miércoles, 20 de abril de 2016

JUEGO DE PATRIOTAS



Los papeles de Panamá están arruinando las brillantes carreras y florecientes reputaciones de un buen ramillete de políticos, intelectuales y artistas que iban de dignos por la vida pero que, tal como se está demostrando ahora, no cumplían con sus obligaciones fiscales. No es cuestión de entrar aquí a analizar el comportamiento legal y moral de todos y cada uno de los personajes implicados en esta historia turbia de escala mundial. Sería imposible, dada la cantidad de presuntos implicados repartidos por todo el orbe. Algunos de los afectados, como Pedro Almodóvar o Imanol Arias, ya han pedido disculpas por sus supuestos tejemanejes en el paraíso fiscal panameño (pese a que, no lo olvidemos, no son políticos ni funcionarios públicos ni están obligados a dar explicaciones a los ciudadanos sobre su comportamiento personal) y han admitido que cometieron un error cuando estamparon su firma en empresas opacas cuya única finalidad comercial es defraudar a la Hacienda pública española. Hasta Bertín Osborne, el excachas y racial intérprete melódico, ha optado por cantarlo todo públicamente, como si de una mala ranchera se tratara, y admitir sin tapujos ni coartadas que fundó una offshore solo para pagar menos impuestos: "Lo hice porque me dio la gana, como hace todo el mundo". Punto pelota. Con un par. Sigue siendo el Rey, como diría en una de sus rancheras.
Asumir errores y culpas sin ambages ni excusas imposibles es el primer paso para regenerar la imagen personal de un personaje público, si es que la imagen de alguien puede ser regenerada tras ser pillado in fraganti haciéndose lo que podríamos calificar como un "simpa" planetario. Pero parece que nuestros políticos, una vez más, no están sabiendo estar a la altura. Nos referimos, entre otros, al ya dimitido ministro de Industria, José Manuel Soria, cuya firma sospechosa de puño y letra aparece estampada en las actas de UK Lines, una de las empresas fantasma que han sido detectadas. En las últimas horas, el ministro había dado diferentes versiones al respecto para tratar de salir del atolladero, explicaciones a cada cual más increíble, surrealista e inverosímil que la anterior. Desde que fue pillado con el tráiler del helado (lo del carrito se le  queda pequeño ya a nuestros políticos), el señor Soria ha ido pasando por diversas fases explicativas que no han hecho sino ir enterrando paulatinamente su ya maltrecha credibilidad. Cada excusa que daba Soria era una palada más de mentiras en esta historia, mientras sus compañeros del Gobierno y del PP no daban crédito y pedían su dimisión con la boca pequeña en los pasillos del Congreso, también conocidos como M-30 por la saturación de políticos que circulan por allí. En un primer momento, Soria dijo que no sabía ni recordaba nada de la empresa panameña en la que él y su hermano figuraban como administradores, como si su firma plasmada en las actas hubiera aparecido allí por arte de magia o por ciencia infusa; horas más tarde, y ya con los humos más rebajados por el aluvión de noticias sobre sus extrañas actividades en el extranjero, aseguró que esa rúbrica no era realmente la suya (probablemente alguien se la había usurpado o falsificado mientras dormía, como si un ministro firmara con la equis del paleto y fuera tan fácil copiarla) y que todo se debía a un lamentable error de Mossack Fonseca, el abogado fontanero que arregla el tema a la biuti para no pagar impuestos. En realidad Fonseca no ha dicho ni mu sobre los asuntos de Soria, lo cual que ha dejado tirado al ministro; y por último, una vez que se vio acorralado, y en un acto de cobardía bochornosa que pasará a los anales del parlamentarismo patrio, terminó echándole el muerto a su padre fallecido, al atribuirle la responsabilidad en la creación de esta sociedad pantalla. Aquí, cuando un político no quiere saber nada de un asunto escabroso, le echa la culpa al muerto, sea el padre o un tío que está en Graná, y a otra cosa butterfly. Por lo visto, tener un tío en Graná no sirve de ná, pero tenerlo en Panamá parece que sirve todavía menos, ya que los de la UCO son avezados y astutos echando el guante y siempre le acaban cogiendo a uno las trampas y desfalquillos. De modo que Soria creyó que con echarle el muerto al muerto, en este caso al padre occiso, era más que suficiente para evitar comisiones parlamentarias inconvenientes, investigaciones periodísticas urticantes y murmuraciones incómodas de los rojos podemitas. Pero lamentablemente no es así. Los muertos no pueden taparlo todo. Los muertos bastante tienen con estar muertos, que es una faena y además no puedes defenderte por ti mismo. Bromas aparte, podemos decir que el ministro ha mentido no solo una vez, sino hasta tres veces, si no más. Su dimisión de las últimas horas ha llegado tarde y mal. No solo ha quedado como un evasor fiscal, sino lo que es mucho peor, como un mentiroso compulsivo. Y todo por aferrarse al cargo, todo por tratar de escurrir el bulto hasta el final. Lo malo es que el bulto era tan grande que no había forma de esconderlo.
