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sábado, 24 de septiembre de 2016

JUGANDO A PASAR EL TIEMPO

(Publicado en Revista Gurb el 23 de septiembre de 2016)

España ha optado por el suicidio colectivo, como pueblo y como nación, mientras majadas de políticos de todas las especies y colores bajan rebuznando San Jerónimo abajo. Cada mañana hay un nuevo detenido, que por la tarde da una conferencia en el Club Siglo XXI. Entran por una puerta y salen por la otra, como en aquellas películas de cine cómico. Rita sigue agarrada con uñas y dientes al escaño, que es su clavo ardiendo, mientras Valencia es una gran Falla que se quema por los cuatro costados por la ambición de unos coleguitas y unos pitufos azules que no han dejado nada en la caja. Rajoy anda de mítines por Galicia, reserva espiritual de la derecha patria. Últimamente el presidente se larga de Madrid con cualquier excusa; es como un marido cansado de su mujer (su mujer es España) o mejor, un jubilado que de cuando en cuando agarra la maleta y se va de viajes con el Imserso para echar una canita al aire. Rajoy ante todo es eso: un escapista de la realidad. Ahora trota por Galicia, donde pasan cosas muy raras, como de meigas. Allí lo mismo podemos ver a Marianiño haciendo el running codo con codo con un sospechoso de acoso sexual que a Núñez Feijóo alternando yates con traficantes de droga. Todo muy surrealista, como en El perro andaluz de Buñuel. Uno ya no sabe quiénes son los buenos y quiénes los malos, porque esto de España se ha convertido en una funesta película de Tarantino con mucho gángster y todos revueltos. Ya lo avisó Torrente Ballester, este sí, gallego universal: "No puedo desear que ganen los buenos, ya que ignoro quiénes son".
Pasan las semanas y aquí nadie se atreve a decir ni mu para formar Gobierno. Todo es odio, estulticia, enconamiento y disparate. Tardamos cuarenta años en traer la democracia a España, tejerazos mediante, y cuarenta días en cargárnosla. Aquí todos juegan a las tragabolas, tratando de comerse la mayor cantidad posible de bolas, o sea de votos, olvidándose del pueblo y fiando el futuro del país a las vascas y a las gallegas, como si fueran unas señoras estupendas que vienen para arreglarnos el cuerpo. Una mentira más de nuestros políticos, que solo viven para ganar tiempo. Nos gobiernan mentes cortas y obtusas que no saben ver más allá de su nariz egoísta. Por eso estamos donde estamos, en la misma casilla de salida de siempre, y por eso lo volveremos a estar después del 25D, cuando votaremos por tercera vez al mismo puzle. El español es cerril por genética, pertinaz y cabezota, y cuando se empeña en destruir algo no para hasta conseguirlo. Mas y Homs montan festivales folclóricos con mucha sardana, coros y danzas catalanas a las puertas del Supremo; Otegui vuelve a su verborrea política de siempre, ya sin la Nueve Parabellum; los barones del PSOE ultiman el matarile de Sánchez; Chaves y Griñán preparan el traje a rayas y en Podemos los pablistas y errejonistas, desistidos ya del asalto a los cielos, se gastan jugarretas tuiteras entre ellos y se navajean con las mareas bajas. Tal cual como siempre han hecho sus mayores de la vieja política, poco han tardado en copiar los vicios y las malas artes los nuevos cachorros parlamentarios. De Rivera mejor ni hablamos. El chico es un Frankenstein del bipartidismo que fue inventado para un roto y un descosido, solo que los costurones del país han saltado por todas partes y esto ya no lo arregla ni el José Antonio de la Barceloneta con sus pespuntes improvisados para que no se rompa España. Vamos, que no. El sistema ha gripado y no hay nadie dispuesto a arreglarlo. Estamos en manos del caos, la mediocridad y el fanatismo. Todo se viene abajo, los nobles ideales, la izquierda internacionalista, la democracia. No es España la que se rompe, es Europa entera. Es como si no hubiéramos avanzado nada desde el XIX, cuando a Napoleón se le ocurrió unificar el viejo continente bajo la bandera de la razón volteriana y lo encerraron en la isla de Santa Elena, arrojando la llave al mar, para que se le quitaran las ganas de civilizar el mundo. Aquel sueño napoleónico de una Europa unida lo truncaron entre Inglaterra (siempre la pérfida Albión) los curas españoles con sus bandoleros paletos de Sierra Morena, los nacionalistas alemanes inspirados por Fichte, la nieve de la estepa rusa y algunos borbones borrachos que escaparon de la guillotina. Ahora se repite la misma historia. Ya casi no quedan reyes en Europa (Felipe El Preparado y cuatro más) pero están sus herederos directos: los monarcas del dinero que guardan sus fortunas en Suiza. Para el caso es lo mismo. Europa se desploma con estrépito mientas los neonazis toman los escaños del Parlamento alemán y los refugiados sirios, acorralados como ganado, agonizan en el matadero infinito de Lesbos. Europa se desintegra en pequeños terruños nacionalistas a cada cual más autárquico, insolidario, mezquino. Surgen paisitos por doquier, banderas pintorescas, las rencillas domésticas de toda la vida. Vuelven los principados, los condados, los ducados, los marquesados y las nacioncitas que tanta sangre costaron a Europa. La historia es un ajo que se repite. Los peores fantasmas del pasado han resucitado y recorren el mundo como una mala peste. Hitler, Mussolini y Franco, que también fueron muy nacionalistas, se frotarían las manos al ver que su legado ultra reverdece. Solo falta que el loco Trump gane las elecciones en USA y encienda la mecha del fascismo. Aquí, en esta España guerracivilista, ya hemos empezado a suicidarnos un poco. Aún no tenemos a un vaquero racista con flequillo pero sí a un gallego con frenillo. Spain es que is different. Spain siempre va por libre.

