miércoles, 25 de septiembre de 2013

EL MERKELAZO


El fiscal acaba de pedir dos años de prisión para dos tuiteras que no han hecho otra cosa que ejercer su constitucional derecho a la libertad de expresión y a la crítica política. Genial, el último reducto que nos quedaba intacto como ciudadanos de una sociedad democrática avanzada, el derecho sagrado al cabreo, al pataleo y al parleo, burdamente pisoteados por la ciega Justicia, que cada día está más ciega, la pobre. No hay duda, vamos a peor. Pues qué quieren que les diga, que hoy todos somos Espartaco, que es preciso dar un paso al frente, que no pasarán, y que si quieren entrullar a otro pobrecito hablador, ahí va mi último epitafio periodístico: la Merkel está gorda. Sí, obesa, rechoncha, atocinada. Y además es fea y chepada. Qué pasa. Corcovada, gibosa, chepudita. (Dejo pasar los minutos, tic-tac, tic-tac, arrimo el oído a la puerta, me rilo, soy de natural cobarde, pero parece que de momento no se escuchan las botas implacables de los guardias de asalto haciendo crujir las escaleras de mi casa). Hablemos pues de Ángela, la angelita, ahora que aún podemos. El merkelazo de las últimas elecciones alemanas ha puesto de manifiesto dos cosas muy serias y preocupantes: una, que los alemanes siguen refrendando la política dura que esta señora ha emprendido contra los negritos de la Europa tropical (o sea nosotros, pobres y mestizos mediterráneos); y dos, que Rajoy, como buen registrador que es, se ha tenido que comprar una nueva libretilla de apuntes (la otra ya la tenía gastada) para seguir registrando las recetas ultracapitalistas que la cancillera le va a ir dictando, de pe a pa, en los próximos meses. Anda nene, apunta, apunta, que no te enteras, so pusilánime: mi mamá me mima, me gustan las chuches, Marianito recorta las pensiones, Marianito baja los salarios, Marianito vende los hospitales, parece decirle la cancillera de granito. Con semejante institutriz severa y recia en el Reichstag y semejante pupilo repetidor en Moncloa estamos fucking, jodidos, o sea que nos han metido un frankfurt llameante por la mismísima retaguardia. Es froilan Merkel el mascarón de proa de esta Europa ultraliberal que poco a poco va recortando nuestros derechos económicos y sociales, una Europa que dista mucho de aquella idea utópica y fraternal que inspiró el Tratado de Roma, una Europa injusta, desigual y fracturada que no es más que un laberinto de comisiones y subcomisiones. Históricamente, los males de Europa siempre vienen de Alemania y tras siglos de guerras la derecha alemana se ha dado cuenta de que el colonialismo del dinero es más rentable y efectivo que el fascismo político. De Merkel no me gusta nada: ni su idea de Europa como un mercadillo de pobres y ricos, ni su pasado juvenil hippy (cuando enseñaba las tetas en Mallorca), ni su estilo luterano, ni su forma autocrática de entender la política al más puro estilo de una pequeña führer. Para esta señora, y por ende para todos aquellos teutones que la siguen votando, Europa no es un sueño de unidad y progreso, sino más bien un inmenso länder abierto 24 horas en el que ellos pueden darle germanamente a la Pilsen, un gran parque temático bonito y barato (sobre todo barato) por el que los bávaros se pasean todo el año a bordo de sus Mercedes como Panzers. Uno cree que si la Merkel nos sigue apretando las tuercas a los españoles con sus recortes insoportables tendríamos que ir tomando ya medidas urgentes y drásticas. De entrada, a los alemanes que vivan en Mallorca les arreamos un impuesto especial del arroz, para que la paella se les vaya atragantando; les cobramos la tumbona y la hora de sol hispano como en zona azul; y les ponemos el litro de sangría a precio de gasolina súper. Estos alemanes aún no saben con quién se juegan los cuartos. Puede que ellos tengan el Bundesbank, el euro, el pleno empleo y a Guardiola en la Bundesliga. Pero nosotros tenemos un ejército de camareros peludos, trincones, fenicios y muy cabreados dispuestos a darle el sartenazo a todo ario que se deje caer por nuestras soleadas y edénicas playas. ¿Cree que vamos a seguir tragando indefinidamente con su colonialismo económico, froilan Merkel ? Nein. Pues eso.    

Imagen: eljueves    

6 comentarios:

  1. Me temo que creen bien: Vamos a seguir tragando indefinidamente. Entre otras razones, porque con seis millones de parados, la ley de la oferta y la demanda se ha convertido en la ley del terror. Y porque seguimos aferrados a la ilusión de que esto también pasará. Y porque todavía la desesperación no ha superado al miedo. Y porque hace ya mucho que casi nadie lee a Marx. Y porque hasta que el mundo no se homogeneice más, siempre habrá alguien en algún lugar dispuesto a tragar más por menos. Y porque estamos atocinados cerebralmente hablando por unas pocas décadas de creernos europeítos de verdad, como los niños blancos. Y porque, como decía no sé quién, la lucha de clases existe. Y la están ganando ellos. Y porque, además de no leer a Marx, tampoco casi nadie lee a Jung y otros exploradores del mundo interno. Y porque casi nadie practica lo que ellos dicen y casi nadie lee. Y por muchas otras razones que resultarían arduas y cansadas de exponer ahora.
    Resumiendo: Vamos a seguir tragando. De momento. Y sin final a la vista.

    (Por cierto, ¿te has fijado en que el tiempo no pasa en esta mal llamada legislatura? Aún no hemos llegado a la mitad. Y ante nosotros se extienden dos largas eternidades de trescientos sesenta y cinco días cada una. El infierno ese inacabable del que nos hablaban de niños, se debe parecer a esto.)

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  2. Y... "vosotros los que entráis, dejad toda esperanza." Mecachis...

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  3. Y paso por alto el tufillo sexista. Sí. La Merkel es fea. Pero anda que el Montoro... O el Mariano. O el portavoz ese pepero del que ahora no me sale el nombre. O el Guindos. O tantos y tantos otros, de los que nadie menciona sus prendas... ¿cómo llamarlas? ¿Corporales?. La Merkel es fea, sí señor, y Alemania va tan bien por lo que ahorra en estilistas, pero el elenco político mundial masculino la iguala o supera, en desbelleza, sin que nadie diga esta boca es mía.
    Que lo cortés no quita lo valiente, y la fealdad merkeliana es, con mucho, el menor de nuestros problemas. Con sideral diferencia. Afirmo y tal.

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    1. AS, tienes mucha razón en lo que dices, y te agradezco tu comentario, que sería casi una columna de opinión y además brillante. Solo decirte que lo de la fealdad merkeliana no está dicho con ánimo sexista, si la señora fuera un hombre lo habría dejado caer también. Es un sarcasmo más dentro de una columna que pretende arrojar bilis sobre alguien que nos está haciendo la vida imposible a muchos millones de personas. SI fuera fea de cara pero íntegra de corazón también lo hubiera dicho. Lo políticamente correcto es un límite que a veces conviene traspasar. Un saludo.

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  4. Tambien mi comentario iba por la via del sarcasmo. La correccion politica me horripila. El de la desbelleza, digo. Los otros, por la via de una mala leche atroz. La que me ponen estos... gentuzos. Sin discriminacion de nacionalidad, sexo o apostura. Otro saludo.
    Y mayormente, acuerdo.
    Porque fea, lo que se dice fea, lo es, que diria Jose Mota.

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  5. Suscribo pues. Serla (fea) lo es a capazos. Ea.

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