jueves, 28 de febrero de 2013

LA RUBIA MOGAMBO


Dicen que es princesa, pero para mí que Belén Esteban tiene más sangre azul en sus venas que ella. La amiga entrañable del rey, la rubia mogambo de las monterías africanas de Zarzuela, Corinna, se ha convertido en el personaje rosa que faltaba en ese thriller negro que es el caso Urdangarín. Ahora va y sale en la portada del Hola, todo enjoyada y perfumada de escándalo, para decirnos que no quiere ser centro de ninguna polémica. Claro, por eso le ha faltado tiempo para desnudar su alma (look Michelle Pfeiffer) en exclusiva mundial y en el semanario oficial de la aristocracia. Uno cree que Corinna no es más que una buscavidas del euromillón, por mucho que se empeñe en definirse con el eufemismo de experta en consulting empresarial. Ahora se dice así, pero las malas artes de Corinna nos huelen a algo más sencillo, primitivo, sensual.
Se queja esta aprendiz de Mata Hari de que la prensa va a por ella solo porque es rubia y mujer, pero también es rubia y mujer Leticia Sabater y nunca tuvo tanto tirón mediático. Asegura que no quiere hacer daño al Rey pero acto seguido se pone a largar ante el primer paparazzi que pasa por su lado. 
Corinna es una mala imitación de Grace Kelly y sus pedruscos prestados y sus modelitos Barbie princesa no son más que el envoltorio engañoso de lo que es en realidad: una intermediaria del trapicheo monegasco en el que ha caído la vieja Europa, una comisionista del lío en Río en el que se ha visto envuelto Juan Carlos I.
Corinna se ha creado un personaje ya manido en la literatura y el cine, el de la supuesta aristócrata superpija de apellidos interminables y prusianos, el de la top que no da un palo al agua y que pulula por las cancillerías, reinos y palacios europeos en busca del chanchullo fácil. Corinna es una fórmula tan vieja como el tiempo, la rubia peligrosa que por la noche envenena de Chanel Five al pez gordo de turno y al alba le roba las joyas y la cartera, cuando el gran hombre, ebrio, agotado y descorbatado, yace por fin en la cama con dosel del hotel sin haberse comido un colín. Desde Lubitsch sabemos que las cazahombres engatusan a reyes y duques empalmados de lujuria y champán francés, pero por la mañana, cuando ha pasado la fiebre del vals, la luna llena y las falsas promesas, les dan con la puerta en las narices y si te he visto no me acuerdo. Las corinas de la vida enamoran a los gobernantes de medio mundo pero terminan largándose con el gitanazo que espera dentro del coche con su camiseta de rayas gondolieras y su tatuaje amor de madre.
Treinta años de austero y fructífero reinado juancarlista han quedado ensuciados al final por un desliz con la reina del artificio, por un error con una aventurera marbellí que hunde monarquías como quien juega a los barcos, por las intrigas palaciegas de una condesa descalza con linajes baratos de Sissi Emperatriz. Engañarás al duque, engañarás al Rey, engañarás a la Historia, Corinna, chata, pero nunca podrás engañar al pueblo. No vayas de única porque se te transparenta toda la ambición. Como los pezones de la Hathaway.                    

