martes, 28 de abril de 2020

EL PARLAMENTO REPUBLICANO


(Publicado en Diario16 el 1 de febrero de 2020)

El Congreso de los Diputados más atomizado de la historia de la democracia española por la amplia participación de partidos regionales y nacionalistas se convertirá en territorio agreste para Felipe VI durante la próxima sesión de apertura solemne de la XIV Legislatura. Los representantes de los partidos independentistas con escaño en el Congreso han decidido leer un manifiesto contra el rey el próximo lunes, una hora antes de que el jefe del Estado llegue a la Cámara Baja para presidir el acto, al que no acudirán los soberanistas, tal como han anunciado sus líderes en Madrid.
Los promotores del plante a la Monarquía serán los portavoces de ERC, Gabriel Rufián; Junts per Catalunya, Laura Borràs; Mireia Vehí (CUP); Néstor Rego (BNG) y el portavoz adjunto de EH Bildu, Oskar Matute, quienes darán lectura al texto en el que explicarán sus motivos para no asistir al acto de apertura parlamentaria, según informa Europa Press. En total, 49 diputados y senadores tomarán parte en el complot, una nutrida representación que dejará una imagen inédita en el hemiciclo. Pero los escépticos con el régimen monárquico van mucho más allá de la bancada nacionalista «indepe». A ese medio centenar de críticos se deben sumar, sin duda, los 35 representantes de Unidas Podemos, los de fuerzas importantes como el PNV o Compromís y alguno que otro del PSOE que, sin manifestar públicamente su posición contraria al rey, se declara esencialmente republicano. Es decir, el número podría ser superior al centenar, lo que da idea de cómo ha ido calando la idea del republicanismo en el Parlamento nacional en los últimos años de crisis e inestabilidad política. El hemiciclo es una fotocopia de la España de hoy y demuestra que algo está cambiando en la sociedad.
Según han anunciado desde las formaciones independentistas, el acto de protesta comenzará con la comparecencia sin preguntas que se ha convocado a las once de la mañana. La llegada de Felipe VI al Congreso está prevista para una hora después. Será la primera vez que el rey presida una ceremonia de este tipo con un Gobierno de coalición en el poder, con ministros del PSOE y de Unidas Podemos y en una legislatura en la que hay más grupos de corte secesionista que nunca, aunque no estarán en el Salón de Plenos.
No es la primera vez que estos partidos “plantan” al monarca. ERC, Bildu, el BNG y la CUP ya declinaron acudir a las rondas de consultas que Felipe VI ha mantenido en los últimos años para la designación de un candidato a la Presidencia del Gobierno. Por su parte, Junts per Catalunya, que sí venía acudiendo a las diferentes audiencias en Zarzuela, ha decidido esta vez no asistir a la sesión, aunque en la de 2016 sí estuvo presente, entonces como PDeCAT.
El boicot al rey por parte de los partidos catalanistas es consecuencia del discurso que Felipe VI hizo el 3 de octubre de 2017, cuando arremetió contra la consulta del 1-O sin mencionar a los heridos durante las cargas policiales. Aquellas palabras −con las que el monarca trató de emular el papel de su padre, Juan Carlos I, durante el golpe de Estado del 23F−, no han sido olvidadas por los partidos independentistas, que aquel día aciago para España criticaron que el monarca diera cobertura a los postulados de Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno, y a su drástica decisión de aplicar el artículo 155 de la Constitución Española, que supuso la intervención efectiva de las instituciones autonómicas catalanas. Además, según recuerda el diario Público, en enero de 2016 Felipe VI se negó a recibir a la entonces presidenta del Parlament, Carmen Forcadell. “La diputada catalana tenía la intención de acudir al Palacio de La Zarzuela para comunicarle al monarca que Carles Puigdemont había sido investido como presidente de la Generalitat, un trámite que realizan todos los presidentes de los Parlamentos autonómicos después de celebrar sus respectivas investiduras. Casa Real dio instrucciones a Forcadell para que hiciera la comunicación por escrito y finalmente la presidenta del Parlament no fue recibida por el rey. En la decisión de las cinco formaciones que no acudirán a la solemne apertura de las Cortes también pesa su defensa del republicanismo y su rechazo a la monarquía, pero la situación con Felipe VI es más tensa a raíz del conflicto en Catalunya”, asegura Público.
Más allá de que los partidos nacionalistas catalanes, vascos y gallegos hayan configurado un auténtico bloque político, la herida no solo política sino emocional abierta entre el Jefe del Estado y buena parte de la sociedad catalana aún no se ha cerrado (contaminando a las demás fuerzas nacionalistas) y esa desafección de los republicanos hacia la monarquía española se traduce en los actos oficiales e institucionales, como la solemne apertura de la nueva Legislatura que se pondrá en marcha el próximo lunes. Será un día histórico para la democracia española (la primera Legislatura con Gobierno de coalición desde la Segunda República), pero también un serio toque de atención de cara al futuro: la monarquía borbónica está siendo más contestada que nunca desde su restauración en 1975. Alguien en Zarzuela debería tomar buena nota.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA LOTERÍA FARMACÉUTICA


(Publicado en Diario16 el 31 de enero de 2020)

Hay noticias que revuelven el estómago de cualquier persona de bien. Ahí va una: “Polémico ‘sorteo’ de Novartis para ofrecer medicación a niños con atrofia muscular espinal”. La AME es una terrible enfermedad neuromuscular de carácter genético que se manifiesta por una pérdida progresiva de la fuerza muscular. La causa es la afectación de las neuronas motoras de la médula espinal, que hace que el impulso nervioso no se pueda transmitir correctamente a los músculos y que estos se atrofien. Se considera la segunda causa principal de enfermedades neuromusculares, con una incidencia de 4 afectados por cada 100.000 personas. Una enfermedad rara que produce efectos devastadores y graves estragos en los pacientes que la sufren, principalmente en los niños, que ven afectada su capacidad para caminar, gatear, respirar, tragar y controlar la cabeza y el cuello. El tratamiento es el más caro del mundo: se estima que dos millones de dólares, céntimo arriba, céntimo abajo.
Pues al laboratorio suizo Novartis se le ha ocurrido la gran idea de organizar un sorteo para ofrecer a 100 bebés enfermos, elegidos al azar, una inyección de Zolgensma, que así se llama la sustancia supuestamente curativa. Con esta iniciativa, los directivos de la compañía creen que han cumplido, ya que la medida se basa, según ellos, en un reparto justo. Resulta difícil entender cómo investigadores y médicos pueden dormir con la conciencia tranquila sabiendo que el capitalismo, una vez más, se impone sobre los valores éticos y morales. Y ahí es donde surge el gran dilema filosófico: ¿es ético convertir la Administración sanitaria es una especie de gran tómbola ciega y descabellada, en una rifa donde unos niños se benefician y se salvan y otros son condenados a un final agónico y cruel? Fue Kant quien dijo aquello de que siempre hay que “hacer lo que hay que hacer” por simple imperativo moral, categórico, es decir, actuar siempre según la idea del bien común porque es lo correcto y lo asumible de una forma absoluta e incondicional. “Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio”, dijo el maestro de Königsberg.
No parece que los directivos de Novartis hayan leído demasiado a Kant, ya que de lo contrario no se habrían dejado llevar por una decisión (mayormente económica y financiera) que no por bien intencionada deja de ser esencial e intrínsecamente injusta. Curar a unos niños condenando a otros no es justo, por mucho que pueda tener una justificación empírica, numérica o racional. ¿Qué le dirán los magnates de la industria farmacéutica a los padres que no han tenido la suerte de recibir el tratamiento, que su bebé no ha resultado agraciado con el sorteo de la bonoloto de hoy? “Este es un problema difícil de resolver y tenemos un enigma. Desafortunadamente hay muchos bebés que merecen este medicamento pero no podemos producir, suficientemente rápido, las cantidad necesaria para tratarlos a todos. Creemos que esta era la única forma de asignar justa y equitativamente el producto que está disponible”, asegura un portavoz de la compañía.
El asunto del sorteo de Novartis, más allá de debates éticos o morales, nos conduce directamente a otra cuestión mucho menos metafísica y mundana: el inmenso poder que están acumulando las grandes empresas farmacéuticas, que pueden llegar a tomar decisiones, autónomamente, sin que el Estado pueda llegar a intervenir. Las opulentas multinacionales mueven los hilos de la humanidad, tratándonos como meras marionetas, y ellas, convertidas en el nuevo Dios o gran Leviatán, deciden quién debe vivir y quién debe morir. Somos ya simples números de una lotería macabra y carente de cualquier sentido humano o norma deontológica. Que la decisión es un absoluto disparate que embrutece la medicina lo demuestra el hecho de que la decisión adoptada por el laboratorio suizo no ha sido bien acogida en el seno de las asociaciones que trabajan para dar a conocer la enfermedad, ya que consideran que debe prevalecer el criterio médico. “Necesitamos lograr que los profesionales decidan quién necesita qué tratamiento. No podemos dejar que una compañía farmacéutica decida quién recibirá este tratamiento y quién no será tratado. Debe ser un médico, de acuerdo con las prioridades clínicas, quien lo haga”, ha dicho Kacpar Rucinski, miembro de la junta directiva de SMA Europe, una asociación internacional que hace campaña para mejorar la calidad de vida de las personas que conviven con AME y para ofrecer terapias efectivas a los pacientes.
El asunto del sorteo de Novartis abre inquietantes interrogantes, no solo sobre el futuro de la medicina sino sobre la cada vez mayor debilidad de los Estados nacionales, que están perdiendo su poder frente al empuje de las gigantescas compañías, laboratorios y corporaciones química y farmacéuticas.
Pero el estupor llega al nivel máximo cuando, indagando un poco en lo que es la AME, se llega a la conclusión de que, según los expertos, un tratamiento para combatirla no debería costar más de 900.000 euros, una cantidad que está muy lejos de los dos millones que Novartis pone como precio. Menos de la mitad de lo que la empresa suiza pide por el codiciado medicamento. Lo cual lleva a pensar que alguien sigue haciendo negocio con la salud y que los empresarios han sustituido a los filántropos de la medicina. Algo que un Gobierno, ningún Gobierno, debería consentir ni tolerar.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

AZNAR PREFIERE A ABASCAL


(Publicado en Diario16 el 29 de enero de 2020)

