viernes, 4 de mayo de 2018

EL FINAL DE ETA: TARDE, MAL Y NUNCA


(Publicado en Revista Gurb el 4 de mayo de 2018)

Mil muertos y cientos de heridos después, ETA deja las armas. Nunca un delirio de sangre resultó tan inútil y absurdo. En el comunicado que emitió en los últimos días, con el que pedía perdón solo a una parte de las víctimas y con el que pretendía poner fin a su historia negra de asesinatos y mutilaciones, reconocía que ha causado un "sufrimiento desmedido" y asumía su "responsabilidad directa" en la tortura a la que sometió a todo un país. "No debió producirse jamás ni prolongarse en el tiempo. Somos conscientes de que en este largo periodo hemos provocado mucho dolor, incluidos muchos daños que no tienen solución. Queremos mostrar respeto a los muertos, los heridos y las víctimas que han causado las acciones de ETA, en la medida que han resultado damnificados por el conflicto. Lo sentimos de veras", aseguraba el texto en un lenguaje inédito para unos terroristas que pretendían transmitir ahora la humanidad de la que carecieron durante tanto tiempo. Sin embargo, en el comunicado de hoy, probablemente el último de su nefasta historia antes de la pantomima de mañana, cuando tratarán de escenificar el final de la lucha armada, ni siquiera pide perdón y se limita a decir que "no tiene miedo" a emprender la vía democrática. Una panda de matones que hizo de la contradicción su propia esencia no podía terminar más que con otro texto patético y ridículo para justificar lo injustificable. No le servirá de nada a ETA tratar de aparentar un final digno porque todo el mundo sabe cuál es su negro historial: 853 asesinados, más de 2.500 heridos y 10.000 extorsionados. Un dolor infinito.
A las víctimas, el anuncio de ETA le ha parecido una farsa y una falta de respeto, por lo que exigen a los terroristas que se dejen de retóricas y digan de una vez por todas las únicas palabras que deben pronunciar en la ansiada hora de su liquidación: "nunca teníamos que haber existido". Por su parte, el Gobierno se ha mostrado inflexible, como no podía ser de otra manera, y ha descartado cualquier negociación o acercamiento de presos, advirtiendo a los asesinos que serán perseguidos por la Justicia hasta que sean esclarecidos los 358 crímenes todavía sin resolver. Los asesinatos tienen que ser aclarados y sus autores pagar por sus fechorías. De otra manera, pasando página, estaríamos enviando a los familiares de las víctimas el injusto mensaje de que la muerte de sus seres queridos y su sacrificio fue en vano.
En cualquier caso, el anuncio de ETA llega cuarenta años tarde –los etarras tenían que haberse ido a sus casas cuando murió Franco– y aunque quizá no podamos perdonar que esa gente nos haya condenado a vivir bajo el terror del coche bomba durante décadas, sí debemos seguir mostrando la superioridad moral y la dignidad con la que siempre nos enfrentamos a ese ejército de asesinos y ser magnánimos en la paz. El Estado de Derecho ha ganado la batalla política y militar. En realidad la ganaron todos los ciudadanos que no se doblegaron a las pistolas de los encapuchados, tanto los del País Vasco que vivieron con el miedo al tiro en la nuca como todas las personas de bien. Ahora solo cabe que la banda, una vez anunciada su disolución, nos deje tranquilos por fin, permita que las nuevas generaciones crezcan en paz y no aterrorizadas como vivimos millones de ciudadanos y que pasemos página cuanto antes al horror, honrando y agradeciendo a las víctimas su sacrificio. Mal harían algunos (de uno y otro bando) en querer mantener encendida la llama del odio. Afortunadamente la pesadilla ha terminado, algo que parecía imposible hace solo unos años. ETA es historia y debemos aprender de ella.

