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jueves, 2 de junio de 2016

ELOGIO DEL INSULTO


(Publicado en Revista Gurb el 27 de mayo de 2015)

Lo que se vivió ayer a las puertas de los juzgados de Plaza Castilla, y me refiero a lo de Bárcenas versus Maroto, prometía mucho, pero al final quedó en un espectáculo ciertamente decepcionante. Todos esperábamos que los pistoleros del PP, que se habían citado en duelo al amanecer para explicarle sus cosas al juez, nos brindaran algo que estuviera a la altura de los escándalos rutilantes, algo con mucho morbo, fango, navajazos y golpes bajos por doquier. Sin embargo, al final todo quedó en nada, en un juego de niños, en un pasatiempo de monjitas, en un bluf. Maroto se lo quitó de encima deprisa y corriendo llamando "delincuente" a Bárcenas y Bárcenas le respondió a Maroto con un escueto y soso "es un político de escaso nivel que me da un asco tremendo". Qué decepción. Ni siquiera se mentaron a la madre o a las hermanas, como manda el manual de la vieja política patria desde los tiempos de Witiza el visigodo. Ni un mal cabrón ni un hideputa tan castizo, tan nuestro, tan castellano. Uno cree que un envite judicial de semejante categoría como el de ayer merecía algo más, pero ninguno estuvo a la altura de lo que se esperaba de ellos.
De un tiempo a esta parte, el nivel dialéctico de nuestros conspicuos políticos está decayendo mucho, y hasta para insultarse están perdiendo el ingenio y la gracia. El insulto, al igual que la democracia, ha devenido en algo rutinario, burocrático, gris, un salir del paso, y eso no podemos permitirlo ni tolerarlo de ninguna de las maneras. A nuestros gobernantes anodinos, soporíferos y escasos de neuronas les pagamos para que nos roben el dinero delante de nuestras narices, para que nos mientan cada cuatro años y para que se mofen de nosotros pero también, y mayormente, para nos diviertan como bufones que son insultándose con arte y salero. Faltaría más. No les pagamos para que se crucen por los juzgados sin mirarse a la cara, fría y distantemente, como hacen Iglesias y Sánchez, ni para que cubran el trámite del rifirrafe de mala gana y sin ponerle una pizca de pasión. Aquí podemos consentir que nos trinquen la pasta y se la lleven a Suiza, que oculten nuestro parné en la offshore y hasta que nos chupen la última gota de la sangre. Pero que dos machos alfa del PP como Maroto y Bárcenas pasen de largo sin soltarse leña y estopa duramente, sin darlo todo ni arrearse una mala corná en condiciones, nos parece un fraude, un tongo y un biscotto intolerable para el respetable.
Uno que hace tiempo ha perdido la esperanza de ver un debate serio y edificante sobre política nacional y que ya se sienta delante del televisor solo para asistir a la refriega sangrienta del día, al combate de la mañana, a la pelea matutina Marhuenda/Sardá en Al Rojo Vivo o a la velada pugilista de La Sexta Noche entre Iglesias, el potro rojo de Vallecas, e Inda, la víbora relamida de Salamanca, que le sustraigan el placer de contemplar a dos venados embistiéndose cornúpetamente, a cara de perro, le parece una estafa imperdonable. Este país que siempre insultó con la prosa culteranista y afilada del gran Quevedo está perdiendo el gusto y la costumbre sana del insulto, de la ofensa bien hecha, sal y pimienta de la vida política española de siempre, y aquí parece que ya solo usamos la imaginación y el talento para engañar a Hacienda o para evadirnos al paraíso panameño. Nos estamos olvidando de lo bueno de lo español, del insulto elegante y literario, y no podemos dejar que nuestros políticos caigan en la apatía, la abulia y la vulgaridad de un insulto poco trabajado, funcionarial, blando o sin brillantez. El castellano es rico y fértil en expresiones e injurias, no debemos quedarnos en el primer "fulanito es un delincuente" que se nos venga a la cabeza (algo que por otra parte ya sabemos todos) o en el manido "y tú más". Desde aquí aconsejamos a Maroto y a Bárcenas, dos consumados sicarios de partido, que se pongan las pilas, porque ellos saben hacerlo mejor, que se preparen el teatrillo y que la próxima vez que se den cita en el páramo yermo y apartado del juzgado para batirse en duelo mortal por la caja B del PP, por las comisiones de los constructores, por el filesón del partido, por las chapuzas de Génova y otras corruptelas, se lleven unos cuantos agravios y oprobios bajo el brazo, aunque sea escritos en una chuleta, insultos potentes y cañeros como gaznápiro, palurdo, mamacallos, fantoche, bellaco, bucéfalo, cornudo, alimaña, pusilánime, haragán, tontivano, papamoscas y pendón desorejado. Porque a un político español no podemos pedirle que sea listo y preparado, ni honrado y trabajador, ni que sea honesto y le diga siempre la verdad al pueblo. Eso sería tanto como obligarle a ir contra su propia naturaleza. Pero sí podemos exigirle al menos que esté a la altura de lo que pide el público, o sea un insulto ocurrente y chisposo para jolgorio y solaz del sufrido y mortificado pueblo español tan necesitado de alegrías. Ya que tenemos que aguantar sus desmanes, al menos que lo hagan con gracia y salero, que para eso les pagamos. Qué menos, coño.

