jueves, 30 de marzo de 2023

LA MATERNIDAD SUBCONTRATADA

(Publicado en Diario16 el 30 de marzo de 2023)

El bebé de Ana Obregón, nacido de un vientre de alquiler, ha abierto un agrio debate en la política y la sociedad española. El asunto no estaba en la agenda del Congreso de los Diputados y a muchos parlamentarios les ha cogido con el pie cambiado. La mayoría ni siquiera sabía qué era eso de la gestación subrogada (subcontrata para la compraventa de niños, podría llamarse más acertadamente) y ahora se les ve leyendo artículos y libros sobre el tema, a toda prisa, aceleradamente, para ponerse al día y responder a las preguntas de los periodistas que los asaltan en la M30 del Congreso para pedirles un titular. Un claro ejemplo de que la realidad siempre va por delante de la política.

En general reina la confusión, la indefinición calculada y la incoherencia sobre el asunto, pero unos partidos lo tienen más claro que otros. La izquierda, una vez más, está dando ejemplo de congruencia. Tanto PSOE como Unidas Podemos, además de los grupos minoritarios periféricos, llevan hablando de este problema desde hace tiempo y reclaman que nuestro país siga manteniendo la prohibición de gestar niños mediante este sistema, no solo porque supone una cosificación de la mujer, que acaba convirtiéndose en mera máquina de parir, sino porque degrada el concepto mismo de maternidad, mercantilizándolo y reduciéndolo a una actividad económica más. Aquí socialistas y morados coinciden en lo esencial, no como en el asunto del sexo trans, donde las feministas de uno y otro partido mantienen una enconada batalla ideológica.

Menos afinada es la posición de las derechas. Ciudadanos, por ejemplo, se ha autoproclamado como el adalid de la sustitución de úteros, aunque con matices. “En el sistema que defiende Cs no se alquila ningún vientre. Es una gestación subrogada que se plantea de una forma altruista, que no es mediante precio”, recuerda Edmundo Bal. Vox, por su parte, rechaza esta práctica y aboga por seguir con la ilegalización total. Por lo visto en esto los trumpistas son más nacionalcatolicistas que los populares, y no admiten ninguna creación humana que no sea la que instauraron Adán y Eva en el paraíso terrenal.

Pero sin duda es el PP el partido que se está mostrando más ambiguo y remiso a la hora de fijar posición ideológica. Quizá porque entre sus propias filas hay detractores y partidarios de los vientres de alquiler. Isabel Díaz Ayuso, por ejemplo, es tolerante con que una mujer o un hombre pueda adquirir un bebé, previo pago, sin demasiadas trabas. No podía ser de otra manera tratándose de una ácrata libertaria de manual. “El enfermero que habitualmente me hace las PCR tiene un hijo por gestación subrogada y es precioso. No puedo pensar que estos niños son un fracaso”, llegó a decir en plena pandemia. Habría que preguntarle ahora, porque esta mujer cambia de opinión como de chaqueta. Hoy está con las curanderas y telepredicadoras de Usera, mañana reniega de ellas. Hoy va de la mano de Vox, mañana rompe con los ultras. Y todo así. Mientras tanto Feijóo aboga por abrir un debate sobre el problema, pero cree que ahora “no es el momento”. Pareciera que el jefe de la oposición está pensando en regular los vientres de alquiler, algo que Yolanda Díaz ha tardado cinco minutos en afearle por laxo y tolerante: “Es otro error histórico”. De Cuca Gamarra qué se puede decir. Se ha visto desbordaba por un asunto que ni domina ni quiere poner encima de la mesa. Está claro que el PP ya está en campaña (en realidad lleva así cuatro años) y no quiere perjudicarse nichos o graneros de votos. Bien mirado, solo una persona rica puede pagarse un vientre de alquiler y no es cuestión de enemistarse con las señoronas de la biuti elitista, que se van de shopping mundial a la caza del bebé chollo y a juego con el bolso. Así que Gamarra está mareando la perdiz para no romper ningún plato en un momento delicado de precampaña.

Y a todo esto, ¿qué opinan los obispos siempre tan movilizados cuando se trata de hacer activismo contra el aborto? A fin de cuentas esto de la gestación subrogada no deja de ser un intercambio de bebés por pasta. Pues, aunque parezca mentira, la Conferencia Episcopal Española coincide en esta ocasión con las izquierdas. La curia es claramente abolicionista del vientre de alquiler. ¿Quiere eso decir que la CEE se está podemizando? Para nada, pero no les quedaba otra que mostrarse públicamente en contra de ese mercadillo negro de la maternidad que permite pagar 170.000 euros a una mujer para que tenga un niño por encargo. El obispo de Alicante, José Ignacio Munilla, no se ha andado con remilgos a la hora de darle un tirón de orejas a los populares por plantearse siquiera regular la gestación subrogada. Y monseñor José María Gil Tamayo zanja la cuestión: “Un hijo no es un derecho, ni es un deseo. Es un don. Los niños y las mujeres no tienen precio. La maternidad subrogada constituye una explotación de la mujer, y del niño, que se convierte en un objeto de consumo, con una clara mercantilización en todos los casos, sea mediante dinero o por donación”. Sea como fuere, en Génova hay preocupación por un asunto con el que no contaba y que se ha colado de lleno en la agenda política española. No está siendo una buena semana para el siempre bien sellado concordato nacionalcatolicista PP/Vaticano. Primero una telepredicadora evangelista haciendo de telonera de Feijóo y ahora esto. Cualquier día le montan al gallego una manifestación provida en Colón.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL BEBÉ DE ANA

(Publicado en Diario16 el 30 de marzo de 2023)

Cuentan que cuando Francisco Umbral perdió a su hijo de seis años, Pincho, dejó de ser él mismo para convertirse en un personaje descreído de Dios, frío con el mundo y despiadado con sus enemigos políticos. Nadie supera la muerte de la carne de su carne. Tampoco Ana Obregón, que tras el fallecimiento de su hijo Aless ha decidido encargar un bebé por vientre de alquiler. “He vuelto a vivir. Ya nunca volveré a estar sola”, se felicita en Instagram. Los psicólogos creen que es un caso clínico evidente de duelo no superado, de hasta dónde puede llegar la desesperación de una persona a la que se le derrumba la vida de repente. La prensa se divide entre quienes la señalan como una perfecta egoísta que se ha comprado un niño a tocateja y quienes se muestran comprensivos con su situación crítica emocional. Y los políticos, metidos en campaña electoral, tampoco han dejado pasar el filón. Unos hablan de degeneración humana y de peligroso paso hacia la distopía del cuento de la criada; otros (mayormente Ciudadanos) de derecho a satisfacer el legítimo deseo de maternidad por cualquier medio. El debate ético está servido.

Todo lo que rodea al bebé de la Obregón despide un fuerte tufo a amarillismo, a circo y a deshumanización propia de los tiempos de posmodernidad que nos ha tocado vivir. Desde esa portada amañada en la revista ¡Hola! (en la que se capta el instante preciso en el que la vedete sale de la clínica de Miami en silla de ruedas, la niña entre sus brazos, como una recién parida), hasta las tertulias destroyer de los programas rosa (y también los más serios), donde entran a saco en el tema, crudamente, a degüello. La historia contiene los ingredientes básicos para que se hable de ella, durante semanas, en la peluquería o en el bar. Hay famoseo, cotilleo, morbo. Todo quisqui se permite juzgar a la actriz que más filias y fobias, simpatías y odios, ha despertado en los últimos años. Salen moralistas hasta debajo de las piedras, gente que no sabe lo que es el desgarro de perder lo más querido que hay en esta vida. “Vengo de echar sobre unos ojos un puñado de nada”, cantó Miguel Hernández al hijo muerto.

Si la bióloga que llegó a Hollywood era carnaza de meme para las redes sociales, lo de ahora puede ser el acabose. Da igual que estemos hablando de un asunto sagrado como el de la maternidad. Todos banalizan la historia, empezando por la propia protagonista, que ha convertido su tragedia personal en el exclusivón del siglo. Pocas cosas más cursis se han escrito como ese reportaje donde se sugiere que la recién nacida le ha devuelto a la Obregón la alegría de vivir, “lo impensable, lo imposible, la vida 2.0, el giro de 180 grados, la llave de judo a la fatalidad”.

Sin embargo, más allá del pitorreo nacional, del despelleje a la celebrity, costumbre tan española, nos encontramos ante un auténtico problema social que urge una regulación urgente. Mil familias españolas al año recurren al vientre de alquiler. Famosos de todo el mundo tienen descendencia mediante este sistema. Ya son legión, una larga lista en la que figuran Ricky Martin, Kim Kardashian y Cristiano Ronaldo. En USA una madre de alquiler puede embolsarse la friolera de 170.000 dólares por prestar su útero a otras personas. Un bombo y a vivir. La jet impone la moda de la nueva maternidad subrogada a golpe de talonario. La maternidad por encargo, como si el feto fuese un paquete de Amazon con lazo rojo. La maternidad como negocio, el de unas señoras que se hacen autónomas y emprendedoras del óvulo. Si esa gente de los fondos buitre que controla el mercado del alquiler en España pone sus ojos en este otro arrendamiento mucho más crudo, es solo cuestión de tiempo que terminen montando una agencia de madres rentistas. Subrogación en serie y en cadena. Multinacionales de la cosa. Irene Montero advierte de que asistimos a una nueva trama de violencia de género y puede que esta vez no ande muy desencaminada la ministra. Violencia y tráfico ilegal de niños, habría que añadir.

O regulamos esto ya, mañana mismo, o el mercado negro que prolifere en la clandestinidad, la economía sumergida de la maternidad subcontratada, puede ser de lo más sórdido que se haya visto nunca. Fetos controlados por tipos de alto interés, renting de placenta y trompas de Falopio, inversión en esperma y embarazos a plazos o con euríbor fijo o variable (no demos ideas a la banca). De ahí al universo Blade Runner, donde cada órgano humano tiene un precio en el mercado de la biotecnología y las grandes corporaciones, hay solo un paso.