Aznar sigue ejerciendo de gran y único patrón de lo que queda del PP, es decir, de las ruinas de lo que en otro tiempo fue un gran imperio político. Ayer, el ex presidente del Gobierno se permitió el lujo de dar algunas significativas recomendaciones públicas al actual líder (por llamarlo de alguna manera), Pablo Casado. Así, le recordó al joven mandatario que debe confrontar con el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez “como si Vox no existiera” y confrontar a su vez con Vox “como si el Gobierno no existiera”. De esta manera, parafraseó a aquel ex primer ministro de Israel, David Ben-Gurión, a quien se atribuye una famosa frase para la historia: “Tenemos que combatir el Libro Blanco como si Hitler no existiera y tenemos que combatir a Hitler como si el Libro Blanco no existiera”. Una sentencia que por lo visto a Aznar le ha debido gustar y la ha copiado íntegra para soltarla en sus charlas de casino y de salón para jubilados con mucho tiempo libre.
Citar a Ben-Gurión para explicar lo que le ocurre a nuestro país y al PP no deja de ser un tanto absurdo, ya que cabría preguntarse qué demonios tendrá que ver lo que ocurría en el mundo en 1940 con la crisis de España de 2020. Pero más allá de los malabarismos intelectuales imposibles de Aznar, de sus palabras puede deducirse algo que todo el mundo sabe a estas alturas: que el expresidente ha abandonado ya cualquier posibilidad de vuelta al centro −renunciando a ejercer una oposición constructiva por el bien del país−, y que solo le interesa la estrecha intercomunicación y el intercambio de pensamientos con la ultraderecha de Vox. Aznar no lo dice pero sabe que, agotado en sí mismo el PP, el futuro pasa necesariamente por Santiago Abascal, su auténtico alter ego y recambio clónico, de tal manera que ambos partidos se retroalimenten, crezcan juntos en ideas y maduren en un único proyecto común, llámese España Suma, A por ellos, oé o de cualquier otra forma que exalte el nacionalismo hispánico más carpetovetónico y visceral.
En un coloquio bajo el título España ante el cambio de régimen organizado por el Instituto Atlántico de Gobierno y la Universidad Francisco de Vitoria, Aznar alertó ayer del supuesto peligro que acecha a nuestro país, y que no es otro que el derrocamiento de la Monarquía, la implantación de la Tercera República y la abolición de la Constitución del 78. Un discurso que hubiese rubricado, punto por coma, el mismísimo Abascal.
También habló Aznar de la “fragmentación” que vive España, en especial el centro-derecha, y del “auge de los nacionalismos y los populismos”, que ha llevado a una “polarización” de la vida política, según Europa Press. Y en ese contexto, ha llamado a la unión del centro-derecha porque “la fragmentación” les “condena a la derrota”. Eso sí, ha dicho que Casado hereda una situación “más complicada” porque en su momento se pudo hacer la “gran operación de refundación” y entregar una “sola fuerza de centro-derecha” a su sucesor. “Pablo ha recibido un mundo fragmentado y eso es muy complicado”, apostilló.
En realidad, las palabras de Aznar, su llamamiento a la unidad de las derechas, solo pueden ser interpretadas bajo una única clave: la debilidad cada vez más preocupante del PP y el miedo a que Vox se meriende al partido como ya ha hecho con Ciudadanos. Y ahí es donde el expresidente sacó su perfil más divo, por encima del bien y del mal, cuando culpó a Mariano Rajoy del surgimiento de Vox y de Cs por su “insuficiente” actuación ante lo que estaba sucediendo en Cataluña. “Las dos fuerzas políticas que emergen, emergen por razones de Cataluña y por defecto de algunas acciones. Al menos una parte importante del electorado ve insuficientes, no suficientes o simplemente no representativas de lo que la mayoría representaba”, aseguró el integrante de aquel desastroso Trío de las Azores de tan infausto recuerdo.
Probablemente, Pablo Casado seguirá al pie de la letra las instrucciones de su amado líder (siempre lo hace, hasta el punto de parecer un guiñol en manos del jefe) y en ese juego disparatado que propone Aznar hará como que el Gobierno de coalición solo existe como muñeco de pim, pam, pum, o sea para darle estopa. Pero cabría preguntarse si hacer política como si el Gobierno fuera un ente invisible será algo positivo para el país y para los españoles. Sin duda, nada bueno para España saldrá de esa estrategia que consiste en ningunear al rival político. En democracia las ideas se confrontan, los proyectos se discuten y se transaccionan, los problemas se dialogan, y de esa praxis leal se terminan beneficiando los ciudadanos. Fue así como la España de la Transición que tanto idolatra Aznar llegó a ser una historia de éxito, por contraposición a esta España estéril del boqueo, la polarización y la crispación permanente que nos arrastra a todos al fracaso y al desastre como nación.
En cualquier caso, da la sensación de que Aznar trata a Casado como ese aristócrata que a la luz de la chimenea, en el salón principal de su gran mansión, acaricia a su cachorro, que babea sumisamente. “Obviamente es mi jefe político ahora”, ironizó ayer el expresidente con esa sonrisa un tanto maquiavélica e inquietante que le caracteriza y que parece sacada de alguna secuencia de El Padrino. Para Aznar, Casado es solo el chico de las tertulias matutinas para economistas y politólogos liberales en el Hotel Palace, el joven de los cafés al que se le ordenan los recados, uno que pasaba por allí por casualidad, solo temporalmente. Alguien que no da la talla de líder como otros en los que ya se ha fijado el ex presidente del Gobierno para su gran proyecto de nueva extrema derecha “trumpista” a la española que arrasará algún día (y en la que el PP será solo una corriente testimonial del pasado, una facción minoritaria, el ala moderada irrelevante). El elegido es, sin duda, ese mozallón del norte con barba y lengua afiladas que suele ir a caballo por la vida. Como el Caudillo, que es lo que le pone a Aznar.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL DESFILE


(Publicado en Diario16 el 27 de enero de 2020)

España es ese país donde las pensiones de los jubilados suben un raquítico 0,9 por ciento, donde la patronal y las derechas montan un sindiós cada vez que se negocia una mínima subida salarial para los trabajadores y donde la aprobación de una renta vital básica para millones de españoles sin trabajo y sin futuro es poco menos que una utopía irrealizable. Sin embargo, España es también ese alegre país donde hay subvenciones a fondo perdido para fiestas tradicionales y corridas de toros, donde los políticos se suben el sueldo cada dos por tres y donde se gastan miles de millones de euros en la compra de moderno armamento para defensa. El último ejemplo de esta amarga contradicción es el desfile militar patrio que se celebra cada año el 12 de octubre, con motivo del Día de la Fiesta Nacional. El de 2019, según Europa Press que baraja datos del Estado Mayor de la Defensa (EMAD) dados a conocer a través del Portal de Transparencia, tuvo un coste de 912.536 euros, un 30 por ciento más que el año anterior. Es decir, que los organizadores se pusieron espléndidos y tiraron la casa por la ventana sin escatimar en gastos.
En concreto, el coste estimado de la parada militar en organización y ejecución fue de 566.838,4 euros, que se reparten en conceptos como dietas, vehículos, combustible, reuniones, megafonía o incluso sanitarios y compra de salvas de honor. Un auténtico fiestón que sale caro a los españoles en un momento en que el Estado debería dar ejemplo de austeridad y control de las cuentas públicas.
Con todo, la cifra de gasto del desfile castrense es similar a la de años anteriores. En concreto, en 2018 se dedicó a la parada nacional una partida de 624.000 euros, 621.000 en 2017, 452.930 en 2016 y 604.566 en 2015, según las fuentes consultadas por la citada agencia de noticias.
Sin embargo, el coste total del pasado año se incrementó hasta superar los 900.000 euros debido a los 345.698 que el Ejército del Aire dedicó a la “recogida y traslado de los contingentes extranjeros”. Según fuentes del Estado Mayor, este fue el coste de trasladar a España a tropas de Líbano, Senegal, Mauritania y Malí que desfilaron en un lugar preferente como países invitados. En total, en 2019 desfilaron por el centro de Madrid unos 4.200 efectivos y más de 70 aeronaves y 150 vehículos. Cabe recordar que, al final, los protagonistas secundarios de ese desfile fueron los pitos a Pedro Sánchez, entonces presidente del Gobierno en funciones; el incidente del paracaidista que portaba la bandera de España y que se quedó “colgado” de una farola; y la voz de la soprano Ainhoa Arteta entonando La muerte no es el final. Todo resultó de un dudoso gusto democrático, lo que nos lleva a pensar en la idoneidad de seguir celebrando desfiles de este tipo.
Eso sí, pocos quisieron perderse el acto, que estuvo presidido por los reyes de España, acompañados por sus hijas, la infanta Leonor y la princesa Sofía. También asistieron el Gobierno al completo y las principales autoridades civiles y militares del Estado. La representación de los partidos políticos corrió a cargo de los líderes de cada formación −Pablo Casado del PP, Albert Rivera de Ciudadanos y Santiago Abascal de Vox−, excepto el presidente de Podemos y ahora vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, que igual que en años anteriores no asistió al desfile y delegó la representación en otros dirigentes de la formación morada. También estuvieron todos los presidentes de comunidades autónomas menos los de Cataluña y País Vasco, Quim Torra e Iñigo Urkullu. Y se estrenaron como anfitriones la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida. Un sarao que pagan todos los españoles. ¿Era necesario ese fastuoso estipendio? Sin duda, la respuesta debe ser negativa, pero en un país donde la ultraderecha viene pisando fuerte con sus discursos patrioteros quizá tengamos que ir acostumbrándonos a este tipo de actos de exaltación nacionalista que dejan no pocos agujeros en las arcas públicas.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA DANA


(Publicado en Diario16 el 25 de enero de 2020)