Viñeta: El Koko Parrilla

martes, 13 de mayo de 2014

LOS TRAJES GURTEL

Ilustración: Adrián Palmas(Publicado en la Revista Gurb el 9 de mayo de 2014)

Leo una noticia que dice así: once trajes, cuatro americanas, dos abrigos y un pantalón regalados por la trama Gurtel a conocidos políticos valencianos acaban en un contenedor de ropa reciclada. Hete aquí, pues, un signo de los tiempos decadentes que vivimos; hete aquí un símbolo perfecto de la España negra, de la España nuestra, que hasta hace un rato ha sido gobernada por cuatro trincotrileros, un par de butroneros y un robaperas de tres al cuarto. A uno le parece una gran medida que los trajes Gurtel se reciclen y sean aprovechados por otros menesterosos, qué quieren que les diga. Con la que está cayendo, con el país viviendo en la miseria walking dead, esos trajes malditos pero ilustres deben rescatarse, desempolvarse, adecentarse y donarse a la gente lumpen, como quien dona su cerebro a la ciencia después de muerto. Si del sucio estiércol nace una bella flor, de la corrupción brota la caridad, y con uno de esos trajes suntuosos un parado se abre camino en la vida seguro. Con una de esas americanas de corte Armani un paria de la famélica legión sube como la espuma y a poco que se esmere un poco lo hacen director general de un banco, subsecretario, ministro de algo, de alguna cosa, que para un traje caro y con historia siempre hay un carguete en cualquier covachuela ministerial. Un traje Gurtel da más poder que el traje de Superman; un traje Gurtel abre muchas puertas giratorias, y con uno de esos esmóquines millonarios se entra en la política y luego se sale para tomar un café y al poco se vuelve a entrar en Iberdrola o en Endesa, y vuelta a empezar, qué mareo de puerta giratoria, oyes.
Un buen traje Gurtel, un trajaco de esos de seda oriental, en esta España pobre, vieja y triste es un pasaporte seguro para Bruselas y que tiemble Arias Cañete, que ya no le entra el traje por los pies, por lo grueso y tripudo. Yo trajes tengo uno y me sobran, el de los domingos mayormente, qué pasa, y no me lo pongo nunca, que me tira de la sisa, pero ya daría yo un brazo por tener un traje Gurtel de esos que me abriera el portón del éxito, el umbral del dinero y la fama, la llave de las Islas Caimán y la sucia Suiza. Un parado español se conforma con bien poco, ya no pide el traje Chesterfield/Capone de Bárcenas color beig con cuello aterciopelado, que eso son palabras mayores, pero dele usted uno de esos trajecillos Gurtel ahora desahuciados y reciclados, un traje aunque sea de talla en B, y verá cómo va para arriba el pobre. Bárcenas ahora lleva más el traje de cebra, primavera verano en Soto del Real, y como no le pasen bajo manga un póster de Rita Hayworth para darse el piro por el túnel se come él solito la cadena perpetua en nombre de los imputados del PP. Todo hombre necesita un traje como todo vaquero necesita un caballo y así se entabla la dialéctica histórica hombre/traje, un diálogo que en el mundo capitalista sitúa a cada cual en su estatus social. Mario Conde, un suponer, no hubiera sido nadie de no haber sido por aquellos trajes de piel de lobo con el que se trajinaba a sus caperucitas sociatas. Para triunfar, para ser cool, para llegar a auténtico guante blanco (y España ya no es país de conejos, es país de gánsters) lo primero hay que agenciarse un traje Gurtel, por eso denuncio yo aquí que se puedan tirar a la basura trajes antaño tan codiciados y codiciosos, por eso denuncio yo el exterminio del traje Gurtel, que ahora es como el lince ibérico y nadie quiere saber de esas prendas inocentes con las hombreras sucias de pleitos, pachuli y pelos de bigote. Uno en la vida puede caminar por la senda del perdedor, como decía Bukowski, pero siempre dentro de un buen traje, faltaría más, que luego uno parece un tolondrón, un triste, y ya lo ha dicho Rajoy: alegría, alegría, no seamos cenizos con tanto hablar de la crisis. Tú regalas diez trajes Gurtel a diez parásitos de la sociedad, como dice Mónica Oriol, y el paro pega un bajón de diez personas, a ver si no, todo un éxito macroeconómico para el Gobierno.
En España, el perro no es el mejor amigo del hombre, es el traje, porque un buen traje esconde un mal linaje, dice el proverbio castellano aquel que no sé ahora mismo dónde lo habré escuchado. El traje es la segunda piel de un caballero, denota muchas veces al hombre, nos enseña Shakespeare, y Blesa sabe mucho del bien trincar y del buen vestir, tiene percha el gentleman para su edad, un madurito resultón en el safari del amor, aunque yo le recomiendo que cambie el paño Pierre Cardin por el chándal deportivo para ese footing mañanero (con caza al hombre) al que le invitan a diario los preferentistas estafados y cabreados. Esos trajes Gurtel, por favor, que se los den a los pobres ya. Y que vayan haciendo carrera a pelotazos.