Viñeta: Ben

DEMASIADOS CADÁVERES EN EL ARMARIO DEL PP


(Publicado en Revista Gurb el 4 de mayo de 2018)

Más allá de los botes de crema y de los másteres falsos, el caso Cifuentes viene a demostrar el alto grado de degradación moral al que ha llegado buena parte de nuestra clase política. Ver cómo un vigilante de seguridad conduce a una persona de su relevancia pública hasta un cuartucho tétrico y cutre, verla revolver el bolso nerviosamente, ansiosamente, buscando una factura que no existía, y verla sacar esos dos frascos hurtados de mala manera, no solo produce estupor e indignación, sino cierta compasión humana hacia alguien que necesita ayuda urgente porque sin duda sufre algún tipo de trastorno psicológico como puede ser la cleptomanía. Después de ese vídeo sórdido se comprenden muchas cosas: se comprende el delirio en el que la presidenta ha estado viviendo desde que fue cazada con un título falso; se comprende su obstinación irracional por aferrarse a un cargo cuando todas las pruebas la incriminaban y su posición resultaba de todo punto insostenible; y se comprende ese aire de diva decadente, en plan Gloria Swanson en aquella vieja película de Wilder, ese monólogo paternalista y ese "no me voy, me quedo, me voy a quedar" con el que se dirigió a los madrileños el día que saltó todo el escándalo. La presidenta de Madrid ya es historia, y su dimisión debería servir para que se abrieran las ventanas del Gobierno regional y entrara algo de aire puro. También debería servir para que se investigara hasta sus últimas consecuencias la red de espionaje que supuestamente se tejió en el PP madrileño, las luchas mafiosas entre familias y clanes rivales, las cloacas del Estado que han corroído a las instituciones en aquella comunidad autónoma. Para todo eso debería servir el aciago y tristemente célebre caso Cifuentes, pero mucho nos tememos que una vez más, todo será inútil. El PP cambiará un cromo por otro, se abrirá una nueva comisión de investigación que no servirá para nada, y a seguir tirando, porque la mayoría de sus dirigentes tienen cadáveres en el armario. Solo un cambio en la mentalidad de una ciudadanía que castigue duramente a los gobernantes corruptos, como debería suceder en una democracia sana y eficaz, podría salvarnos de esta situación de auténtica degeneración moral. Lamentablemente, estamos muy lejos de esa utopía porque a fin de cuentas los políticos no son más que reflejos de nuestro propio espejo, representantes de una sociedad que por lo visto en los últimos años está podrida desde la raíz hasta las hojas.

*****

Y justo cuando Cifuentes parecía definitivamente derrotada va y estalla un nuevo escándalo de rencillas y conspiraciones en Podemos. Estos chicos no tienen remedio. Parecen expertos en el arte del harakiri político. La historia parte de un misterioso comunicado interno difundido por Telegram que alguien, sin duda una mano poco inocente, ha hecho público esta tarde. El papelón remite a conspiraciones, a disputas internas por sillas y sillones, a cosas feas entre supuestos camaradas de trinchera. En resumen y sin ánimo de aburrir, en el texto se habla de una candidatura formada por Errejón (presidente) y Bescansa (vice) a la Comunidad de Madrid; de hacerle el vacío al oficialista Espinar; y de, agárrense que vienen curvas, disputarle el liderazgo al jefe, hacerle la cama, o sea descabalgar a Pablo Iglesias del poder. Una rebelión en toda regla que ni en los mejores sueños del juez Llarena. Nada más conocerse la nota, como no podía ser de otra manera, se ha desatado el terremoto político en la formación morada. Bescansa dice que ella no sabe nada del documento, que habrán sido unos asesores misteriosos que andan por libre. Errejón califica el escrito de "delirante" y asegura que por "ahí no van por buen camino", ya que él busca una candidatura de integración para arrebatarle el poder a la dama rubia de los másteres basura. Y fuentes de Podemos confirman que Iglesias se ha cogido un rebote de tal calibre que la coleta le cimbreaba como un látigo enfurecido entre sus manos. Vuelven a sonar tambores de guerra en Podemos. Vuelven las purgas, las refriegas, las cabezas cortadas. Los fantasmas de Vistalegre se levantan de sus tumbas como los de Sleepy Hollow. El PP compra palomitas y se sienta en primera fila para contemplar una segunda entrega de la peli de terror protagonizada por errejonistas y pablistas. Cifuentes, tras semanas de angustia, podrá respirar aliviada unos días, ya que la prensa se olvidará de ella mientras los muchachos de Podemos se arrean duro y buscan al cerebro y traidor de la cosa. Y luego nos preguntamos por qué la izquierda española está hecha unos zorros. Si es que tenemos lo que nos merecemos.

