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viernes, 10 de abril de 2015

EL PROFETA DE LA ECONOMÍA


(Publicado en Revista Gurb el 10 de abril de 2015)

Alguien dijo en cierta ocasión que el economista es ese experto que mañana sabrá explicar por qué las cosas que predijo ayer no han sucedido hoy. Pero José María Gay de Liébana (Barcelona, 1953) no es de esos eruditos que pronostican a toro pasado. Él se moja, se mojó cuando España se acercaba peligrosamente al abismo de la crisis económica avisándonos de que íbamos por mal camino y se moja ahora augurando que en España las cosas nunca serán como antes de que estallara la burbuja inmobiliaria. "Aquellos sueldos fantásticos que cobrábamos, aquellos bonos maravillosos, quedarán ya fuera del mapa". Hábil ensayista, hincha del Espanyol de Barcelona y por tanto sufridor, ex fumador empedernido (o sea, siempre en proceso de rehabilitación), Gay de Liébana es el economista de cabecera que explica a los espectadores de La Sexta y de otras cadenas, con gracia y palabras comprensibles, por qué no llegan a final de mes, por qué el precio del pollo se pone por las nubes de repente y por qué llenar el depósito de gasolina es, cada día más, un milagro bíblico. "Nuestro modelo económico sigue anclado en la España de Franco", asegura en una entrevista concedida en exclusiva a Revista Gurb. Liébana es ese profesor simpático y afable que hace que la economía no sea un reducto de técnicos a los que nadie entiende. A fin de cuentas, y aunque nos duela, el dinero manda. Y el hombre moderno no es solo homo sapiens, sino también homo economicus.

Entrevista completa en Revista Gurb

viernes, 25 de abril de 2014

LA PARÁSITA


La señora Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, ha tildado de "parásitos" a los parados, un exabrupto demasiado grueso y grave que hacía tiempo no se escuchaba de boca de un responsable (o irresponsable) público. Después de calificar de parásito al desempleado y quedarse a gustito, después de reducir al obrero a la categoría de minúsculo insecto intrascendente, Oriol nos introduce, de lleno, en la florida retórica fascista. ¿Qué nueva burrada le quedará por decir a esta señora después de su desliz fatal? ¿Cuál será su próxima animalada? ¿Tildar de puto vago de mierda al sin techo? ¿Llamar negrata asqueroso al africano crucificado en la concertina fronteriza? ¿Tachar de pervertido bujarrón al homosexual? Toda esta lexicografía retrógrada que ya parecía superada, toda esta imaginería lingüistica de la elite ultraderechista de este país está ahí, agazapada, latente, íntima, y la llevan por dentro, bien pegada a la piel, como quien lleva un slip Calvin Klein. A esta elementa habría que explicarle que la gente de apellidos (como ella), y no el proletariado más o menos afortunado, ha sido nuestro auténtico parásito histórico. Los aristócratas del dinero fácil son las verdaderos bichos que han lastrado secularmente, cruelmente, el desarrollo de este país todavía llamado España. Parásito es el banquero repeinadito Blesa, que se ha dedicado a chuparle la sangre al pueblo y a los elefantes que abatía en safaris palaciegos. Parásito es el tesorero Bárcenas, mosquito zancudo que volaba feliz, de banco en banco, de Suiza en Suiza, libando el dinero de otros. Parásito es el duque Empalmado, mosca tsé tsé que succionaba la riqueza del país al tiempo que sumía a la monarquía española en un sueño de pesadilla, ignominia y vergüenza. Parásito, señora mía, es Díaz Ferrán, otro supuesto decente indecente que ahora se pasea por el reino de las ladillas de Soto del Real, o el ministro Montoro, sin ir más lejos, que nos chupa amablemente a los escritores el 25 por ciento de vellón por premio literario ganado, que es que a mí me calcan un riñón. Los auténticos parásitos de este bendito país no son los sufridos trabajadores y sus familias, que ya se están agrupando en clanes comanches para subsistir con la pensión de la abuela. Los virus, bacterias, bacilos, chupones, gorrones, inútiles, garrapatas, inquilinos y pulgones son las estirpes oscuras, querida amiga, las cien familias heráldicas que ganan más pasta que todo el país junto, los vampiros de los cárpatos castellanos que transfusionan a sus cuentas la riqueza del pueblo mientras el pueblo, sufrido y oprimido, les sigue aguantando el rollo con dignidad y les sigue permitiendo vivir a cuerpo de rey. Aquí sufrimos a una casta empresarial trastámara y estéril, enloquecida por la fiebre del oro negro, una casta que vive de practicar el paternalismo con el obrero y de evadirse luego, como viles tramperos, por las montañas de Suiza. No encontraremos un solo empresario español con cuatro libros en la cabeza y detrás de cada fortuna hay un crimen, ya lo decía el Borgia aquel. La señora Oriol, nieta de un preboste franquista, hija de fortunas y sobrina de Iberdrolas, no debería humillar de esa manera al proleta desahuciado, robado, pisoteado. La señora Oriol debe saber que los apellidos de oro como el suyo, aquí, en España, y en cualquier sitio, siempre han vivido de las rentas, de abrir bodegas riojanas, del cortijo seco con cuatro liebres para llevar a los amigachos a cazar, del latifundio injusto, de la cuadra/ganadería pura sangre, de enseñar los dientes dientes en el Hola junto a lecquios, famosos, miarmas, toreros y artistas, y del sarao con raya de coca en Marbella, como ese concejal pepero de Castelló que dicen se pone hasta las cejas de nieve dura. Los ricachos como usted, señora Oriol, son los dípteros chupópteros improductivos que con su aparato bucal trompetero e insaciable sangran el PIB del país y lo vuelan a lejanos paraísos fiscales. ¿Parásito, dice, señorita Oriol de los cojones? Parásito lo será usted.

Imagen: foroeconómico.com         

sábado, 25 de enero de 2014

DAVOS


Los mandamases del poder y la economía global ya saben ustedes que siguen reunidos en Davos, como obispos conciliares del dinero, para debatir sobre los males del mundo. O al menos eso dicen los chorbos trajeados que andan por allí, entre montañas de nieve y nieve de la otra, entre sesión de sauna y esquí, entre polvo y polvo, o sea. Habrá quien crea que Davos es el nombre de pila de un futbolista croata que se lo montaba a tope con Anita Obregón, allá por los felices ochenta, pero nada más lejos. Davos, además de la sede del Foro Económico Mundial, es la ciudad europea situada a mayor altitud y quizás por eso las élites económicas y financieras se refugian allí en el crudo invierno de la crisis, a salvo de los gritos incendiarios de los ciudadanos, lejos de los gamonales, las barricadas y los cócteles mólotov, a buen resguardo de los gritos sangrantes de los afectados por los ERES, que a los trabajadores de Coca Cola ya los han largado con todo el buen rollito del mundo y la chispa de la vida. Estos señores forrados hasta las trancas se reúnen en Davos cada año so pretexto de que van a estudiar los últimos informes macro, esos que tanto gusta a Rajoy y a sus ministros neocaníbales, aunque todos sabemos a lo que van en realidad, a jugar al golf sobre hielo, a vestirse de tirolés para la orgía del lunch y a mamar de la Pilsen, aquella señorita teutona del reservado. Almunia (quién diría que empezó su andadura de caradura en el Partido Socialista) también se ha dado un garbeo por Davos, para que no quede en entredicho su afiliación al liberalismo de nuevo cuño que recorre Europa, como aquella sífilis del diecinueve. "A España se la ve con optimismo por la salida de la recesión, la cifra de paro ha tocado fondo y se empieza a reducir", ha dicho el comisario europeo de Competencia, más bien de incompetencia, viendo las cosas que suelta ya por esa boquita de nuevo rico. La vieja Europa hace ya tiempo que no es la Europa de los ciudadanos, sino más bien un club selecto de fulanos con mucho parné, una guarida de lobos que trabajan para ellos mismos y para Wall Street, como ese DiCaprio ultramillonario, encocado y follador que acaba de estrenar película. Almunia ya apuntaba maneras de halcón millonario (que no milenario) en los años del felipismo rampante, pero ni él mismo se imaginaba que iba a tocar las gloriosas y olímpicas cumbres de Davos, o sea que el chico se ha espabilado, ha donado el carné de sociata al museo paleontológico marxista y ha hecho carrera en los lejanos, oscuros y burócratas pasillos de Bruselas. Bárcenas también hizo buen negocio en los Alpes, pero de Bárcenas hablaremos otro día, que el fulano chupa demasiado telediario y ya aburre. Davos no solo es el mayor destino turístico de superluxe de toda Europa, el pico dorado donde se practica el balconing para golfos con esmoquin, sino también el Shangri-La donde las élites se lo montan a lo grande sobre las cenizas viejas de Europa, donde se lo pasan pirata haciendo el pirata, o sea trilando el dinero de los pobres, parados y pensionistas europeos. Davos se ubica en el cantón de los Grisones, donde cantan bingo los cabrones (se podría decir, haciendo un mal e indignado pareado), pero allí se habla alemán merkeliano, es decir el latín del dinero, como no podría ser de otra manera. Uno cree que Rajoy no hace falta que vaya de viaje oficial a Davos, que Davos engancha mucho y gusta más que a un tonto una gorra de cuadros, y luego se nos despista el gallego y acaba regalando facsímiles del Descubrimiento a cambio de unas cuantas chuches, como le pasó con Obama. Dice la enciclopedia que a Davos se llega cómodamente, desde cualquier parte, en automóvil o en tren (nos ha jodido, solo faltaba que hubiera que llegar escalando tresmiles alpinos) lo cual demuestra que todos los caminos conducen a la Roma del dinero. A Davos fue Heidegger para refugiarse en sus sabias y silenciosas montañas y discutir con otros pensadores sobre la utilidad de la Filosofía kantiana (un coñazo, pobre infeliz, no supo ver que en Davos se puede hacer dinero a espuertas). Lo dicho, que España se reparte la lata de sardinas de ciento y pico gramos (todos nos quedamos con hambre) mientras los señores de Davos se reparten el mundo pico a pico. Y es que el mundo es pa cuatro.  

