domingo, 5 de julio de 2020

EL ENCASTILLADO


(Publicado en Diario16 el 3 de julio de 2020)

En los últimos días, el Partido Popular había deslizado la posibilidad de firmar con el Gobierno un gran pacto por la Sanidad pública para reforzar el sistema de salud ante posibles nuevas pandemias. Sin embargo, cuando ha llegado la hora de votar en la Comisión de Reconstrucción del país, los populares han anunciado que se abstendrán no solo en esa moción sino en la que propone defender de forma conjunta los intereses de España en la Unión Europea. A partir de ahí, todos los demás puntos del día −medidas económicas, fiscales y sociales− han sido contestados con un “no” rotundo de Pablo Casado.
Ha sido una jornada decepcionante que deja la constatación palpable, por si cabía alguna duda, de que estamos ante un político sectario y obtuso incapaz de llegar a ningún tipo de acuerdo por el bien del país. Mientras los agentes sociales, la patronal y los sindicatos, firmaban un gran pacto por el empleo en Moncloa, demostrando que el acuerdo es posible y dando una lección de auténtico patriotismo, Casado se encerraba enfurruñado en su rincón del Parlamento, con sus amigos negacionistas de Vox, torpedeando cualquier tipo de iniciativa para reconstruir la nación. No le gusta que el Gobierno haya aceptado solo 7 de las 69 enmiendas del PP, mientras la mayoría de grupos colocaban importantes iniciativas en las conclusiones finales. Casado se sintió ninguneado y de nada sirvieron los últimos movimientos de Ana Pastor, que en la tarde del jueves intentó un acercamiento a la desesperada con Adriana Lastra y Rafael Simancas para desbloquear la situación. Todo fue inútil. La orden de Génova 13 estaba dada y era definitiva: seguir encastillados en el no.
Hace un par de días parecía imposible que los populares no apoyaran cuanto menos un plan sanitario a gran escala, vital para reforzar las plantillas y dotar de medios materiales a los hospitales, a las unidades de urgencias y Servicios de Atención Primaria de los centros de salud. Si bien es cierto que en el terreno económico las diferencias entre socialistas y populares son insalvables (el PP no quiere ni oír hablar de tasas Tobin ni tasas Google, y mucho menos de subir los impuestos a las grandes fortunas y empresas para hacer frente a la recesión) es una cuestión de pura lógica y sentido común que el Estado necesita al menos un acuerdo de todas las fuerzas políticas para reforzar la Sanidad, hasta aumentar en varios puntos la inversión en producto interior bruto, equiparándose con la media de los países de la UE. Sin embargo, con Casado la lógica no siempre funciona. El líder del PP va a impulsos viscerales y está a otra cosa, a lo suyo, a sus juegos retóricos y estrategias políticas, ciego ante la situación de quiebra de la Sanidad pública, que necesita más médicos y enfermeras, mejores salarios y condiciones laborales, más personal para las residencias de ancianos, más camas y respiradores de oxígeno, más gasto en investigación, en definitiva más Estado de Bienestar, puesto que no podemos permitirnos que llegue otra pandemia en octubre y nos sorprenda de nuevo desabrigados y en precario.
El caso Casado resulta cada vez más preocupante. Es como si alguien le hubiese puesto burundanga en el café, zombificándolo y apartándolo de la cruda realidad que vive el país. Ese alguien no es otro que Santiago Abascal, que con sus diatribas nacionalistas y sus arengas medievales ha logrado hechizar al joven candidato popular. Casado solo hace política para Vox, para no perder terreno con respecto a Vox, para que Vox no le quite a los votantes, y esa es una mala noticia para el país. Después de la frustrante mañana de hoy, el PP queda en evidencia por la obstinación estéril de un líder terco, dogmático y embrujado por los cantos de sirena ultras, mayormente el Cara al Sol. La imagen de la patronal cerrando un pacto por el empleo con el Gobierno y los sindicatos mientras al otro lado de Madrid, en el Congreso de los Diputados, la barra brava de Casado con Cayetana Álvarez de Toledo y Teodoro García Egea al frente imponían sus tesis crispantes, haters y destroyers, resulta demoledora.
La foto de Moncloa con todos los agentes sociales conjurados contra la peste del covid-19 es un golpe de efecto brutal para la imagen de Pedro Sánchez dentro y fuera de nuestras fronteras. El presidente del Gobierno sale de esta como ganador y campeón del consenso. La escenificación de la victoria en los verdes y luminosos jardines monclovitas, bajo el plácido y esperanzador sol del verano que termina de aniquilar la pesadilla del virus, contrasta con la sordidez de los duros orcos del PP atrincherados en una oscura y añeja sala del Congreso. El acto nos deja un Antonio Garamendi ejerciendo, de facto, el papel de jefe de la oposición política mientras Casado se enquista en sus rencores heredados de Aznar y hace dejación de funciones en la reconstrucción del país porque es incapaz de firmar nada.
El líder popular debe prepararse para recibir fuertes presiones en los próximos días, no solo de la patronal y del Íbex 35, que necesitan un pacto económico como agua de mayo para garantizar el futuro de sus empresas, sino también del ala moderada de su partido representada por Núñez Feijóo, que va a ganar las gallegas sin despeinarse y tirando de perfil de hombre de derechas con talante, sensatez, educación y a la europea. Las conclusiones de la Comisión de Reconstrucción del país están terminadas. El PP ha decidido automarginarse junto a la ultraderecha gamberra. Queda tiempo para que rectifique hasta la votación definitiva del dictamen, que tendrá lugar en el Pleno del Congreso la semana del 20 de julio. Pero no parece que nada vaya a cambiar. Casado lleva el mal del negacionismo y la intransigencia en sus genes biológicos y políticos. 

Viñeta: Iñaki y Frenchy

No hay comentarios:

Publicar un comentario