y que sigue en la Moncloa de prestado, sin escaños suficientes para gobernar. A estas alturas ni siquiera sabe si podrá contar con apoyos para sacar adelante los presupuestos generales del Estado para el año próximo, pieza clave de toda gobernación, ya que sin aprobación presupuestaria un Gobierno no puede gobernar. Por si fuera poco, Bruselas ya tiene preparado un nuevo paquete de recortes en las cuentas públicas españolas por valor de 7.000 millones de euros que dejarían todavía más mermados los servicios públicos básicos como la Sanidad, la Educación y el Transporte. Con estos condicionantes, a los que se sumarán una dura oposición de los partidos adversarios –sobre todo de Podemos y de los nacionalistas–, más una fuerte resistencia ciudadana en la calle que podría derivar en una huelga general, tendrá que lidiar Rajoy en los próximos meses.
Hoy, cuando aún no se han cumplido 24 horas desde la sesión de investidura, resulta difícil aventurar si vamos hacia una legislatura larga de cuatro años o corta con elecciones anticipadas. Lo que sí sabemos es que Rajoy puede considerarse un hombre con suerte. Nadie daba un duro por él y se ha llevado el gato al agua. Tras el rosario de escándalos que se han ido destapando en los últimos tiempos en el seno del PP y que han manchado gravemente la imagen del partido, tras el ascenso de fuerzas emergentes que han erosionado el bipartidismo, tras dos elecciones fallidas y casi un año de bloqueo institucional en el que el presidente no ha conseguido formar un Gobierno porque ninguna fuerza política quería darle su confianza ni pactar con el hombre que había dado todo su apoyo al corrupto tesorero Luis Bárcenas, así como a otros implicados en corruptelas varias, su destino lógico era arrojar la toalla. En cualquier país occidental serio Rajoy hubiera sido carne de dimisión, no solo por los numerosos escándalos que le han perseguido, sino por sus políticas de austeridad que tanto sufrimiento han ocasionado a los ciudadanos (de hecho es el único presidente europeo de la zona sur de la UE que va a repetir mandato, ya que el portugués Passos Coelho, el griego Samaras y el italiano Mario Monti han caído por los efectos de la crisis). Pero España sigue siendo diferente y el mandatario gallego, lejos de abandonar, ha hecho valer su mayor virtud como político profesional: una capacidad de aguante ilimitada ante las adversidades. Y así, aferrándose al poder, negándose a claudicar, dejando que el tiempo transcurriera y las cosas se enfriaran es como Rajoy, al igual que un boxeador noqueado a un paso de desplomarse sobre la lona, ha esperado el milagro hasta el último minuto, un milagro que finalmente le ha llegado en forma de inesperada abstención del PSOE y que le ha otorgado la victoria a los puntos, contra todo pronóstico y sobre la bocina.
Si Rajoy es hoy presidente del Gobierno es porque así lo ha querido el PSOE. Punto y final. O habría que decir más bien porque así lo ha querido una parte del PSOE, el sector más conservador de los socialistas. Ningún otro factor, más que la decisión de Ferraz, más que el inesperado giro de última hora del Comité Federal desde el “no” rotundo y sin paliativos hasta la abstención en la sesión de investidura, ha resultado tan decisivo a la hora de alzar al registrador de la propiedad a la jefatura del Ejecutivo. El extraño y apresurado golpe de mano perpetrado por los barones contra Pedro Sánchez (máximo adalid del “no es no” a Rajoy) la usurpación del partido por una gestora urgente que prefirió cortar por la sano antes que debatir la sucesión en un Congreso Extraordinario, todo el atropellado, enloquecido y vertiginoso proceso de descomposición que ha vivido el PSOE en las últimas semanas, no ha sido fruto de la casualidad, ni de la fortuna o el azar. Más bien todo parece calculado, orquestado, perfectamente medido. Ya hay quien quiere ver una operación planeada a tres bandas –la famosa ‘Triple Alianza’ que denuncia Pablo Iglesias–, entre el Partido Popular, Ciudadanos y el ala neoliberal de los socialistas encabezada por Felipe González, Susana Díaz y otros barones, a la que se sumarían los grandes poderes económicos y financieros interesados en una “gran coalición” para frenar el ascenso meteórico de Podemos, el partido de los indignados y de las clases sociales castigadas por la crisis que amenaza con destruir el sistema bipartidista instaurado en 1978.
El bochornoso espectáculo que ha dado el PSOE en las últimas semanas ha concluido con la investidura de Rajoy y con las lágrimas de un Pedro Sánchez que poco antes de la histórica sesión, y forzado ante una más que probable expulsión del partido si insistía en votar “no” a Rajoy, se vio obligado a entregar su acta de diputado, anunciando que a partir de ahora se consagrará a preparar las primarias para recuperar la Secretaría General del PSOE y devolver el partido a la militancia de base. La vergüenza que para el PSOE ha supuesto entregar el poder a la derecha es una mancha indeleble que perdurará por muchos años en ese partido de tradición ejemplar en la lucha por los valores democráticos y los derechos de los trabajadores. Quizá sea por esa misma vergüenza, todavía no asumida, por lo que algunos diputados del partido del puño y la rosa reaccionaron ayer tan airadamente contra el discurso del diputado de Esquerra Republicana de Catalunya, Gabriel Rufián, quien lanzó una dura diatriba contra la bancada roja, acuñando el término “PSOE Iscariote” y calificando de "traidores a la izquierda" a cuantos socialistas tenían previsto abstenerse para que Rajoy pudiera formar Gobierno. "Los fundadores del PSOE se revuelven en sus tumbas, nunca más vuelvan a decirse socialistas, nunca más vuelvan a decirse obreros; traidores es el único nombre que merecen", espetó Rufián desde la tribuna en uno de los episodios parlamentarios más polémicos que se recuerdan y que provocó una airada protesta entre los socialistas. El único problema es que, más allá de que Rufián empleara palabras acertadas o inapropiadas, más allá de que todo cuanto salga de su boca sea repudiado por el odio que despierta su militancia independentista, en el fondo no estaba diciendo nada que no fuera cierto. ¿O acaso no es verdad que el PSOE ha dilapidado 137 años de historia de socialismo en una sola tarde al optar por abstenerse para que gobierne la derecha que mutila sin piedad los derechos de los trabajadores? ¿Acaso no es cierto que en el PSOE hace tiempo ya que se ha instalado una elite de políticos profesionales que medran en los consejos de administración de las grandes multinacionales que cotizan en Bolsa? Y en última instancia, ¿acaso no es una certeza más que objetiva y contrastada que muchos dirigentes del PSOE han hecho fortunas millonarias con la política, olvidándose de que el partido que mal dirigen nació para defender, no sus propios intereses económicos, sino los intereses de la clase obrera, esa misma clase trabajadora que, viéndose abandonada por su partido de toda la vida, ha tenido que recurrir a fuerzas emergentes como Podemos? No se rasguen tanto las vestiduras, señores del PSOE. Ustedes han hecho presidente al hombre que aprobó la infame reforma laboral que están pagando con sangre, sudor y lágrimas, y a veces con sus propias vidas, las personas de las clases humildes condenadas al paro, a la pobreza energética, a los salarios miserables y la desigualdad. Y eso no lo olvida un votante de izquierdas. De izquierdas de verdad.

Viñeta: Becs