Viñeta: El Koko Parrilla y Elarruga

RITA DIÓGENES


(Publicado en Revista Gurb y en Diario 16 el 16 de septiembre de 2016)

Uno, después de analizar a fondo las noticias y sumarios de lo de Rita, cree que lo que realmente le pasa a la alcaldesa de España es que está siendo víctima de un grave síndrome de Diógenes. Ese trastorno mental lleva a quien lo padece, generalmente ancianos que viven solos, a abandonarse y a acumular en su hogar grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos. La señá Rita, como ha sido desahuciada por su partido, por su amigo Rajoy (un golpe bajo, Mariano, eso no se hace) y por los suyos de toda la vida, ha entrado en depresión, en shock, y se ha pillado un Diógenes de caballo que la empuja inexorablemente a acumular los despojos y barreduras de la corrupción y a llevarse toda la mugre de Valencia para Madrid, o sea para el Senado, que ya está de inmundicia hasta el techo y allí no cabe más detritus.
Rita, la dama de las basuras, se niega a dejar el escaño porque en ese escaño, como cualquier Diógenes, quiere meter todo lo que ha sido su vida y la Comunidad Valenciana durante estos años de golferío y butroneo: los vertederos del caso Brugal, los bolsos mugrientos de Vuitton, los pelos del bigote de Álvaro Pérez el ídem, los trajes con lamparones de Camps, el barro carísimo de Terra Mítica, los millones de peles de Rus contados entre estiércol y boñigas de vaca, el fuel contaminante de los aeropuertos sin aviones de Castellón y en ese plan. El escaño de Rita es todo eso y mucho más y ella, pobre, infeliz, afectada por un trastorno psicológico tan grave que la obnubila y la vuelve delirante, ha decidido llevarse toda esa mugre y esa mierda con ella, en el AVE Valencia-Madrid, otro basurero de comisiones.
Rita no es ninguna comisionista ni una pitufa de esas que van buscando los de la UCO como a vulgares pokémons, sino una paciente, una achacosa enferma de los años locos del Charlestón corrupto valenciano que precisa ayuda y terapia urgente. La alcaldesa de España es una víctima del sistema que necesita todo el apoyo y todo el tratamiento del mundo. La señora Rita, ahora, no necesita un aforamiento del Senado, ni un indulto, ni un exorcista de la vida como Conde-Pumpido que le saque el demonio del alma a base de confesiones; lo que ella necesita con urgencia es un médico que le quite el mal, que le extraiga del cuerpo esa enfermedad triste y fea que es el Diógenes y que le limpien el partido en Valencia, que huele que apesta. El paciente que sufre un Diógenes llega al aislamiento social, sin confiar en nadie, ni siquiera en Alfonso Grau, antaño confesor de cabecera y hoy pérfido traidor que también le ha dado la espalda el muy rufián.
Rita está mal, muy mal, ya ni siquiera va a la pelu ni de tiendas para comprar collares de perlas, y se ha atrincherado durante días y semanas en su casa, entre las basuras y desechos de la política valenciana. De ahí esas fotos de los periódicos en las que aparece asustada, huraña, paranoica, tras las cortinas de la ventana. A veces, muy rara vez, sale a la calle y asomando la nariz por la puerta le pregunta a los periodistas con ese vozarrón sensual de travelo que Dios le ha dado: "Hola ¿cómo estáis?". Pero luego sale corriendo otra vez para su dacha y no hay manera de sacarla de sus sumarios, de sus escándalos, de su mugre, de sus nostalgias y recuerdos tras un cuarto de siglo de victorias electorales y grandezas. No hay que engañarse, el mal sigue estando ahí. Es preciso actuar. Un Diógenes es una cosa muy seria y muy chunga que hay que cogerla a tiempo porque si no va a más y Rita, como alcaldesa de España que lo ha hecho todo por el partido y por la patria, no se merece este trato indigno que ni siquiera se lo dieron al espía Paesa, el hombre de las mil caras, del que ahora hacen película. Si será malo el síndrome de Diógenes que no solo le fuerza a uno a acumular desperdicios y cochambre en la despensa del partido, sino también a permitir que todo el mundo trinque lo que pueda, ya sea en sobres sobrantes, en billetes de quinientos o en forma de salario del Senado.
Rita lo acumula todo ya, y eso no es bueno para la salud. Rita tiene que salir de casa, del Ayuntamiento, del Senado, del partido, de todo. Hay que mandarla al Banco Mundial, para que viaje, se distraiga y se airee un poco. Hay que sacarla de esa dinámica nociva y perniciosa en la que ha entrado, darle tratamiento y cariño, aplicarle las pastillitas rojas venezolanas y electroshock si hace falta, porque un Diógenes no es cualquier cosa y puede caer en depresión crónica o darse a la bebida, que es todavía peor. Si la dejamos, llena Madrid con la basura de Valencia y cambiar la mierda de sitio no es solución, que ahora Espe Aguirre se ha puesto muy seria por lo sucia que está la Villa y Corte. A Rita que la traten ya. Salvemos a Rita, que es patrimonio de Valencia. Como las Fallas, coño.

Viñeta: Igepzio

miércoles, 30 de marzo de 2016

MARIANO, EL DESMEMORIADO


(Publicado en Diario 16 el 30 de marzo de 2016)