Los defensores de esta práctica alegan que está la otra subrogación, la subrogación llamada “altruista” por la que una mujer, generalmente una familiar o amiga, acuerda traer un niño al mundo para una pareja que no puede tener hijos. Ahí supuestamente no habría lucro para nadie, pero los líos consanguíneos que se pueden montar pueden ser de dos pares de ovarios, nunca mejor dicho. Madres inseminadas por hijos, hermanas dando a luz a hermanos, la endogamia familiar como PYME. Un movidón, un auténtico sindiós que deja a ese pillo que acude al Registro Civil para cambiarse de sexo y poder competir como mujer en unas Olimpíadas a la altura de simple anécdota.

El problema del vientre de alquiler plantea debates biológicos, éticos, religiosos, sociales y filosóficos. Pero algunos de nuestros políticos, una vez más, no están a la altura de debates tan intelectuales. Tras conocer el caso Obregón, Cuca Gamarra se ha limitado a decir: “Tema complejo que merece debate profundo y sereno” (no sabía por dónde salir y soltó la primera chorrada que se le vino a la cabeza). Y el alcalde Almeida, entre sonrisillas nerviosas y poniendo cara de marujo, le pregunta al reportero: “¿Pero ha tenido una hija en Miami? Ahhh…” Estos son capaces de pedirle consejo a la telepredicadora de Usera.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

ALBERTO NÚÑEZ MACRON


(Publicado en Diario16 el 29 de marzo de 2023)

Del programa político del Partido Popular se sabe poco. No suelen hablar de eso (creen que a los españoles no les interesa un debate serio con cifras y propuestas) y se dedican más al populismo barato, a la propaganda y al eslogan facilón del “Sánchez traidor”. Prueba de lo que decimos es el bochornoso espectáculo trumpista que dieron el pasado fin de semana, cuando subieron a una telepredicadora al escenario para que soltara un sermón sobre Dios, la fe y el poder curativo de la imposición de manos. Sin embargo, de vez en cuando, casi de forma inconsciente, se les escapa alguna que otra perla sobre lo que piensan hacer con España cuando lleguen al poder (si es que llegan) y es entonces cuando se les airean todas las vergüenzas. Le ha ocurrido a Núñez Feijóo hace un par de días.

El líder del PP ve con buenos ojos el modelo de pensiones impuesto por Macron en Francia, el que apuesta por no actualizar las pensiones con arreglo al IPC, aumentar los años de cotización y elevar la edad de jubilación. Y no lo ha dicho en su pueblo, durante un pícnic dominguero, sino en Bruselas durante una reunión del PP europeo. “Macron está haciendo exactamente lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno español, y seguro que uno de los dos se equivoca. Me da la sensación de que nos estamos equivocando aplazando un debate que es imprescindible para crear empleo”, dijo el gallego. Por fin sabemos lo que quiere hacer el jefe de la oposición con un asunto crucial como el futuro de las pensiones que deben garantizar nuestra vejez una vez nos jubilemos. Ya podemos ir preparando el kit de guerra, la pancarta, la bandera, el silbato, el altavoz, el chaleco amarillo y el casco antipelotas de goma para defender nuestros derechos en el caso de que esta gente llegue a gobernar en su día con la muleta de Vox.

Si el modelo de pensiones que le gusta a Feijóo es el de Macron apaga y vámonos. Estamos acabados, perdidos, caput. Los franceses le han visto las orejas al lobo (y las tijeras de los recortes al Gobierno) y no han tardado ni cinco minutos en echarse a la calle para defender sus derechos. Hoy arde París, que se encuentra al borde del estallido social. Han vuelto las barricadas, el cóctel molotov y las refriegas contra los antidisturbios. Hasta le han metido fuego a la puerta del Ayuntamiento de Burdeos. Imágenes duras que nos devuelven a tiempos pretéritos, cuando las clases trabajadoras tenían que pelear en las huelgas lo que el patrón les robaba en las fábricas. Feijóo, que seguramente no ha leído a Marx ni la historia del movimiento obrero, no es consciente de las cosas que dice alegre e irresponsablemente para salir del paso, como mejor puede, en una rueda de prensa donde los periodistas lo atornillan preguntándole de todo un poco (hoy le han preguntado por la gestación subrogada y ha escurrido el bulto). Lo primero que debe saber el aprendiz de estadista es que sin paz social no hay economía, ni la necesaria calma para los mercados, ni Gobierno estable ni nada. Eso lo interiorizó enseguida Pedro Sánchez, cuyo mérito ha sido poner las condiciones necesarias para avanzar en el diálogo sindical (siempre bien asesorado por una gran conocedora del mundo laboral como es Yolanda Díaz).

Parece un milagro que con la que ha caído, con una pandemia que arruinó nuestra economía, con una guerra que ha disparado la factura energética y la inflación, el proletariado no se haya levantado en armas. Todos los presidentes del Gobierno de la democracia, en coyunturas económicas mucho más favorables, se han enfrentado a una o más huelgas generales: Felipe González (4), José María Aznar (2), José Luis Rodríguez Zapatero (1) y Mariano Rajoy (2). En el haber de Sánchez hay que apuntar que haya conseguido apaciguar a los sindicatos cuando las tripas crujían. Medidas como la renta básica, la reforma laboral, los ERTE, las diferentes subidas del salario mínimo interprofesional y otras han contribuido a esa ansiada paz social que Feijóo, incluso antes de llegar a la Moncloa, ya ha roto con su admiración por un hombre como Macron que como latin lover en plan Belmondo tiene un pase, pero cuyas políticas antisociales no se sostienen. El premier francés pasará a la historia como el hombre que abrió la puerta a la extrema derecha, a los Le Pen y compañía, consumando la gran tragedia europea de ver cómo los fascistas vuelven a tomar París, esta vez desde dentro del sistema y sin pegar un solo tiro.  

En España hay nueve millones de pensionistas que tienen motivos para estar preocupados y otros tantos millones de trabajadores en activo todavía más angustiados porque temen que cuando el dúo PP/Vox llegue al poder les va a quedar una pensión de broma. De nada nos sirve que Borja Sémper salga a poner paños calientes a las declaraciones del jefe que causan gran alarma social en la ciudadanía. El portavoz de campaña ha matizado diciendo que Feijóo no defiende el modelo concreto de pensiones de Macron, sino que se ha limitado a hacer un “diagnóstico solvente y serio” sobre este asunto frente a la “patada hacia adelante” de Sánchez, que según él supone un despilfarro y pone en riesgo la estabilidad presupuestaria. Hay que tener la cara de cemento armado para decir que mejorar las pensiones amenaza la economía o que subir el salario mínimo interprofesional genera paro. Lo dicho: cuando lleguen estos habrá que desempolvar la bandera roja y el disco rayado de La Internacional. Y a las barricadas, camaradas.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL CISMA DE LA IZQUIERDA


(Publicado en Diario16 el 29 de marzo de 2023)

El cisma entre Podemos y Sumar está servido. A mes y medio para que dé comienzo la campaña electoral, morados y partidarios de Yolanda Díaz no se han puesto de acuerdo no solo en un programa común, sino en el paso previo y esencial: decidir si concurren juntos o por separado a los comicios de mayo. A día de hoy solo se puede decir que las posiciones están encontradas. Hay desconfianza mutua, rencillas, asuntos pendientes. Demasiadas cuitas personales y profesionales que dirimir. Si solo estuviese en juego el futuro de unos cuantos ministros y cargos institucionales podríamos tomarnos todo esto a broma. Cosas de críos. La muchachada roja siempre matándose cainitamente. Pero lo que se está dirimiendo aquí, es más, mucho más. Mayormente el futuro de la izquierda española, hacia dónde va este país en las próximas décadas, el destino de todos nosotros.

Ellos tan tranquilos y el votante progresista preocupado porque a pocas fechas para que se pongan las urnas sigue huérfano de partido y sin saber a quién va a votar. Sería berlanguiano si no fuese tan trágico. La izquierda real, la izquierda a la izquierda del PSOE, las confluencias, las mareas o como quiera que se llame al movimiento que salió del 15M, está jugando con fuego. Han pasado del “sí se puede”, que sonaba con fuerza en toda España en 2011, al “si se puede…” de hoy, cuando por fin se han dado cuenta de que gobernar era mucho más complicado de lo que parecía. Más de una década de lucha política se resume en esa simple tilde que lo dice todo. De la utopía irrenunciable a la duda y la incertidumbre. Del dogma ideológico innegociable al pragmatismo. Del asalto a los cielos a un puñado de ministerios donde han hecho lo que han podido, que ha sido mucho más de lo que cabía esperar. Por desgracia, todos lo veíamos venir menos ellos. Se han topado con un bipartidismo todavía arraigado, poderes fácticos poderosísimos, la patronal siempre a la contra, la banca y el Íbex 35 que tienen la sartén por el mango, los jueces falangistas que torpedean las leyes, el aliento del Ejército en el cogote, Bruselas, Bilderberg, Davos, el FMI y la puñetera madre del capitalismo globalizador.

Pese a todo, el balance en coalición con el PSOE ha sido más que positivo. Nadie daba un duro por que ese Consejo de Ministros durara más de dos meses. Es cierto que Unidas Podemos ha tenido que transitar desde la utopía a la realidad en una odisea tan vertiginosa como formidable. Y ahora todo ese trabajo hecho con decencia y esfuerzo puede saltar por los aires por una cuestión de placas en los despachos, de sillones, de carguetes. El votante no entenderá que no haya acuerdo. Cundirá la desafección, la desmovilización, el coqueteo con otras opciones en las antípodas políticas de la izquierda pero que saben jugar sus bazas y atraerse al electorado descontento con el falso patriotismo y los bulos y mentiras de siempre. Ya lo dijo Rufián: hay demasiado ratón votando a gatos. Muchos indignados que están pasando de la esperanza fallida en la izquierda al populismo barato de toda la vida. Gente que ante los bajos salarios, la inflación, la falta de vivienda digna o de una Sanidad pública en condiciones pica en el discurso de “España, España, España”. ¿Están pensando en todo esto los Echenique, Irene Montero y Belarra? Yolanda Díaz les ha ofrecido un buen pacto de coalición. Un proyecto donde todos caben y pueden sentirse a gusto para seguir peleando por las políticas progresistas que tanta falta hacen en este país. ¿Tendrán altura de miras o seguirán ofuscados en los nombres concretos, en las poltronas, en las cuotas de poder?

