viernes, 7 de junio de 2019

NOTRE DAME


(Publicado en Diario16 el 16 de abril de 2019)

Mientras Notre Dame de París ardía por los cuatro costados, las radios y televisiones españolas informaban de aquella manera, como con desgana, de una de las fechas más negras en la historia de la humanidad. ¿Qué daba La Sexta? Lotes enlatados de El Intermedio y después una película absurda. ¿Dónde estaba Televisión Española, la cadena que pagamos todos para que nos mantenga puntualmente informados? Emitiendo una serie mala de solemnidad. Lo mismo se podría decir de Antena 3, Cuatro y Telecinco. Ni un solo programa especial, ni una miserable mesa de tertulianos y expertos tratando de explicar “lo imposible”, como titulaba hoy un prestigioso periódico francés. Hasta Ferreras, siempre en la trinchera informativa, había desertado esta vez, traicionando su famoso eslogan de “más periodismo”.
Tampoco las cadenas de radio estuvieron a la altura. La Cope retransmitía el anodino Leganés-Real Madrid como si se tratara de una final de la Copa de Europa y en la Cadena Ser, ejemplo de retransmisión en directo en grandes acontecimientos históricos, solo la voz agónica del gran Pedro Blanco interrumpía el partido para dar un breve boletín sobre la tragedia cultural del siglo. Todos los periodistas se habían largado de Semana Santa y a nadie parecía importarle un cimborrio que unas llamitas de nada devoraran la más hermosa joya del arte universal.
Solo el Canal 24 horas de TVE reservaba una ventana en directo, en un rincón de la pantalla, para una imagen fija que resultaba pavorosa: el resplandor ígneo refulgiendo en medio de la noche parisina; llamaradas de fuego rabioso envolviendo el templo en un infierno incontrolable mientras un cañón de agua de los bomberos se afanaba inútilmente por detener el desastre de proporciones históricas. Con todo, tampoco el canal público decidió suspender su emisión, un debate entre líderes catalanes que estuvieron soltando su farfulla y verborrea sobre la independencia mientras Notre Dame se perdía para siempre. Por un momento fue como si el país hubiese sufrido un inexplicable apagón, devolviéndonos a todos a la oscura noche de los tiempos, a la más profunda Edad Media, cuando las catedrales ardían pasto de las llamas ante la muchedumbre harapienta temerosa de la ira de Dios.
Que se quemara una catedral en el siglo XII era algo habitual pero, ¿cómo ha podido ocurrir semejante catástrofe en pleno siglo XXI? ¿Cómo puede arder una alhaja del arte universal en la era de los viajes espaciales y de Internet? Bien pensado, todo es muy simbólico. El incendio de Notre Dame es una metáfora perfecta de otro incendio aún mayor, el que tiene que ver con la decadencia de una época, con la destrucción de los valores de la Ilustración, con la degeneración de la vieja Europa y su peligrosa vuelta a los fascismos.
Por la mañana el Cristo de las Gotas se había caído estrepitosamente en su primera salida por las calles de Burgos. El accidente no auguraba nada bueno. Los ultraderechistas acababan de arrasar en Finlandia y la campaña electoral española vivía su particular jornada de incendios con políticos pirómanos, graves insultos y arengas guerracivilistas. La derecha desenterraba los muertos de ETA para arrojárselos a la cara a Sánchez y Abascal volvía a explicar su extraño programa, que se reduce a una vuelta a la Reconquista, un retorno al imperio y a los Reyes Católicos. El espectáculo degradante de la democracia en sus últimos estertores.
Fue entonces cuando, al caer la tarde, se declaró el incendio en Notre Dame y su majestuosa aguja, faro de Occidente, se desplomaba a los pocos minutos. Los parisinos se agolpaban ante la catedral en llamas en medio de rezos, plegarias y cánticos milenaristas mezclados con incienso. El señor feudal Trump pedía desde su castillo neoyorquino que aviones cisterna lanzaran toneladas de agua sobre el templo siniestrado. Menos mal que nadie le hizo caso, eso habría terminado de rematar la deteriorada estructura de la catedral. De repente, la Edad Media, ese tiempo que añoran los fascistas, había regresado de nuevo con toda su potencia icónica. Miedo, oscuridad, entierro de la razón, religiosidad exacerbada, el deseado Apocalipsis… “Se ha salvado la corona de espinas de Jesús y la túnica de San Luis”, decía un digital francés, en grandes titulares, al filo de la madrugada. Con esos símbolos rescatados de las cenizas se levantará no solo una nueva Notre Dame, sino una nueva Europa. Un lugar muy diferente al que hemos conocido hasta ahora.

Viñeta: Igepzio

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