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martes, 18 de octubre de 2016

EL SILENCIO DE RAJOY


(Publicado en Revista Gurb el 13 de octubre de 2016)

Pasó el día de la Hispanidad con las dos Españas engrasando sus trabucos, mientras la cabra de la legión desfilaba por Madrid y el cabrón de Luis desfilaba por la Audiencia Nacional. A los vinos, en el Palacio Real, nuestro inefable presidente fue preguntado por los periodistas por el futuro de España y él se mostró cauto a la hora de valorar la decisión hamletiana que debe tomar el PSOE en los próximos días: ser o no ser, sí o no, Rajoy o no Rajoy, esa es la cuestión. Don Mariano fue discreto y no quiso largar ante los plumillas, alegando que lo mejor que puede hacer un presidente en este momento grave y trascendente para España es estarse callado. Y ahí sí, ahí la ha dado por fin el eminente canciller compostelano. Por una vez, y sin que sirva de precedente, estamos plenamente de acuerdo con el insigne gallego. Han tenido que pasar muchos años para que entendiera que lo que más le convenía al país era que él se estuviera calladito, punto en boca, chitón, y parece que al final, pese a las veces que se ha ido erráticamente de la lengua, pese a los charcos infinitos en los que se ha metido, lo ha terminado por comprender. Nunca es tarde.
Por Shakespeare sabemos que es mejor ser rey del silencio que esclavo de las palabras, aunque a veces el silencio sea peor que la mentira, como decía el maestro Unamuno. Rajoy ha entendido por fin la filosofía Wittgenstein, aquello de que sobre lo que no se sabe es mejor callar, y como don Mariano de política siempre ha sabido lo justo, las cuatro reglas que le enseñó en el pazo don Manueliño cuando se lo subía al regazo, pues ha terminado por asumir su condición de metepatas profesional. A fin de cuentas, para qué buscarse problemas largando ante los periodistas si él ya tiene lo que quería: el título de presidente en funciones para colgarlo en el salón junto al de registrador de la propiedad, sobre la chimenea, que hace bonito. Qué necesidad tiene él de meterse a opinar sobre el lío entre sanchistas y susanistas, sobre el cante de Correa, que tenía despacho en Génova, un piso más abajo que el suyo, o más arriba, quién sabe, o sobre las tarjetillas black que circulaban por Caja Madrid. Mutis total.
Han sido muchos años escuchando sus paridas y trabalenguas, aguantándole la manida retranca, soportándole el rollo (y los que nos quedan gracias a los liberales del PSOE travestidos de socialistas que se han empeñado en regalarle la investidura) pero ahora por fin, gracias a Dios, el presidente se ha dado cuenta de que cuando habla sube el pan. En política, como en la literatura y en la vida, lo mejor es callar, insinuar más que decir, hacer la pausa dramática infinita, el sonoro y cristalino silencio que lo dice todo. O sea: mantener el pico cerrado, sobre todo cuando uno es un bocachanclas y corre el riesgo de hablar y cagarla. Rajoy la ha cagado en numerosas ocasiones, ustedes ya saben. No vamos a extendernos aquí en las veces que el jefe se fue de la sinhueso con resultados ciertamente nefastos para el país: Luis sé fuerte, Carlos Fabra es un ciudadano ejemplar, Paco te quiero coño, Rita eres la mejor, y en ese plan. No, no seremos nosotros quienes le afeemos al manda gallego su lengua de trapo demasiado suelta y desmanganillada, su verbo ligero e imprudente, sus ocurrencias de alumna de colegio mayor un poco cabecita loca (cuando no de peregrino de romería con dos copas de más, viva el vino).
Quedémonos pues con que don Mariano, al fin, tras muchos años diciendo dislates y disparates, tras mucho tiempo practicando el surrealismo retórico y el humor del absurdo, dejando a Groucho Marx a la altura del betún, ha visto la luz, la belleza del silencio, aquellos versos universales de Neruda, el me gustas cuando callas porque estás como ausente. Pues así debería quedarse, autista, taciturno, callado como una tumba (por no decir como una puta, que es castellano antiguo pero no gusta a las feminazis) no solo durante estos días de oscuros presagios y cataclismos para España, sino por siempre jamás. Así tendría que permanecer Mariano Rajoy para alivio y descanso de muchos españoles: enmudecido y ausente en el sentido más nerudiano del término. Como el mudito de Blancanieves. Pero no hablemos ahora de gnomos, enanos y pitufos, que los carga el diablo de la financiación ilegal y luego viene esa fiscala tan valiente pidiendo cuentas. Hablemos del acierto y la lucidez de callarse a tiempo, de morderse la lengua en el momento justo, de no meterla hasta el cazo. Qué gran triunfo para un gobernante cuando comprende lo que es bueno para su país, qué victoria tan aplastante cuando un presidente controla y sabe lo que tiene que hacer: en este caso ser prudente, cerrar el pico y dejar de decir chorradas, idioteces y mamandurrias, como diría la dama de Génova, su archienemiga que se la tiene jurada. Rajoy al fin ha decidido callar. Será su más histórica decisión como estadista. Por fin lo ha captado: es lo mejor que puede hacer un bocazas. No meter la zarpa.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

domingo, 31 de julio de 2016

EL VERANO DE MARIANO


 (Publicado en Iniciativa Debate el 31 de julio de 2016)

