sábado, 3 de junio de 2023

EL COMPLOT

(Publicado en Diario16 el 1 de junio de 2023)

Corren rumores de que los barones del PSOE vuelven a las andadas para cargarse a Sánchez. Lo llevan entre ceja y ceja desde que el premier superó el golpe de mano que le dieron, ganó las primarias y recuperó la Secretaría General después de muerto. Aprovechando la coyuntura del descalabro en las municipales, el relato que toca ahora pasa por hacer ver a la militancia que García-Page tenía razón y que él estaba completamente equivocado. Equivocado cuando pactó el Gobierno de coalición con Pablo Iglesias; equivocado cuando trazó las líneas maestras de la “gobernabilidad variable” apoyándose en los independentistas de Bildu y Esquerra; equivocado por haber tratado de dar un volantazo a la izquierda al partido. ¿Veis como estábamos en lo cierto? ¿Os dais cuenta ahora de que demasiada izquierda podía atragantarnos? ¿Por qué no nos escuchasteis cuando aún estábamos a tiempo?, repiten una y otra vez. En público no son tan explícitos, pero en petit comité, en los pasillos de Ferraz y del Congreso, se lo susurran al oído a compañeros y allegados.  

García-Page, siempre ayudando en los peores momentos, se queja de que Sánchez no le llamó para felicitarlo por su victoria y acto seguido suelta una de sus perlas habituales al asegurar que muchos alcaldes y presidentes autonómicos “se han llevado una patada que no era para ellos” sino para el líder supremo. Para patada la que él quiere darle a Sánchez desde hace ya mucho tiempo. Para patada la que él lleva dentro, en el subconsciente, y que sueña con poder propinarle algún día al jefe. Ahora Page aparece como el gran triunfador frente a la derrota del sanchismo, otra mentira más alimentada desde ese PP que, cínicamente, alaba a Felipe González, a Joaquín Leguina, a Alfonso Guerra, en suma, al viejo socialismo que para ellos es el bueno frente al nuevo socialismo que consideran nefasto. Estos muchachos de la derechona son fantásticos. Dicen admirar al socialista del pasado que ya no puede hacerles daño electoral y vilipendian al de hoy, que amenaza sus privilegios de casta. Así quedan como tíos elegantes, finos y muy demócratas. Vomitivo.  

El mantra de los supuestos moderados del socialismo español (en realidad son de derechas también), de los patriarcas felipistas de la tribu, empieza a propalarse intensamente por los platós de televisión. Mientras las cosas iban bien estaban callados, cada cual a lo suyo en sus respectivos feudos y terruños. Pero ahora que llegan malos tiempos afloran las viejas rencillas, las cuentas pendientes y la ojeriza al patrón. Los que sueñan con un socialismo derechizado, un socialismo Armani para reconducirlo hacia el bipartidismo sumiso con los poderes fácticos y las élites, afilan las facas. ¿Qué es eso de echar a Ferrovial del país, de enemistarse con el grupo Prisa, de atacar a la patronal, al Íbex, a los poderosos? Intolerable. Ahora se trata de terminar de darle el toque de gracia al César, la estocada final, para que el tótem caiga definitivamente el 23J. Ya ha empezado a gestarse la clásica pinza diabólica formada por el sector liberalote del PSOE en permanente contacto con Génova 13, más la caverna mediática presta a infundir todo tipo de bulos, la parte voxizada de la judicatura, la banca y el empresariado, harto de subidas del salario mínimo interprofesional, de acuerdos con los sindicatos y de las monsergas de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. En su día, ya le hicieron la envolvente a Felipe y también a Zapatero. Son los métodos típicos de esta gente.

Poco a poco vamos teniendo noticias de que esa última conspiración, ese complot definitivo, está en marcha. Hoy mismo, JP Morgan se ha pronunciado sobre la situación económica en España al asegurar que el 23J ganará el PP, que se acelerará el crecimiento económico y que volverá la inversión extranjera. La victoria de Feijóo, según los señores del dinero de Wall Street, “sería positiva para la economía” y todos nadaremos en la abundancia. Estamos tan solo ante el pistoletazo de salida de lo que va a venir en estos dos meses de rabiosa caza al presidente. Por ahí arriba se ha dado orden de soltar a los perros y de ir a la yugular. No van a escatimar en nada y si hay que recurrir al juego sucio, lo harán. La ceremonia de sacrificio del sanchismo va a ser tan sangrienta que aquella macabra escena de Apocalypse Now en la que una tribu enardecida da muerte a un buey a machetazos va a parecer un juego de niños. Esto va camino de una explosión de furia como nunca antes se había visto. Rabia, bilis, linchamiento verbal contra un señor que podrá haber cometido sus errores, como todo gobernante y todo hijo de vecino, pero al que van a pintar como el Bin Laden de la política española. No habrá reglas ni fair play. Una auténtica carnicería, algo muy desagradable no ya para cualquier demócrata, sino para cualquier persona decente. Martínez-Almeida tenía ganas y ha entrado el primero al trapo: “Sánchez va a convertir la campaña en un lodazal”. Como si ellos no llevasen años soltando improperios y mugre contra los adversarios políticos. Lo llaman trumpismo, pero en el fondo no es más que el el cinismo de toda la vida.

Lo que están preparando promete ser vomitivo. La traca final del odio antisanchista. En ese contexto enrarecido y hostil se encuadra el discurso de ayer del presidente ante los parlamentarios socialistas. Fue la arenga del mariscal que sabe que la batalla contra el nuevo fascismo posmoderno está perdida pero pide a sus soldados que mueran luchando y con la cabeza bien alta. No fue el discurso de sangre, sudor y lágrimas de Winston Churchill, pero por momentos sonó emocionante. “¿Ortega Smith se parece a España? ¿Ayuso poniendo macetas en los balcones se parece a España? ¿Feijóo premiando con una maleta para que los jóvenes se vayan fuera de Galicia se parece a España? ¿Se parece a España Abascal cuando está en contra de que las mujeres aborten? España es mucho mejor que todo esto”. La política de la decencia contra el todo el vale; la civilización frente a la barbarie. Después de esas motivantes palabras, daban ganar de salir corriendo al colegio electoral más próximo y votar ya mismo.

Viñeta: Pedro Parrilla

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