viernes, 17 de enero de 2014

LA MOVIDA DE GAMONAL


Lo de Gamonal es para que vaya dimitiendo desde Rajoy hasta el último ujier de la Moncloa, pasando por el inepto alcalde de Burgos y unos cuantos ministros camastrones. Durante una semana, la ciudad ha ardido por los cuatro costados como una falla valenciana. Barricadas de odio, fuego y pedradas, botes de humo y caña, mucha caña al mono, que es de goma. Como en aquellas viejas algaradas norteñas de la Segunda República, solo que sin ateos quemando iglesias ni militarotes golpistas por ahí de acampada, de momento. Por unos días, Burgos ha vivido en la anarquía y el sindiós, un caos difícilmente explicable en una sociedad que se dice avanzada y democrática. ¿Y qué que hacía nuestro Gobierno mientras los ciudadanos se partían la cara con los grises? (Son los mismos grises de antes, solo que con casco y porra avanzados y más puestos de gimnasio) Pues muy fácil: Rajoy se hacía la foto con Obama en la Casa Blanca, que siempre queda muy típica en el álbum familiar, Soraya estaba missing y el ministro del Interior no sabe no contesta. La espiral de violencia subía un grado más cada día y nadie parecía tomar las riendas de la crisis. Ésta es la forma de resolver los conflictos de nuestro Gobierno: dejar que el botellón explote y vaya perdiendo fuerza por propia inercia. Solo que la ira del pueblo no se apaga fácilmente y ya hay muchos gamonales a punto de estallar por todo el país. El ciudadano, el gentío, se echa a la calle no por diversión, ni para montar verbenas y chocolatadas, ni para organizar bailes regionales los sábados tarde, sino porque está pidiendo pan a gritos, porque se muere de fría miseria, como cuando aquello del Motín de Esquilache, que casi le cuesta el cuello a Carlos III. La gente defiende en la vía pública lo poco que le queda, las migajas del Estado de Bienestar, pero al alcalde pijotonto de Burgos se le había metido entre ceja y ceja que lo prioritario era gastarse un pastizal en poner bonita una avenida, que era como vestir de domingo al niño pobre antes de matarlo de hambre. ¿Qué amistades, qué convolutos, qué adjudicaciones y pelotazos puede haber detrás de una actitud tan cerril y obcecada como la del señor Javier Lacalle? Hace falta estar ciego para no ver cuáles son las necesidades urgentes del país. Las guarderías que se desploman a trozos, los niños que caen como moscas famélicas en las escuelas, los viejos que se mueren de frío por el tarifazo de la luz. Pero aquí parece más importante llenar una calle de farolas versallescas, de felices guirnaldas y de absurdos escaparates llenos de joyones que nadie puede comprar. No cabe más incompetencia, más nulidad política, más burricie administrativa en tan poco tiempo. Hasta han logrado que policías y bomberos terminen a garrotazos en una nueva edición de las dos Españas (a Cristina Cifuentes le van las pistolas y a Ana Botella le ponen más las mangueras). El fuego justo de Gamonal, el viento del pueblo que se revuelve contra la estulticia de quienes le gobiernan, la revolución sana y necesaria, en fin, es el punto final lógico y consecuente a una etapa histórica vergonzante en la Historia de España: los años del trapiche y el ladrillazo. Pero por lo visto algunos políticos se creen que estamos todavía en los años dorados de la Belle Époque, cuando no había más que meter la zarpa en el cazo para llegar a Gran Gatsby. El pueblo castellano sabio, viejo y austero es un pueblo pacífico que duerme un sueño milenario y nunca se mete con nadie. Pero cuidado, que no le toquen los bemoles. Porque, como en Los Santos Inocentes, empieza a estar cansado del saqueo, el fraude, el trilerismo y el atraco. Milana bonita.        

Imagen: publico.es

jueves, 26 de diciembre de 2013

LA LUZ


Me entero por Infolibre de que el señor Blesa, cuando era el mandamás de Caja Madrid, quería apropiarse del agua de los ciudadanos, el agua sagrada del Canal Isabel II (con el previo consentimiento y enjuague del PP, of course). Qué pájaro. Aquí, si nos despistamos un poco, nos roban el agua y hasta los calcetines andando. Cualquier día abrimos el grifo y nos sale la mano manicurada de un banquero con gemelos de oro exigiéndonos el diezmo del agua. Éste es un Gobierno que está jugando ya con las cosas del comer. Con el pan de los parados, con el agua, con la luz. Todos preparamos la cogorza de Nochevieja, el hermoso y dulce colocón al borde del abismo, pero miramos con miedo y de reojo al calendario, a la espera de que Montoro y sus boys nos metan por retambufa el facturón de la luz, un megavatio que nos va a dejar fundidos, zoom, zoom, faradio, faradio, como decía la loca aquella de la bola de cristal, allá por los añorados y felices ochenta. Tenemos un Gobierno que primero nos mata de hambre y luego nos mata de frío, así que nos está matando doblemente, para que no haya dudas. El facturón lo tiene que pagar el ciudadano mientras empieza a respirarse un ambientazo de que aquí no ha pasado nada: Blesa era un señor que iba por ahí cazando osos sin hacer daño a nadie; Matas un buen chico que se dedicaba a levantar palacetes mallorquines por pura afición; Carlos Fabra solo era un inocente moroso adicto a los aeropuertos; la Infanta firmaba lo que le decía su hombre (simplemente se casó y fue sumisa, como aconseja el libro del Arzobispado de Granada ) y en ese plan. Los ricos se calientan con vino gran reserva mientras el sufrido peatonal tiene que pagar cada voltio de electricidad a precio de barril de petróleo. Rajoy no pinta nada al lado de unas multinacionales que cada año subastan nuestra energía, nuestra cartera y nuestras vidas. Para los grandes magnates de las hidroeléctricas los ciudadanos no somos más que fusibles que se encienden y se apagan como lucecitas de un macabro árbol de Navidad. Ya va siendo hora de pensar en nacionalizar las cosas básicas de la vida porque todo está demasiado privatizado. Todo menos la corrupción, claro, que es pública y notoria. Eso sí, para el nasciturus de Gallardón todos los derechos constitucionales están plenamente reconocidos y garantizados, pobretico el nasciturus, es tan tímido y calladito él... En esta España contrarreformista, nacionalpepera, opusina, fachorra y pobre se garantiza todo el derecho a la vida de un cigoto etéreo, celular, licuado, mientras al pobre mendigo con cartela de carne y hueso, al pobre rico en infortunios y miserias, se le arroja al infierno sucio del Metro, o a la soledad fría y tecnológica del cajero automático, y a otra cosa butterfly. Hasta Portugal, secular culo de Europa, se ríe ya de nuestro atavismo primitivo y se frota las manos con el negocio que van a hacer sus clínicas importando embarazadas low cost para extirparles el mal y la cartera. Portugal va a ser el santuario de Lourdes de nuestras preñadas de renta baja, solo que sin virgencitas milagrosas ni cojos dando la vara por ahí, mientras las pijas del barrio de Salamanca se rajan el útero y se liposuccionan, dos por uno, entre martinis y sesiones de rayo uva, en los grandes balnearios del aborto. Éste es el triste panorama que nos aguarda en 2014: el ciudadano congelado de empleo y sueldo, el ciudadano calentándose al lado del brasero, el ciudadano apagado, sin luz, y nuestras mujeres dando a luz como conejas de las milicias femeninas, en fila de a una, en formación, un, dos, un, dos, pariendo, pariendo por Dios y por España, que hay que llenar el país de niños, que hacen falta más niños del hambre corriendo descalzos por la calle, a ver si el Banco Europeo se da cuenta de una vez de que esto es un solar, un cuarentañismo sin aguilucho pero con gaviota. Llega el cotillón de fin de año, la traca final. El baile de los ladrones, los Blesa y Matas tocándose la zambomba a dos manos por las calles de España, los jueces expedientados por hacer bien su trabajo, las campanadas del fraude y la mentira. La farsa de la democracia. La farsa de España. Solo faltaba Raphael dándonos el coñazo.

