domingo, 9 de junio de 2019

TIJERAS DE BRUSELAS


(Publicado en Diario16 el 8 de junio de 2019)

Bruselas prevé que España aumentará su déficit público durante el año 2019, de manera que según sus comisarios, supervisores y economistas solo hay una forma de contener el desastre en las cuentas de nuestro país: con más recortes estructurales equivalentes a 15.000 millones de euros en los próximos dos años (7.500 por cada ejercicio). De esta manera, en el caso de repetir mandato en la Moncloa, a Pedro Sánchez solo le quedarían dos opciones para reducir el gasto: subir los impuestos o aplicar los consabidos recortes en el Estado de Bienestar. La nefasta experiencia de los últimos años nos dice por dónde vendrían esos “tijeretazos”: por las pensiones, por los salarios, por las prestaciones sociales, por la Sanidad y la Educación.
De momento, la Comisión Europea solo mantiene a España bajo “estrecha vigilancia”, como a un delincuente reincidente, por su “déficit excesivo”, pero las medidas de austeridad podrían llegar en cualquier momento. De ahí que la formación del nuevo Gobierno, y su signo político, se antoje trascendental para el futuro de nuestro país. Tras su entrevista con el rey Felipe VI, Sánchez ha insistido en lo que todos sabemos: “O gobierna el Partido Socialista o gobierna el Partido Socialista”. Hasta ahí nada nuevo bajo el sol; resulta más que evidente que los socialistas han ganado las elecciones. El problema no es si va a gobernar el PSOE, sino con quién y cómo.
Un Ejecutivo de coalición con Podemos, tal como exige Pablo Iglesias, supondría un impulso al Estado de Bienestar pero también el certificado inevitable para que nos caiga de lleno la temida lluvia de recortes. Por el contrario, un pacto con Ciudadanos, que es visto con buenos ojos por las empresas del Íbex 35, tranquilizaría a los mercados durante un tiempo, pero nos impediría avanzar en las reformas sociales y modernizadoras tan necesarias para la economía española. Ese es el dilema histórico al que se enfrenta Sánchez: seguir siendo un socialista íntegro pese al castigo de la UE; o pasar a la historia como un vendido a las grandes corporaciones, un presidente neoliberal que como otros pasó sin pena ni gloria.
De mantener la UE su control permanente sobre el déficit de nuestro país, España sería el único Estado de la zona euro que se mantendría bajo supervisión directa de los comisarios europeos, los famosos “hombres de negro”. Portugal y Grecia han conseguido, de momento, salir de esa angustiosa lista negra de sospechosos socialdemócratas.
¿Podrá un Gobierno de izquierdas aplicar las medidas reformistas que necesita España para avanzar en la lucha contra la desigualdad y mejorar la vida de las clases trabajadoras? Parece difícil. A fecha de hoy la Comisión Europea ya ha avisado de que la revalorización de las pensiones según el IPC puede ser una medida contraproducente. Además, el Banco de España se ha sumado a las presiones de Bruselas al advertir de que la subida del salario mínimo interprofesional a 900 euros decretada por Sánchez provocará la “disminución progresiva de la creación de puestos de trabajo”. O sea más paro. Esa maléfica afirmación ha creado malestar en el Gobierno en funciones, y sobre todo en el propio Sánchez, que empieza a sentir el aliento de los poderes fácticos económicos en el cogote.
Pero las amenazas neoliberales con advertencias veladas ante las posibles alegrías de un Gobierno de izquierdas no han quedado ahí. Ayer mismo, el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, pedía “estabilidad política e institucional” en nuestro país tras la celebración de las elecciones para que la compañía pueda liderar la “revolución tecnológica”. Estas palabras no pueden interpretarse más que como una advertencia para que el próximo Gobierno que salga del trance de los pactos pase por el aro de las políticas conservadoras. En este caso, “estabilidad” quiere decir frenazo a las políticas sociales, contención del gasto público y menos inversiones en los servicios más necesitados tras años de recortes de Rajoy, como la Sanidad y la Educación. También mantener intacta la reforma laboral del PP que solo ha servido para despojar de derechos a los trabajadores. Y la pretendida vuelta a la senda de la política “institucional” que reclama Álvarez-Pallete no significa otra cosa que apostar por un Gobierno conservador, un Consejo de Ministros domesticado y dócil que abandone toda aventura progresista en la economía.
El mensaje de Bruselas, del Banco de España y de la principal compañía multinacional española ha quedado meridianamente claro: austeridad, austeridad y austeridad. En las manos de Pedro Sánchez y de su audacia queda que podamos romper el miedo que pretenden inocularnos los agentes del neoliberalismo e impulsar las reformas laborales y del modelo productivo que sin duda necesita nuestro país.

Viñeta: Igepzio

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