Imagen: Adrián Palmas

www.gurbrevista.com

miércoles, 14 de agosto de 2013

EL ÁNGEL PELIGROSO


Ha bajado del coche oficial como una star system fresca, bella y engalanada en un modelazo blanco y negro de impresionar. Ha descendido del carruaje luciendo palmito y dejando el style jueza Alaya a la altura del betún. Ha atravesado los fogonazos de la pasarela judicial, entre improperios y vítores, toda digna, tranquila, confiada. Ha caminado vaporosa, cabello sedoso al viento, hacia los albañales sombríos de la Audiencia Nacional. Y hasta se ha permitido girar la cabeza levemente, sutilmente, en el último momento, como una Ana Bolena manchega a punto de entrar en la torre injusta, para que los fotógrafos pudieran captar ese fugaz gesto de complicidad con la Historia, esa estudiada sonrisa Hollywood de seductora profesional, ese leve movimiento de barbilla Barbie que tan buenos réditos políticos le ha dado en la Era Rajoy. Pero al final, una vez pasada toda la parafernalia mediática, una vez que se encontraba en la silla solitaria y fría ante el juez Ruz, Cospedal, Lola, la Cospe, se ha agrietado y le ha echado la culpa de todo al del piso de arriba, al del puro, al jefe. Qué decepción. No nos esperábamos ese largue de Loli, ella que iba para dama de hierro a la toledana. Ella que parecía la inflexible capataz destinada a poner firmes a los piratas genoveses. Pero lamentablemente no, no ha soportado la tensión, no ha aguantado el póquer a cara de perro con el juez Ruz. Se ha rilado, se ha jiñado, se ha hecho del cuerpo. Ruz ha tenido el jaque a la dama en sus manos, pero cuentan las crónicas que el magistrado se ha ablandado en el último momento y ha dejado volar a la pajarita. Dicen los filtradores que estaban en la sala que el juez se ha quedado corto en el interrogatorio, que no ha rascado bastante en los doscientos miles que fueron a parar a un lugar de la Mancha de cuyo nombre la Cospe no quiere acordarse. Pero a un juez solo lo juzga otro juez. A nosotros, por nuestra parte, lo que de verdad nos interesa es que la chica Telva del PP le ha pasado la patata caliente del tesorero trincón a Rajoy, y por ende a Arenas, cuando nadie se lo esperaba. Para ellos el mochuelo, para ellos el marrón, para ellos el muerto. De un tiempo a esta parte, el PP se ha convertido en una gran morgue donde los unos se van tirando muertos a los otros. Uno, cuando ha visto desfilar a la Cospe con ese modelito blanquinegro entalladito a la última, cuando ha visto su forma chic de moverse, ha sospechado que más que ante una política de porte, más que ante una estadista que se enfrentaba a su hora crucial, estábamos ante una nena con carrera que hizo buena boda con un banquero serio, situado, gris (cuanto más gris mejor, nada de jipis ni roqueros, que los jovencitos los carga el diablo y no llevan a nada en la vida, hija mía). Ha sido una gran frustración comprobar que la Cospe no ha dado la talla, uno esperaba algo más, no un simple cante con la boca pequeña para echarle la mierda al del despacho de arriba. Pero en cierto modo era lo lógico, qué se podía esperar de una señora que vive apaciblemente en su chaletorro de 600 metros cuadrados (sin contar las añadas y las tierras). Qué podía esperarse de una niña pija pijísima de la Mancha que no se mancha. Ella no emponzoña sus finos dedos manicurados con el sucio estiércol de las comisiones porque es la señora "no me consta", no me consta esto, no me consta lo otro, no me consta habérmelo llevado crudo, qué memoria más mala tiene una, habrá que tomar el Ginseng ése. Fueron los otros (no los fantasmas de Amenábar, aunque alguno hay por Génova), sino los superiores, ellos, sus jefes directos y diabólicos que la liaron, los Rajoy y los Arenas, sí, ellos fueron quienes quisieron pactar y taparle la boca a Bárcenas con una porrada de millones para que no piara en el trullo. Qué bajón comprobar que la Cospe se ha rilado ante el juez, al que ha jurado y perjurado que no sabía nada de tesoros, tesorazos y tesoreros, porque ella era solo la sonrisa inocente y lolita del partido, la sonrisa Nicole Kidman que no hacía política. Lo suyo era hacer teatro, puro teatro, mirar a cámara y seducir, seducir con esa carita de ángel peligroso. Ella era Stanislavski a tope, cara y dientes dientes, pantalla, mucha pantalla, pero a ella que la registren, que la dejen en paz ya, que ella es superinocente, que se lo ha dicho al juez Ruz (qué pesado el juez Ruz) que ya le digo que fueron ellos, señor magistrado, Marianito y Javierazo, ellos lo pactaron todo con Bárcenas, la cuentas en Suiza, el finiquito, el contrato diferido o simulado o lo que demonios fuera aquello (en mala hora salí yo a dar la cara por aquel embrollo que ni yo misma entendía, debe pensar ahora, la pobre). En fin, que se dejó arrastrar y la llevó la corriente, como en la canción. Uno, cuando ha visto a la Cospe salir del teatro de la Audiencia, tras su última actuación, ya sabía que aquella mujer no era una secretaria general de partido dura y encajadora, ni una líder fuerte y curtida con empaque destinada a grandes empresas, ni una política de talla nacional. Uno solo ha visto una sonrisa desdibujada, forzada, nublosa. Iba para Thatcher a la española y se ha quedado en niñita trémula y acojonadita. La culpa es del jefe, que me lió, le ha dicho al juez Ruz. Qué decepción.