Los morados dicen que están dispuestos a apoyar a Yolanda Díaz en su puesta de largo del próximo domingo solo si se firma un compromiso de que habrá primarias abiertas a la ciudadanía. ¿Primarias para qué? Está claro quién debe encabezar la plataforma Sumar por carisma, competencia y bagaje acumulado: la vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo que se ha partido el alma por recuperar los derechos laborales de la clase trabajadora. Sean generosos, señores y señoras podemitas; sepan ver más allá de la próxima asamblea de inscritos e inscritas. No caigan en los mismos errores de la casta, de los burócratas, de los instalados en el aparato. Errejón ya se ha subido al carro del proyecto yolandista. ¿A qué esperan para sumar y no restar? ¿A que Vox tenga 80 diputados? El parlamentario de Unidas Podemos Juantxo López de Uralde lo ha visto claro y diáfano: “Llevamos meses hablando de la necesidad de ir unidos, porque lo que tenemos enfrente, si ganaran las elecciones la derecha y extrema derecha, es muy peligroso”. Pero parece que hay alguno que no ha entendido todavía de qué va este juego. O unidad o Abascal en el Ministerio de Interior haciendo de Salvini. O bloque y frente común fuerte o Espinosa de los Monteros en Educación con el pin parental. O pacto de izquierdas sin fisuras u Ortega Smith de ministro de Asuntos Exteriores. O ganamos estas elecciones o nos comemos unos cuantos años de triste franquismo posmoderno.

Y mientras tanto, Pablo Iglesias malmetiendo en la sombra o pidiéndole a Garzón que sea “responsable” y no ataque a los suyos. Patético. Aquel hombre racial de la coleta ha envejecido deprisa hasta convertirse en un prematuro jarrón florero que habla demasiado, como en su día le ocurrió a Felipe González. Él sabrá lo que hace y dice.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA TELEPREDICADORA

(Publicado en Diario16 el 28 de marzo de 2023)

En España hay 4.322 iglesias evangélicas repartidas por más de 800 municipios de todo el país. Más de 500.000 personas profesan ya esta confesión que cuenta con 630 millones de adeptos en todo el mundo. Son la nueva religión emergente, un auténtico lobby que influye en gobiernos de todo el planeta. Los evangélicos crecen siguiendo el mismo patrón de los nuevos movimientos religiosos que se abren paso con la posmodernidad y la crisis de las religiones tradicionales y las ideologías. Las causas de su éxito son múltiples y diversas, según el país donde se asientan y expanden, pero tienen mucho que ver con la decadencia de la democracia y el Estado de derecho; las sucesivas depresiones económicas con sus bolsas de pobreza y el miedo al futuro (estos movimientos arraigan en tiempos de crisis, tal como ocurre con el populismo en política); la desorientación del ser humano que busca respuestas espirituales a un mundo convulso; el deseo de pertenecer a un grupo o comunidad; la experiencia emocionante de la conversión; el milenarismo apocalíptico y anticientífico que retorna con creencias medievales que parecían superadas; y el inmenso poder de los medios de comunicación y las redes sociales, donde prolifera el bulo, la superchería y la desinformación, caldo de cultivo perfecto para estas doctrinas religiosas de nuevo cuño.

Desde el boom migratorio latino registrado en Madrid a partir del año 2000, los partidos políticos han visto el filón. La comunidad latina evangélica se antoja una perita en dulce para dirigentes que como Isabel Díaz Ayuso ansían conquistar la mayoría absoluta en las próximas elecciones. No en vano, en los últimos tiempos el Gobierno regional de Madrid se ha preocupado por estrechar lazos de colaboración y amistad con estos grupos (las comunidades evangélicas hasta le dieron un premio a Ayuso, que fue recogido en un acto público por el número 2 de la presidenta). Y en 2022 el Partido Popular diseñó una campaña para lanzarse a la caza del voto latino. También el PSOE entró en el juego, aunque con resultados algo más discretos. De alguna manera, el migrante latinoamericano que recala en España sintoniza mejor con la derecha que con la izquierda, a la que considera culpable de su éxodo forzoso del país. Muchos de ellos se ven a sí mismos como exiliados políticos más que desplazados por motivos económicos. Por eso, cuando Feijóo acusa a Sánchez de comportarse como un “autócrata” sabe muy bien lo que se hace. Si en la opinión pública cala la falsa y descabellada idea de que el presidente del Gobierno español es un Maduro o un Castro a la europea, el socialismo estará irremediablemente perdido. De ahí que en el PP anden todo el día dando la matraca con que el jefe del Ejecutivo de coalición es un totalitario bolivariano.

En esa maquiavélica estrategia está, cómo no, Isabel Díaz Ayuso. La lideresa quiere convertir Madrid en el nuevo Miami, un reducto de libertad antisocialista (en este caso antisanchista) donde ella se erige como portavoz y defensora de la libertad. IDA está convencida de que, al igual que ningún senador puede salir elegido por Florida sin el apoyo de la comunidad hispana de Miami, ella no revalidará el cargo sin las masas migradas de Usera. Obviamente, la realidad social de la capital de España nada tiene que ver con The Magic City, la puerta al Caribe norteamericano que concentra la oposición anticastrista, pero ella ha volcado sus esfuerzos para meterse en el bolsillo el voto latino. Con los hosteleros e inmigrantes hispanos de su parte, y tras haber roto con Vox (al menos públicamente), la victoria arrolladora que va buscando puede estar más cerca que nunca.

En esa hoja de ruta cabe encuadrar el polémico acto del pasado fin de semana en Madrid en el que el PP trató de atraerse a los evangélicos. Para ello Ayuso no dudó en subir al escenario a Yadira Maestre, una telepredicadora que cree en Dios y no en la ciencia. El acto llevaba un claro sello ayusista y a Feijóo se le vio algo encorsetado, incómodo, por mucho que se esforzara en mover la cintura, algo ortopédicamente, todo hay que decirlo, al ritmo del Tiburón. El líder del PP puede conceder mil entrevistas a la revista Yo Dona para tratar de dar su perfil más moderno, progre y casual, pero no podrá ocultar al hombre de derechas autoritario que lleva dentro. Ayuso y Feijóo en una misa evangélica, para horror de la Conferencia Episcopal Española, solo podía beneficiar a la lideresa castiza. El gallego debería haber declinado la invitación, como hizo acertadamente en la moción de censura de Tamames, cuando decidió no ir al Parlamento para no dar oxígeno a Abascal. Pero cayó en la trampa de IDA y se metió de lleno, hasta las orejas, en el reguetón evangelista. Aquello fue un desastre sin paliativos para él –por mucho que Borja Sémper saltara de inmediato a la palestra para explicar lo que no tenía justificación posible–, y una buena cosecha para Ayuso, que salió fortalecida entre la comunidad latina madrileña.

Gabriel Rufián es quien mejor ha explicado ese momento para la historia en el que Yadira Maestre tomó la palabra para terminar de imponer la marca evangélica al nuevo PP ayusista. “Yo creo que es normal que una predicadora trabaje para otra predicadora, en este caso Ayuso. Creo que Ayuso, en esta especie de competición que tiene con Vox, alimenta este tipo de locuras”, sentencia el líder de Esquerra. Eso es precisamente lo que está pasando en Madrid, donde los charlatanes, farsantes y anticientíficos ultras triunfan para estupor de los demócratas de bien. Ya lo vimos en pandemia, cuando la lideresa se erigió en la gran pitonisa de los negacionistas. Cualquier día nos la encontramos por Sol enfundada en un poncho andino y sanando tullidos.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA BAZOFIA IDEOLÓGICA

(Publicado en Diario16 el 28 de marzo de 2023)

Ya tenemos información y datos suficientes como para poder adjudicarle a Borja Sémper el título de comemarrones oficial del Partido Popular. ¿Qué es un comemarrones? Muy sencillo, alguien a quien le encargan las misiones más difíciles y letales, un soldado disciplinado al que envían a morir al campo de batalla, un torero que se enfrenta a un miura imposible de torear. Todo eso y mucho más es el bueno de Borja.

Cuando el voxista Gallardo Frings quiso poner en marcha su nauseabundo protocolo antiabortista en Castilla y León, el portavoz de campaña popular tuvo que salir con la manguera para apagar el incendio. “La posición del PP nunca ha sido esa. Yo no voy a entrar en disquisiciones en relación al aborto”, dijo echando balones fuera. Y hace solo unos días, cuando Mañueco obsequió con una soberana peineta a una procuradora socialista en la Asamblea autonómica, la gran esperanza blanca del conservadurismo moderado español se limitó a decir que no hay que hacer esas cosas porque está muy feo, invitando al presidente regional a que explicara mejor su butifarra.

Ayer, después del esperpéntico espectáculo dominguero que dio el partido al subir a su escenario a una telepredicadora evangelista, durante un encuentro con la comunidad latina de Madrid –un auténtico bochorno recogido por toda la prensa nacional e internacional– el portavoz de campaña tuvo que volver a salir a poner paños calientes. “En los actos se da voz a personas que no son del PP. Nadie les preguntó lo que iban a decir”, se justificó tratando de restarle importancia al hecho en un fantástico ejercicio de malabarismo político. De alguna manera, Sémper vino a decirnos que un mitin o evento del Partido Popular es un acontecimiento abierto al público, total libertad, y cualquiera puede subirse al entarimado, agarrar el micro y soltarle su rollo al respetable o cantar una ranchera. O sea, que hoy ha sido Yadira Maestre, la predicadora de Usera que propala nefastas ideologías chamánicas como la curación del cáncer mediante la imposición de manos y la fe en Dios, quien se arranca y toma la palabra en un acto del partido, y mañana puede ser una tarotista que echa las cartas, un vendedor de crecepelos, un ufólogo milenarista, un integrista árabe o un adepto de la secta Qanon de esos que creen en la existencia de un complot internacional de rojos que se beben la sangre de los niños. Cualquier iluminado que pase por allí y crea que tiene algo trascendental que comunicarle al mundo tiene entrada libre al púlpito, que nadie le va a decir nada. Lo ha reconocido el propio Elías Bendodo, a quien le parece bien que en los actos del partido participen no solo políticos sino personas anónimas de la sociedad civil, aunque se trate de una milagrera que vocifera a grito pelado eso tan medieval de que Dios la mandó curar cuando el médico llegó para matarla. Por fortuna, no todos los evangélicos son así, y la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España ya ha emitido un comunicado desmarcándose de esta señora.

