domingo, 25 de febrero de 2024

ELON MUSK

(Publicado en Dairio16 el 18 de diciembre de 2023)

A finales del siglo XIX, Taylor impuso la “organización científica del trabajo”, un magnífico eufemismo con el que explotar al obrero condenándolo a la alienación, a los bajos salarios y a los abusos del patrono, que se llenaba el bolsillo con las plusvalías. Más tarde, ya en el XX, Henry Ford inventó la siniestra cadena de montaje o producción en serie para reducir costes de fabricación, convirtiendo al trabajador en un autómata sometido a jornadas de labores rutinarias, repetitivas, obsesivas hasta la locura (Chaplin inmortalizó el fenómeno en Tiempos modernos, una gran alegoría de las miserias del capitalismo que está más de actualidad que nunca). Hoy, superado el taylorismo y el fordismo, el totalitarismo económico y financiero adopta nuevas formas, como el tecnofascismo, cuyo máximo exponente es Elon Musk, que este fin de semana ha participado como invitado de honor en la gran convención ultraderechista de Atreju en Roma. Odio y dinero, un cóctel como para echarse a temblar.

El congreso anual organizado por el partido de Giorgia Meloni, Fratelli d’Italia, se ha convertido en la gran cita ineludible de la extrema derecha globalizante. Hasta allá se ha ido toda la troupe del circo fascista internacional, entre ellos Santiago Abascal, que ha protagonizado una bajada de pantalones de dimensiones planetarias al asegurar que no desea que cuelguen a nadie por los pies, “por muy corrupto y traidor que sea”. Esa ha sido su manera de recular después de haber señalado a Pedro Sánchez como candidato a colgar de una soga, tal como hicieron los partisanos con Mussolini al final de la Segunda Guerra Mundial. Patética la forma de envainársela del dirigente voxista.

A fuerza de retorcer la historia para adaptarla a su rancia ideología, Abascal ha quedado atrapado en su propia tela de araña. Y no se aclara. Como unas veces va de nuevo caudillo franquista y otras de defensor de la libertad, eso le lleva a incurrir en extrañas contradicciones o marcianadas. Cuando está en Madrid, el líder de Vox se viene arriba y se comporta como un libertador dispuesto a librar a España del yugo del dictador sanchista. Pero cuando se planta en Italia, delante de los escuadristas camisas negras, cae en la cuenta de que Mussolini, el auténtico sátrapa, sigue siendo venerado en aquellas tierras y se ve obligado a recoger cable para que no le tiren huevos y tomates a la cara. No se puede ir a Roma diciendo que quieres colgar a alguien por los pies, tal como hicieron en su día con el Duce, porque entonces te echas a media Italia encima, convirtiendo a Sánchez, por identificación, en el mártir. O sea, un porro.

Esas cosas cómicas, sin pies ni cabeza, son las que le ocurren al ágrafo histórico Abascal, un dirigente que hace política a salto de mata, improvisando sobre la marcha, como pollo sin cabeza, nunca mejor dicho. En España tiene muy engañado al personal embriagado con los libros revisionistas de los Moa y puede decir cualquier barbaridad, que se la comprarán sin problema. Así, puede acudir a un mitin en Colón proclamando aquello de viva el rey, viva la monarquía constitucional, y al minuto siguiente estar, codo con codo, con los falangistas que asaltan Ferraz al grito de “borbones a los tiburones” y la “Constitución destruye la nación”. Sin embargo, cuando sale por ahí fuera, a foguearse por la Europa nazi de verdad, tropieza constantemente con la historia que no conoce y se ve en la necesidad de situarse, de definirse, de ponerle algo de coherencia a su discurso del todo vale. O mussoliniano clásico o trumpista posmoderno. O supremacista de toda la vida o defensor de la libertad frente a la tiranía sanchista. Pero ambas cosas a la vez no porque luego tienes que pasar por Italia, terminan viéndote como un peligroso aliadófilo, partisano o bolchevique enemigo del arquitecto del fascismo italiano y corres el riesgo de ser tú al que cuelguen por los pies.

Con todo, no fue el jefe del esotérico partido ultra español el gran protagonista de la convención de Atreju. La gran estrella fue, sin duda, el susodicho Elon Musk, otro que ha leído poco o nada más allá de los aburridos manuales de instrucciones del sistema operativo Windows. El aprendiz de astronauta que anda por el espacio con sus locos cacharros Tesla, como un kamikaze de la M30, fue recibido en olor de multitudes. A Musk ya se le considera el gran dios del ultraliberalismo económico, que a fin de cuentas es de lo que va esta inmensa estafa del nuevo fascismo internacional. El ejecutivo de la red social X, antes Twitter, odia todo lo que huela a público (el Estado nos roba, dice) y sueña con privatizarlo todo. Hasta Milei, el tronado argentino de la motosierra que parece que ha inventado la rueda, le copia sin pudor el modelo económico anarcoliberal.

Musk es un señor feudal de la globalización que está por encima del bien y del mal. Tiene más poder que cualquier Estado democrático, más pasta que cualquier ejército empeñado en ganar una guerra, más fondos que la NASA para impulsar su propia carrera espacial. Es el paradigma de magnate que, a través de su corporación multinacional, mueve los hilos del mundo. Nadie debería fiarse de un señor que va al trabajo con su propio lavabo a cuestas. Pero lo peor de Musk no es que esté logrando imponer un nuevo modelo económico basado en el trabajo esclavo donde el Estado ha sido liquidado y se impone su moral reaccionaria. La gran amenaza para el mundo está en que ha sabido camuflar el fascismo detrás de un mundo de fantasía, de marcianitos verdes, de estúpidos emojis, hadas y unicornios rosa.

Este fin de semana, durante la convención facha de Roma, Míster X ha invitado a los europeos a “tener hijos” para mantener la civilización occidental y a defender un ecologismo que no reste “esperanzas en el futuro”. O sea, xenofobia y negacionismo del cambio climático todo en uno. Un tío de esta guisa propagando su nauseabunda ideología ultra, en forma de bulos, a través de su red social convertida en el nuevo Gran Hermano, puede terminar organizando un Armagedón que ni el meteorito ese que acabó con los dinosaurios. Musk, el maquiavélico flautista de Hamelín que anestesia a millones de incautos con sus tuits infantiles y sus mundos distópicos y futuristas, es más peligroso que cien Mussolinis. Por cierto, Atreju viene de Atreyu, uno de los protagonistas del relato fantástico La historia interminable, de Michael Ende. Por algo será.

Viñeta: Iñaki y Frenchy

No hay comentarios:

Publicar un comentario