sábado, 4 de febrero de 2023

RODOLFO ARES

(Publicado en Diario16 el 26 de enero de 2023)

Ha muerto Rodolfo Ares. El exconsejero socialista del Gobierno vasco fue un ariete destacado en la lucha contra ETA en los peores años del plomo. Ares creció en los barrios obreros de Bilbao, es decir, en los criaderos de cachorros para la kale borroka y la lucha armada. El miedo no le impidió afiliarse a UGT y después al PSOE en el año 77. Maestro industrial, su carrera política comenzó en 1983, cuando fue elegido concejal del Ayuntamiento de Bilbao. Después diputado al Parlamento Vasco por el Partido Socialista de Euskadi, portavoz de su grupo y finalmente consejero. Patxi López vio en él las cualidades de un hombre íntegro, valiente y fiel a sus principios.

Desde sus responsabilidades de gobierno, Ares planteó una lucha sin cuartel contra el terrorismo etarra que mataba día sí día también. Demócrata de los de verdad, socialista, llevó a cabo una política de la máxima contundencia contra los fanáticos del tiro en la nuca y quienes les daban amparo y cobijo. Fue él quien dio la orden de echar abajo los “muros de la vergüenza” donde ETA pegaba sus carteles en homenaje a los presos y ponía sus pintadas y consignas con mensajes de odio. También creó la División Antiterrorista de la Ertzaintza, una unidad policial formada por vascos hasta ese momento impensable en una región siempre convulsa como Euskadi. Empeñó su vida en la tarea de acabar con la hidra de mil cabezas del terrorismo, misión que durante años se antojó imposible.

Tenía apellido de dios griego de la guerra, pero en realidad era un hombre de paz, un pacifista a quien le torturaba la idea de cuál sería el siguiente nombre, el próximo asesinado, el nuevo ejecutado con los métodos más macabros como la bomba lapa. Las nuevas generaciones no lo saben, pero había que ser un héroe para hacer política frente a las pistolas en aquellos tiempos oscuros. Por eso, ahora que algunos se empeñan en resucitar el fantasma de ETA y en hacer política basura con el infausto recuerdo de lo que fue aquello, conviene recordar que hubo muchos bravos Rodolfos de uno y otro signo, de uno y otro partido, que se negaron a dar un paso atrás ante quienes pretendían imponer un régimen político fascista, de terror y de limpieza étnica. A todos esos descerebrados que hoy juegan a revivir el espectro etarra habría que decirles que no, que al terrorismo se le ganó la partida con la unidad de todos los demócratas, con la sangre inocente derramada en todas partes, con el sacrificio y la resignación de las víctimas mutiladas y de tantas familias rotas, con el valor de aquellos políticos de la época que se pusieron en primera línea tras la pancarta en las manifestaciones del “basta ya” contra la banda.

Quienes ahora insultan a los socialistas tildándoles de bilduetarras son unos malnacidos. El PSOE pagó un alto precio por defender la libertad y la democracia. La mancha negra de los GAL le acompañará para siempre al partido, eso es cierto, pero si hoy tenemos paz en Euskadi y en el resto de España, si el fragor de las bombas y las pistolas ha cesado, si la palabra se ha impuesto por fin a las balas, fue gracias a todos aquellos hombres y mujeres que como Ares vivieron con la ansiedad de verse amenazados de por vida sin saber cuándo iban a volar por los aires, cuándo los secuestrarían para meterlos en un zulo de dos por dos o cuándo caería algún buen amigo o familiar. Pese a todo, Rodolfo buscó la paz de forma incansable. Estuvo en las conversaciones con ETA del monasterio de Loiola, en Ginebra, en cualquier lugar donde hubiera una mínima posibilidad de llegar a una solución negociada al conflicto. Su apuesta obsesiva por el diálogo le llevó a ser procesado por desobediencia, injustamente, tras haberse reunido con la organización ilegal Batasuna durante una de las treguas de ETA. Como no podía ser de otra manera, la causa fue archivada.

Rodolfo Ares fue un bravo y duro luchador por la libertad de los de verdad, de los que ya no quedan, no uno de esos jóvenes demagógico-populistas que florecen en la política actual y que como Isabel Díaz Ayuso se cuelgan a sí mismos la medalla al valor frente a unos supuestos enemigos de la patria que no existen porque hace tiempo enterraron las armas. ¿Dónde estaba la señora presidenta cuando Ares llevaba escolta noche y día? En la cuna, con el chupete (si ETA siguiera existiendo hoy, probablemente ella se dejaría la política por miedo para seguir con la cuenta del perro Pecas de Espe Aguirre). ¿A qué se dedicaban los dirigentes de Vox cuando el bueno de Rodolfo se la jugaba y tenía que mirar debajo de su coche por si le habían puesto una carga explosiva por txakurra? No consta en acta. Antes había mártires de verdad, ahora solo hay ridículos payasos con todo el respeto para esa noble profesión.

Hoy, cuando por fortuna y para suerte de todos ETA ya ha dejado de matar y quienes la apoyaban han renunciado a la violencia para hacer política, es fácil ir de patriota soltando mítines y bulos sobre los enemigos de España que solo se tragan los más cándidos, fanatizados, desmemoriados y faltos de espíritu crítico alguno. Hay que ser muy miserable para darle la vuelta, falsamente, a aquella parte de la historia tan reciente agitando el odio contra el PSOE, a quien algunos pretenden colgarle el sambenito de bilduetarra separatista por puro cálculo electoral. Hay que tener muy pocos escrúpulos para apropiarse del dolor de las víctimas, de los muertos, de una victoria contra ETA que fue cosa de toda la sociedad española hasta el punto de que supo soportar estoicamente, durante décadas y dando ejemplo al mundo, el zarpazo sangriento de las hienas. A Rodolfo Ares y tantos otros como él (de uno y otro partido, no nos cansaremos de repetirlo) los recordaremos siempre y les agradeceremos su sacrificio y su compromiso con la democracia hasta el final.

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