sábado, 2 de abril de 2016

PASEO ROMÁNTICO POR LAS CORTES

Pedro y Pablo ya son pareja. Se quieren, se aman, se desean. La política hace extraños compañeros de cama. Primero se tiran los trastos con cal viva a la cabeza y al rato hacen las paces con paseo romántico por Recoletos. Solo les faltó cogerse de la mano, en plan Pimpinela, y sellarlo todo con un buen revolcón junto a los estanques del Retiro. Ha nacido algo bello, ha nacido el amor. Los pajarillos cantan, las nubes se levantan, la primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido, aquello que decía don Antonio. Un Gobierno nos ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Fue un amor tortuoso y trabajado, no un simple flechazo. Amar significa querer amar. Los novios se citaron bajo los leones de San Jerónimo. Pablo le regaló un libro a Pedro: historia del baloncesto en España. A Pedro le pilló de sorpresa, se le pasó lo del regalo. Un descuido, un despiste, pero le hizo ojitos, le va el rollo. En una pareja siempre hay uno que ama más que el otro, qué se le va a hacer. Debe ser muy importante y trascendente la historia del baloncesto, mucho más que la historia de España, cuando dos estadistas asientan los pilares del Gobierno sobre ello. Cosas de pareja, entre ellos se entienden. Los enamorados crean su propio universo secreto, apartado, impenetrable para el resto de la gente. Antes los novicios del amor se regalaban encendidos versos de Bécquer; ahora se obsequian con tochos intragables sobre el noble arte de la canasta, mamotretos de mil páginas que no dicen nada pero que hacen bonito en la estantería. Son los signos de la nueva política, los tiempos líquidos que nos ha tocado vivir donde todo es ligero, liviano, banal. Ya no hay derechas ni izquierdas, ni arribas ni abajos, ni chichas ni limonás. Hoy te quiero, mañana no. Se impone el tuiterío barato, los focos, el postureo. "Me ha herido recatándose en las sombras / sellando con un beso su traición / los brazos me echó al cuello y por la espalda / partióme a sangre fría el corazón", decía el maestro Gustavo Adolfo. Qué bonito es el amor que todo lo puede, qué bello es que hasta es capaz de lograr lo imposible: endulzar el corazón de Pablo forjado con el hierro bravo de los cañones soviéticos; dulcificar el alma huraña y resentida de Pedro. Pablo y Pedro. Pedro y Pablo. Ya son solo uno, uña y carne, culo y mierda. Ya se quieren, ya se aman, aleluya, aleluya, levantemos el puño y los corazones, cantemos la Internacional. Atrás quedan los desplantes, las injurias, los agravios. Qué importa el orgullo cuando está en juego el trono de España. Juego de tronos, qué gran culebrón venezolano, qué gran metáfora de esta España hundida y sin gobierno. Dicen los analistas de las mañanas que todo es puro teatro, sainete de enredo, comedia sofisticada de altos vuelos en plan Lubitsch, con sus frivolidades y puertas que se abren y se cierran, con sus teatrillos y ataques de cuernos. El torerillo cornudo es Albert Rivera, el español celoso y despechado Mariano. Lo tiene todo para triunfar esta gran historia de amor. Pasión, celos, misterios, traiciones, intrigas. Solo falta el último duelo de caballeros con levitas al amanecer, espalda con espalda, a revólver o a florete, al punto de sangre. Ya se quieren, ya se aman. Hosanna en el cielo. Esto puede terminar en bodorrio en las Cortes, con campanas y espadas en todo lo alto, o como el rosario de la aurora. Son las cosas de la vida, son las cosas del querer. Las cosas de la política. Las cosas de España.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

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