lunes, 16 de diciembre de 2013

DE JOAN FONTAINE, LOLITA SEVILLA Y O´TOOLE


Hay noticias que producen estupor y furia (la familia sevillana muerta por una sobredosis de comida caducada); noticias que producen hilaridad (el arquitecto de Génova 13 entrando en la Audiencia Nacional con el casco de moto en la cabeza para que no le vean la jeta); y noticias que producen nostalgia, como la muerte de Joan Fontaine, Peter O'Toole y Lolita Sevilla, todo en uno. Hay algo extraño y mágico en el mundo del cine que hace que las estrellas nunca se vayan solas. Siempre mueren de dos en dos y hasta de tres en tres, como si el dios del celuloide quisiera concederles el último deseo de acompañarse entre ellas en una función final camino de la eternidad. Fontaine fue la rubia frágil e insegura, la rubia inteligente (también las hay) que enamoró al gordo/salido Hitchcock. Sus papeles de mosquita muerta elegante y casi frígida que las mataba callando gustaban mucho al personal y una de sus películas inmortales, Rebeca, terminó dando nombre a una prenda de vestir. Ponte una rebequita, nos decían nuestras abuelas cuando salíamos por la noche, a las fiestas del pueblo, para hacer maldades con las mozas. De Lolita Sevilla qué podemos decir. Que puso gracia, arte y salero a la Coplilla de las divisas, aquello tan típico y español de Americanos os recibimos con alegría, la canción de Bienvenido Mister Marshall, una película más vigente que nunca. Deténgase el sufrido lector de este blog en el fotograma en el que Pepe Isbert, Manolo Morán y la propia Lolita Sevilla entrelazan sus brazos y enfilan alegres y contentos por el pueblo para recibir al señorito yanqui, sustituya a esos grandes actores por Rajoy roneando en andalú, por Montoro con sombrero de Vinos Tío Pepe y a la Cospe muy pizpireta ella con su faralá y su peineta españolaza y tendrá el vivo retrato de un país que sigue esperando la llegada del Marshall de turno. Nada ha cambiado desde el cuarentañismo, salvo que hoy el amigo americano ya no trae leche en polvo de la NASA para los niños de la guerra y de la polio sino más bien el tocomocho del parque temático, como el fulano ése de Eurovegas que quería comprar España a golpe de talonario enfangado de whisky, juego y putas. Vivimos un déjà vú histórico, ya lo hemos dicho aquí otras veces, y hemos vuelto a la posguerra del pueblo llano viviendo la miseria de la manta y el brasero, la miseria de cartón y hojalata, la miseria de las latas caducadas y botulímicas que fumigan españoles como moscas, mayormente parados y miserables. Nuestra derecha patria sigue creyendo en el mito berlanguiano del papá yanqui que llega de la USA opulenta para rescatarnos de la pobreza monástica, negra, secular. Solo que esta vez el yanqui no llegará porque se ha largado con los asiáticos, que en cuestión de lujo se lo saben montar mejor, y el Gobierno se ha quedado sin su gallina de los huevos de oro de Minnesota. Así que a trabajárselo mejor, señor Rajoy, no todo va a ser echarse la siesta gallega y fumarse los puros de Moncloa (que ya no quedan puros para las visitas, oiga, un poquito de por favor) no todo va a ser esperar camastronamente a que llegue el sindicato del crimen americano a resolver los problemas de la España rota por la penuria y los levantiscos de Esquerra. Fontaine y Lolita Sevilla son dos grandes pérdidas, sin duda. Pero a mí la que más me duele es la muerte de Peter O´Toole. Nunca olvidaré cuando vi Lawrence de Arabia por primera vez en pantalla de cine, cinemascope y todo color. Una obra inmensa, épica, emotiva, colosal. Fue ese aventurero de ojos rabiosamente azules quien me enseñó que el hombre siempre está solo frente a su destino, que la soledad puede ser un desierto abrasador. Todo eso y una frase mítica: "Nada está escrito".

Imagen: rtve.es      


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