 Imagen:  lavanguardia.es

jueves, 1 de agosto de 2013

FIN DE LA CITA


Ha estafado al pueblo, ha engañado a sus propios votantes, se ha metido en la americana unos cuantos sobres preñados de indecencia (puede que hasta algo más). Y ahora, en el Parlamento, en la catedral del pueblo, Mariano va y dice que se ha equivocado. ¡Acabáramos! "Cometer un error y no corregirlo es cometerlo dos veces" (Confucio, fin de la cita, como le gusta decir a su señoría). Pues si ha metido la zarpa hasta el cuello, que se largue, que dimita, que lo deje, como ya le aconsejamos en este blog, unas cuantas columnas más abajo. En política no existe el perdón. La política no es una sacristía donde se redimen los pecados. Los errores se pagan y punto, se asume la responsabilidad y el pueblo soberano ya pondrá a otro muñeco de feria. Ayer, estupefacto, casi me atraganto al escuchar cómo Mas decía que devolverá el dinero si el juez demuestra que CiU lo robó y asunto concluido. Claro, así de fácil, primero se roba ciegamente y si te pillan te arrepientes y rezas un padre nuestro y cuatro avemarías. No hijo no, no es así como funciona la democracia en los países avanzados. Hay éticas, leyes, códigos penales. Mucho nos tememos que Mariano ha perdido el prestigio y lo que es peor, la gracia y la honra. Ya lo avisó Quevedo: "El que pierde la honra por el negocio pierde el negocio y la honra" (fin de la cita). Pero es que además ya no nos hacen gracia ni sus insidiash, ni sus coartadash, ni sus "salvo algunash coshash". Tal como se preveía, ha sido una comparecencia en la que el presidente ha quedado atrapado en su propio callejón sin salida. Si mentía era demasiado evidente y flagrante. Si decía la verdad le esperaba el juez Ruz con el rodillo entre las manos. Y no se le ocurre decir otra cosa que se ha equivocado al confiar en un tesorero descuidero y largón. ¡Eso es lo de menos, hombre! De un tesorero solo se puede esperar que te engañe, como los administradores de fincas que te birlan las cuatro perrillas que tienes ahorradas en el banco. Hay peores errores en el oscuro mandato del señor Rajoy, como muy bien le ha recordado Rubalcaba. ¿No ha sido también un dislate dejarse llevar por la viciosa enfermedad de nuestro tiempo, por el grave trastorno de los dedos largos y los "sueldos y remuneraciones complementarias", como llama el líder del PP, eufemísticamente, a llevárselo muerto? ¿No ha sido un disparate engañar al pueblo tantas veces? ¿No ha sido acaso un grave error no haber tomado medidas a tiempo contra el filesa pepero, la orgía de dinero gurtel, las cuentas ocultas, las haciendas imperiales y los viajes por la patilla? Son demasiadas preguntas sin respuestas. Sin duda, Mariano está confirmando aquello tan agudo que dijo Woody Allen: "La vocación del político es hacer de cada solución un problema" (fin de la cita). Reviso de nuevo mi libreta de notas y repaso la sarta de memeces que acaba de decir el presidente. Asegura que se confundió al darle "crédito" a un tipo al que en el trabajo apodaban Luis El Cabrón. La verdad, con ese alias era como para fiarse. ¿Pero de qué crédito nos habla en realidad el canciller gallego? Para crédito el que le daba el tesorero a usted, un crédito ilimitado, a plazo fijo (fijo que llegaba cada mes), infinito, crema suiza a tutiplén. No hace mucho, teníamos que escuchar que Bárcenas era el falso culpable, como en aquella película de Hitchcock. Hoy ya es el "falso inocente" que ha sido capaz de dejar por pardillo a todo un presidente del Gobierno. Pero sobre todo, hay una cuestión que quedará en el limbo, una cuestión fundamental en la que no ha querido entrar el presidente. ¿De dónde salía tanta pasta? ¿Por qué el PP parecía una sucursal delegada de la banca suiza? ¿Quién era J.M., un señor con bigote y mala leche de Valladolid, quizás? Lamentablemente nos deja con esa gran incógnita sin resolver. Una nueva oportunidad perdida para explicarse. No importa, la Audiencia Nacional está a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, como vemos que es buen aficionado a las sentencias certeras y lapidarias, ahí va una muy a tener en cuenta, una del gran Borges: "Hay que tener cuidado en elegir a los enemigos, porque uno termina pareciéndose a ellos" (fin de la cita). Desgraciadamente, su cita con el pueblo ha quedado en bluf. Por mucho que pida perdón.