Ilustración: Artsenal

lunes, 16 de abril de 2018

EL SANTUARIO DEL SILENCIO


(Publicado en Revista Gurb el 6 de abril de 2018 y en Newsweek en Español)

No hay plan B porque no hay un planeta B. Así de sencillo y así de dramático. El reloj de la historia ha iniciado la cuenta atrás y ya vamos tarde si queremos evitar la destrucción de la madre Tierra. Cambio climático, contaminación, aumento de la temperatura, derretimiento de los polos, subida del nivel del mar, desaparición de especies animales y vegetales, ciudades inundadas y millones de personas desplazadas. Eso es lo que le espera a la especie humana en los próximos cien años si no toma medidas drásticas y urgentes ahora mismo. Carlos Bardem (Madrid, 1963) ya ha tomado su decisión personal: embarcarse con Greenpeace en campañas de concienciación para salvar regiones amenazadas del planeta como la Antártida. Cuando los ecologistas le propusieron ese viaje al corazón del último reducto de tierra virgen que queda en el planeta no se lo pensó dos veces: convenció a su hermano, el actor Javier Bardem, y se lanzaron a una aventura tan noble como fascinante. Allí, rodeado de crías de pingüinos que mueren por efecto del cambio climático, de ballenas que entonan tristes lamentos en medio de un silencio sobrecogedor solo roto por el crujido de los inmensos témpanos de hielo al resquebrajarse, ha vivido una experiencia única, casi mística. "La Antártida no es un sitio donde el ser humano tenga que estar si no es para investigarlo o documentarlo o defenderlo. Lo que más impresiona es su silencio sólido que se impone a cualquier otra cosa, y la verdad es que te mueve a la meditación y a la reflexión". Mientras el ser humano se enfrasca en estúpidas guerras por terruños y banderas y los polos continúan licuándose en un fenómeno que parece ya imparable, la campaña de recogida de firmas de Greenpeace para que la Antártida sea declarada un santuario a salvo de explotación comercial sigue en marcha. "Yo creo que en este caso hay muchas posibilidades de que, si millones de personas nos unimos y hacemos presión a nuestros gobernantes, consigamos finalmente el objetivo", asegura esperanzado.

Entrevista completa en Revista Gurb y en Newsweek en Español

Foto: Greenpeace

LA UNIVERSIDAD DEL PP


(Publicado en Revista Gurb el 10 de abril de 2018)