El Delta del Ebro anegado, paseos marítimos reventados, playas enteras desaparecidas, muertos, pérdidas millonarias en el campo, la pesca y el turismo… Es lo que deja tras de sí el temporal Gloria (más le hubiese valido al lumbreras que pone nombre humano a estas catástrofes haberlo bautizado como Infierno) además de una terrible conmoción en toda la sociedad española, que comprueba con estupor cómo las predicciones científicas se cumplen con precisión matemática y la pesadilla se hace real.
Lo peor ya ha pasado y ahora los municipios costeros del Mediterráneo que han resultado afectados evalúan las pérdidas, que serán cuantiosas. En algunos puntos como la playa valenciana de El Perelló, olas de más de ocho metros han levantado, como frágiles naipes de cartón, las placas de cemento de su coqueto paseo marítimo, arrasándolo por completo. La imagen de la primera línea de playa borrada del mapa, servida por un dron de la cadena de televisión Cuatro, recordaba a una de esas malas películas del cine de catástrofes de los domingos por la tarde. Lamentablemente, no era una película. Como tampoco es una fantasía la imagen por satélite del Delta del Ebro totalmente sumergido bajo el mar en una especie de gran diluvio universal que amenaza con repetirse un año tras otro, ya que los científicos advierten de que deberemos acostumbrarnos a este tipo de fenómenos cada vez más frecuentes y agresivos.
Tras la brutal tormenta, unos hosteleros ven cómo sus negocios han quedado arrasados; otros ven peligrar el futuro de las hermosas playas mediterráneas y por tanto del turismo que les da de comer. Los agricultores y pescadores exigen al Gobierno que declare la zona catastrófica y haga algo para frenar la hecatombe medioambiental y económica. ¿Pero cómo se puede poner puertas al mar enloquecido que parece dispuesto a devolvernos todo el daño que le hemos causado? ¿Cómo luchar contra un Apocalipsis tan lento y aplazado como inevitable? ¿De qué servirá gastar cientos de millones de euros en reparar los puertos y paseos marítimos, en reconstruir las casas destruidas, en reponer con palas mecánicas la arena de las playas pulverizada por la fuerza del agua y el viento? Los ecologistas y científicos −los únicos que han hecho los deberes hasta ahora mientras los políticos no han tomado ni una sola medida eficaz contra el mayor desafío para la supervivencia del planeta y por ende para la humanidad−, ya han advertido de que volver a reconstruir lo que se ha venido abajo no servirá de nada. El mar, con su dentellada de espuma, volverá a llevárselo todo de nuevo el próximo año. Así será a partir de ahora.
Con todo, en medio de este paisaje devastado por el Gloria, sí que deberíamos hacer al menos una reflexión sobre esos nuevos charlatanes de la política que niegan la trágica realidad de una Tierra que agoniza moribunda por el calentamiento global. Los partidos negacionistas, Vox entre ellos, hacen aún más daño al planeta que los huracanes, incendios y temporales de proporciones bíblicas a los que tendremos que empezar a acostumbrarnos como parte del nuevo paisaje que hemos creado. De toda la basura ideológica que propaga el partido de Santiago Abascal quizá sea la negación del cambio climático el peor y más letal de los venenos. Vox, al igual que Donald Trump, su padre inspirador, ha calificado el calentamiento global como “una tomadura de pelo” y advierte de que cuando llegue al poder (Dios no lo quiera) no “malgastará más dinero en esta estafa”, tal como se recoge en su programa electoral.
El partido ultra y sus principales líderes políticos, en su ignorancia sobre este delicadísimo asunto en el que nos jugamos nada más y nada menos que la supervivencia de la especie humana, ni siquiera dedica una sola de las medidas de su grueso programa electoral a combatir el que en las próximas décadas será el mayor problema de España por encontrarse en el Mediterráneo, auténtica “zona cero” de los efectos del calentamiento global. Al contrario, la formación de Abascal no solo no se toma en serio la inmensa catástrofe que se avecina sino que sigue desacreditando con chistes y bromas del peor gusto una teoría que está unánimemente aceptada por la comunidad científica y avalada por cientos de informes de organismos oficiales del mayor prestigio internacional. Así, el pasado mes de enero, en una entrevista para ABC, Rocío Monasterio, con su habitual retórica sarcástica que ella cree muy brillante pero que no deja de ser más que un alegre castillo de fuegos artificiales vacío de contenido político, llegó a definir el cambio climático como “camelo climático”.
Lo bulos negacionistas de Vox llegan al punto de inventarse cosas como que la actividad solar es la responsable del calentamiento global, algo completamente falso y de lo que no aportan prueba alguna. Otras veces aseguran que la culpa es de la Luna, de la rotación de la tierra, de los volcanes y de los fenómenos atmosféricos imprevisibles. En su delirio, solo le falta abrazar la teoría terraplanista, aunque todo se andará. Lo único cierto es que ningún diagnóstico de Vox y ninguna de sus propuestas nos ayudará a paliar los efectos de la catástrofe que ya ha comenzado. Lamentablemente, tras siglos de actividad humana contaminante el mal ya está hecho y es irreversible y de aquí en adelante lo único que podemos hacer es tratar de minimizar los efectos de la enfermedad.
De Vox solo podemos esperar la estupidez como forma de hacer política, la mofa, el chiste sin ninguna gracia y el insulto fácil contra personajes como la joven activista sueca Greta Thumberg y otros famosos como Leonardo Di Caprio, Al Gore y Michael Moore, que solo tratan de aportar su grano de arena para concienciar al mundo y a quienes los líderes de Vox consideran el “establishment”, o sea parte de ese complot comunista que solo está en sus cabezas desnortadas y desprovistas de todo sentido común. A Abascal, lo que ha ocurrido estos días en el Mediterráneo español puede parecerle una invención del “consenso progre”, algo para tomárselo a risa, una brisilla marina sin importancia y magnificada por los rojos bolcheviques. Pero que tenga cuidado con sus discursos el discípulo entusiasta de Aznar, porque más tarde o más temprano, cuando la gente vea entrar el agua en sus casas y compruebe en sus propias carnes que no hay tal conspiración marxista, sino la pura y cruda realidad de un planeta que se muere, su demagogia barata para alcanzar el poder habrá perdido ya todo el mágico efecto.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

SÁNCHEZ Y EL REY


(Publicado en Diario16 el 24 de enero de 2020)

A nadie se le escapa que entre Felipe VI y Pedro Sánchez hay tensión, escaso feeling, mal rollito. Desde que el líder socialista puso en marcha la moción de censura contra Mariano Rajoy por la sentencia del caso Gürtel, el Jefe del Estado y el del Ejecutivo han tenido sus más y sus menos. Al monarca no le agradó la idea de que se pudiera descabalgar a un presidente elegido en las urnas con el apoyo de nacionalistas, independentistas catalanes y Bildu. Y desde entonces la relación es más bien fría, cuando no distante. El último episodio de desencuentro entre ambos poderes del Estado se ha conocido en los últimos días, cuando el periodista Raúl del Pozo contaba en su columna que Juan Carlos I está que trina con el tratamiento poco respetuoso que supuestamente da a su hijo el Gobierno socialista. El escritor incluso llega a decir que el emérito está convencido de que se está tratando a Felipe VI como si fuese “un taxista”, es decir, que se recurre a él simplemente para cuestiones menores de protocolo sin tenerlo demasiado en cuenta para los grandes asuntos de Estado. O lo que es lo mismo, Juan Carlos I cree que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias le están haciendo el vacío al rey de España.
Lo que piense el emérito no tiene trascendencia política alguna, ya que él mismo, al abdicar en junio de 2014, decidió desvincularse de cualquier tarea o función importante, más allá de su labor altruista de representación institucional en actos oficiales dentro y fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, sus opiniones, filtradas al mundo a través de uno de los periodistas mejor informados sobre Casa Real, siguen teniendo repercusión y resultan significativas para tomarle el pulso a esta España donde la crispación está llegando ya a las más altas magistraturas del Estado. Quizá se trate de la nostalgia del pasado (el emérito jugó un papel crucial en la Transición que hoy no tiene su hijo) o quizá se trate del simple instinto protector de ese padre que ve cómo a su vástago no se le reconocen los méritos contraídos. Pero el caso es que algo parece haberse roto entre la Monarquía y el Poder Ejecutivo representado por el presidente Sánchez.
En su columna, Del Pozo desvela el motivo del cabreo del emérito: “Borrado como Trotski de la pasarela del Estado, está enfurecido por el trato que está recibiendo su hijo. Después de prometer su cargo ante el monarca, y antes de comparecer en Moncloa para informar de la composición del Ejecutivo, Sánchez informó al rey de su nuevo Gobierno, es de suponer que por teléfono, porque no acudió en persona. Juan Carlos I, el que fue moderador de tantas pasiones, está ofendido porque llaman a su heredero como si pidieran un taxi”. A Juan Carlos no solo no le ha gustado que los nombres de los ministros trascendieran al país al margen de Zarzuela, sino que Pedro Sánchez anunciara en su día su histórico acuerdo con Pablo Iglesias para desbloquear la situación política (el primer Gobierno de coalición desde la Segunda República con el apoyo de los independentistas) mientras su hijo estaba de viaje oficial, a miles de kilómetros de distancia. ¿Está funcionando el “puenteo” a los borbones? ¿Hay consigna en el gabinete Sánchez para ir por libre? Es lo que sospechan en Zarzuela, aunque nada se dice en la Constitución sobre la obligación de informar al Jefe del Estado, in situ, personalmente y cara a cara, sobre la configuración de los ministerios, por mucho que en ellos haya personajes provenientes del mundo comunista.
Con todo, el mosqueo real es más que evidente y vendría a confirmar las tiranteces y tensiones que ya existían desde hace meses entre ambos resortes del Estado. Llueve sobre mojado, más aún cuando la lista de supuestos agravios (negados en público por Casa Real pero reconocidos en petit comité) sigue engordando. Los cambios de protocolo de última hora; el rol secundario que se le ha adjudicado al monarca en los meses del bloqueo (al contrario de lo que ocurría con el emérito, que ejercía una función de arbitraje entre partidos mucho más potente y eficaz); o el hecho de que los diputados socialistas y de Unidas Podemos no hayan defendido con efusión a Felipe VI ante los desprecios y desplantes que los independentistas catalanes y vascos le dedicaban desde la tribuna de oradores del Parlamento durante la sesión de investidura (mientras la ultraderecha daba constantes vivas y vítores al monarca) han ido enfriando poco a poco las ya algo turbulentas relaciones entre Zarzuela y Moncloa.
También conviene no olvidar aquel infausto día de mayo del 19, cuando el Congreso de los Diputados acogía la capilla ardiente del fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, donde ya saltó alguna que otra chispa (algunos medios de comunicación informaron de que Felipe VI llegó a reprochar a Sánchez que estuviese usurpando funciones propias de la Corona en relación con la ronda de consultas de los partidos políticos). Y tampoco ha gustado en la Casa Real el papel poco relevante que se le ha reservado al rey durante la pasada Cumbre del Clima celebrada en Madrid, por mucho que desde el palacio real se diga que el monarca “ha estado informado en todo momento por el Ejecutivo”.
Todo ello, gota a gota, ha exasperado a Juan Carlos I, que por lo visto va anotando en una lista negra todas la faenas y jugadas contra su familia, como aquel enfado que se agarró cuando fue excluido de los actos de conmemoración del 40 aniversario de la celebración de las primeras elecciones democráticas en España, en los que sí estuvieron presentes los reyes Felipe y Letizia, acompañados por las principales autoridades del Estado español, entre ellas el presidente del Gobierno en ese momento, Mariano Rajoy. En aquella ocasión Del Pozo le envió un mensaje al monarca jubilado: “¿No cree Su Majestad que no invitarle a la conmemoración de la democracia es como no invitar a Napoleón a la conmemoración de la batalla de Austerlitz?”. Y la respuesta fue: “Sí, desde luego”. Tan lacónica como sintomática del fastidio del monarca.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