Obviamente, la explicación de Sémper (remachada por Bendodo) no se sostiene, y no solo porque es absurda en sí misma, sino porque llega al reduccionismo simplista de que un partido no tiene por qué tener línea editorial ni programa ideológico definido. Según esa tesis populista, todas las voces caben siempre que representen a un lobby de peso (el latino lo es) con un buen granero de votos detrás capaz de dar la victoria en unas ajustadas elecciones como las que están al caer.

Ya no se trata de que en los últimos tiempos el Partido Popular haya virado hacia posiciones extremistas y ultras, que lo ha hecho, sino que ha mandado a la mierda el programa político, tirándolo por la ventana, para convertirse en una especie de prodigiosa y formidable máquina de captación atrapalotodo, un poderoso imán o atractor de grupos de presión que no pregunta a nadie si es de derechas o de izquierdas, ateo o beato, vegano o carnívoro, taurino o animalista, masón o mediopensionista. El PP emite en una frecuencia monótona para todo aquel oyente que quiera escuchar y ha dejado de ser un partido con principios, valores y coherencia política conservadora para convertirse en una especie de bazar que va comprando idearios, con independencia de lo abracadabrantes que puedan llegar a ser, con tal de que vaya bien en las urnas. Desde ese momento, el gran sueño de Fraga de construir un partido serio y articulado capaz de reunir a las derechas españolas ha terminado en una cosa rara, un circo friqui, una especie de barraca o feria populista demagógica que acoge al primero que pasa por allí, por muy lunático que sea, y le da un altavoz político y mediático.

Lo peor que podría pasarle al todavía primer partido conservador español es transmitir la sensación de que ha devenido en una especie de gallinero ruidoso o concurso Got Talent que ofrece cancha y una oportunidad de éxito a cualquier visionario o alumbrado que se cree Donald Trump, Bolsonaro o Giorgia Meloni. De ahí a que el PP termine como un enloquecido psiquiátrico donde todos ejercen de Napoleón, pero nadie manda en realidad, hay solo un paso.

La anarquía libertaria ultraconservadora está en los genes del trumpismo que Feijóo ha abrazado ya descaradamente en su febril competencia con Vox. Hoy mismo, Espinosa de los Monteros le ha afeado al PP que ellos no necesitan organizar saraos electoralistas con la comunidad latina cada cuatro años porque se trata de trabajar “día a día” con los hispanos de los barrios pobres de Madrid. Buen rejonazo del portavoz voxista, a ver qué dice ahora Borja Sémper. Lo va a tener muy crudo el portavoz del Partido Popular que en 2020 abandonó la política, asqueado y al no sentirse representado por nadie. Ejercer como comemarrones oficial de un partido ingobernable donde todos improvisan sobre la marcha e imponen su sello personal al proyecto no debe ser tarea fácil. En una de estas, tira la muleta, resignado ya, y se vuelve para Guipúzcoa otra vez.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

DAVID CONTRA GOLIAT TRUMP

(Publicado en Diario16 el 28 de marzo de 2023)

La ola de puritanismo está causando auténticos estragos en las escuelas norteamericanas. En las últimas horas la directora de un colegio de Florida ha sido despedida por enseñarle el David de Miguel Ángel a los alumnos de 11 y 12 años. Son las consecuencias de las políticas retrógradas del gobernador Ron DeSantis, uno de los nuevos hombres fuertes del Partido Republicano. A este señor se le debe que los planes de estudio hayan corregido los libros de Matemáticas porque supuestamente son redactados por izquierdistas, la revisión de la historia del racismo en América (convirtiendo a los blancos en víctimas y a los negros en verdugos) y el retorno de la censura a las clases de educación sexual. O sea, el famoso pin parental que en España ya funciona en algunas regiones gobernadas por el bifachito PP/Vox como Murcia, donde los padres son avisados con siete días de antelación cuando una asignatura se les antoja adoctrinadora.

Lo de prohibir el David de Miguel Ángel a los estudiantes es solo un paso más en la deriva mojigata en la que ha caído Estados Unidos tras la irrupción del trumpismo ultraconservador. Y no es lo más grave. En algunas escuelas hace tiempo que se enseña la teoría del creacionismo, es decir, una corriente teológica según la cual Dios hizo el mundo de la nada. En algunos estados, estudiar a Darwin empieza a ser peligroso y todo aquel que se atreve a decir que el hombre viene del mono puede verse en serios problemas con sus vecinos. Las hordas fanatizadas tienen ojos y oídos en todas partes y el darwinista se expone a que un grupo de Proud Boys lo acorrale en un callejón, lo ponga de rodillas y le obligue a recitar unos cuantos salmos de la Biblia, el libro que ha desplazado a la ley constitucional desde que Trump se fotografiara con él ante la iglesia de San John de Washington aquel día en que miles de ciudadanos indignados salieron a la calle a protestar contra la violencia supremacista policial.

Intentar explicarle a un trumpista que el David no tiene nada de obsceno o pornográfico es inútil. Hace tiempo que en Yanquilandia se puede comprar el silencio de una actriz porno, como ha hecho Trump con Stormy Daniels, pero no se puede enseñar ciencia y arte en los colegios públicos por ser constitutivo de delito. El magnate pelopaja ya ha advertido que habrá “muerte y destrucción” si le imputan por el caso Stormy, anunciando el estallido de una guerra civil entre norteamericanos. Todo en ese país se ha salido de madre. El David fue la obra maestra del Renacimiento, esa época de la historia en la que se propagaban las ideas del humanismo, el hombre como medida de todas las cosas frente a un Dios terrorífico y vengador, la razón frente al dogma de la religión. La luz frente a la oscuridad. La fuerza de la libertad frente al poderoso opresor que queda intencionadamente fuera de plano (por tamaño y poderío económico, el gigante Goliat bien podría ser el mismísimo Trump). Quizá por eso la escultura no gusta a la fanatizada, escandalizada y mojigata gleba trumpista, que ve en el David a un señor en pelotas y poco más. Esta vez ni siquiera le han puesto la hoja de parra, como hacían las horterillas del Ejército de Salvación. Han metido a Miguel Ángel en el armario y a otra cosa.

La ignorancia no consiste solo en lo que no se sabe, sino en lo que no se quiere aprender. La ignorancia es la ceguera voluntaria del conocimiento. Una venda obtusa en la mente. El David recrea el triunfo de la inteligencia y la virtud sobre la fuerza bruta tan de moda en las nuevas corrientes neofascistas deshumanizadas. Es pura exaltación de la belleza y de la grandeza del cuerpo humano. Un pibón musculado que hoy sería portada de cualquier revista de salud masculina para escándalo de los evangelistas más ultras. Su mirada desafiante invita al espectador a romper las cadenas, los miedos, los prejuicios. El hecho de esculpir un desnudo fue toda una declaración de intenciones de Miguel Ángel, el gran homosexual de la historia. Un aviso a los obispos y clérigos  del Vaticano con los que se codeaba, un mensaje para las futuras generaciones, a las que quiso alertar sobre el peligro de la gazmoñería, la hipocresía y la intolerancia que siempre acaban retornando. El joven personaje esculpido posee la dignidad de la razón representada en sus medidas canónicas perfectas (la desproporción del cabezón fue deliberadamente buscada por el propio autor, que pretendía lograr el efecto de la grandiosidad en quien contempla la escultura desde abajo). La valentía del que va a afrontar un combate contra un enemigo poderoso solo con sus manos y una honda lanza un mensaje de insumisión. Pocas obras tan revolucionarias, y eso es lo que acompleja al establishment ultraconservador yanqui de nuestros días. Hasta el contexto histórico en el que fue esculpida la estatua –después de que los florentinos se levantaran contra los Medici y los Estados Pontificios–, aporta jugosas claves sobre el mundo de hoy. En efecto, el David invita al pueblo a rebelarse contra la opresión de gente absurda como Trump, que lleva dentro de sí un peligroso tirano dispuesto a enviar a sus bárbaros contra el sagrado templo de la democracia.

Puede parecer una simple anécdota que una directora de colegio sea expulsada por dar a conocer a sus alumnos esta maravilla del arte universal. Pero es una de las noticias más dramáticas que se han escuchado últimamente. Tratar de tapar una obra maestra bajo una sábana, mediante una abominable censura, es el primer paso para llegar a un régimen dictatorial. Puro nazismo.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

FEIJÓO SE HACE EVÁNGELICO

(Publicado en Diario16 el 27 de marzo de 2023)

En el Partido Popular siempre se han caracterizado por defender una concepción nacionalcatolicista del Estado. Como no hicieron la debida transición del modelo teocrático franquista al aconfesional, no se han equiparado a la derecha europea civilizada y siguen anclados en el pasado. Pero lo de este fin de semana de Alberto Núñez Feijóo va más allá de cualquier cosa que hayamos podido imaginar. Tener que ver al líder gallego en una reunión evangelista –moviendo el esqueleto a ritmo de reguetón, bachata y el “no pares, sigue sigue” del Tiburón, como un latino más y todo para pescar un puñado de votos–, es superior a nuestras fuerzas.

La Iglesia Evangélica se ha extendido como la pólvora por toda América Latina. En los años ochenta apenas uno de cada cuatro sudamericanos profesaba esta corriente alternativa que promueve una vuelta a la esencia del Evangelio más duro y que cree en la salvación del hombre por la gracia divina a través de la expiación de los pecados en Cristo. Hoy en algunos países del Cono Sur los evangélicos ya superan en número a los católicos. Tiemblan los muros del Vaticano.