Saber es poder, decía Comte. Lo mismo debió pensar Gallardón cuando montó la Universidad Rey Juan Carlos, ese tinglado para supuestas elites (también listillos y futuros licenciados del hampa) donde se regalaban las titulaciones por la face. Solo que tras el escándalo Cifuentes el tinglado ha quedado al descubierto y ahora se entiende mucho mejor por qué quienes nos gobernaban eran como eran. Se entiende el pobre nivel político, moral y hasta humano de aquellos que tras pasar por las aulas de la URJC y otras similares nos han estado dirigiendo durante tantos años. Se entiende que muchos de esos personajes que forman la supuesta crème de la crème política del país no sepan hilar un discurso con dos frases seguidas sin darle una patada al diccionario y sobre todo se entienden esos pensamientos filosóficos sublimes como perlas caribeñas que a veces destila nuestro conspicuo presidente, Mariano Rajoy, como aquella sentencia gloriosa que quedará para los restos: "un plato es un plato y un vaso es un vaso". Ahora que se han descubierto los chanchullos perpetrados en la Rey Juan Carlos, los enchufes trifásicos, la compraventa de títulos, el rastrillo de los másteres, las conspiraciones de catedráticos, las prevaricaciones de funcionarios y las falsedades de documentos, podemos entender al fin por qué estamos en manos de quien estamos, de gente iletrada y sin escrúpulos, de personajes indignos que no tienen ni puta idea de nada porque les dieron el título solo con presentar el carné del partido en la ventanilla.
A lo largo de estos lustros de Gobierno mariano, los más tristes y decadentes en cuarenta años de democracia, en no pocas ocasiones el ciudadano de a pie se ha preguntado atónito y asombrado: ¿pero cómo puede ser que quienes nos dirigen sean tan idiotas y zafios, tan cortos de entendederas, tan torpes, zoquetes y lerdos? El escándalo del máster de Cifuentes nos ha dado la respuesta. La causa, el origen del mal, estaba en esa universidad del PP que no enseñaba nada bueno y de la que han mamado nuestros futuros gobernantes en sus años mozos. Los Bárcenas, Rato, Granados, González y otros sospechosos habituales de la crónica negra española absorbían lo peor de la condición humana en esos campus para ricos inmorales, en esos másteres de la mentira donde no se enseñaba ni el bello idealismo de Platón, ni el humanismo generoso de Erasmo, ni el profundo existencialismo de Jean-Paul Sartre –todas esas primordiales lecciones que cualquier persona debería aprender para no convertirse en un bellaco depravado–, sino cosas mucho menos nobles e importantes. Por lo visto allí, en la universidad pepera, coto privado of course, lo que aprendían las juventudes del Lacoste, o sea las mal llamadas elites económicas y sociales, era todo lo malo y abyecto del mundo, el álgebra del dinero sucio, la ley del más trepa, la física del enchufado y la química orgánica que prolifera entre el arribista y el poder. Sí, después de tantas legislaturas llenas de mentiras, después de tantos escándalos, lo hemos comprendido al fin. La corrupción se enseñaba universitariamente, académicamente, en horario lectivo de ocho a dos, entre la asignatura de amaños y la de sobornos impartida por el catedrático que antes había sido gobernador civil o tesorero del partido o director general de algo. Allí, en el campus frívolo del PP, no se enseñaba la nueva teoría cuántica de cuerdas, ni los nuevos avances en Medicina o ingeniería genética, sino que se enseñaba cómo montárselo uno a tope, cómo llegar a las Cortes Generales sin pegar ni chapa y la arquitectura de la puerta giratoria hacia el Íbex 35. Todas esas nuevas generaciones de mentes preclaras y deslumbrantes, todas esas hornadas de eminentes políticos que han dirigido los destinos de España, lo más granado, la hostia y la rehostia de la política y el pensamiento en tiempos de la posverdad, han salido de estas universidades privatizadas por el poder donde en realidad se aleccionaba sobre la nueva teoría sociológica del pillaje, los principios estratégicos del pelotazo y el paraíso fiscal, el manual rápido de autoayuda en cien palabras sobre cómo medrar, colocarse bien, robar lo que se pueda y llegar a la cima del éxito lo antes posible y por el camino más corto. O sea, la carrera superior con atajos para el caradura titulado, el pícaro sobresaliente y el tramposo cum laude. Lo del verdadero talento, el sacrifico, la honradez y el esfuerzo abnegado en el trabajo quedaban para la ruinosa universidad pública siempre infestada de losers y proletas.
Lo de Cristina Cifuentes ha sido bochornoso, esperpéntico, pero ahora al menos sabemos cuál era la causa de tanta corrupción y mediocridad: las fatales enseñanzas de la Rey Juan Carlos, las clases de Código Penal urgente para futuros inquilinos de Soto del Real, el paridero de impostores, zoquetes y necios donde ya no enseñaban a Aristóteles o a Descartes, ni siquiera las cuatro reglas de toda la vida, sino cómo llevárselo entero.
Ahora que ya sabemos que la asignatura principal de la URJC era cómo triunfar a cualquier precio y a toda costa, incluso pisando cabezas o falsificando expedientes oficiales, podemos entender las últimas grandes tesis doctorales y tratados que nos han ido dejando los prebostes del PP sobre fisiología humana (El matrimonio homosexual: unión entre una manzana y una pera, de la eminente profesora Ana Botella); sobre macroeconomía (El finiquito diferido y otros contratos ilegales más o menos tolerados, de la afamada doctora Loli Cospedal); y sobre inglés de Oxford avanzado (It’s very difficult todo esto, a cargo del mundialmente conocido traductor de spanglish don Mariano Rajoy Brey). Hoy, sin ir más lejos, Jiménez Losantos, otro de la elite, nos ha dejado una nueva clase magistral con el sello genuino de la URJC al asegurar que el juez alemán de Schlewig-Holstein no concede la entrega de Puigdemont porque ve a los españoles como "gitanillos sin despiojar de una raza inferior". ¿Habrá estudiado este también en la Soborna española?