Últimamente estamos tan ocupados con la bomba demente del yihadista, con la crisis de Podemos y el tea party de Vargas Llosa que nos estamos olvidando de él, del gran estadista, del ser superior: de Mariano, de Rajoy. Anda el hombre escondido por ahí, en alguna parte, en algún lugar, unas veces agazapado entre los cañaverales de Doñana (escopeta en mano, como el odioso de los Morancos que va matando hermosos felinos africanos) otras camuflado entre el bullicio y los ministros de las bajas cumbres de la UE, sin abrir mucho el pico para no llamar la atención, y siempre perdiendo el tiempo con el running por algún pueblo de Pontevedra que aún no lo haya declarado persona non grata, si es que queda alguno en el mapa. Cualquier cosa es buena para eludir sus responsabilidades como presidente en defunciones, para no dar razones de por qué se hunde su partido y para que lo dejen en paz, que es como se siente más cómodo. El presidente siempre ha sido un hombre camastrón de puro y Marca y no lo vamos a cambiar a estas alturas crespusculares de legislatura vital, cuando ya va camino del hogar del jubilado, o sea del Senado. De vez en cuando le da una entrevista a Alsina, si quiera por disimular un poco, y va y suelta una de sus perlas filosóficas, como que no sabe nada de nada del pitufeo en el PP valenciano ni cuándo ha dado él la orden de retirar las actas a los concejales y asesores que estaban en el ajo. Yo no tengo por qué estar al tanto de todo, faltaría más, debe estar pensando. De todo no, señor presidente, pero estaría bien que se enterara de algo alguna vez. Mariano es como Proust, siempre anda buscando el tiempo perdido o los papeles de Bárcenas que se los ha dejado en alguna parte, vaya despiste. Cualquier día se levanta y nos dice que no sabe quién es Rita, o Aznar, o qué es eso que algunos llaman Partido Popular. En realidad para saber hay que leer, y Mariano no lee mucho, ésa es la verdad, salvo el Marca, ya lo hemos dicho unas líneas más arriba y no vamos a caer en el chiste fácil, que para eso está la Twitter. De hecho, cuando Alsina le pregunta al inefable presidente qué ha leído en los últimos meses, él dice que Cinco esquinas, de Vargas Llosa, que es un libro que "está bien", y "uno de Eduardo Mendoza, algo sobre una modelo", pero que no recuerda el título. Un libro sobre una modelo. ¿No será que es el señor presidente quien empieza a dar signos preocupantes de estar comportándose como una modelo? Las bellas mises pierden la memoria con una facilidad pasmosa cuando les preguntan sobre los libros que leen o sobre cuál es la capital de Rusia, pero es que lo de Mariano empieza a ser grave, alarmante, para ingresar. Mucho nos tememos que el manda gallego esté empezando a dar los primeros síntomas de debilidad senil, como esa tía abuela enlutada que todos tenemos y que no recuerda dónde ha dejado los supositorios para la visícula. España no puede continuar con un líder tan olvidadizo. Un presidente amnésico es un peligro para todos, para un país, para el mundo entero, porque unas veces no recuerda qué libro tiene en la mesita de noche y a los cinco minutos se olvida de que tiene que ir al Parlamento a dar explicaciones sobre los refugiados o en qué cajón tiene guardado el maletín nuclear. Para mí que el maletín cargado de radiactividad que anda perdido por Sevilla es el maletín de Mariano. Rajoy chochea, está flojo de neuronas, no se cosca ni recuerda, ni siquiera su nombre, y ahí está ya la joven y pizpireta Soraya, que es mucho más rápida y ágil que él, pidiendo a gritos el relevo. A Rajoy que le den la pastillita roja para la cabeza y lo metan ya en urgencias. O en el Senado.