Imagen: terra.es
       

lunes, 22 de julio de 2013

LA HORA DE RAJOY


Rajoy ha anunciado, esta vez sí, que irá al Congreso a dar la cara, aunque lo ha hecho con uno de sus habituales ejercicios de cinismo político al aclarar que comparecerá, faltaría más, para hablar de la situación que vive el país "tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista político". Pues si es para eso, mejor que se ahorre la visita a San Jerónimo, porque el personal ya sabe, de buena tinta, cómo está España en ambas facetas. Por si aún no se ha enterado, aquí estamos nosotros para recordarle, desde este humilde blog, cómo está el país. En lo económico, el país está hecho unos zorros, señor Rajoy, con la famélica legión de parados comiendo el mendrugo de la pensión de la abuela, estudiantes cum laude haciendo el máster de camarero en la hamburguesería de la esquina y miles de desahuciados de alma y cuerpo agarrándose a lo único que les queda en la vida: la camiseta verde de Ada Colau. Y en lo político, qué vamos a decir de lo político, señor presidente, si el gobierno que usted preside está en manos de un preso de luxe que se aloja en Soto del Real. De lo que tiene que hablarnos el premier de una vez por todas, sin más rodeos, ni zarandajas, ni gracietas gallegas, es del tema, de lo que hay, de la pomada, de la movida, del clan Bárcenas, de los alegres eurillos que correteaban por la banca Zúrich como pollos sin cabeza. Ese escándalo bíblico descomunal es el que tiene que explicar el presidente, por mucho que Pedro Jota le haya echado hoy un capotazo con una balsámica encuesta de intención de voto. El titular estomagante que nos ha vendido El Mundo ("el PP con peor resultado de su historia aún ganaría a Rubalcaba") no va a reparar la imagen mancillada del presidente, una imagen que está por los suelos, putrefaccionada, podrida de mentiras y ridículos. Su imagen es como ese retrato de Dorian Gray que se ve sano por fuera pero que por dentro se degenera poco a poco. Hasta ahora Rajoy ha sido el presidente-invisible, el gobernante que hablaba al pueblo a través del televisor de plasma. Un presidente plasma y plasta, una aparición ectoplasmática, mariana, que de cuando en cuando preparaba a dos lacayos periodistas del ABC o La Razón para que le lavaran la cara y le preguntaran, delante del primer ministro polaco, por el tiempo o por el sexo de los ángeles. Todas esas patrañas, todos esos teatrillos de guiñoles, todos esos montajes baratos, se han acabado ya. Es hora de pasar por el confesonario recio de la democracia. Es hora de explicar punto por punto, número a número, sobre a sobre, cada tocomocho, cada mordida, cada ejercicio de trilerismo y palanquismo, si es que lo hubo. Ya no es momento de sacar a la pista circense a Doña Rogelia Cospedal para que se trabuque la lengua con sus ventrilocuismos disparatados. Ya no es tiempo de saltar a la arena decente del Congreso para contar cuentos falsos sobre lo bien que va el empleo precario/veraniego, la inflación o la prima de riesgo. Va a dar la cara en el Parlamento, en el solemne Parlamento, señor Rajoy. Y le aconsejamos que diga la verdad, porque el político que miente en la casa del pueblo, con luz y taquígrafos, está condenado para siempre. Solo con que explique cómo salían tantos conejos de la chistera del Houdini Bárcenas vamos todos claros.