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL MÁSTER DE LA MENTIRA


(Publicado en Revista Gurb el 6 de abril de 2018)

El Mastergate que persigue como una maldición gitana a Cristina Cifuentes va camino de convertirse en una crisis abierta de Gobierno, un asunto de Estado que puede llevarse por delante los restos del naufragio del Gobierno Rajoy. Y ahora que la Fiscalía ha entrado en el tema para saber qué está pasando aquí, con más razón tiemblan los muros de Génova. No perdamos de vista que estamos hablando de esa virgen política, esa Juana de Arco de la derecha patria que había iniciado una supuesta cruzada para limpiar de ranas venenosas el estanque fangoso del PP y que ahora, a las primeras de cambio, es acusada de falsificar sus notas universitarias, de echarle un borrón a las calificaciones, de darle duramente al típex y a la tinta adulterada, bajo un flexo clandestino y criminal, con una pericia que ni Los falsificadores, aquella gran película justamente oscarizada. A Cifuentes "la listilla" muchos ya nunca más podrán verla como una dirigente recta y honesta, sino más bien como una tahúr del Manzanares, una trilera de claustros y paraninfos, una oscura perista (lo de perista lo decimos porque siempre le anda poniendo "peros" a las noticias de Escolar, que con la ley mordaza hay que explicarlo todo oyes, no la vayamos a joder y nos coloquen una querella también a nosotros, como a los camaradas de eldiario.es). A la señora Cifuentes le ha sorprendido el revuelo mediático que se ha montado –como si sacarse un máster con la gorra fuese lo normal en un país avanzado– mientras algunos compañeros de partido, cada vez menos, todo hay que decirlo, la siguen defendiendo a capa y espada. "Parece que a algunos les gustaría conseguir lo que no consiguió un accidente de tráfico mortal", ha llegado a decir histriónicamente Dolores de Cospedal, que desde que dirige a las Fuerzas Armadas le ha salido un deje violento plagado de ardor guerrero que tira para atrás. Una declaración algo exagerada, fuera de tono, la de la señora ministra, sobre todo porque la comparecencia de Cifuentes ante la Asamblea de Madrid no ha convencido a nadie y no ha servido más que para agrandar la sombra de la sospecha que se cernía ya sobre ella.
 Lo cierto es que tras su paso por el parlamento autonómico, a fecha de hoy, la imagen que queda de la señora presidenta es la de una alumna enchufada y mediocre que se pelaba todas las clases, que hacía novillos cuando sus compañeros se dejaban la piel en los exámenes y que compraba los títulos académicos en el mercado negro universitario, como quien compra una ración de churros en la Plaza Mayor. Pese a que se ha defendido en el atril como gataza rubia panza arriba (retórica y frescura no le faltan a la dama dorada) el caso sigue rodeado de misterios, de ruido, de confusión, un enredoso affaire del que el ciudadano empieza a desconectar ya, no solo por hastío y por cansancio, sino porque estamos ante el mismo paripé de siempre que seguramente terminará con el político sospechoso saliéndose de rositas.
Mientras tanto, el famoso trabajo de fin de curso de Cifuentes sigue sin aparecer por ningún lado y las preguntas se acumulan sin respuesta. ¿Por qué se le permitió matricularse en el ciclo, tres meses después, y ya fuera de plazo? ¿Por qué se cambiaron sus calificaciones para darle el curso por aprobado y con nota pese a que no se le veía el pelo por la clase ni se presentaba a los exámenes ni puede aportar trabajo alguno firmado por ella? ¿Qué hay de esas noticias del digital de Escolar que hablan de falsificaciones de firmas, de un título universitario de mercadillo que supuestamente se compraba a golpe de talonario, de esa picaresca castellana y sonrojante impropia en un político serio y honrado? Rajoy, un líder que siempre se ha caracterizado por poner la mano en el fuego por sus guantes blancos, esta vez ha optado por quitarle yerro al asunto, como si falsificar el currículum académico fuese una cosa de chiquillos, una travesura de colegiales que no va a ninguna parte, una trastada de señoritas revoltosas de colegio mayor. Solo que a la pupila Cifuentes no la han sorprendido en una cuestión menor como puede ser fabricarse unas chuletas de nada para copiar en un examen, meterle una rata a la maestra en el cajón o andar fumando pitillos a escondidas por los aseos de la escuela. Esto es mucho más serio, algo que no puede saldarse, como suele hacer el señor Rajoy, con un silencioso pasapalabra a la gallega, un tirón de orejas al pillado in fraganti o un simple "muy mal señorita Cifuentes, de rodillas y cara a la pared", como hacían los maestros franquistas de antes. Aquí faltaría una dimisión higiénica y en condiciones, ya que estamos hablando del desprestigio de todo el sistema educativo español, del gigantesco descrédito que supone este embrollo para la Universidad de nuestro país y por supuesto de delitos muy graves como la prevaricación de catedráticos y funcionarios, la falsificación de documentos y el tráfico de influencias. Si ha habido un jamón al catedrático de turno a cambio de un sobresaliente o un aprobado, que tanto da, la ciudadanía tiene derecho a saberlo porque diría mucho de la catadura moral del personaje, en este caso "personaja", por adecuarnos al lenguaje no sexista.
Nos creíamos que la corrupción made in Spain era cosa de pelotazos urbanísticos, fitures y eventos varios, pero ya estamos viendo que el carcinoma llegaba y corroía hasta los sabios muros de nuestras milenarias universidades. Si no es verdad que en la Rey Juan Carlos regalaban los títulos como chochonas en una tómbola de feria, si no es cierto que más que un campus prestigioso y serio aquello era una timba de tunos y tunantes, una casa de rifas y citas, una agencia de colocación para fulanos del PP, que Cifuentes ponga encima de la mesa todo el papelamen para demostrar su inocencia. De otra manera muchos seguirán viendo a la presidenta como una rubia a la fuga, una sablista de medio pelo que se sacaba los títulos académicos por la patilla, una chulapa caradura y granuja de Chamberí de parpusa castiza, chaleco y pantalones apretaos y clavel en la solapa. Una impostora sin honoris causa, en fin. Su última excusa ha sido que perdió el trabajo de fin de máster en alguna mudanza. Es lo que tiene andar por los pisos carísimos de Madrid. Que uno pierde los papeles. Y hasta la cabeza.