sábado, 23 de febrero de 2013

LOS SICILIANOS DE LA IGLESIA


Ocurre que un Papa de Roma es como un rey, nadie se acuerda de él hasta que se le necesita. A mí los papas me la traen bastante al viento, pero Benedicto XVI, tras su abdicación/dimisión es uno de esos personajes históricos y magnéticos que darán para mucho best seller de Corte Inglés y para mucho ensayo coñazo. Estamos sin duda ante un papa adusto, erudito, oscuro, muy lejos del viajero, alegre y mediático Wojtyla que tantos amores católicos despertaba y que tanto piropo cursi inspiraba, totus tuus y todo aquello. A Benedicto, cuando llegó al trono vaticano, todos le criticaron su pasado sospechoso en la Alemania nazi, su jefatura al frente de la Inquisición moderna y su humanidad aparentemente gélida, un retrato que después se ha demostrado fallido y arquetípico porque se basaba únicamente en los trazos de su rostro de sátiro travieso. Después, cuando ya era tarde, se ha demostrado que el hombre no era tan malo como nos lo pintaron algunos medios de comunicación y que los malos realmente eran otros, los obispos-banqueros, los poderes fácticos en la sombra, los pederastas ensotanados y los mayordomos carteristas que le espiaban en los aposentos papales.
La dimisión de Benedicto tiene más que ver con su hartazgo de tanto sepulcro blanqueado, con su impotencia para sujetar a la curia bancaria, que con su edad avanzada y su salud maltrecha. A este Papa lo recordaremos siempre por una decisión valiente, su sagrada dimisión, esa palabra que dentro de poco habrá que dar de baja en el diccionario de la RAE por arcaica y desusada. Un agnóstico es un ateo que todavía ha vivido poco y hasta el mundo agnóstico aplaude ahora a un papa íntegro que ha tenido un gesto humano tras una indigestión de injusticias eclesiásticas. "Ahí os quedáis, que yo me voy con mis libros a un monasterio", debe haber dicho a los obispotes de Roma gordos, fatuos, corruptos. 
Uno ya no confía en que Rajoy tenga un arrebato de dignidad mariana y siga los pasos de Su Santidad (SS), pero cree que Don Juan Carlos sí está a tiempo de seguir el camino de Benedicto XVI, ya que una huida a tiempo puede salvar un Reino. La imagen de Iñaki El Empalmado, duque de ferias y congresos, bajando por el cadalso vergonzante del Juzgado mallorquín es demasiado brutal, demasiado demoledora y grotesca, y no hay Monarquía que la resista. Por eso urge una reforma en profundidad en la Zarzuela para tapar las goteras que le han salido tras tres décadas de democracia. Los historiadores deberán juzgar ahora cómo un jugador de balonmano que movía tan bien la mano pudo engañar a la Casa Real con su juego de muñecas.  
Pese a que ya digo que no comulgo con la curia vaticana, he de confesar que Benedicto será a partir de ahora mi papa de cabecera, my favourite Papa, porque con esa dimisión divina y humana ha demostrado no solo que es mortal, sino que ha sido honesto con sus principios religiosos hasta el final, y eso es mucho en los tiempos que corren. Su decisión ha puesto en evidencia a los grupos sicilianos de la Iglesia, que son como las meigas gallegas, siempre intrigando, siempre amasando, siempre ensuciando el mensaje de Cristo, por los siglos de los siglos. Amén.   