viernes, 13 de diciembre de 2013

AY MONTORO, MONTORITO BRAVO


Anda el ministro de Hacienda, señor Montoro, a la gresca contra la oposición, contra sus propios funcionarios, contra la prensa, contra el mundo, contra todo lo que se menea. Parece que últimamente se haya propuesto hacer honor a la mitad de su apellido, quiero decir que anda por ahí como un toro corniveleto al que Rajoy ha picado a conciencia para que salga bravito a la arena de las Cortes. Mientras Montoro embiste a diestro y siniestro con su cornamenta política, el Gobierno no habla de lo que realmente tiene que hablar: del indulto bochornoso a Matas que se avecina, del aeropuerto ruinoso el abuelito Fabra, de los estafados por las preferentes, de los desmanes del Duque Empalmado, de los que llevaron a España a la ruina, en fin. Últimamente, cuando Montoro sube a la tribuna de oradores resoplando como un miura no es para rendir cuentas de su gestión pública (que dicho sea de paso es un desastre) sino para montar un festival taurino tras otro, y solo le falta el bombero torero a su lado para que la corrida sea completa. Tanta testosterona política en el señor Montoro nos hace sospechar que ha sido el presidente-monchito (Rajoy es ya como ese muñecón de José Luis Moreno que pone ojos de madera y boca de marioneta en sus discursos televisados) quien le ha dado la orden de ponerse novillerete y encampanado. La mejor defensa es un buen ataque, así se desvían mejor las vergüenzas que se cuecen en la Agencia Tributaria. Y las vergüenzas no son otras que las purgas que el propio Montoro ha iniciado contra los inspectores que multan a las multinacionales del engaño, la caza de brujas que cual general McCarthy ha emprendido contra el nido de socialistas que solo él ve en sus febriles delirios anticomunistas, el escándalo secular de un país en el que sigue habiendo dos Haciendas (una para ricos y otra para pobres) al igual que hay dos Justicias (una para el robagallinas y otra para Blesa) dos Gobiernos (uno para la derecha económica de Bruselas y otro para el pueblo que se muere de hambre) dos Bancas (la que se lleva la pasta a Miami y la que manda a tomar por cofa al ciudadano que pide un miserable crédito) dos libros de contabilidad (el de Bárcenas y el otro) y en ese plan. En España todo es doble (después de la borrachera de dinero negro de los últimos años, lo normal es ver doble) y tenemos un ministro bravucón, bajito y chulito que está majando a los españoles a golpe de impuestazo injusto y facturón a todo gas, que ya hay millones de indigentes energéticos sin estufa y arrimados a la televisión, brasero de pobres. Hacienda es un invento de socialistas y de democracias suecas (tanto pagas, tantos servicios te ofrece el Estado de Bienestar) y por eso con Franco no había Hacienda, que toda la pasta estaba enterrada en el Valle de los Caídos y en el pazo de La Collares, que es quien llevaba los pantalones en la casa. Por eso, a nuestra derecha patria, con su ministro torete a la cabeza, le gusta tan poco que haya inspectores que anden metiendo sus narices en las cementeras del dinero negro. Faltaría más. Unos rojos de mierda no iban a amargarle la vida a los adictos al yate y la piscina. Montoro le corta las alas a unos funcionarios que solo cumplían con su trabajo de husmear en el gran capital y encima amenaza con airear los agujeros tributarios de los medios de comunicación. Está visto que un periodista que hace bien su trabajo es lo que más molesta al régimen pepero que nos mal gobierna. Montoro habla mucho de las deudas fiscales de los periódicos pero resulta que él tiene tres pisos en propiedad y no ha renunciado todavía (que sepamos) a los dos mil eurazos de vellón que da el Congreso por dietas de alojamiento y manutención. ¿No es eso acaso otro pufo monumental? Montoro, ese torito, ay torito bravo, tiene botines y no va descalzo. Descalzos y sin botines nos va a dejar a los españoles este ministro de colmillo retorcido y sonrisa usurera y nerviosa. Y todo porque seguimos votando al mismo señoritismo rampante de siempre, porque España es el único país del mundo donde los obreros son de derechas. Lo ha dicho muy bien Pérez Reverte. Lo de España solo lo arregla una buena guillotina en la Puerta del Sol. Aunque solo sea por asustar. 

Imagen: genoveses.blogspot.es

domingo, 27 de octubre de 2013

LAS FAMILIAS FORBES


Cuenta la revista Forbes que treinta familias españolas controlan ya la friolera de 32.000 millones de eurazos, céntimo arriba, céntimo abajo. Lo cual que ya sabemos dónde está la pasta y la riqueza del país: en el cerdito-hucha de los gatsbys hispanos o quizás más bien por ahí fuera, en los paraísos artificiales de Baudelaire, ya que muchos de estos fulanos están avecindados en el extranjero. Entre los privilegiados se encuentran el conocido y admirado Amancio Ortega (la tercera fortuna del planeta, solo superado por Bill Gates y Carlos Slim), Juan Roig (Mercadona), Florentino Pérez, Alberto Cortina, las Koplowitz, María del Pino (Ferrovial) y Helena Revoredo (Prosegur), por citar solo unos cuantos ejemplos. Las cifras son demoledoras: a un lado de la balanza los seis millones de parados crónicos que comen ya de la pensión de la abuela y al otro los 32.000 millones de euros improductivos, ociosos, obscenos, de estos esmoquins con poco corazón y aún menos cerebro. Un panorama desolador, pero no deja de ser consecuencia de una idea, de una política, de un Gobierno. Montoro gallea como él solo y se pone muy entero cuando habla de lo mucho que crece España, de lo bien que estamos saliendo de la recesión, de que el paro ya es una sombra del pasado sociata, cuando en realidad aquí solo le va bien a Botín y a las cuatro dinastías de la Forbes que se lo están montando a tope. Todo esto lleva a una conclusión: que la crisis, la jodía crisis, no ha sido otra cosa que un gran timo perfectamente calculado y estudiado, un tocomocho transnacional premeditado en el que los primos tartajas hemos sido todos nosotros, los curritos, los nacionales, mayormente las clases bajas, porque clases medias ya no quedan. ¡Y cómo hemos ido cayendo en la trampa a fuerza de mentiras, miedos y chantajes! Primero, acuérdense, nos amenazaron con la quiebra del sistema financiero, que viene el lobo, el corralito español, la sombra negra del rescate, nos decían, y hasta Zetapé se bajó los pantalones y entregó el pastizamen a los bancos; luego llegaron Marianico y Montoro, o sea Pepe Gotera y Otilio, Chapuzas Neoliberales a Domicilio (más los carlosflorianos de turno y otros mediocres adosados) que nos metieron en la cabeza la urgencia de la reforma laboral, todos al paro o a trabajar de gratis total, que es la teoría económica imperante de este fascismo económico, la nueva doctrina ultraliberal, lo que se lleva entre los universitarios pijos de Yale. Qué será lo siguiente. Sin duda el despido libre, la jubilación a los cien (todos jubilados walking dead) y pensiones que no darán ni para las chuches de Rajoy. A la derecha parece que le pone este escenario fragmentado entre pobres y ricos, sin clases medias, y mientras tanto se va sacando unos dineros malvendiendo hospitales en los rastrillos madrileños y expoliando la escuela pública. España está al borde del infarto por culpa de un colesterol malo en forma de ricachos que juegan al golf de ocho a nueve, patronean yates por mares de codicia y compran España por parcelas. De nada sirve la pantomima del tesorero que está pidiendo cárcel a gritos, ni el juicio al capo de los aeropuertos sin aviones, ni el vodevil del duque que pierde el trasero ante los paparazzi bajo las farolas fernandinas del Madrid de los desastres. Todo eso solo sirve para despistar, forma parte del juego de esta falsa democracia, de la gallofa, del cuento chino, de la estafa. Todo eso solo sirve para dar mayor realismo y color a la mentira mientras las cuatro estirpes pata negra de la Forbes se bañan con leche de burra, mean colonia en el váter de Tiffany´s y se alimentan con caviar fresco del Mar Caspio. Jordi Évole, el virus ébola que persigue sin descanso a los políticos con sus "hostias" de coletilla y su estilo desaliñado, joven y directo, entrevista esta noche al gran Pérez Reverte. "En España nos faltó lo que hubo en otros países: una guillotina". Y con doble hoja, añadiría yo, maestro. Lo digo porque aquí los cuellos son más duros de roer.  