Viñeta: El Koko Parrilla y Elarruga

sábado, 27 de febrero de 2016

RITA SE LO MONTA

Yo de mayor quiero ser como Rita. Ni que me toque la quiniela, ni el euromillón, ni que me salga un abuelo Florenci por ahí, en Suiza o en Andorra, un suponer. Nada de eso. Yo como Rita, como ella, igual que ella. Rita se levanta por las mañanas y en vez de ir a trabajar al Senado, a fichar como dios manda, a dar el callo y a poner leyes por el bien del país, se va a la pelu, o a pasear al perro o al Corte Inglés a comprarse un modelito rojo, otro más (cambie ya el rojo, señá Rita, que el rojo no se lleva este año y además engorda y no le favorece nada, no sé si se lo han dicho después de tantos años). Rita, sin pegar ni chapa, por el morro, por la face, se levanta 4.636 euros de vellón, toma castaña, chúpate esa marquesa, y eso sin tener en cuenta las dietas por desplazamientos, taxis, comidas y demás chanchullos varios. Rita se pone fina de dietas, pero nunca está a dieta. Rita se lo ha montado muy bien, vive la vida loca, trinca de aquí y de allá, del Senado, del PP, del carguete que va aguantando como puede sin dimitir, sin hacer nada, solo dándole a la mui, al palique fino, al piquito de oro. Ella no necesita trabajar porque tiene la retórica sofista muy bien entrenada y hoy da una rueda de prensa para decir que es superinocente de todo y mañana la da para acusar a Felipe González de montar el Gal y al día siguiente para darle las gracias a Paco Camps o para contar cuatro batallitas viejas de la America's Cup o de la Fórmula uno, cuatro tonterías de nada que si se saben contar con arte y salero, como las dice ella, con ese gracejo, con caloret, dan el pego ante los periodistas sin problema ninguno. Qué más da lo que diga Rita si lo importante es el trinque de la nómina tonta, el cobrar sin trabajar, el cifrar a final de mes sin pasar por el Senado ni para preguntar por la mujer del conserje, que está con la gripe la pobre y nadie se acuerda de ella. Qué más da que los de la UCO sigan acumulando papel y contratos sucios, metiendo micrófonos en las alfombras putrefactas del ayuntamiento, investigando, indagando, husmeando en todos lados. El que pudiendo no evita el delito, lo consiente, dice el gran Séneca, y ya todos los amigos de Rita del PP valenciano están en la cárcel, por consentidos, por mimados, por permitidos, así que para qué angustiarse ya. Rita se lo está montando fetén, a tope con la Cope, y uno de mayor no quiere ser ni actor de cine, ni celebrity, ni concejal de Urbanismo, ni Pequeño Nicolás, ni Neymar ni un Justin Bieber de la vida, ni nada. Uno quiere llegar a Rita, igualarla, imitarla, ser como ella, siquiera parecerse un poco, porque ahí está el secreto, la conquista de la felicidad, que diría Bertrand Rusell, llenarse el bolsillo sin pasar por el curro, convertirse en una fábrica con patas de hacer dinero fácil, montarse en el dólar sin dar un palo al agua. Rita, entre cardado y cardado en la pelu, entre boutique y boutique, entre taxi y taxi para no ir a ninguna parte y entre copazo y copazo, se lo ha sabido hacer. Yo de mayor quiero ser como ella. Como Rita, coño.

