lunes, 8 de enero de 2018

CHAPUZAS Y ATRACOS


Más de tres mil vehículos bloqueados en la carretera, cientos de personas atrapadas durante 20 horas en las autopistas como ratoneras, un caos, un desmadre, un sindiós. Año tras año, los ciudadanos españoles tenemos que soportar que una simple nevada –no una bomba ciclogenética ni un violento temporal americano, sino una helada de las de toda la vida–, colapse un país entero. La situación resulta intolerable en una sociedad que se dice avanzada y alguien tendría que pagar de una vez por todas con una sonora dimisión por tanta incompetencia. Ahora vendrá lo de siempre: las exasperantes comisiones parlamentarias de investigación que no servirán para nada, las ruidosas trifulcas entre políticos marrulleros, las inadmisibles excusas de los responsables de la DGT, que tratarán de echarle la culpa a los conductores por no llevar cadenas, un termo y una mantita en el maletero. Y lo peor de todo: el silencio administrativo vergonzante de unos concesionarios de autopistas que son auténticos cuatretros, asaltacaminos y bandoleros de serranía que nos roban a punta de pistola cada vez que pasamos por el peaje y que a la hora de la verdad, a la hora de la nevada, se lavan las manos para que sea la Guardia Civil la que se coma el marrón, en este caso el blanco de la nieve. Si la altura de un país se mide por la previsión con la que sus gobernantes reaccionan ante las catástrofes, España sin duda sigue siendo un Estado enano. Afortunadamente siempre hay profesionales como los de la UME que se remangan y sacan a la gente del atolladero de hielo e ineptitud en el que cae por culpa de sus políticos. Lo de este año ya está resuelto, las carreteras expeditas de nuevo. Hasta la próxima nevada de incompetencias. Ancha es Castilla.

"¿Sabe cuánto perdieron los inversores privados durante la crisis? Cien mil millones de euros. Eso no es saqueo, amigo, es el mercado", dijo ayer bravuconamente el impostor Rodrigo Rato durante la comisión de investigación del Congreso sobre las causas del terrible crack del 2008. El otrora superpoderoso ministro y hoy superpatético delincuente de guante blanco condenado a cuatro años de prisión mostró su lado más arrogante y altivo y dijo sentirse traicionado por sus compañeros del PP. Ni una sola muestra de arrepentimiento, ni una sola palabra para pedir perdón a los españoles por todos los desmanes cometidos en la banca bajo su sórdido mandato. La tragedia de Rato, símbolo de la gran estafa ibérica, es que quiso pasar a la historia como la mente económica más preclara y prodigiosa de su tiempo y al final va a quedar como un carterista de baja estofa, un pillete que se fundía ansiosamente los fondos de los ahorradores, un charlatán de feria que llevó a todo un país a la bancarrota más terrible que se recuerda. Al mismo tiempo que el señor Rato nos daba lecciones de macroeconomía él se pulía alegremente hasta 100.000 euros con su black. Al mismo tiempo que los españoles pagaban de su bolsillo los 77.000 millones de euros para el rescate de la banca él se subía el sueldo hasta niveles estratosféricos y se ponía a remojo entre yate y yate y hacía del caviar carísimo su mejor afición. El señor Rato sigue metido en el papel de dios del dinero pero ya nadie cree en él, ya todo el mundo sabe que no es más que un dilapidador, un maestro del pillaje y la rapiña, alguien que anteponía su avaricia sin límites y sus ambiciones personales al interés general de una nación. El ex superministro convicto y confeso ya no engaña a nadie. Ha pasado de Rato a raterillo. La gran pregunta es: si el magnate americano Madoff terminó en la cárcel y sigue pagando por sus delitos, ¿por qué este personaje sigue suelto y sacando pecho por ahí?


Viñeta: Igepzio

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