AZNAR IMPONE SU LEY


(Publicado en Diario16 el 24 de enero de 2020)

En los últimos días, a la noticia de que la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha fichado a Miguel Ángel Rodríguez como su nuevo jefe de gabinete, se ha sumado el anuncio de que Alfredo Timermans va a asesorar a la portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo. Tanto Rodríguez como Timermans, dos duros, fueron hombres de la máxima confianza de Aznar, sus más fieles escuderos, lo cual vendría a demostrar que el ex presidente del Gobierno está moviendo sus peones desde algún lugar para retomar las riendas del Partido Popular tras los años del centro y la moderación de Mariano Rajoy. Hoy, más que nunca, podemos decir que Aznar ha vuelto a la política, si es que alguna vez se había marchado.
La pregunta ahora es cómo ha caído la noticia de estos dos polémicos nombramientos −y algunos otros que a buen seguro se están preparando−, en la actual dirección de Génova 13. Sin duda, entre los “casadistas”, partidarios de continuar con el giro a la derecha del partido para competir con Vox, el retorno de dos guardaespaldas de Aznar como Rodríguez y Timermans ha sido un maná caído del cielo. Sin embargo, a los “marianistas” supervivientes de la era Rajoy el proyecto de “reaznarización” del PP les ha debido oler a cuerno quemado. Los rumores que circulan por Génova 13 hablan de familias enfrentadas, de rencillas enconadas y de batalla sin cuartel por el control del partido. Ya dijo Balzac que “todo poder es una conspiración permanente”, y en esas andan metidos los clanes genoveses.
De entrada, el nombramiento de Miguel Ángel Rodríguez −el que fuera ex secretario de Estado de Comunicación con José María Aznar−, ha agravado las tensiones internas que enfrentan a Díaz Ayuso con el líder madrileño de Ciudadanos, Ignacio Aguado, su vicepresidente y socio en el Gobierno de coalición de derechas en la Comunidad de Madrid. “Respetamos el nombramiento, pero no lo compartimos”, aseguró un resignado Aguado tras conocer que Ayuso le había colocado un dragón en el gabinete.
Los últimos movimientos en el PP demuestran que la “aznarización” del partido es un hecho y que los tiempos de la moderación de Rajoy ya son historia. Entre los populares parece imponerse una vuelta al discurso duro y al trazo grueso para aparentar ser más de derechas que sus competidores de Vox, aunque es más que probable que este “rearme ultra” no sea ni tan pacífico ni tan civilizado como se supone, tratándose de gentes de orden, y hasta cueste más de una puñalada trapera y hasta alguna que otra purga “purificadora”. Tal es así que la guerra entre ambas facciones por el control del partido se antoja más que asegurada.
El origen de la herida hay que buscarlo en las elecciones del pasado 28 de abril, en las que Pablo Casado cosechó la derrota más dolorosa del partido en toda su historia. Aznar, siempre en la sombra pero atento y preocupado por el auge de Vox, decidió intervenir metiendo el bisturí. Fue entonces cuando dio la consigna a su joven y dúctil presidente para que cambiara el rumbo del partido y virara a la derecha. Sin embargo, el abandono súbito del centrismo pasó factura en las urnas. De aquel descalabro siempre se culpó a Casado cuando en realidad el “padrino” estaba entre bambalinas y tenía nombre y apellidos: José María Alfredo Aznar López.
Desde su retirada, el ex inquilino de Moncloa no ha dejado de interferir en la política y en los asuntos de Estado de España. De nada ha servido que Aznar haya sido considerado como uno de los peores exmandatarios del mundo por la revista estadounidense Foreign Policy (esta publicación llegó a asegurar que el ex presidente del Gobierno español es uno de los dirigentes ya retirados que “peor se han adaptado a su condición de ex y que menos han colaborado al bienestar general” de su país tras dejar el cargo). Aznar se ha resistido a dejar de controlar los resortes del poder en el PP y prueba de ello es que su filosofía política ha retoñado con fuerza para tratar de enderezar el rumbo del partido en estos años de decadencia, confusión y falta de liderazgo.
La influencia del ex presidente del Gobierno sobre Pablo Casado está siendo mucho más fuerte de lo que podía pensarse hasta ahora y aunque pocos en el PP se atreven a mostrar en público su disconformidad con esas “tutelas” y esas “tu tías” (como diría el padre fundador Manuel Fraga Iribarne), lo cierto es que la “aznarización” es hoy un hecho incontrovertido. Algunas figuras de relevancia han alertado en los últimos tiempos, aunque con metáforas esquivas y tímidamente, del peligro que para el PP supone ese contrachapado a la derecha. Personajes como el vicepresidente y portavoz de la Junta de Castilla y León, José Antonio De Santiago-Juárez (que llegó a pedir a Casado que abandonara la compañía de Aznar y las enseñanzas políticas de la FAES); el ex portavoz del PP en el Congreso de los Diputados y ex ministro de Sanidad, Alfonso Alonso; y hasta el mismísimo presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo (paladín mayor del ala moderada y centrista del partido) han lanzado ya más de una bengala de SOS advirtiendo de lo que está ocurriendo en el partido. Alonso ha sido uno de los más explícitos y valientes, ya que ha llegado a advertir públicamente a Casado de que debe “recuperar un partido para la concordia y no para la bronca”. Además, ha defendido que “el papel del PP tiene que ser el del partido de la tercera España que ofrece una moderación desde el ámbito del centro-derecha” y que, “frente a la mentira y el engaño de Pedro Sánchez, debe procurar, de alguna manera, recuperar puentes para la convivencia”. “Lo que no podemos es vernos arrastrados a esa lucha de bandos, a esas trincheras en la que se quiere convertir la política española”, añadió en clara alusión al proceso de ultraderechización, por influencia de Vox, en el que parece haber entrado el partido.
En esa misma línea crítica se mantuvo el hasta hace unos días presidente del PP de Guipúzcoa, Borja Sémper, quien finalmente ha decidido abandonar la formación conservadora dejando constancia de su “incomodidad” con la actual política española de “confrontación” y en un claro mensaje dirigido a la estrategia de Casado, con la que chocó abiertamente. De las palabras de Sémper se desprendía sin duda un cierto desencanto, una gran decepción y un síntoma de derrota después de que se hayan impuesto los postulados ultras de Aznar.
En cualquier caso, parece un hecho empíricamente contrastado que la huella de Rajoy ya es pasado en el PP y que se imponen las tácticas y los discursos radicalizados y muy alejados del centro. Hoy puede decirse que mientras Mariano Rajoy ha quedado para el desguace y para bulos y chanzas en las redes sociales sobre su supuesto interés por presidir la Real Federación Española de Fútbol, su predecesor y antagonista, José María Aznar, está más en forma que nunca. E imponiendo tendencia.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

SÁNCHEZ EN DAVOS


(Publicado en Diario16 el 23 de enero de 2020)