 Viñeta: Igepzio

miércoles, 17 de febrero de 2016

EL PEQUEÑO NICOLÁS


Anda estos días de juicios el pequeño Nicolás, ese jovenzuelo envarado, repipi y arribista que entraba y salía del despacho de Aznar como Pedro por su casa. Algunos quieren convencernos de que el personaje en cuestión no era nadie, que era un simple golfillo o un aprovechado que pasaba por allí. Pero el pequeño Nicolás levantaba un teléfono, decía que iba a Ribadeo de parte de la Casa Real y le ponían alfombra roja, banda de música y hasta escolta policial, en plan 'Bienvenido Mister Marshall'. Pruebe usted a hacer algo parecido, sufrido lector, pruebe usted a decir que es el enlace del Rey en las provincias hispanas y verá cómo le llueven las hostias como panes. Durará en la calle lo que dura un caramelo en la puerta de un colegio. Enseguida aparecerán los picoletos de la UCO, los de la UDYCO, los de la UDEF y todas las siglas policiales habidas y por haber para meterlo en la lechera a mamporrazos y llevárselo esposado e incomunicado, como a un peligroso terrorista, rumbo a Alcalá Meco. El pequeño Nicolás no es un pobre diablo que no sabe de la misa la mitad, él sabe mucho de sucios dosieres, doradas bodas de Estado y cloacas de partido, y ahí están los mensajes que se cruzaba con García Revenga, ese mayordomo real imprudente que ha hundido reyes e infantas a golpe de guasaps y correos insensatos. No. El pequeño Nicolás no es un raterillo avispado de poca monta con ínfulas de Leonardo DiCaprio, como en aquella gran película en la que Tom Hanks le pisaba los talones por medio mundo. Nada de eso. El pequeño Nicolás es un icono de esta España negra que ha vuelto de golpe y porrazo al diecisiete quevedesco, a la picaresca barroca, a los ciegos sobreros que no veían lo que pasaba en el partido pero sí veían pasar los sobres por delante de sus narices, a los sacamuelas de Vitaldent que toman el dinero y corren, a los validos de palacio que se lo llevan despacio, a los alcaldes caciques y a los obispos que absuelven banqueros pero excomulgan titiriteros. El pequeño Nicolás no es un fulano intrascendente ni un poligonero metido a haragán de Gran Hermano para sacarse unas exclusivas caras y unos bolos discotequeros. Él sabe mucho de espías e informes secretos, de mordidas y maletines, de Rita la cantaora y Aguirre la marquesona. Sabe latín y griego, sabe el caviar delicatessen que se comía en la sede de Génova 13 entre reforma y chapuza, sabe todo lo que ha pasado en esta España de asaltacaminos y bandoleros. Por tener, lo ha tenido todo, incluso a la diorísima Corinna en su regazo. El pequeño Nicolás se codeaba con lo más granado y hasta con el mismísimo Granados. Que no nos cuenten la película facilona de que era solo un niñato engominado que jugaba a los espías entre clase y clase, entre recreo y recreo, y que no sabía nada del tema, porque estaba en todos los selfis, pomadas y saraos de Estado. El pequeño Nicolás no será James Bond. Pero el gachó sabe más de lo que cuenta.

