domingo, 8 de septiembre de 2019

QUE DEJEN EN PAZ A BLANCA

(Publicado en Diario16 el 6 de septiembre de 2019)

Nadie se acordaba de Blanca Fernández Ochoa hasta que desapareció en los montes abruptos de Cercedilla, encontrando su triste destino. Es entonces cuando hemos sabido que una de nuestras mejores deportistas españolas de todos los tiempos vivía una existencia anónima y apartada, como una más, sin que nadie se acordara de ella. No es el primer caso. Nuestro deporte, ese que sirve de pantalla propagandística y patriótica cada vez que se produce un éxito a nivel internacional, devora a sus hijos, como aquel Saturno de Goya, y los deja en la estacada cuando se retiran de las pistas por viejos o averiados en alguna lesión.
Blanca había caído en ese anonimato cruel que impone el sistema y del que solo ha salido por su tragedia personal. Los medios de comunicación ya han olido la carnaza del caso y se han aprestado a repartir a las audiencias la habitual ración de quincalla, cochambre y bazofia televisiva. Tras conocerse la noticia de la muerte de la esquiadora, los titulares lacrimógenos como “Adiós Blancanieves” y “Blanca ya esquía en el cielo” han dado paso a otros más sórdidos y cutres sobre cada circunstancia concreta que ha rodeado la desgraciada muerte de la deportista. Preparémonos por tanto para largas horas de machaque televisivo sobre cada momento de la autopsia, sobre cada efecto secundario del Sinogan (los comprimidos fatales que han sido encontrados en su estómago) y sobre si la medallista olímpica murió de un infarto o de un derrame cerebral.
La maquinaria del show mediático ya carbura a pleno rendimiento y nadie va a frenarla mientras dé buenos resultados en los índices de audiencia. Así, es seguro que por los platós de la telebasura nacional empezarán a circular personajes de todo pelaje y condición (ya lo están haciendo), supuestos amigos que la conocieron y que por un puñado de billetes serán capaces de contar si Blanca estaba deprimida, si atravesaba por un duro trance personal o si era feliz con su vida de ahora. Los reporteros se lanzarán a la caza y captura de ese cabrero que la vio por última vez en el pico de La Peñota, ese conductor que la vio pasar fugazmente por el arcén cuando caminaba en dirección a su última meta o ese voluntario del pueblo que participó en las tareas de rescate. Y porque los perros rastreadores de la Guardia Civil no hablan, que si no también serían invitados a una tertulia para dar su versión sobre el suceso en prime time.
Todo esto tendría su sentido si estuviésemos hablando de una muerte violenta tras un secuestro, un atraco o un crimen y se tratara de aportar algún dato importante de la investigación que permitiera esclarecer el caso. La función pública de los medios de comunicación hubiese justificado tal despliegue de medios y de horas de emisión en horario de mañana, tarde y noche. Pero es que la historia de Blanca tuvo su punto final en el mismo momento en que el cuerpo fue hallado entre los roquedales de Cercedilla y se intuyó el motivo de tan infortunado desenlace.
A Blanca siempre la recordaremos deslizándose con elegancia sobre un mar de cristal y un oleaje de nieve, entre eslalons imposibles y peligrosos requiebros, y colgándose una medalla al cuello en un momento en que las mujeres estaban vetadas en el deporte. Fue ante todo una pionera en la lucha por la igualdad, y querer retorcer su historia para convertirla en un suceso apto para las páginas criminales no es ético ni justo. Que la dejen en paz y que dejen de usarla para titulares cursis con faltas de ortografía. Fue nuestra mejor campeona y merece un respeto.

jueves, 5 de septiembre de 2019

EL EXTRAÑO CASO DE LOS ORDENADORES DE BÁRCENAS QUE SE DESTRUYEN SOLOS


(Publicado en Diario16 el 4 de septiembre de 2019)

Un juez ha absuelto al PP por falta de pruebas en el caso de la destrucción de los ordenadores del extesorero Luis Bárcenas. Eso sí, el magistrado Eduardo Muñoz de Baena, después de dejar libres de responsabilidad a los que debían velar por la custodia de la información, ha acordado condenar en costas, tal como solicitaba la defensa del partido de Pablo Casado, a las acusaciones populares que trataban de esclarecer la verdad: Izquierda Unida, Adade y el Observatori Desc.
El asunto suena extraño y podemos estar sin duda en la antesala de un nuevo escandalazo de la Justicia española. En este caso tenemos un crimen sin culpables, un suceso sin esclarecer y un episodio propio de las mejores novelas de ciencia ficción. Si nadie es responsable de esto, debe ser entonces que los ordenadores cobraron vida y voluntad propia, como en un relato del gran Philip K. Dick, y decidieron borrarse, rayarse y romperse por sí solos. Así tuvo que ser. Una noche, las unidades de almacenamiento del extesorero que contenían el material sensible con la contabilidad en negro del partido, según afirmó Bárcenas, salieron de las computadoras y bien a mazazo limpio o con un destornillador, dejaron los discos duros hechos fosfatina.
En los últimos años hemos visto de todo: desde un presidente del Gobierno cuyo nombre aparecía escrito en negro sobre blanco en la contabilidad B del partido y que salió de rositas, hasta una estafa bancaria mayúscula: la compra del Banco Popular por un euro dejando a 300.000 familias sin sus ahorros y sin que nadie haya respondido aún por ello. Pero nos faltaba esto, nos quedaba por ver la obra maestra del surrealismo judicial patrio, un expediente X a la española, un caso solo apto para Mulder y Scully.
Si nadie en el PP puede responder de este turbio asunto, como dice el fallo del juez, será que unos robots se humanizaron, rebelándose y poniéndose de lado de los populares, y un buen día decidieron dedicarse a limpiar pruebas, a dejar la escena del crimen como una patena, a pulir los errores de bulto que iban dejando tras de sí Bárcenas y sus fontaneros del partido.
Sabíamos que en los juzgados españoles pasaban cosas raras. Gente pillada in fraganti, con las manos en la masa, que termina saliendo indemne de las comisarías y regresando tan tranquila a sus despachos de Génova 13. Sumarios que se pierden por el camino y censura previa a los cámaras de televisión que quieren cubrir el juicio, como ha ocurrido en este asunto. Pero esto de los ordenadores que se destruyen como por arte de magia no lo habíamos visto aún. Que la NASA pare de enviar vehículos a Marte, que el proyecto SETI suspenda la búsqueda de vida inteligente en otros planetas, que Steven Spielberg abandone sus películas anticuadas sobre marcianos verdes y seres de otros mundos. El PP ha encontrado vida de la buena, inteligencia artificial expresamente fabricada para el mal, androides con antenas azules, el himno del partido retumbando a toda mecha en el tórax y el logo con la gaviota pegado en el casco metálico, seres que se levantan en medio de la noche (bip, bip) y se pasean por los pasillos de la sede popular aporreando discos duros con información sensible hasta su destrucción total. En una de estas aparece Cayetana Álvarez de Toledo, como improvisada blade runner, persiguiendo y retirando de circulación, a tiro limpio, a los peligrosos replicantes.
La democracia española es un espectáculo sin fin. Un show esperpéntico impagable y total. El caso de los ordenadores cerrado y sin culpables contra todo pronóstico. Ahora solo falta que los abogados del PP, para resarcirse en daños y perjuicios, se querellen contra sus propios robots y les reclamen una jugosa indemnización. Ya vemos a las desgraciadas máquinas, esposadas y llorando lágrimas de aceite, desfilando por los tribunales. Por obstrucción a la Justicia, por rebeldes sanchistas y por rojas traidoras a España.

Ilustración: Artsenal

VOX GANA


(Publicado en Diario16 el 4 de septiembre de 2019)

Poco a poco, y con la complicidad de PP y Ciudadanos, las políticas rancias de Vox se van imponiendo sin hacer ruido, en la sombra, en silencio. Según informa el partido ultraderechista, “en virtud de lo acordado por iniciativa de Vox”, la Consejería de Educación del Gobierno murciano ha ordenado ya a los colegios “solicitar permisos expresos paternos para la realización de ciertas actividades escolares”. De esta forma, los padres o tutores legales tendrán que dar su consentimiento expreso a la hora de que los alumnos participen en “actividades o charlas que puedan ser objeto de controversias”. Según la formación de Santiago Abascal, esta nueva normativa “continúa sus pasos en la batalla por la libertad, tanto educativa como ideológica, sometida a los dogmas progresistas que han acaparado la educación durante años”.
La medida, una clara imposición al presidente Fernando López Miras −que tuvo que tragar con la agenda ultra a cambio de llegar al poder−, permitirá que los padres puedan sacar de las aulas a sus hijos cuando los profesores empiecen a impartir clases sobre materias como la igualdad de género o la educación sexual. Ahora bien, ¿es cierto que asiste a los padres el derecho a imponer los planes de estudio que quieren para sus hijos en los centros educativos? Esa es la primera falacia con la que juegan los verdes neofranquistas. De ser así, el caos educativo estaría servido, ya que cada partido político querría imponer su ideología en función de sus intereses particulares, en el caso de Vox su pensamiento machista, algo que un Estado no puede permitir. Como tampoco debe ser tolerado que grupos religiosos ultraconservadores introduzcan en las aulas sus prejuicios y tabúes que inculcan en los niños ideas homofóbicas y discriminatorias contra los derechos de los homosexuales. No; tras el argumento de la libre elección de la educación de los hijos, falaz y pretendidamente democrático, no hay más libertad sino más represión, más intolerancia y más atavismo religioso. En definitiva, más pensamiento autoritario y un nuevo intento de dar un golpe de Estado en las escuelas para imponer una uniformidad y una vuelta al siglo XV y a los tiempos escolásticos de la Edad Media.
Pero es que además el segundo gran argumento de Vox, la pretendida protección y defensa de la integridad moral del menor frente al supuesto adoctrinamiento, en realidad lo que esconde es un intento de implantar una educación elitista, sectaria, donde se trata de que el niño no vea contaminada su raza. Es decir, pura xenofobia. Ya advertía el filósofo Michel Foucault que tras este tipo de discursos siempre hay un intento de asegurar el control del poder, o lo que es lo mismo, que la clase social dominante no se mezcle con las clases bajas ni estropeen la “pureza” de su sangre con prácticas como la homosexualidad o el lesbianismo que son consideradas por estos grupos como peligrosas para el orden político y social establecido, pecaminosas y contrarias a las buenas costumbres. En el fondo estamos hablando de un discurso racial que trata de perpetuar un modelo económico y de poder: arriba las elites que han gobernado desde siempre; abajo los dominados, los parias, los oprimidos.
De ser ciertos los postulados de Vox, el siguiente paso sería incluir en los planes de estudios la ideología creacionista que niega la teoría científica del evolucionismo y cree que el mundo fue creado por Dios en siete días. Ese sí sería el primer paso para el adoctrinamiento en las escuelas que dice combatir Vox, ya que por ese camino la Iglesia católica lograría introducir de nuevo la Biblia entre los manuales educativos, que es el fin último tanto del partido de Santiago Abascal como de la Conferencia Episcopal y de los grupos ultraconservadores. Afortunadamente en los países occidentales el creacionismo sigue siendo una corriente de pensamiento minoritaria, con excepción de algunos reductos de los Estados Unidos profundos, donde una mayoría protestante está tratando de sustituir la teoría de la evolución en los libros de texto por las enseñanzas religiosas. Finalmente han tenido que ser los tribunales los que han impedido semejante disparate mediante sentencia judicial.
De ahí que sea tan importante que la enseñanza pública siga en manos de los profesionales de la educación y no caiga en el control de los padres, sobre todo de aquellos que militando en partidos preconstitucionales como Vox podrían terminar imponiendo sus delirios y sus fanatismos. La democracia nunca puede ser una opción. Ideas como la igualdad, el respeto, la tolerancia y el bien nunca pueden ser materias optativas, sino obligatorias. Únicamente así avanzaremos hacia una sociedad más humana, plural, tolerante y justa.
El Estado no solo puede intervenir en la educación como un derecho que debe ser regulado en el marco democrático, sino que tiene la obligación de hacerlo para erradicar comportamientos peligrosos en la educación de los menores como la violencia, la discriminación racista y homófoba y el mismo machismo, comportamientos todos ellos que aparecen a edades tempranas (casi siempre fruto de un modelo referente erróneo, el que ven en sus padres) y deben ser corregidos con un buen programa educativo.
Si no se imparte una buena educación sexual en las escuelas, proporcionando información de calidad al niño, será la religión o algo peor, la industria pornográfica, la que termine ocupando el lugar del maestro. Y entonces sí, el Estado será responsable de los monstruos que fabrique.

Viñeta: El Koko Parrilla

EL PP DE CASADO REVIENTA POR LOS CUATRO COSTADOS


(Publicado en Diario16 el 4 de septiembre de 2019)

Ningún partido de la Europa civilizada hubiese soportado la inmensa cantidad de casos de corrupción que el PP ha llegado a acumular en los últimos años. Lo normal en cualquier organización política colapsada por tal número de escándalos hubiese sido cerrar el negocio, poner el cartel de traspasa y dedicarse a otra actividad, mucho más después de un batacazo electoral como el que sufrieron los populares el pasado mes de abril.
Los 66 escaños de las generales cosechados por Pablo Casado fueron un auténtico bochorno que cualquier dirigente serio hubiese pagado con una sonora e irrevocable dimisión. Sin embargo, el joven sucesor de Mariano Rajoy decidió no tirar la toalla (hay veces en la vida que esa es la única salida) y se aferró al clavo ardiendo de su pírrica victoria en Madrid. Para dar la apariencia de que el PP entraba en una nueva etapa, dejando atrás el oscuro pasado, el líder conservador buscó una cara nueva como Isabel Díaz Ayuso (en realidad no lo era, ya que había nacido y crecido políticamente a la sombra de Esperanza Aguirre, hoy imputada por corrupción) y trató de convencer a los españoles de que el partido iniciaba un proyecto renovador basado en la limpieza, la regeneración y la recuperación de la confianza perdida. Hoy ya sabemos que la operación de maquillaje ha embarrancado a las primeras de cambio, ya que Díaz Ayuso no es más que un hermoso maniquí sin capacidad alguna de decisión, un bonito producto de bisutería política de Casado que no puede ocultar la auténtica fealdad del monstruo que como en It, la estupenda novela de Stephen King, se esconde en las cloacas del inframundo, o sea en los despachos secretos del partido.
En Génova 13 se han acumulado toneladas de basura en las últimas décadas, un auténtico estercolero gigante, y hay tanta corrupción que los periódicos no van a tener problema para dar portadas con buenos titulares durante los próximos veinte años. El entramado corrupto formado por redes mafiosas como la Púnica, la Gurtel, las cajas B y otras alcantarillas es tan formidable y tan monumental, afecta tan profundamente a las estructuras internas del partido, a las personas y a las redes clientelares imbricadas con empresas corruptas, que ni siquiera derribando los cimientos del partido y volviéndolos a levantar podría Pablo Casado empezar a soñar con fabricar un nuevo proyecto.
En las últimas horas hemos asistido a más de lo mismo, una película repetida mil veces cuyo final se estaba viendo venir. Aguirre y también su sucesora, Cristina Cifuentes, tendrán que presentarse ante el juez para responder de la financiación ilegal del PP madrileño. La noticia suena a sarcasmo, a broma pesada, después de que hace apenas veinte días Díaz Ayuso anunciara a bombo y platillo “tolerancia cero contra la corrupción” durante su discurso de investidura en la Asamblea regional. Todo el mundo sabía que mientras ella soltaba la chuleta aprendida de memoria, el disco rayado con el programa de supuesto buen Gobierno del PP madrileño para los próximos cuatro años, la prensa y los juzgados seguían investigando a toda máquina al menos tres escándalos que la afectaban directamente: sus supuestas relaciones con el caso Púnica y con sus antecesoras en el cargo, Aguirre y Cifuentes (hoy flamantes imputadas); sus cinco años de supuestos impagos al Impuesto de Bienes Municipales (IBI); o el crédito de 400.000 euros de AvalMadrid para una empresa de su padre.
Pero no queda ahí el carrusel de escándalos que han seguido brotando como setas en el tumultuoso PP de la capital de España. Según se ha ido sabiendo, Ayuso, quizá por imposición de Casado, se ha ido rodeando de la vieja guardia “aguirrista”, ex altos cargos que en su momento habían salido salpicados por el “terremoto púnico” o que simplemente habían fracasado en su gestión en anteriores gobiernos y habían quedado “quemados”. Así, ayer mismo el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón citaba a declarar como imputado a Francisco Lobo, secretario general técnico de la Consejería de Sanidad de Madrid y cargo de confianza de la presidenta Díaz Ayuso. Lobo fue fulminantemente cesado a las pocas horas y un lacónico Ignacio Aguado, vicepresidente del Ejecutivo regional y portavoz del grupo Ciudadanos en la Asamblea Regional, tuvo que salir a dar la cara ante los periodistas para ofrecer explicaciones y garantizar que el compromiso de la formación naranja con la regeneración y contra la corrupción sigue intacto. Si el cese de Lobo ha sido consecuencia de las presiones del partido de Albert Rivera o idea de Díaz Ayuso es algo que aún no ha trascendido, aunque todo apunta a la primera hipótesis, ya que el cesante había sido colocado por la presidenta como cargo de confianza.
Mientras tanto, la turbina popular de fabricar desperdicios sigue trabajando a tope y soltando más y más detritus. También ayer (sin duda un día aciago para el PP) se supo que el ex consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid y número 2 del PP en la región, Francisco Granados, lideró una trama que entre 2002 y 2014 saqueó más de 15 millones de euros a cooperativas de profesores en la construcción de colegios concertados en municipios madrileños y otras comunidades autónomas, según el relato de los hechos que recoge el auto del juez García Castellón. Más dinamita para Génova 13, más explosivo de demolición para unos muros que milagrosamente, y sin que nadie sepa explicar cómo, todavía aguantan y se mantienen en pie, aunque quizá por poco tiempo.
Y así seguirá siendo por los siglos de los siglos. La basura saliendo y Cayetana Álvarez de Toledo mintiendo. Parece que la nueva portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados apuesta por el viejo manual para hacer frente a la crisis, es decir, negar la realidad, acusar de rojo masón al juez instructor o matar al mensajero periodista. Cualquier delirio menos aceptar la realidad de los hechos y asumir responsabilidades políticas, que sería lo lógico y sensato. Trucos retóricos los de Cayetana que en el pasado ya se vio que no funcionaron y que llevaron al desastre al Partido Popular. Mientras tanto algunos, los patriarcas de la tribu fundada por Fraga, los honestos y sensatos del partido (que también los habrá) se miran unos a otros y se preguntan estupefactos: ¿A dónde vamos por este camino?

Viñeta: El Koko Parilla

CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO


(Publicado en Diario16 el 3 de septiembre de 2019)

Un fusilado por Franco guardaba celosamente en el bolsillo de su chaqueta las postales y cartas de amor que su mujer le enviaba a la prisión. Hoy, ochenta años después, esas cartas aparecidas en la fosa común número 127 del cementerio de Paterna han vuelto a la playa de la historia como mensajes desesperados en una botella y permitirán que los descendientes del represaliado puedan dar a su familiar, por fin, la digna sepultura que se merece y que le negaron sus verdugos. Paterna, el gran paredón de la España franquista donde más de 2.000 personas fueron vilmente asesinadas, va sacando a la luz las historias reales de la Guerra Civil, los dramas que ocurrieron de verdad, que atormentaron a gente de carne y hueso y que no son una invención de progres, rojos y comunistas, como dice Abascal.
Esta vez ha sido el murmullo lejano del amor el que ha llegado del pasado en forma de carta para desenmascarar a los asesinos, a los taimados revisionistas de la historia y a los que por uno u otro motivo se niegan a que en este país se haga justicia de una vez. “Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”, decía Tagore. Y nada más acertado. Esas cartas de los fusilados de la guerra son los corazones acribillados de miles de personas que siguen latiendo débilmente casi un siglo después; las voces de los muertos vivos que piden justicia y que España no se atreve a desenterrar en uno de los episodios más infames e indecentes de toda nuestra historia; las palabras de polvo y tinta borrosa que aún palpitan y que nos cuentan la trágica verdad por encima de las demagogias, los populismos y las mentiras neofascistas. En esas cartas está la angustia de un condenado a muerte al que van a fusilar al alba, las lágrimas de un hombre que no alcanza a comprender su desdichado destino, el llanto humano que España sigue despreciando de forma incomprensible. En las misivas se habla también de las cosas cotidianas, de la hiriente separación del ser querido, de la rabia de un padre que no puede ver a sus hijos, del hambre, de la enfermedad, del miedo.
En esas cartas amargamente polvorientas, por encima de los estudios historiográficos de sesudos hispanistas, está la gran verdad y la gran mentira de España. La primera lección que todos debemos aprender para no repetir el mismo error, el relato de la gente con nombres y apellidos que tuvo el infortunio de vivir aquella carnicería infinita más allá de las fechas, del fragor eterno de la batalla del Ebro y de los discursos inmortales de Azaña. La tierra noble siempre termina vomitando los crímenes y las injusticias del hombre y ahora nos devuelve, a modo de arcada epistolar, todas esas cartas que imploran honor, dignidad, decencia. Junto a los infelices trozos de papel se han exhumado también las ropas de los muertos, los lápices, las medallas, los zapatos, las botas, lo poco que los verdugos no se llevaron y dejaron a un pueblo injustamente torturado, masacrado, muerto. Pero lo más importante de todo son las cartas, esas cartas que no deben perderse jamás porque son las voces de la barbarie y de la historia, esas cartas que con sus palabras de amor han conseguido vencer por fin al rugido bestial de los cañones alemanes e italianos, al fragor del odio entre hermanos y al vasto silencio del olvido. No se puede construir nada bueno, ni siquiera un pequeño país en el sur de Europa, sobre los cimientos de la mentira, la injusticia y la mala sangre.
“He poblado tu vientre de amor y sementera, he prolongado el eco de sangre a que respondo y espero sobre el surco como el arado espera: he llegado hasta el fondo”, escribía premonitoriamente Miguel Hernández en su Canción del esposo soldado. Él, precisamente él, que fue uno de los muertos vivos. Uno de los que vieron con sus propios ojos todo el terror y toda la crueldad de que es capaz el género humano.
Las cartas, esas cartas de ultratumba, son la última señal de aviso para los españoles de hoy. España volverá a ser un país maldito mientras no vaciemos de una vez por todas las fosas y cunetas (sacando hasta el último de los huesos) y las llenemos de canciones, de pureza y de rosas.

Viñeta: El Koko Parrilla

FÚTBOL Y CORRUPCIÓN

(Publicado en Diario16 el 3 de septiembre de 2019)

Un inmenso escándalo, cuarenta y dos implicados (37 de ellos futbolistas) la imagen de la Liga Española por los suelos y un partido, el Levante UD-Real Zaragoza de 2011, bajo sospecha. Eso es lo que queda de la trama de amaños en el fútbol español que empieza a juzgarse hoy en el Palacio de Justicia de Valencia.
Aquel encuentro celebrado hace ocho años (¡ocho!) terminó con victoria del equipo aragonés por 1-2. El conjunto maño necesitaba la victoria para seguir en Primera División, mientras que el Levante ya estaba salvado. El biscotto, como dicen los italianos, estaba servido, y hubo un más que probable tongo que pudo ver todo el mundo y que perjudicó al Deportivo de la Coruña, club que terminó descendiendo de categoría. La Fiscalía Anticorrupción abrió una investigación sobre el caso y siguió el rastro de al menos 700.000 euros que, según las acusaciones de la Fiscalía, el Zaragoza pagó al Levante para que se dejara perder. Como dato curioso se aportará a la vista oral un detallado informe técnico de análisis de datos de aquel partido, una especie de escaneado elaborado por Business Intelligence & Analytics que recopila, analiza y compara las estadísticas en todas las parcelas del juego con partidos disputados desde 2006 “de idéntica naturaleza”. En ese informe se asegura que los jugadores locales hicieron sus peores números y los visitantes, los mejores.
Pero más allá del caso concreto, más allá del episodio puntual sobre el Levante-Zaragoza que ha despertado gran expectación mediática en la Ciudad del Turia, se desprende que estamos ante un gran juicio al fútbol español, ese territorio que hasta hoy parecía al margen de la ley. En nuestra Liga profesional durante demasiados años ha habido manga ancha y barra libre, permitiéndose de todo: deudas de los clubes, evasión fiscal, abusos, fichajes millonarios con dinero sospechoso, blanqueo de capitales y santuarios para personajes variopintos que amparándose en la tapadera del fútbol ocultaban sus turbias actividades en otros negocios.
Ahora se detecta un partido amañado en la que dicen la mejor competición del mundo y es cierto que ello pone en grave riesgo la credibilidad y la imagen de la Liga, buque insignia de la Marca España. Pero ahí es donde precisamente surge la pregunta más importante: ¿Estamos ante un caso aislado o este tipo de compraventas y amaños de partidos en la elite futbolística española son habituales?
Precisamente hoy, cuando nos desayunamos con la noticia de que Esperanza Aguirre ha sido imputada por un juez de la Audiencia Nacional como presunta responsable política de la corrupción que ha salpicado a todas las instituciones públicas madrileñas en los últimos años, asistimos al espectáculo bochornoso del gran timo que puede ser el fútbol español. El daño que gobernantes como Aguirre han causado a nuestro país es inmenso, pero ocurre que ya hemos abierto los ojos para despertar de un fatídico sueño y darnos cuenta de que no solo la política estaba enfangada, también la Casa Real, la Justicia, la Policía, las finanzas (véase el caso Banco Popular del que solo Diario16 informa ya) el periodismo, el sector alimentario (el brote de listeriosis no es más que otra clase de corrupción de supermercado) y hasta el fútbol, esa actividad lúdica y gran pasión nacional con la que muchos españoles se distraen y sacan pecho con los éxitos cosechados por nuestros deportistas.
La corrupción no era solo cosa de diputados, presidentes de comunidades autónomas y alcaldes trincones. El fango ha terminado por ensuciarlo todo y esta democracia nuestra necesita con urgencia un chapa y pintura porque está en juego algo tan fundamental como nuestro sistema de convivencia, derechos y libertades. Si no somos capaces de limpiar y regenerar las instituciones y la sociedad (pero a fondo y de verdad, no esa gallofa de regeneración que va vendiendo Albert Rivera mientras pacta con lo más sucio del PP) España corre serio riesgo de terminar convirtiéndose en un Estado fallido.
Este juicio contra un partido de domingo tarde que en realidad fue un tongo entre maños y granotas no deja de ser una anécdota más, eso que habitualmente suele definirse como la punta del iceberg. Apenas un síntoma de la terrible enfermedad de nuestro tiempo que contagia las entrañas de la sociedad española y que pone de manifiesto que el sistema está podrido mientras nadie hace nada por limpiarlo.

EL PP DE CASADO ES LO DE SIEMPRE


(Publicado en Diario16 el 3 de septiembre de 2019)

El juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón ha imputado a las expresidentas de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes por la presunta financiación irregular del PP regional, una investigación que se enmarca en el “caso Púnica”. En el fondo, lo que hace la Justicia es relanzar la investigación de este oscuro asunto y concretamente de la pieza que indaga si el PP que presidió Aguirre se financió ilegalmente durante las campañas electorales de 2007, 2008 y 2011.
Hasta ahí la información pura y dura que difundieron las agencias de noticias, la fría nota policial que no por esperada resulta menos impactante y trascendente. Ahora la investigación de la Justicia seguirá su curso, pero con independencia de ello hoy se impone el análisis político, las consecuencias para el PP y su nuevo líder, Pablo Casado, que se ha encargado de repetir hasta la saciedad, en campaña electoral y fuera de ella, que aquel partido preñado de corrupción era ya historia. ¿Cómo va a ser historia si los fantasmas del pasado vuelven una y otra vez como aquellos cuentos terroríficos de Charles Dickens? ¿Cómo podemos olvidar esa época aciaga y negra de nuestra historia si los casos criminales siguen brotando como setas?
El marrón de la imputación de Aguirre y Cifuentes es de considerables dimensiones para el partido y llega en el peor momento, justo cuando Isabel Díaz Ayuso –número 1 en la línea sucesoria del “aguirrismo”– acaba de ser investida presidenta de la Comunidad de Madrid (en medio de fuertes escándalos) y precisamente cuando Casado preparaba una gran operación de imagen para aglutinar el voto de PP, Ciudadanos y Vox en torno a España Suma, ese invento del que Rivera y Abascal huyen como de la peste.
A esta hora, la única respuesta dada por la dirección del PP a la imputación judicial, al jaque a las damas, ha sido apelar a la “presunción de inocencia de ambas”, lo que en lenguaje coloquial se llama “volver a las andadas”, o lo que es lo mismo, recuperar la vieja partitura de aquella marcha fúnebre de la corrupción que acompañó al partido en su defunción tras el descalabro electoral del pasado mes de abril. Recuerde el lector cuando los Bárcenas, Granados, González y otros monstruos de la galería de freaks del PP desfilaban uno tras otro por los juzgados mientras Aguirre también invocaba la presunción de inocencia para sus hijos políticos y se limitaba a decir que aquello era cosa de la fatalidad, del azar, de cuatro ranas de nada que le habían salido en el estanque de la Comunidad de Madrid. Hoy parece que la reina del cuento también va camino de convertirse en un hermoso anfibio verde citado para croar (y cantar) ante los jueces de la Audiencia Nacional. Aguirre tendrá que dar cuenta de si, como dice el magistrado instructor del caso, fue ella “quien ideó la búsqueda de recursos que financiaran las campañas que ella misma seleccionaba, y la supervisora última de las sinergias entre sus consejeros de confianza, que impulsó con dicha finalidad (…)”, ya que dichas campañas electorales “iban dirigidas fundamentalmente a fortalecer y vigorizar su figura política y a consolidarla como presidenta de la Comunidad”, concluye el demoledor auto.
Y pese a que la realidad se acaba imponiendo tozudamente (lo de Madrid era tan gordo que exigía cuanto menos la imputación de sus máximas dirigentes para que dieran al menos una explicación) Casado se empeña en dar una apariencia de limpieza y regeneración. Pues ni lo uno ni lo otro. La limpieza brilla por su ausencia, ya que los tribunales están hasta los topes de casos de corrupción que afectan a Génova 13. Fuentes judiciales consultadas por Diario16 aseguran que está muy cerca el momento en que el PP vuelva a ser condenado de nuevo por financiación irregular en alguno de esos ‘expedientes X’ que colean por los palacios de justicia de toda España.
Pero es que además la supuesta regeneración no se ve por ningún lado, ni en caras ni en cargos. Es más, a menudo la ciudadanía comprueba con estupefacción que los mismos perros (y sapos) con diferentes collares, que en su día se vieron afectados por la sarna de la corrupción, regresan ahora a la primera línea de la política como si estuviesen curados, rehabilitados, vírgenes de comisiones, sobres y chanchullos. No hay más que echar un vistazo al casting de altos cargos que ha preparado la presidenta Díaz Ayuso para concluir que aquellos fantasmas del pasado dickensianos a los que nos referíamos al principio de este artículo siguen cómodamente instalados en diferentes puestos de la dirección del partido.
¿Dónde está por tanto la regeneración tantas veces prometida, dónde los rostros castos y puros de esos hombres y mujeres que venían a reconstruir un partido emponzoñado de detritus? La pregunta, por supuesto, es retórica, ya que nadie en el PP va a salir a dar una respuesta que están esperando todos los ciudadanos. De hecho, tras conocerse la noticia de la imputación de Aguirre y Cifuentes ni siquiera Casado se ha atrevido a comentar algo sobre el tema y mucho menos a romper lazos con la gran matriarca castiza. Es decir, mientras todo apunta a que estamos llegando al corazón de las tinieblas, al final de la trepidante serie por temporadas de la corrupción madrileña, al PP la única explicación que se le ocurre es tirar de la manida coartada de siempre, de la excusa fácil de la presunción de inocencia. No se dan cuenta de que quizá estén asistiendo a la explosión final de las supuestas cloacas del “aguirrismo” y a los funerales políticos de esa Mamá Grande de los «batracios» (parafraseando a García Márquez) que fue doña Esperanza Aguirre y Gil de Biedma.

Viñeta: El Koko Parrilla