Las derechas y la caverna mediática le están dando duro a Pedro Sánchez por haber confesado en el Foro Económico Mundial de Davos, ante los dueños del mundo, que España es un país con más de 2 millones de niños en riesgo de pobreza. Sin embargo, esa es la auténtica realidad del país. ¿Qué tendría que haber dicho el presidente del Gobierno en su discurso, que los españoles viven mejor que los alemanes y que atan perros con longanizas? Para corregir los errores primero es necesario hacer autocrítica y ayer Sánchez tuvo la gallardía de tumbarse en el diván del foro económico mundial y someterse a una sesión de psicoanálisis autocrítico.
El discurso del jefe del Ejecutivo español fue sincero sin caer en el catastrofismo, y al mismo tiempo optimista, ya que dio por hecho que con sus recetas socialdemócratas conseguirá sacar al país de la grave crisis en la que cayó durante los años de recortes y ajustes durísimos impuestos por el “marianismo” de Rajoy. En Davos, gran catedral del neoliberalismo global, el presidente socialista ha tratado de vender confianza, estabilidad y la propuesta política de un Gobierno de coalición de izquierdas con Unidas Podemos que aunque los poderes financieros creen pasada de moda y a contracorriente de los tiempos es más necesaria que nunca.
El gabinete Sánchez está muy lejos de ser un comando de rojos bolcheviques con rabos y cuernos dispuesto a implantar una Venezuela a la española en la Península Ibérica. De hecho, su vicepresidente y gran símbolo de ese comunismo del que advierte cada día la catastrofista ultraderecha española es un hombre que ha pasado de querer cargarse el Régimen del 78 a vetar una iniciativa parlamentaria que pretendía forzar la comparecencia del rey Felipe VI en el Congreso de los Diputados para que explicara los supuestos negocios turbios de la venta de armas de España en Arabia Saudí, un caso que investiga la Fiscalía Anticorrupción. Hace apenas un año, el propio Pablo Iglesias veía “impresentable la imagen que ha dado la monarquía española en su relación con la saudí”. Hoy veta cualquier investigación sobre la Casa Real, lo cual demuestra dos cosas: en primer lugar qué lejos está ya Iglesias de aquel joven político revolucionario que enardeció a las masas del 15M en 2011 prometiéndoles “asaltar los cielos”; y en segundo término la cantidad de mentiras y bulos que puede llegar a propagar el trío apocalíptico de Colón (Casado/Abascal/Arrimadas) a costa de un Gobierno de coalición que puede ser cualquier cosa menos subversivo y comunista.
Pero volvamos a Pedro Sánchez y a su discurso de ayer en Davos. Lo que el presidente ha sido capaz de decir ante los líderes mundiales tiene mucho valor y sentido: España necesita reducir su déficit público y mejorar su justicia fiscal mediante un aumento de los impuestos a las rentas más altas, redistribuyéndose así la riqueza del país. En ese programa social, la subida del salario mínimo interprofesional ya acordada y la mejora del poder adquisitivo de los funcionarios se antojan puntos de partida imprescindibles para que la clase trabajadora pueda disponer de más dinero para gastar, de forma que se reactive el consumo y mejore la productividad a corto plazo. Ahí hay un auténtico programa económico socialdemócrata que puede hacerse realidad, ya que España dispone de los recursos suficientes para llevarlo a cabo. Lo que Sánchez ha pretendido demostrar en el gran teatro del capitalismo salvaje de Davos es que otra política es posible, que el Estado de Bienestar puede ser una idea maltrecha pero no muerta y que las ideologías de extrema derecha imperantes en Occidente solo nos traerán más crisis financieras, más catástrofes medioambientales y más desigualdad entre los ciudadanos de cada país. Sánchez tiene un sueño, como diría Luther King, un país y un mundo mejor que luche contra la evasión fiscal, contra “las burbujas y excesos del pasado” y contra la corrupción. Un modelo más limpio y sostenible basado en el crecimiento, en la transformación digital, en la transición ecológica, en la igualdad de hombres y mujeres y en una mayor justicia social. “Políticas del bien común” que den respuesta a los problemas de la ciudadanía, que combata los disparates de la extrema derecha y el “nacionalismo regresivo”. Una democracia, en fin, fuerte frente a los delirios negacionistas y demagógicos del trumpismo internacional.
Ayer Sánchez fue un Anticristo que habló en el Sanedrín del dinero. No se presentó en sociedad un bolchevique peligroso, sino alguien con coherencia e ideas sensatas. Lógicamente, tratar de hablar de igualdad económica, de socialdemocracia y de lucha contra el cambio climático en un lugar como Davos es tanto como querer dar una charla sobre darwinismo y teoría de la evolución en la Conferencia Episcopal. A más de uno se le debieron cruzar los cables, a otros les debió dar un parraque y pocos lo escucharon con atención (muchos ni siquiera entraron en la sala para presenciar su exposición y Donald Trump dijo que no perdería ni un solo minuto con un socialista radical como él). Sin embargo, eran las cosas que había que decir y Sánchez las ha dicho con valentía y dignidad. Por una vez hubo un caballero sin espada (como el personaje de la película aquella de Frank Capra) dispuesto a alzar la voz en el foro del dólar. Por una vez alguien habló por y para el pueblo en Davos. Ese lugar inquietante y tenebroso donde el hedor del dinero lo impregna todo.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL CEMENTERIO MARINO

(Publicado en Diario16 el 22 de enero de 2020)

A López Miras se le llenan los ojos de lágrimas cuando se asoma al Mar Menor y ve los peces muertos flotando en las aguas de la bahía. Entonces, en un arrebato de rabia e indignación, el presidente de la Región de Murcia se rasga las vestiduras, clama al cielo pidiendo justicia, exige ayuda inmediata al Gobierno central y suplica inversiones para limpiar cuanto antes toda la porquería que durante décadas de Gobierno del PP ha ido a parar al mar sin que nadie moviera un solo dedo para evitarlo.
Ayer, el SOS llegaba a la civilizada Bruselas. Se reunían los coordinadores de la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo para decidir las misiones y delegaciones diplomáticas que se van a desplazar a los diferentes Estados miembros durante el próximo semestre, y cada grupo político llevaba sus propias propuestas. Los naranjas de Ciudadanos, liderados por Inés Arrimadas, y los populares de Pablo Casado, en comandita con Vox, presentaron una moción para que una delegación europea se desplace cuanto antes a España, en visita oficial, y supervise los 379 crímenes de ETA no resueltos desde la Transición. Un asunto que debe ser de vital importancia, trascendental para el futuro de nuestro país, ya que por lo visto en España no hay policía, ni jueces, ni tribunales ordinarios de Justicia encargados de investigar los casos sin esclarecer del terrorismo etarra. En definitiva, un problema urgentísimo porque el País Vasco sigue estando infestado de etarras que andan todo el día poniendo bombas lapa y matando todo el rato.
Mientras tanto, Unidas Podemos y el PSOE llevaban otra propuesta que para las derechas debió ser menos interesante: el deterioro irreversible del Mar Menor que amenaza con arruinar un ecosistema único en el mundo. Además, Los Verdes proponían otra cuestión ecológica de pura emergencia nacional: una visita de los europarlamentarios a las minas de Touro, en Galicia, para supervisar la situación que allí se vive. Cosas de nada, minucias, bagatelas.
Como era de esperar, llegados al final de la sesión los grupos conservadores y ultras europeos, con Ciudadanos, PP y Vox a la cabeza, sacaban adelante la moción sobre ETA y aparcaban el sindiós del Mar Menor, el mayor desastre ecológico ocurrido jamás en España. Todo un símbolo de la tragedia que se vive en España, donde algunos políticos se inventan los problemas en lugar de solucionarlos para seguir avivando el fuego del guerracivilismo.
Apenas unas horas antes del debate en Bruselas, Fernando López Miras aseguraba en la Cadena Ser que el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez tenía que hablar menos del “pin parental [el veto educativo que el PP ha puesto en marcha en Murcia a cambio del apoyo de Vox a sus presupuestos] y empezar a solucionar los problemas del Mar Menor”. Toda una cabriola de puro cinismo.
La demagogia del presidente murciano tuvo su oportuna contestación por boca de la portavoz de IU en la Eurocámara, Sira Rego: “Creemos que el señor López Miras debería aclarar por qué sus compañeros del Partido Popular han impedido junto con los grupos parlamentarios de Vox y Ciudadanos que la Eurocámara envíe una misión de investigación para analizar y proponer soluciones a los graves problemas que afronta el Mar Menor. Resulta llamativo que los tres partidos que gobiernan la Región de Murcia le hayan dado la espalda de esta manera a su gente”. Y añadió, con toda la razón del mundo, que “analizar lo que está sucediendo en el Mar Menor sí es una prioridad para la sociedad, no sólo de la Región, sino para la sociedad española, por el desastre ambiental que se está produciendo”.
Ayer fue, sin duda, un día negro para los murcianos (otro más) y para su maltrecha joya ecológica marina, que tendrá que seguir esperando para depurar sus aguas residuales mientras miles de peces siguen muriendo a causa de la contaminación y la falta de oxígeno. Todo ello mientras, en España, el PP de Pablo Casado celebraba que el Parlamento Europeo haya decidido enviar a sus emisarios para esclarecer esos 379 asesinatos terroristas sin resolver, una misión diplomática que finalmente se llevará a cabo en el segundo semestre de 2020. Así, Dolors Montserrat aseguró que “es fundamental conocer la verdad sobre los crímenes de ETA que están por resolver, y esta misión puede ayudar a ello. Siempre hemos reclamado verdad, justicia, memoria y dignidad para las víctimas de ETA”.
Nadie a esta hora sabe qué demonios pintará un grupo de europarlamentarios trajeados llegados a Vitoria desde muy lejos y que poco o nada sabrán del terrorismo vasco felizmente superado. Probablemente se reunirán con los jueces y mandos policiales que llevan años investigando los expedientes no resueltos por falta de pruebas, darán unos cálidos abrazos a las víctimas del zarpazo etarra, colocarán una corona de flores en un monolito en recuerdo a los caídos y con las mismas se volverán para Bruselas. Casado se habrá quedado muy satisfecho con esa visita, convencido de que se habrá anotado un triunfo total en su objetivo político prioritario a corto plazo, que consiste básicamente en que Vox no le adelante por la derecha. Qué más da lo que ocurra después en aquel pequeño paraíso infecto llamado Mar Menor. Mientras tanto, los peces seguirán agonizando, los murcianos seguirán echándose a las calles de Cartagena en inútiles manifestaciones y el conspicuo López Miras podrá seguir derramando lágrimas de cocodrilo sobre la playa fangosa y haciendo política basura ante un paisaje devastado por la estupidez de algunos.

TERRY JONES


(Publicado en Diario16 el 22 de enero de 2020)