Viñeta: polvorinos.com

lunes, 8 de febrero de 2016

DEL PABLO TRAJEADO A LA VIEJA DEL VISILLO


Elegancias. Nadie llevó el esmoquin como Cary Grant. Era elegante, seductor, divertido como un niño travieso. Podía sentarse en el suelo vestido de esmoquin o meterse en la ducha con él y seguir siendo el hombre más apuesto del mundo. Hay que tener mucha percha para ponerse un esmoquin y no parecer un Mortadelo. Pablo Iglesias no es Cary Grant, pero la otra noche, en la gala de los Goya, aunque el esmoquin le quedaba algo desgarbado y se veía que no era de corte exclusivo, sino más bien alquilado en Alcampo, demostró algo que le estaba haciendo falta a la hipócrita y sucia política española: que la elegancia va por dentro, que la elegancia no es cuestión de dinero o de ponerse un traje Camps más o menos caro, sino de principios, de ideales, de orgullo limpio y racial. Iglesias se puso el esmoquin y asombró a todos porque demostró que un proleta, un gato callejero, un desclasado del apartheid económico en que vivimos, puede codearse con las élites culturales y políticas y pasear su nombre impoluto por una alfombra roja infestada de gente estúpida y clasista. Fue un juego divertido y transgresor, provocativo e irreverente que un bolivariano como Iglesias se pusiera el esmoquin aristocrático y poderoso, mientras Pedro Sánchez se quitaba la etiqueta para parecer más rojo y a Albert Rivera el esmoquin le quedaba como el culo, dándole aspecto de tipo aún más encorsetado, pijo y embutido de lo que ya es. El esmoquin de Iglesias, adornado con coleta apache, fue un grito de transgresión en medio de la pasarela del mediocre cine español, un cine superficial, hortera y biuti, salvo excepciones. A mí me gustó ver a Iglesias con esmoquin. Demostró que no solo sabe manejar la tragedia, sino también la comedia Lubitsch de altos vuelos sin dejar de parecer un hombre auténtico. La pena es que no se lo ponga más veces. Mayormente para ir a ver al Rey.

Cosas de la "familia". El PP ha dejado sola a Rita. Abandonada a su suerte, desamparada, tirada como una colilla. Un juguete roto Rita, una muñeca pepona con un ojo a la virulé y una calva en la cabeza, en eso se ha quedado la gran marquesona del Turia. Así se las gasta la mafia. Mientras sirves a los fines de la organización todo son parabienes, palmaditas en la espalda y bolsos de Vuitton. Pero cuando vienen mal dadas, cuando la Policía mete la nariz en la familia, si te he visto no me acuerdo y que parezca un accidente. Ya ha empezado el ajuste de cuentas, el castigo, la vendetta. La están dejando caer como una manzana podrida. La imagen de Rita, asomando el ojillo paranoico y huraño tras la ventana de su pisaco valenciano, como una vieja del visillo cualquiera, revela lo sola que se ha quedado la mujer. Sola, olvidada, defenestrada. En el partido ya nadie quiere acordarse de cuando era la fallera mayor del negocio, cuando el dinero entraba a espuertas por las cañerías de los palacios de Calatrava, cuando los ferraris aparcaban en el ayuntamiento y los maletines florecían en la tierra de las flores, de la luz y del color. Entonces Rita era la alcadesa de España, la reinona del Reino, la señora que ponía la festa verbenera a todo trapo, los castillos artificiales, la traca, los güiscazos y el caloret. El PP se calentaba las manos sucias al fragor del fuego fallero al que ella misma metió mecha. Nada de eso queda ya. Valencia, negra de tizne y fango, ha ardido de escándalos por los cuatro costados. Solo quedan las cenizas tristes, los rescoldos de la orgía y la miseria de un pueblo. Y una anciana sola y olvidada que baja las persianas lentamente y observa, hosca y huidiza, desde su atalaya tambaleante.