Los pentecostales creen en la curación de las enfermedades por la fe o por la imposición de las manos, en los milagros y en la castidad hasta el matrimonio. Por supuesto, están radicalmente en contra del aborto y los más fundamentalistas no aprueban la homosexualidad. Es una vuelta al cristianismo más exigente e integrista, una enmienda a la totalidad al Concilio Vaticano II, que hizo virar el catolicismo hacia posiciones más humanas, relajadas y acordes con los tiempos modernos. La Alianza Evangélica Mundial tiene su sede en Nueva York (están forrados como la más poderosa multinacional) y ha logrado levantar una vasta red de iglesias en 128 países con más de 600 millones de adeptos. En aquellos pueblos abandonados a su suerte donde no hay un sacerdote católico hay uno evangélico dispuesto a echar una mano. En aquellos barrios suburbiales sumidos en el narcosatanismo y la miseria, donde el Estado de derecho y la democracia han terminado por desertar, ellos ofrecen ayuda social, un plato de comida y consuelo espiritual. No extraña que los líderes populistas de nuevo cuño como Donald Trump y Jair Bolsonaro, a los que han llevado en volandas al poder en países convulsos como Estados Unidos y Brasil, se hayan abrazado a ellos por el tremendo potencial electoral que entrañan.

Feijóo ha debido oler el tufillo de ese voto fácil y se ha lanzado a ocupar el nicho como un desesperado. Solo así se entiende el marciano acto político que el líder gallego le contraprogramó a Sánchez mientras el presidente del Gobierno asistía a la Cumbre Iberoamericana. Se desconoce si los evangélicos lo invitaron a él, a Ayuso y a Almeida al foro latino antibolivariano o fueron los propios mandatarios del PP madrileño quienes diseñaron el evento en los despachos de Génova 13. En realidad, da lo mismo. El resultado fue un acto delirante donde Feijóo, transfigurado en el nuevo Guaidó europeo dispuesto a conjurarse como el presidente encargado de España, acusó a Sánchez de “rendir pleitesía” a los “autócratas” caribeños, un grave error de cálculo político ya que, si Sánchez estaba al lado de los supuestos dictadores, en la foto y en la cena de gala, todos ellos con guayabera, también estaba el rey Felipe VI, al que metió burdamente en el mismo saco. Mal favor para la monarquía que dice defender. De nuevo, Feijóo se había pasado de frenada. Y no es la primera vez que el presunto “moderao” se deja seducir por los vientos demagógico-populistas que recorren el mundo. Hace tiempo que venimos advirtiendo en esta columna de la peligrosa deriva trumpista (pasada por el filtro Ayuso) que ha tomado el Partido Popular. Ayer, viéndolo bailar reguetón, nos recordó mucho a ese Trump que mueve sus rollizas caderas y los brazos, como si se estuviese secando el cuello con una toalla tras salir de la piscina, en uno de sus mítines antisistema. Solo le faltó la gorra de béisbol del Depor y la Biblia para completar el uniforme bolsonarista. Todo se andará.

Si lo que pretenden Feijóo y Ayuso es convertir Madrid en la nueva Miami, capital ibérica de la religión de nuevo cuño y de la resistencia ultraconservadora contra el sanchismo, que lo digan ya antes de las elecciones para que los españoles sepan a qué atenerse. Este fin de semana el presidente del PP apareció como el líder agregado al nuevo movimiento religioso/político trumpista que arrasa en todo el mundo, un paso político de la máxima trascendencia y gravedad. Sus votantes tienen derecho a saber si ha roto con el nacionalcatolicismo de siempre, con el Concilio Vaticano II y con el papa de Roma. En ese caso, estamos ante un nuevo cisma de Occidente que llega también a España en forma de ola imparable. Lo que nos faltaba: volver a las guerras de religión.

Quizá, a fin de cuentas, la performance de este fin de semana no sea sino la represalia de Ayuso contra Francisco I, que hace solo unos días recibía al alcalde de Madrid como el “heredero de la gran Manuela”. A IDA aquella maldad del Sumo Pontífice le olió a cuerno quemado, a ironía bonaerense del papa rojo, así que ha decidido abrir las puertas de Madrid a la competencia más dura que le ha salido al catolicismo del siglo XXI. El surrealista acto con los evangélicos lleva el sello personal de la presidenta castiza. No descarten que todo esto no sea más que otra encerrona de la lideresa contra el jefe, que no calibró bien dónde se estaba metiendo. Él creía que asistía a una fraternal barbacoa con la comunidad latina de Usera, mucho tequila, enchilada y chipotle, y cuando quiso darse cuenta estaba comulgando de lleno en la misa negra de la nueva herejía contra el Vaticano. De cualquier manera, quedó bautizado por esa telepredicadora que echó el sermón del domingo ante los prebostes populares reconvertidos a la nueva fe: “Tú eres el Dios todopoderoso, bendice a nuestro alcalde, a nuestra presidenta y bendice al señor Feijóo”. Cualquier día lo suben al altar y lo ponen a sanar a los enfermos mediante imposición de manos, como al nuevo santo patrón gallego.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA PEINETA


(Publicado en Diario16 el 24 de marzo de 2023)

Se dice que Sócrates, en la obra Las nubes de Aristófanes, sufrió la primera peineta de la historia. Los romanos, aficionados a todo lo procaz y a los grafitis porno, utilizaron este ademán con profusión. Y en tiempos modernos la costumbre de la peineta se popularizó en 1886, cuando un jugador de béisbol, Charles Gardner, alias Old Hoss, posó de esa guisa en una fotografía del equipo Boston Beaneaters.

La peineta de Mañueco ha sacudido la vida política nacional. El gesto frío de un hombre que se acaricia la sedosa corbata con una mano mientras regala a una procuradora socialista su dedo corazón enhiesto es de las cosas más feas que se han visto últimamente en política. Al parecer, no le gustó la iniciativa que la oposición presentaba en la Asamblea regional para ayudar a las personas celíacas. Ahí el polémico Mañueco se ha ganado unos cuantos enemigos para toda la vida, gente que a partir de ahora no solo será intolerante al gluten, sino a la soberbia del peinetero presidente de Castilla y León.

Desgraciadamente no es la primera vez que vemos a políticos de este país haciendo una peineta. En 2010 Aznar respondió con una a los abucheos de unos estudiantes de Oviedo: “No pueden vivir sin mí”, les dijo mientras esbozaba esa sonrisa forzada y atravesada que Dios le ha dado. Algo más tarde, en 2013, el tesorero del partido, Luis Bárcenas, recibió a la prensa con una de esas butifarras soeces a su llegada al aeropuerto de Barajas (no encontró mejor forma de desahogarse después de que le hubiesen pillado sacando a pasear la pasta por Suiza). Y algunos creyeron ver uno de esos gestos de desprecio en el rey emérito, concretamente durante una visita a Álava en 2008.

Que los famosos del colorín, raperos, cantantes de rock y malditos de la cultura recurran a este tic despectivo y altanero es algo normal. Célebres fueron las peinetas que en su día ofrecieron a los paparazzi mitos como Ozzy Osbourne, Amy Winehouse, Rihanna o Liz Hurley. Pero que lo haga un servidor público, un señor al que los contribuyentes pagamos para que respete las normas del juego democrático, comportándose como es debido, resulta indignante.

Curiosamente, y no es por malmeter, los peineteros suelen militar en las filas de la derechona. ¿Qué le enseñan a esta gente en los colegios de pago? Educación seguro que poca. Y no es que a estas alturas, cuando ya hemos visto de todo, nos escandalice un tipo cayendo en la horterez de la peineta. Es que la imagen es tan degradante, tan chusca, tan deprimente, que a uno le hace perder la fe en el ser humano. Nos preguntamos qué lleva a un hombre a comportarse tan groseramente con otra persona. ¿Acaso de tanto pactar con la extrema derecha y de compadrear con Gallardo Frings se le han pegado sus maneras autoritarias y prepotentes? Dicen que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición (entiéndase lo del colchón como metáfora de la coalición y perdonen el pareado). ¿Acaso se trata de una muestra de rebeldía que le viene de niño porque le robaban el bocadillo en el recreo? ¿Es un síntoma de odio, de rabia, de no aguantarse ni él mismo o qué? Si la democracia se basa en el respeto al otro, Mañueco acaba de perder la etiqueta de demócrata para engrosar en las filas de los tabernarios sin modales ni educación.

Quizá, a fin de cuentas, todo sea mucho más sencillo y el presidente de CyL necesitaba un golpe de efecto, un montaje mediático para que la prensa hablara de él un rato. Lleva algún tiempo de capa caída, oscurecido, en segundo plano desde la polémica del protocolo antiabortista impulsado por Vox. En Castilla y León el que ejerce de presidente in pectore es Gallardo Frings y eso a Mañueco le repatea. Necesitaba focos, cámaras, acción. Debió pensar que una peineta a tiempo podría resucitarle y devolverle el protagonismo perdido, la iniciativa. Grosera forma de volver al primer plano de la actualidad, pero eso qué más da. En la política de hoy no hay ética ni escrúpulos, todo vale con tal de mantener el poder. Él niega que haya hecho peineta alguna y ahí toma por tontos y por ciegos a los castellanoleoneses. Las cámaras han captado perfectamente el momento. “Fue un gesto involuntario. No es mi estilo”, se defiende. A ver si va a resultar que ese dedo ha cobrado vida propia y ya funciona solo. Un dedazo autonómico, al margen de Génova.

