martes, 8 de septiembre de 2020

KITCHEN


(Publicado en Diario16 el 8 de septiembre de 2020)

Cuando parecía que el viento empezaba a soplar a favor de Pablo Casado, zas, a un juez se le ocurre volver a limpiar el patio trasero del PP todavía lleno de espionajes ilícitos, de porquería, de cosas. Casado es el clásico político que monta un circo y le crecen los enanos. Y eso que el eterno aspirante a la Moncloa se había venido arriba en las últimas semanas y no le iba del todo mal: la pandemia está pegando fuerte en España (como él desea para su estrategia de la crispación); el Gobierno Sánchez no atraviesa por sus mejores momentos entre rencillas internas y fusiones de Bankia; se había conseguido quitar de encima el lastre de Cayetana Álvarez de Toledo; y por primera vez desde el descalabro de las últimas elecciones generales volvía a sentirse firme y seguro. Lamentablemente para sus planes, un magistrado instructor e instruido, Manuel García-Castellón, juez del caso Villarejo, ha visto en la conocida como Operación Kitchen un espionaje en toda regla al extesorero del partido Luis Bárcenas, una “operación parapolicial” ordenada desde “órganos superiores y directivos de la Administración General del Estado” destinada a recuperar “información comprometedora para altos cargos dirigentes del Partido Popular”. Esto sí que es un Watergate con todas las de la ley y no el sumario sobre las migajas de la hucha solidaria de Unidas Podemos, que por cierto se ha archivado en el juzgado contiguo.

De modo que otro incendio se propaga vorazmente por las almenas de Génova 13. El asunto es gravísimo, no solo porque vuelve a teñir de mugre al PP sino porque el propio Casado, aunque no formó parte del Gobierno Rajoy, sí fue nombrado en 2015 vicesecretario general de comunicación. Recuerde el lector cuando el presidente gallego de los “muy españoles y mucho españoles” dijo aquello de que el partido debía abrirse a la prensa, “hablar más y explicarse mejor”, por lo que nombró a Casado en sustitución de Carlos Floriano al frente de esta tarea. Ahora, mientras las llamas se propagan de forma rápida y virulenta, de poco servirá la retórica. Al hoy líder popular no le ha quedado otra que improvisar a Ana Pastor como bombera para que dé un manguerazo al caso Kitchen y haga lo que pueda con un fuego que ni el que devora la costa de California. La nueva portavoz no ha podido hacer otra cosa que tratar de minimizar el informe de la Fiscalía Anticorrupción que apunta directamente a los exministros Jorge Fernández Díaz y María Dolores de Cospedal. Para Pastor, tan solo se trata de “un informe que ha hecho un fiscal” y critica que haya a quien le guste “poner el carro antes que los bueyes”.

El problema es que en este caso el carro es tan gigantesco que anda solo y no necesita ni siquiera animales de tiro, de tal forma que a la ateniense Pastor no le ha quedado otra alternativa que tirar del manido manual de urgencia del PP para casos de corrupción: “Como creemos en la independencia del Poder Judicial, no tenemos nada más que decir (…) Presunción de inocencia para todos e independencia de la Justicia”. O sea, el siempre recurrente y manido derecho a la presunción de inocencia para escurrir el bulto en medio del vendaval judicial.

El escrito de Anticorrupción, un documento de 52 páginas, implica a los dos dirigentes del PP en las maniobras para arrebatar a Luis Bárcenas la información relacionada con el caso Gürtel. En definitiva, de lo que se está hablando aquí es, ni más ni menos, de cómo el supuesto espionaje al tesorero del PP fue utilizado desde el Gobierno de Mariano Rajoy para reventar la causa judicial sobre la caja B del partido. Una vez más, el fantasma de la Gürtel, que por lo visto perseguirá a los populares durante siglos, aparece de nuevo. La mayor trama de corrupción de la historia de España se llevó por delante el gabinete Rajoy en aquella moción de censura de 2018 y ahora regresa para atormentar a Casado, el hombre que durante todos estos meses se ha afanado por pasar página y demostrar que este PP es otro PP, un PP limpio de polvo y paja, un PP renovado, un PP dispuesto para competir de nuevo por el poder.

Por desgracia, los sueños no suelen hacerse realidad y ahora el presidente popular ve cómo todo su esfuerzo y su trabajo se van al garete. Mucho nos tememos que en lugar de seguir con su programa de construcción del país va a tener que volver a meterse en pleitos para defender al partido, en líos de abogados, con lo que cuesta contratar a uno. Este PP no es el PP de antes por cuyos pasillos fluía el dinero a espuertas. El partido está tieso, hipotecado de facturas y gastos, recién salido de un ERE por recortes de personal, y no está para costas judiciales, alegrías y honorarios de picapleitos que, tal como ocurrió con el caso Gürtel, no podrán detener el tsunami que se prepara.

“Me tendría que empezar a pronunciar esta mañana sobre las imputaciones de un partido que forma parte del Gobierno, que está imputado ya, o incluso casos que ha habido en todos los partidos (…) Lo digo porque es bueno que hablemos de todo”, ha insistido Pastor tratando de desviar el foco mediático hacia el caso Calvente, la querella de ese abogado despedido de Podemos que ha denunciado financiación irregular en las filas moradas. Lo que no dice la exministra es que precisamente hoy se ha sabido que la Fiscalía Provincial de Madrid ha pedido que se siga adelante con la investigación a Podemos pero solo en lo referido al contrato con Neurona Consulting. Es decir, todo lo demás, la reforma de la sede, la supuesta caja B que no era más que una hucha con fondos solidarios, los sobresueldos, la financiación de Venezuela y otras leyendas urbanas propagadas por la extrema derecha montajista de este país y sus terminales mediáticas de la caverna, ha quedado archivado. O dicho de otro modo: la operación Kitchen es una pandemia de corrupción mientras el caso Calvente es una gripecita que pasará pronto (como diría Bolsonaro) y que no dará ni para rellenar un par de telediarios. Dentro de un tiempo, más pronto que tarde, nadie se acordará de ese contrato aburrido de Podemos, mientras que el feo asunto que salpica a Cospedal y Fernández Díaz seguirá dando material apasionante para varias novelas negras en plan Dashiell Hammett.

De momento, el juez García-Castellón ya ha levantado el secreto de sumario del caso Kitchen. En su auto, se dice que las maniobras de espionaje se realizaron a espaldas de la autoridad judicial, esto es, ocultándoselas al magistrado que dirigía la investigación acerca de la financiación irregular del PP. Houston, may day, may day, Casado tiene un serio problema.

Viñeta: Artsenal

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