Imagen: vivirdebuenagana.com

sábado, 20 de julio de 2013

EL CABALLO DEL SEÑOR PEDRO


Preocupado e inquieto, leo el siguiente titular en el digital de El Mundo: "José María Aznar, como un roble en Marbella". Y el diario de Pedro Jota ilustra la llamativa noticia con una foto de José Mari haciendo footing bajo el sol y trabajándose la tableta de chocolate, esa falange de abdominales que mete más miedo que Mario Vaquerizo con resaca. Además, y quizá eso sea lo peor, el subtítulo de la información añade: "Recorre más de ocho kilómetros al día". O sea, que el caudillo de la derechona españista está en plena forma y presto para empuñar el timón del Estado cuando sea necesario, cuando el busto efímero y frágil de Rajoy se tambalee como un junco en medio de la tempestad. En esos discretos ecos de sociedad que nos ofrece El Mundo cada día, en esas noticias desenfadadas, breves y veraniegas del rotativo madrileño, se encierran a veces las grandes tramas que están por venir, las grandes claves de lo que está sucediendo. Resulta curioso que Pedro Jota se pase la semana soltando folletines sangrientos contra el Gobierno, por capítulos, y el sábado se dedique a cubrir el entrenamiento feliz y al galope de su relajado pura sangre, que no es otro que Aznar. En el PP ha caído ya hasta el bedel, pero Ansar sigue trotando confiado y fuerte hacia la meta monclovita, arreado y espoleado por el pequeño jockey de solideo jesuítico, por el rey Midas de la exclusiva periodística. Pedro Jota, como se cree un Hearst a la logroñesa, siempre ha hecho de la política y la democracia españolas un juego de azar, su juego favorito, como aquella gran película de Hawks. Para el director de El Mundo, enfant travieso y diablillo, España es como una eterna carrera de caballos con apuestas, un derby con obstáculos en el que muchos sementales van cayendo, uno tras otro, en el fango negro de las vallas, mientras él hace caja con el espectáculo. El felipismo se lo cargaron entre Pedro Jota y otros oscuros aliados: Garzón, Amedo, el dóberman asturiano y Anson, mayormente. Ahora, varias décadas y gales y roldanes después, Pedro Jota lanza una nueva exclusiva, los papeles del escándalo, cinco horas con Bárcenas (mal homenaje a Delibes) que no es sino una nueva conspiración contra un presidente que no es de su cuerda, una conspiración algo más cutre que aquellas filípicas felipistas, porque esta vez el complot no se ha urdido en la frontera con Francia, ni en Laos, ni entre peligrosos espías o terroristas, sino que se ha cocinado en el piso de arriba de una vecina que es amiga de Espe Aguirre. Menuda exclusiva. Pedro Jota se ha propuesto acabar con Rajoy porque le cae mal, porque ya no le invita a puros, qué se yo (el problema de los hombres con poder es que se aburren fácilmente) y de paso con Arenas, Trillo, Cascos y Rato, entre otros beneficiarios de los sobres podridos de mierda (mierda serán, más mierda enamorada). El tesorero ha cantado ante el juez, el tesorero ha disparado contra todo bicho viviente (solo le ha faltado echar una paletada de estiércol sobre la tumba del patriarca Fraga). Contra todos menos contra Aznar. Del supuesto sobre que iba dirigido a un tal "J.M.", del envoltorio lacado con kilito y medio de vellón, el dúo dinámico Pedro Jota/Bárcenas no dice ni mu, rien de rien, res de res, qué de qué, manzanas traigo. El tesorero entrullado que no lo recuerda y el magnate de la prensa que no sabe, no contesta. Mucho nos tememos que J.M. no es un whisky español de garrafón, sino un corredor de fondo de bigote sin depilar, un maratoniano de la política que se entrena para su última carrera entre sobre y sobre. Ya sabemos quién es el nuevo señor X de nuestra estuprada democracia. Pero a ése ni tocarlo, que es caballo ganador. El caballo del señor Pedro.