¿Se acuerdan de él? Cómo olvidarlo, ¿verdad? Se llamaba Terry Jones e interpretó el papel de madre del antimesías Brian, una virgen nada virgen y muy casquivana y gruñona, en la inolvidable película de los Monty Python, aquella cinta mítica que explica en clave de parodia el nacimiento del cristianismo y que hoy, a buen seguro, no podría ser estrenada en los cines porque Vox le colocaría, como censura previa, uno de sus infames “pins” contra la libertad, la educación y la cultura.
A Jones le debemos diálogos antológicos, como cuando los Reyes Magos entran en el portal donde supuestamente ha nacido un mesías que no es tal y cayéndose de la silla les pregunta entre hosca y huraña: “¿Quiénes sois?”. “Somos los Reyes Magos”, responden ellos. Y la madre de Brian suelta: “¿Y qué hacéis dando vueltas alrededor de un pesebre a las dos de la mañana? ¡Pues menuda mierda de magia!”.
O aquella otra secuencia magistral en la que un seguidor y acólito del desesperado Brian entra en su casa y le dice:
−Perdone.
−¿Sí? –contesta ella.
−¿Es usted virgen?
−¿Cómo ha dicho? –se sorprende la enlutada anciana.
−Bueno, si no es demasiado personal, ¿es usted virgen? –insiste el buscador de respuestas.
A lo que la fascinante madre de Brian responde airadamente: “Si no es demasiado personal… ¡Caray con la preguntita del tío!”
El genial e irreverente Terry Jones, al que siempre recordaremos tocando el piano en pelotas (para escándalo de los hipócritas puritanos), fue codirector de los dos grandes éxitos de los Python: La vida de Brian y Los caballeros de la mesa cuadrada. Hoy nos ha dejado a la edad de 77 años, después de que en 2016 fuese diagnosticado de una afasia progresiva primaria, un tipo de demencia que le impedía hablar y comunicarse con normalidad, la peor pesadilla para cualquier humorista. Una enfermedad neurodegenerativa que provoca un deterioro progresivo del lenguaje debe ser el infierno para alguien que hace de la lengua afilada y viperina, la irreverencia total, el retorcimiento del diccionario y la sátira motores fundamentales de su existencia. Hundido en la depresión, desde que conoció el mal que le aquejaba ya no volvió a conceder entrevistas. Quizá de la mudez y el silencio del cómico se alegró más de un conservador ultrarreligioso…
El estreno de La vida de Brian (1979) supuso todo un terremoto y un escándalo para la gazmoña e hipócrita sociedad anglosajona. La película, tras su estreno en el Reino Unido, no llegó a exhibirse en Irlanda y Noruega, donde incluso se prohibió su estreno. Durante su pase en Suecia, se colgaron carteles que decían: “Esta película es tan divertida que la han prohibido en Noruega”. En su estreno en Estados Unidos, en 1979, estallaron manifestaciones de protesta, incluida la de una asociación de rabinos ultraortodoxos de Nueva York que se quejó de las supuestas blasfemias que allí se veían. Nada pudo con la grandeza de la cinta, demostrándose así que el fanatismo siempre acaba perdiendo la partida frente al talento. Las quejas de los ultras hicieron la película más grande y llegó a más de 600 salas en todo el país. Terry Jones manifestó que “no hubo ningún momento en que decidieran no hacer algo que pudiera parecer blasfemo”, aunque nunca estuvieron preocupados por cuestiones teológicas. Terry Gilliam comentó que a sus 16 años ya había leído dos veces la Biblia, “pero después decidí que la educación es mejor que la religión”. Ambos se burlaron de los absurdos beatos.
Hoy la desgracia y el dolor ya han dejado de atormentar al genio y seguro que en algún lugar, allá arriba −los cómicos tienen ganado el cielo y una butaca en primera fila para toda la eternidad por habernos hecho reír tantas veces y por habernos aliviado las penas y miserias de este mundo−, el bueno de Terry anda silbando y cantando aquello de Always look on the bright side of life (mira siempre el lado bueno de la vida), un mensaje humano y vitalista que deberían aplicarse todos esos amargados mojigatos y cínicos santurrones que nos han llovido de la noche a la mañana −como una surrealista maldición bíblica salida de una escena de La vida de Brian−, con el insufrible y estúpido nuevo moralismo ultraderechista que nos invade.

EL MACHISMO


(Publicado en Diario16 el 22 de enero de 2020)

Ya sabíamos que en Vox eran machistas. Ahora también sabemos que son misóginos. Lo ha dicho la diputada del partido por Almería en el Parlamento andaluz y portavoz adjunta, Luz Belinda Rodríguez, quien ha denunciado a sus compañeros varones por acoso laboral y espionaje antes de comunicarle al jefe, Santiago Abascal, su decisión de abandonar la formación ultra. Tras salir de Vox, la diputada almeriense ha acusado a algunos de sus ya excolaboradores de ser “misóginos de primer grado” y ha denunciado que, pese a su condición de portavoz del partido, la tenían “completamente al margen” de la toma de decisiones.
En cualquier caso, lo realmente llamativo de todo este asunto es la cuestión semántica, el hecho de que Rodríguez haya dicho que sus compañeros diputados son “misóginos”. Misóginos, no machistas. La diferencia de grado entre uno y otro término resulta fundamental y demuestra no solo con qué tipo de personas se ha estado relacionando todo este tiempo la dimitida Luz Belinda, sino el tipo de político cavernícola que ha desembarcado últimamente en la vida pública española para liquidar los fundamentos y principios básicos de la democracia.
Pero analicemos ambos conceptos. En el caso del machismo estamos hablando sobre todo de la actitud o manera de pensar de quien sostiene que el hombre es por naturaleza superior a la mujer. Es decir, el machista es un supremacista que trata de imponer un orden social, una jerarquía en función del sexo de los seres humanos. El machismo, y en consecuencia su materialización social en forma de patriarcado, tienen un objetivo político, económico y cultural al considerar que el poder en cualquier orden de la vida pertenece al varón porque así fue tradicionalmente, por los siglos de los siglos.
Sin embargo, la misoginia es un paso aún más allá en la gravedad, una peligrosa vuelta de tuerca (por no decir la pérdida de un tornillo), una cuestión casi psiquiátrica. El misógino por naturaleza (un machista que lleva su delirio enfermizo al extremo) entra en el terreno del cuadro clínico, de la fobia, del desorden casi freudiano. Sin duda, la misoginia consiste en una versión conductual todavía más agresiva y humillante que el machismo (lo cual ya es decir), puesto que, según la RAE, el misógino sufre una “aversión” a las mujeres. Y si buscamos sinónimos de la palabra aversión podemos encontrarnos términos tan terribles como antipatía, aborrecimiento, repulsión, repugnancia, hostilidad, ojeriza, prevención, oposición, rencor, inquina, tirria, manía, rabia, encono, animadversión y resentimiento. Todo eso es, ateniéndonos al estricto significado terminológico, lo que ha debido sentir en sus propias carnes, al relacionarse con sus compañeros de partido, la portavoz de Vox. En una palabra: odio puro y duro.
La misoginia es tan antigua como el ser humano. Ya existía en la mitología griega, tal como nos cuenta Hesíodo. La raza humana vivía una existencia pacífica antes de la llegada de las mujeres. Cuando Prometeo decide robar el fuego sagrado, Zeus enfurecido decide castigar a la humanidad con un “mal para su deleite”: Pandora, la primera mujer que cargaba aquella vasija, recipiente o caja que tenía terminantemente prohibido abrir. Epimeteo (hermano de Prometeo) abrumado por la belleza de la mujer, ignora las advertencias y se casa con ella. Pandora, al abrir el recipiente, desata los males del mundo: parto, enfermedad, vejez, y muerte. Es decir, la mujer como causante de todas las desgracias de la humanidad.
Más tarde, el cristianismo adoptó los mitos helenos y los adaptó a su santoral, recuperando la inspiración misógina. En El problemático ayudante, Katharine M. Rogers llega a asegurar que “el cristianismo es misógino” y enumera lo que afirma son ejemplos de misoginia en las Epístolas paulinas: “Las bases de la misoginia cristiana −su culpa por el sexo, su insistencia en el sometimiento femenino, su temor a la seducción femenina− están todas en las epístolas de San Pablo”.
El misógino de Vox denunciado por esa Luz Belinda que ha pasado una temporada en la oscuridad, bailando con lobos, sigue a rajatabla el manual judeo-cristiano patriarcal que nació con Hesíodo. Para él la mujer es sinónimo de maldad, de perversión, y por eso cree necesario controlar la educación de los escolares a edades tempranas, el famoso pin parental para que nadie le arrebate la futura hombría al niño ni el sometimiento forzoso a la niña.
Tras la baja de la portavoz adjunta (nunca mejor dicho lo de adjunta, ya que por encima de ella siempre habrá un director, varón por supuesto) el portavoz ultra en el Parlamento andaluz, Alejandro Hernández, ha salido al paso para justificar el turbio episodio. “Se ha ido un segundo antes de que fuera expulsada por el partido”, asegura. “Ni cualitativamente aportaba un trabajo importante ni cuantitativamente tampoco era una persona que destacara por su entrega, por su trabajo y por su dedicación al grupo parlamentario. Si a eso le añadimos que su calidad humana dejaba mucho que desear, no lo contemplamos como una pérdida importante”. Así despacha Vox a sus mujeres. Con desprecio, arrogancia y chulería. Con una buena dosis de misoginia, en fin.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA ESPAÑA DEL PARTIDO ÚNICO


(Publicado en Diario16 el 21 de enero de 2020)

Vox quiere abolir las formaciones políticas independentistas y que “devuelvan las subvenciones públicas que han recibido”. Ayer, su presidente, Santiago Abascal, presentó su delirante propuesta para modificar la Ley Orgánica 6/2002 de 27 de junio de partidos políticos. En el grupo de los “proscritos”, los líderes de la extrema derecha incluyen a ERC, JxCat y Bildu y de momento dejan fuera al PNV “porque ahora tiene la sartén del Gobierno agarrada por el mango”. Sin embargo, Abascal no descarta que los nacionalistas vascos “puedan estar dentro de esas categorías en el futuro, puesto que van cambiando de opinión”.
¿Pero cuándo un grupo político debe ser declarado ilegal? Según Vox, “cuando su actividad vulnere los principios democráticos, particularmente cuando con la misma persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático, así como cuando persiga deteriorar o destruir la soberanía nacional o la indisoluble unidad de la nación española”.
En realidad, Abascal no ha hecho otra cosa que describirse a sí mismo y describir la esencia del partido que dirige. Lo que persigue Vox, sin duda, es destruir el régimen de libertades que conquistamos en 1978, la democracia en definitiva, aunque se disfrace de partido constitucionalista. La trampa de Abascal no es nueva. En el siglo XX los líderes fascistas llegaron al poder desde dentro del sistema, enfundándose el traje de piel de cordero y haciéndose pasar por un partido democrático al uso. Luego, una vez usurpadas las instituciones, llegó el momento de imponer el programa totalitario de Gobierno, anulando el Estado de Derecho e implantando un sistema dictatorial donde uno toma las decisiones en nombre de todos, que es con lo que en realidad sueña Abascal.
La propuesta que Vox pretende llevar al Parlamento, según ha explicado el dirigente ultra, responde a la “progresiva degradación” de los partidos políticos y de sus funciones, a la que asistimos en los últimos tiempos porque algunos grupos “atentan directamente contra la unidad de España y el propio fundamento de la Constitución. Partidos que expresan en sus estatutos su voluntad de romper España y el orden constitucional y partidos que han incitado a la violencia, a la desobediencia a los tribunales y las leyes y que han propiciado ataques”. Abascal incluye también a las formaciones que han justificado el terrorismo de ETA, a los diputados que en lugar de acatar la Constitución “se han conjurado contra ella” y a los que, a pesar de eso, se les ha concedido el acta de diputados. “Nosotros proponemos límites claros para que los partidos sean herramientas de participación política y expresión del pluralismo político pero no un peligro para la unidad de España y la convivencia entre españoles”, ha explicado. Por supuesto, como el mesiánico Abascal se cree ungido con el poder de repartir carnés de buenos y malos españoles enemigos de la patria, implícitamente subyace también la idea de acabar con el socialismo, con el comunismo y con todo “ismo” que vaya contra los ideales ultraderechistas y reaccionarios. De hecho, ya ha iniciado una agresiva campaña para acusar a Pedro Sánchez de estar al frente de un “Gobierno ilegítimo”.
El problema es que, una vez más, le guste o no a Abascal, sus propuestas van directamente contra el espíritu de la Constitución, que garantiza el pluralismo político, es decir, la defensa democrática de todas las ideas, incluso las independentistas. Ahora bien, ¿cómo piensa el líder de Vox llevar a cabo su reforma constitucional unilateral para convertir las Cortes Española en una cámara uniforme donde todos sus diputados piensen de la misma manera, vistan igual y digan las mismas cosas, tal como ocurría con los procuradores franquistas durante los 40 años de dictadura? Evidentemente, a fecha de hoy no dispone de mayorías parlamentarias y tampoco del consenso necesario con las demás fuerzas políticas para acometer tan descabellado propósito, que supondría la liquidación del Estado de Derecho en España. Como tampoco puede, de momento, acometer la demolición del Estado de las Autonomías, segundo paso en el retorno a la España anterior a 1975.
Vox asegura que en su diana tiene a aquellos que “han incitado a la violencia, a la desobediencia a los tribunales y las leyes”. Y aquí cabría preguntarse si no es también incitar a la violencia propagar ideologías de odio contra el inmigrante, contra los homosexuales, contra las mujeres feministas y en general contra todos aquellos que no profesan el pensamiento único ultra. En esa línea, negar a los niños el derecho a una escuela pública de calidad donde se aborden cuestiones fundamentales como la educación en igualdad, tolerancia, respeto y el conocimiento de la sexualidad supone también un atentado en toda regla contra los principios fundamentales de nuestra Carta Magna.
A Vox se le llena la boca de constitucionalismo pero es claramente un partido inconstitucional. Siendo coherente y realista, Abascal también debería incluir a su proyecto político en esa lista negra. Porque su fin último no es otro que destruir la democracia. 