Al menos Mario Conde, otro célebre encarcelado en los últimos días (a este paso no va a haber cárcel para tanto golfo) no engañaba a nadie porque iba de moroso mayor de España con pazo de lujo y campo de golf y ejercía de ello, qué pasa. Conde iba en plan chulo, descarado, sin tapujos ni pudores, y hasta se permitía subirse al púlpito de Intereconomía cada noche para echarnos una charlita y decirnos que quien no tiene una offshore es que es un "hortera". A Conde, cada vez que se marcaba una tertuliada televisiva, todos le hacían la ola y hasta le hacían palmas con las orejas. Mario se ha quedado con el personal durante todos estos años, se ha reído del Gobierno, de la Justicia, del pueblo. Mario ponía la pistola humeante a la vista de todos, tras pegar el atraco, y nadie se atrevía a meterle mano a las cuentas suizas, porque para eso era el amiguito del alma del Rey, te quiero un huevo. Pero Soria no, Soria tiene una doble personalidad jurídica y física, ha engañado a los ciudadanos y lo ha hecho de la peor manera que lo puede hacer un hombre íntegro: culpando de sus negocios pasados a papá, diciendo que todo el papeleo societario lo llevaba el progenitor y la Fiscalía que le pregunte a él que está en el cielo. Ya estamos acostumbrados a que nuestros políticos pongan las excusas más peregrinas cuando son cazados en un renuncio o asunto oscuro. Carlos Fabra, sin ir más lejos, decía que sus ganancias ilegales se debían a que cada año, religiosamente, le tocaba la lotería hasta cuatro y cinco veces. Qué culpa tenía él de tener buena mano con el juego. Jordi Pujol alegó que la inmensa fortuna que había amasado en el paraíso andorrano se debía a la herencia de su padre, "el abuelo Florenci", pese a que el anciano no tenía ni una perra gorda en el bolsillo, más allá de un antigua masía que se caía a trozos y un viejo mastín de los Pirineos tísico, pulgoso, atado a la puerta; y el mismísimo Bárcenas, quien por cierto se está comiendo sus marrones y los de todos, atribuyó los lingotazos de oro suizo que le salían por doquier a sus trabajos decentes como emprendedor, pese a que todo el mundo en el partido sabía que el bueno de Luis no había emprendido nunca un mal negocio de pipas y que toda su fortuna clandestina se debía más bien a los sobres que corrían por Génova 13 como pollos sin cabeza. Hablando de cabezas, todas estas mentirijillas de Soria le han costado la testa sin ninguna duda, ya que voces autorizadas del PP como la de la dama de hierro, Espe Fitipaldi Aguirre, ya había avisado de que estaba con la escopeta presta y cargada, o sea esperando explicaciones del ministro sospechoso a la mayor brevedad posible. Como si fuera fácil explicar todo este embrollo, estará pensando Soria, como si fuera fácil explicar tan complejo entramado de empresas interpuestas, papelamen falso, sociedades fantasma y testaferros de Mossack Fonseca a los que ni él mismo conocía. No se pase señora Aguirre, que este lío empresarial no lo entiende ni la madre que lo parió, no lo saben explicar ni los economistas de Georgetown que le dieron la medalla de oro a Aznar, quien por cierto ahora ha sido multado por Montoro por hacer sus pinitos en el mundo fugaz de la evasión. "El que no se haya puesto al corriente con Hacienda que se vaya dando prisa", ha dicho el ministro de Economía en un ejercicio de suicidio político sin precedentes. Poniendo multas al jefe y cabreándolo no llegará San Cristóbal a los altares del Senado, ni a los de Bruselas, ni mucho menos a cobrar una jugosa pensión tras pasar por la pertinente puerta giratoria.
Evasión. Evasión o victoria. Ese era el lema, la máxima con la que han actuado tantos cargos públicos del PP que como ángeles caídos se han ido perdiendo por los paraísos mortales de la corrupción. Todos eran muy patriotas pero a la hora de cumplir con Hacienda todos se comportaban como el más ruin de los traidores. El tema de Soria, si lo tiene que explicar doña Señora Finiquito, o sea la Cospe, terminamos todos con migrañas y sin aclarar nada. Lo de Soria mejor que nos los explique Chiquito de la Calzada, que algo en claro sacaremos.

Viñeta: Igepzio

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