Tenemos una derecha asilvestrada y unga unga que se comunica con gruñidos, por señas y peinetas. Como los cromañones.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

TAMAMES SE VENDE BARATO

(Publicado en Diario16 el 23 de marzo de 2023)

Ramón Tamames ya tiene lo que quería: el aplauso de los suyos en el Congreso de los Diputados, una especie de honoris causa por la Universidad de la Carrera San Jerónimo que le faltaba en sus vitrinas y su discurso de moción de censura contra Pedro Sánchez convertido en libro. ¿Será un best seller? Probablemente. El nivel del ensayo en España está muy bajo últimamente, cualquier dominguero aficionado a la historia se pone a revisionar nuestro pasado para adaptarlo a sus ideas políticas, echándole morbo y morro y pegando el pelotazo editorial, así que seguramente la tesina de Tamames será mejor que muchas de las cosas que se publican en este país. El viejo profesor al menos sabe escribir, así que su nuevo volumen bajo el título Por una España de todos: Nuestro mejor futuro, sin ser una obra maestra ni optar al Premio Nacional de Ensayo, estará por encima de la mayoría de los truños que acaban en las librerías españolas.

Nadie discute la obra, el legado del eminente catedrático, todo un referente entre los economistas de las últimas décadas. Algunos de sus libros son imprescindibles para entender la evolución de nuestro país desde la Transición hasta nuestros días. Su trabajo a lo largo de toda una vida es, sin duda, más que loable, por mucho que se haya empeñado en emborronarlo a última hora aceptando participar en la charlotada de Vox. Pero este corta y apega apresurado, este cuadernillo rápido vendido a 4,74 euros en Amazon, casi en barata autoedición, es impropio de alguien de su talla y prestigio. Vamos, que se lo podría haber ahorrado.

En apenas una semana, el hombre ha tirado por tierra todo un carrerón. No solo por haberse situado al lado de los herederos de quienes lo reprimieron con dureza en el tardofranquismo, sino porque su intervención en el Congreso resultó ser decepcionante. Su discurso fue tan breve que pasó en un suspiro, no propuso ni una sola solución a los problemas de España y se limitó a hacer de comentarista, notario o tertuliano de la actualidad, en plan colaborador de Federico. De esta manera, dejó descolocados a todos, a políticos de uno y otro color y a profesionales de todos los ámbitos como economistas, sociólogos y escritores de varias generaciones que han crecido con sus textos y que lo admiraban sinceramente. Y ahora esto. Resulta difícil entender cómo alguien de su preparación y conocimiento puede pretender dar con las recetas a los males de la nación en 81 páginas, que es la extensión de la obra colgada en Amazon como un calcetín recién sacado de la colada y pinchado en una pinza. Tratar de ventilarse un tema tan arduo y complejo como el laberinto español en unas cuantas servilletas de bar (probablemente las mismas que utilizó en aquella nefasta comida con Abascal y Sánchez Dragó de la que salió la disparatada idea de postularse como candidato a la Presidencia del Gobierno) es un insulto a la inteligencia de los lectores. Ochenta páginas es lo que da un guion para una serie mala de televisión, ochenta páginas es lo que dedicaría cualquier hispanista medianamente informado solo a la introducción del libro. Pero ya no nos sorprende nada del anciano profesor. Desde que le hemos escuchado decir, ante los diputados de las Cortes, que la Guerra Civil comenzó en 1934 y que Largo Caballero fue el gran responsable de nuestra gran tragedia nacional, tal como supuestamente escribió Raymond Carr, no esperamos nada de él.

Suerte que todavía quedan historiadores de verdad como Julián Casanova, que ha desmontado al momento el bulo del maestro. “Voy a decir una cosa que me interesa. Las referencias que ha hecho Tamames a Raymond Carr como una persona que había interpretado la revolución de Asturias del 34 como origen de la Guerra Civil son absolutamente falsas”. Y es cierto, Raymond Carr jamás hizo una afirmación tan temeraria. Esa tesis la han impuesto los propagandistas de Vox como reacción visceral a la Ley de Memoria Histórica que Zapatero impulsó en 2006. Nunca antes ningún historiador con cierto renombre se atrevió a sugerir tal dislate. La contienda que costó un millón de muertos fue consecuencia directa del levantamiento armado de una parte del ejército en 1936 contra el legítimo Gobierno de la Segunda República. El golpe de Estado, ese que nunca ha condenado la derecha española cuartelera y montaraz, lo dio Franco, no Largo Caballero. Y pretender lo contrario es abrazarse a una interpretación franquista de lo que ocurrió en aquellos años convulsos.

En Por una España de todos (según la editorial un completo análisis para la renovación de la vida política y social, es decir nuestro mejor futuro) el viejo profesor viene a repetir, coma por coma, lo mismo que ya dijo en su discurso de estos días. O sea un caso claro de autoplagio. Nada de la pretendida “visión independiente, con gran riqueza de datos que conforman una análisis crítico, valiente y esperanzado para la reconstrucción de España en la que todos tengamos cabida”, tal como avanza, algo rimbombantemente, la sinopsis de la editorial.

Hace tiempo que avisamos de que el maduro economista no acudiría a las Cortes a encabezar una moción de censura, tal como pretendía Vox, ni siquiera a recibir un homenaje a toda su trayectoria como impulsor de la Transición. Su idea era echar un par de tardes con los amigos, pasar un rato agradable, entretenerse unas horas como ese jubilado cascarrabias amante de las tertulias del Ateneo de su pueblo y lo más importante: hablar de su libro, como dijo el gran Paco Umbral en su día. Tamames puede estar mostrando síntomas de agotamiento, decrepitud y colapso energético tras una larga odisea vital. Pero no da puntada sin hilo. Si le saca unas perrillas al libro, misión cumplida. Viva España.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

EL FRACASO DE ABASCAL


(Publicado en Diario16 el 23 de marzo de 2023)

Tal como cabía esperar, la moción de censura de Vox ha terminado en rotundo fracaso. Habrá que esperar a las próximas encuestas, que saldrán la semana que viene, para que ver en qué grado se ha producido el destrozo en el partido ultra. La charlotada de Ramón Tamames no era necesaria, a Santiago Abascal le bastaba con sentarse a esperar que llegaran las próximas elecciones, que por mucho que diga el CIS de Tezanos no pintan bien para la izquierda. El bloque progresista tiene motivos para pensar que puede perder el poder. Para empezar, en este país hay más partidos rojos que personas y eso divide y penaliza mucho. En segundo lugar, Unidas Podemos no atraviesa por su mejor momento (de ahí la ofensiva de los últimos días de los ministros morados, que quieren convencernos de que no son casta y siguen siendo aquellos chicos antisistema de las barricadas del 15M). Y si UP se hunde, el PSOE no gobierna. Por último, hay mucho votante harto de Pedro Sánchez. Al presidente unos lo odian por pura visceralidad, simplemente porque son fachas de toda la vida; otros porque creen que el premier ha puesto el pan, la leche y los huevos por las nubes o porque les colocó un bozal en la boca durante la pandemia; y los hay que lo detestan porque es más alto, más guapo y más listo (lo de que hable un inglés fluido de Oxford el tabernario de derechas no lo lleva bien).

Y sin embargo, pese a que el escenario pintaba bonito para Vox, Abascal, que no es precisamente el mejor estratega del mundo, decidió meterse en el berenjenal de la moción Tamames. Todo el mundo le dijo que aquello era una marcianada sin ningún sentido y sin embargo él tiró palante. Todos le advirtieron de que parapetarse detrás de un nonagenario de vuelta de todo con un pasado comunista y que sigue creyendo que España es una supernación, o sea, una nación de naciones, no podía salir bien. Solo el viejo profesor estaba encantado con la idea de presentarse a presidente (un colofón de oro a su larga carrera y a su ego desmedido), solo él y probablemente Sánchez Dragó, a quien por lo visto se le ocurrió la astracanada durante una comida de amigos que quizá se les fue de las manos. “Al final a mí se me ocurrió el nombre de mi viejo amigo de setenta años de amistad forjada en la cárcel de Carabanchel, Ramón Tamames”, ha confesado el escritor. Nadie sabe cómo ocurrió realmente, si fueron los chupitos a los postres con los que uno se viene arriba o qué, pero el caso es que de aquel almuerzo el anciano catedrático salió ungido como candidato interpuesto. Quizá los comensales, entre coñas, risotadas y boutades, terminaron diciéndose unos a otros: “¿A que no hay huevos de presentar a don Ramón?”. Y el jefe respondió: “¿Qué no hay huevos? Sujétame el cubata”. El resto ya es historia de España. Historia patética y de la mala, pero historia a fin de cuentas. Tamames ha dejado frases memorables, pero para mal, como eso de que “ser antifranquista hoy no tiene ningún mérito”. ¿Cómo que no tiene mérito? Hoy, la ultraderecha neofascista avanza en todo el mundo gracias a intelectuales que como el veterano maestro se pasaron al otro bando, así que nunca tuvo más sentido remangarse, levantar el puño y comprometerse con la causa.

Lo que viene a partir de ahora nadie lo sabe. Antes de la moción de censura Vox andaba disparado en las encuestas y cosechando sus mejores resultados demoscópicos. El periodista Antonio Maestre escribía ayer: “Vox se ha suicidado con su elección, pero aún no se han dado cuenta y es mejor esperar a que pase el cadáver frío por delante de nuestra puerta”. No sabemos si esto ha sido una inmolación colectiva como ocurre en una de esas sectas milenaristas cuyos adeptos acaban bebiendo cicuta tras un suculento banquete. El CIS y los barómetros de los diferentes medios de comunicación nos irán dando las pistas oportunas en los próximos días.

De entrada, todos los analistas coinciden en que Sánchez sale reforzado. El presidente estuvo bien. No quiso hacer sangre con el venerable matusalén y ahí se mostró inteligente, ya que ensañarse con el aparentemente más débil le hubiese dejado como un cruel psicópata que no respeta ni a los mayores. Peor estuvo Patxi López, al que se le fue la mano en una especie de mitin final, fuera de tono, que no venía a cuento. Solo le faltó ponerse a cantar La Internacional en medio del hemiciclo. No era necesario parecer más socialista y revolucionario que Largo Caballero. La moción estaba ganada y volcar toda su bilis contra el manipulado candidato le sirvió para liberar tensiones a costa del vejete y poco más. Si lo que quería Patxi era hacer puntos para quedar bien con el líder y pillar carguete en el próximo Gobierno había otros métodos. Curiosamente, ese fue el mejor momento del fallido candidato a presidente, cuyo discurso del día anterior había sido patético: “Patxi, se excita usted demasiado. Le recomiendo mayor tranquilidad, está hablando usted con su camarada Tamames, no me ponga en el brete de acompañarlo con una cápsula de cafinitrina”. Aconsejarle un tranquilizante al portavoz parlamentario socialista fue de las pocas genialidades que han salido de la cabeza del agotado profesor en estos dos días convulsos, tristes, decadentes. La torpeza de López dio un oxígeno innecesario a la extrema derecha, que vive del victimismo y de poner en evidencia a esos rojos violentos que no respetan nada, ni a Dios, ni la patria, ni las tradiciones, ni a sus mayores. Modérate, Patxi, que aún queda mucho para la campaña electoral.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

COTILLEOS DE UNA MOCIÓN

(Publicado en Diario16 el 22 de marzo de 2023)

Más allá de los titulares, las crónicas y los grandes análisis, la primera jornada de la moción de censura impulsada por Vox nos deja escenas curiosas, cotilleos interesantes que recogeremos en esta columna. Todo es política y lo que ocurre fuera de campo, entre bambalinas o bajo la tramoya a veces es más significativo que los discursos de los oradores. Ahí van algunos datos sobre lo que no les contarán en otros medios.

LA CASPA DE RAMÓN TAMAMES. Cuando el eminente profesor estaba en plena forma, es decir, cuando era joven, allá por la Prehistoria de la Transición, había televisión analógica en blanco y negro que no captaba los detalles. Hoy, en la mayoría de hogares españoles hay tecnología digital, Smart TV, high definition, y cualquier mínimo matiz es captado por las cámaras. Es el caso de la caspa del interpuesto candidato, que dio muy mala imagen. Vale que Tamames es un señor mayor, pero él presume de coqueto, de vestir casual, dandi y a veces algo daliniano o surrealista. Su chaleco de lana y su corbata rosa iban a juego con su ideología decimonónica, pero la caspa fue totalmente improcedente. Ningún hombre que aspira a gobernar un país puede lucir caspa como si fuese confeti navideño porque la escama dice mucho de la forma de ejercer el poder. La caspa revela dejadez, pereza, abandono y desidia. Un presidente, y el señor Tamames aspira a serlo, puede soportarlo todo, mociones de censura, movilizaciones constantes en la calle, huelgas y hasta golpes de Estado. Pero a lo que no puede sobrevivir es a un alud de caspa sobre sus hombros. Uno puede ser casposo, incluso ultra, pero nunca debe parecerlo.  

LA AUTOSUFICIENCIA DE SÁNCHEZ. Estuvo bien el presidente, pero en algunos momentos las cámaras ultrapotentes de hoy en día lo cazaron en algunos tics que denotan cierto cesarismo o autosuficiencia. Una moción de censura, aunque sea una patochada de la extrema derecha, es algo muy serio y el censurado debe estar presente de principio a fin. No vale asistir por la mañana al plato fuerte, el cara a cara con Abascal, y ausentarse por la tarde, cuando llega el turno de las minorías. La imagen de su escaño vacío dio una sensación de absentismo y claudicación que no le beneficia ahora que la oposición quiere colgarle el cartel de autócrata. Tome nota, señor Sánchez, o de seguir por ese camino terminará como Rajoy: con un bolso ocupando su asiento.

ABASCAL VA DE DANDI. El líder de Vox quiso hacerse el ingenioso demasiadas veces, como cuando soltó ese chiste malo sobre un hipotético Pedro Sánchez transformándose en “señora” en el Registro Civil tras cambiarse de sexo. No tuvo ni pizca de gracia, no solo porque despidió un fuerte tufo machirulo, sino porque se notó mucho que la broma era forzada y había que meterla en el debate con calzador y como fuese. Cuando Abascal se pone en plan cómico lo estropea todavía más si cabe. Un ultra de verdad, un españolazo que se viste por los pies, no tiene sentido del humor ni bromea nunca. Su papel es meter miedo a los españoles, mucho miedo, en plan fiero falangista, y no puede hacer al mismo tiempo de Franco y de Gila. O una cosa o la otra.

LA RAZÓN DE JOAN BALDOVÍ. Chapó para el portavoz de Compromís en el Congreso. El hombre se agarró un cabreo monumental, y con toda la razón, cuando Abascal afeó a algunos diputados su vestimenta inapropiada en las sesiones de la Cámara Baja. “¿No creen que sería conveniente vestirse correctamente y no faltar al decoro? No digo que alquilen un esmoquin como a las fiestas del cine o para el Ramsés. Hagan el favor de observar a los ujieres, a los policías, que vienen dignamente uniformados y vestidos. Algunos de los que hablan en esta cámara tienen unas formas que son una mezcla entre una taberna y una casa okupa”, dijo el dirigente ultra. La respuesta del bueno de Baldoví estuvo a la altura: “Prefiero ir en mangas de camisa y trabajar por recuperar derechos y libertades, que ir con traje, corbata y pulsera y hacer de mamporrero de los poderosos. Molta corbata i molta poca vergonya”, aseguró. Y es cierto. El traje no hace al hombre, más bien al contrario, generalmente es un disfraz que disimula su auténtica naturaleza y condición. Cuando llegó el turno del siempre sarcástico Rufián, subió a la tribuna y puso las cosas en su sitio: “Lo primero de todo señor Abascal, ¿voy bien? ¿Le parece bien? Recordarle que Marcelino Camacho llevaba jersey y Rodrigo Rato corbata. De hecho, Tejero también llevaba corbata cuando entró por aquí, así que no depende mucho la indumentaria de lo que sea cada cual”, le espetó al jefe ultraderechista. A ambos solo les faltó decir que otros van cambiando constantemente de chaqueta, como el propio Tamames, y no por ello son mejores personas. Por cierto, el estilo apretado de Abascal, que es como un jugador de rugby con tres tallas menos y a punto de reventar en cualquier momento, es poco original, anticuado y escasamente innovador. Él, cuando se mira al espejo, probablemente vea a George Clooney en sus buenos tiempos, un icono del estilismo, o sea, pero no. Bien por Baldoví y Rufián, bien por la necesaria rebeldía contra la dictadura de la moda (y la otra).

LA ESPANTADA DE FEIJÓO. El jefe de la oposición ni estuvo ni se le esperaba, ni siquiera entre el público invitado. Tampoco comentó la moción de censura. Se limitó a guardar un ominoso silencio para no estropear los gobiernos regionales bifachitos. El gallego se escaquea cada vez que tiene que hablar de Vox, un partido al que paga un peaje en diferido, como muy bien dijo Sánchez. Feijóo es consciente de que en buena medida la moción de censura iba dirigida contra él como una OPA hostil en la que está en juego la hegemonía de la derecha española. Cualquier día le dan el sorpasso y ni está en las Cortes. O lo pillan en su pueblo observando el apareamiento de los conejos. Como un rural más.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

TAMAMES VERSUS YOLANDA DÍAZ

(Publicado en Diario16 el 21 de marzo de 2023)

A mediodía, tras seis horas de tenso debate en el Congreso de los Diputados, Ramón Tamames daba por concluida su participación en la moción de censura, se despedía agradeciendo a sus señorías la atención prestada y pensaba eso de “ahí os quedáis”. Sin duda, el nonagenario profesor estaba cansado, agotado, tenía hambre y toda esa chirigota montada por Vox empezaba a venirle algo larga ya. Sin embargo, llegaba el momento de una trabajadora, de una currita de verdad, de alguien a quien no le gusta desperdiciar el tiempo y lo aprovecha al máximo: Yolanda Díaz. La vicepresidenta sometió al viejo catedrático al tercer grado de un discurso de más de una hora y lo abrumó con tantos datos concretos sobre empleo, IPC, contratación, fraude y fiscalidad que parecía que la cabeza del veterano candidato a la presidencia del Gobierno echaba humo por las orejas.

¿Qué se creía el señor Tamames, que iba a pasar por el Congreso sin escuchar aquello de “mire usted, le voy a dar un dato”? Nada de eso. Al Parlamento se va a dar el callo, no a pasearse ni a hacerse la foto o a recibir un honoris causa tras una larga trayectoria académica. Mientras Díaz soltaba su chapa sin compasión y lanzaba su habitual batería de arduas estadísticas, el economista, congestionado, boquiabierto y al borde de la lipotimia tras la tediosa maratón parlamentaria solo pensaba en salir de allí e irse a casa cuanto antes. No tuvo piedad la ministra gallega, que debió pensar aquello de “¿no quería moción, caballero?, pues tome dos tazas”. Díaz articuló su discurso alrededor de una idea fuerza: Tamames ha ido a las Cortes sin programa alternativo pese a lo que establecen las leyes y reglamentos sobre las mociones de censura. “Usted ha venido aquí solo para derrocar al Gobierno”, le soltó la vicepresidenta, que para entonces era como esa alumna aventajada y algo descarada que se permite enmendar al maestro sus errores y despistes.

Tamames se había tomado este trance parlamentario como un premio a su larga carrera política y profesional. No iba al Congreso a debatir con nadie ni a entrar en farragosas disquisiciones sobre nada. Y mucho menos estaba allí para que una señorita comunista que sigue fiel a sus principios (no como él, que es un evolucionado) le estropeara la hora de la comida. De hecho, su discurso fue tan breve, tan de salir del paso, que quedó en una mera panoplia de generalidades impropia de un catedrático de su rango y nivel, un corta y pega que cualquier alumno de bachillerato hubiese podido elaborar la noche antes de un examen. ¿Dónde estaba el insigne experto en estructura económica de España que destrozaba la lista de los libros más vendidos en la Transición? ¿Qué había sido del concienzudo analista leído y respetado por todos los intelectuales y políticos con independencia de su ideología? Ciertamente, el discurso de Tamames ha sido pobre, apresurado y previsible. Minutos antes de su cara a cara con Díaz le irritó sobremanera que Sánchez le fuese con “un tocho de 20 folios” para marearle con las cifras reales de España e incluso se permitió interrumpir la sesión, en un arrebato de ególatra soberbia, algo que no había pasado desde las Cortes de Cádiz. Batet tuvo que llamar al orden al exaltado.