Viñeta: Igepzio

lunes, 25 de mayo de 2015

¡QUÉ NOCHE LA DE AQUEL DÍA!




(Crónica tuitera de la vertiginosa noche del 24M, cuando España se acostó roja otra vez)

Ay, Manuela. Pues por lo que parece, en Madrid todavía queda gente decente. Enhorabuena a los madrileños.

El 'Ada' Madrina. Que una luchadora por los derechos de los desahuciados termine siendo alcaldesa de Barcelona es un final made in Hollywood, en plan Qué bello es vivir, y ayuda a recuperar la confianza en el ser humano.

Explicaciones surrealistas. ¡Y el tonto útil que es arrojado a los periodistas como leones tras la debacle electoral es... ratatatatatatata!: ¡Carlos Floriano!

La lideresa o el puente hacia la jubilación. Espe Aguirre comparece con cara de entierro y anuncia que el PP ha ganado las elecciones. Luego dice que la victoria ha sido clara en Torrejón, Parla, Tres Cantos y no sé dónde más. Mientras, Cifuentes le come la tostada.

Resacón para olvidar. Esta noche Rita sí que tiene caloret. Siente las brasas del infierno a sus pies. Por cierto, se la notaba algo pastosa y espesa de paladares a la hora de explicar la derrota.

Sociatas de salón. El PSOE se contenta con salvar los muebles y con maquillarle las ojeras a Pedro Sánchez para que quede mono en la tele.

Viajes a go gó. Monago defiende su gestión en Extremadura tras el repaso socialista, pero en el fondo sabe que Génova ya le está buscando hotel barato, para un exilio dorado con su churri, en Canarias.

Albert, a la 'ribera' del PP. Ciudadanos pasa de llave de gobierno a llaverito.

El conflicto. Lo de Bildu en Euskadi sí que no lo entiendo, si hay algún analista vasco entre el público se agradece un breve comentario.

Pillina. Cospedal rebusca entre sus votantes simulados y diferidos para arañar el escaño que le falta.

In memoriam. Izquierda Unida fue un partido político español fundado en 1986 y en el que participaron diversas organizaciones y colectivos, como el Partido Comunista de España e Izquierda Republicana. Tuvo varios coordinadores generales como Julio Anguita, Gaspar Llamazares y Cayo Lara. Dio color y decencia política al Parlamento español. Hoy día se da por extinguido (salvo entre un reducto de actores del sindicato de Miami).

Se lo dejan. UPyD se refunda en UDyP (Unión Descanse en Paz).

Rosa de España. Rosa Díez declara "jo-pe-ta, no hay derecho", mientras hace las maletas. Toni Cantó ficha para un remake de 7 Vidas.

Qué hermosa y pepera eres. En Murcia, por lo que se ve, debe haber un millón de ricos que cobran todos sobres en B, porque allí siempre ganan los populares.

Tirar los tejos. He visto a Ada Colau y Pablo Iglesias muy acaramelados en la pantalla de la Sexta. Creo que se están haciendo ojitos políticos.

Símbolo de la Valencia corrupta. De Alberto Fabra solo podemos decir que todo gobernante inepto tiene un final mediocre.

Retrógrado travestido de liberal. Ha dicho Trias que a Ada Colau la ve una "señora muy mandona". A él la derrota mal digerida le ha corroído la máscara, dejando al descubierto al señor muy machista que es.

Ciao Rita. Rita abraza a Serafín tras conocer la debacle y se lamenta: "¡Qué hostia, qué hostia...!". Y qué noche para recordar. ¡Cómo lo estamos gozando!

Viñeta: El Koko Parrilla