miércoles, 17 de enero de 2024

MARLASKA

(Publicado en Diario16 el 21 de noviembre de 2023)

Contra todo pronóstico, Pedro Sánchez ha confirmado en su cargo al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Estamos ante un nombramiento que ha sorprendido al mundo político y periodístico, ya que el titular de este departamento figuraba en la lista de los coloquialmente conocidos como ministros amortizados, sentenciados o “quemados”. Ya se sabe que el sillón de Interior es como estar sentado encima de un polvorín a punto de reventar en cualquier momento, y más en España, un país turbulento y levantisco donde no faltan huelgas, protestas callejeras de todo tipo, manifestaciones (al PP le ha dado por convocar una cada día) e incidentes delincuenciales de todo tipo. El siempre atinado Antonio Maestre interpreta la designación como un “mensaje de no rendición al independentismo”, pero seguramente hay más, mucho más.

Las últimas dos semanas de cruda ofensiva ultra contra la ley de amnistía en Madrid habían terminado por finiquitar al exmagistrado de la Audiencia Nacional, de modo que no aparecía en ninguna quiniela de ministrables. Cualquiera en su lugar habría actuado como lo ha hecho él, es decir, enviando a las lecheras y antidisturbios a reprender a los nazis que pretendían pegarle fuego a Ferraz como en su día hicieron con el Reichstag. La Policía actuó con proporcionalidad en todo momento y solo cuando los escuadristas nostálgicos del Régimen anterior quisieron romper el cordón policial de seguridad para asaltar la sede socialista intervinieron los agentes para llevarse a unos cuantos cabezas rapadas y falangistas. Fue en esas algaradas nocturnas donde se le llamó de todo, mayormente el homófobo e infame “Marlaska maricón”, y quizá esa haya sido una razón de peso que ha llevado a Sánchez a mantenerlo en su despacho otros cuatro años más. Todo aquel que conozca mínimamente el presidente del Gobierno sabe que es un ganador nato, alguien a quien no le gusta perder ni al parchís, pura resiliencia y espíritu de lucha, de modo que prescindir precisamente ahora de su ayudante más vilipendiado y atacado se hubiese interpretado como una muestra de debilidad y una victoria de la muchachada franquista. Así que la revalidación del exjuex supone un claro mensaje al mundo ultraderechista: ni un paso atrás en la defensa de los derechos cívicos. No pasarán.

Pero, teniendo en cuenta ese motivo a caballo entre lo personal y lo ideológico, cabría preguntarse en qué posición queda el ministro a quien el jefe le ha dado una palmada de confianza en la espalda. Entre los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no goza precisamente de simpatía y predicamento, algo lógico por otra parte si tenemos en cuenta que ese submundo está ya en manos de Vox. Los sindicatos policiales le atacan por tierra, mar y aire al considerarlo responsable de las carencias y deficientes condiciones laborales que tienen que soportar los funcionarios y cada vez que su nombre suena en una casa cuartel de la Guardia Civil pinchan el disco con el himno de España a tope, se desenvainan las espadas y hacen el vudú con su retrato. No lo quieren ni en pintura, para qué vamos a engañarnos, así que a nadie le cabe la menor duda de que por ahí va a seguir el foco de conflicto y el malestar cuartelero.

Incluso hay quien entiende que el nombramiento no es más que una boutade, maldad o provocación de Sánchez, que ha planteado su nuevo gabinete con un fuerte “perfil político”, lo cual significa, ni más ni menos, que apuesta por un atrincheramiento ideológico y material ante la ofensiva de la ultraderechona. En esa estrategia casi bélica, en medio del ruido de sables y las invocaciones a un levantamiento nacional, el fiel Marlaska cumpliría a la perfección el papel de general Miaja encargado de resistir y defender Madrid hasta el final ante el avance del nuevo nazismo posmoderno. Lo que ha pasado en Ferraz estos últimos días es tan grave que Sánchez quizá tema convertirse en el nuevo Allende con la Moncloa haciendo las veces de Palacio de la Moneda, así que se impone un ministro al que no le tiemble el pulso. El exmagistrado tiene valor, coraje, y acredita una hoja de servicios impecable en la lucha contra los violentos. De hecho, en el pasado soportó estoicamente las amenazas de la banda terrorista ETA, que le puso un comando itinerante para hacerle seguimientos y acabar con su vida en su residencia de vacaciones de La Rioja. Marlaska tiene hecha esa mili que pocos serían capaces de soportar, así que Sánchez ha entendido que es el hombre apropiado para el ministerio más ingrato.

Pero si entramos en el análisis detallado, no se puede decir que el balance del controvertido ministro en esta legislatura haya sido ni mucho menos brillante. El asalto a la Valla de Melilla de 2022 (una trágica montonera humana en la que fallecieron 23 inmigrantes y 76 resultaron heridos), dejó seriamente tocada su reputación política, sobre todo teniendo en cuenta que la Fiscalía terminó echando tierra encima en lugar de investigar las muertes hasta sus últimas consecuencias. Finalmente, fue reprobado por el Congreso de los Diputados.

Y tampoco se puede decir que saliera bien parado del turbio episodio que supuso el caso del espionaje al teléfono móvil de Sánchez con el programa Pegasus, un misterioso y sofisticado operativo de spyware que también llevó a cabo escuchas al terminal del propio ministro del Interior y de la titular de Defensa, Margarita Robles. A día de hoy nada se sabe sobre qué fue de aquellos 2,6 gigas de información íntima y personal robada al presidente socialista, aunque no faltaron conjeturas de los más variopintas, incluso que fue víctima de un chantaje de los servicios secretos marroquíes, del Mosad, de las cloacas del Estado y hasta de sus enemigos políticos. Todo aquello también se cerró en falso y Marlaska jugó un papel fundamental en el archivo. Hoy recibe el premio por los servicios prestados.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

No hay comentarios:

Publicar un comentario