jueves, 9 de enero de 2020

EL MUERTO NARANJA


(Publicado en Diario16 el 17 de diciembre de 2019)

Inés Arrimadas se reunió ayer durante más de una hora con Pedro Sánchez para decirle que no le apoyará en su investidura mientras siga en negociaciones con Unidas Podemos y ERC. Pese a todo, la líder de Ciudadanos aún ve margen para lo que ella considera un acuerdo “constitucionalista” a tres con el PSOE y PP siempre que, claro está, Sánchez rompa con “separatistas y comunistas”. Es decir, que estamos ante el clásico chantaje político consistente en poner contra las cuerdas al presidente del Gobierno en funciones y decirle que o hace lo que ella quiere o se rompe la baraja. Esa es la forma de negociar que tiene la derecha española: dogmatismo ante todo, fuertes dosis de demagogia e imposición de sus propias condiciones a toda costa.
El problema es que Arrimadas, Alicia en el maravilloso país del mundo naranja, no está en disposición de exigir nada. Tras el descalabro monumental del 10N, donde perdió 47 escaños, Ciudadanos se ha quedado sin líder y lo que es aún peor: sin identidad, sin objetivos claros y sin proyecto político. El partido, a fuerza de giros bruscos, volantazos y veletismos, ya no sabe si es una formación de derechas, de centro derecha, liberal reformista, demócrata-cristiana, moderada, regeneracionista, ultranacionalista de extrema o todo ello a la vez. Lo ha ido probando todo y todo le ha salido mal. Hoy la “bisagra”, esa pretensión con la que un buen día soñó Albert Rivera, se ha quedado oxidada a las primeras de cambio, quizá de tanto usarla, como decía la canción.
Pero Arrimadas, lejos de hacer este análisis que es el que más le convendría hacer al partido, y ceder sus 10 escaños altruistamente para que España pueda tener un Gobierno de una santa vez, sigue instalada en la ensoñación del pasado que pudo ser y no fue, como si Ciudadanos, hoy en día, pintara algo en la vida pública española. Es evidente que los naranjas ya no tienen mucho que aportar al país más que esperar a ser devorados por Vox. Apenas sirven para darle ese falso y tibio toque de color liberal a un Congreso de los Diputados polarizado en dos bloques o frentes, aunque ya ni eso, en vista de que su elenco de actores estrella anda de capa caída. Felisuco abandonó su escaño en Madrid para, según dicen, iniciar una aventura más ambiciosa: presidir la Comunidad de Cantabria, algo que tampoco ha logrado, ya que Miguel Ángel Revilla es una máquina de ganar elecciones y le ha dado para el pelo, nunca mejor dicho.
De Toni Cantó qué se puede decir. Que sigue en coma político tras el batacazo electoral, como aquel personaje que interpretó en la serie 7 Vidas, el joven que estuvo dieciocho años sumido en un sueño profundo y cuando despertó ya no era el mismo. Lo último que se sabe de Cantó es que un buen día se despidió de las Cortes al grito de Viva España y nunca más se supo. Dicen que marchó a la Comunidad Valenciana para levantarle la Presidencia de la Generalitat a Ximo Puig. Y por allí debe seguir.
Quiere decirse que todo en Ciudadanos es ya pasado, historia y decadencia. El partido tuvo su sentido mientras fue muleta y pegamento del bipartidismo agonizante pero Rivera se radicalizó, se puso la barba de fundamentalista español como Santiago Abascal y le negó el pan y la sal, incomprensiblemente, al sanchismo. El líder de Cs no supo aprovechar todo el inmenso caudal popular que canalizó entre los votantes catalanes abandonados por Madrid y arrollados por la ola indepe. El cordón sanitario a Sánchez fue un grave error y sus pactos con la extrema derecha de Vox un dislate todavía mayor. El refresco naranja perdió todo el gas nada más descorcharse el tapón y ni siquiera Marcos de Quinto, experto en la fórmula secreta de la Coca Cola (y del sabor del éxito y el dinero), supo cómo arreglar el producto desventado.
Ayer Arrimadas se presentó muy elegante, digna y orgullosa a su reunión con el presidente del Gobierno en funciones y hasta salió de la entrevista como si fuese ella la primera candidata para presidir España. Todo eran condiciones, ínfulas, exigencias, líneas rojas y fronteras. Hasta se permitió aconsejarle a Sánchez, poniéndose exquisita, que buscara “la moderación y la estabilidad” con los constitucionalistas, precisamente ella que lo ha pactado todo con la extrema derecha neofranquista. La jefa del partido de los diez temblorosos escaños parecía Juana de Arco seguida por toda una nación levantada en armas para defender España del poderoso enemigo separatista. Quizá cuando llegó a la sede de Cs se dio cuenta de que ya no es nadie y de que unas nuevas elecciones solo servirán para colgar en la puerta el cartel de “cerrado por defunción”.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

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