Imagen: 20minutos.es

sábado, 17 de agosto de 2013

ROSALÍA


Vaya por delante nuestro pésame por la muerte de Rosalía Mera, exmujer de Amancio Ortega y una de las empresarias más ricas del mundo (su patrimonio neto estaba cifrado en 6.100 millones de euros, céntimo arriba, céntimo abajo). Sin embargo, no pasemos por alto un par de líneas necesarias sobre este hecho luctuoso. Desde que se conoció la noticia de su fallecimiento, todos los medios de comunicación, sin excepción, se han volcado en suplementos especiales, reportajes y obituarios ensalzando la figura humana y social de esta mujer que siempre estuvo a la sombra de su marido. No es de buen gusto literario ni periodístico ensañarse con una persona muerta (no lo vamos a hacer aquí) y mucho menos con una señora a la que ni siquiera tuve el gusto de conocer. Pero es que resulta extraño comprobar cómo la flota mediática de este país se ha puesto a trabajar a toda máquina y al unísono, sin espíritu crítico alguno, para reivindicar y encumbrar la figura de esta empresaria gallega. No ha habido ni un solo telediario, ni un solo periódico, ni una sola cadena de radio que no haya emitido amplios recordatorios, todos ellos a mayor gloria de la finada, sobre la supuesta obra social que deja la ex del fundador del imperio Zara. Y eso ya mosquea. No vamos a discutir aquí la dimensión social y hasta histórica, si se quiere, de una mujer a la que todos reconocen su vocación solidaria, altruista, filántropa. Pero la cobertura mediática que se está dando al acontecimiento, tanto desde la prensa de izquierdas como la de derechas, nos parece ya excesiva y hasta cargante. En un país donde seis millones de personas no llegan a final de mes (ni siquiera a la primera semana de mes), en un país donde muchos ciudadanos desahuciados acaban siendo condenados al camping de la calle, que se dedique tanta loa y alabanza a una magnate de los negocios, a una potentada de las finanzas cuya mayor obra para la posteridad ha sido ganar pasta a porrillo y entrar en la revista Forbes supone un cruel sarcasmo. No cabe duda de que sus fundaciones, sus limosnas y sus donativos habrán llegado a alguna gente necesitada y eso está muy bien, pero no perdamos de vista que esa ayuda no es más que la beneficencia endémica que el rico ha practicado con el pobre secularmente en este país. Esa limosna es el chocolate del loro de una clase social que está chupando la sangre, el salario y la vida a otra. Esa calderilla es la cuota de remordimiento que los ricos muy ricos dejan caer en el platillo de los proletas para callarles el estómago, el cerebro y la boca. El mejor medio de hacer bien a los pobres no es darles limosna, sino hacer que puedan vivir sin recibirla (Benjamin Franklin). Y cómo se lo ha montado la señora. Seis mil cien millones de eurazos. Seis mil. ¿Y aún aplaudimos ese crimen injusto, ese mal reparto de la riqueza, esa barbaridad económica? Con la mitad de la mitad de la mitad, Rosalía, la buena y filántropa Rosalía, podría haber llevado una vida igual de plena y feliz. No le habría faltado yate y pazo gallego. Pero de todo, lo que más irrita no es que tengamos que tragarnos esa historia manida y típicamente americana de que Rosalía fue una empresaria hecha a sí misma que empezó de costurera dándole a la rueca, zurciendo vestidos con una humilde Singer, y que con mucho sudor y esfuerzo terminó tomando martinis en la cafetería de Wall Street. Lo que más irrita de toda esta avalancha de apologías, encomios y panegíricos sobre el capitalismo salvaje y la familia Ortega es tener que escuchar que esta mujer era una mujer de izquierdas. Lo que más toca los dídimos es tener que tragar con que Rosalía (ya digo que no tengo contra ella más de lo que pueda tener contra todos los de su clase top/biuti) "militó políticamente en la izquierda", como dice textualmente un diario de tirada nacional. ¡Claro, y Rockefeller era un peligroso rojo revolucionario! Hoy día el término "ser de izquierdas" está muy devaluado, pero todo tiene un límite, oiga. Jugar al golf con los vampiros que desecan la sangre fértil del mundo, alternar en cenas con las 25 familias que dirigen el holocausto económico mundial, tostarse el culo en yates bañados en oro mientras millones de niños mueren de hambre no es ser muy de izquierdas precisamente. A la señora Rosalía le deseamos que descanse en paz. Pero que no nos hagan comulgar con ruedas de molino, porque seremos pobres, pero no gilipollas.

Imagen: elpais.com

sábado, 10 de agosto de 2013

EL DIEZ POR CIENTO


A los vejetes opulentos del FMI se les ha ocurrido que aún pueden reducir un diez por ciento nuestro ya de por sí miserable sueldo (el que tenga la fortuna de catarlo, claro). Es lo que tiene el verano, que hay mucho tiempo libre y a las cabezas locas les da por pensar. Resulta evidente que ese diez por ciento no supone nada para los jerarcas del FMI que retozan en el paraíso terrenal y significa media vida para los pobres mortales que transitamos por el valle de las lágrimas. Para los capataces de la economía mundial, un diez por ciento es apenas una comisión sucia de cualquier negocio sucio, una mordida habitual y rutinaria, un unte tonto que llega a sus cuentas corrientes, a diario, desde cualquier lugar del mundo. Yo no sé qué haría con ese diez por ciento de los ingresos de un fulano del FMI, la verdad. Comprarme una isla, como Marlon Brando, comprar Gibraltar para hacerle la peineta barceniana a los llanitos (con calvo incluido) desde el otro lado de la verja. Quién sabe. Un diez por ciento de mucho es un río de oro mientras un diez por ciento de nada es un río de miseria. El diez por ciento de los emolumentos de cualquier menda detestable del Fondo Monetario Internacional es lo que vale el ancla de su yate (y ni eso) lo que cuesta la rueda de repuesto de la limusina diamantina que siempre conduce Fermín (son tan cortos de materia gris que no les da ni para el carné de conducir) lo que vale una pezuña del pobre pura sangre olvidado en el establo. Ese diez por ciento despreciado y desechado por la biuti del FMI no supone nada para ellos porque es apenas la alfombra del casoplón versallesco, la escobilla del váter de oro, la cubertería de plata con la que se hacen el sorbete de sangre de obrero a la hora del té. Cuanta mayor la riqueza, más espesa la suciedad, decía Galbraith. Quieren reducirnos el jornal un diez por ciento porque para ellos la calderilla no es nada, porque no entienden que con la calderilla viven toda una vida muchos niños africanos, porque ven al hombre como simple calderilla para sus calderas, como carbón humano para sus multinacionales voraces. El diez por ciento del sueldo de un jeta del FMI es lo que vale la tinta de la estilográfica asesina con la que firma las injusticias del mundo, el hilo de oro de su pañuelo impregnado en la dulce lavanda de la codicia, el tapón de corcho millonario del champán con el que llena sus piscinas babilónicas, el daiquiri antes de la mamada con la puta del sábado (el domingo toca otra distinta, hala venga, que no nos falte de ná). Son travelos de la economía que por la mañana se disfrazan de empresarios serios y formales y mueven las 300 empresas que controlan el mundo y por la tarde se ponen el disfraz de hipócrita oficial del FMI o de la CEOE, me da igual, para robarnos un diez por ciento de felicidad, un diez por ciento de vida, toma misil por retambufa, toma pollazo malo sin látex, rojo cabrón. Ellos, las dinastías del dólar, l
os ricos riquísimos, las estirpes heráldicas de esta Europa que es un tocomocho a lo bestia, se pasan nuestro diez por ciento esencial para sobrevivir por el arco de triunfo. Por mucho que se pongan en plan economistas sesudos con sus recetillas neoliberales, todos sabemos que Chantal Hughes y su horda de vándalos trajeados están aquí, en el mundo, para arrasarlo todo, para forrarse, para vivir la dolce vita y para darle vara al proletariat. Con estos cuatreros del Fondo ya hemos tocado fondo. Nos irán bajando de diez en diez hasta reducir nuestra dignidad a cero. Uno no quiere porque ya va para mayor, pero es que a uno le hacen marxista a la fuerza. 

Imagen: lacomunidad.elpais.com    

viernes, 2 de agosto de 2013

EL PARO


¡El paro ha bajado! ¡El paro ha bajado! Tachín, tachán, qué alegría, qué alborozo, que suenen tambores y timbales, aleluya, aleluya, ya bota Mariano en el balcón de Oriente, que salude, que salude, que lo unjan y rieguen con rosas, claveles y vinillo de Jerez, tachín, tachán, carrozas doradas, carrozas por un tubo, el confeti, rápido, el confeti, los payasos de Anita, música, música, la banda nacional (la banda gurtel con sus tambores preñados de mierda), Paquito el Chocolatero, ejército de húsares y coraceros a la calle, a la calle de inmediato, a la calle todos, ya tardamos, que forme la claque de putis verbeneros con mantilla y peineta (la Cospe abriendo el cortejo), tachín, tachán, tachín, tachán, asquito me dan. Qué calladito se lo tenían estos fulanos de la derechona patria que nos malgobierna. Qué magos de las encuestas y los números estadísticos estos pilletes del sobre asomadizo. Al día siguiente de la inmolación política, al día siguiente del martirio en el Gólgota parlamentario (lo de ayer fue un calvario en toda regla con arrepentimiento espontáneo, cara de corderito degollado por las hordas marxistas y mirada extasiada al cielo de virgen mariana sin desvirgar), qué casualidad, qué bendita casualidad, que ¡zas!, el empleo ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Y ahora lo de siempre, la vieja cantinela rayada y polvorienta de siempre, que si España va bien, que si el país sale de la recesión, que si la máquina indigesta empieza otra vez a carburar. En un par de semanas pleno empleo, ya lo verán ustedes, lo va a decir, tal que en un momento, el de la corbata descarada, la flor de su secreto, el floripondio de Floriano. ¡Pero tachín, tachán, tachín, tachán, el llorar se va a acabar! ¡Presidente, presidente! Que bote la botella que ha limpiado Madrid de indigentes que hacían feo. ¿Dónde están ya esos mendigos con cartela, dónde está la famélica legión? Nada de nada, hombre, quién se acuerda de ellos, están todos de camarero dando el callo en Marbella, están todos chupándole la suela al patrón por un clavo ardiendo. Suenan los claros clarines, ya llegan los de Televisión Española, ya están ahí, ahí están, ahí están, por la puerta de Alcalá, ahí están viendo pasar el tiempo. Momias con carné de periodista y del otro, momias que han rescatado del guardarropía del Nodo. ¡Cómo destripan la encuesta del INE, los jodíos, cómo le sacan el triunfalismo a cada número amañado! ¿Son periodistas o cirujanos del poder? Tambores y timbales. Platillos y cornetas. Trompetas, fanfarrias, pechos fuera. Que no decaiga, estamos todos tan a gustito. Orgullo pepero, viva la raza. Se acabó la tristeza, la saudade Rubalcaba. Todos los rojos son iguales, unos tristes, unos funestos, unos cuervos. ¡A la playa, coño, a la playa, todo el país a la playa! Tintorro, botijo y tías en bolas. El chiringuito, el chiringuito. Bárcenas se abrasa en el pudridero con su tanga de rayas. Ya es historia el loco de la colina que quería escalar más alto, el falso culpable, el falso inocente, qué importa a estas alturas. Más dura será la caída. Ya no hay pobres, ya no hay paratas, ya no hay muertos desahuciados. Todo es alegría, todo es colorido, regocijo y jolgorio, todo es jijí, jajá, jijí jajá. Carnaval veraniego de la mentira y la propaganda. Éste es un país alegre que no lo paran cuatro rojos baladrones con ganas de gresca. El negocio funciona otra vez. Los ricos tripones a trincar y los pobres desgraciados a pagar. Cada mochuelo a su olivo, demasiados mochuelos con ojos de oro. Los guatergueis de tres al cuarto para los americanos. Aquí semos españoles, coño. Ladrones, sí, y a mucha honra.