Viñeta: Iñaki y Frenchy

PIN PARENTAL Y CREACIONISMO


(Publicado en Diario16 el 17 de enero de 2020)

La democracia se construye desde abajo, en el colegio. Y a la inversa, la forma más fácil y eficaz de destruir la democracia es anular en los niños y niñas, desde bien temprano, todos los valores humanistas, éticos y políticos que defiende. En España tuvimos un buen ejemplo durante los cuarenta años de dictadura, cuando a los escolares se les adoctrinaba en los principios del dogma religioso y del Movimiento Nacional, entre rosario y padrenuestro, y se les obligaba a cantar el Cara al Sol, en pie y brazo en alto. Las noticias de esa forma totalitaria de educar al margen del pensamiento libre y de la razón han llegado hasta nosotros no solo por los libros y las hemerotecas: muchos mayores, auténticos portadores de la memoria histórica, aún viven para contarlo y explican a sus nietos las duras “lecciones” que recibieron del Régimen, la inútil lista de los Reyes Godos que aprendieron a fuerza de guantazos, el catecismo adoctrinador y la vida y milagros de José Antonio Primo de Rivera, una biografía que todo pupilo debía conocer y recitar “de pe a pa”.
Hoy Vox pretende volver a aquella educación represora y fascista. De hecho, ya ha empezado a introducir en las aulas de Murcia el “pin parental”, un terrible eufemismo que esconde la posibilidad de que los padres puedan sacar a los niños de aquellas clases donde se enseña, entre otras cosas, educación en igualdad de sexos. “Los padres saben mucho mejor que los profesores lo que es mejor para sus hijos”, ha asegurado el portavoz de la formación ultraderechista Iván Espinosa de los Monteros en una de las afirmaciones más disparatadas que se le recuerdan (lo cual ya es decir). Según el envarado y flemático diputado, hay que concluir que los padres lo saben todo y mucho mejor que los maestros, desde las técnicas pedagógicas más adecuadas y eficaces para transmitir conocimientos hasta cómo explicar la teoría de la relatividad a los alumnos. Bien por el señor Espinosa, en un momento se ha cargado la carrera de Magisterio.
En su inmadurez intelectual y sectarismo ideológico, el señor Espinosa de los Monteros ha llegado a la errónea conclusión de que el padre y la madre no solo son oráculos sabios, infalibles y todopoderosos capaces de enseñar todo el saber del universo a los chiquillos, sino una especie de tedioso policía, un Gran Hermano orwelliano y sobreprotector siempre vigilante y atento para que las ideas feminazis y la filosofía del “consenso progre” no calen en las mentes puras e inocentes de los niños y niñas, contaminándolas sin remedio. En el fondo, de lo que estamos hablando aquí es de un hombre con miedo, miedo a las ideas humanistas, miedo a la ciencia, miedo a la verdad. Espinosa de los Monteros es como uno de esos frailunos amish norteamericanos con levita negra y sombrero de paja que sueñan con recluir a los niños en un apartado poblado en el desierto para que no entren en contacto con el mundo exterior, con una sociedad depravada llena de pobres, negros, homosexuales y mujeres liberadas, con una realidad siempre dura y difícil de digerir.
El portavoz de Vox, en su delirio freudiano neototalitario y ultrarreligioso, es como uno de aquellos monjes medievales e inquietantes de El nombre de la rosa que andaban todo el rato escondiendo los libros considerados peligrosos o pecaminosos, no fueran a corromper el alma de los fieles cristianos. O como uno de aquellos personajes de El Bosque, la magnífica película de M. Night Shyamalan en la que los miembros de una hermética comunidad aislada de la civilización viven como en el siglo XIII, aterrorizados por unos seres extraños que supuestamente habitan al otro lado de la valla (la ultraderecha siempre con sus muros) y que para salvarse deben cumplir escrupulosamente ciertas reglas estrictas, entre ellas no salir al mundo real, evitar el contacto con “los otros” y repudiar el color rojo porque atrae a las bestias. Como se sabe, al final de la película (y perdón por el necesario spoiler) no había monstruos feroces acechando, salvo aquellos que eran capaces de inventarse en sus mentes retorcidas los líderes de la secta, que es lo que a fin de cuentas es Vox, más que un partido político.
El miedo es el combustible más potente con que cuenta la ultraderecha de nuevo cuño. Un partido ultra será más eficaz y exitoso en sus fines políticos cuanto más y mejor sepa agitar el fantasma del miedo y propagarlo entre sus acólitos y en general entre la sociedad. Miedo a los libros perniciosos escritos por rojos descreídos que van contra la fe de Dios; miedo a las ideas democráticas que nacieron en la Ilustración, en el Siglo de las Luces, y que hablan de libertad, igualdad y fraternidad; miedo a esos maestros comunistas con rabo y cuernos (otra vez el inventado espantajo) que son capaces de todo, incluso de arrojar un poco de luz en las tinieblas de la superchería, la ignorancia y la barbarie; y miedo, en definitiva, a que los inocentes niños y niñas puedan salir de esa granja rodeada de alambre de espino y aislada de todo, tal como ocurría con los enigmáticos y atormentados personajes de El Bosque.
Espinosa de los Monteros, como la mayoría de sus compañeros de partido, no es un político al uso. Es un moralista estricto y prusiano, un mojigato que puede hacer mucho daño a la democracia porque se empieza por esa estupidez del pin parental contra las clases de igualdad y se termina enseñando que el ser humano desciende de Adán y Eva y no de una australopiteco peluda y con las mamas al aire de nombre Lucy. En Espinosa de los Monteros, como en el resto de sus compañeros de partido, no hay que buscar solo a un diputado, sino a un atrabiliario censor de la educación pública y democrática, a un inquisidor temeroso de que los escolares conozcan las verdades del mundo sin tapujos, verdades como que la mujer no está sometida al poder del macho, verdades como que los seres humanos no practican una única sexualidad hetero, verdades incómodas como que en el principio no fue el Verbo (¡cómo iba a ser el verbo si no había sustantivo!) sino un estallido fugaz de materia y tiempo que puso en hora el reloj de este enloquecido Universo en el que andamos metidos. Hoy es el pin parental, mañana el creacionismo como asignatura obligatoria. Y así es como se forjan generaciones enteras de niños estúpidos, pacatos, ciegos e ignorantes sometidos al oscurantismo religioso que, tal como ocurría en el Edad Media, vivirán engañados en una burbuja repleta de fanatismos, dogmas absurdos y falsas creencias. Sobreprotegidos, adoctrinados y programados, carentes de toda libertad. Como en la peli del indio genial.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

CAZA DE BRUJAS


(Publicado en Diario16 el 16 de enero de 2020)

