jueves, 13 de marzo de 2014

EL RETIRO DE ROUCO


Rouco Varela, el reaccionario, intransigente, retrofranquista y nacionalcatólico Rouco,  abandona la presidencia de la curia española sin que haya dejado un gran legado ni para la Iglesia, ni para los fieles, ni para su sucesor inmediato, Ricardo Blázquez. Es decir, que ha pasado con más pena que gloria, por utilizar términos religiosos. Los obispos cada día se parecen más a los políticos: funcionarios burócratas que están en el poder como de paso, para apretar el botón de vez en cuando, para hacer currículum y vender luego sus memorias a algún pelotazo editorial. Uno siempre ha visto en Rouco al político con ambiciones más que al sacerdote humilde, al accionista de un consejo de administración más que al samaritano piadoso, al lobista insaciable, en fin, más que al hombre santo. Su mirada inquisitiva y su sonrisa fría y ladina de colmillo retorcido estaban más cerca de Aznar que de Dios. Se ha pasado todos estos años de crisis galopante haciendo política contra el aborto, contra el condón, contra el separatismo catalán y contra el matrimonio homosexual, o sea intrigando en la sombra, como un moderno cardenal Richelieu, mientras los parados a tiempo indefinido, los pobres pobres, inmigrantes, pensionistas y enfermos dependientes eran problemas menores, quedaban en un segundo plano en sus filípicas dominicales. Ricardo Blázquez parece que está en la misma onda ortodoxa de Rouco, aunque algo más conciliador, de modo que las relaciones Iglesia/Estado seguirán más o menos igual, como han sido en España desde el Concilio de Trento, o sea un Estado católico íncubo dentro de otro Estado que juega a la pose de ser laico y moderno. Rouco y Blázquez se han alternado en el poder en los últimos años, de modo que en la Iglesia española rige también el turno de partidos. En este país el cura, el alcalde y el guardia civil siguen teniendo demasiado poder, no hemos salido de Lope, lo cual que vivimos en una especie de antiguo régimen tecnologizado, un feudalismo digital con plasma, facebook y final de Copa. Como no hicimos la revolución francesa y Azaña se equivocó cuando dijo aquello de que España ha dejado de ser católica mucho me temo que seguiremos viviendo unos cuantos años más en esta Iglesia rica llena de pobres, pero eso a Rouco siempre le dio igual. El triunfo de Rouco no ha sido dar de comer al hambriento y de beber al sediento, como mandan las sagradas escrituras, sino infiltrarse a tope en el despacho de Wert, zombificar a Gallardón (volverlo tonto, si no lo era ya antes, para meterle por la tangente la ley opusina del aborto), excomulgar al carnavalero concejal de Jumilla travestido de Virgen María y mantener la propiedad privada de la Mezquita de Córdoba, que da una buena calderilla a 37 machacantes por nacional o guiri, IVA incluido. Es decir, durante estos años Rouco ha hecho mucha política, mucha economía y mucha manifestación dominguera provida, hasta le han salido sobrinas en pelotas en el Interviú, pero poco cristianismo, que era de lo que se trataba, oiga. No obstante, siempre es de agradecer que personajes oscuros y siniestros como este falso santo, este Darth Vader con alzacuellos, este medieval Rouco, vayan pasando de los altares a la trastienda de la sacristía, siquiera por maquillar un tanto la imagen de nuestra rancia y recalcitrante iglesia hispánica. Ojalá que estos cambios en la cúpula ensotanada sean consecuencia de esa revolución tranquila del Papa Francisco que algunos anticipan con tanto revuelo y jolgorio, aunque no veo yo monjas dando la comunión pasado mañana ni curas casaderos y follanderos. Es cierto que este Papa huele a oveja más que a pastor, pero todavía hay mucho lobo con piel de cordero por ahí suelto. Lobos como el sibilino Rouco.

Imagen: alertadigital

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