viernes, 7 de junio de 2019

LOS CORRUPTOS


(Publicado en Diario16 el 28 de abril de 2019)

En España hay más de un centenar de cargos públicos presos por corrupción. Mantener a cada uno de ellos nos cuesta entre 60 y 65 euros al día, es decir unos 1.800 euros al mes, o lo que es lo mismo: 21.600 euros al año. En total, atender a la manutención y alojamiento carcelario de estos reputados sinvergüenzas cuya mayor aportación a la sociedad ha sido esquilmar el bolsillo de los españoles y cargarse las instituciones nos supone un gasto anual nada desdeñable de más 2 millones de euros. Es decir, al año el Estado gasta más en mantener a uno de estos parásitos que en abonar la prestación por desempleo de un padre o una madre de familia en apuros. Esa es la grandeza de la democracia: ser generosa con quien la ultraja.
No vamos a exigir aquí que se ponga a estos presidiarios a pan y agua con trabajos forzosos y galeras, como se hacía en tiempos de Cervantes, pero no está de más que hagamos esta necesaria reflexión: un menda que ha malversado caudales públicos, un jeta que ha metido la mano en el cazo, un aprovechado que ha trincado del dinero de todos, quitándole el pan a un ciudadano que lo necesita de verdad y a sus hijos, tendría que hacer frente de alguna manera, con sus bienes patrimoniales, a su propia estancia en prisión. Cada cual que se pague sus vicios y sus cárceles y si es preciso con intereses y daños y perjuicios.
Cuando España entera contiene el aliento antes de saber si los ultraderechistas entran en el Congreso de los Diputados por primera vez en 40 años para vergüenza de nuestra democracia, cuando un escalofriante canguelo nos recorre el cuerpo antes de certificar que un tipo como Abascal tendrá su media hora diaria de tribuna en el Parlamento para largar su insultos y propagar su ideología de odio guerracivilista, todos deberíamos plantearnos qué hemos hecho mal para que miles de españoles hayan perdido la fe en el sistema, echándose en los brazos violentos de Vox. Y ahí es donde entra la Justicia injusta que tenemos, esa que es capaz de meterle dos años de prisión a un hombre por robar una barra de pan y que deja irse de rositas a sus ladrones de guante blanco tras pasar unas lujosas vacaciones de verano en el balneario de Soto del Real, gastos pagados.
Al corrupto que purga sus benignas condenas, esas que les imponen los tribunales después de que el fiscal se las “afine” en pactos infectos con los abogados/fontaneros de la corrupción, habría que exigirle que se pague sus condenas o al menos que devuelva lo robado para que su breve estancia entre rejas nos salga algo menos cara. Sin embargo, si echamos un vistazo a los titulares de prensa vemos que nada se sabe de los millones que Bárcenas escamoteó en Suiza, ni del parné de Urdangarin o de los Pujol, ni de lo que el viento se llevó con la Gürtel, con los ERE, con la Púnica y otros desmanes. Lo mínimo que deberíamos exigirle al sistema judicial y penitenciario español es que sea inflexible con aquellos que, tras tantos años de ladrocinios y butrones de las arcas públicas, han conseguido destruir por fin la credibilidad de nuestra democracia.
Si hoy estamos a las puertas de regresar al franquismo puro y duro, si a estas horas cientos de miles de españoles han dado su voto al diablo fascista, es porque esta banda de bucaneros decidió robarnos el dinero de las pensiones, de las prestaciones por desempleo, de la dependencia y de tantas cosas. En buena medida la pérdida de confianza en el sistema de los votantes voxistas viene dada porque la Administración de Justicia ha sido blanda con el corrupto, descarada en el conchaveo y permisiva en el blanqueamiento y el perdón de los cargos podridos, a los que sale rentable pasar una temporadita en una suite del Módulo de Preventivos para salir unos meses después con el flamante BMW intacto, el chalé a estrenar en Marbella y un puñado de millones ocultos bajo un árbol o en algún banco extranjero con los que seguir dándose la vidorra padre.
Así, mientras les llega la hora de recuperar la libertad y el placer de seguir siendo ricos, mientras su dinero continúa a buen recaudo en Panamá, Suiza, Singapur o donde Cristo perdió el mechero, ellos continúan viviendo a expensas del bolsillo de los sufridos contribuyentes, del dinero de nuestros doloridos impuestos, de la buena fe de todos y de nuestra tolerante democracia. Que no les falte a estos pobres corruptos el mejor rancho de la prisión, una hora de cine, gimnasia y taller de manualidades y un vis a vis semanal para que se alivien y no caigan en depresión los muchachos. Y es que nos robaron cuando estaban en la calle y nos siguen robando ahora que están en la trena. Todo sea por los derechos humanos. Maldita sea.

Viñeta: Igepzio

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