Imagen: Neil K. Kempsell              

jueves, 21 de febrero de 2013

LAS METÁFORAS DE RAJOY


De todas las malas metáforas empleadas ayer por Mariano Rajoy en el debate de la cosa hay una que da mucho miedito: "Ha costado mucho pero el barco no se ha hundido". Lo digo porque cada vez que el presidente habla de barcos, cada vez que se pone el disfraz de patrón de navegación es que la pifia sin remedio. Recuerde el ocupado lector de este blog cuando el registrador de la propiedad se puso también metafórico en aquellos días tempestuosos del naufragado Prestige. Sus "hilillos" de chapapote nos salieron caros a los españoles (sobre todo a los gallegos) y ahora mucho nos tememos que la metáfora manida del barquito esconda un mal fario de cara al futuro para todos nosotros. 
Si nos fijamos bien, las metáforas de los políticos son siempre las mismas, que si el barco, que si los toros, que si el fútbol, y no hay un solo asesor en Moncloa que caiga en la cuenta y le diga al presidente que estas licencias literarias deberían estar prohibidas por sobadas. Pero que el premier pepero haga alusión a la metáfora de la embarcación es más que una metáfora un símbolo, un símbolo de que nuestros políticos se repiten hasta la saciedad y hasta la suciedad y les falla la imaginación, que es más importante que la lógica, ya lo dijo Hitchcock. 
Uno cree que detrás de la metáfora recurrente del discurso de su excelencia está el ministro Wert, el prepotente, maquiavélico y engreído Wert. Ya se conocen sus aficiones literarias y sus pinitos radiofónicos (otro día hablaremos de por qué en este país se permite llegar a la política a cualquier artista/advenedizo). Por eso nos olemos que en el origen de las pobres metáforas que ayer esgrimió Rajoy (todas para olvidar) hay un mal literato, un poeta adolescente que no ha pasado del cursi Bécquer. Su discurso no solo fue patético y yermo desde el punto de vista literario, sino que no hizo un mal atisbo de autocrítica, por mucho que empezara su alocución con la triste cifra de parados, un brindis al sol para luego tirarse el nardo de lo estupendo que soy y lo bien que lo estoy haciendo, ea. Eso sí, para quien no hubo una mala metáfora fue para Bárcenas El Suizo y ya sabemos que el silencio, señor Rajoy, es el mejor arma de la complicidad.
Rubalcaba, por su parte, no empleó metáforas porque no le hacen falta, porque su capacidad de oratoria es la más potente del hemiciclo, pero al líder socialista le falla su pasado y un hombre con un pasado demasiado turbio siempre acaba metido en líos. A Rubalcaba, hombre brillante sin duda, lo mejor que le podría ocurrir es pasar a la reserva castrense, a la retaguardia política, y dejar paso a caras nuevas, a ideas nuevas, porque si no el PSOE acabará convirtiéndose en un dinosaurio de museo. La calle está en plena revolución, una revolución extraña, es cierto, ya que por la mañana el españolito se pone el traje de perroflauta 15M, rompe un par de escaparates bancarios y por la tarde se va al hamburguer con la familia. Pero es una revolución al fin y al cabo y sus señorías que están muy cómodos en sus escaños indolentes deberían saber que cualquier día puede irrumpir un grupo (no de picoletos borrachos, como en el 23F) sino un grupo de activistas de la calle cabreada que dé por suspendido el sistema corrupto en el que nos ahogamos todos. Las Cortes huelen a formol, a antiguas, y corren vientos convulsos, vientos telúricos por toda Europa, por lo que las metáforas viejas, dodecasílabas, bizantinas, ya no le sirven al gentío. Ya lo ha dicho el Financial Times: "En España todo huele a putrefacción". Y tanta mierda ya no se limpia con unas cuantas metáforas facilonas que ni dan brillo ni dan esplendor. El PP que revise su manual de ética y recursos literarios y el PSOE que se lo haga mirar. Por el bien de la democracia.  

miércoles, 20 de febrero de 2013

EL DEBATE


Apenas una hora antes de que comience el debate sobre el estado de la cosa uno sospecha que la esperada sesión no dará mucho más de sí que el caso de ese policía nacional al que se le ha ido la pinza y ha triturado el bazo de un pobre árbitro durante un partido de fútbol. Tal como están las cosas, con la crispación a flor de piel y la popularidad de sus señorías en niveles de nuestro PIB, temo que sociatas y peperos caigan en la tentación fácil del insulto y terminen dando rienda suelta a sus instintos más bajos para atizarse a calzón quitado en el ring político de la democracia. Sería un nuevo golpe a nuestras maltrechas y erosionadas instituciones mientras el pueblo asiste atónito a la peineta de Bárcenas a su llegada al aeropuerto. Esa peineta quedará como el símbolo de una época, como el guantazo de Ruiz Mateos a Boyer, como la calva calavera de Roldán, como el caballo imperioso de Jesús Gil. Solo que esa peineta va dirigida a la gente, al desahuciado que se suicida, al parado que malvive en los laberintos kafkianos del Inem. Y eso ya es más grave. 
Si hoy nuestros políticos no dan la talla que de ellos se espera, si deciden entregarse al "y tu más" de la corrupción sin aportar pactos contra la crisis, medidas contra la miseria y el hambre, soluciones, en fin, para sacar al país de la situación medieval por la que atraviesa, se habrán pegado el último tiro de gracia larraniano. Rajoy, como presidente del Gobierno, debería dar explicaciones sobre los 22 millones de su filesa suizo, de sus tristes fiestas entre confetis millonarios, de sus sobres gurtelianos, inmorales, delictivos. Pero además el líder del PP está en la obligación de rendir cuentas de su gestión y de liderar soluciones, si es que las tiene. El problema es que mucho nos tememos que al manda gallego le interesa que el debate se sitúe en la corrupción, una cómoda cortina de humo para no hablar de lo importante y urgente: la agonía del pueblo, o sea. Por otra parte, Rubalcaba tampoco puede quedarse en el discurso elemental del palo al Gobierno que es de goma y tendrá que explicar cuáles son sus propuestas. Aquí es preciso recordar que el líder socialista tampoco está entre los políticos más valorados por la opinión pública, ni mucho menos, y que el PSOE tiene pendiente una renovación interna de caras, ideas y proyectos. 
Así las cosas, estamos ante un debate crucial, quizás uno de los más importantes de nuestra joven y bisoña democracia, aunque ya digo que mucho me temo que al final del combate de barro todos se darán una ducha fría y se irán tan tranquilos a tomarse unos pinchos al bar del Congreso. Por mi parte, he decidido seguir el ejemplo tonificante del compañero Ramón Lobo, quien hoy escribe muy acertadamente en su blog: "En los días que hablan los Zapajoy sobre el estado de lo que desconocen, pongo música, me ausento. Observo el lento pasar de las nubes con todos los tonos del gris y pienso en el sábado, en las mareas". Uno comprueba con satisfacción cómo en Internet se está haciendo el columnismo de más calidad de este país, lejos de los tertulianos apesebrados que peregrinan de plató en plató, de los editores fatuos y cobardes de periódicos vendidos al poder del dinero, de los directores que olvidaron pisar la calle y se refugian en sus despachos opulentos. Uno se siente libre, confiado y con ganas de seguir escribiendo. Salud, Ramón.     

