(Publicado en Diario16 el 4 de septiembre de 2019)
Ningún partido de la
Europa civilizada hubiese soportado la inmensa cantidad de casos de corrupción que el
PP
ha llegado a acumular en los últimos años. Lo normal en cualquier
organización política colapsada por tal número de escándalos hubiese
sido cerrar el negocio, poner el cartel de traspasa y dedicarse a otra
actividad, mucho más después de un batacazo electoral como el que
sufrieron los populares el pasado mes de abril.
Los
66 escaños de las generales cosechados por
Pablo Casado
fueron un auténtico bochorno que cualquier dirigente serio hubiese
pagado con una sonora e irrevocable dimisión. Sin embargo, el joven
sucesor de
Mariano Rajoy decidió no tirar la toalla
(hay veces en la vida que esa es la única salida) y se aferró al clavo
ardiendo de su pírrica victoria en
Madrid. Para dar la
apariencia de que el PP entraba en una nueva etapa, dejando atrás el
oscuro pasado, el líder conservador buscó una cara nueva como
Isabel Díaz Ayuso (en realidad no lo era, ya que había nacido y crecido políticamente a la sombra de
Esperanza Aguirre,
hoy imputada por corrupción) y trató de convencer a los españoles de
que el partido iniciaba un proyecto renovador basado en la limpieza, la
regeneración y la recuperación de la confianza perdida. Hoy ya sabemos
que la operación de maquillaje ha embarrancado a las primeras de cambio,
ya que Díaz Ayuso no es más que un hermoso maniquí sin capacidad alguna
de decisión, un bonito producto de bisutería política de Casado que no
puede ocultar la auténtica fealdad del monstruo que como en
It, la estupenda novela de
Stephen King, se esconde en las cloacas del inframundo, o sea en los despachos secretos del partido.
En
Génova 13 se han acumulado toneladas de basura en
las últimas décadas, un auténtico estercolero gigante, y hay tanta
corrupción que los periódicos no van a tener problema para dar portadas
con buenos titulares durante los próximos veinte años. El entramado
corrupto formado por redes mafiosas como la
Púnica, la Gurtel, las cajas B
y otras alcantarillas es tan formidable y tan monumental, afecta tan
profundamente a las estructuras internas del partido, a las personas y a
las redes clientelares imbricadas con empresas corruptas, que ni
siquiera derribando los cimientos del partido y volviéndolos a levantar
podría Pablo Casado empezar a soñar con fabricar un nuevo proyecto.
En las últimas horas hemos asistido a más de lo mismo, una
película repetida mil veces cuyo final se estaba viendo venir. Aguirre y
también su sucesora,
Cristina Cifuentes, tendrán que
presentarse ante el juez para responder de la financiación ilegal del PP
madrileño. La noticia suena a sarcasmo, a broma pesada, después de que
hace apenas veinte días Díaz Ayuso anunciara a bombo y platillo
“tolerancia cero contra la corrupción” durante su discurso de
investidura en la Asamblea regional. Todo el mundo sabía que mientras
ella soltaba la chuleta aprendida de memoria, el disco rayado con el
programa de supuesto buen Gobierno del PP madrileño para los próximos
cuatro años, la prensa y los juzgados seguían investigando a toda
máquina al menos tres escándalos que la afectaban directamente: sus
supuestas relaciones con el
caso Púnica y con sus antecesoras en el cargo, Aguirre y Cifuentes (hoy flamantes imputadas); sus cinco años de supuestos impagos al
Impuesto de Bienes Municipales (IBI); o el crédito de 400.000 euros de
AvalMadrid para una empresa de su padre.
Pero no queda ahí el carrusel de escándalos que han seguido brotando
como setas en el tumultuoso PP de la capital de España. Según se ha ido
sabiendo, Ayuso, quizá por imposición de Casado, se ha ido rodeando de
la vieja guardia “aguirrista”, ex altos cargos que en su momento habían
salido salpicados por el “terremoto púnico” o que simplemente habían
fracasado en su gestión en anteriores gobiernos y habían quedado
“quemados”. Así, ayer mismo el juez de la
Audiencia Nacional Manuel García Castellón citaba a declarar como imputado a
Francisco Lobo, secretario general técnico de la
Consejería de Sanidad de Madrid y cargo de confianza de la presidenta Díaz Ayuso. Lobo fue fulminantemente cesado a las pocas horas y un lacónico
Ignacio Aguado, vicepresidente del Ejecutivo regional y portavoz del grupo
Ciudadanos en la
Asamblea Regional,
tuvo que salir a dar la cara ante los periodistas para ofrecer
explicaciones y garantizar que el compromiso de la formación naranja con
la regeneración y contra la corrupción sigue intacto. Si el cese de
Lobo ha sido consecuencia de las presiones del partido de
Albert Rivera
o idea de Díaz Ayuso es algo que aún no ha trascendido, aunque todo
apunta a la primera hipótesis, ya que el cesante había sido colocado por
la presidenta como cargo de confianza.
Mientras tanto, la turbina popular de fabricar desperdicios sigue
trabajando a tope y soltando más y más detritus. También ayer (sin duda
un día aciago para el PP) se supo que el ex consejero de Presidencia de
la Comunidad de Madrid y número 2 del PP en la región,
Francisco Granados,
lideró una trama que entre 2002 y 2014 saqueó más de 15 millones de
euros a cooperativas de profesores en la construcción de colegios
concertados en municipios madrileños y otras comunidades autónomas,
según el relato de los hechos que recoge el auto del juez García
Castellón. Más dinamita para Génova 13, más explosivo de demolición para
unos muros que milagrosamente, y sin que nadie sepa explicar cómo,
todavía aguantan y se mantienen en pie, aunque quizá por poco tiempo.
Y así seguirá siendo por los siglos de los siglos. La basura saliendo y
Cayetana Álvarez de Toledo mintiendo. Parece que la nueva portavoz del Grupo Popular en el
Congreso de los Diputados
apuesta por el viejo manual para hacer frente a la crisis, es decir,
negar la realidad, acusar de rojo masón al juez instructor o matar al
mensajero periodista. Cualquier delirio menos aceptar la realidad de los
hechos y asumir responsabilidades políticas, que sería lo lógico y
sensato. Trucos retóricos los de Cayetana que en el pasado ya se vio que
no funcionaron y que llevaron al desastre al Partido Popular. Mientras
tanto algunos, los patriarcas de la tribu fundada por
Fraga,
los honestos y sensatos del partido (que también los habrá) se miran
unos a otros y se preguntan estupefactos: ¿A dónde vamos por este
camino?
Viñeta: El Koko Parilla