sábado, 8 de junio de 2019

LA INSOPORTABLE MEDIOCRIDAD DE LOS POLÍTICOS DE HOY


(Publicado por Diario16 el 26 de mayo de 2019)

Si de algo está sirviendo esta campaña electoral es para comprobar el bajo nivel de los políticos que aspiran a gobernar nuestras vidas. Un día uno propone conservar los atascos en una gran ciudad como Madrid porque dan glamour y color, al siguiente sale otro denunciando que en los colegios españoles se enseña a los escolares a practicar la zoofilia y no falta quien pretende recluir a los homosexuales en el gueto de la Casa de Campo para no traumatizar a los niños.
El candidato que no es un iluminado es un friqui, un marciano, un inmaduro o firma con la equis porque no fue a la escuela y ni siquiera aprendió las cuatro reglas. Así se explica que una aspirante a concejala exhiba una foto de Lenin durante un debate televisivo y acuse a un adversario del partido rival de tener colgada la imagen del padre del comunismo en la pared de su despacho. La señora, muy escandizada ella y mirando fijamente a cámara, se dirige a la audiencia con tensión trascendental, como si hubiese encontrado la prueba definitiva de que su opositor, el admirador del calvo bolchevique, es un peligroso terrorista. Es entonces cuando miles de espectadores atónitos se ruborizan y piensan cómo demonios hemos podido caer tan bajo y cómo ha podido llegar tan alto semejante personaje.
La cuestión no es gratuita, ya que está en juego algo tan importante como la calidad de nuestra democracia y la supervivencia misma del Estado. Si el éxito de la gobernación depende del grado de conocimiento y preparación de sus gobernantes solo podemos decir que tenemos el mismo futuro que un pececillo en un estanque lleno de pirañas.
Muchas son las amenazas que se ciernen sobre nuestra frágil democracia: los nacionalismos irredentos, la ultraderecha de nuevo cuño, la crisis de la monarquía y el colapso de las instituciones. Pero por encima de todas ellas sobrevuela la peor sin ningún género duda: la llegada a la política, a modo de invasión y plaga, de un auténtico ejército de arribistas, mediocres, aprovechados, querulantes, oportunistas, ágrafos, estómagos agradecidos, pajarracos a la sombra del poder, aficionados, locos, pilletes, charlatanes de poca monta y gente sin oficio ni beneficio que pasaba por allí cuando le ofrecieron un carguete dios sabe a cambio de qué. Gente que viene claramente a servirse del poder cuando deberían estar al servicio del ciudadano.
No estaría de más que para defendernos de esta patulea, de esta auténtica lacra de ignorantes garrapatas sin moral, sin escrúpulos y sin ningún sentido de Estado (tampoco del ridículo) empezáramos a plantearnos ya la necesidad de abrir una escuela obligatoria de políticos (que no de Ciencias Políticas, que ya existe, aunque con escasa utilidad por lo que se va viendo) donde a los aspirantes a la función pública no solo se les examine sobre quiénes eran Maquiavelo y Rousseau, sobre los fundamentos básicos de la democracia y sobre el significado de la Constitución, sino que controlara también, mediante exigentes test psicotécnicos y de estabilidad emocional, la idoneidad del candidato que debe ser elegido para ejercer un trabajo de tan alta magistratura y responsabilidad. Si un cazador sin licencia de armas es un peligro público, un político descontrolado es una bomba de relojería (véase la que está liando Trump con su guerra comercial contra los chinos).
No podemos dejar nuestras vidas y el pan de nuestros hijos en manos de indocumentados y personajillos variopintos de la fauna política salvaje que, visto lo visto, ni están preparados para administrar y gobernar ni saben hacer la o con un canuto.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

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