lunes, 18 de febrero de 2013

EL REY PASMADO


Señor Rey: De todo este avispero que se le ha montado en Zarzuela por culpa de un yerno que va todo el día empalmado, lo peor no es que se haya dado a la caza fácil del elefante, ni que se haya rodeado de una camarilla de mariocondes de la vida, ni siquiera que aún no haya hecho públicas las cuentas de Zarzuela. Lo que nos parece peor de todo es que un conquistador de su talla, un borbón contrastado en mil batallas amorosas, al final se haya dejado conquistar/engatusar, incomprensiblemente, por una corina o corista del montón con trazas de princesa prusiana vividora y marbellí.

Esos correos electrónicos sospechosos del chantajista Diego Torres no dejan mucho lugar a la duda, no dejan coartada posible a los juancarlistas. Si Corinna, su amiga de cartas y monterías, mantenía relaciones muy mercantiles con el Duque Empalmado bajo amparo de "SM" urge una explicación ya. El silencio de un monarca deja huérfanos a sus súbditos. 
A un hombre como usted, señor Rey, a un estadista experimentado que supo torear a los militarotes fachas del 23F, algunos le admirábamos sus dotes de mando, su olfato y su sentido de la estrategia política. Pero parece que lo que no han podido lograr los enemigos de la Monarquía en varias décadas de buena democracia lo ha podido una canita al aire a destiempo. Torres dice que Iñaki daba el pelotazo y usted el braguetazo. Resulta triste y grave que tal escándalo de dimensiones bíblicas salpique a la jefatura del Estado y ningún asesor le aconseje un desmentido rotundo y balsámico. Hable sin tapujos señoría, explíquese, no quede como un Rey pasmado, porque se nos cae un mito y un régimen, aclare las reuniones con amigos poco recomendables, cuente las cenas de Zarzuela con vendedores de humo y aire (ver Camps y Rita). Convénzanos, en fin, de que no ha podido más su sangre brava, caliente, borbónica, que su sentido de Estado. Cuando se deja entrar en la Corte a una cortesana sin pedigreé se corre el riesgo de arriesgar un Reino. Sobre aquellas correrías con Bárbara Rey ya se echó tierra en el 95, pero ahora es otro tiempo, señor Rey, la miseria corroe al país, los arruinados se arrojan por la ventana como en el crack del 29, la revolución seduce al pueblo. Es momento de la transparencia, del destape político, como ha hecho la sobrina de Aznar, que se ha destetado en Interviu desvelando que su tío es un gamberro.      
A Ansar le sale rana su sobrina y a SM le ha salido otra rana más aristocrática pero igual de peligrosa, señor monarca, una tal Corinna que se estaba aprovechando de la centenaria monarquía española para hacer doblones con su yerno en los salones sagrados de palacio. Y eso, majestad, es algo que ni nosotros ni doña Sofía deberíamos permitir. Nunca debió haberse ido de safaris furtivos a África con una espía del amor. Le ha pasado como a Clark Gable en Mogambo: el cazador cazado en un calentón poco meditado que ha tirado por la borda una obra política, un reino, un país. Un calentón que nos va a salir demasiado caro.           

lunes, 11 de febrero de 2013

LOS SOBRADOS


Estos boys del PP están poniendo el listón del discurso político al nivel del betún. ¡Qué tiempos aquellos en los que el debate público se situaba en el IPC, la inflación o la balanza de pagos con la Unión Europea! Ahora te levantas por la mañana, pones la radio y sólo se habla de lo mismo, del dinero negro, de los fulanos que se lo estaban llevando a calzón quitado, de las cuentas transalpinas, paradisíacas, suizas. Ellos, los chicos del sobre fácil, los ministros del trincamiento furtivo, los sobrados, nos están obligando a hablar de cosas que debían estar superadas desde la EGB (ESO para las nuevas generaciones) cosas como que el dinero del ciudadano es sagrado. No se roba, niño malo.
A estos bucaneros de la Gurtel habría que darles un cursillo acelerado de reciclaje político o mejor una terapia de deshabituación a las comisiones, porque muchos son ludópatas de la caja B. Así, el profesor de Educación para la Ciudadanía o psicoanalista, me da igual, podría sentarlos a todos en los pupitres del hemiciclo para enseñarles la primera lección del curso político: A ver, Barcenitas, ¿las cuentas en negro son legales o no?; tú, Anita Mato, ¿se debe aceptar un potosí en cumpleaños, confetis y payasos pagados por la mafia gurteliana?; señor Mariano, ¿es lícito negarlo todo, taparlo todo, o reconocer la verdad de los hechos y dimitir como un hombre valiente que se viste por los pies? 
Pero no, no parece que estén dispuestos a nada de esto, y sin embargo entre ellos se han dado la consigna de peregrinar de plató en plató, de televisión en televisión, para negar la evidencia de tanto pagaré abundante, de tanto cheque evanescente. Uno, cada vez que ve a uno de esos tramoyistas de la mentira soltando el rollo y la consigna de partido en los desayunos de TVE, o en el programa de AR con Maxim, siente ganas de vomitar. Espe, la Lideresa, se ha inventado ahora el cuento de la regeneración, como si a un ladrón se le pudiera regenerar en medio del frenesí del atraco al banco. No se dan cuenta de que al ciudadano ya no le valen retóricas vacías ni excusas baratas. El españolito peatonal ya solo quiere saber una cosa: dónde están los dineros, dónde está el parné que le han furtado y que tanta falta nos hace para mantener las urgencias de los hospitales, para cubrir el alquiler de los desahuciados, para dar escuela y pan a nuestros hijos. El españolito está indignado (la forma políticamente correcta de decir hasta los collons) y ya sólo le vale que le devuelvan el dinero porque no está satisfecho, como aquel anuncio del detergente Colón. El españolito le grita a Mato aquella canción bochornosa de Civera, cómo era, que la detengan, que es una mentirosa, y ella no hace más que poner cara de mártir, como una ursulina a la que han pillado fumando en el retrete del colegio mayor.  
Es triste comprobar que en Génova ya no queda un solo político cabal y honrado. ¿Es que han perdido la cordura y la decencia, es que están sordos, ciegos, mudos? ¿Hasta cuándo van a mantener la farsa? ¿Hasta cuándo van a guardar la omertá? Estos sobrados del PP se han puesto una venda en los ojos y avanzan ya por la tabla del barco pirata, camino de los tiburones. Se han puesto todos de acuerdo para ir al suicido político-colectivo, como una secta de milenaristas flipadillos. Qué bochorno.          

domingo, 10 de febrero de 2013

AZNAR EN SU ORÁCULO

(Publicado en Levante-Emv de Castelló el 27 de abril de 2009)

El pequeño emperador, el bohemio soñador de la derecha, el hombrecillo duro, ha salido otra vez del rincón de la Historia para pedir una reforma laboral «seria e imprescindible». Aznar. José Mari. El hombre.
De cuando en cuando se nos aparece en el púlpito de la FAES, como un espíritu arrogante, altivo, dogmático, como una aparición mariana embriagada de incienso, para salmodiarnos con sus recetillas ideológicas avinagradas. Para que luego digan que en la derecha no hay intelectuales. Larga de los moros y cristianos, de la Reconquista, del furbo, del rojo bolchevique, de esto, de lo otro, de lo divino y lo humano, y en políglota, no se vaya a creer el lector.
Esta vez tocaba Economía. Cree que los europeos trabajamos menos que los yanquis y cobramos más paro, critica que Europa prefiera mantener al parata antes que «animarle a conseguir un nuevo trabajo». Muy bien. Aznar quiere resolver el problema del paro. Pues para empezar a resolverlo le mandamos a todos esos pilletes que se han quedado sin empleo desde que no gobierna el PP, a todos esos conseguidores, tramitadores y comisioneros del chollo fácil, los Bigotes y los Correas, fulanos a los que Camps trata de amiguitos del alma, ya sabe el lector, te quiero un huevo tronco, y que los vaya animando el señor José Mari a trabajar, que hasta la fecha no han pegado ni chapa y se lo han llevado entero. O mejor, que vaya colocando en su partido a esa recua de tramoyistas del chanchullo que han hecho carrera estos años montando guateques y bodas, como la de su hija Anita con Agag.
Si el señor José Mari opina que el subsidio le sale caro al país, pues cuando vuelva enrollamos el Inem como una alfombra y lo vendemos en el rastrillo, por sucursales, con sus funcionarios, sus telarañas, sus botes de típex y sus parados, y que nos diga también si piensa enchufar en la inmobiliaria de Carlos Fabra a tanto chupamingas que se ha quedado desocupado tras las higiénicas redadas de Garzón. Otro día puede que nos salga con que las pensiones son un lujo, o que el salario mínimo está por las nubes, o que nada de médico por lo social, a cifrar en la privada. Entonces le ponemos el cartel de «se traspasa» al Estado de Bienestar y a otra cosa.
El aznarismo de ayer nos trajo la ruina de hoy, y ahora Aznar quiere que pague el obreraje. Cágate lorito. Él, que abonó con su política los años del destarife, el despelote y el desmangue capitalista. Él, que iluminó a los bucaneros de la corbata por la mar océana de la codicia. Él, que convirtió España SA en un trust de chinorris del mierdeo inmobiliario al enarbolar la bandera del cachondoliberalismo y su Biblia malvada, la infame Ley del Suelo. Primero rompe los platos y ahora quiere pegarlos. Déjelo señor José Mari, que ya nos buscamos nosotros otra vajilla.
Que Aznar no sea presidente de Moncloa no quiere decir que no mande. Sospechamos que en los pasillos intrigantes de Génova, donde a Rajoy se le sigue viendo como un líder blandulón, manda más que Milikito en la caja tonta, que ya es mandar. La cosa es que el ex premier se ha metido tanto en su personaje que se lo ha terminado creyendo, como Bela Lugosi, aquel actor tronadillo que acabó durmiendo en el ataúd del Conde Drácula. Aznar, a fuerza de creerse su papel, se ha quedado en una vieja gloria crepuscular que se va plagiando a sí mismo. La Historia es una retahíla de hombres que se plagian unos a otros. A Cela, que lo han cogido plagiándose a una escritora, quieren sacarlo del nicho para que declare como imputado (hoy día todo dios está imputado en algo, eso no quiere decir nada). A este paso, a don Camilo le retiran el Nobel y se lo dan a la occisa Corín Tellado, que era más maja que las pesetas, aunque no supiera escribir la pobre. Para mí que Aznar es la Corín Tellado de la política. Aznarín Tellado. Un autor prescindible.