Imagen: elpaís.com


martes, 16 de julio de 2013

EL PEN DRIVE


A mí ese pen drive que Bárcenas ha entregado al juez Ruz me da mucho miedito, lo confieso, no lo niego. Los espías y mangantes de antaño, los honrados malos de Le Carré y Graham Greene, guardaban sus secretos en simples carpetillas manchadas de tinta o de café, lo cual garantizaba un límite de asuntos turbios, un máximo de papelamen negro, un tope de mierda. Pero en un pen drive, en ese chip prodigioso que es como cosa de marcianitos, en ese diminuto universo que cabría en una cáscara de nuez, como decía el científico aquel, se puede almacenar un material radiactivo, destructivo, infinito. En ese pen drive, que es como un arma de destrucción masiva para España, está toda la corrupción histórica y purulenta acumulada por el PP desde que Aznar metió la momia de Franco en el armario (para parecer menos heavy) hasta que el percebe de Rajoy llegó a la Moncloa con sus Prestiges zozobrados, sus habanos, sus chuches y sus ditirámbicas explicaciones de presidente grouchesco y loquitonto. En ese pen drive están los constructores imperiales que levantaban rascacielos de deshonra y compraban voluntades a golpe de maletín, los rockefeller de la banca hispano/suiza que donaban parné para los mitines electorales, para las victorias aplastantes, para el Moet Chandon de los balcones de Génova y las verbenas de Leticia Sabater. En ese pequeño artilugio informático se hallan sin duda los grandes caciques y barones trincones que han levantado un aeropuerto en cada pueblo, un AVE en cada barrio. Dentro de ese aparatito va ingente información, información que no quiero verla, como diría Federico (el poeta, no el periodista plasta). Uno no es capaz de imaginar cuando el juez Ruz se decida a descorchar finalmente ese pen drive, dando rienda suelta a una diarrea de dinero, de nombres, de infamias. Va a salir tanta porquería y excreción de ese chivato minúsculo y electrónico, va a escupir tanto escándalo ese pitorrín cibernético, que a partir de ahora los señores togados tendrán que circular con piragua por los pasillos de la Audiencia Nacional. En el pen drive barceniano van los trajes de Camps, los bolsos de Rita, los modelitos frescos de la fresca Rosalía, la pasta de dientes (y la otra) con la que sonríe de Cospedal, los hotelacos cinco stars del señorito Arenas, las maniobras orquestales en la oscuridad de la Espe, los pasatiempos financieros de Rato (Sam, tócamela un rato) los paraísos fiscales, el tocomocho que le montaban a Hacienda, los amasijos de Urdangarín, las filtraciones de Snowden a la CIA, los braguetazos de Amador Mohedano, los del Rey y el toro que mató a Manolete. Media España contiene el aliento porque media España sabe que está contenida sin remedio en ese pen drive inquietante, implacable, demoledor. Aquí se ha vivido décadas de la cultura de la corrupción, porque la corrupción es una forma de cultura, no lo olvidemos, y en ese pen drive del tesorero más famoso del mundo está el supuesto dinero negro con el que Trillo compró a los forenses del Jak 42, los cuerpos mutilados y abandonados a su suerte de los soldados a los que hicieron volar en una tartana con alas, los cadáveres mezclados por las prisas y los negocios, el dolor de unos padres que esperaban recibir el cuerpo de su hijo y le dieron otra cosa que ni se sabe, la vergüenza inmensa de un exministro que ahora va de gentleman inglés, de embajador de los michirones cartageneros en Londres (Rajoy debió haberlo enviado aún más lejos, con fuerte viento de Levante, coño). Todo eso y mucho más puede salir de ese pequeño artefacto infernal del diablo que viste de Prada. Esto va a ser peor que un terremoto, peor que un vendaval, peor que una guerra. Y qué quiere que le diga. Uno, que ya va siendo viejo y cobarde, tiene mucho miedo.

viernes, 14 de junio de 2013

LA SUCIA SUIZA


Graham Greene dijo aquello de que Suiza, en varias generaciones de paz y neutralidad, solo ha sido capaz de dar el reloj de cuco. El reloj de cuco y una banca estercolada de dinero negro, añadiríamos nosotros. Suiza, la sucia Suiza. Viene esto a cuento de los 47 millonazos que le han encontrado a Bárcenas en más cuentas clandestinas, oprobiosas, vergonzantes. Bárcenas, Barcenitas, Barcenete. Y uno se pregunta: ¿Qué coño pasa en Suiza? ¿Es que no hay policía financiera, es que no hay fiscales anticorrupción, jueces, inspectores de Hacienda? Nos creíamos que Europa era el culmen del mundo civilizado, la conclusión lógica e histórica del Estado de Bienestar tras dos guerras mundiales, y resulta que no es más que un club de trileros con esmoquin, un cabaret de golfos y pardales que esconden la pasta deshonrada de los estafados españoles en la fría y silenciosa Suiza. Es difícil comprender cómo un país pequeño que solo vive de vacas, tiroleses horteras y estaciones de esquí ha podido situarse a la cabeza económica del mundo libre. Es como si las vacas suizas cagaran billetes de quinientos y su chocolate estuviera relleno de dorados lingotes de oro. Pero viendo lo que se está viendo, viendo el pastelón que Bárcenas escondía allí, se entiende todo. Se entiende que la neutralidad suiza ante los nazis no se firmó por humanismo sino por negocio, se entiende que su Sociedad de Naciones no fuera en realidad un foro de paz mundial sino un inútil y tranquilo balneario para dinosaurios políticos viejos y gordos que pasaban sus últimos días ahogando su abulia en champán francés. El único papel que Suiza ha jugado en la historia de la humanidad ha sido el de fumadero de opio para los yonquis del dinero, el de isla del tesoro para los bucaneros y saqueadores del gran capital, el de astillero para los bancos piratas que después han arrasado Europa. La Pinta, la Niña y la Santa María descubrieron América. Lehman Brothers, Moody's y Morgan Stanley descubrieron el paraíso suizo, donde todo el mundo pone el cazo, se colocan de nieve alpina hasta las cejas y nadie se va de la lengua. En Ginebra todos brindan con ginebra cada vez que se abre una cuenta para robar el dinero de algún hospital, de alguna escuela, de algún parado o pensionista de Europa. Si no existiera Suiza, habría que inventarla, debió pensar Bárcenas el día que perdió el culo para llevar allí su quincalla de sobres y maletines infames. Luego trincó el piolet y se fue a escalar los Alpes (la cabra tira al monte) mayormente por disimular. 

Nos sobra casi todo de Suiza, sus cantones que enmudecen de codicia, sus navajas para trocear nuestro futuro, sus quesos agujereados de vicios y perversiones. La mayor contribución de Suiza al mundo ha sido Heidi, y eso lo dice todo sobre su cultura insípida. Europa, una Europa democrática y avanzada, una Europa fuerte y honrada con sus ciudadanos (no ese nido de lobistas, políticos corruptos, banqueros aprovechados y refugiados de la estafa) debería plantearse con rigor una auditoría en condiciones a la banca Suiza. El día que la Policía levante las alfombras rojas de aquel país, el día que un juez decida meterle mano a sus falsas embajadas, bancos, fifas, uefas, cois y organizaciones benéficas con ánimo de lucro (banco Vaticano incluido) ese día el mundo saltará por los aires y el dinero llegará a espuertas a las favelas pobres de Brasil, a las calles masacradas de Bagdad, a los niños-esqueletos de Etiopía. En Suiza sí que hay un banco malo, pero malo de maldad. Dejémonos de coñas marineras. Bárcenas solo era uno más. Quien nos roba de verdad, a braga quitada, es Suiza.

Imagen: lainformación

  

lunes, 11 de marzo de 2013

HA NACIDO UNA ESTRELLA


El problema de Cospedal es que ya no vemos a una secretaria general de partido superprofesional, a una mujer fuerte de brazo férreo, confiado, seguro. El problema es que ahora vemos, hablando por su boca, a Chiquito de la Calzada, a Mariano Ozores, a Cantinflas, a Pajares en sus mejores momentos tartajosos. 

Se viene diciendo que su intervención el día que trató de explicar los chanchullos de Bárcenas fue surrealista y lamentable. Y es verdad, pero lo fue solo políticamente, porque desde el punto de vista del humor, desde la perspectiva de la actriz cómica en ciernes, hemos ganado una superstar destinada a dar grandes momentos de gloria. Sin duda, ese día nació una estrella. 
Cospedal, el día que intentó farfullar una explicación seria y coherente sobre las andanzas delictivas de Luis El Cabrón, el día infausto que acabó diciendo que el tesorero ha disfrutado de un contrato "en diferido-simulado" y no sé cuántas monsergas más, abandonó la política coñazo y dio el salto al gran monólogo surrealista, un género nada fácil de dominar. 
Desde André Breton sabemos que el surrealismo entronca con el inconsciente humano y eso fue lo que hizo Cospedal aquel día, dar rienda suelta a sus remordimientos más secretos, soltar su inconsciente más oculto, liberar la región de su cerebro donde no se objetiva la realidad para hablar con lengua de trapo, como un bebé balbuceante y limpio de pecado. Con su brillante actuación, Cospedal se despojó de tensiones insanas y problemas, se liberó de su encorsetado estilo dama de hierro, de su look de peluquería cara, y se hizo niña otra vez, desnudando su alma, volviendo al parvulario, donde la vida es más sencilla y divertida, sin mentiras, ni sobres llenos de dinero, ni tesoreros mangarrufos que andan por ahí aireando papeles comprometedores. 
Por un momento, la mujer triunfadora del PP se tumbó en el diván freudiano del teatro sin saberlo, relajó su lengua e hizo una regresión a la niñez, donde el primer lenguaje es un juego desenfadado y sin control, sin la intromisión de la conciencia. La infancia rebelde y feliz es el paraíso edénico del ser humano y cuando llega el maestro represor con la primera lección (la ma con la no, mano; mi mamá me mima) ahí la cagamos, ya lo dijo Rousseau en El Emilio. 
Aquel día de la rueda de prensa ebria y disparatada, Cospedal se despojó de las órdenes rígidas del preceptor Rajoy, se quitó de encima traumas y delitos, se purificó de pecados y enredos, de mentiras y cintas de video. Fue una terapia pública y febril, a pecho descubierto, una sesión de hipnosis teatral y surrealista en la que, en lugar de echar espumarajos por la boca y dar convulsiones, se bañó en el Ganges de la prensa y afloró el cómico pueril que ella lleva dentro, el cómico asqueado de la vida al que ya solo le importa el humor. Y ese acto de purificación inconsciente, ese exorcismo del que salieron palabras inconexas, fue su forma directa y sincera de decirnos: ya no puedo con tanta neurosis, la mierda me llega hasta el cuello.    
Mucho se ha criticado la explicación esotérica de Cospedal sobre los supuestos robos de Bárcenas, pero uno cree que lo que pasó realmente fue un automatismo cerebral, un mecanismo de propia defensa, un resorte mediúmnico/espiritista pero sin espíritus, ya que el que afloró en último lugar fue el inconsciente plagado de secretos calientes y mal guardados. A Cospedal solo hay que pedirle una cosa: que deje fluir también su imaginación onírica si es que le toca declarar ante un juez. En diferido o simulado.      

Imagen: Paperblog