jueves, 9 de enero de 2020

EL AVISPERO IRANÍ


(Publicado en Diario16 el 9 de enero de 2020)

¿Está España en guerra con Irán? Muchos expertos en cuestiones militares creen que no oficialmente, pero sí de facto. El criminal bombardeo ordenado por Donald Trump para liquidar al general Qasem Soleimani ha sido considerado por el régimen de Teherán como un “casus belli” y los iraníes ya han respondido al atentado con un virulento ataque con misiles contra dos bases logísticas norteamericanas en Irak. El Líder Supremo iraní, Ali Jamenei, ha asegurado que la región “ya no tolera más la presencia de Estados Unidos” en Oriente Medio y ha advertido de que cualquier aliado de los estadounidenses será considerado un enemigo de los iraníes. Mientras tanto, el odio a Occidente sigue extendiéndose por esa inestable región del planeta. Millones de personas se han echado a las calles estos días quemando banderas americanas y gritando aquello de muerte al “Satán Yanqui”.
El mundo vuelve a estar a las puertas de una guerra y en ese escenario prebélico cabe plantearse qué demonios pinta España en toda esta historia y en los sueños delirantes de un loco ultrarreaccionario como Donald Trump que tiene en su poder nada más y nada menos que el botón nuclear. En la actualidad, las Fuerzas Armadas españolas están presentes en Irak con 550 militares y guardias civiles desplegados en cuatro ciudades del país. Durante los últimos cinco años, nuestras tropas han liderado el entrenamiento de más de 70.000 efectivos de las fuerzas de seguridad iraquíes, de manera que podría decirse que España se ha implicado a fondo en este lejano conflicto que ni le va ni le viene.
Tras el brutal atentado contra Soleimani y la respuesta de los iraníes, Madrid ha replegado sus fuerzas en el área hacia zona segura en Kuwait. Sin embargo, nuestros soldados siguen estando en peligro ya que todos los analistas internacionales prevén una escalada acción-reacción entre Washington y Teherán que podría quedar fuera de control en los próximos días. No hace falta recordar que en España hay bases norteamericanas –Rota y Morón de la Frontera, fundamentales en el mantenimiento de los aviones estadounidenses que previsiblemente atacarán Irán–, de modo que no hace falta ser un avezado analista internacional para concluir que España está metida hasta las cejas en este conflicto en el que Donald Trump nos ha metido sin comerlo ni beberlo. Si a ello sumamos que nuestro país es socio de la OTAN –una alianza militar donde el magnate neoyorquino hace vale sus posiciones imperialistas y sus intereses económicos– y que ya tenemos una amarga experiencia en este tipo de episodios (los atentados del 11M en Madrid que costaron la vida a 200 personas fueron sin duda la respuesta del mundo islamista radical al Trío de las Azores) hay elementos más que suficientes para que nos tomemos en serio nuestra participación en aquella misión internacional, que no es precisamente de paz.
La mayoría de los militares españoles desplegados en Irak forman parte de la coalición internacional “Inherent Resolve” de lucha contra el terrorismo yihadista que lidera Estados Unidos. Su despliegue tuvo lugar en febrero de 2015 tras recibir el visto bueno del Congreso de los Diputados. También hay un pequeño grupo de efectivos que opera bajo paraguas de la OTAN, que esta semana ha anunciado la retirada temporal de parte de sus tropas debido a las tensiones que vive la zona tras el asesinato del general Qasam Soleimani. Al menos una decena de militares españoles salieron en la noche del lunes de Bagdag durante la evacuación parcial de la Base Union III ordenada por la OTAN, según informaciones de Europa Press.
Además, de los casi 550 efectivos españoles que permanecen en Irak, la mayoría, alrededor de 350 están ubicados en la base Gran Capitán, en la localidad de Besmayah, a 45 kilómetros al sureste de Bagdag, donde se dedican al entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. También hay una treintena de militares españoles en el Diplomatic Support Center, en el aeropuerto de la capital, y otros 30 en la localidad de Al Taqaddum, desde donde operan el Sistema Aéreo Remotamente Tripulado Scan Eagle. Por último, una unidad de helicópteros, con tres Chinook y dos Cougar, se encuentra en Taji encuadrada en una agrupación estadounidense. La forman aproximadamente unos 80 efectivos de las Fuerzas Armadas españolas que dan apoyo logístico a la coalición internacional.
Un despliegue más que importante que demuestra que estamos codo con codo con el Gobierno de Washington en la deriva del trastornado de la Casa Blanca, que dicho sea de paso ha ordenado el atentado de Bagdad acosado por un juicio de “impeachment” (proceso de destitución) y como forma de elevar sus índices de popularidad ante unas nuevas elecciones en Estados Unidos. Pero en España parece que a nadie parece inquietarle que de la noche a la mañana nos encontremos metidos en una guerra de consecuencias imprevisibles. Solo la ministra en funciones, Margarita Robles, ha salido al paso para asegurar que se encuentra “en contacto permanente” con el contingente español, que está “tranquilo”, pese a las tensiones que vive la zona. Una declaración absolutamente insuficiente, ya que lo que se impone de manera urgente es un Pleno extraordinario en el Congreso de los Diputados para debatir sobre la salida inminente de España de aquel avispero a punto de estallar.

Viñeta: El Koko Parrilla

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