Ilustración: Artsenal

martes, 3 de abril de 2018

NUESTRO HOMBRE EN YANQUILANDIA


(Publicado en Revista Gurb el 23 de marzo de 2018)

Varias generaciones tuvieron la suerte de divertirse con el humor del dúo Gomaespuma, formado por Guillermo Fesser (Madrid, 1960) y Juan Luis Cano. Hoy, Fesser vive con su familia en Estados Unidos, desde donde nos envía las crónicas del imperio yanqui y donde acaba de terminar su última novela, Mi amigo invisible, el relato de un escritor en crisis que habla con un misterioso acompañante. Instalado ya entre sus vecinos americanos, como uno más, Fesser mantiene ese optimismo, ese sentido del humor bienintencionado y esa vitalidad de los buenos años de Gomaespuma, y hasta cree que algo se está moviendo en el mundo, una fuerza positiva con la que conseguiremos salir de la soledad, la ansiedad y la depresión a las que nos abocan irremediablemente las frías redes sociales. "Siempre he preferido un abrazo a trescientos likes en Facebook. Este mundo nos está quitando los espacios para pensar y para escuchar a otros. Estamos convirtiendo el mundo en un lugar muy aburrido y la gente no quiere vivir en un sitio así. Yo creo que al final vamos a buscar, como Colón, el nuevo mundo, que en realidad no está demasiado lejos, consiste en dejar el móvil en un cajón y decir: a tomar por culo, majete". Fesser, nuestro corresponsal en Yanquilandia –desde donde nos cuenta el cronicón sobre la última burrada de Trump, la enésima matanza en un instituto y cómo nos ven ellos a nosotros los españoles– es, antes que nada, un hombre que sigue manteniendo intacta la esperanza en el ser humano y un sentido del humor inteligente que abunda cada vez menos.

Entrevista completa en Revista Gurb

EL SOSPECHOSO MÁSTER DEL UNIVERSO CIFUENTES


(Publicado en Revista Gurb el 23 de marzo de 2018)

