jueves, 9 de enero de 2020

LA CONSPIRACIÓN

(Publicado en Diario16 el 3 de enero de 2020)

Inés Arrimadas ha decidido ponerse en plan estadista para evitar que Pedro Sánchez “rompa España” y en las últimas horas ha desplegado una ofensiva tan frenética como desesperada para contactar con los barones del PSOE y convencerlos de que deben derrocar al jefe por sus acuerdos con Esquerra Republicana de Cataluña. Arrimadas ha declarado por sí misma el estado de “emergencia nacional” sin necesidad de aplicar la Constitución ni nada, y eso a pesar de que Ciudadanos solo tiene 10 escaños en el Congreso, o sea la misma influencia política en el Parlamento español que una asociación vecinal.
En realidad, lo que la líder naranja está proponiendo a los barones territoriales socialistas es que participen en una oscura conspiración para derribar al presidente del Gobierno en funciones, lo cual sería no solo una maniobra antidemocrática, sino una traición al PSOE y un golpe de Estado en toda regla. No obstante, ya ha contactado con los presidentes autonómicos considerados “más críticos” con los planes de Sánchez, aquellos que supuestamente están en contra de crear una mesa de diálogo con los independentistas de Esquerra. Por lo visto, en su ronda de contactos Arrimadas ya ha hablado con el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y con el de Aragón, Javier Lambán, con quienes ha mantenido una conversación “cordial”. La portavoz de la formación naranja les ha expresado la necesidad de hacer “recapacitar” a Pedro Sánchez e impedir un Gobierno “con los populistas” de Unidas Podemos y los nacionalistas de PNV y ERC. Además, ha apelado al “sentido de Estado” de los barones socialistas para que “frenen” a Sánchez y les ha recordado que Ciudadanos ha propuesto la única alternativa “sensata y viable” para formar un Gobierno: la supuesta vía constitucionalista de los 221 escaños. Según esa solución final para el país, la alternativa Arrimadas, se constituiría una especie de Gobierno de concentración nacional, una Gran Coalición en la que tomarían parte el PSOE, el PP y cómo no, su poderosísimo e influyente partido, Ciudadanos. Por descontado, cabe suponer que ella, personalmente, ocuparía alguna cartera, carguete o ministerio en ese hipotético Ejecutivo de salvación patriótica, ya que, a fin de cuentas, de lo que se trata es de colocarse bien cuando las cosas se ponen feas, como es el caso de Cs.
La heroína Arrimadas, en su intento desesperado por salvar España, también ha intentado que la escuche el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, pero este “se ha negado a hablar con ella”, según aseguran fuentes de Ciudadanos. “Arrimadas lo tiene muy fácil. En vez de llamar tanto que vote a favor de la investidura de Pedro Sánchez y asunto resuelto”, le ha aconsejado Fernández Vara, no sin retranca, en un mensaje por Twitter.
Lo que queda de esta operación suicida de última hora para frenar un Gobierno de izquierdas en España, en realidad un gran despropósito político, es más bien poco: el patetismo decadente de una líder que no termina de asumir que su partido se ha ido al garete por culpa de las decisiones y de la mala cabeza de su anterior presidente; un alarmismo histérico innecesario (Sánchez no va a romper España, solo trata de negociar para solucionar un conflicto territorial dentro de los márgenes de la Constitución); y en definitiva el ocaso de un proyecto, el naranja, que ya no puede aportar nada a la política española.
A esta hora se desconoce si Arrimadas ha contactado también con los barones del PSOE de la cuerda sanchista, es decir, aquellos partidarios de negociar con los independentistas catalanes como el valenciano Ximo Puig. Es más que probable que no lo haya hecho porque eso para la señora Arrimadas sería tanto como negociar con el propio Sánchez, o sea con El Demonio rojo con cuernos, rabo y tridente que pretende cargarse España. Y es que Arrimadas solo se entiende con los buenos españoles de pedigrí y ahí ella tiene el monopolio en el reparto de carnés.
En resumen, la “operación Arrimadas”, como era de prever, ha terminado en rotundo fracaso y la jefa de Ciudadanos ha quedado como una patriota de opereta aquejada por una aguda crisis nerviosa a la que nadie hace caso. Ningún barón socialista le ha comprado la idea, algo lógico por otra parte. ¿Qué sentido tendría atender a una vendedora de enciclopedias en horas bajas que va de casa en casa ofreciendo novelillas de ciencia ficción política tan disparatadas e irrealizables como esperpénticas? Cualquiera en su sano juicio entiende que un Gobierno de coalición con PP y Ciudadanos (donde también entra Vox, que va en el mismo pack) sería la tumba del PSOE. Los barones pueden ser arrogantes pero no tan tontos como para picar ese anzuelo.
De modo que Arrimadas ha cogido su plan de urgencia para salvar España en un cuarto de hora, se lo ha metido debajo del brazo y se ha ido con él a otro negociado, o sea a la ventanilla de la calle Génova 13, donde las ideas naranjas ultras y liberales podrían encajar algo mejor. Dicen que ya ha contactado con Pablo Casado, al que ha insistido obcecadamente en su propuesta de pacto a tres −PSOE, PP y Ciudadanos− para evitar un Ejecutivo de coalición entre indepes socialistas y bolivarianos podemitas. No sabemos qué habrá salido de esa reunión pero parafraseando al tristemente desaparecido Albert Rivera de momento lo único que se escucha es “el silencio”.

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