Imagen: lavanguardia.es

lunes, 10 de junio de 2013

LA AUSTERIDAD


Primero fue Arias Cañete aconsejándonos la ducha fría mañanera, a pelo, en plan kamikaze. Luego a Glez. Pons se le ocurrió mandar a nuestros jóvenes a buscarse la vida al extranjero, parados por el mundo, todos a Alemania, que es tan española como un barrio de Vallecas. Después la ONU nos aconsejó comer cucarachas al pil pil, que por lo visto tienen más hierro que las judías, las jodías. Y ahora un informe de no sé qué experto concluye que la administración pública se ahorraría cincuenta millones de euros sustituyendo las botellas de agua mineral por agua del grifo corriente y moliente, insípida, sobria. Esas son las medidas geniales, brillantes, que propone el gran capital, el ultraliberalismo rampante que campea por el mundo, para sacarnos de la pertinaz crisis. Y mientras nuestros gobernantes se ríen de nosotros y nos toman el pelo, tenemos que ver cómo nuestros hijos caen desmayados en las escuelas porque no tienen un mendrugo de pan que llevarse a la boca y ya comen como pajaritos. Estamos apañaos. Cada día nuestro gobierno, u otros supragobiernos internacionales y merkelianos, lo mismo me da, nos sorprende con una propuesta más surrealista y kafkiana. No sabemos cuál será la siguiente ocurrencia del Dúo Dinámico De Guindos/Montoro. Pero por si acaso se quedan en blanco, como nos pasa a veces a los columnistas, allá va un catálogo de posibles ideas para ir profundizando en las políticas de austeridad. Para empezar, podríamos dejar de lavar la ropa sucia y volver a aquello tan económico y españolazo de los gayumbos de segunda mano, es decir, lo amarillo "palante" y lo marrón "patrás". De esta manera nos ahorramos mucha pela en agua y Ariel, recuperamos al denostado macho ibérico de feromona recia e infalible y atraemos otra vez a las suecas, que visto cómo está el patio, con esta vuelta a la España de posguerra, vuelven a ser la gran industria nacional. Luego, para reducir el déficit y eso, quitamos el bidé y el escusado de los hambrientos hogares españoles, inventos demasiado franchutes y sibaritas, y recuperamos el orinal, dompedro, perico, bacinilla o bacín, un utensilio que gasta menos agua y está más en la tradición castellana del Quijote, o sea que es más nuestro y más austero. El orinal, una vez usado, se mete bajo la cama, como hacían nuestros abuelos para no pelarse el culo con el relente de la corrala, y al día siguiente el material orgánico de desecho aprovecha en abono de parques y jardines, algo secos y mustios (con esto del ahorro no los riega ni dios). Siguiendo con las políticas de austeridad tan cacareadas por el Gobierno Rajoy, podemos vender el coche y pasarnos a la burra barata, que da leche de vez en cuando y no contamina. Así ahorramos en gasolina y en un futuro la mula puede servir de burro-taxi para el turismo americano, americanos os recibimos con alegría. Con estas medidas España se va resituando en su tradición de pueblo secularmente atrasado y austero, que es lo que la derecha, la Iglesia y la banca pretenden para seguir llevando el bastón de mando. Por ideas no debe quedar, y se me ocurre que podemos tirar la televisión al cubo de la basura, total para lo que sirve. De esta manera nos ventilamos la factura de la luz y potenciamos el polvete rápido y misionero que, con tanta tele, aquí no procrea ni el tato y Rouco ya está nervioso porque no se cumple el mandamiento bíblico de creced y multiplicaos. Como se ve, algunas de estas medidas no solo mejoran la economía nacional, sino la relación Iglesia-Estado, tan deteriorada últimamente por la herencia socialista de la boda gay, Zapatero rojo, mariquita, masón. Hay muchas otras iniciativas que se nos quedan en el tintero, pero que bien podrían llevarse a cabo para que el pueblo siga siendo austero. Un suponer: cambiar el jamón ibérico por la suela de zapato chapliniana, volver al trueque de la gallina por la cabra, regresar al botijo paleto o directamente comer mierda, como aquel coronel de García Márquez que no tenía quien le escribiera. Eso sí, los sobresueldos de Bárcenas ni tocarlos. Hasta ahí podíamos llegar, hombre.


       

sábado, 8 de junio de 2013

EL HAMBRE DEL PP


Uno de cada cuatro colegiales españoles sufre malnutrición y nosotros sin saberlo. Además, los bancos de alimentos escasean y Cáritas alerta de una emergencia nacional. Nos creíamos que la hambruna infantil era cosa de lejanos etíopes y nos jactábamos de mandar a los negritos del África tropical mucha leche caducada, mucho catecismo y muchos bolígrafos rotos. Pero resulta que España es un país rico en niños pobres y el tercer mundo estaba a la vuelta de la esquina. Con esto de la crisis los señores del Bundesbank y el capitalismo caníbal, más los nacionales del PP que malgobiernan el país, nos están devolviendo a la posguerra, a la sopa boba de auxilio social para viejos y mendigos y a los niños desvitaminados, descalzos y con piojo verde. Entre el hambre y la contrarreforma católica Wert están haciendo de las escuelas públicas españolas grandes guetos de críos esfamiaos, negros hospicios para joselitos famélicos cuyo único futuro es hacerse cantante, meterse a torero o irse de novicio al convento. Tenemos una legión de marcelinos con poco pan y poco vino, que hasta el franquismo alimentaba a sus vástagos con más gracia y proteína que este Gobierno marianista y gurteliano. Eso sí, la epidemia de hambre solo alcanza a la escuela pública, hasta ahí podíamos llegar, y uno teme que en el colegio de Anita Mato sobren bocadillos de nocilla, fantas doradas y mortadela de caviar a tutiplén, a porrillo, a gastos pagados por el sufrido contribuyente. A los niños de la derecha le organizan fastuosos cumpleaños con payasos diorísimos mientras los niños de los rojos pasan el día con un desayuno proletario en la escudilla, remiendo recalentado del estómago, y gracias. Pero quietos parados, que Rajoy acaba de decir, tal que hace un rato, que el pesimismo ya está de retirada en España. Pobre diablo. El pesimismo puede, pero el hambre es endémica, señor Rajoy. Le faltan libros y le sobran puros a don Mariano, no se ha enterado de que el pesimismo y el hambre hidalga, desde la picaresca y el 98, son marca de la casa hispana, están en los genes del español descreído, desencantado, pobre. Aquí estamos en el G-20, hacemos piezas para la Nasa (cada vez menos), ganamos Roland Garros a espuertas, sacamos pecho en la UE de lo machos que somos, pero nuestros niños visten ropas tristes y tienen hambre, respiran hambre, crecen con hambre. Somos los mexicanos pintorescos de Europa y haría falta un Pancho Villa para quitarle el gusanillo a nuestros hijos. Aquí sobran mentiras y falta pan para nuestros niños, que el hambre es un fantasma invisible y solo aparece cuando ya es demasiado tarde. Después de la ley del no aborto, después de la vuelta al crucifijo en la escuela de instrucción primaria y de los telefachas del parte informativo TVE solo nos quedaba por sufrir esta peste de hambruna infantil para sentirnos como en el cuarentañismo del Tío Paco. El PP se siente a gusto en este revival retrofranquista y ya estamos a un paso de la pertinaz sequía, de la Sección Femenina, el sindicato vertical y el careto al sol. Nos creíamos que con una paletada de buen cemento en la tumba del dictador nos íbamos a librar del hambre, pero el hambre siempre vuelve (mayormente para algunos) el hambre es un régimen político, una idea, mientras la biuti política versallesca nada en la ambulancia, como decía el humorista, y se ríe del pueblo. Nuestros niños se raquitizan y nuestros viejos se preparan para dar el callo hasta los cien con una pensión de mierda. Qué sabrá este Gobierno de hambre en la escuela si Rajoy tiene pazo con vacas gallegas y el otro, Aznar, es un caudillo agrario de las Falanges de Castilla con nietos en Harvard. Esto es un déjà vu insoportable, el escenario perfecto soñado por la derecha patria. Solo falta el carca de Matías Prats dándonos la brasa con el No-Do.   

Imagen: El Roto

       

martes, 4 de junio de 2013

DESDE GIJÓN, CON AMOR


Escribo desde un bar con wifi de Gijón, ciudad dublinesca con un mar bravío surcado por gaviotas como pterodáctilos gigantes. Pasear por la bahía de San Lorenzo, respirar su brisa cantábrica y brava, te renueva, te da fuerzas y te hace sentir bien. No hay nada como llenar el petate y largarse unos días al norte para olvidarse de todo, de la locura de la gran ciudad, del despido improcedente, del ruido mediático, de Bárcenas, de Urdangarín, de toda la tralla de chusqueros de la política. Aquí, con las verdes montañas de fondo y el sonido de las gaitas emanando de las tascas, uno se siente tranquilo, feliz, en paz consigo mismo. No hace falta más. Tu amor, tu perro y unas sidrinas frescas. Escribo con furia pero templando el pulso. Ya me siento como un exiliado del periodismo, sé lo que es morder el polvo de la injusticia social, pero la libertad corre por mis venas ahora. Me despojarán del trabajo, de un salario digno, de un sueño utópico, pero no podrán robarme el alma. Cuando te lo arrebatan todo solo queda escribir, escribir hasta que te salgan callos en las manos, como reza el blog del gran Cipri Torres, un saludo maestro. Esto no es una crisis, es simple capitalismo, lucha de clases, una guerra civil entre pobres y ricos, entre instalados y parias, entre poderosos y sometidos. Aunque bien mirado las bajas siempre caen del mismo bando. Hemos vuelto al 36, solo que en lugar de balas sangrientas ahora se disparan ERES como bombas crueles que dejan efectos colaterales: familias enteras en la ruina, un futuro de escombros. Un grupo de fascistas económicos nos está matando civilizadamente, lentamente, en silencio. Nos condenan a la chatarrería humana, al desguace a los 40, a la muerte laboral, que es como un homicidio a largo plazo socialmente permitido. Te roban la esperanza para que te vayas pudriendo poco a poco en la rutina del olvido.  
Las calles limpias y pacíficas de Gijón no se parecen en nada a las bulliciosas avenidas de Valencia, pero en ambas hay algo en común: hay gitanas como esculturas negras con burka apostadas a las puertas de los supermercados, hombres ebrios de tristeza que dormitan en los parques, jóvenes desencantados que hacen footing en horario laboral, mineros al sol o paseando al perro, jubilados cabizbajos que se detienen en la acera y hablan de lo mal que están las cosas. La miseria es un paisaje universal, no conoce de fronteras. Rajoy nos vende la moto de que ha bajado el paro, pero el partido aún no ha terminado y vamos perdiendo por goleada. El tiempo de las frías estadísticas ya ha pasado, señor Rajoy, guárdese sus números mentirosos para otro momento. ¿Es que no ve que todo se ha derrumbado ya, señoría? Nadie se cree sus cifras, nadie cree al Gobierno, nadie cree a nadie. Glez. Pons recomienda a los jóvenes españoles que se vayan buscando un empleo en Alemania, vente pa' Alemania Pepe, como en la película sesentera del gran Alfredo Landa, hoy llorado y añorado. Este Glez. Pons tiene la face de diorita, una diorita acuñada con el material de la desfachatez y la ignominia. Cualquier día le da por mandar a nuestros universitarios al Nepal, a que se hagan monjes budistas, o a Australia a pelar ovejas. Así se maquilla el paro y mientras tanto los chicos, como van viendo mundo, ya no les da por meterse en el rollo antisistema. Un buen amigo me envía un feis lacónico. Dice que ha llorado al oír lo del ERE de La Opinión de Murcia. No me extraña, él levantó ese periódico con su trabajo, con su esfuerzo, con sus reportajes, dejándose la juventud, jugándose la vida. Ánimo, compañero, en peores garitas hemos hecho guardia. Escribo desde un bar con wifi en Gijón y bla, bla, bla...

Imagen: panageos.es


jueves, 25 de abril de 2013

LAS BESTIAS


Seis millones de parados. Seis millones doscientos dos mil setecientos, para ser exactos. No nos dejemos a ninguno en el tintero, que detrás de los fríos informes hay personas, personas con rostros, con sangre en las venas, con vida aún viviente. Floriano ha sido el muñeco de pim pam pum que el Gobierno ha sacado hoy al teatro de guiñoles para decir que la economía está dando sus frutos. Qué vergüenza, qué bochorno, qué sonrojo. Aquí los únicos frutos que da la economía son los sobres maduros que, como manzanas podridas, van cayendo de España a Suiza mayormente; los billetes de quinientos que germinan en lejanos paraísos fiscales; los sueldazos, comisiones y dietas que cultiva esta casta de politicastros camastrones que nos ha caído en desgracia. Seis millones, seis. Ni dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco, sino seis. Se dice pronto. Doce millones de manos nobles desahuciadas, doce millones de brazos fuertes triturados, doce millones de piernas inutilizadas. Seis millones de cerebros malgastados. Este Gobierno ha hecho del país un gran banco de órganos muertos e inservibles, un inmenso vertedero de cadáveres vivientes que a nadie importa ya, un Walking Dead laboral. Hitler hizo su genocidio de seis millones de judíos; este fascismo económico que nos asfixia ya tiene su propio holocausto humano. A Fátima Báñez no se le ocurre mejor idea para resolver el paro que encomendarse a la Virgen del Rocío (¿Dios, por qué los más inútiles siempre acaban en ese departamento?), Rajoy sigue mudo, sordo y ciego y el ministro Fernández (¡puag!) saca las lecheras a la calle. Eso es lo único que se le ocurre a este Gobierno de calvorotas ilustremente mediocres que nos malgobierna. Policía y caña al mono contra los miles de ciudadanos que se agolpan a las puertas del Congreso. Policía y verjas de hierro para contener al pueblo famélico que pide pan y justicia. Tratan al ciudadano como bestias salvajes, pero las bestias enjauladas en sus despachos dorados son ellos. Las bestias despiadadas que gobiernan con el zarpazo del recorte y sus decretazos crueles e injustos son ellos. Las bestias con piel de cordero, trajes hipócritas y dientes dientes que reducen al ser humano a la categoría de inframosca inmunda susceptible de ser aplastada son ellos. Posada, con una desfachatez que asusta, los sigue llamando antisistema, pero uno cree que esa gente que asedia el Parlamento (salvo algún macarra que se habrá colado, es cierto) no es más que el farallón de la miseria, la primera lava de un volcán de indigencia humana que ha explotado para arrasarlo todo. Se les puede poner la etiqueta que se quiera: antisistema, perroflautas, malhechores, marginales, barbudos, melenudos, piojosos, vagos, maleantes, yonquis o hippies de mierda. Es inútil. Por mucho adjetivo sociológico que se les quiera colgar la cruda realidad no se puede esconder, lo esencial seguirá estando ahí: la miseria, la desesperación, la falta de futuro. El gran Sábato ya nos avisó de que el mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Pues ningún ministro de este Gobierno ni de ninguno debería levantar la cabeza ni salir en los periódicos ni asistir a canapé ministerial alguno hasta que el último de esos parados tenga un empleo digno. La paradoja terrible es que el Congreso de los Diputados, la casa del pueblo, el santuario sagrado del ciudadano, se ha parapetado con policías como rocas y espigones para defenderse de sus legítimos propietarios. Ha sido un desahucio parlamentario en toda regla, un día negro, un día de infamia. Algunos se debieron sentir muy seguros y respetables detrás de los furgones blindados del 091. Pero recuerden una cosa sus señorías: también se sentía muy seguro el faraón cuando el ángel exterminador pasó rozando su cabeza.  

Imagen: república.com           

martes, 26 de marzo de 2013

ADA


Ada Colau, la indómita y tenaz portavoz de la Plataforma Stop Desahucios, es uno de esos personajes admirables destinados a hacerse un hueco en el álbum de la Historia. Con poco más que un ordenador personal y un teléfono móvil ha conseguido movilizar a cientos de personas que han perdido o están a punto de perder sus casas en toda España. Ada es un hada que no viste modelitos caros como la jueza Alaya, ni va de peluquería pija, ni su retórica es trillada y vacía, como la de la mayoría de los políticos. Tras su aspecto despeinado de recia pionera del oeste que acaba de ordeñar una vaca hay una mujer inteligente, valiente, preparada, fuerte, comprometida, transparente. 
Sus intervenciones en televisión son como centellas fulgurantes en medio de la noche de la mentira. Cuando Colau habla, uno siente que no todo está perdido. Domina la jerga de la ley, habla con pasión y sin balbucear (no como De Cospedal) y desprende un fresco aire de pureza y bravura solo comparable a luchadores por la libertad como Indira Gandhi, Madre Teresa de Calcuta o Rigoberta Menchú. No se había visto un animal político similar desde que Delacroix pintó la libertad guiando al pueblo, desde que Agustina de Aragón la emprendió a gorrazos contra los gabachos, desde que la Pasionaria dijo aquello de que las mujeres son seres libres que tienen derecho a elegir su destino.          
Ada está resucitando la dignidad de la democracia, ella es la reencarnación de la política, una actividad noble cuyo fin primordial es ayudar a la gente, no trincar el dinero y cambiarlo de sitio, mayormente a Suiza.  
Mientras el Gobierno del PP abandonaba a su suerte a miles de desahuciados, mientras los banqueros desalmados empujaban al precipicio del suicidio a pensionistas y parados, ella chateaba desde casa con los revolucionarios dispuestos a seguirla.         
El PP ya le ha puesto el cartel de "wanted" porque sabe que es una líder carismática, magnética, peligrosa. La acusan de practicar la kale borroka, de apoyar a los etarras, de alentar la violencia por emplear el escrache contra González Pons. Pero no hay mayor violencia que la que practica un gobernante contra su propio pueblo. Violencia es arrebatar la casa a un viejo inválido. Violencia es dejar sin su hogar a un niño. Violencia es reubicar hipotecariamente a un enfermo debajo del puente. Rebelarse contra la injusticia social no es violencia, sino defensa propia, estado de necesidad, simple instinto de supervivencia. Si un pueblo tiene que salir a la calle a defender su casa frente a la opresión bancaria, si un país tiene que echarse a las barricadas para luchar por su derecho a vivir dignamente, si la gente tiene que plantar cara a los depredadores de sueños del Gobierno, eso es que estamos en una situación de emergencia nacional. Sin embargo, Rajoy y su gabinete parece que siguen viviendo en los mundos de Yupi. Han decidido seguir instalados en el cinismo, en la represión policial, en las excusas baratas. Este Gobierno vampiro que consiente la expropiación hipotecaria de almas ya no tiene crédito ni legitimidad para seguir gobernando porque ha hecho de la mentira, el pillaje a manos llenas y la estafa su triste ideario político. Al tratar de desacreditar a Colau desacreditan a toda la ciudadanía. Estos piratas caribeños del paraíso fiscal, estos bucaneros del bajel Bárcenas, aún no se han dado cuenta de que los parias trepan ya por la Bastilla. El hambre no conoce de dialécticas.   
Los miserables pronto plantarán la bandera de la justicia en medio del Congreso. Y ellos, necios, ciegos, inútiles, ni siquiera se habrán dado cuenta.  

lunes, 25 de marzo de 2013

EL COLCHÓN


Una empresa española ha tenido la feliz idea de patentar una caja fuerte que va adosada a los bajos del colchón de la cama. Lo cual que este crack mundial nos ha devuelto de lleno a los tiempos de la abuela de posguerra, cuando se guardaban las cuatro perrillas de la miseria debajo del jergón. Después de esto ya solo nos queda rescatar el trueque, o sea, te cambio el televisor de plasma por la cabra, que me falta leche.  
Este producto original de la caja fuerte colchonera nos parece una apuesta lógica y consecuente contra la ola de robismo que nos invade. A saber: Barcenitas, El Alpinista suizo; las preferentes indecentes; los ERES andaluces (ere que te quiero ere); los lobistas feroces (ahora se llama lobismo al mangoneo hispano/fenicio de toda la vida); el duque Empalmado de codicia; el corralito que está a la vuelta de la esquina tras el atraco chipriota. Aquí todo el mundo roba como puede, cuando puede y donde puede. Desde la Merkel hasta el más insignificante concejal de pueblo, pasando por el último mono del Bundesbank, parece que todos competían en el tonificante deporte de ver quién se lo llevaba rápido y entero. Lo último es el caso de los ERE. Empresarios, trabajadores, sindicatos, políticos, todos conchavados para comer del gazpacho de la estafa, todos practicando el atraco a la tres chapucero y grueso, todos viviendo de un socialismo falso y de boquilla. Con socialistas así dan ganas de pasarse al bando de los señoritos de Cayetano, esto va para Rubalcaba.
Veo a Julio Anguita en Salvados, el programa de Jordi Évole cada vez más necesario. El Califa, que aún desprende cierto aire de dignidad cartuja que a otros les falta, responde en mangas de camisa con la libertad que da saber que no le debes nada a nadie: "Esto no tiene solución. La única solución sería que la gente se movilizara, aunque sea en Cáritas", asegura. Es decir, que Anguita aún confía en la vieja fórmula de la revolución, esta vez pacífica, como motor del cambio social. No se engañe, señor Julio, que ya todo está perdido, que esto no lo arregla ni la momia embalsamada de Chávez, que la izquierda está fracturada, como dicen ahora los sesudos tertulianos que con la crisis proliferan como setas por los platós televisivos. La revolución se ha perdido ya, señor Califa, pero siempre nos quedará ese colchón con caja fuerte y combinación secreta incorporada. Ese colchón es el paraíso fiscal Lo Mónaco del españolito para sobrevivir en los años de crisis. Ese colchón es el plan de pensiones personal ante la quita de los bancos trincones. Ese colchón blindado blindará también los sueños del pobre ciudadano recortado que ya no tiene ni para soñar ni para caerse muerto, ahora que llega la Semana Santa, gran fiesta y festín español sobre la muerte. Metiendo la calderilla que nos queda en ese colchón de seguridad le decimos al banco, a la Merkel y al político corrupto: váyase usted al infierno, que yo ya me apaño con mi colchón de doble capa y mis ahorrillos de mierda de toda la vida.         
Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero (Voltaire). Pues aquí estamos viviendo una epidemia de virus Gollum (mi tesoooro), una peste de enfermos del dinero desbocado, prófugo, neurótico. La única forma de salir vivo de ésta es comprarse un colchón forrado de titanio para guardar las cuatro perrillas que aún no nos han robado y mandarlos a todos a tomar por retambufa. Ea.       

viernes, 1 de febrero de 2013

EL LADRILLO

(Publicado en Levante-Emv de Castelló el 8 de marzo de 2010)

El Gobierno cree haber encontrado la fórmula mágica para sacarnos de la crisis: devolvernos a todos, otra vez, a la era del ladrillo, que es la Edad de Piedra de la Economía. Por lo visto, ZP quiere crear 350.000 puestos de trabajo en el sector de la construcción, lo cual recuerda peligrosamente a aquellos otros 800.000 puestos de trabajo que prometió Felipe, y de los que nunca más se supo. 
Éste es un país que avanza a golpe de ladrillo y de paleta. En los 50 fuimos paraíso sexual de famosos: Ava Gardner montándoselo con toreros y Hemingway dándole al porrón todo el día. Pero aquella España folclórica, torera, hermética, racionada, se agarró al ladrillo para salir de la miseria. Y hala, a hormigonar el mar y la costa, lo cual nos sirvió para entrar en la ONU, y de paso chapurrear algo de inglés. Luego, en los sesenta y eso, seguimos llenando el Mediterráneo de cemento y de suecas. Una de nuestras mejores películas es El pisito, no lo olvidemos, que precisamente va sobre el ladrillo franquista. Desde entonces, pueblo y gobernantes han prosperado a golpe de ladrillazo. 
Quiere decirse que no hay nada más genuinamente español que un albañil de pelo en pecho que enseña el calzoncillo en el andamio, que canta por Antonio Molina y que piropea a toda moza que se mueva, mientras va amontonando ladrillos en el dominó de la riqueza nacional. Ayer mismo escuché a uno de esos pequeños ruiseñores en plena actuación: «Si fueras un bollycao te comía hasta el cromo». Magistral síntesis de Quevedo y Bukowski. 
De modo que el Gobierno sociata lanza un plan de economía sostenible y al rato tiene que volver a lo de siempre, o sea, al ladrillo. Ordenadores, investigación, desarrollo, ecología, bits, nanotecnología, blogs, marcianitos de Krypton. ¿Todo eso para qué? Todo eso para los americanos, que inventen ellos, coño, que aquí estamos tan a gustito con nuestro ladrillito corrupto. 
En España los niños vienen con un ladrillo bajo el brazo. La industria del ladrillo es nuestra NASA, nuestra actividad fenicia, patria, autóctona. No sabemos si los que levantaron las pirámides eran esclavos o libres, pero seguro que por medio había un señor de la patronal de Albacete fumándose un puro y pidiéndole contratos basura, por un tubo, a Ramsés. Los grandes hombres de Estados Unidos se forjan en Harvard y en Wall Street. Los europeos en la Sorbona. Y los nuestros son más del máster del ladrillo para concejales trincones de Urbanismo. 
En España, el político, el empresario, el prohombre, se hace y se curte en el andamio/escuela de la corrupción. Ésa es nuestra universidad, nuestra industria señera, nuestro New Deal. La primera empresa española es el ladrillo delictivo, que es la que mueve trabajo y parné para todos e invierte mucha divisa en el extranjero, sobre todo en las Islas Caimán. China exporta garitos de todo a cien, nosotros exportamos barro cocido sucio y siciliano, qué pasa. 
No salimos de la cultura del ladrillo. El ladrillo para un español es como el bombín para un inglés, la Volkswagen para un alemán o Bollywood para un indio de la India. 
Ahora sólo tenemos que colocar a cuatro millones de paratas en el sector. Eso está hecho. ¿Usted qué es, ingeniero/a? Pues al andamio. ¿Y usted, abogado/a? Pues al andamio también, que poner ladrillos es como poner un pleito. ¿Y usted, psicólogo/a? Se me suba a la obra a enladrillar, y de paso le explica Freud al constructor, a ver si encuentra su superyó, el hombre, y se va quitando del vicio anal de la comisión y el sobreprecio. 
Con el ladrillo, el Gobierno nos va a sacar de la crisis. Fijo. Volveremos a ser grandes y libres, construiremos el Manhattan de la huerta, la Paramount castellonera. Tendremos dinero/cash. Ni acciones, ni bonos del Estado, ni euros, ni préstamos, ni coñas. Aquí, la moneda nacional es el ladrillo. De ésta nos suben a todos al andamio a cantar por Bustamante. Y que le vayan dando al Financial Times.

miércoles, 30 de enero de 2013

EL BULO Y EL CRASH

(Publicado en Levante-Emv de Castelló el 10 de mayo de 2010)

No hay más que echar un vistazo a la prensa del día para darse cuenta de que los mercados internacionales han urdido un complot contra este país. Como si fuéramos el único Estado en el mundo que tiene paro y déficit. Uno cree que se han propuesto hundir a España, como antes han hundido a Grecia. Luego vendrán Portugal, Italia, Rumanía, y en ese plan. 
En esta Desunión Europea, cuando las cosas pintan mal, el norte opulento apela al viejo tópico del lobo que viene. El lobo es el fontanero polaco, el perro judío, el atrasado rumano, el ocioso griego, el torero español, ese portugués, qué hijoputa es, en fin. ZP y Rajoy se citaron en Moncloa, como una pareja de divorciados rencorosos, para hablar del tema del bulo. De allí tenía que haber salido una declaración conjunta, firme, unitaria, pero salió lo de siempre: nene caca, no te ajunto, ea. 
Alguien en Wall Street o en el Bundesbank o en el Financial Times está interesado en tirarse el nardo de que nuestra economía se desploma, cuando en realidad nuestra economía lleva siglos desplomándose tranquilamente (con algún que otro paréntesis de bienestar, como el crucero que hicimos por las Américas para expoliarle el oro a los pobres indígenas). 
No es nada nuevo que estemos al borde del crash. Este es un país que taló sus bosques celtíberos para criar ovejas, y ahí empezó la crisis. Desde Tartessos y Viriato no hemos hecho otra cosa que sestear, beber bota y botijo, darle al pitillote y venderle la lana a las multinacionales europeas, que son las que han hecho el negocio pingüe. Aquí, la miseria y el estraperlo han sido nuestra empresa nacional. Aquí no sabemos lo que es vivir pensando en el dólar ni sabemos de planes quinquenales. Sacamos a la Virgen en rogativa, de vez en cuando, y le pedimos que llueva. 
En los felices ochenta y eso, Felipe decidió darle barra libre al bursátil extranjero para salir de pobres. Hizo de España la formidable máquina de trilar dinero negro de la Europa Volkswagen, mi hermosa lavandería, la rueca del pelotazo alemán, francés o sueco, según, más algunos jeques árabes que aparcaron sus petroyates en el jardín de Gunilla von Bismarck y se corrieron unas juergas gloriosas. Hasta los pobres mafiosos rusos se vinieron a vivir con nosotros, oyes, angelitos. Ningún tecnócrata de Bruselas se acordó entonces del IPC, ni del PIB, ni del PER. Invertir en España era rentable para los grandes tahúres del turismo financiero. Por un momento vivimos un sueño dorado, nos llegamos a creer esa gallofa del milagro español, cuando en realidad no había tal milagro, sino unos millonarios en bermudas que se jugaban su dinero aburrido en el ladrillo y después compraban Mallorca a golpe de talonario. Hicieron de España un casino en el que convenía apostar, una ruleta loca que movía dinero internacional, fuerte, negro, a espuertas. Había mano de obra barata, bolsa a la baja, mamachichos, sangría don Simón. Un Las Vegas a la europea. 
Toda esa dolce vita, la sodoma y gomera española, se acabó cuando Zapatero ganó las elecciones. Entonces empezó el declive de los mercenarios de fortuna, los bárcenas, los matas, los díazferranes, los bigotes, los correas, los clanes gürtel y algún que otro elemento de Castelló. Hasta la Pantoja y su alcaldillo/guiñol han visto llegar su San Martín. 
La derecha eurocon quiere cargarse este país (con la ayuda de Rajoy) porque ya no es divertido. Para mí que tanto bulo sobre el crash español no sale del FMI, sale de un alemán en tanga, cabreado y ceguerón de cerveza, que ladra contra la socialdemocracia en un velero de Marbella. No parará hasta ver a ZP en la cola del paro. 
La Europa rica, la Europa Merkel, ha abierto la veda contra el soñador grecolatino. Nos llaman pigs, holgazanes, jetas, nos amenazan con un Trafalgar financiero. Hundirán el IBEX y el Banco de Santander, nuestra Armada Invencible bancaria, con una batería de sucios chismes, rumores, runrunes, bulos y cotilleos bursátiles. ¿Pero qué les pasa a esos cabezas cuadradas? ¿Acaso no les dimos a Platón, el Coliseo, la paella? Como sigan con lo del bulo tendremos que confiscarles Mallorca. 

Imagen: El Roto

sábado, 26 de enero de 2013

LOS MERCADOS

(Publicado en Levante-Emv de Castelló el 6 de diciembre de 2012)

Leo en la prensa un titular que pone los pelos como escarpias: «España es la gran pieza final en la cacería de los mercados». Lo cual que ya sabemos lo que nos temíamos. Que esto de la crisis no es más que una partida de caza montada por los cuatro pijos de mierda que controlan el 25% de la riqueza mundial, una montería despiadada de las monarquías heráldicas del capitalismo, que son las multinacionales. Y a esa batida voraz la llaman muy rimbombantemente y muy eufemísticamente «los mercados». 
El ciudadano peatonal, en su ingenuidad, se pregunta: ¿Pero qué es eso de los mercados? ¿Por qué la han tomado con nosotros? ¿Por qué razón quieren hundirnos? 
Antaño, antes de Mercadona y eso, uno iba más al mercado, sobre todo a comprar tomates y a chamullar un rato con la verdulera, que era una gran experta en economía y cotilleos. Pero la cosa de los mercados se ha adulterado mucho y el inocente bulo de barrio se ha convertido en bulo global que corretea por las cloacas de Internet y derroca países como fichas de dominó. Nos creíamos que estábamos en la Era de la Información y resulta que estamos en la Era del rumor especulativo, el gran motor de los que siempre se forran, o sea. 
Hoy cualquier vecindona del quinto coronada de rulos monta un Wikileaks y se pone a filtrar papeles de la CIA o a propagar la fiebre del pollo o a vender un revolcón de la Esteban, que también se cotiza fuerte. 
Esto de los mercados consiste mayormente en ir hundiendo países, como en el juego de los barcos, para luego rescatarlos. Ya lo dijo Voltaire: «Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero». 
Hablamos de los mercados como de entes reales cuando no tienen nada de real. Los mercados los forman tipos de carne y hueso que fuman habanos carísimos, juegan al golf en sus yates dorados (queda más típico) y salen con una querida en cada brazo de las cumbres internacionales que no resuelven nada. Tras la metáfora de eso que llaman «los mercados» se esconde una verdad terrible y cruenta: la ley del hampa de unos señores de colmillo retorcido y tirantes de oro que juegan al Monopoly con los países, los gobiernos y los ciudadanos. Son genocidas económicos. 
La política ha muerto, ya todo es cachondoliberalismo. La política se ha convertido en el envoltorio con lazo rojo que contiene lo único importante: el dinero especulador, invisible, espurio, negro (el dinero siempre es negro) y los jefes de Estado no son más que guiñoles. 
Devalúan presidentes, devalúan países, devalúan el euro. Al final acabaremos en la peseta otra vez, sólo que con el careto de Bill Gates en lugar del careto del Rey. 
Los hilos los mueven los masones de los mercados y la democracia ha quedado en una coreografía folclórica que consiste en votar votos inútiles cada cuatro años. Más coherente serían unas elecciones con multinacionales de candidatos en lugar de partidos. «¿Tú que has votado esta vez, chato?». «Yo a la General Motors, que está al alza. ¿Y tú?». «A la Shell, que es donde tengo las cuatro perrillas». 
Engañan al ciudadano con el timo de los mercados y hasta Zapatero se ha tragado el anzuelo. Untó unos kilillos a los bancos, recortó a los funcionarios, facilitó el despido del obreraje y ha suprimido los 400 euros del parado perpetuo. No servirá de nada. El error del presidente fue no ver que detrás del teatro de Bruselas, entre bambalinas, estaban los cazadores de los mercados. La próxima vez, señor Zapatero, no se entreviste con la Merkel, que no va a ningún lado. Tire de páginas amarillas, contacte con el cazador rico de Wall Street, invítelo a la Moncloa y póngalo ciego de manzanilla, como hacía Felipe. 
A ver si así salimos vivos de la cacería, coño.