Tal como avanzó Diario16 el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) no se ha opuesto al nombramiento de Dolores Delgado como fiscal general del Estado. El Pleno del máximo órgano de Gobierno de los jueces y magistrados ha avalado este jueves un dictamen en el que concluye que la ex ministra de Justicia cumple con los requisitos legales para ocupar su puesto. La votación ha arrojado un resultado claro y rotunda, casi por goleada: 12 vocales han apoyado a Delgado y 7 han votado en su contra.
Al final no hubo “sorpresas esperadas”, como ya publicó Manuel Domínguez Moreno en su exclusiva información del pasado día 15, donde avanzó que “teniendo en cuenta la importancia de la figura de la nueva fiscal general del Estado, no se esperan sorpresas ni que el órgano rector de los jueces se oponga al nombramiento. Lo contrario sería una verdadera contradicción con la democracia y la propia justicia”.
Y así fue. La votación ha sido dura en el fondo pero respetuosa en las formas, según fuentes judiciales, aunque al final se ha impuesto la cordura, como no podía ser de otra manera. Tras cuarenta años de democracia, en los que siempre se ha seguido el mismo procedimiento establecido en la Constitución y en las leyes y reglamentos, el ‘caso Delgado’ no tenía nada de especial. Estamos ante una mujer de amplia trayectoria y competencia profesional que cumplía con todos los requisitos legales para acceder a la jefatura de la Fiscalía General del Estado. Solo una feroz campaña en su contra puesta en marcha por las derechas –en el colmo del disparate Vox llegó a anunciar una querella por prevaricación contra Pedro Sánchez por esta designación– ha logrado convertir lo que era una cuestión rutinaria en algo trascendental que amenazaba la estabilidad del país. Nada más lejos.
El último montaje político urdido por Pablo Casado ha superado todos los límites del esperpento. Tratar de vender que esto era un grave atentado a la separación de poderes y al Estado de Derecho, o poco menos que un golpe a las instituciones y a la democracia, era sencillamente un descabellado despropósito. Mucho más porque en el pasado reciente hay ejemplos abundantes de que el PP también manipuló a su placer y antojo a la Fiscalía cuando lo necesitó para hacer valer sus objetivos políticos. Sin embargo, aunque el mensaje de Casado era burdo, había logrado calar en el estamento judicial. El bloque de magistrados conservadores, influido por la estrategia de la crispación de los partidos de la derecha, había llegado a asumir la campaña contra Delgado como propia y decidió llevarla a la reunión de ayer, que dicho sea de paso se antojaba tan innecesaria como fuera de todo sentido. No obstante, al final se ha impuesto la moderación y la racionalidad, dos cualidades que deberían alumbrar siempre las decisiones de los magistrados de nuestro Poder Judicial pero que en ocasiones se aparcan para clonar las guerras de trincheras, a vida o muerte, que se declaran los partidos políticos. Afortunadamente, aún queda cordura entre nuestros eminentes togados. Otra cosa es la caída libre en la que parece haber entrado el Partido Popular, que ayer conoció sus malos resultados demoscópicos según la última encuesta del CIS. El PSOE aumenta a ocho puntos su diferencia sobre los populares y eso que con la lógica en la mano los socialistas deberían acusar el desgaste por la negociación con ERC. Alguna influencia en esos datos nefastos del CIS tendrá la estrategia de giro a la derecha y de generar crispación en cualquier asunto de Estado que ha emprendido Casado en los últimos tiempos. Pero esa es otra historia que merecerá un análisis aparte.
En cualquier caso, el voto especial de los magistrados conservadores más reacios del CGPJ, cuyo contenido se conocerá en las próximas horas, ha dejado constancia, injustamente, de que Delgado no es una profesional “idónea” para desempeñar el cargo de fiscal general del Estado. Y ello nos lleva de nuevo, inevitablemente, a la urgente necesidad de reformar cuantas leyes sean necesarias, incluida la Constitución si es preciso, para desterrar la infame politización en la que ha caído nuestra Administración de Justicia, mayormente en los órganos superiores como el Tribunal Supremo o el Tribunal Constitucional.
No se puede decir que la votación de ayer, un auténtico auto de fe judicial contra Dolores Delgado, no tuviera su suspense. El máximo órgano de Gobierno de los jueces tardó algo más de una hora en estudiar la propuesta de su presidente, Carlos Lesmes, que pese a salir adelante ha evidenciado una evidente fractura en el seno de este órgano, según informa Europa Press. Fuentes presentes en el debate han filtrado que el tono de la deliberación no ha sido “demasiado agrio,” pero sí ha evidenciado que los vocales del denominado sector conservador mantienen en bloque −aunque unos hayan votado a favor y otros en contra− una postura “muy crítica” con la decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de apostar por la ex ministra de Justicia.
Más allá de la deliberación, el informe que se emitirá, pese a que posee un carácter preceptivo, no es vinculante. En el Pleno de ayer no estuvieron presentes los 20 vocales que integran este órgano junto con Lesmes, ya que fallaron Wencesalo Francisco Olea y Vicente Guilarte, pertenecientes al sector conservador. Además, la vocal Pilar Sepúlveda, a propuesta del PSOE, y cuya presencia no estaba prevista por razones de salud, finalmente intervino por videoconferencia.
Para evitar fracturar aún más el órgano de Gobierno del Poder Judicial, Lesmes decidió omitir la mención a la “idoneidad” de Delgado, “en aras a lograr el mayor consenso posible entre los vocales con independencia de que, pese a votar su propuesta, luego puedan manifestar su discrepancia en un voto particular”, tal como ocurrió finalmente, cuando algunos de los magistrados pusieron en duda esa idoneidad de Delgado.
La propuesta de Lesmes se limita a concluir que, a la vista de la documentación remitida al órgano de gobierno de los jueces, “se cumplen en la candidata referida los requisitos exigidos por la legislación invocada”, que consisten en ser jurista española de reconocido prestigio con más de 15 años de ejercicio efectivo de su profesión. Todo legal y más que legal. De modo que el temido huracán judicial quedó en brisilla marina. Y el montaje de Casado en otro azucarillo que se disuelve sin fuerza.


Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL BLOQUEO


(Publicado en Diario16 el 16 de enero de 2020)

El PP ha echado el cerrojo a las altas magistraturas constitucionales al negarse a llegar a cualquier tipo de acuerdo con el PSOE para renovar los altos cargos en organismos cruciales para el buen funcionamiento del Estado como el Consejo General del Poder Judicial, el Defensor del Pueblo, el Tribunal Constitucional o RTVE. De esta manera, al bloqueo político que ha tenido al país agónicamente paralizado durante meses se une ahora la falta de sentido de Estado de un partido, el PP, que ha iniciado una deriva ultra probablemente sin retorno.
Pablo Casado es ese líder político al que se le llena la boca de patriotismo y sacrificios por el bien de España, pero cuando Pedro Sánchez le tiende la mano para renovar los órganos constitucionales se cierra en banda y se aferra, como un niño pequeño en medio de una pataleta sin sentido, al miedo que le produce el famoso Gobierno de coalición de “bolivarianos, separatistas y proetarras” que solo está en su cabeza. En realidad, el problema es que el supuesto patriotismo de Casado y su sentido de Estado terminan donde empiezan sus intereses partidistas y sus cálculos electorales a medio y largo plazo (ya no mueve un solo dedo sin mirar antes cómo van las encuestas y si Vox sube o baja).
La actitud irresponsable del PP en este asunto es especialmente grave, ya que España no puede echar a andar ni acometer las reformas necesarias si no se renuevan antes los cargos constitucionales que llevan años prorrogados, incumpliéndose los plazos que marca la ley. Y para hacerlo hace falta el consenso de los dos principales partidos, es decir, populares y socialistas. Así lo idearon los padres de la Constitución del 78 con el fin de afianzar el bipartidismo, solo que ahora, fragmentado el Parlamento en múltiples formaciones y grupos políticos, el modelo de renovación ha entrado en crisis como otras muchas cosas en nuestro país.
La necesaria renovación requiere mayorías parlamentarias cualificadas que no alcanzan los grupos que han apoyado al nuevo Ejecutivo de coalición PSOE-Podemos, ni siquiera sumando a todos los aliados independentistas, nacionalistas y regionalistas. De manera que el PP, con sus 88 diputados, tiene la llave para los nombramientos pendientes. El problema es que el colapso institucional es tan grave que ni siquiera en el caso de que PSOE y PP llegaran a un hipotético acuerdo sumarían los 210 escaños requeridos (la mayoría de tres quintos establecida por la Carta Magna) para desbloquear la situación y pactar los nombres. Solo suman 208, de forma que Sánchez necesitaría apoyarse en las formaciones minoritarias.
Así las cosas, el PP se ha guardado la famosa llave en el bolsillo, o mejor dicho, la ha tirado al mar, haciendo valer esa extraña concepción que tiene de la política y que consiste en que si no gana se rompe la baraja. Que es tanto como decir que si no ostenta el poder se le echa el candado a España y a otra cosa.
En cualquier caso, parece obvio que Sánchez tendrá que llamar a Pablo Casado en algún momento si quiere desbloquear la situación. En el Partido Popular dicen que no hay ninguna prisa y que estarán a verlas venir (como si el país pudiera esperar para acometer las reformas de calado).
Y mientras el PP juega al gato y el ratón con el futuro de los españoles, la situación es de quiebra institucional. El Consejo General del Poder Judicial tiene a sus 20 miembros prorrogados desde diciembre de 2018. A su vez, en el Tribunal Constitucional hay cuatro magistrados que hace tiempo han terminado su mandato y que requieren la misma mayoría parlamentaria cualificada para ser relevados. Ni que decir tiene que al PP no le interesa mover ficha en ninguna de las dos altas magistraturas judiciales. Le viene bien la parálisis, ya que con la actual composición controla la Justicia y el destino de los recursos que vayan llegando, por ejemplo, al Constitucional, donde la proporción entre los magistrados conservadores y progresistas es en la actualidad de siete a cinco, es decir, mayoría popular.
Por otro lado, sigue pendiente desde julio de 2017 la elección de un nuevo Defensor del Pueblo. Soledad Becerril, del PP, acabó su mandato en aquellas fechas y ocupó su puesto el socialista Francisco Fernández Marugán, que lleva en funciones dos años y medio. Similar es la situación en Radio Televisión Española, donde Rosa María Mateo hace ya tiempo que anunció que presentaría su dimisión como administradora en cuanto se configurara un Gobierno. Pero tampoco parece que el acuerdo PSOE-PP para nombrar a un nuevo Consejo de Administración y a un nuevo director general esté cercano en el tiempo.
Ayer, Pedro Sánchez tendió la mano al PP para acometer la renovación pendiente de todos estos órganos constitucionales, nervios vitales para el funcionamiento del cuerpo del Estado. “Nuestro principal objetivo es recuperar el normal funcionamiento de estas instituciones fundamentales para el correcto discurrir de nuestra democracia”, aseguró el presidente. A lo que añadió: “En eso tenderé la mano a la oposición”.
La respuesta del PP ante un llamamiento tan grave produce estupor. La portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, se limitó a decir que “no hay posibilidad de acuerdo” con el PSOE para proceder a la renovación de los órganos institucionales. “El PP no va a ser cómplice del control del Poder Judicial” que, a su juicio, pretende lograr el Ejecutivo de coalición para “desjudicializar” el problema de Cataluña. “Sánchez siempre ha sido el bloqueador. ¿Cómo ha salido de lo que él llamaba el bloqueo? A costa de España, pactando con separatistas y filoterroristas”, enfatiza. Cayetana en su papel de destroyer. Sin comentarios.

Viñeta: Iñaki y Frenchy