lunes, 3 de marzo de 2014

EL INFIERNO DE BLESA


A uno le alegra ver que Blesa, el repeinado Blesa, vuelve al juzgado, tan dandi y perfumadito él, con ese aire decadente y aristocrático que recuerda un poco al elegante actor Robert Ryan. El señor Blesa está viviendo su propio thriller personal, su infiernillo existencial, con cabreados diablillos en forma de jubilatas siguiéndolo a todas partes y mentándole a la madre noche y día. La condena que va a cumplir Blesa a partir de ahora, más allá de juzgados, sentencias y códigos penales, va a ser un preferentista estafado agazapado en cada esquina, un Vietnam de ahorradores burlados dispuestos a zarandearle en mitad de la noche, un manifestante indignado intentando arrearle un cartelazo en toda la almendra en medio de la Gran Vía. Duro purgatorio le espera, sin duda. Atrás quedan ya los safaris gratis total, por la patilla, a costa de unos clientes enfermos y viejos tan inocentes como aquellos leones, osos, gacelas e hipopótamos a los que el banquero derribaba vilmente y junto a los que gustaba retratarse escopeta en mano. Entre copazo de champán y canapé de caviar, entre jamona en bikini y cataratas del Niágara, Blesa ha vivido los años de la burbuja en una perpetua noche del cazador, por recordar aquel clásico del cine, y lo mismo cazaba elefantes en Kenia que a un octogenario con parkinson en Vallecas. Blesa ha sido un depredador bancario pata negra, un Hannibal Lecter de las finanzas, un rapaz de uñacas afiladas que cuando ponía el ojo en un pensionista no paraba hasta colocarle el colmillo retorcido y afilado y de paso un contrato engañoso. Hoy ha sido otro día grande para los parias que nada tenemos más que un tesoro de facturas, desencanto y un profundo rencor hacia los corruptos. Hoy ha sido un día feliz porque hemos vuelto a ver al otrora gran hombre, cabizbajo y hundido, haciendo la ruta de la toga, su hábitat natural como carroñero de la especie humana. Hoy hemos disfrutado como cosacos enanos ante la imagen fracasada del compañero de pupitre de Aznarín entrando a declarar por enésima vez en la catedral de la Santa Audiencia Nacional. ¡Qué jornada tan gloriosa! ¡Qué tiempo tan feliz!, que diría la Campos. Blesa ante el juez, la mansión versallesca de Díaz Ferrán con el cartel de "Se vende" y el vicepresidente de la patronal pillado como un vulgar moroso de Hacienda. No se puede pedir más. Hubiera sido un día redondo para la famélica legión de no ser porque siete ricachos españoles han entrado por primera vez en la revista Forbes. Lo cual que el saqueo de España aún no ha terminado. "El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo", decía el gran García Marquez. Es éste un invierno crudo plagado de miseria, nieve y guerras en Crimea, una vuelta a la Europa de los zares, o sea, así que quedémonos con la imagen reconfortante de ese zar derrocado, el estirado Blesa del pelito engominado, regresando siquiera por un momento al juzgado, rampa de lanzamiento de la cárcel, de la que nunca debió salir, ya lo dijo San Elpidio bueno mártir. A Blesa la Justicia lo está peinando para dejarlo más bonito que un San Luis antes de devolverlo al trullo de nuevo. Ha sido un gran día, sí señor, aunque al pichafría de Rajoy le haya dado por decir que hemos salido de la recesión. Qué sarcasmo. Habrán salido algunos. Los de la Forbes, mayormente.

Imagen: elpais.com

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