Le he dicho al Rey que bueno, que vale, que me presentaré a la investidura, que lo haré si no hay más remedio, a fin de cuentas soy un patriota, todo por España pero sin España, eso sí, sin presionar ¿eh?, que estoy de vacaciones en funciones, si hay que ir se va, pero qué pereza, qué coñazo con perdón, y encima las Olimpiadas a la vuelta de la esquina, con lo bonito que es ver las Olimpiadas por la tele (ya dejé bendecidos por mi mano católica y mariana a los atletas españolesh que van a hacer las Américash) que sí, que vale, que iré a la investidura, pero sin agobiar, prisas las justas, que las prisas son malas consejeras, cada cosa a su tiempo, y menos ahora que le he cogido el gustillo a estar en funciones, que por mí estaría en funciones toda la vida, viviendo como dios, a cuerpo de rey, que me quiten lo bailao, y encima aforado, toma castaña, así la Fiscalía no le busca las tuercas a uno, pero que vale, que me presentaré si es lo que quieren, un voy pero no voy, un quiero pero no puedo, más que nada por hacer el paripé y que no se me note mucho otra espantá, sólo la puntita, mejor ya si eso que vaya el otro, el sosaina de Pedro, o el chaquetero de Albert, o el Coletas, eso, que vaya el Coletas si quiere, que lo está deseando, pero a mí que me dejen de investiduras y de gaitas, de independentistas catalinos y de crisis yihadistas, con lo bien que se está en Pontevedra, al fresquito, orujo por aquí nécora por allá, todo el día en gayumbos por el pazo, como Fraga por Palomares, los pinreles a remojo y el purito echando humo, a todo gas, sin los calores y agobios de Madrid, Madrid es que está lleno de pelmazos, todo el santo día llamándole a uno por teléfono, los consejos de ministros, los plenos aburridos, todos esos periodistas preguntándome por Luis El Cabrón, infumable, en una de estas me harto y me escapo a Santa Pola, un finde discreto en mitad de agosto, unos baños de sal, saludar a los amigos (si es que queda alguno que no esté en la trena valenciana) y ver cómo va el barbecho de mi plaza en excedencia, no sea que algún listillo me la levante, que por las valencias hay mucho golfo de la Gurtel dispuesto a todo, cría cuervos y te sacarán los ojos, pero qué pesado se ha puesto el Rey con lo de la investidura, que si te tienes que presentar Mariano, que si Mariano esto, que si Mariano lo otro, me va a borrar el nombre el Monarca, qué perra le ha dado con que me presente, como si así se arreglara España, a España ya no la arregla ni la madre que la parió, está claro que no me quieren ni en pintura, Sánchez me la tiene jurada, tú no me votaste yo no te voto, ea, normal (no debí ponerme chulo y faltón con el sociata) Albert que no sé si es carne o pescado y el perroflauta morado echándome en cara los sobres a todas horas, y yo con astenia veraniega, que es que uno no tiene ganas ni de hacerse un running por la mañana ni de leer el Marca junto a la piscina, pero que si hay que ir se va, mayormente por no hacerle un feo al Rey, qué mañanita parlamentaria me espera, todos haciéndome la cobra, me dan cuatro pases de pecho y me devuelven a los corrales, picado y banderilleado, cornudo y apaleado, o como en esos programas de TV donde se ríen de los frikis, no hijo no, por ahí no paso, un respeto, un poquito de por favor, que uno tiene su orgullo y los 176 escaños no salen ni pagando tránsfugas a troche y moche, mejor me lo dejo para septiembre, a ver si así apruebo de una vez por todas, aunque sea de chiripa, como cuando me saqué la opo sin estudiar, sin dar un palo agua, al viejo estilo Mariano, y si no en diciembre todos a votar, ¿no queríais democracia? pues toma democracia, pucherazo al canto cada tres meses, os vais a jartar de echar papelas en las urnas, si es que soy un crack ganando elecciones, cuanto peor lo hago más me votan, y a seguir tirando tres meses más, o seis, o un año, y así hasta el infinito y más allá, si es que el pueblo español es masoca, el pueblo español tiene más paciencia que un santo, aguanta carros y carretas, lo que le echen, anchas son las espaldas del paleto, yo ya me estoy viniendo arriba, mejor le digo al Rey que nones, que no me presento, otra temporadita en funciones y a vivir que son dos días, ya va para nueve meses sin Gobierno, un parto en toda regla, ya me duele España, como a los grandes estadistas, quién me mandaría a mí meterme en este berenjenal, con lo bien que se vivía en Santa Pola, la investidura me la pone dura, que si voy, que si no voy, que si bla, bla, bla…

Viñeta: El Koko Parrilla

viernes, 22 de julio de 2016

LA LEGISLATURA DE LA RESIGNACIÓN

 (Publicado en Diario16 el 19 de julio de 2016)

Arranca la XII legislatura, si es que puede llamarse así a esta ceremonia de la confusión, y la primera en la frente la ha dado, como no, el PP. Ana Pastor será la presidenta del Congreso con el apoyo de Albert Rivera, que por fin se ha quitado la careta y ya va de lo que es, de lo que siempre ha sido y siempre será: un hombre que trabaja en la sombra para la derecha, para las clases altas, para Rajoy, pese a que el joven político catalino se empeñe en decir lo contrario. Rivera lleva dentro de sí un Jekyll y un Hyde, es capaz de pactar con Pedro Sánchez y al día siguiente darle la mano al señor de los hilillos. El chico es voluble, veleta, catavientos, sirve lo mismo para un roto que para un descosido, lo mismo para echarle un remendón al maltrecho PSOE que para entronizar a Rajoy, que al final va a ser presidente por pesadez, por plomizo, por plasta. Nadie quiere unas terceras elecciones y todos dejarán que gobierne el manda gallego por no tener que volver a escuchar sus mítines infumables. Rivera es el hombre bisagra, el pegamento malo de nuestra democracia, el cemento de todo a cien capaz de sujetar los cimientos agrietados de nuestras bamboleantes instituciones políticas. Es lo que tiene ser de centro derecha, que puedes jugar a dos barajas y hasta a tres si se ponen tontos.
Se abre la legislatura más triste, decepcionante y estéril de nuestra historia reciente. Flota en el ambiente cierto aire de desilusión y desengaño, una atmósfera de que todo el pescado está ya vendido, y lo peor de todo, de que han ganado los cuatreros de los sobres y los butroneros de las cajas de ahorro. Al final gobernará el de siempre, el barbicano abuelito cebolleta de las frases lapidarias, el vejete entrañable que parece no haber roto un plato (ni un vaso) pero que a poco que le deje Rivera seguirá abrasándonos a impuestazos, a contratos basura y a recortes para ganancia de los ricos. Rajoy es lo más parecido a Franco que ha tenido este país: un hombre aburrido y plano, en apariencia inofensivo, que se perpetúa a sí mismo, sin dar un paso al lado, haciendo un daño irreparable al país. A Franco solo le interesaba pescar salmones, a Rajoy su running mañanero para mantener la forma de atlético jubilado. Rajoy es un pensionista en funciones, está pero no está, gobierna sin gobernar, y su sello de letargo y desgana se lo acaba imponiendo al país.
Pedro Sánchez, desde su último escaño, noqueado y hundido, entregado y mudo, se pregunta por qué no ha sido él el presidente. Muy fácil, señor Sánchez, porque tuvo miedo de la izquierda, porque sintió vértigo ante las siglas históricas de su partido centenario. Prefirió pactar con la derecha y así le ha ido en las urnas. Iglesias, también en horas bajas, ve cómo se esfuman los cielos que pretendía asaltar. El pobre se ha hecho viejo de repente, en cuatro días. O lo han hecho viejo. O la coleta ha pasado de moda porque pega calor en verano. Quién sabe. Los independentistas de Homs y Tardà juegan a reventarlo todo desde dentro, como siempre, ahí no hay ninguna novedad. Son los únicos coherentes con su programa destructivo y votarán a Rajoy porque contra la derecha española se vive mejor. Todos han votado muy burocráticamente la presidencia del Congreso y al final ha salido Ana Pastor, que es como Rajoy pero en mujer, la mujer barbuda del circo político. Dicen que Rafa Hernando le ha levantado la sillita de la reina a Celia Villalobos, apartándola a última hora, y que ésta se lo ha tomado "como una señora". Habrá que verlo, de una malagueña temperamentá no se ríe uno y luego se larga tan fresco y lozano por la M30 del Congreso, por mucho que se llame Rafa Hernando. No hijo no. Veremos cuánto tarda la andaluza en rajar de Rajoy.
Y así arranca la legislatura del hastío, la resignación y el desengaño. Próxima parada en el calendario interminable: la investidura. Si el PSOE se abstiene (Felipe, Guerra y Borell lo están pidiendo a gritos) Rajoy será presidente. Será la liquidación por cierre de un prescindible e intranscendente PSOE. Los plazos se agotan, los protocolos se cumplen, los reglamentos se aplican. España es un país de pocas ideas y muchos reglamentos. Los españoles ya no esperan nada de gente incapaz de dialogar y ponerse de acuerdo. La partida está amañada de antemano mientras el pueblo languidece en medio de la pobreza, la falta de futuro, los rituales parlamentarios que se eternizan durante meses y los políticos funcionarios que fichan de ocho a dos. A falta de Aguirre solo nos queda una esperanza: que sin rodillo pepero para sacar leyes a machamartillo nos dejen en paz una temporada. La política española se ha convertido en la insoportable levedad del ser, como en aquel novelón de Kundera. Que hable ya el chisposo Felisuco. A ver si así nos reímos un poco.