Ocho horas después de estallar el caso del supuesto máster falsificado de Cristina Cifuentes, la presidenta de la comunidad de Madrid aún no había comparecido ante la opinión pública para dar las explicaciones pertinentes sobre un escándalo tan mayúsculo y vergonzoso. Sorprendía el silencio sepulcral de alguien que estaba siendo acusada de tramposa y sorprendían mucho más las explicaciones del rector de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), quien aseguró, como para quitarse de encima la patata caliente, que todo había sido producto de un fatal error informático. Qué casualidad que los ordenadores siempre se equivocan cuando hay alguien del Gobierno popular metido en alguna trapacería, enredo o fango. Será que las computadoras también votan al PP. Recordemos el bochornoso borrado de discos duros de Génova que los populares achacaron a otro fallo de la máquina y no a un ujier fornido y eficiente machacando el material a destajo y con nocturnidad, a golpe de maza, algo que muchos temen que fue lo que ocurrió en realidad.
Finalmente, tras casi una jornada de silencio administrativo, la presidenta compareció al fin ante los medios, aunque lejos de aclarar la situación dejó lagunas y contradicciones todavía más sospechosas. Pero al margen de casualidades demasiado casuales, la sombra de la sospecha se cierne sobre Cifuentes, más aún cuando ya se ha filtrado la foto de la presidenta abrazándose cariñosamente a la funcionaria que supuestamente le hizo el favorcillo de darle el cambiazo del "no presentado" al "notable", una maniobra digna de aquellos Zipi y Zape que eran capaces de cualquier cosa para que papá Don Pantuflo les comprara una bicicleta. En el caso de Cifuentes no parece que hubiera una bicicleta en premio para la funcionaria salpicada por el escándalo, al menos que se sepa. Tampoco un mal jamón de jabugo, como se hacía en la vieja escuela franquista cuando el padre de un alumno torpe quería comprar la voluntad del maestro hambriento y pobretón, que casi siempre terminaba sucumbiendo al regalo.
A falta de datos fiables y no de simples coartadas, la clave del asunto está sin duda en el ordenador. Es en ese sistema donde se supone que la funcionaria cambió los dos "no presentado" a "notable" en el año 2014 y es ese aparato el que tendrá que ser destripado para saber si hubo o no enjuague académico. De momento la Universidad ya ha anunciado una investigación para saber lo que pasó. No obstante, reducir esa maniobra tan flagrante y grave a la categoría de simple error informático no convence a nadie, por mucho que doña Cristina se haga la mártir con este espinoso asunto. Si la alumna lo aprobó todo en 2011, ¿por qué entonces sus calificaciones fueron alteradas tres años después? De momento, que se sepa, la inteligencia artificial no ha llegado al punto de que sea el ordenador quien tome la decisión soberana, motu proprio, de aprobar o suspender a los universitarios. Tiene que haber necesariamente una mano humana dando esa delicada orden. Una mano negra, habría que decir en este caso. Ni siquiera el súper computador de Stephen Hawking, tristemente fallecido estos días, habría sido capaz de convertir por sí solo un "no presentado" en "notable". La Universidad Rey Juan Carlos no es que sea Cambridge precisamente por su avanzado nivel de investigación en inteligencia artificial. Así que aquí lo único que se nos antoja artificial es la explicación de Cifuentes que no ha convencido a nadie, ni siquiera a los socios del PP, o sea Ciudadanos, quien por boca de su portavoz en la Asamblea de Madrid, Ignacio Aguado, ha dicho que de este caso emana un "tufillo" que le da que "no es bueno".
Por si fuera poco, tampoco se ha llegado a aclarar suficientemente por qué entre los tres profesores del tribunal que evaluó a Cifuentes en su trabajo de fin de máster no había uno al menos que fuera ajeno a la universidad, para asegurar así la independencia de la prueba, tal como establece la ley. En este caso, las tres profesoras que la examinaron pertenecían a la URJC, o sea que todo quedaba en casa. Y para rematar el cúmulo de supuestas irregularidades, ahora nos enteramos de que el famoso trabajo fin de máster de Cifuentes no aparece por ningún lado y que el rector, que salió a capear el temporal en rueda de prensa improvisada, tampoco es el responsable último del curso. ¿Es que no se ha hecho nada bien en este asunto?
Así las cosas, cada dato que se va conociendo alrededor de este caso rezuma no solo un tufillo malo, como dice el portavoz de Ciudadanos, sino un pestazo hediondo que tira para atrás y que ni siquiera el poderoso Chanel de la glamurosa presidenta logra camuflar. No cabe otra conclusión: tal suceso misterioso exigiría cuanto menos una comisión de investigación parlamentaria que llegara hasta el final con todas sus consecuencias.
Más allá de la titulitis y los presuntos chanchullos, no deja de ser llamativo que la asignatura que supuestamente se le atragantó a la presidenta madrileña fuese precisamente Financiación de las Comunidades Autónomas, una materia en la que no es especialmente experta ni ducha, si nos atenemos al nivel de endeudamiento que padecen desde hace años los pobres madrileños que soportan el fiasco de su mala gestión política y económica. Lo que la universidad le aprobó lo ha suspendido en la práctica, de manera que por ahí tampoco aprueba la presidenta.
En todo caso, en la Europa de verdad, en la Europa seria y avanzada, no en el simulacro de democracia llamado España, los políticos dimiten por este tipo de cosas y por bastante menos, véase aquel ministro de Defensa alemán que abandonó su cargo tras ser acusado de plagiar su tesis doctoral. Aquí no, aquí la culpa la tiene siempre el ordenador que es medio tonto y falla en el momento más inoportuno, el periodista que se inventa la noticia para hundir carreras políticas y hasta el rector de la universidad, que es quien al final sale al ruedo a dar la cara y a que le lluevan las banderillas de los periodistas. Todo muy sospechoso y muy lamentable. El caso del máster del universo Cifuentes exige luz y taquígrafos, aunque mucho nos tememos que, como suele suceder en estos asuntos que implican al PP, ni con un potente foco de rayo láser ni con una legión de diligentes funcionarios transcriptores de la escuela cisterciense conseguiríamos llegar hasta el fondo de tan enrevesada y extraña trama. ¿Será el de la femme fatale Cristina un caso para Sherlock Holmes?

Viñeta: L'Avi