jueves, 26 de diciembre de 2013

LA LUZ


Me entero por Infolibre de que el señor Blesa, cuando era el mandamás de Caja Madrid, quería apropiarse del agua de los ciudadanos, el agua sagrada del Canal Isabel II (con el previo consentimiento y enjuague del PP, of course). Qué pájaro. Aquí, si nos despistamos un poco, nos roban el agua y hasta los calcetines andando. Cualquier día abrimos el grifo y nos sale la mano manicurada de un banquero con gemelos de oro exigiéndonos el diezmo del agua. Éste es un Gobierno que está jugando ya con las cosas del comer. Con el pan de los parados, con el agua, con la luz. Todos preparamos la cogorza de Nochevieja, el hermoso y dulce colocón al borde del abismo, pero miramos con miedo y de reojo al calendario, a la espera de que Montoro y sus boys nos metan por retambufa el facturón de la luz, un megavatio que nos va a dejar fundidos, zoom, zoom, faradio, faradio, como decía la loca aquella de la bola de cristal, allá por los añorados y felices ochenta. Tenemos un Gobierno que primero nos mata de hambre y luego nos mata de frío, así que nos está matando doblemente, para que no haya dudas. El facturón lo tiene que pagar el ciudadano mientras empieza a respirarse un ambientazo de que aquí no ha pasado nada: Blesa era un señor que iba por ahí cazando osos sin hacer daño a nadie; Matas un buen chico que se dedicaba a levantar palacetes mallorquines por pura afición; Carlos Fabra solo era un inocente moroso adicto a los aeropuertos; la Infanta firmaba lo que le decía su hombre (simplemente se casó y fue sumisa, como aconseja el libro del Arzobispado de Granada ) y en ese plan. Los ricos se calientan con vino gran reserva mientras el sufrido peatonal tiene que pagar cada voltio de electricidad a precio de barril de petróleo. Rajoy no pinta nada al lado de unas multinacionales que cada año subastan nuestra energía, nuestra cartera y nuestras vidas. Para los grandes magnates de las hidroeléctricas los ciudadanos no somos más que fusibles que se encienden y se apagan como lucecitas de un macabro árbol de Navidad. Ya va siendo hora de pensar en nacionalizar las cosas básicas de la vida porque todo está demasiado privatizado. Todo menos la corrupción, claro, que es pública y notoria. Eso sí, para el nasciturus de Gallardón todos los derechos constitucionales están plenamente reconocidos y garantizados, pobretico el nasciturus, es tan tímido y calladito él... En esta España contrarreformista, nacionalpepera, opusina, fachorra y pobre se garantiza todo el derecho a la vida de un cigoto etéreo, celular, licuado, mientras al pobre mendigo con cartela de carne y hueso, al pobre rico en infortunios y miserias, se le arroja al infierno sucio del Metro, o a la soledad fría y tecnológica del cajero automático, y a otra cosa butterfly. Hasta Portugal, secular culo de Europa, se ríe ya de nuestro atavismo primitivo y se frota las manos con el negocio que van a hacer sus clínicas importando embarazadas low cost para extirparles el mal y la cartera. Portugal va a ser el santuario de Lourdes de nuestras preñadas de renta baja, solo que sin virgencitas milagrosas ni cojos dando la vara por ahí, mientras las pijas del barrio de Salamanca se rajan el útero y se liposuccionan, dos por uno, entre martinis y sesiones de rayo uva, en los grandes balnearios del aborto. Éste es el triste panorama que nos aguarda en 2014: el ciudadano congelado de empleo y sueldo, el ciudadano calentándose al lado del brasero, el ciudadano apagado, sin luz, y nuestras mujeres dando a luz como conejas de las milicias femeninas, en fila de a una, en formación, un, dos, un, dos, pariendo, pariendo por Dios y por España, que hay que llenar el país de niños, que hacen falta más niños del hambre corriendo descalzos por la calle, a ver si el Banco Europeo se da cuenta de una vez de que esto es un solar, un cuarentañismo sin aguilucho pero con gaviota. Llega el cotillón de fin de año, la traca final. El baile de los ladrones, los Blesa y Matas tocándose la zambomba a dos manos por las calles de España, los jueces expedientados por hacer bien su trabajo, las campanadas del fraude y la mentira. La farsa de la democracia. La farsa de España. Solo faltaba Raphael dándonos el coñazo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario