miércoles, 9 de septiembre de 2015

ESPAÑOLES, EL PERIODISMO HA MUERTO

Amanecer. Abrir la ventana por la mañana y escuchar el griterío de los niños que juegan y ríen en el recreo de un colegio. Todavía hay vida ahí afuera.

Periodismo enfermo. Me pregunta un amigo cuáles son, a mi juicio, los males de la prensa escrita española. Enumero solo algunos (toda lista es incompleta y ésta lo es aún más): falta de cualificación y preparación de los profesionales (algunos jóvenes redactores salen de la universidad sin saber escribir el primer párrafo de una información); salarios tercermundistas (muchos trabajan sin contrato y hasta gratis); abuso y explotación laboral por parte de las empresas de comunicación; miedo de los periodistas a perder el puesto de trabajo; directivos y ejecutivos que no sienten el periodismo como una profesión noble y decente y que se limitan a actuar como meros contables (como si hacer periódicos fuera lo mismo que vender ladrillos); sometimiento total a la publicidad y al poder gubernamental; amiguismos infames (cuando no chanchullos y compadreos) entre políticos y directores de los medios de comunicación; sectarismo; miedo a perder la subvención oficial de turno (escamoteando u ocultando la verdad si afecta a los poderes establecidos); enchufismo galopante (aún más que en el sector público, lo que lleva a colocar a hijos de hombres poderosos en las redacciones, aunque sean pésimos periodistas); pérdida de valores éticos; desorientación ante las nuevas tecnologías digitales; escaso interés y amor por la profesión de muchos periodistas, es decir falta de vocación; y sobre todos estos males el peor y más pernicioso de ellos: el miedo a contar la verdad.

Patada genocida. La periodista húngara despedida por patear a los refugiados da el perfil de perfecta sicópata que se requiere para ser director de un medio de comunicación. Solo estaba haciendo méritos para escalar en el periodismo desalmado que triunfa hoy en día.

Como putas por rastrojos. Los políticos andan mañana, tarde y noche de plató en plató, todo el día en la tele dándose postín y haciendo caja, de forma que se ha puesto de moda la figura del político-tertuliano. Y así, mientras pasan la jornada laboral frente a las cámaras, a mayor gloria de ellos mismos, no hay quien resuelva los problemas del país.

Viñeta: Igepzio
 

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