sábado, 8 de junio de 2019

LA SOMBRA DEL ERE PLANEA SOBRE GÉNOVA


(Publicado en Diario16 el 1 de mayo de 2019)

Mariano Rajoy recortó el sueldo de los españoles pero tras la debacle del PP del pasado domingo quizá sea Pablo Casado quien tenga que empezar a recortar en su propia casa. La situación económica del Partido Popular después de la hecatombe del 28A va camino del concurso de acreedores. El PP tenía casi 8 millones de votos antes de la noche fatídica. Hoy tiene poco más de 4 millones. La primera implicación del batacazo, además de la pérdida de poder en todo el país, es que la formación de la gaviota verá reducido en un 50% los ingresos y subvenciones oficiales que legalmente le corresponden por el número de sufragios obtenidos.
Por cada escaño obtenido este 28 de abril, las formaciones políticas tendrán derecho a una subvención de 21.167,64 euros, a lo que hay que sumar 0,81 euros por voto al Congreso de los Diputados y 0,32 euros por cada papeleta del Senado. Además, hay que añadir otros 0,21 euros por votante de los partidos que logren grupo parlamentario en cada cámara. Ello supone que el PP de Casado recibirá una subvención de 8,5 millones de euros cuando en las elecciones de 2016 ingresó 19 millones. Un tajo considerable.
Cualquier empresa que pierde tal volumen de dinero, la mitad de sus ingresos, estaría abocada a un ERE inminente y sin remedio. Eso lo saben bien los responsables económicos de Génova 13, que tienen claro lo que hay que hacer cuando llegan las vacas flacas según el manual neoliberal que se han aprendido al dedillo: drásticos recortes, austeridad, máximo ahorro. ¿Y por dónde empieza a recortar un neoliberal que está perdiendo dinero a espuertas en su empresa? Siempre por los costes laborales. De hecho, la ejecutiva nacional del PP ya había sacado la tijera en los últimos dos años, puesto que entre el ejercicio 2016 y 2017 (probablemente para hacer frente a las fianzas y gastos de juicios por los casos de corrupción) había reducido sus plantillas.
Según el informe sobre las cuentas anuales de 2017, ese año el PP se gastó 21 millones de euros en “gastos de personal”. El número de trabajadores registrados tanto en la sede nacional como en las territoriales ascendía a 480 en 2016; un año más tarde, en 2017, se reducía a 451. Además, durante ese mismo ejercicio el número de contratos temporales que pasaron a indefinidos en el partido de Casado no superó la media docena. Algo normal, por otra parte, si se tiene en cuenta la ideología de precariedad laboral que ha impulsado el PP en los últimos años. La conclusión es que un empleado del Partido Popular, ya sea alto cargo, asesor, administrativo o personal de la limpieza puede empezar a mover currículums, ya que la sombra del ERE empieza a planear sobre la sede de los populares. De entrada, el brusco descenso de 137 escaños a 66 en el Congreso de los Diputados supone que al menos 71 cargos populares terminarán en la cola del paro.
Pero hay otros gastos preocupantes, como los más de 22 millones por el capítulo de “Servicios Exteriores”; los 398.898 por “pago de tributos”; y los 1,7 millones por “amortización del inmovilizado”. Si sumamos a todos ellos los ya citados 21 millones en el capítulo laboral, el total de gastos supera los 45,8 millones, “cinco más que en el ejercicio 2016”. Este desfase se ha debido, según el informe interno del PP, “al incremento de gastos de personal por la organización interna de la plantilla y al incremento de gastos de Servicios Exteriores como consecuencia de los congresos celebrados durante el 2017 tanto a nivel nacional como en el resto del ámbito  territorial”. Si la situación contable era ya más que apurada, a partir de ahora podría ser insostenible.
Con todo, no solo peligran los puestos de trabajo como consecuencia de los recortes más que probables que se avecinan en el Partido Popular. También los ingresos por donaciones, ya que cientos de militantes, simpatizantes y particulares que hasta ahora contribuían religiosamente al mantenimiento y gastos electorales se han ido con su dinero a otros partidos emergentes como Ciudadanos y Vox.
¿Y qué pasa con las sedes e inmuebles del PP? Mantener abierta una oficina en cada ciudad y en cada pueblo resulta costoso. Habrá que poner en venta o alquilar no pocos locales, con lo que ello supone de pérdida de capacidad logística y de imagen para el partido. Conviene no olvidar que la sede central de Génova 13, objeto de una reciente y polémica reforma, se encuentra en una de las calles más caras y exclusivas de Madrid. Quizá la opción pase por una mudanza a un barrio más asequible.
Las deudas crecen por momentos en una formación política que ya no cuenta con aquellos empresarios afines, paganos siempre dispuestos a hacer un donativo por la causa. Así, los bancos se han convertido en otro problema importante. En el capítulo “deudas a largo plazo” del informe 2017, al PP le sale un saldo de 21,2 millones de euros, generalmente en préstamos hipotecarios, mientras que en el apartado “deudas a corto plazo” con las entidad financieras el total asciende a 3,1 millones.
El fiasco económico va aún más lejos. El PP ha tenido que presentar dos avales bancarios por un valor de 1,2 millones de euros tras exigirle una fianza el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata, que considera al partido responsable solidario de su presunta financiación ilegal, según informa el periódico digital Voz Populi. Además, el Partido Popular ya ha sido condenado en la Audiencia Nacional a abonar una multa de 245.492 euros por la denominada ‘Época I de la trama Gürtel’, donde aparece como partícipe a título lucrativo de la corrupción del extesorero Luis Bárcenas. Queda por ver si finalmente cae una multa más por la destrucción de los ordenadores del excontable y hombre fuerte de Génova 13. De momento, IU ha pedido casi 11 millones de euros por ese concepto.
Lo que parece claro tras la resaca electoral es que el Partido Popular, un auténtico Leviatán que movía tanto dinero como una gran multinacional, tendrá que adelgazar si no quiere terminar en la bancarrota. La dirección nacional ya trabaja en un plan de austeridad para reducir gastos de todo tipo. Atrás quedan los tiempos de los sobresueldos, los coches oficiales, las cohortes de asesores y el despilfarro de la Caja B. Toca pasar de gran corporación a pequeña empresa, o sea “pyme”. Aunque, como es lógico, eso no garantice que el PP vuelva a ser algún día el mismo partido grande y poderoso que fue.

Viñeta: El Koko Parrilla

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