sábado, 8 de junio de 2019

CUANDO EL HORROR LLEGA POR WASAP


(Publicado en Diario16 el 1 de junio de 2019)

Un teléfono móvil puede ser más peligroso que una nueve Parabellum. Un minuto de vídeo por wasap puede ser más letal que el arsénico. Un falso infundio o rumor en Facebook puede matar más que una bomba de Titadine. Empezamos a darnos cuenta de que los juguetitos digitales que nos acompañan cada día en nuestras vidas no son objetos inofensivos, sino que pueden transformarse en armas de destrucción masiva.
El suicidio de Verónica, la trabajadora de Iveco a la que difundieron un vídeo sexual sin su consentimiento, demuestra que cualquiera está en riesgo de caer en esa trampa cotidiana de las redes sociales. Sus propios compañeros de trabajo se lo pasaron en grande compartiéndose las escabrosas imágenes y la vergüenza la llevó a la desesperación y a quitarse la vida.
Pero el festival del horror no queda ahí. En Barcelona una jueza ha condenado a un youtuber por humillar a un mendigo ofreciéndole galletas rellenas de dentífrico y grabar la gamberrada en vídeo para subirla después a Internet. Y cada vez son más los niños y jóvenes que están enganchados al “juego de la muerte”. ¿De qué va ese rollo? Un nuevo reto viral, una capullada entre adolescentes consistente en presionarle la carótida a un amigo de la pandilla hasta que el cerebro sufre la falta de oxígeno. Una niña de doce años ha tenido que ser hospitalizada en Pinto (Madrid) tras quedar inconsciente y ya se han detectado otros casos en otras ciudades del país. Las autoridades han alertado a los padres y educadores para que sepan a lo que se enfrentan.
¿Se ha desatado una especie de locura cibernética, una fiebre incontrolable que nos contagia y nos vuelve estúpidos, frívolos e insensibles? Los apocalípticos atribuyen estos casos dramáticos a la influencia perniciosa de las nuevas tecnologías, que se han instalado tan rápidamente en nuestras vidas que no nos ha dado tiempo a asimilarlas, a aprender a usarlas, a controlarlas y a contrarrestar sus efectos en nuestra siempre vulnerable psicología. Los integrados, por su parte, no ven ningún peligro y creen que estamos ante exageraciones de la prensa sensacionalista para asustar a gente antigua y carca que no sabe adaptarse a los nuevos tiempos.
El encendido debate entre los expertos está servido (y lo seguirá estando durante muchos años, el tiempo que tardemos en estudiar y diagnosticar el fenómeno) pero de momento ya están apareciendo noticias inquietantes que nos hacen pensar que algo extraño nos está ocurriendo con eso que llamamos paradójicamente la “inteligencia artificial”. Así, los neurólogos advierten de que exponer a bebés menores de dos años a la tablet, al ordenador e incluso a la televisión puede provocar alteraciones neuronales importantes en sus pequeños cerebros.
Lamentablemente, las distopías de Black Mirror, la mítica serie que trata sobre la influencia de lo tecnológico en el ser humano moderno, pueden estar convirtiéndose en realidad con una precisión aterradora. Precisamente uno de los capítulos de la serie narra la tragedia de un joven al que una banda de gamberros graba un vídeo sexual para después hacerle chantaje. La historia recuerda de una forma espeluznante al infierno que ha podido vivir Verónica, la desdichada trabajadora de Iveco que cayó en manos de una horda de desaprensivos y desalmados a los que ella tenía por compañeros de trabajo.
Las amenazas son múltiples: ciberbullying, grooming, sexting, “palizas felices”, retos virales, ciberterrorismo, extorsión sexual, exposición a contenidos violentos, haters, trols, pornografía infantil, estafas, difamaciones por encargo, tráfico de datos personales… Fenómenos nuevos que con el tiempo se convertirán en auténticos problemas de salud pública. A las clínicas de los psicólogos y psiquiatras llegan cada día más pacientes que sufren este tipo de dramas personales, adicciones y traumas relacionados con el nuevo mundo digital.
El Gran Hermano que anticipó Orwell en su premonitoria novela 1984 se ha quedado corto y ha sido superado con creces por otra realidad mucho más cruda, estremecedora e inquietante. Ya no se trata solo de que una superestructura mecánica más inteligente que nosotros controle cada minuto de nuestras mortales vidas, sino de que sea capaz de provocar cambios físicos y psicológicos tan potentes que terminen convirtiendo al ser humano en un bicho aún más raro de lo que ya es. Un monstruo pirado que ni siquiera Stevenson alcanzó a imaginar en su fantástica novela sobre aquel atormentado doctor al que de pronto le salió de dentro una bestia sanguinaria e infernal.

Viñeta: El Koko Parrilla

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