Si el candidato interpuesto tenía prisa por acabar cuanto antes para irse al parque con los nietos o al hogar del jubilado a echar la partidita de dominó o unas petancas con los compañeros del club de la senectud, que lo hubiese dicho y no se hubiese movilizado todo un país. Durante semanas, el mundo de la política, la prensa, las tertulias de radio y televisión no habían hecho otra cosa que especular con la impactante intervención del gran sabio español de la economía, esa lumbrera de nuestro tiempo que aunque no tenga el Nobel ha marcado una época, según algunos. Iba a echarnos un discurso que, por lucidez y profundidad, estaba llamado a cambiar la historia de España. Las causas, los factores, los antecedentes, las consecuencias, todos los datos que iban a dar por fin con las claves del mal ancestral del país. Y sin embargo, a la hora de la verdad, lo más brillante que le hemos escuchado al eminente cerebro es que la inflación es mala, que España sufre un problema estructural de paro, que estamos en crisis y que hemos perdido el espíritu de la Transición. No hace falta ser Raymond Carr, el historiador idolatrado por Tamames, para llegar a semejantes conclusiones sacadas de Barrio Sésamo. El ponente se limitó a tirarle de las orejas al presidente del Gobierno (algo gratuito, para eso ya estaba Abascal) y a formularle al premier socialista preguntas retóricas del tipo: “¿Es que no piensa usted resolver todos estos problemas?”. Como opinión para las tertulias matutinas con Federico vale, pero como discurso de futuro para una nación ha quedado algo corto, escaso, triste.

Por lo visto el ilustre profesor pensaba que la jornada iba a ser un paseíllo triunfal por el coso de San Jerónimo, dos orejas, rabo y palmas desde el tendido, pero hete aquí que le ha salido un hueso duro de roer, una mujer brava que le ha puesto las pilas y ha venido a decirle que al taller de la democracia uno va a trabajar, no en plan estrellita. Díaz, enfrascada como está en la presentación de su plataforma Sumar, no desaprovechó la oportunidad de poner en su sitio a Tamames y de afearle su moción fake. Su hora y pico de charla trenzada de números, cifras e ideas casi provoca un parraque al catedrático. Mítico ese momento en el que la ministra, vestida de un elegante blanco inmaculado, le informó de que intervenir el mercado laboral es cumplir la Constitución, nada de sindicalismo vertical franquista, como viene a sugerir el candidato. O cuando le recordó la importancia de la negociación colectiva, una conquista social que el anciano economista ya ha debido olvidar. Pero quizá el peor disgusto se lo dio la vice, sin duda, cuando le dijo eso de “usted representa a quienes empuñan la Constitución, pero no la cumplen”. Para entonces Tamames la miraba escandalizado y sin poder entender cómo una moza feminista cuarenta años más joven se atrevía a darle a él lecciones macro y micro. Ahí fue donde don Ramón verdaderamente tomó conciencia de que España ha cambiado tanto desde la Transición que ya no la conoce ni la madre que la parió.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

LA MOCIÓN DE CENSURA

(Publicado en Diario16 el 21 de marzo de 2023)

No se puede debatir con un ultra, ya lo dijo Durruti. Es como golpearse contra un muro una y otra vez. Cuanto más diálogo paciente y respetuoso empleemos con él, más insultos, malos modos y exabruptos recibiremos por su parte. Cuanta más razón, sensatez, datos empíricos y lógica le pongamos al intercambio de ideas, más bulos, demagogia, fanatismo y odio nos caerá a modo de chaparrón incontenible. No lleva a ninguna parte. Es tiempo perdido. Un absurdo.

Al ultra no le interesa el debate sosegado para llegar a acuerdos o soluciones a los problemas de un país. Su único objetivo es reventar cualquier tipo de consenso, volar por los aires el sistema, acabar con el parlamentarismo que no le seduce. Hoy, al presidente del Gobierno no le ha quedado otra que ponerse cara a cara con ese extraño ser que practica el maquiavélico diálogo de sordos de la ultraderecha posmoderna. El premier socialista se ha visto obligado a participar de esta gran ceremonia de la confusión (cosas que tiene la democracia, que permite a sus enemigos sentarse como uno más a la mesa) y desde ese momento estaba atado de pies y manos. Tenía ante sí un buen marrón. La moción de censura Tamames, quien por cierto por momentos recordaba a ese abuelete al que se aparca junto a la chimenea, bajo una mantita de cuadros, mientras los jóvenes discuten acaloradamente sobre un mundo que ya no es el suyo, no era más que una burda trampa para que Vox diera por oficialmente inaugurada su campaña electoral. Un cepo muy bien puesto para dos presas: primero para Sánchez, que tenía que bajarse sí o sí al barro, donde Abascal se siente como pez en el agua; y después para Feijóo, que como no estaba por razones obvias desempeñó el papel de fantasma ausente. En ese escenario, con los grandes intelectuales y gurús de la nueva extrema derecha española en el gallinero y haciendo las veces de corifeos y palmeros del amado líder, se ha consumado el regalo electoral para el trumpismo ibérico a pocas semanas para las elecciones.

De alguna manera, Sánchez se ha visto atrapado por el mundo al revés lisérgico, onírico, de los ultras. Y no se le puede reprochar nada al inquilino de Moncloa. Otros grandes estadistas a lo largo de la historia cayeron antes que él en esa batalla perdida de antemano contra los totalitarios demagogos. Que lo hayan arrastrado a este circo ya es una victoria para la extrema derecha. Cuando Sánchez se ponía en plan duro y castigador, el dirigente ultra tiraba de victimismo poniendo ojitos de cordero degollado. Cuando el presidente flaqueaba, su oponente pasaba a la ofensiva haciendo gala de un lenguaje joseantoniano, guerracivilista y hostil como no se escuchaba en el hemiciclo desde los tiempos de la Segunda República. Así, si el presidente afeaba a su rival su escaqueo del servicio militar, este se defendía alegando que en sus años mozos él estaba haciendo política en Llodio mientras los ahora socios bilduetarras del Gobierno querían matarlo. Si Sánchez le echaba en cara sus chiringuitos y el “chollazo de las paguitas” que le daba Ignacio González, él sacaba a pasear el PSOE de los ERE, el terrorismo de Estado y la mugre del Tito Berni. “Usted lleva agitación a las calles, bronca al Parlamento y odio en todas partes”, aseveró Sánchez, a lo que el Caudillo de Bilbao respondía que la crispación y la división entre españoles la han puesto los socialistas por sus pactos con los enemigos de España. Hasta cuando Sánchez le recordó su pasado putinesco (todos esos tuits alabando al dictador ruso que han sido convenientemente borrados) chocaba con el universo paralelo del ultra, que se sacó un efectista zasca de la manga al denunciar que los más comprensivos con la invasión de Ucrania están en el propio Consejo de Ministros en forma de socios podemitas. Un autócrata siempre tiene argumentos para todo, y si no los tiene, se los inventa. Vive del victimismo y del odio, de la acción-reacción, de la demagogia venenosa, ese garrafón que siempre acaba emborrachando al pueblo.

El presidente no ha estado mal en esta moción berlanguiana, casi grouchomarxista. Incluso se mostró ingenioso y brillantemente metafórico cuando dijo eso de que Vox es el “glutamato que da sabor extremo a la derecha española”, reprochando que Núñez Feijóo haya pasado del “no” de Pablo Casado a Vox en la primera moción de censura a una indecente abstención en esta segunda vuelta. Como también se mostró eficaz cuando alegó que a la extrema derecha no le preocupa ni la unidad de España (que hoy por hoy no está amenazada, ya que el independentismo catalán se ha desinflado como un suflé mal cocinado); ni la Constitución que el PP incumple sistemáticamente tras más de cuatro años de bloqueo a la renovación del Poder Judicial; ni la economía (que va bien y hasta la OCDE revisa al alza las previsiones de crecimiento para 2023); ni siquiera la regeneración e higiene democráticas, ya que el caso Mediador es “solo un garbanzo negro” cuando la derecha ha chapoteado en “la olla de la corrupción”.

Tiene toda la razón Sánchez al decir que el único objetivo de la moción Tamanes es frenar “por cualquier medio” las políticas de reformas progresistas en nuestro país y garantizar que quienes han ostentado el poder en los últimos siglos, probablemente desde 1812 (cuando se frustró la auténtica revolución contra el tradicionalismo absolutista), sigan conservándolo. Lo que realmente da miedo a los poderes fácticos representados por el dúo Abascal/Tamames es el loable esfuerzo realizado por el Gobierno de coalición en subida de salarios, la reforma laboral contra la precariedad, el refuerzo del escudo social con prestaciones como el ingreso mínimo vital, la revalorización de las pensiones, el sostenimiento de la Sanidad pública, las becas para los hijos de los obreros y la lucha contra el cambio climático, entre otros muchos avances. Y por encima de todo, lo que más aterroriza al nuevo franquismo tuneado es que la mujer gane en derechos y avance en igualdad, una conquista social que acabará con el patriarcado machista más temprano que tarde. Pero todo ese discurso presidencial, con ser cierto y real como la vida misma, queda oscurecido, licuado por la retórica vacía y verbalmente violenta de un tipo como Abascal al que le basta con agitar el malestar en la calle por las sucesivas crisis que, como maldiciones bíblicas del capitalismo fracasado, nos han ido cayendo en los últimos años. Vox ha conseguido lo que quería con la moción Tamames: minutos de televisión, focos internacionales, poder mediático. Sánchez se ha acercado más a la realidad de la España de hoy que Tamanes con su visión de país rancio, apolillado y distorsionado propio de quienes “levantan mausoleos a mayor gloria del tirano”. El presidente ha estado creíble a la hora de dibujar un país real. ¿Pero a quién le interesa ya la verdad?

Viñeta: Iñaki y Frenchy